La Guerra de los Clanes

El Ave De Fuego, De Los Hechos Acontecidos En Marllajtay

Escribiéndose...
Escrito el 17-11-2009 12:43 #1

Maïth se alzaba alto en el cielo en aquél día de extraña bonanza. Frío aún, pero el azul del limpio cielo resplandecía como nunca se había visto en el Nendataure ese invierno, y contrastaba con el oscuro verde del bosque que se extendía hacia donde se perdía la vista, allí donde se mezclaba con las lejanas montañas del este. En aquella colina de cima despoblada de árboles, donde tanto tiempo atrás se había sellado la alianza entre Marllajtay e Isgur, se congregaban ahora gentes de ambos pueblos, e incluso algún curioso de entre los pueblos errantes del Nendataure se había acercado a curiosear. Pues el centro de atención era la ceremonia que se celebraba en honor de los mil quinientos soldados que partían a Híssuë, de regreso por fin al hogar después de tantos meses.

Pero no era aquella una celebración precisamente alegre, pues la noticia de que podía estar acercándose la hora de un nuevo ataque del Enemigo Común era lo que había motivado aquella apresurada partida. Ya al día anterior partió improvisadamente hacia el norte el ejército formado por Marllajtay, Rillië e Isgur que debía enfrentarse a las fuerzas del mal en el corazón mismo de las lejanas Montañas Negras, con tal de distraer la atención de los ejércitos orcos que parecían estar esparciéndose por todo Rómenor, y así intentar forzarlos a retornar y proteger su morada.

Allpa’huátl encendía de nuevo la apákt’shitá, ahora ante la presencia del nuevo templo que los Marllajtay estaban aún construyendo. El tercero en todo el Nendataure, tras los de Tûgore y Tumbu. Wájünq’iltic lo llamaron, en honor al gran bosque. El Khútic se desprendió de la cinta de cuero que llevaba atada a la frente y la depositó en ofrenda a la apákt’shitá. La resplandeciente esmeralda encastada brillaba entre las llamas, acompañada por los destellos emitidos por las demás piedras semipreciosas que la rodeaban.

Entre los presentes se hallaba Ithian Ñáal, que al fin había llegado a Tûgore a presentarse ante el Khútic, aunque no del modo que él hubiera deseado. Aquella traidora de Miyotl le había entregado, había llegado hasta Nilme Istyalvao para capturarlo y traerlo ante Allpa’huatl. Y éste, para desesperación de Ithian, había accedido a todas sus peticiones: Allpa’huátl regresaba a Híssuë acatando la petición del Consejo, sin haber ordenado la detención de Ithian ni presentado ningún cargo por la traición de la que se le había acusado extraoficialmente. Pero aún regresando de aquél modo, cumpliendo así la orden que había recibido, el testimonio de Miyotl y el de Allpa’huátl jugarían muy en su contra, así como la presencia de aquél enorme ejército – mucho mayor que el que meses atrás partió de Híssuë hacia el este – que ahora pasaría a engrosar las defensas del Estuario.

Escrito el 04-01-2010 11:01 #2

Una multitud se congregaba en los alrededores de la Colina del Alba y observaban expectantes en dirección a las montañas. La noticia de que Allpa'huátl regresaba a Híssuë al frente de un gran ejército se había abierto paso entre la población a pesar de los esfuerzos de algunos por mantener la discreción. Muchos curiosos habían dejado de lado sus tareas aquél día en los talleres, campos y comercios de los alrededores. Mar'ek Ýthuel observaba con aire contrariado el espectáculo desde las altas estancias del Apákt'chüta junto a algunos sabios del Consejo.

- ¿Pero se puede saber qué ha hecho ese Ñaál en Tûgore? - Mar'ek se refería evidentemente a Ithian; se suponía que él debía encabezar esa marcha llevando al Khútic de regreso como traidor que era, un líder que había desertado llevándose consigo gran parte del ejército que debiera haber defendido sus tierras en el demoledor ataque de los orcos semanas atrás.

