La Guerra de los Clanes

Osto Ohtalôsse

Escribiéndose...
Escrito el 01-08-2007 05:18 #1

Sobre Dakondôr:

La escarpada cordillera de Ondoninkwê se alza sobre Osto Ohtalôsse desde el oeste. Al este, el gran Valle de Alyanán se extiende hasta los Marjales de Dasarohe, que marcan el límite de Dakondor, antes de llegar a Távirindo, la gran desembocadura del Kelkaranî.

Hacia el norte, Dakondôr se adentra apenas unas millas en el bosque de Aldalaurë. Y hacia el sur, el enorme lago que forma el Kelkaranîante los acantilados de Ondoninkwê, delimita Dakondôr.

El Valle de Alyanán se halla así mismo atravesado por la Sierra de Táralóm, de cuyas cumbres surgen las Cascadas de Arandórê que caen formando el lago Merennen, y cuyas aguas fluyen después formando el río Nanya, que desemboca como afluente del Kelkaranî.

Bajo la Sierra de Táralóm, junto al Merennen, se encuentra así mismo el bosque de Aldameren. Y hacia el sur, siguiendo el curso del Nanya, la arboleda de Atarnanya, que rodea la colina Ardálê.

Entre Aldameren y Aldalaurê se erige una montaña escarpada, llamada Itandetil por los Nurulântar. Y siguiendo hacia el este, una columna montañosa se extiende hacia el norte, dividiendo Aldalaurê en dos, y creando el bosque de Vainómê. Desde la cordillera de Ohtemen surgen tres corrientes fluviales que finalmente se unen formando en el centro el lago Hírien, y creando un gran estuario en la desembocadura, con la pequeña isla de Tol Velya.

Ohtemen da sombra así mismo a Thyröst, el campamento de instrucción militar donde los Nurulântar realizan el Narwänolmê. Situado justo en la falda de la montaña, junto al linde de Aldalaurë.

El pequeño Estinda, que apenas desciende unas millas desde Ohtemen para unirse después con el Eremalin, atraviesa Vainómê. Y desde el norte, el Hanyariê, que finalmente se une al Eremalin formando un pequeño valle entre ellos llamado Taraselya, y que circunda así mismo la montaña de Fairimen. A partir de ahí, el gran río que forman es conocido como Heryántê, formando el lago Hírien al pasar junto a las montañas de Ormaran.

Ver mapa de Dakondôr:

http://v4.elanillounico.com/modules.php?name=Clanes&file=Foro/leer&topic=1910&numpart=4

[Editado por Indil el 08-08-2007 18:44]

Escrito el 08-08-2007 19:38 #2

Al llegar a Ohtalôsse lo primero que puede observar el viajero son las fuertes y altas murallas que la rodean. Construidas y reconstruidas una y otra vez a lo largo de los años, se puede apreciar la obra de mampostería más antigua, pues el tiempo ha oscurecido la piedra, y el musgo y la hiedra han hecho presa en ellas. Un efecto que da color y calor a unas murallas que son en sí mismas austeras, realizadas en piedra blanca, todas ellas almenadas. Por encima de ellas se alzaban imponentes las torres albarranas. Las torres blancas seguían el curso de las murallas, formando un conjunto que rodeaba y protegía la ciudad.

Hacia el noreste se abrían las grandes puertas, franqueadas por sendas torres. El camino de tierra daba paso entonces a calles enlosadas, formadas por pequeñas losetas cuadradas de colores, formando intrincados dibujos en blanco, negro, rojo y gris. El desgaste de las piedras a ambos lados de cada calle marcaba sobre todo la importancia de la misma. Aquellas que habían sufrido un mayor desgaste eran sobre todo las calles principales, sobre todo las dedicadas al comercio, debido al constante ir y venir de carros y carruajes.

Acostumbrados a la naturaleza, pero obligados por su alma guerrera a vivir en zonas urbanas, los Nurulante habían adornado Ohtalôsse con plazas ajardinadas y jardines colgantes. Las casas eran blancas, todas ellas construidas en piedra. Pero la piedra blanca, un material costoso por su transporte desde las canteras de Nink, no estaba al alcance de todos sus habitantes. Así pues, sólo las casas más acomodadas y los edificios oficiales se alzaban construidos enteros en piedra blanca. Había otras muchas, en cambio, que se habían construido en piedra, completándolas con un estucado blanco. Algunas aparecían incluso adornadas con piedra blanca en la base, creando un conjunto de estuco y piedra. En su mayoría eran casas cuadradas, de una o dos plantas. Los tejados eran lisos, de piedra roja, y caían a dos aguas hacia los lados, aunque también se había extendido el uso de azoteas y terrazas.

Nada más atravesar las murallas, se alzaban algunos edificios militares, cuarteles, caballerizas, armerías, y otros muchos. Estaban algo apartados del conjunto de la ciudad, rodeados de plazas ajardinadas, y atravesados por la calle principal, Târâtië. Ésta se internaba hacia el oeste, franqueada por los mejores y más lujosos comercios, la mayor parte de ellos regentados por Edlâr. Eran bellos locales donde se vendían las mejores telas, perfumes, joyas, armas, y exquisitos alimentos provenientes de los lugares más remotos. La ciudad había crecido a partir de ahí, y muchas calles menores se abrían a izquierda y derecha. Alfareros y ceramistas, carpinteros, herreros, sastres, armeros, vidrieros, tintorerías, telares, alfombreros, todos ellos habían abierto sus locales hacia la izquierda de la ciudad. Hacia la derecha, pequeños comerciantes, sobre todo dedicados al sector de la alimentación.

