La Guerra de los Clanes

Tiempos Aciagos

Terminada
Escrito el 17-06-2009 09:21 #1

Capítulo 3: Bornomin

Sobre las tierras al pie del Andië y circundadas por las aguas del Vercasíre se hallaba el campamento de los Gimlazar y el refugio de muchos pueblos. Bornomin se erguía como un cúmulo de tiendas de campaña, carromatos, sacos y cajas de un caos bastante organizado para su número, del cual parecía comenzar a brotar una nueva imagen. A lo largo y ancho del emplazamiento se levantaban o se habían levantado ya varias estructuras de madera y piedra, mientras que un sinfín de postes y cuerdas parecían establecer un patrón de lo que sería una ciudad. Y es que a decir verdad, si uno se fijaba bien, todas las tiendas, carromatos y demás viviendas provisionales que ocupaban aquel lugar se encontraban dentro de parcelas ya delimitadas a través de las cuales se abrían calles y carreteras sin asfaltar. Bornomin crecía bajo una nube de serrín y polvo de piedra y arena, en una mezcla racial y étnica que trabajaba sin descanso en aquellos días oscuros.

Aprovechando las aguas que recorrían aquel lugar, se habían labrado varias tierras de cultivo a las afueras del campamento y levantado ya algunos molinos de agua. Mientras que las piedras y madera necesarias para la construcción de aquella nueva ciudad provenía de las canteras abiertas en el Andië y de una tala moderada del Mistetaure, así como del comercio y el ofrecimiento de pueblos cercanos. En cuanto a edificaciones, la ciudad parecía contar con una amplia casa de curaciones, debido a su necesidad, una academia militar y unos cuantos cuarteles, un parlamento así como algunos centros dedicados a las artes y a los deportes, donde poderse relajarse y abstraerse mediante el disfrute. Proyectados se encontraban muchos otros como un monasterio dedicado a las muchas religiones de Romenor, y como no, los hogares de los allí presentes. Solo una vivienda parecía muy anterior a aquella tan nueva ciudad, situada junto a una de las cascadas que traía las aguas del Vercasíre a través del Andië se encontraba una modesta cabaña de tablas oscuras y ya un tanto envejecidas.

La cabaña de Kalazrîya contemplaba desde su antigüedad el renacer de un nuevo día, bajo la corona de las seis cataratas que brotaban en aquel punto del Andië.

Escrito el 17-06-2009 11:09 #2

A aquella nueva ciudad fue la división de Zirân la primera en llegar, acompañado por un pequeño grupo proveniente de Marllatjay y gran número de refugiados entre los cuales se encontraban algunos representantes de la lejana Hohunamae.

El cambio que había sufrido aquel lugar desde su marcha sorprendió bastante al numeroneano, que veía como de algunos edificios ondeaba además una bandera blanca con una estrella roja. Bornomin comenzaba a tomar vida propia, y una nueva esperanza brotaba en tiempos difíciles, la cual poco sabía de lo aquello a lo se habría de enfrentar.

Cuando ya habían atravesado los primeros campos de cultivos y se disponían a entrar en el corazón del campamento un pequeño grupo de la guardia le salió al paso.

-Buenos días mi capitán.- Saludó el primero de ellos y el de aparentemente mayor rango, a la vez que como el resto propiciaba un saludo con la mano.- Queríamos anunciarle que el capitán Pâpharaz acaba también de llegar con su división y el resto de divisiones parecen que harán lo mismo en breve, pues nos ha llegado la noticia de que han pasado ya ambas tres Umbar Meno, por lo que no tardarán más de un par de horas en encontrarse ya aquí todas.-

-Excelentes noticias, nada me gustaría más que saber que nuevas traen de su viaje. Llevadme pues con Pâpharaz y aseguraos que estas buenas gentes se acomoden en el campamento.-

El guardia de mayor rango asintió y dio indicaciones a sus compañeros de que se encargaran de llevar a los refugiados al campamento de forma que pudieran establecerse de la forma más cómoda posible. A los refugiados le acompañaron a su vez los hombres de Zirân, quien les concedió el día libre tras tan largo viaje, quedándose así pues con tan solo el guardia de mayor graduación y un subalterno de éste.