- Independientemente del modo en que regrese, Allpa'huátl comparecerá ante el Consejo y deberá responder por las acciones que han traído la desgracia al Estuario. Y la ley Marllajtay se aplicará en consecuencia.

Mar'ek fulminó con la mirada a quien pronunció esas palabras tras él. Todos sabían que el modo en que regresara sí podía decantar los acontecimientos y hacer fracasar las expectativas de Mar'ek.

De cualquier modo, el ejército de las tierras del este llegó a Híssuë y fue recibido con optimismo y recelo por igual. Las inquietudes de Mar'ek cobraron fundamento cuando recibió a Allpa'huátl a los pies de Iyra Willka, escoltado por Ithian y Miyotl, quien había desaparecido días atrás tan pronto como fue ordenanda su búsqueda y captura. A ese día le siguieron varios días de largas reuniones del Consejo en que los ataques verbales se sucedían y las discusiones parecían polarizarse entre los detractores y los que respaldaban a Allpa'huátl.

- La actitud belicosa de nuestro lider en las tierras salvajes e inhóspitas del Nendataure, pobladas principalmente por salvajes, bandoleros y oscuras bestias han sembrado la enesmitad hacia los Marllajtay mientras muchos han obviado el gobierno de Híssuë. Y han olvidado que la tregua con los Hünna'nay* no durará eternamente. Hemos tenido suerte hasta ahora. Pero ¿qué ocurrirá cuando Híssuë se vea azotada desde el mar por los tiranos de Númenor mientras los ejércitos oscuros del este descienden desde las montañas? Ni todos los ejércitos que el Khútic pueda reunir entre los salvajes del Nendataure podrán hacer frente a tal desgracia. ¿Y todo para qué? Para úniamente para añadir la responsabilidad de mantener a flote una de las regiones más pobres de Rómenor, que nada puede aportar a nuestra cultura.

Éstos y otros argumentos eran los que se exgrimían en contra del gobierno de Allpa'huátl mientras en los mercados, tabernas y plazas de Híssuë los cuchicheos y especulaciones en referencia a lo que se discutía en el palacio estaban a la orden del día. El Khútic, respaldado por su tío Jísh'yátl y una minoría de sabios, hacía frente a las duras y a menudo infundadas críticas.

- Sólo una mente despótica puede pronunciar semejantes palabras hacia los pueblos aliados que tenemos en el este. Las anexiones de los territorios del Nendataure y Nórë rá Rilmalotsë ya están aportando a Híssuë los beneficios, empezando por los hombres que aguardan ahí fuera la llegada de nuevos ejércitos enemigos. Pues vendrán más, así como todos los pueblos libres de Rómenor están sufriendo ataques similares. Y cuando la guerra termine y el orden sea restablecido empezarán a llegar riquezas de tierras ricas para quien las sabe aprovechar con inteligencia.

"Pero ningún insensato cree o puede haberse parado a pensar que la tregua con los Hünna'nay sea permanente. Pero se mantendrá, con toda seguridad, mientras una guerra mayor azote todo el continente, guerra de la que los occidentales no permanecen ausentes. Ahora lo que se debe hacer es olvidar las disputas y preparar a conciencia las defensas para la nueva oleada".

Y así, los días pasaban y las discusiones se sucedían. Pero los Marllajtay, sin ser ajenos a los peligros que acechaban, reforzaban las defensas en todo el Estuario y a lo largo de sus fronteras, atentos a cualquier movimiento al margen de la ley Marllajtay.