Târâtië era conocida también por sus tabernas. El Ornitorrinco Sangriento era la más frecuentada de ellas. Regentada desde hacía muchísimos años por un Edlâr, un hombre anciano, de ojos nobles, barba blanca y cabellos blancos. Se hacía llamar Blassant, pero su verdadero nombre nadie lo sabía. Y a pesar de ser un Edlâr se había ganado el respeto de la comunidad Nurulante, y no eran pocas las ocasiones en las que animaba la concurrencia de su local contando sus hazañas en batallas pasadas, en tierras muy, muy lejanas, aunque eran pocos los que creían la veracidad de sus historias.

El Guerrero Rojo era otra de las tabernas más afamadas de la ciudad. Regentada por un anciano guerrero, llamado Erkâno, que había quedado manco en una antigua batalla, en ella se daban cita sobre todo los soldados de los cuarteles cercanos.

Y en un pequeño callejón, escondida de miradas indiscretas, estaba El Destino. Un local oscuro, casi siempre vacío. Un hombre de ojos negros, y largos cabellos castaños, era el propietario del local. Llevaba poco tiempo en la ciudad, y su pasado era un completo misterio. Se hacía llamar Koth. Era en el destino donde tenían lugar los encuentros más turbios, extraños y misteriosos de la ciudad.

Era en el centro de la ciudad donde se encontraban los edificios de los Nurulânte más adinerados. Sobre todo de aquellos Makar y Edlar que podían permitirse vivir en torno a la Pathmâ Ellenya, que se erigía en pleno centro de la ciudad, en Târâtië.

Internándose en la ciudad, y siguiendo Târâtië hacia las montañas, la ciudad se extendía, aumentando la calidad de sus casas y edificios a medida que uno se acercaba al Segundo Círculo de murallas, y al gran portón que daba paso a la zona más resguardada de la ciudad. La llamaban Ortur Narwä, pues allí se erigían los edificios políticos y militares más importantes de Narwä Hilyatâri, así como las grandes mansiones de los miembros del Khotsê.

Las blancas murallas del Segundo Círculo se abrían hacia Târâtië, franqueadas por varios edificios de guardia. Ante los grandes portones, normalmente abiertos, que comunicaban ambas partes de la ciudad, se había establecido una guardia que vigilaba las grandes puertas día y noche.

A partir de allí, se erigían las grandes mansiones del Kotshê, para luego dar paso a una serie de edificios políticos y administrativos. El Edificio de la Tesorería, la Biblioteca de Narwä, la Academia, y por supuesto, la sede del Khotsê y la Kwarâ. Todos ellos se alzaban en torno a la Pathmâ Thyr, o Plaza de Thyr.

Al pie de la montaña, un sendero escondido se elevaba a través de la blanca piedra de Ondoninkwê, y ascendía hasta la gran explanada llamada Ninkwê, donde se alzaba la colina de Oiomurë, envuelta en niebla. A sus pies, el Korifirë y el Korinsúle, los Templos Korin de Ohtalôsse. Y también las Envinyarinâr, las Casas de Curación.

Plano de Ohtalôsse:

http://v4.elanillounico.com/modules.php?name=Clanes&file=Foro/leer&topic=1965&numpart=4

[Editado por Indil el 15-08-2007 22:51]

Escrito el 10-08-2007 19:32 #3

El constante ajetreo de Ohtalôsse no deja de sorprenderme nunca. Sobre todo tras permanecer durante varios días en Rámmar, presa de su paz y su silencio.

El carruaje se adentra en la ciudad, siguiendo Târâtië hasta el Segundo Círculo, mientras observo a través de la ventanilla el movimiento constante de la ciudad. Han sido casi siete horas de viaje desde Rámmar, a través de Alyanán. Pero también han sido siete horas de paz, consciente de que de nuevo me alejaba de Narqueliê.

La Guardia de las Puertas apenas detiene el carruaje. La enseña del León es suficiente como para asegurar el paso hacía Pathma Thyr.

El sol golpea con fuerza las calles ajardinadas, cuando desciendo del carruaje frente a la entrada de Artelómar, nuestra villa en Ohtalôsse. Mientras camino por el camino de baldosas de colores buscando la sombra de los árboles, sólo puedo pensar en el baño, y el descanso. Dejaré las obligaciones para más tarde.

Escrito el 12-08-2007 18:37 #4

Ya era media tarde y los montones de papeles que atestaban la mesa de su despacho apenas si habían descendido. Ahogó un suspiro de frustración mientras se tomaba un momento para pasear la mirada por encima de ellos. Después, volvió a retomar el texto en el que estaba trabajando.

"... de común acuerdo, la extracción de nink en las Canteras de Nink, seguirá perteneciendo en un 90% a Dakondor, si bien como gesto de buena voluntad se establece un 10% de la extracción para los Señores de la Montaña. Si bien éste porcentaje podrá aumentar, y nunca disminuir, en función de las necesidades de los Nurulântar..."

Buscó rápidamente la firma que se encontraba al final del documento. Itânon. No pasó por alto que era uno de los consejeros más fieles a Engrel. Y no lo entendía. ¿Habían ganado la guerra, no? A qué venía entonces tanta deferencia con un pueblo derrotado, y al que debían una larga lista de pérdidas, incluida por supuesto, la de Elkanet.

