La Guerra de los Clanes

Rámmar “Hogar Del León”

Escribiéndose...
Escrito el 29-07-2007 01:33 #1

Rámmar es la villa perteneciente al Balî Minalcar en vida, pasando a ser herencia de su esposa Narquelië a su muerte.

Una gran cancela de hierro cubre la entrada, dando paso a un largo sendero de baldosas blancas hechas en Nink, el preciado mineral blanco por el que tantas penurias ha pasado nuestro pueblo a consecuencia de la interminable guerra contra los enanos de las Ondoninkwe. Este sendero se completa con hileras de pequeños setos espinosos a lo largo del camino. A los lados, grandes extensiones de sembrado y arboledas conforman lo que sería el “reddâ”, o área de cultivo.

Al final del sendero se encuentran los “atakwâri”, un complejo formado por varios edificios construidos también en Nink que conforman la vivienda, la sala de reuniones, la zona de servicio, las caballerizas y el santuario ritual. Éstos están separados unos de otros pero unidos entre sí por largos pasillos exteriores cubiertos de enredaderas las cuales se entrelazan entre sí formando las paredes y un techo en forma de arco.

El minyatakwê o edificio principal es la vivienda familiar, un palacete de dos plantas construido en Nink con grabados de animales en la fachada principal. Miles de bellas escenas de lucha se representan en las paredes junto a los grandes ventanales acristalados enmarcados en el mismo mármol negro ribeteado en blanco con que se construyó el Korinsúlë, el Templo Anamâr. Una gran puerta tallada en madera de ébano con incrustaciones de plata y marfil corona la entrada de ésta.

A su derecha, una construcción de una sola planta y construida a imagen y semejanza del minyatakwê donde se encuentra la sala de reuniones y el antiguo despacho de Minalcar, ahora posesión de sus hijas que son miembros del Khotsê.

A la izquierda de la vivienda se encuentra el ala de servicio, una pequeña casa destinada a los Hekenâ que se encargan del mantenimiento y la servidumbre. Esta construcción es ya más modesta aunque igualmente construida en el mismo material que el resto de la vivienda. En la parte trasera están las “rokkônar” o caballerizas. En el exterior de éstas hay un pequeño ruedo dibujado en la hierba para el entrenamiento de los caballos, nobles bestias destinadas a la guerra.

Dentro de la misma vivienda hay un gran patio repleto de plantas exóticas traídas desde más allá del mar Occidental. En lado este de este patio hay una pequeña puerta escondida entre las plantas, una puerta tallada en roble con imágenes representando los onnar de cada miembro de la familia, el León, el Caimán, la Pantera y la Cobra. Una angosta escalera de piedra conduce al subsuelo seguido después de un largo pasillo laberíntico cavado en la misma roca de éste que termina en una caverna espaciosa, este habitáculo es el Santuario Ritual o Ndulnatakwê, “Habitación Secreta”, pues esta estancia es uno de los mejores secretos de la familia. Escondida así por su propia seguridad, al ser el Santuario lugar de reflexión y de trabajo. Un gran dattâ se sitúa en el centro, un pozo cavado en la tierra expresamente para el almacenamiento de la sangre ritual extraída de los difuntos en batalla. Ésta sangre sirve para purificar y para llevar a cabo algunos rituales como los de batalla. A su derecha, un gran altar hecho también en Nink con grabados representando los onnar de los antepasados y adornado con grandes figuras de animales en marfil negro con incrustaciones de oro y rubíes en los ojos. En el lado opuesto grandes estanterías donde se almacenan materiales e ingredientes necesarios para cada ritual, semillas, miembros animales etc. En estas estanterías hay grandes libros, libros destinados al estudio y a la meditación; otros tantos describen la genealogía de la familia, desde el primer elfo que llevara nuestra sangre en el Gran Despertar hasta nuestros días.

Ya otra vez en el exterior, tras la vivienda y las casas conexas, grandes jardines se extienden en varias hectáreas alrededor. Estos jardines, llamados “Pathmâ Narquelië”, que quiere decir El Jardín del Otoño o El Jardín de Narquelië, se encuentran repletos de pequeñas flores y pérgolas coronadas por extensas enredaderas que son de un intenso color púrpura durante casi todo el año.