-En cuanto a ustedes, ¿deseáis acompañaros en nuestra pequeña reunión?- se ofreció Zirân volviéndose al grupo de Marllatjay.

Escrito el 23-06-2009 10:10 #3

Ithian se quedó observando a Zirân tras su ofrecimiento. Por supuesto que iban a acompañarle, para eso habían venido. Estaba en su derecho conocer los movimientos tanto de enemigos como aliados en los límites de su territorio. Más aún en la situación actual. Bastante ofensa había sido ya el conocimiento de que el ejército de Bornomin se organizaba y patrullaba las tierras del Nendataure a espaldas del pueblo Marllajtay. Aún con todo, trató de moderar en lo posible el tono de su respuesta.

- Claro que les acompañaremos, señor. Nuestro deseo es conocer toda la información posible acerca del enemigo y sus movimientos. Nuestro pueblo no soportaría otro ataque como el de días atrás.

- Nosotros también desearíamos estar presentes, Zirân – dijo Tämyawára avanzándose junto con Thavron. Aunque las palabras iban realmente dirigidas a Zirân, el gesto y la mirada posteriores se dirigían inequívocamente a Ithian, expresando más una declaración de intenciones que una petición. Éste se la quedó mirando, como analizando la situación.

- No veo por qué no – respondió Ithian, para dirigirse de nuevo al anciano -. El tal Pâpharaz es uno de sus capitanes, ¿no? Parece que sus hombres trabajan lejos. ¿De dónde regresan el resto de sus divisiones? ¿Cuánto cree que tardarán en llegar?

Escrito el 25-06-2009 12:14 #4

La expresión de Zirân era ya relajada, pues aunque la relación con los hombres de Marllatjay no había comenzado con buen pie parecía que la tensión de estas había comenzado a relajarse y poco a poco se iban entendiendo, aunque esto fuera así porque no podía ser ya de otro modo. Tras asentir de forma innecesaria a Tämyawára en su deseo de unírseles en su reunión se dirigió nuevamente a Ithian. - Pâpharaz es como bien dice uno de los capitanes y viene de recorrer la parte centro-oriental de Romenor. En cuanto a los demás, Manurug viene de la parte centro-occidental, Narakattô del noreste y Miyir del noroeste. Nos repartimos de esa forma de manera que pudieramos llegar lo antes posible a cada extremo de Romenor y abarcar de la mejor de las maneras todo el territorio, y creo que el reparto ha resultado sorprendentemente equitativo ya que al parecer todos estamos regresando casi al mismo tiempo. Por lo que se todas las compañías se encuentran ya en la parte sur del Mistetaure y no tardaremos mucho más de un par de horas en reunirnos todos. De momento nos reuniremos con Pâpharaz y nos encaminaremos a la parte norte para recibir a nuestros compañeros.-

Dicho y hecho el grupo de Zirân se dirigió hacia el norte bordeando el campamento inmerso por aquellas horas en obras. Hacia el mitad del trayecto se encontraron con Pâpharaz un hombre alto de larga melena negra, ojos grises y frondosa barba. El numeroneano que parecía ser hombre de pocas palabras se encontraba con un escueto grupo Rillie tras dejar a sus hombres descansar tras que se encargaran de acomodar a los refugiados que les habían acompañado en su viaje. Tras el escueto saludo entre los capitanes y una pequeña charla de interés escaso ambos junto a sus grupos alcanzaron finalmente el sector norte donde se acomodaron para la espera.