Y no era el primer documento que veía de ese tipo. Había muchos otros, relacionados con el comercio entre Ohtalôsse y Lónamar, y otros que regulaban el libre tránsito entre viajeros, en ambas ciudades, y en torno a las Ondoninkwë y los lindes de Aldalaurë.

Antes de que pudiera dejar todos sus interrogantes de lado, para volver a concentrarse en la lectura, la puerta del despachó se abrió, y entró una mujer vestida de verde.

- Cómo vuelan las noticias en Ohtalôsse - dijo Elesinyê sonriendo, a modo de saludo - No te esperaba tan pronto.

La mujer de ojos negros rió en voz alta, mientras acercaba uno de los grandes sillones y lo colocaba justo delante de la mesa, frente a Elesinyê.

- Vuelan, querida, vuelan - respondió, al tiempo que se sentaba - Sobre todo en el círculo más cercano a nuestro querido Balî.

Elesinyê emitió un sonido de frustración ante la mención de Engrel.

- He oido que pronto retornará el ejército del frente - dijo Elesinyê cambiando de tema, y centrándose primero en algo que le interesaba de forma personal.

Tenêru sonrió de nuevo, y una mirada de complicidad asomó a sus ojos. Crecieron juntas. Y el Narwänolmê hace tanto hermanos, como enemigos. En éste caso, ambas eran como hermanas.

- ¿Sabes qué he oido? - dijo Tenêru acercándose a la mesa, en un gesto de confidencia - ¿Recuerdas a Serkendil?

- ¿Cómo no me voy a acordar, Tenêru? - respondió Elesinyê frunciendo el ceño, sintiendo que el corazón le daba un vuelco al oir su nombre - Pensaba que ese maldito makar ya habría muerto hace tiempo... - nadie sabía. Absolutamente nadie sabía, lo que batallaba en el interior de la elfa.

- ¡Ah cierto! Se me había olvidado lo competitivos que eráis los dos el uno contra el otro. Nunca entendí el por qué querías competir con uno de su clase, dicho sea de paso.

- Porque era el mejor, y lo sabes.

- Cierto - asintió Tenêru - Aunque no esperaba oirlo de tí - añadió entre risas.

- Si le cuentas a alguien que lo he dicho, haré que te despellejen viva - sentenció Elesinyê con los ojos entrecerrados.

- ¡Esta bien, esta bien! - dijo Tenêru todavía riendo entre dientes, y alzando ambas manos en señal de aceptación - Pero para tu información te diré que no ha muerto, como esperabas, y tengo entendido que le va muy bien.

- ¿Ah sí? - Elesinyê alzó una ceja en un gesto de incredulidad - ¿Y tú como lo sabes?

- Una amiga de un amigo de un amigo... Ya sabes. Parece ser que poco a poco van volviendo los primeros heridos, aunque todavía estén renuentes a hablar. Según parece ésta muchacha destacó sobre todo la relación que parecía mantener Serkendil con una Táwar. Y debían ser la comidilla de toda la compañía.

- Vaya... Aunque me extraña, con el odio que nos tiene - Elesinyê bajó la mirada al documento que había ante ella, fingiendo que aquella conversación poco interés tenía para ella. Sus manos temblaron ligeramente, y rogó por que su hermana no lo hubiera notado.

- Bueno, pues parece que los encantos de una elfa han podido con ese odio - rió Tenêru al tiempo que se levantaba y se dirigía hacia la puerta todavía abierta, y la cerraba lentamente. Después volvió hacia la mesa, acercándose todavía más que antes - ¿No te habrás vuelto loca? - preguntó en un susurro - Hay rumores por todo el Khotsê acerca de tu relación con Engrel...

Elesinyê se levantó, y consiguió por fin calmar su corazón. Había cosas más importantes. Se acercó hasta la elfa, y acercó otro sillón para sentarse junto a ella.

- ¿Loca? - ambas habían bajado el tono de voz - ¿Por quién me tomas? Sabes que la única loca en la familia es mi madre. Y es ella quien ha organizado todo este asunto, de eso estoy segura.

- Entiendo... Se ha formado una gran confusión con la noticia. La delicada línea que separa a los nuestros de Engrel parece haberse diluído todavía más.

Elesinyê meditó un momento.

- Sabía que pasaría - dijo al fin - Creo que habrá que afianzar de nuevo ciertas relaciones. Si bien no puedo poner al Balî contra las cuerdas todavía, tal como me gustaría...

- ¿Aceptarás pues sus intenciones?

- ¿Yo? - el gesto horrorizado de Elesinyê era suficiente respuesta, pero aún así añadió - ¡Ni loca! Y se lo dejaré bien claro. Aunque no debo hacerlo en público, tu me comprendes...

- Cierto. Sería un riesgo muy alto, sólo para demostrar ante los nuestros que no tienen por qué temer que te hayas pasado al otro bando...

- Así es. Y hay otra cosa que me inquieta... Estos informes ... - continuó Elesinyë señalando los montones de papeles que había sobre la mesa.

- Esos informes son el motivo principal de mi visita - la interrumpió Tenêru, y Elesinyê asintió instándola a continuar - He sabido que nuestro Balî ha animado a nuestros consejeros a una firma, digamos, condescendiente, con los Sthintâr. Parece que hay una especie de acuerdo secreto entre Engrel y su rey, y nadie sabe aún bajo qué condiciones.

- Entiendo - dijo Elesinyê pensativa - Sigue trabajando en eso, Tenêru. Creo que es lo suficientemente importante.

- Y hay algo más... Según parece, se ha nombrado un nuevo Artakâno.