*Hünna'nay: Númenóreanos

Escrito el 07-01-2010 10:44 #3

El cuarto día desde la llegada de Allpa'huátl a Híssuë, poco después de que el sol se hubiera ocultado tras las Andië, llegaron mensajeros al Apákt'chüta trayendo malas nuevas, aquellas que andaban temiendo. Los orcos habían aparecido súbitamente en las montañas; tres ejércitos descendían desde distintos puntos en los valles altos hacia el palacio del Khútic. Una vez más, el enemigo había traspasado las fronteras sin ser visto, por lo que la idea de las galerías subterráneas, buscadas en vano por los Marllajtay y los Enanos de las montañas, no dejaba dudas sobre su veracidad. Pero Mar'ek Ýthuel, que ya esperaba una aparición repentina del enemigo, había dispuesto las defensas. Y sonrió, preparado para la batalla.

- Quizás el enemigo espere obtener ventaja dividiendo sus ejércitos. Pero nosotros le sacaremos mejor partido. Dad la señal.

Dos soldados se pusieron rápidamente en movimiento y desaparecieron tras la puerta de la estancia. Al poco, una gran pira ardió en lo alto del palacio. Un fuerte resplandor se alzó envuelto en una alta columna de humo, que podía ser vista desde muy lejos, aún teniendo en cuenta la accidentada orografía de Híssuë. Una señal silenciosa que enseguida puso alerta a las tropas y a los puestos de avanzadilla. Una quincena de khondor de las Andië partieron veloces del palacio bajo el resplandor de la pira, dispersándose en distintas direcciones.

En los valles circundantes al norte y al nordeste del Apákt'chüta los escuadrones se preparaban para el ataque, compuestos en su mayoría por arqueros. Guiados por los mensajes que traían los khondor, los hombres se agrupaban en el camino entre los ejércitos enemigos y la llanura donde la Colina del Alba se alzaba. Un cuerno retumbó en las montañas y muchos otros, además de tambores, lo siguieron causando un estruendo ensordecedor rompiendo la calma inicial.

Mar'ek observaba solemne desde un balcón del palacio. Aunque sólo el estruendo de cuernos y tambores quebraba la tranquilidad del valle bajo, el general Marllajtay visualizaba la escena en su mente. En los vales altos, las hordas de orcos habían penetrado entre los arqueros Marllajtay y demasiado tarde advirtieron su presencia, en las elevaciones cercanas, cuando ya estaban cubiertos por ambos flancos y los cuernos empezaron a sonar. Sorprendidos y confundidos, pensando que les atacaba un gran ejército, los orcos se precipitaron al ataque valle abajo mientras eran hostigados por los arqueros Marllajtay.

En esos momentos, un jinete envuelto en oscuros ropajes descendía el Iyra Willka oculto en las sombras y se encaminaba hacia los pasos elevados al este del Apákt'chüta, hacia los valles del Wáyrayakü. El enemigo irrumpió entonces en el valle poniéndose a tiro de las torres de vigilancia que protegían la Colina del Alba, provistas de grandes ballestas. Las tropas defensoras aguardaban en formación a los orcos. La infantería estaba dispuesta cubriendo el acceso a la colina, mientras que la caballería Marllajtay cubría los flancos y el acceso a las tierras bajas y a los puertos. Mar'ek contuvo la respiración desde su posición privilegiada. Escasos cien metros restaban para el sangriento choque: el enemigo era numeroso, quizás más de lo que hubiera imaginado, y las numerosas bajas recibidas en el descenso apenas habían mermado el potencial del enemigo.

Escrito el 10-01-2010 14:11 #4

Las filas enemigas se avalanzaron en un violento choque contra los escudos de las filas Marllajtay, perfectamente dispuestas sobe el angosto terreno del valle de Híssuë. Los orcos acometían una y otra vez a los defensores, que retrocedían lentamente, ahora bien, causando muchas más bajas al enemigo de las que ellos recibían. Desde atrás y encaramados a las torres de defensa y otras edificaciones, los arqueros descargaban sus saetas prendidas contra la retaguardia de los orcos, dificultando el avance de las tropas de refuerzo. El barro, la sangre y los cuerpos inhertes de hombres y orcos volvían a cubrir el suelo en los alrededores de Iyra Willka y el horror volvía a propagarse sobre el campo de batalla. Las columnas de humo se elevaban tras el paso de los tres ríos de orcos que descendían hacia la colina. Pero esta vez no hubo oportunidad para el saqueo, pues aquella zona no había sido aún reconstruida y las permanecía deshabitada cuando los orcos irrumpieron en las casas, aquellas que aún permanecían en pie, con la intención de asesinar a cualquier humano que tratara de refugiarse.

