Al pie del Andië y circundadas por las aguas del Vercasíre, Bornomin apareció ante ellos. El grupo capitaneado por el gimlazar Miyir, sus hombres, los refugiados de Formenyaelen y otros lugares del bosque Aldalaurë y el grupo de elfos aldalântar que se habían unido a ellos, había alcanzado aquella parte del Mistetaurë cuando el sol aún permanecía en el cielo. Desde las cercanías de Ghân habían avanzado a través de las selvas hasta las montañas Umbar Némo y, en las faldas de las montañas, Miyir los había dirigido hacia un paso estrecho entre ellas los que permitió atravesar las Umbar Némo. No vieron a ningún ent, como Neithan había deseado pero en la quietud de las noches desde la profundidad de las montañas había creído escuchar murmullos extraños. En la segunda noche del viaje a través del paso por las montañas, Neithan había despertado a su hermano Ornêkal seguro que de que los ents se hallaban cerca. Pero no habían conseguido ver ninguno.
El viaje se había sucedido sin incidencia alguna. Neithan no había intercambiado palabra alguna con Kalimê en todo el viaje aunque de vez en cuando había descubierto a la elfa mirándole. En aquellos momentos había recordado con silenciosa sonrisa las últimas palabras de ella en la orilla del río Nensha, cuando él la había descubierto bebiendo y ella había descubierto que él no era un soldado sino un khalna.
<< Si me consigues una de esas y la compartes conmigo no informaré al cuartel que tenemos un infiltrado >>
Indudablemente, él no le había conseguido ninguna botella de licor y tampoco había tenido intención de ello. Por la expresión de su rostro tras aquella conversación, Neithan había deducido que Kalimê no las tenía todas consigo y dudaba entre si él se había unido a aquella expedición por iniciativa propia o por orden del consejo.
En la zona occidental de las selvas, muy al sur de Ithain, se hallaba aquel campamento improvisado del que Miyir les había hablado tanto. Más que un campamento, aquel lugar parecía casi una pequeña ciudad, con un bullicio constante de personas. Había hombres y mujeres, elfos y elfas, enanos y enanas, todos ellos de muy distinta procedencia. Había pocas edificaciones, pues la mayoría de los refugiados acababan de llegar y habitaban pequeñas y grandes tiendas de campañas.
Un hombre pequeño pero robusto, de mirada risueña, se acercó a ellos.
- Bienvenido Miyir. El capitán Zirân os ha dejado un recado. Me pidió que os notificara que, cuando llegaseis, fuerais de inmediato a la zona de reunión pues los otros capitanes no tardarán en llegar.
El joven asintió y entonces le pidió que asentara a los refugiados en un lugar digno y les diese de beber y de comer. Así mismo, Miyir les ofreció a Ornêkal y Kalimê que le acompañaran a la reunión.
- Y si así lo deseáis alguno de vuestros elfos puede venir en calidad de escolta - añadió Miyir mirando inequívocamente a Neithan, que se hallaba detrás de ellos.
Ornêkal asintió, ruborizado. De alguna manera, parecía que Miyir se había percatado de la situación de su hermano. A su lado, Kalimê sonrió.
Miyir, Ornêkal y Kalimê, acompañados por Neithan, atravesaron el campamento en dirección al norte. Los elfos se quedaron sorprendidos de la actividad incesante que había en Bornomin. Sacos, carromatos y personas que iban de aquí hacia allá y de allá hacia aquí. Cruzaron lo que parecía ser una calle improvisada y llegaron hasta un lugar donde estaban reunidos una serie de hombres, muchos de ellos de tez oscura. Miyir se adelantó y le habló a un hombre de aspecto anciano que, según escucharon los elfos, se llamaba Zirân. Tanto éste, como otros dos de nombre Pâpharaz y Manurug, venían de distintas partes del continente trayendo refugiados de los pueblos afectados. Por lo que se enteraron los elfos, Neitillot no había sido la única ciudad que había sufrido un ataque de los orcos, igualmente los orcos también habían atacado Varendia, la capital de los varantes, Hissüe, la tierra de los marllajtay, Nimost, capital de los rillië y controlada también por los marllajtay, el país de los Hohunamae, el pueblo más sureño de Rómenor, y otros lugares del este del continente.
- ¿Crees que Osto Ohtalossë…? – le susurró Neithan a su hermano mientras Miyir hablaba con sus compañeros.
Ornêkal se encogió de hombros pero pronto supieron la respuesta a la pregunta pues otro capitán gimlazar llegó proveniente del Noreste de Rómenor y con él, un grupo de nurulântar. Narakkotto, el nombre del capitán recién llegado, parecía estar preocupado.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Kalimê, acercándose a los dos hermanos.
- Parece que alguien del grupo del último capitán gimlazar está muy enfermo – respondió Ornêkal mientras miraba como los gimlazar se mostraban preocupados.
Neithan se escabulló entre la gente intentando enterarse de quién estaba enfermo. Empezaba a sentir una opresión en el corazón pero sólo pudo enterarse de que se trataba de un nurulânta.
- ¡Nurulântar! Siempre dando problemas – dijo Kalimê cuando Neithan les contó lo que había averiguado.
Esperaron un rato hasta que Miyir se acercó a ellos y les contó que una elfa nurulânta venía enferma por lo que, antes de la reunión, iban a ingresarla en las Casas de Curación del campamento.
- ¿Sabes cómo se llama? – preguntó Neithan, intranquilo.
- Pues…no lo sé. Pero no os preocupéis, contamos con buenos curanderos en Bornomin - respondió Miyir.- La han acomodado en aquel carro, los demás iremos a pie hasta las Casas de Curación que no quedan muy lejos de aquí.
El hombre se dio media vuelta y los elfos le siguieron. El carro que llevaba la enferma había empezado a avanzar. Cuando llegaron a las puertas de las Casas de Curación, un edificio de piedra bastante amplio, la enferma ya había sido acomodada allí.
- ¿Vamos dentro? – preguntó Neithan.
- Pero, ¿qué nos importa a nosotros lo que le haya ocurrido a una nurulânta? – se quejó Kalimê, bastante iracunda.
- Espéranos aquí si quieres - dijo Ornêkal al tiempo que iba tras su hermano que, sin esperar respuesta, se había dirigido hacia las Casas de Curación.
No sabía por qué, pero Neithan sentía una pequeña opresión en su corazón. Atravesó la puerta y se encontró con una gran habitación llena de camas y enfermos que eran atendidos. Miró a su alrededor y, entonces, no muy lejos de allí, se encontró con Miyir, el anciano Zirân y los otros capitantes gimlazar. No pudo distinguir desde allí a la enferma por lo que avanzó hasta ellos. Entonces, al lado de la cama, y de espalda a Neithan, había una elfa. Su corazón empezó a latir con fuerza pues el cabello rubio que caía sobre la espalda de la elfa le era familiar. Y, cuando ella se dio la vuelta y pudo ver sus ojos, se despejaron sus dudas.
- Syela…- susurró Neithan.
[Editado por aratir el 25-06-2009 22:15]