- ¿Cómo? - Elesinyê no pudo evitar alzar la voz. Después, volvió a bajarla, consciente del peligro que corrían - ¿Cómo es posible que no se haya comunicado al Khotsê y a la Kwara? Porque me consta que no ha sido así.

- Según parece, sus méritos de guerra le han encumbrado a la cima del ejército. Y Engrel no desea que nadie se entere de ello, pues no está muy contento con este ascenso. Claro que no podía negarlo, se hubiera echado a todo el Otomassê encima. Y que Engrel no es tonto, lo sabemos. Así que no le ha quedado más remedio que avalar el nombramiento, y fingir ante el Otomassê su más elevada alegría por encontrar un nuevo Artakâno que sustituyera a Arâmión, después de su fracaso en Isilíre.

- Que el cargo del antiguo Artakâno pendía de un hilo todos lo sabíamos... Engrel nunca perdonó los errores estrátegicos que nos llevaron a la derrota en aquella batalla, y que culminó con la muerte de su hermano.

- Arâmión teme el momento en que deba pasar el Juicio. Pero de momento, parece que será destinado a Thyröst, para instruir en el Narwänolmê.

- Pues tiene razón en temerlo. Espero que con su labor en Thyröst pueda evadir su condena. ¿Pero quién es el nuevo Artakâno entonces?

- Esa es la cuestión, nadie lo sabe aún. Se guarda secreto al respecto. Según parece Engrel tiene previsto eliminarlo tarde o temprano. A fin de cuentas, en cierto sentido debe recordarle a tu padre, y no podrá tolerar una nueva sombra. Sabe que entre el Artakâno y su cargo, la diferencia es poca...

Elesinyê meditó unos instantes. Acaso podría ser éste el motivo de aquella paz tan extraña. ¿Sería capaz Engrel de acordar con los Sthintâr el asesinato del nuevo Artakâno, antes incluso de que asumiera su cargo? ¿O incluso después?

No obstante, no expresó sus dudas en voz alta.

- Está bien. Diles a los demás que nos reuniremos esta noche, en la cueva de siempre. Buen trabajo Tenêru.

Tenêru asintió, y ambas se levantaron despidiéndose con un abrazo.

- Haryalnâ - dijo Elesinyê mientras se separaban.

Tenêru asintió, y repitió "Haryalnâ"*, y después abrió la puerta y salió del despacho, cerrando tras de sí.

"Na haralye barnâ, Terênu"**, pensó para sí Elesinyê observando la puerta cerrada.

* "Haryalnâ: forma abreviada que significa "Que tengas cuidado", usada como forma de despedida

**"Na haralye barnâ": "Que tengas cuidado"

[Editado por Indil el 15-08-2007 22:04]

Escrito el 12-08-2007 21:09 #5

Todavía no tenía claro si la seguían o no. El vivir en un mundo donde la sospecha era constante acarrea sus consecuencias, y Elesinyê se negaba a que éstas la pillaran desprevenida.

Comenzaba a caer la noche cuando abandonó su despacho y se dirigió hacia Artelómar. Atravesó Pathmâ Thyr, que permanecía casi desierta todavía pese a que la temperatura poco a poco había comenzado a descender, y atravesó las calles poco concurridas, saludando a aquellos que encontraba por la calle con una sonrisa cortés pero distante.

De ningún modo podía dirigirse diractemente al punto de encuentro. Tendría que esperar a que fuera noche cerrada.

Elesinyê lo había previsto hacía ya muchos años. Fue poco después de regresar del frente, una vez concluída la Dagor Turonor. Narqueliê pasó casi dos años en Rámmar, oculta de todo y de todos, llorando la pérdida de Minalcar. El único ser a quien había amado realmente en su vida.

Pero después de aquella cruel guerra civil, y observando en aquellos primeros dos años el poder que el nuevo Balî había acumulado, Elesinyê optó por construir ocultamente algunos pasadizos, escondites y túneles secretos en Artelómar. La tragedia ocurrida a la familia de Tuineral, antiguo Balta de los Aldalântar, era de sobra conocida, pese a que Elesinyê nunca la había lamentado realmente. El odio que sentía hacía esa familia en concreto lo impedía. Pero lo que no podía obviar era la lección que se derivaba de ella, y que ella había aprendido bien. La seguridad de la familia estaba por encima de todo.

Y el tiempo pasado había dado buena prueba de ello. No sólo por la Dagor Sthintâr que ahora llegaba a su fin, sino también por el conflicto de poder que había surgido en torno a la figura de Engrel, y que ella misma lideraba en aquellos momentos.

Ahora aprovechaba aquellos túneles y salidas escondidas para acudir a las reuniones secretas. La traición era una segura condena a muerte para todos ellos. Cualquier desliz podría provocar una tragedia. No estaba segura de si la seguían o no, pero de cualquier manera no estaba dispuesta a arriesgarse para averiguarlo.

Y aunque en un principio su lucha comenzó simplemente como una forma de enfrentarse a su madre, confidente y amiga del nuevo Balî, con el tiempo se había convertido en una firme convicción.

Acabaría con dos pájaros de un sólo flechazo. Engrel y su madre debían caer.

[Editado por Indil el 12-08-2007 21:14]

Escrito el 13-08-2007 03:09 #6

La noche había llegado y se había adueñado de Ohtalôsse. Pathmâ Thyr estaría ya abarrotada de gente, en un ir y venir constante, luciendo sus mejores galas ahora que la temperatura era más que agradable.