Allpa'huátl se acercó a Mar'ek Ýthuel. El estruendo de la batalla, armaduras chocando contra escudos, cuernos, gritos y alaridos, espadas y picas entrechocando, alcanzaban los elevados balcones del palacio.

- Las defensas menguan y retorceden lentamente. Dime, Mar'ek, ¿cuándo traerás a los yaotli?

- Están en camino – respondió Mar'ek -. Más de mil soldados de la Orden han partido desde un cuartel cercano tan pronto se ha dado la voz de alarma.

- Más vale que sea el del valle de Jíssuä*. Deben llegar cuanto antes o el enemigo alcanzará la colina.

Mar'ek apartó la mirada del campo de batalla y se dirigió a Allpa'huátl con suspicacia en sus ojos.

- Sí es ese. Claro, Zôr-Khútic no es ajeno a algunos de los secretos de la Orden. No te preocupes, llegarán a tiempo.

- Es una buena estrategia – reconoció Allpa'huátl, mostrando la ironía en sus palabras -. El mortífero ejército de la Orden Secreta expulsó finalmente al enemigo cuando las trpoas del Apákt'chüta estaban a punto de sucumbir. Una buena publicidad para tu causa -. Mar'ek no respondió y volvió a centrar su atención en la batalla.

En efecto, en los pasos que daban acceso al valle perdido de Jíssuä, el jinete oscuro se volvió una última vez para contemplar la colina. Los cientos de antorchas parpadeaban alrededor mezclándose ya con las luces de las casas y las tropas se replegaban en torno a los caminos que permitían ascender a la colina. Tras él reverberaba el sonido de miles de pies que trotaban en continuo ascenso desde el valle ocultos en la densa niebla que lo cubría casi permanentemente. Ni las antorchas lograban trapasar la niebla, y el temblor del suelo y retumbar de sus pasos eran los únicos indicios que presagiaban su llegada. El jinete sonrió amargamente, volviéndose para partir de nuevo. "Los yaotli llegarán a tiempo esta vez. Y Tlay'iltic estará ahora prácticamente vacía." Y partió veloz, internándose en la niebla hacia las tropas invisibles que se acercaban, aunque nunca llegaría a cruzarse con ellas.

*jíssuä: niebla

Escrito el 15-01-2010 00:18 #5

La batalla proseguía y las tres ramas del ejército orco, numerosas aún a pesar de la cantidad de bajas recibidas, habían logrado fusionarse por fin en el valle, al pie del Iyra Willka y habían forzado a los Marllajtay a retirarse hacia el sur para proteger los accesos a las tierras bajas y el camino de acceso al palacio. Las casas y edificaciones Marllajtay volvían a arder y a desmoronarse al paso del enemigo. Muchas aún no habían sido aún totalmente reconstruidas tras el anterior ataque. Las catapultas y arqueros dispuestos alrededor de la colina lanzaban sus proyectiles y saetas incendiarias contra las tropas enemigas que se apelotonaban al pie de la colina. La caballería apenas podía controlar el descenso de una parte del enemigo hacia las tierras bajas y la guardia portuaria, demasiado escasa, aguardaba el inminente golpe.