Pequeños nogales y almendros rodean un extenso claro donde los rayos del sol se reflejan en el estanque que está en su centro. En este estanque se mora la “mascota” personal de Narquelië, un pequeño caimán de anteojos, famoso por ser caníbal entre los de su especie. “Mori Skalnâilin”, El Estanque Velado.

Escrito por Mithril_

Escrito el 08-08-2007 20:54 #2

El sol se ocultaba tras las montañas de Ohtemen, y Rámmar poco a poco empezaba a ensombrecerse. Núlimê se afanaba en la cocina, y corría de un lado a otro asegurándose de cada una de las cocineras hiciera bien su trabajo.

- No le añadas más cebolla al guiso, Aldê, sabes que a la Señora no le gusta. Hirâ, asegurate de que la sopa esté bien caliente. No quiero que llegue fría a la mesa. - mientras pasaba por delante de una mesa surtida de verduras, introdujo el dedo en una salsa blanca - Demasiada nata, Narnê. No le va a gustar.

- No le gusta, no le gusta... - refunfunó Aldê, mientras removía el guiso con más fuerza de la necesaria - Qué sabrá la Señora de cocina, me pregunto yo...

- Poco nos importa a nosotras lo que sepa o no de cocina. Me basta con que no vuelva a estampar el guiso contra la pared - respondió Núlimê al tiempo que atravesaba la puerta de la cocina hacia el minyatakwê.

Aldê suspiró, y siguió removiendo el guiso, con más fuerza que antes si eso era posible.

-------------------

La habitación estaba envuelta en la penumbra. Las pesadas cortinas de crepe blanco apenas dejaba pasar los débiles rayos del sol a través de los enormes ventanales.

La puerta de la habitación se abrió de golpe, y Núlimê entró con su paso rápido, como siempre.

- No puedes seguir encerrada, jendê. Por mucho que te empeñes. - la elfa corrió las cortinas, y también los ligeros visillos de gasa, y abrió los ventanales uno tras otro, dando la sensación de una enorme inundación de luz sobre la habitación.

Una joven elfa permanecía recostada sobre la gran cama blanca con dosel, pero no dormía. Sus ojos parecían de fuego, mientras miraba a Núlimê afanarse con cortinas y ventanas.

- Ya te he dicho que no voy a bajar, Nuli. He dicho que no bajo y no bajo.

- Peor será que suba aquí a buscarte. Ya sabes cómo es tu madre cuando se empeña en algo...

Elesinyê se incorporó sobre la cama, con las piernas cruzadas la una sobre la otra.

- ¿Para qué demonios vuelve? Pensé que estaba a gusto en Ohtalôsse, fingiendo reinar sobre todo y sobre todos, y paséandose del brazo de Engrel por los jardines de Pathmâ Thyr.

Núlimê miró a la joven elfa, y sonrió levemente. Para Elesinyê ella había sido como una madre. Aquella que les daba refugio a ella e Hisiê cuando su verdadera madre las despreciaba. Y ni el paso de los años ni el Narwänolmê habían podido con la estrecha relación entre ellas.

- Sabes lo que busca, jendê. El mismo día que tu hermana y tú os marchásteis de Ohtalôsse, ella ya estaba preparando vuestro nuevo encuentro. Y no os dará tregua alguna...

Elesinyê guardó silencio un instante, y después emitió un suspiro ahogado.

- Bajaré a cenar - sentenció, mientras Núlimê salía de la habitación con una sonrisa, cerrando la puerta tras de sí.

Escrito el 08-08-2007 22:13 #3

El vestido verde se agita violentamente cuando salgo al balcón, agradeciendo la apacible temperatura. A lo largo del día el sol había golpeado con fuerza, pero ahora al anochecer, el viento desciende a través de las montañas cercanas después de acariciar las cumbres eternamente nevadas, consiguiendo que la temperatura descienda rápidamente.

"De las guerras que se alargan no se obtiene ningún beneficio".

Recuerdo las sabias palabras de Ohtartiënnâ, mientras mis manos se posan delicadamente sobre la balaustrada de piedra.