Pero Elesinyê no cruzaría la plaza. Iluminada por la temblorosa luz de una antorcha, se adentró por un oscuro túnel. Llevaba un vestido negro al estilo nurulânte, de una tela ligera con los bordes realzados en hilo de plata, ajustado al cuerpo y largo hasta los pies, que dejaba al descubierto un hombro. El mantón de gasa negra iba sujeto con un broche de plata a su hombro izquierdo, y caía un poco por delante, para subir después a modo de capa, cubriéndose con él los negros cabellos. El único adorno que llevaba era un brazalete hecho de madera y hueso que llevaba grabada la figura de un León, el Onnar de su padre. Era un regalo procedente de tiempos más felices sin duda, cuando el Equilibrio aún existía.

Era un largo camino en la oscuridad. Las paredes de tierra parecían cerrarse tras el paso ténue de la luz, y aceleró el paso. Vislumbró por fin algo de claridad frente a ella. La luna iluminaba el exterior, y las sombras parecían menos densas. Antes incluso de salir al exterior, apagó la antorcha.

Agradeció de inmediato el aire fresco que discurría en la falda de Ondoninkwê. La luz de la luna era suficiente sin duda para guiarse a través del camino que ascendía hacía el Korin. Pero no era éste el destino final de la elfa. A medio camino, se adentró por un abrupto sendero que se abría hacia la izquierda.

Habían encontrado la cueva tiempo atrás. Sabía que antiguamente se había utilizado para celebrar pequeños ritos, antes de la construcción del Korin. Después, su uso se había perdido.

Ahora albergaba un grupo susurrante de hombres y mujeres, la mayoría de ellos miembros del Khotsê y de la Kwara, pero otros muchos procedentes del Otomasse. El descontento hacia el Balî había llegado a los rincones más importantes de Dakôndor.

Elesinyê entró en la cueva, que en contraste parecía un gran espacio luminoso debido a que había varias antorchas encendidas sujetas en las paredes de piedra blanca.

El susurro pareció acallarse cuando ella entró, y por un instante se detuvo en el umbral, mientras se echaba hacia atrás el manto que cubría sus cabellos. Todas las miradas se volvieron hacia ella, algunas reflejando una desconfianza latente, pero ella respondió a su vez con una mirada desafiante, y alzó la barbilla con orgullo.

Terênu avanzó desde detrás del grupo, y se acercó hasta ella, tomándola de la mano.

- Aret, Elesinyê - dijo, mientras la guiaba hacia el interior de la cueva - Por fin has llegado.

- Aret, Tenêru - contestó, y después se acercó a su amiga, y añadió de forma que sólo ella pudiera oirla - Confirmo pues que mis sospechas no eran infundadas. Veo a muchos aquí que desearían lapidarme.

- Cierto - respondió Tenêru en el mismo tono bajo, y visiblemente preocupada - Espero que sepas calmar los ánimos.

Se dirigieron al fondo de la cueva, donde había una pequeña tarima de piedra. Elesinyê respiró hondo, y finalmente se subió a ella, enfrentándose al grupo. La hostilidad en algunos era patente. En otros, simplemente había nerviosismo.

- ¡Aret, compañeros! - comenzó con voz alta y clara, aparentando una gran seguridad - De nuevo habéis sido convocados ante la Piedra Blanca, y habéis acudido. He de daros las gracias por ello antes que nada, pues todos sabéis el peligro que se cierne sobre nosotros. - el murmullo de los comentarios llegó hasta ella, pero lo ignoró - Pero antes de dar comienzo a la reunión, se que muchos de vosotros albergáis la sospecha en vuestro corazón. - los miró un instante, y después continuó en voz aún más alta si cabe - Y yo os digo "Haryalnâ" amigos. Pues esa sospecha la ha sembrado vuestro mayor enemigo, y de ella se está nutriendo en éstos momentos. ¡Cuidado! Por que es ahora cuando somos conscientes por primera vez de que vigila nuestros pasos.

Elesinyê tomó aliento un instante, y después continuó:

- Y os repito, no dudéis. Hemos sido pacientes a lo largo de muchos años sin duda. Pacientes, y nunca descuidados. Ojos y oidos hemos prestado a las palabras de nuestro enemigo, y sabemos bien que la mentira, la manipulación, son sus armas más poderosas. Y ahora ataca al corazón mismo de nuestra organización, dejando al descubierto el miedo a la traición. Pero es un miedo antiguo, que ya conocemos. No nos dejemos arrastrar nuevamente por él. Y os digo, confiad. Por que nada habéis de temer de mí. - Elesinyê se quitó entonces el brazalete que llevaba en el brazo derecho , y lo alzó hacia ellos con las dos manos - Os juro por la memoria de Minalcar, mi padre y vuestro Balî más amado, que no debéis temer traición alguna por mi parte. Ni ahora, ni el futuro. Y si así fuera, que éste brazalete se rompa en mil pedazos.

Lanzó el brazalete al suelo con fuerza, el cual rebotó sobre la piedra blanca, rodando hasta los pies del grupo. Muchos de ellos alzaron la cabeza por encima de los demás, y vieron que el brazalete no se había roto. Finalmente Tenêru se adelantó y recogió el brazalete, y se lo devolvió a Elesinyê con gesto reverente.

- ¿Alguien desea decir algo ahora?

El grupo se revolvió, creando un murmullo apagado que poco a poco iba subiendo de volumen. Finalmente alguien habló. Elesinyê reconoció en seguida la voz de Eâlcor.