El primero en llegar hasta aquel lugar fue Manurug, una mole sin maldad alguna y de alegre carácter que nada más llegar saludó con intensidad y cariño a sus compañeros y se presentó al grupo que los acompañaban. Manurug era acompañado por un grupo de varantes que al igual que Ithian deseaban quedarse a aquella reunión. Sin embargo para todos ellos el posible interés parecía hacerse esperar, pues de momento solo se hablaba del viaje en si y como se había desarrollado la empresa hasta la fecha. Y en ese mismo tema estaban cuando apareció el cuarto capitán. Miyir con el grupo de Nensir bien cerca suya se aproximó hacia ellos y tras dejar a los suyos a buen recaudo se unió a aquella conversación mientras todos esperaban ya a Narakattô para comenzar los temas verdaderamente trascendentes, y a decir verdad el último capitán no se hizo mucho de esperar pues al poco de la llegada de Miyir, el miembro visiblemente más joven de aquel grupo de capitanes, llegó Narakattô acompañado también por los nurulantar, la última de las grandes casas que había estado hasta entonces ausente.

Narakattô sin embargo no se encontraba de momento dispuesto a embarcarse en aquella conversación y saber lo que los suyos habían descubierto en su viaje. Una elfa de su grupo se encontraba en aquellos momentos enferma y como responsabilidad como suya que era quería llevarla lo antes posible a donde pudiera ser atendida. Conformes en esto y una vez ya reunidos, en grupo se adentraron en Bornomin y mientras que los refugiados eran redirigidos hacia zonas donde pudieran instalarse, los cinco capitanes y sus respectivos grupos se dirigieron hacia las casas de curación junto a la enferma que resultó ser una joven nurulanta, a la cual acomodaron en un pequeño carro junto a su hermana. Algo que agradeció Syela, quien parecía algo agitada tras abandonar la tranquilidad del bosque y encontrarse inmersa ahora en aquel lugar tan abarrotado de gente.

Escrito el 25-06-2009 20:19 #5

Al pie del Andië y circundadas por las aguas del Vercasíre, Bornomin apareció ante ellos. El grupo capitaneado por el gimlazar Miyir, sus hombres, los refugiados de Formenyaelen y otros lugares del bosque Aldalaurë y el grupo de elfos aldalântar que se habían unido a ellos, había alcanzado aquella parte del Mistetaurë cuando el sol aún permanecía en el cielo. Desde las cercanías de Ghân habían avanzado a través de las selvas hasta las montañas Umbar Némo y, en las faldas de las montañas, Miyir los había dirigido hacia un paso estrecho entre ellas los que permitió atravesar las Umbar Némo. No vieron a ningún ent, como Neithan había deseado pero en la quietud de las noches desde la profundidad de las montañas había creído escuchar murmullos extraños. En la segunda noche del viaje a través del paso por las montañas, Neithan había despertado a su hermano Ornêkal seguro que de que los ents se hallaban cerca. Pero no habían conseguido ver ninguno.

El viaje se había sucedido sin incidencia alguna. Neithan no había intercambiado palabra alguna con Kalimê en todo el viaje aunque de vez en cuando había descubierto a la elfa mirándole. En aquellos momentos había recordado con silenciosa sonrisa las últimas palabras de ella en la orilla del río Nensha, cuando él la había descubierto bebiendo y ella había descubierto que él no era un soldado sino un khalna.

<< Si me consigues una de esas y la compartes conmigo no informaré al cuartel que tenemos un infiltrado >>

Indudablemente, él no le había conseguido ninguna botella de licor y tampoco había tenido intención de ello. Por la expresión de su rostro tras aquella conversación, Neithan había deducido que Kalimê no las tenía todas consigo y dudaba entre si él se había unido a aquella expedición por iniciativa propia o por orden del consejo.

En la zona occidental de las selvas, muy al sur de Ithain, se hallaba aquel campamento improvisado del que Miyir les había hablado tanto. Más que un campamento, aquel lugar parecía casi una pequeña ciudad, con un bullicio constante de personas. Había hombres y mujeres, elfos y elfas, enanos y enanas, todos ellos de muy distinta procedencia. Había pocas edificaciones, pues la mayoría de los refugiados acababan de llegar y habitaban pequeñas y grandes tiendas de campañas.

Un hombre pequeño pero robusto, de mirada risueña, se acercó a ellos.