Y ésta ya está durando demasiado. Desde el día en que Hisiê y yo vinimos al mundo, para ser exactos.

Hubo un tiempo en que sentí que existía algún mal dentro de mí. Intenté acercarme a ella una y otra vez, y cada una de ellas fue recompensada con un desprecio, con un golpe, con una mirada de odio. Y después... Después onrô volvía a casa, y todo cambiaba. Y yo no entendía, pero entonces era feliz. Ahora se que mi madre sólo fingía delante de él. Y cada nueva partida era para nosotras más dolorosa que la anterior. Nuestro padre marchaba al frente, y con él se marchaba también nuestra felicidad.

Hasta aquél día en que no regresó. Los años han pasado, no así el dolor. Porque después llegó el infierno a nuestras vidas. El amor infantil ha dado paso a un odio que se ha arraigado en mi alma. Pues no hay en mi afán mayor que el de destruirla.

El carruaje que trae a Narqueliê desde Ohtalôsse llegará dentro de unas horas. Y ni siquiera Núlimê es consciente de que todo cuanto he hecho en el pasado nos ha traído irrevocablemente hasta aquí. Porque aquí se consumará su venganza, lo se. Y de ella misma surgirá su destrucción.

Esta noche desaparecerá la máscara.

Escrito el 09-08-2007 15:55 #4

Narqueliê camina tranquila por el comedor antes de la cena, los hekkêna terminan de preparar la mesa cuando Elesinyê entra en la estancia sin hacer ruido.

Mira fijamente a las jóvenes instándoles a dejarles solas unos minutos.

-¿A qué has venido? –pregunta tranquila a su madre, a lo que ésta la mira sin pasión alguna y responde- “He venido a ver a mis hijas”- Elesinyê aprieta los puños en un intento de controlarse.

¡A ver a sus hijas! …”Será hipócrita”-piensa la joven.

Entro en el comedor y rápido me aproximo a mi hermana interponiéndome entre ésta y Narqueliê al ver la escena.

-Déjala-le susurro en voz baja- Aún no es el momento, lo sabes; como también sabes que éste está próximo…pero aún no.

Elesinyê mira al suelo algo más calmada. La llama de sus ojos sigue siendo intensa aunque parece apaciguarse.

Narqueliê aprovecha el instante de distracción y con sigilo introduce varias gotas de un líquido espeso y de un carmesí intenso en mi copa.

No ha tenido que preparar nada, sus propias hijas le han ayudado en su cometido para verter las gotas de Valya en el recipiente. El plan está servido al mismo tiempo en que las jóvenes hekkêna entran con la cena en grandes bandejas de plata.

“Ya solo hay que esperar a que esté dormida”-piensa para sí la Sacerdotisa-“y todo irá cayendo a mi paso”.

**********************************************************************

La cena transcurre en silencio, algún cuchicheo entre la servidumbre, pero nada más. Elesinyê me ha dirigido varias miradas desde el otro lado de la mesa, sé lo que le pasa, no hace falta que me diga nada pues yo siento lo mismo que ella…Sí, la comunicación entre nosotras es siempre continua, aunque ninguna palabra salga de nuestros labios pues nuestra mente está conectada desde el momento de nuestro nacimiento.

Sus ojos arden con fuerza; se le ve preocupada, ansiosa…yo sin embargo espero tranquila, si en algo nos diferenciamos mi hermana y yo es en el saber esperar. Aunque no siempre ha sido así, aún recuerdo cuando descubrí el engaño de Tatharal y perdí a mi hijo…a nuestro hijo. Mientras guardaba reposo mi mente no cesaba en su empeño por proporcionarme un plan que restituyera mi honra y le hiciera pagar por mi desdicha, pero ella me instó a esperar, a tener paciencia…”La venganza es un plato que se sirve frío hermana”-solía repetirme-“Tu venganza, querida, la venganza de nuestra familia será terrible…”

-Puagg, ¡Esto está asqueroso! – Elesinyê me dirige entonces una mirada de alarma, nuestra madre ya empieza con uno de sus numeritos.- ¡Núlime!, ven aquí ahora mismo, esta nata es insufrible…no hay ser en esta tierra capaz de tragarse esta porquería.- su tono de voz no delata enfado alguno, no le es necesario, solo con la mirada puede hacer que se estremezca hasta el más bravo guerrero.