- ¿Qué hay entonces de cierto en los rumores que afirma que próximamente estarás comprometida con Engrel?

- Algo hay de cierto, sin duda - repondió ella tras tomar aire, con un gesto de resignación - El rumor sin duda procede de él mismo, o tal vez de Narqueliê, quien sabe. Pero ese supuesto compromiso se ha orquestado a mis espaldas, y no dudo que sea un ardid tramado por ellos mismos para forzar esta situación. Mi madre es consciente de mi firme oposición hacia ella. Todos sabemos que si Engrel ha llegado donde ha llegado ha sido precisamente por su gran astucia. Estoy segura de que sospecha de mi posición, y estoy segura de que mi madre ha alentado sus sospechas. ¿Qué mejor prueba para delatar mi posición que ésta?

Hubo algunos gestos de asentimiento, y Elesinyê supo que con su apasionado discurso había ganado la batalla. Miró a Tenêru, que la sonreía por fin abiertamente, olvidando el nerviosismo anterior.

Era, por encima de todo, una victoria.

Escrito el 14-08-2007 00:21 #7

Tras el discurso y la aplastante victoria de la dama Elesinyê sobre la incertidumbre creciente apareció algo tras la bella Elesinyê lo cual provocó que los allí presentes empezasen a murmurar y especular cientos de hipótesis acerca de lo que iba a acontecer en breves momentos.

Elesinyê permaneció tranquila frente al nerviosismo creciente que se provocó en la asamblea ante el temor de quién era la figura de aquel hombre cubierto por una capa de seda negra opaca y con el rostro oculto tras una capucha del mismo material que la capa.

Desde el primer momento Elesinyê se había percatado de la presencia de aquel ser, permaneció en silencio unos minutos más para contemplar fríamente aquella situación, ya que, a la vez que disfrutaba de aquella situación tan tensa podía ver como reaccionarían sus compañeros en una situación tan hostil y extraña.

Elesinyê rompió el silencio:

-Pero no toda la suerte corre a favor de Engrel, pues he aquí Tyarnûre, conocido como Tyarn. El brazo derecho de Engrel a la hora de todo tipo de trabajos que impliquen arrebatar vidas, borrar huellas y silenciar posibles futuros enemigos sepultándolos en un eterno descanso. Todos le conocéis y sabéis quien es. Un fiel sacerdote guerrero de extremo potencial, de fuerza y poder obligados a contener por el propio Bâli. Alguien que jamás traicionaría a nadie de los aquí presentes, un astuto espía cercano al enemigo, alguien que jamás levantaría sospechas...

Portador de un caracter asocial, atípico en estos tiempos en que las relaciones cada vez se estrechan más y resultan más necesarias...

Lentamente Tyarn, conocido como el asesino solitario, poco a poco retiró la capucha de su cabea y cuando su rostro fue descubierto hubo una reacción global de sorpresa y temor pues era conocida la existencia de Tyarnûre pero hasta entonces muchos de ellos no le habían asociado cara, y menos aún una tan conocida y perteneciente a una de las casas más nobles de los Nurulântar.

Escrito el 14-08-2007 14:16 #8

La confusión creció por momentos. Había preparado cuidadosamente ése momento, y mientras el grupo visiblemente alarmado gesticulaba y mururaba ante ella, se tomó un momento para recordar cómo había conocido a aqulé ser oscuro.

--

Nunca le había gustado el regateo. Y sin duda aquél Makar sabía regatear. Había estado mucho más tiempo del que pensaba en Airalondê, buscando proveedores de pescados y cangrejos de río que suministrar a sus mineros de las Canteras de Nink.

Sabía que aquél Makar tenía los mejores precios, pero éste no dudo en intentar subirlos cuando la vio interesada en sus productos. Quizás esperaba poder sacar un beneficio extra. Elesinyê no quiso caer en la trampa. Llevaba muchos años comprando a un Edlar a un precio bastante parecido, así que cuando el Makar anunció su oferta, simplemente rió e hizo ademán de marcharse. A partir de entonces él se enzarzó en un regateo encendido, y cuando finalmente llegaron a un acuerdo, ya era noche cerrada.

La explanada que unía Airanlodê con Ohtalôsse se encontraba oscura y vacía. Aceleró el paso, guiada por las luces de las casas que se alzaban a lo lejos. Después, sintiéndose más segura en las calles en penumbra, avanzó tranquila atravesando la ciudad. Pero fue un error.

Alguien la agarró por sorpresa, inmovilizando sus brazos al tiempo que una mano grande y fuerte tapaba su boca. Se sintió arrastrada hasta un pequeño callejón. Elesinyê se dejó llevar, consciente de que no podía hacer nada. Pero su mente se movía veloz buscando una salida. "Controlar el miedo", se dijo, "Un soldado controla su miedo".

Una figura oscura la empujó contra la pared, y se puso frente a ella. Elesinyê sólo podía ver sus ojos azules entre sombras. El resto de su rostro permanecía oculto por una tela negra y bajo una capucha del mismo color. Su mano era fuerte, grande, apenas si la dejaba respirar. Notaba el calor de su piel contra su cara, y el olor dulce del elfo.

Él pareció notar su incomodidad.

- Voy a quitar mi mano - dijo con voz suave - Espero que no hagas que me arrepienta. No te haré daño. Sólo debemos hablar.