- Bienvenido Miyir. El capitán Zirân os ha dejado un recado. Me pidió que os notificara que, cuando llegaseis, fuerais de inmediato a la zona de reunión pues los otros capitanes no tardarán en llegar.

El joven asintió y entonces le pidió que asentara a los refugiados en un lugar digno y les diese de beber y de comer. Así mismo, Miyir les ofreció a Ornêkal y Kalimê que le acompañaran a la reunión.

- Y si así lo deseáis alguno de vuestros elfos puede venir en calidad de escolta - añadió Miyir mirando inequívocamente a Neithan, que se hallaba detrás de ellos.

Ornêkal asintió, ruborizado. De alguna manera, parecía que Miyir se había percatado de la situación de su hermano. A su lado, Kalimê sonrió.

Miyir, Ornêkal y Kalimê, acompañados por Neithan, atravesaron el campamento en dirección al norte. Los elfos se quedaron sorprendidos de la actividad incesante que había en Bornomin. Sacos, carromatos y personas que iban de aquí hacia allá y de allá hacia aquí. Cruzaron lo que parecía ser una calle improvisada y llegaron hasta un lugar donde estaban reunidos una serie de hombres, muchos de ellos de tez oscura. Miyir se adelantó y le habló a un hombre de aspecto anciano que, según escucharon los elfos, se llamaba Zirân. Tanto éste, como otros dos de nombre Pâpharaz y Manurug, venían de distintas partes del continente trayendo refugiados de los pueblos afectados. Por lo que se enteraron los elfos, Neitillot no había sido la única ciudad que había sufrido un ataque de los orcos, igualmente los orcos también habían atacado Varendia, la capital de los varantes, Hissüe, la tierra de los marllajtay, Nimost, capital de los rillië y controlada también por los marllajtay, el país de los Hohunamae, el pueblo más sureño de Rómenor, y otros lugares del este del continente.

- ¿Crees que Osto Ohtalossë…? – le susurró Neithan a su hermano mientras Miyir hablaba con sus compañeros.

Ornêkal se encogió de hombros pero pronto supieron la respuesta a la pregunta pues otro capitán gimlazar llegó proveniente del Noreste de Rómenor y con él, un grupo de nurulântar. Narakkotto, el nombre del capitán recién llegado, parecía estar preocupado.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Kalimê, acercándose a los dos hermanos.

- Parece que alguien del grupo del último capitán gimlazar está muy enfermo – respondió Ornêkal mientras miraba como los gimlazar se mostraban preocupados.

Neithan se escabulló entre la gente intentando enterarse de quién estaba enfermo. Empezaba a sentir una opresión en el corazón pero sólo pudo enterarse de que se trataba de un nurulânta.

- ¡Nurulântar! Siempre dando problemas – dijo Kalimê cuando Neithan les contó lo que había averiguado.

Esperaron un rato hasta que Miyir se acercó a ellos y les contó que una elfa nurulânta venía enferma por lo que, antes de la reunión, iban a ingresarla en las Casas de Curación del campamento.

- ¿Sabes cómo se llama? – preguntó Neithan, intranquilo.

- Pues…no lo sé. Pero no os preocupéis, contamos con buenos curanderos en Bornomin - respondió Miyir.- La han acomodado en aquel carro, los demás iremos a pie hasta las Casas de Curación que no quedan muy lejos de aquí.

El hombre se dio media vuelta y los elfos le siguieron. El carro que llevaba la enferma había empezado a avanzar. Cuando llegaron a las puertas de las Casas de Curación, un edificio de piedra bastante amplio, la enferma ya había sido acomodada allí.

- ¿Vamos dentro? – preguntó Neithan.

- Pero, ¿qué nos importa a nosotros lo que le haya ocurrido a una nurulânta? – se quejó Kalimê, bastante iracunda.

- Espéranos aquí si quieres - dijo Ornêkal al tiempo que iba tras su hermano que, sin esperar respuesta, se había dirigido hacia las Casas de Curación.