-Lo siento Señora, no volverá a ocurrir…-dice con una lenta pero respetuosa reverencia.

Elesinyê aprieta con fuerza la servilleta sin apartar la vista de la escena, no soporta que Narqueliê regañe a Núlime, aquella mujer que, aún siendo una Hekkêna había sido más madre para nosotras dos que nuestra propia madre.

La cena se desarrolla sin más sobresalto aunque nuestra madre no puede ocultar el desagrado que siente al estar sentada a la misma mesa que nosotras, aunque no por eso es menos orgullosa, hará siempre todo lo que esté en su mano por herirnos; lo que no puede imaginar es que sus palabras cortantes, que sus frías miradas ya ningún daño pueden hacernos, hace años ya que nos infringió la mayor herida, pero pagará por sus desprecios, por su crueldad. Nada queda impune en la Tierra del Sol.

××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××

Una fuerte ráfaga de aire agita las cortinas en un baile continuo. Los rayos de luna bañan mi rostro mientras duermo tranquilamente.

Una sombra se desliza sigilosa por la habitación, tapando los rayos que llegan hasta la cama y cubriendo mi rostro con una oscuridad que se va extendiendo poco a poco por toda la estancia.

Un leve susurro rompe el silencio, un quedo murmullo que va llenando la habitación poco a poco sumergiéndola aún más en la oscuridad; Me revuelvo inquieta en el lecho, una sombra empaña mi sueño mientras gotas de sudor empiezan a surcar mi frente.

Un fuerte a aroma a ámbar y canela impregna la habitación haciendo que me revuelva aún más. El murmullo cesa de repente; poco a poco los rayos que entran del exterior van volviendo a iluminar la estancia sin dejar rastro de lo ocurrido.

Despierto sobresaltada y aprieto fuertemente contra mí las sábanas de raso blanco mientras mi respiración se agita…no estoy sola en la estancia, puedo sentirlo.

-¿Quién anda ahí?-mi voz tiembla levemente, pero no por eso pierdo la calma.

Una pequeña silueta se desliza por el lado derecho de la cama, los rayos de la luna iluminan un pálido rostro de bebé, unos enormes ojos grises me miran directamente. Un destello de simpatía se desprende de ellos, pero hay algo más…se distingue una oscuridad, se están riendo de mi, se regocijan en mi miedo.

Mi cara entonces se torna lívida al reconocer aquella mirada.

-¡No! ¡Aléjate de mi! No….

El niño alza su pequeña mano para tocarme pero en ese instante Núlime entra de golpe en la habitación tras escuchar los gritos y la imagen se desvanece en la negrura de la noche despidiéndose de mi con una sonrisa siniestra, fantasmal…

[Editado por mithril_ el 09-08-2007 16:01]

Escrito el 10-08-2007 01:50 #5

- No debiste venir - escupí las palabras nada más Hisiê se hubo marchado.

La mirada fría que Narqueliê me dirigió desde el diván donde estaba tumbada pretendía ser un puñal de hielo lanzado hacia mi corazón. Pero ya no había daño posible.

- Esta todavía es mi casa, no lo olvides. - Narqueliê volvió a fijar la mirada en su copa de vino, con gesto indiferente.

- Como si pudiera olvidarlo... - mis palabras resonaron en la habitación, y ella me miró sorprendida. Sintió el peligro latente en mi tono de voz. Pausado, controlado, pero con un desprecio latente y un odio que se podía palpar - ... como si no sintiera tu presencia en cada rincón de esta casa. Tu frialdad, tu ambición... tu olor. Todo huele a tí y sabe a tí, recordándomelo. Provocandome arcadas con tu solo recuerdo.

- Ya es suficiente - gritó poniéndose de pie.

Pero sus amenazas ya no surten efecto alguno. Tiene armas mucho más poderosas, lo se. Mucho más temibles.

Después, parece reconsiderar su endado, y adopta una pose algo más conciliadora, acompañada de una sonrisa que a mí me recuerda a las hienas.

