La Guerra de los Clanes

Neitillot, Las Islas Rociadas Por Nensir

Escribiéndose...
Escrito el 12-08-2007 20:28 #1

En la orilla del lago Naltâ, con las vistas de las cataratas Nensir al frente, se halla emplazada la hermosa y hechizante Neititollî’Nensirinen, cuyo nombre significa “las islas rociadas por Nensir”, más conocida como Neitillot.

Esta ciudad es, en realidad, un laberinto de callejuelas y escalinatas. Está bien acondicionada para la habitabilidad con alcantarillado, con fuentes, puentes, termas, baños, calles pavimentadas, mercados, etc. Hay muchas columnas y numerosos frescos con motivos diversos que decoraban especialmente la ciudad.

Neitillot es un complejo formado por un gran islote y varias isletas unidas con puentes y diques conformando una gran ciudadela construida sobre el agua y comunicada a su vez mediante un gran puente y, al mismo tiempo, avenida, con tierra firme. Todo un conjunto de viviendas de piedra, empalizadas, graneros, almacenes, tabernas y, sobre la isla mayor, un hermoso palacio residencia del Balta. Debido al modo de construir de los aldalântar, añadiendo edificaciones progresivamente, las calles no guardan una disposición lineal, sino que están dispuestos de modo aleatorio, siguiendo un recorrido tortuoso, lo que le da un aspecto de laberinto. Sólo dos vías rectilineas conectadas una con la otra rompen este entramado laberíntico. La ciudad está franqueada por una gran muralla, de torres altas y puntiagudas, decoradas con motivos arbóreos y cascadas de piedra y transitable por el aldarve. En esta gran muralla se enmarcan dos accesos, las dos Grandes Puertas.

En las calles de Neitillot se extienden los nôrî, grupo de elfos de la misma familia que poseen un conjunto de tierras cuyo beneficio va para sufragar los gastos ceremoniales, sacerdotales, de la guerra y la política en general. El espacio de tierra de cada nôrê ha evolucionado conforme lo ha hecho la ciudad hasta formar barrios, con casas de piedra con ventanas y puertas trapezoidales organizadas entorno a un patio con pozo o piscina para procurarse agua, y de ese patio, salen diferentes estancias con diferentes funciones, desde dormitorio, hasta recibidor, cocina, caballerizas, etc.; dependiendo de la renta de la familia.

La ciudad está organizada en torno a una plaza central, Phalagarda o Plaza de la Purificación, y alrededor de ella se ubican las principales dependencias dividiendo la ciudad en dos grandes conjuntos, uno oriental y otro occidental, con sendos accesos al sureste y al oeste.

El conjunto oriental está constituido por la ciudadela o Minnetollê, primera ciudadela, que se emplazó originalmente en una isla cercana a la orilla oeste del lago Naltâ y de allí partían grandes canoas para alcanzar tierra firme hasta que se acabó formando un gran puente para comunicar la joven ciudad con tierra firme, puente que acabaría convirtiéndose en una gran avenida, Tôrâsbroth, la principal arteria de Neitillot y que une Minnetollê con la parte occidental de la ciudad. En el islote más cercano a tierra firme se construyó la Phalagarda, emplazada actualmente a mitad de trayecto de la Tôrâsbroth.

El principal acceso a la ciudad es la Puerta del Oeste al que se llega a través de un camino que se acerca hasta las murallas en el oeste. Aunque justo cerca de la Puerta del Oeste hay un desvío del camino que nos lleva hacia el norte, hacia las afueras de la ciudad, llegando a Dâkosto, el templo-cuartel de los Ainadâkar, a través del karnitiê, el camino rojo. Una vez traspasamos la Puerta del Oeste parte una larga calle, un largo camino rectilíneo de piedra, Ondobroth, que cruza una zona de extrarradio con edificaciones como caballerizas, cuarteles pequeños, armerías y herrerías. La ondobroth continúa hacia el centro pasando por una zona comercial, lindotanô y una zona donde se hallan los nôrî (barrios) más recientes.