No sabía por qué, pero Neithan sentía una pequeña opresión en su corazón. Atravesó la puerta y se encontró con una gran habitación llena de camas y enfermos que eran atendidos. Miró a su alrededor y, entonces, no muy lejos de allí, se encontró con Miyir, el anciano Zirân y los otros capitantes gimlazar. No pudo distinguir desde allí a la enferma por lo que avanzó hasta ellos. Entonces, al lado de la cama, y de espalda a Neithan, había una elfa. Su corazón empezó a latir con fuerza pues el cabello rubio que caía sobre la espalda de la elfa le era familiar. Y, cuando ella se dio la vuelta y pudo ver sus ojos, se despejaron sus dudas.

- Syela…- susurró Neithan.

[Editado por aratir el 25-06-2009 22:15]

Escrito el 25-06-2009 23:25 #6

Jamás habría supuesto que aquel campamento era tan grande. Era mucho más grande que algunas de las villas de Narwä. Pero Syela apenas prestó atención a su alrededor. Sólo tenía ojos para Vanyala. Su hermana se despertaba por momentos y al rato volvía a caer medio inconsciente y su estado seguía siendo febril. Le preocupaba que no hubiese mejorado en los últimos días. Tan solo sentía que la fiebre había disminuido un poco con respecto al primer día.

Syela trasladó su preocupación a Narakattô quien a su vez lo habló con los encargados de la Casa de Curación. La elfa habría preferido que hubiese menos gente alrededor, tanto bullicio, tantos rostros desconocidos… pero pronto se dio cuenta de lo desagradecida que estaba siendo al pensar algo así. Aquella gente se había ofrecido amablemente, les habían dado cobijo y estaban dispuestos a atender a Vanyala. Si la ayudaban, Syela no tendría con qué recompensarles.

Estaba sentada de espaldas a la puerta, en la cama donde permanecía Yala recostada. Un hombre de cabellos como la nieve se acercó hasta ella para hacerle algunas preguntas sobre su hermana. Syela respondió a cada una dando toda la información que disponía.

Al cabo de unos minutos escuchó una voz familiar. Kanyanése había entrado a la Casa y la elfa reconoció su voz. Pero al girarse, sus ojos azules se cruzaron con otros distintos y sin embargo, bien conocidos para ella.

Podía sentir claramente sus latidos aumentando frenéticamente el ritmo.

“Neithan ¿qué estás haciendo aquí?” pensó. Bajó la vista mientras se incorporaba. Sentía como le flojeaban las piernas, pero intentó disimular alisándose el vestido. Se armó de valor y volvió a levantar la mirada, hasta que ésta alcanzó los profundos ojos del elfo. No, no era un sueño. Estaba ahí frente a ella mirándola sorprendido.

Syela se fijó en como la vista de Neithan se desviaba hasta el lecho donde se encontraba Vanyala, para a continuación volver a posarse en ella. Entonces el elfo se acercó sus pasos hasta situarse enfrente de ella.

Cuando le tuvo tan cerca, no pudo evitar que un torbellino de sentimientos se sublevaran oprimiéndole el pecho.

-Aret, Neithan – dijo al fin.

-Aret, Syela. ¿Qué ha ocurrido? – preguntó mirando a Vanyala con gesto preocupado.

-Le mordió una serpiente mientras veníamos hacia Bornomin. – Syela iba a continuar, pero entonces reparó en que Ornekal estaba también en la sala.

Escrito el 26-06-2009 07:40 #7

Cuando llegaron a la ciudad la elfa no tuvo más que reconocer los meritos de aquellos seres, la organización era sorprendente y la cantidad de pueblos reunidos en un solo punto, todos por un mismo motivo, los ataques de los orcos, pensar en los orcos le causó un leve escalofrío.

Cuál será el motivo de los ataques, y lo más importante quién estará detrás de todo ello, ya que por lo general aquellos seres no son muy dados a la organización, y menos a recorrer largas distancias. El conocer de sus ataques casi simultáneos en distintas regiones era realmente preocupante.

Se quedó fuera de la casa de curación mientras los elfos entraban a indagar sobre la identidad de aquella elfa. ¡Había tantas cosas importantes que hacer y averiguar! Que el ver la preocupación por una desconocida le pareció fuera de lugar, una desconocida... ¡y nuru más encima!