Mar'ek se encontraba a medio camino entre el palacio y el pie de la colina, aguardando el momento para cargar con la última defensa del palacio: trescientos soldados de élite que conformaban la guardia del palacio, comparables en destreza a los guerreros de la Orden Secreta. De reojo observaba en el este, desciendo por la ladera del valle, cientos de antorchas que parpadeaban en la oscuridad. Los yaótli llegaban en el momento justo, pues estaba a punto de entrar en el valle, según rezaba el mensaje traído por un khôndor, una última oleada de enemigos, orcos y trolls de las montañas, provistos de resistentes corazas. Una última carga destinada a barrer todo cuanto quedara en pie hasta alcanzar el Apákt'chüta.

El suelo empezó a retumbar en el valle y tras la linea de las granjas más alejadas de la zona – o lo que quedaba de ellas – llegó rugiendo la última tropa enemiga, unos quinientos efectivos, aunque con los trolls bien podían contar por muchos más en comparación con los que se encontraban en el valle. Allí, la batalla se interrumpió en durante unas décimas de segundo, cuando los combatientes se volvieron hacia las montañas a causa del temblor. Momento en el cual los cuernos de los yaótli empezaron a resonar desde la ladera. Casi en el mismo momento, una parte del ejército orco se separó del grueso y se preparó para contener a los recién llegados, y al mismo tiempo permitir a los últimos batallones orcos acceder al camino a la colina.

Los Marllajtay tambien reaccionaron y embistieron con gran fiereza al enemigo, consiguiendo hacerlo recular de nuevo, al tiempo que Mar'ek se lanzaba a la carga con la guardia del palacio.

El fragor de la batalla fue en aumento. Los yaótli barrieron sin remedio a los enemigos que les espereban abajo, que poca resistencia ofrecieron. Con la llegada de éstos, el balance de la batalla cambió, pues ahora los Marllajtay sólo eran ligeramente inferiores en número al enemigo. La resistencia Marllajtay avanzó remontando el valle, mientras los guerreros de la Orden contenían el avance de los trolls y orcos que llegaban de las montañas impidiendo que llegaran a reunirse con los demás.

Desde el palacio, Allpa'huátl y Rawa contemplaban lo que ya se preveía como el desenlace de aquella batalla. Pronto el enemigo iba a ser exterminado y la satisfacción podía leerse en sus rostros. Pero tras la mirada del Khútic podía apreciarse un atisbo de preocupación y las manos reposaban tensas sobre la barandilla del balcón. Faltaba un pequeño detalle para que aquella victoria fuera completa, pues no olvidaba que tras esa batalla, otra debía ser reanudada en las estancias del Consejo.

Escrito el 26-02-2010 19:55 #6

Diez años más tarde

Los pálidos rayos del sol llegaban débiles al Qhirwa Jíssuä, el Valle Neblinoso donde se alzaba la inexpugnable Ciudad Secreta, y Maïth aparecía como un disco blanco del otro lado de la niebla que ocultaba la Ciudad Secreta de Tlay'iltic. Pero a pesar de ello la luminosidad era intensa y Miyotl se cubría los ojos con el brazo mientras andaba de un lado a otro aleccionando a los nuevos cadetes. Aquél día les estaba recordando las hazañas que se habían logrado aquél año de Malkñý en que el mal se había alzado de nuevo y la desesperación y el miedo habían despertado de nuevo en los corazones de los Marllajtay. Los cadetes eran jóvenes y pocos de ellos recordaban algo de aquellos hechos o se les presentaban como tristes ecos de su infancia.

- ¡Quizás penséis que sólo son historias que os cuentan vuestras madres para echaros en cara lo bien que vivís! Pero eso se ha acabado aquí. ¡Estas historias son reales y las vais a vivir de nuevo en vuestras carnes! ¡Aquí os convertiréis en dignos yaotli de la Orden de Híssuë! Viviréis y moriréis al servicio del pueblo Marllajtay.

- ¡Al servicio del pueblo Marlljatay! ¡Ýh, ña Marllajtay! - exclamaron al unísono los cadetes.