La calle principal continúa hasta llegar a convertirse en un alto corredor cubierto, el Kilurthu, donde existe un fresco en relieve con temas que plasman la migración de los aldalântar hasta Galador y que se conoce como Etsanyarê. El camino prosigue por un largo y alto pasillo en ángulo, el Airîurthu, el Corredor de la Ofrendas, así llamado por estar decorado con un fresco en el que varios aldalântar, a tamaño natural, portan valiosas ofrendas y que se conoce como Airînyarê. Se sale de esta manera a Tôrâsbroth, la Avenida del Puente, en cuyo centro se halla la Phalagarda, que sirve de división entre la parte occidental y la ciudadela. En el centro de esta plaza se alza una bella fuente, en verdad un manantial artificial que surge del mismo lago donde está ubicada la plaza. En general la plaza es un gran círculo de piedra adosada y espacios con hierba verde donde se dibujan varios caminos que llevan a las esquinas de la plaza donde se hallan los Keltetiraldar, “Cuatro Árboles Guardianes", plantados a partir de las semillas de varios de los árboles milenarios del antiguo hogar de los aldalântar en el sur de Aldalaure y que recogieron antes de que cayeran en la guerra. En los límites de esta plaza se hallan varios edificios administrativos como la Casa de Monedas, la Gardêmar, o la Casa del Comercio, la Tanômar.

Después de Phalagarda avanzamos por la avenida hasta llegar a la primera ciudadela, Minnetollê, franqueada por vistosos pórticos. En estos pórticos, los frescos de estuco en relieve representan diversas escenas de la migración aldalântar y la llegada a las cataratas. Minnetollê es en verdad una especie de palacio abierto delimitado por un muro exterior, con numerosos patios internos y columnas de piedra, y puentes y diques que comunican con los distintos barrios de la primera ciudadela, el camino hacia los dos templos al norte junto al borde del lago y las calles comerciales al sur.

La parte oeste es la zona que primero se encuentra el viajero al terminar la avenida del puente. En ella se hallan los almacenes, antiguas estancias de depósito de productos, un bello edificio que constituye la Parmamar, la biblioteca más importante de la ciudad y la Rimbamar, el primer y antiguo cuartel de Neitillot, donde se abastecen la Guardia de la Ciudadela, encargada exclusivamente del control y defensa de la ciudad, y parte de la cual actúa como guardia personal de la balta.

En la parte norte de Minnetollê se halla una zona de pequeños santuarios y templos menores, distribuidos en torno a una sala central de altas columnas. Desde la parte norte, unas escaleras suben hasta conectar con un bello pórtico después del cual encontramos un nuevo camino, el Ainatiê, que conduce, hacia el norte, a Attayânarû, los templos sagrados del clan en la arboleda sagrada de Taurnensirô.

En el centro, y comunicada con el resto de zonas mediantes puentes y diques, se halla la Torre del Árbol, una imponente torre diseñada para imitar la resistencia y fortaleza de un árbol milenario. En su hechura adquiere una fascinante forma de árbol, con grueso y robusto tronco que recuerda al de un roble y la parte alta, que hace las veces de almenara, representa un enramado enrollado sobre sí mismo. El entorno de la torre simula el claro de un bosque, ya que hay un espacio físico rodeado de árboles y allí es donde, desde hace unas décadas, tiene lugar la asamblea de gobierno o lindornê, recordando el modo antiguo de toma de decisiones del consejo y el pueblo en contacto con la naturaleza. La lindornê que tiene lugar en la Arboleda Sagrada, en las Attayânarû, desde el traslado de la asamblea de gobierno a la ciudad, sólo concierne a los sacerdotes.

En la parte este hay una gran escalera protegida por parapetos e iluminada ingeniosamente que lleva hacia las Altas Estancias o Aratamari, uno de los lugares más antiguos y más emblemáticos de la ciudad, donde se halla Baltârmar, el palacio del balta.