De repente recordó cierto incidente acaecido en la familia de Ornekal. Sûra le había comentado a grandes rasgos de aquella aventura donde siguieron el rastro de un hijo desaparecido que al final descubrieron que se había escabullido con una nuru... y atrapado por orcos y...

Kalime se quedó de pie, analizando un poco la situación y la preocupación de aquel par de elfos << ¿Una nuru desconocida? >>

El bichito de la desconfianza rondaba en su cabeza y decidió entrar a la sala de curación, solo para observar de lejos, no le gustaba estar cerca de gente enferma y menos herida, el pensar en ello le provocó un escalofrío, pero de igual modo entró.

Intentó pasar lo más desapercibida posible, aunque con tal movimiento de gente, todos preocupados en sus deberes, ungüentos, hiervas y otros, difícilmente se percatarían de ella.

Escucho los ruidos y se guío por ellos hasta llegar cerca de la entrada de una habitación, agudizó su oído y se quedó ahí observando a su alrededor y escuchando tranquilita apoyada en la entrada, más no se percató de que justo alguien iba saliendo y al abrir la puerta la elfa se fue de punta y cayó dentro de la habitación a los pies de Ornekal.

- Pe... pero Kalime!

- ¡Ay! ¡No grites que es zona de enfermos! – chilló la elfa mientras se sobaba las rodillas.

Luego de reincorporarse y tras observar a todos los presentes se quedó fija en el elfo y la bella la elfa de cabellos rubios, y luego observó a la que yacía postrada, llamándole la atención que le apareciera cierta coloración en sus labios.

- ¿Hace cuanto que se encuentra así?

Luego de percatarse que la observaban seriamente, movio la mano en señal de despido.

- Ya no se enojen, me retiro, solo que mi tutora maneja venenos y... ¡Agg mejor me voy!- dijo antes de salir presurosa de la habitación

<< Ya me dijo mi tutora que como espía soy muy buena cocinera >> se decía así misma caminaba presurosa por el pasillo. Deseaba salir de ese sitio lo antes posible.

[Editado por auriga el 26-06-2009 07:41]

Escrito el 26-06-2009 09:52 #8

El rostro de Vanyala estaba pálido. La joven había tenido el infortunio de haber sido mordida por una serpiente al poco de partir hacia Bornomin, pero estando lo suficientemente lejos de su tierra como para continuar el viaje en ese estado. Le habían extraído el veneno pero eso no había evitado que la elfa se sumergiera en un estado febril. Syela estaba bastante preocupada y su rostro mostraba inquietud y nerviosismo. Neithan no dejó de mirarla mientras ella les narraba a él y a su hermano como había ocurrido el accidente. Había pasado algunos meses desde su separación y, en ese entonces, no se habían visto. Pero no era aquel el momento adecuado para hablar de ellos.

- Le hemos estado aplicando vendas de agua salada caliente pues no teníamos otra cosa – explicó Syela a un curandero de Bornomin, que en ese momento se había acercado a la paciente.

- No contamos con suero apropiado para la mordedura de serpiente – dijo el curandero, bastante preocupado.

Neithan vio como su hermano se acercaba a la cama de Vanyala y le ponía la mano en la frente de ella.

- Es posible fabricar un suero antiviperino. Sólo se necesita hervir algunas hierbas – informó Neithan mientras el curandero se giraba hacia él y le atendía.- No se tarda más de un par de horas.

- Dinos qué hierbas son necesarias para hacer el suero y podemos enviar a alguien que las busque - dijo el curandero.

- Lirio, hibisco rojo e hierba de culebra - respondió el elfo. – La primera no creo que crezca en estos lugares pues es más habitual de climas menos cálidos pero cuento con un poco de ella. La segunda creo que es conocida en estas latitudes como albemosco.

- Está bien, buscaremos esas hierbas – dijo el curandero que se dio media vuelta.

Narakatto se acercó a Neithan para agradecerle su ayuda. Estaba realmente preocupado.