- Querida, sabes que siempre he buscado lo mejor para tí. No se por qué me guardas tanto odio. Se que desde la muerte de tu padre... - su voz se entrecorta al nombrarlo - ... se que no os he prestado mucha atención... Pero eso va a cambiar, te lo prometo. He venido porque tengo una buena noticia para ti - su sonrisa se ensancha con aire triunfal al decir sus últimas palabras.

Y ahora comprendo el por qué de ésta sensación de presagio que me atenaza desde hace días. Pero no puedo reprimir mi curiosidad.

- Dudo que cualquier noticia que provenga de tí pueda considerarla buena, pero cuéntame... - la ironía es palpable en mi voz, y mis palabras, y el tono desafiante, hacen que asome de nuevo la furia a su mirada. Pero es un destello fugaz. Ella sabe dominarse.

- Sabes que desde la muerte de tu padre, el Balî se ha ocupado de nosotras. Nosotros erámos amigos desde antes incluso de conocer a tu padre... y ahora es cuando más lo necesitamos. Y está interesado en tí, Elesinyê. Me ha pedido permiso para cortejarte.

Ahí está. Esa es. Lo ha planeado cuidadosamente, y ahí veo el principio de la cuerda con la que quiere ahorcarme. El Balî... ¿se ha ocupado de nosotras? Más bien se ha ocupado de que vuelvas a visitar su alcoba. Y ahora se le llama... ¿amigos? Reprimo una risa, mientras recuerdo el odio acérrimo que mi padre y él se tenían. Y no está más interesado en mí que en una trucha del río. Algo... algo debe haberle ofrecido ella. Pero que...

Finalmente no puedo reprimir más la risa, y estallo en una viva carcajada.

- Bien. Espero que le hayas dicho que no, por que yo jamás, y escúchame bien caiman de agua dulce, jamás, me casaré con él. Quizás sólo por que tú lo deseas. Por que aunque me pidieras un último vaso de agua antes de exhalar tu último aliento no te lo daria...

-¡No! ¡Aléjate de mi! No… - el grito resuena ahogado en la habitación interrumpiendo mis palabras, pero lo escucho como si resonara en mi cerebro, una y otra vez. ¿Hisi?

Antes de que Narqueliê pueda decir nada, cruzo el salón y subo hasta la habitación de Hisiê. Y no puedo ver la perversa sonrisa de mi madre.

[Editado por Indil el 10-08-2007 01:56]

Escrito el 10-08-2007 02:35 #6

Miro a mi alrededor casi sin saber dónde me encuentro. Todo ha sido muy extraño, abstracto, pero real al mismo tiempo.

Núlime agarra mis manos en un intento de consolarme. Entonces Elesinyê entra en mi habitación exaltada, ha oído los gritos desde la parte de abajo y ha venido corriendo a ver qué me ocurre.

-Hisiê, ¿qué..?

-La encontré gritando, lo más raro es que estaba despierta, no dormía- contesta Núlime al ver que no soy capaz de pronunciar palabra alguna.

Miro a mi hermana sin saber que la estoy viendo, estoy en otro mundo, en otra dimensión…poco a poco mis ojos comienzan a ver lo que tengo alrededor y veo el rostro de mi hermana y Núlime a mi lado mirándome con preocupación, las dos personas que más amo, los dos seres que sé que no me han de fallar. Me abrazo a Elen con fuerza, asustada, temblando…calientes lágrimas comienzan a inundar mis mejillas mientras ella me acuna con ternura.

-No sé…-digo entre lágrimas, mi voz tiembla llena de pánico- había un bebé…era mi hijo Elen, mi hijo…

-¿Cómo?-me pregunta Elesinyê desconcertada- ¿pero cómo es eso posible?

-Lo sé-logro articular-pero esos ojos grises me miraban…se burlaban de mí, hermana, reconocí aquella mirada. Era la misma de Tathâral aquel día en que me abandonó…sé que suena increíble pero…-mis palabras se ahogaron en llanto.

Una sombra se deslizó en el umbral de la habitación y Elesinyê no pudo dejar de sentirla. Miró a su espalda y allí estaba Narqueliê con una sonrisa de satisfacción en sus labios. Al ver que su hija la observaba con atención cambió rápidamente su gesto fingiendo preocupación.