En la parte sur se halla el área teatral y el mercado antiguo, algunos de los nôrî (barrios) más antiguos y también algunas calles comerciales donde se hallaban las tabernas más afanadas como la del Bastón de Abedul.

Enfrascada en las murallas de esta zona se halla la Puerta del Sur, que conduce hacia el puerto Laikwâlonde, el cual posee varias funciones.

Desde la parte antigua del puerto salen barcas que conducen a través del lago a otras isletas ubicadas en la otra orilla del lago, donde se hallan bellas y amplias villas que muchos aldalâlantar, principalmente los de la nobleza y de gran poder adquisitivo, poseen en la otra orilla del lago Naltâ. Debido a estar edificadas encima de isletas o islas pequeñas, estas villas se denominan genéricamente las tollî (o tollê en singular) compuestas en su mayoría por grandes mansiones de piedra blanca con el patio central característico de las viviendas aldalântar. De la parte nueva del puerto parten barcos para transitar el río Kelornî hacia el mar o para cruzar el río hacia el Taurselyô o las Nudasar.

[Editado por aratir el 12-08-2007 20:54]

Escrito el 24-03-2008 21:57 #2

Estaba anocheciendo cuando, sin previo aviso, el caudal de las Nensir aumentó de una manera nunca vista. Tal era el agua que llegaba al lago Naltâ, que éste se desbordó inundando en pocas horas la ciudad de Neitillot.

No fue hasta medianoche cuando se redujo levemente el caudal de las Nensir, el nivel del agua dejó de ascender pero con tal caudal era improbable que la inundación de la ciudad desapareciera.

Por si no tuvieran bastante con la inundación, del bosque que rodeaba la ciudad comenzaron a surgir unos pestilentes vapores que hacían perder el conocimiento a cualquiera que estuviera unos minutos respirándolos.

Escrito el 25-03-2008 00:43 #3

A Northiêl la despertó Nothal a penas amaneció. Northiêl se incorporó de un salto convencida de que llegaba tarde, pero entonces recordó que no tenía ningún sitio al que ir hasta el mediodía, momento en el que había quedado para hablar con Aiwendil y poner en común sus averiguaciones. Sorprendida porque el koala no solía despertarla si no llegaba tarde a algún sitio, la elfa miró al koala. Estaba extraño y se negaba a bajar de su espalda. "¿Qué diablos te pasa?" pensó mientras bajaba de la cama.

Al poner los pies en el suelo su cara se convirtió en una mueca. "Genial" pensó a la vez que se preguntaba de dónde podía haber salido el agua que ocupaba el suelo de su casa. Se vistió rápido se asomó por la ventana para ver sorprendida toda la calle completamente inundada.

- ¿Qué ha pasado aquí? -dijo con los ojos como platos. - Es increíble... al final va a tener razón Dharaith cuando dice que es mejor no enfadar a las estrellas -murmuró Nor mientras miraba al cielo.

Dharaith... si alguien sabía qué estaba pasando era ella... y aunque no fuera así, era la persona del consejo que más cerca le quedaba, y no pensaba recorrer toda la ciudad para averiguar lo que pasaba. Mojarse para llegar a casa de Dharaith, a pocas calles de allí, iba a ser más que suficiente.

- Venga Nothal, súbete a mi cabeza que vamos a hacerle una visita a la señorita "yo-hablo-con-las-estrellas" -dijo con una sonrisa forzada. La verdad era que no le gustaba nada aquello.

Con dificultad, la elfa y el koala recorrieron las calles acompañadas de un olor extraño e insoportable que casi hizo desistir a la elfa. Cuando consiguió llegar a casa de su casi hermana, Nor gritó fuerte.

- ¡Oye Dharaith, no sé que les has hecho a tus amigas las estrellas... pero haz el favor de pedirles perdón... inundar la ciudad no es algo digno de una respetable sacerdotisa!

Escrito el 25-03-2008 00:59 #4

-Entra rápido y cierra bien la puerta-gritó la sacerdotisa como respuesta-No vaya a ser que entren esos vapores apestosos.