Miyotl los observó tomándose unos momentos para continuar. Aún le parecía extraño aquella nueva denominación. La Orden de Híssuë. El último gran ataque de los orcos, que los Marllajtay habían llamado Makhát Ýssuë, el Ascenso de Híssuë sobre las fuerzas del Mal, coincidió con la derrota en el norte de Osrûn Sar, en la Makhát Rómenna. Y los héroes que volvieron de las negras Cotumo Aicasse fueron recibidos con grandes festejos. Pues aunque los Marllajtay desconocían toda la historia concerniente a las desgracias de las tierras exteriores, Allpa'huátl hizo difundir la verdad, y las maldades de aquél que los Marllajtay habían ahuyentado del Nendataure se conocieron. Y muchas dudas al respecto de las campañas del Khútic en el este se desvanecieron. Y ofreció a su pueblo los tres taltarilli que había recuperado en sus viajes y reveló el lugar donde había permanecido oculto durante centurias el taltaril de tierra de los Marllajtay: los Tyeolitztli, los sumos sacerdotes de la Orden, lo habían ocultado en una cámara secreta en Tlay'iltic, y la piedra era en parte la razón del gran poder de la Orden y de su habilidad para mantener oculta la Ciudad Secreta.

Pero Miyotl lo recuperó y a la guerra le siguió un período de conmoción en las cámaras del Apákt'chüta. La Orden Secreta fue disuelta y refundada, ahora con el nombre de la Orden de Híssuë. El Zôr Tyeolitztli, quien había sido el artífice de la traición perpetrada por Mar'ek Ýthuel y sus seguidores, fue desterrado y su cargo abolido. Los asuntos concernientes a la Orden y a su administración se discutirían en el Zîr'ñapák, siendo el Khútic quien tenía la última decisión. Pero en un último intento de rebelión, los desposeídos del poder de la antigua Orden se alzaron en armas, y muchos Ñáal los apoyaron, pero no todos los yaotli. Ni tampoco el pueblo ni los ejércitos de Híssuë - por otro lado mermados tras tantas batallas - les prestaron su apoyo y el alzamiento fue sofocado en pocos días. Pero muchas vidas Marllajtay se perdieron inútilmente en aquél conflicto y tristemente se recordó por muchas décadas.

Miyotl fue después readmitida en la nueva Orden como Khípac Yaotl, Instructor del Guerrero. Ocupó una destacada posición en el mando de la Orden y tenía voz y poder de decisión en todos los asuntos que se referían a la formación y adiestramiento de los jóvenes cadetes y soldados, y a la instrucción en los nobles ideales y las tradiciones ancestrales de los Marllajtay.

- ¡Andando! - ordenó Miyotl.

A la orden, la formación de jóvenes soldados se puso en marcha enfilando la Gran Calzada que conducía a las puertas de la ciudad. En poco tiempo el escuadrón había rodeado los muros y había ascendido por la vertiente este del valle. Velados tras la niebla blanca y brillante, desde lo alto del collado advirtieron al enemigo que se acercaba: no debían ser más de cien orcos, pero estas criaturas se habían multiplicado en las Andië cuando fueron repelidas del Nendataure. Aún carentes del poder maléfico que antes los había gobernado, los orcos seguían acechando en las fronteras de Híssuë y en ocasiones como ésa, una de estas incursiones se convertía en una clase práctica para los aprendices. Y es que aún tras la pérdida del taltaril, que ahora se guardaba en el Apákt'chüta – los otros dos eran ahora custodiados en Wájünq’iltic y Nimost -, Tlay'iltic continuaba siendo un lugar inexpugnable y uno de los tres pilares que constituían la defensa de Híssuë en aquellos tiempos: la alta torre y fortaleza de Tlallictzan en las puertas del océano, el Apákt'chüta en el corazón del territorio, y la Ciudad Secreta en las regiones salvajes y montañosas.

Los cadetes se abalanzaron ladera abajo hacia el enemigo en un estruendo de pisadas y gritos de guerra.