[Editado por aratir el 26-06-2009 11:15]

Escrito el 26-06-2009 17:40 #9

Syela también quiso agradecer a Neithan su ayuda, pero temía no hacerlo de la manera adecuada. Si se mostraba demasiado efusiva quizá resultaría ridícula, pero no podía parecer descortés.

-Agradezco mucho tu ayuda, Neithan. – dijo con tono serio. -Lo que le he venido aplicando días atrás no era suficiente para eliminar el veneno, y tú ya sabes que esa no es mi especialidad.

¿Por qué no viniste a buscarme, por qué no te comunicaste conmigo? Si tan solo me hubieses escrito una carta yo… Te has rendido, pero no puedo culparte, en el fondo creo que yo también lo hice.

Había tantas cosas que le habría gustado decirle, pero ese no era el momento y menos con Ornêkal delante. Syela estaba convencida que su hermano no aprobaba aquella relación que tanto dolor había causado a ambas familias. Aunque en ningún momento la había ofendido, y se había mostrado siempre amable con ella, la elfa evitaba la mirada de Ornêkal.

Como si de repente sintiese que iba cayendo de sus hombros una pesada carga, y viendo que la curación de Yala era posible, Syela empezó a relajarse, momento que aprovechó para fijarse por primera vez en la gente que se encontraba en la sala.

-¿Por qué estáis vosotros aquí? ¿Os han acompañado ellos en el viaje? – le preguntó a Neithan en referencia al resto de los grupos.

Syela se había quedado intrigada con la presencia de aquella elfa de ojos grises. Calculaba que podría tener su misma edad y reconocía claramente que era una alda. Sin embargo, esperó un poco antes de preguntarle a Neithan por ella.

Además de la elfa, le llamó la atención la presencia de un humano de aspecto corpulento y mirada desafiante.

[Editado por Neume el 26-06-2009 17:48]

Escrito el 27-06-2009 23:03 #10

Neithan hizo lo posible por evitar la mirada de Syela pues corría el riesgo de que los ojos de ella produjeran una tormenta en lo más profundo de su ser. Y sabía que, entonces, la abrazaría con tal intensidad que ya no podría soltarla. Pero no podía hacerlo, había tantas cosas que los separaban…sus respectivas sociedades no permitían que estuviesen juntos y, tras aquel fatídico intento de escapar, ya no podrían estarlo.

Pero, cuando ella le agradeció la colaboración y la ayuda en la enfermedad de su hermana Vanyala, no pudo evitar mirar esos ojos de un azul tan vivo que la intensidad color del agua del Nensir no era comparable a la de aquellos ojos. Y a punto estuvo de abrazarla y susurrarle que nada los separaría esta vez que se habían vuelto a encontrar. Pero se contuvo y únicamente hizo un ademán en respuesta del agradecimiento de la elfa.

Ornêkal, al lado de Neithan, miró a su hermano. Intuía lo que estaba ocurriendo en el interior del elfo pero no dijo nada. Se mantuvo en una posición discreta, preocupado además por el estado de Vanyala con la que había tenido buena relación varios meses atrás, durante la búsqueda de los hermanos mayores de ambos.

-¿Por qué estáis vosotros aquí? ¿Os han acompañado ellos en el viaje? – preguntó Syela, señalando con la mirada a todos los que se hallaban congregados al lado de la cama de su hermana.

- Nuestra ciudad fue atacada por una gran horda de orcos y parece ser que no hemos sido los únicos. Acompañé a mi hermano en su misión para investigar un ejército que pasaba cerca de nuestras tierras y resultó ser una parte de la gente que dirige este campamento. Algo está pasando en Rómenor.- Neithan vio como la elfa desviaba la mirada hacia su derecha, hacia un extraño hombre de aspecto corpulento que estaba no muy lejos del anciano Zirân.- No hemos venido con toda esta gente, alguna viene de otros lugares del continente, creo. ¿Vuestra ciudad también fue invadida por los orcos?

[Editado por aratir el 27-06-2009 23:14]

Historia finalizada.