¿Hablar?, pensó Elesinyê. De momento se conformaba con poder respirar. Asintió levemente con los ojos, consciente de que poco más podía hacer de momento. Él la miró con desconfianza, pero finalmente retiró la mano, y ella tomó aire de golpe.

- ¿Quién eres y qué quieres? - preguntó cuando estuvo segura de que su voz no iba a temblar.

- Tú me conoces - dijo él - Soy tu sombra. Me has visto antes.

Así que era eso, pensó. Sí, lo había visto varias veces. Algunas parecía la sombra de Engrel, pero últimamente lo veía por todas partes.

- Así que me quiere muerta. Por fin lo ha decidido - consiguió decir ella.

- Aún no, pero sabes que todo puede llegar... - la voz del elfo parecía tranquila, como si no le importase si llegaba o no. Él simplemente ejecutaría las órdenes. Era el asesino de Engrel. No tenía conciencia.

Ella lo miró atentamente. No tenía miedo a morir. No era eso lo que le preocupaba. Los soldados mueren. Y ésto era una guerra. Esperaba al menos poder elegir. Siempre había deseado morir luchando.

- No obstante, Tyarn, no creo que Engrel te haya encargado que me avises. - se sentía más segura, pero aún así, se deslizó hacia un lado poniendo distancia entre el asesino y ella - Y estoy segura de que ignora por completo ésta conversación. ¿Qué es lo que quieres?

Él la miró atentamente. Tal vez todavía sopesaba las consecuencias de la decisión que había tomado. Tal vez todavía podía arrepentirse. Finalmente dijo:

- Tú y yo buscamos lo mismo, Elesinyê. - pareció sonreir debajo de la tela negra que ocultaba su boca, porque sus ojos se iluminaron - La destrucción de Engrel.

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Había sido un momento crucial. Para Elesinyê, un golpe de suerte. Una voz de mujer la sobresalto, sacándola de su mundo de recuerdos.

- No podemos confiar en él, Elesinyê. Y no deberías haberle traído hasta aquí. - era Víranâ, miembro de la Kwara - Ahora sí has traído la traición hasta nosotros.

Tyarn se puso tenso. Elesinyê lo notó. El asesino era un arma de doble filo, y ella lo sabía.

- ¿Acaso nosotros no somos espías también, Viranâ? ¿Acaso la traición no anida en cada uno de nosotros? Muchos de vosotros trabajáis para nuestro enemigo, incluída tú. Cualquiera puede ser un posible traidor, y os digo, que no podemos dejar que ese miedo nos domine. Hay que ser precavidos. ¿Acaso dudas de mi capacidad de serlo? No tomo mis decisiones a la ligera.

La mujer agachó la mirada, y se escondió entre el resto del grupo.

- No busquéis posibles traidores en las apariencias. Buscádlos en los hechos, sólo en eso. Aquél que sea un traidor, se delatará.

Algunos se encogieron ante sus palabras. ¿Todavía estaban seguros no?

Escrito el 15-08-2007 15:59 #9

Tyarn podía controlar sus emociones en todo momento y no mostrar la incertidumbre tan aplastante que abatía su corazón. No quería mostrar ante ningún miembro de aquella asamblea debilidad alguna, no quería mostrar rasgo alguno de sus emociones o pensamientos.

Entonces fue cuando aquella mujer, Víranâ, habló. En lo más profundo de su corazón deseo haberla callado para siempre tras sus palabras...y su instinto primario fue el del ardiente deseo de haberla silencciado de una forma u otra...pero no allí delante de todos.

La tensión aumentaba y su mente se distorsionaba, el espíritu corroído que aún dominaba parte de su ser empezó a cavar poco a poco una forma de aflorar a la superficie...de manifestarse y darle motivos a aquella arpía a temer realmente algo...pero justo fue cuando Elesinyê tomó su mano de forma discreta sin que lo notase nadie y calmó sus deseos más oscuros y los ojos del asesino empezaron a sofocar las ascuas que habían comenzado a arder débiles en sus ojos...

Elesinyê supo ponerla en su lugar, una contestación rauda y eficiente destruyeron las cavilaciones de Víranâ. La tensión sobre la mente del ejecutor disminuía gracias a la rápida actuación de la dama de coraje indomable.

Cuando la mano de Elesinyê soltó la de Tyarn suavemente este recordó uno de los momentos más tensos tras haberse conocido recientemente.

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Tyarnurê debía seguir con las órdenes de Engrel adelante. Espiar a la joven Elesinyê y obtener información era la prioridad. Así mismo también tenía que introducirse en los círculos próximos a ella y sembrar el caos y desconcierto y hallar pruebas evidentes que la condujeran a responder ante un crimen de traición, así Tyarn se ahorraría el trabajo de asesinar a alguien tan importante como Elesinyê y Engrel de mancharse más aún las manos en este asunto. Si Tyarn no encontraba pruebas su segunda prioridad era crearlas...pero lo que el Bâli no podía ni imaginar es que su fiel perro de caza estaba cansado de ser usado, cansado de usar su arte de guerra y sus habilidades para llevar a cabo empresas que el propio Engrel no se atrevía a realizar y cada vez el pasado de Kânômori se manchaba más y más y su espíritu también.