-¿Cómo está? – pregunta con interés disimulado, era una experta en el arte de la mentira.- Mi pobre niña…-dice acercándose a mi despacio pero con determinación.

Elesinyê recordó entonces las duras palabras que se habían dicho hacía escasos minutos y se interpuso entre nuestra madre y yo.

-Déjala descansar esta noche, mañana ya más calmada podrá explicarte.-Sus palabras salieron cual cuchillas afiladas rasgando el rostro de Narqueliê.

Narqueliê hace frente a la mirada de mi hermana, la soporta con porte orgulloso, pero sabe que no es necesario competir, siente que ha ganado la batalla, al menos, por esta noche…

Escrito el 10-08-2007 04:08 #7

El sol asoma todavía tímidamente desde el este, pero el rojo del amanecer anuncia que será un día tan caluroso como el anterior. Pero todavía se puede sentir una brisa fresca y ligera, acompañada de trinos y gorjeos de los pájaros al despertar.

El mensajero llegó apenas hace una hora. Y desde entonces mi cabeza no ha dejado de pensar... no debería marcharme. Lo se. ¿Qué vio mi hermana en sueños, si no estaba dormida? Algo va mal. Terriblemente mal. Pero en Ohtalôsse reclaman mi presencia. Pronto el Balî firmará la paz definitiva con los Sthintâr, y hay muchos documentos que redactar aún. Y por otro lado, tampoco puedo alejarme mucho de los khotsêri. No puedo perder la influencia por la que he luchado durante tantos años...

El recuerdo de una mirada orgullosa asalta mi mente, y mi corazón. Él volverá pronto. Tantos años, y ahora... Sacudo la cabeza intentando deshacer el recuerdo. Lo he mantenido dormido durante años. Y ahí debe seguir.

Finalmente, decido partir. Pero no me despediré. Hisiê sabrá. No hacen falta palabras, pues nuestra mente está conectada de una forma en que sólo dos hermanas mellizas pueden estarlo. De mi madre ni siquiera quiero despedirme.

Mientras Núlimê organiza mi equipaje, mis ojos permanecen fijos en mi reflejo en el espejo. Y de nuevo me ordeno a mí misma dormir los recuerdos, mientras comienzo a cepillar mis cabellos con ademanes rápidos y furiosos, intentando dominar mi corazón.

Escrito el 12-08-2007 03:13 #8

Llega el día y no he podido pegar ojo desde lo sucedido anoche.

Sé que mi hermana se va, asuntos relacionados con el Khotsê le reclaman. Está preocupada…pero debe ir, es su deber, nuestro deber, atender las demandas del Consejo.

Núlime ha venido a verme después de ayudar a Elen con el equipaje. Me ha explicado lo de su partida después de asegurarse que me encontraba mejor.

-Lo sé Núl, ella me lo ha dicho- la elfa me mira frunciendo el ceño, sé que no le gusta que nos comuniquemos así, aún recuerda las bromas que le gastábamos usando nuestro don cuando éramos más jóvenes.

Poco a poco suaviza el gesto y se me acerca.

-Mi niña…-me dice con ternura- lo de anoche fue muy extraño.-agarra mis manos entre las suyas con fuerza intentando reconfortarme- Pero no estás sola, ¿lo sabes, no?

Le he devuelto al sonrisa y he asentido, aunque mi mirada delata la angustia que siento.

Tengo el rostro pálidamente cadavérico y las ojeras se me marcan debajo de los ojos.

Me levanto y me visto con las ropas que Núlime me ha dejado preparadas. Sabe que me desagradan los colores vivos desde que…me llevo la mano al pecho y la coloco en el corazón; no puedo reprimir el llanto que aflora en mis ojos y aún menos después de lo sucedido…Mi hijo, mi pobre bebé. Una muerte injusta que encontrará su venganza tarde o temprano.

He bajado a desayunar y mi madre estaba en la mesa terminando su desayuno. Ni un “hola”, ni un “buenos días”. Tampoco tengo interés alguno en responderle.

-Veo que ya te encuentras mejor, hija-dice pausadamente pero distingo en su voz un ligero tono de burla- aunque tienes mala cara.

Le miro con desprecio, pero no le contesto.

-He oído que dices haber visto aquel bastardo que murió en tu vientre.

Alzo la mirada para mirarla, no puedo ocultar mi odio hacia ella, ni quiero; Un leve tono rojizo acude a mis mejillas provocado por la ira que despiertan sus palabras.

-¿No has pensado tal vez, querida hija-dice con retintín- que todo pudiera deberse a todo el daño que has causado ya?

-¿Qué quieres decir?-respondo cortante.

-A que el “nonato” te esté castigando por ello.

Aprieto la servilleta que tengo entre mis manos intentando contenerme, de nada serviría montar ahora una escena, eso es lo que ella quiere pero no pienso darle el gusto, no a ella.

Me levanto despacio de la silla sin apartar la mirada; me mira socarronamente, como hace siempre que disfruta de una victoria.

Escrito el 15-08-2007 18:12 #9

Hace cinco días que Elesinyê partió hacia Osto Ohtalossê, cinco días en los que su ausencia se hace patente a cada momento. Sé que ella conoce mis pensamientos y me habla desde la distancia; pero la convivencia con Narqueliê es cada día más insoportable...es una cuesta arriba que, cada día, requiere de un esfuerzo más.

Hace tiempo que mi hermana y yo comprendimos que solo nos teníamos la una a la otra, Núlime siempre estará ahí y lo sabemos, pero no es nuestra madre aunque nos criara como tal. Narqueliê, quien debió educarnos, siempre nos negó su cariño pues el amor que sentía hacia nuestro padre a menudo le hizo sentir celos de la relación que teníamos con él. Pero él murió, hace años ya, y con él el único cariño que habíamos conocido Elesinyê y yo, con la consecuencia de un odio aún mayor si cabe hacia las dos por parte de nuestra madre.

Es por eso que nuestra relación es fría y distante cuando hay paz, pero ardiente e irascible a sus hirientes palabras.

Anoche volví a ver a Wannâkhín. Temo dormir y encontrármelo de nuevo, aunque una parte de mi sólo desea volverlo a ver. Si no me mirara con esos ojos burlones...empiezo a creer que Narqueliê no está equivocada, que mi bebé se presenta ante mi como castigo por todas las cosas que hice en el pasado, por todas las mentiras que conté y todas las atrocidades que cometí para llevar a cabo mis objetivos. ¿Será cierto, pues, que es por eso por lo que ahora se me aparece? Y sin embargo, no deja de parecerme extraño que todo ésto suceda después de tanto tiempo, pues 189 años han pasado desde entonces. ¿Por qué no antes?

El sol se esconde mientras paseo por Pathma Narqueliê; los almendros proyectan largas sombras sobre el suelo al tiempo que pequeñas aves entonan su último canto del día antes de volver a sus nidos.

Es todo tan...triste, melancólico; debo admitir que ésta es una de las pocas cosas que puedo agradecer a mi madre: la tranquilidad de estos jardines; la soledad y el resguardo que confieren siempre me fue de ayuda en los malos momentos pues, si necesito pensar, es aquí donde soy capaz de hacerlo.

Creo que me iré...aún no estoy segura de a dónde debo ir, pero necesito alejarme de ella. Su presencia es inquietante. Siento que me observa cuando cree que no me doy cuenta, pero puedo notar sus fríos y malévolos ojos clavados en mí cada momento. Su sola presencia no hace sino desestabilizarme aún más tras los sucesos acahecidos los últimos días. Necesito salir de aquí, mañana mismo...

Escrito el 27-08-2007 03:31 #10

He tomado una decisión y ésta es firme. Mañana partiré hacia Osto Ohtalôsse para reunirme con mi hermana. Sé que pasa por momentos difíciles, conozco sus preocupaciones aunque haya querido ocultármelas.

*****************************************************************

Voy de regreso a la villa y me encuentro a Núlime esperándome en la puerta; me dirijo a ella con rapidez pues su presencia me inquieta.

-¿Ocurre algo, Núl?-la elfa agarra con fuerza mis manos entre las suyas.

-Su madre la espera en el salón, me ha mandado a buscarla.-sus ojos delatan la preocupación que siente.