Era una noche fría de invierno Tyarn vestido con sus sedas negras rastreó a Elesinyê y tras breve tiempo dio con ella. Sin dar tiempo a que su presencia fuese percibida por la dama. Se lanzó a por ella e inmovilizó sus brazos a la vez que con la otra mano tapó su boca para evitar que chillase...notó la calidez y sensualidad de aquellos labios carnosos y firmes sobre la palma de su mano. Condujo a la elfa hasta un callejón y la colocó contra una pared. No tenía intención de huir, no había miedo en su rostro si no rabia e ira al sentirse ultrajada de aquella forma...reducida en tan solo un instante...entonces Tyarn avisó de sus intenciones y de que no la dañaría y lentamente le retiró la mano de su rostro. Elesinyê aspiró con fuerza retomando el aire que le faltaba y empezaron a dialogar...

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El murmullo hostil hacia él lo hizo volver de sus recuerdos y con una mirada inexpresiva empezó a escrutar uno a uno de los que allí se encontraban en la habitación, no sabía por qué pero algo no andaba bien...algo no andaba como estaba hacía apenas unos minutos...

Kânômori tenía la sensación de que la sala estaba más llena y había algo anormal en aquello...entonces se dió cuenta, solo tenían unos pocos segundos antes de que consiguiese huir y tirar por la borda tanto trabajo para conseguir derribar al actual Bâli. El elfo había visto una sombra tras el largo pasillo que conducía al exterior de la cueva...era un intruso...

Tyarn miró con preocupación y firmeza a Elesinyê la cual entendió a la perfección lo que empezaba a pasar...

[Editado por wiccano el 15-08-2007 16:00]

Escrito el 15-08-2007 19:39 #10

Ellos no sabían. No entendían. Todavía no eran conscientes del peligro que corría. Elesinyê siguió la mirada de Tyarn, y vio fugazmente la sombra que se deslizaba fuera de la cueva. Pero los demás no tenían que saberlo.

Hizo un gesto a Tyarn, y éste se movió rápidamente. Era capaz de moverse como una sombra incluso ante la luz. Muchos no se dieron cuenta siquiera de que se había marchado.

Ella también contribuyó a ello, bajando de la tarima, y dando por concluida la reunión. Se formaron entonces pequeños grupos de gente. Lentamente, fueron abandonando la cueva, de uno en uno. No podían moverse en grupo, eso llamaría la atención.

Se acercó a Tenêru, una de las que sabía se quedaría hasta el último momento.

- No he visto a tu amiga Dâira - dijo en voz baja.

- Tal vez haya regresado su madre de Thyröst y no haya podido escabullirse. Soy consciente de que no sabe nada - respondió Elesinyê, forzando una sonrisa.

- Entiendo - Tenêru miró hacia la entrada de la cueva un momento, y después añadió - Ha sido un buen golpe de efecto. Pero quizás te arriesgaste demasiado...

- Quien no arriesga no gana, Tenêru. Sabía lo que hacía.

Tenêru asintió. Después, viendo que la cueva había quedado vacía, se dirigió hacia la entrada. Miró atrás un momento, mientras se cubría la cabeza con el manto negro del vestido.

- Haryalnâ Elesinyê - y después desapareció en la oscuridad.

Estaba sola. Y no lo estaba. Apenas quedaban dos antorchas encendidas. El viento hizo bailar la luz cuando entró Tyarn, trayendo un cuerpo a rastras. Elesinyê lo vio caer a sus pies, golpeando el rostro contra el suelo, pues llevaba las manos atadas a la espalda.

Se arrodilló frente a él agarrando un mechón de los largos cabellos del elfo, y tiró de ellos para poder ver su rostro. A pesar de que la mordaza de tela le cubría media cara, reconoció en seguida a Andêril. Dejó escapar un suspiro, y miró a Tyarn.

- ¿Qué sabe? - preguntó.

- Sabe demasiado - respondió el elfo - Pero qué más sabe, deberemos preguntárselo a él.

- No dirá nada y lo sabes. - dijo mirando nuevamente a su prisionero. Sintió la duda en los ojos de éste. No había miedo, aunque sabía que iba a morir - ¿Sabes que no habrá Narwä para tí, verdad Andêril? - le preguntó Elesinyê - No llegarás a ver los verdes prados de Thyr. Deberías haber vuelto al frente...

No había lástima alguna en la voz ni en los ojos de Elesinyê. Sólo la constancia de lo inexorable que era su destino. El hombre asintió con los ojos, y después los cerró. Quizás recordaba a alguien... No importaba. Ardêndil era miembro de la Kwara, y era leal a Engrel. Había jugado y había perdido. Había luchado, pero había sido derrotado. Una pieza menos del trablero, pensó Elesinyê.

- Hazlo, Tyarn - dijo finalmente mientras se incorporaba - Pero que parezca un accidente. No nos conviene que los perros de Engrel empiecen a husmear investigando un asesinato.

Tyarn no dijo nada. Simplemente se adelantó y asió a Ardêndil por los hombros con un brazo. Después, con un gesto rápido, agarró la cabeza del elfo y la giró, rompiéndole el cuello con un crujido sordo.

- Arrojaré el cuerpo desde el Korin - Tyarn habló con calma, como si no fuera consciente de que acababa de arrebatar una vida, y dejó caer el cuerpo inerte al suelo - Pensarán que ha caído en un descuido y se ha roto el cuello.

Elesinyê asintió, sin poder apartar la mirada del cadáver. Estaba hecho. Salieron los dos. Apagó las antorchas que quedaban y ambos salieron de la cueva, Tyarn llevando sobre un hombro el cadáver de Ardêndil. Elesinyê lo observó un instante mientras el asesino se perdía en la oscuridad del camino que ascendía hacia el Korin. Finalmente se puso el manto negro sobre el cabello, y comenzó a bajar hacia la ciudad.