-¿Para qué? -Núlime se encoge de hombros-ha llegado un mensajero esta tarde desde la capital, traía un sobre con el sello del Bali, cuál era su contenido lo desconozco.

-Está bien, iré a ver qué ocurre. Luego te contaré-dicho ésto último le doy un beso en la frente y corro hasta la puerta que da a la parte trasera de la mansión.

Todo pasa muy rápido por mi mente, miles de ideas pasan por mi cabeza de lo que puede haber traído el mensajero, unas con lógica, otras descabelladas.

Recorro el largo pasillo que conduce a la sala principal de la planta baja donde me detengo unos instantes para respirar y serenarme un poco. Estoy frente a la puerta del gran salón, donde se encuentra esperándome Narqueliê. Lentamente deslizo el pomo de la puerta y la abro sin hacer ruido. Sé lo mucho que molesta a mi madre que entren en una sala donde ella sin encuentra sin avisar antes.

Antes de que que haya terminado de entrar mi madre me habla provocándome un sonoro sobresalto al chocar con la puerta antes de que ésta se cierre del todo. Una vez más, me ha pillado por sorpresa.

-Te estaba esparando, hija-ésto último lo deja caer, como si la palabra en sí no le importara.

-Núlime me lo ha dicho, me ha contado que hay noticias de la capital...¿qué ocurre? ¿le ha pasado algo a Elesinyê?

A penas sí se digna a mirarme, tiene algo entre las manos que no deja de observar con atención, es el contenido del sobre.

-No,no...puedes estar tranquila-dice con tono irónico- nuestro buen amado Bali nos envía una invitación para acudir al baile que se celebrará en honor de la reciente victoria frente a los enanos de las Ondonikwe...-por fin alza el rostro y me mira tendiéndome la invitación para que la vea-mírala tú misma.

Agarro la cartulina entre mis manos y leo:

"Yo, Engrel, Estimado y Reverenciado Bali por derecho, tengo el placer de invitarles al Gran Baile que se celebrará en honor del fin de la larga guerra contra los Stinthar y en celebración de la victoria.

Sería un gran honor para mi que acudieses de mi brazo junto a tu amada hija Hisiê"

Firmado: Engrel.

Leo el reverso y veo que pone " Para Narqueliê e hija"

Mi mano tiembla levemente y apreto fuertemente el papel arrugándolo sin miramiento alguno. Dirijo una furibunda mirada a mi madre que no cesa de dirigirme una de esas sonrisas condescendientes tan típicas en ella.

-No pienso ir, al menos contigo-le digo a mi madre.

-Ya lo imaginaba-responde con tranquilidad-pero no depende de ti "querida". Partiremos mañana por la tarde, primero tengo que hacer algunos preparativos así que ve pensando en el traje que te pondrás para el baile hija...no quiero restrasos.

-Puedes decir lo que quieras, "madre"-le espeto con palabras llenas de ira- pero no iré.

Doy media vuelta y salgo de la estancia dando un portazo.

-Eso ya lo veremos, "hija"...ya lo veremos-una escalofriante risa entre dientes se escapa por la comisura de sus labios.

Subo corriendo las grandes escaleras que conducen a la planta superior y me encierro en mi habitación. Minutos más tarde llaman a la puerta.

-Soy yo, Núlime-se escucha la voz desde el pasillo.

-Entra.

-Ten, bebe ésto, te ayudará a calmarte...y ahora cuéntame lo que ha pasado pequeña, tal vez así pueda ayudarte.

***************************************************************

En el salón una sombra se desliza a pocos metros de la tumbona donde Narqueliê se encuentra recostada.

-¿Has hecho lo que te dije?-pregunta la elfa.

Una voz responde susurrante, aunque no por ello oculta el reverente terror que siente hacia su Señora y por lo que acaba de hacer.

-Sí, puse las gotas que me dio en la bebida, en estos momentos Núlime debe de habérsela dado, Mi Señora...pronto empezará a hacer efecto.

Narqueliê no puede ocultar una siniestra sonrisa llena de satisfacción.

-Muy bien, ya puedes retirarte.

La sombra vuelve a deslizarse en el sentido contrario por el que ha venido, desapareciendo del todo tras la puerta de servicio.