Northiêl entró en la casa chapoteando y siguió a Dharaith, que se levantaba el ruedo de su túnica con elegancia, escaleras arriba mientras la oía decir:

-Al menos arriba se está seco... ¿Y qué es ese olor? Es repugnante.

-¿Tú tampoco sabes de dónde viene? Y este agua... ¿qué has hecho para que nos castiguen las cataratas así?

-Tranquila cielo, que yo se tan poco como tú. Acabo de despertarme y me he encontrado todo así. Voy a ir a ver de qué me entero. En el Consejo deben saber algo o habrán mandado a alguien a investigar. ¿Vienes?

Escrito el 25-03-2008 12:48 #5

Northiêl miró con repulsión el exterior de la casa.

- Que remedio -dijo casi gruñendo. No tenía ningunas ganas de volver a recorrer las calles mojadas.

Las dos elfas salieron a la calle y anduvieron con dificultad hacia el lugar donde se reunía el Consejo. De repente, a Northiêl le asaltó una duda, ¿y si el Consejo no había enviado a nadie a investigar? ¿Y si al presentarse las dos elfas tan temprano las mandaba a ellas? Para Dharaith sería muy fácil negarse, pero para ella...

De repente a Northiêl no le pareció tan buena idea lo de ir a enterarse de lo que había pasado. "Debí quedarme en casa" pensó mientras caminaba.

[Editado por Nemârie el 25-03-2008 12:55]

Escrito el 26-03-2008 11:19 #6

Mientras las dos elfas caminaban, vieron a un halcón surcar el cielo en grandes círculos alrededor de la ciudad.

-Mira- le dijo Northiêl a Dharaith-, ahí está Hwesta, Aiwëndil no puede andar lejos.

-¿Cómo puedes estar tan segura?- preguntó con extrañeza la sacerdotisa- A lo mejor no es ni siquiera un halcón, quizás es una ave carroñera que ha avistado algo de comida...

-Ya veo que tu mundo no son los animales, querida amiga- respondió Northiêl, con un deje de burla e ironía en su voz- Hazme caso, soy una ainakelvari, y si te digo que ésa es Hwesta y que no tardaremos en ver a Sangwalóke por aquí es que es así.

-¿Sangwalóke?- preguntó Dharaith.

-Es el apodo de Aiwëndil- respondió Northiêl divertida- significa "veneno de víbora", porque a veces sus palabras son como eso, aunque él no lo ve así, claro. No le gusta mucho ese sobrenombre, pero yo se lo digo a veces para hacerle rabiar. ¿Ves? Ahí está.

De la esquina de una de las calles apareció un elfo alto y de cabello gris como una nube de lluvia, que le caía en una larga trenza por toda la espalda. Vestía ropas verdes y pardas, y en el pecho lucía una pequeña coraza de cuero curtido con una espiral grabada, portaba un arco y un carcaj al hombro, y una cimitarra a la cintura.

-Buenos días señoras- espetó el elfo cuando Northiêl y Dharaith llegaron a su altura-, parece que hay cierta humedad en el ambiente, ¿verdad?

-Déjate de sarcasmos, Sang... esto... Aiwëndil- dijo Northiêl- Ahora mismo vamos a consultar al Consejo sobre esta extraña inundación, aunque no sé si encontraremos a alguien a esta hora. Por cierto, ella es la sacerdotisa Dharaith, ¿la conoces?

-Sólo de oídas- dijo el elfo, dirigiéndose a Dharaith- pero es un placer.

-Igualmente- respondió la sacerdotisa-, Northiêl me ha hablado mucho de ti, ¿quieres unirte a nuestra pequeña expedición en busca de alguna respuesta a este misterio de la inundación?

-Espero que hayan sido cosas buenas- dijo el elfo, mirando de reojo a Northiêl, mientras ésta enrojecía por momentos-, y sí, me encantará unirme a vosotras, yo también deseo averiguar qué es lo que está ocurriendo con tanta agua, además, Northiêl y yo teníamos que vernos de todas formas, ¿verdad?

-Sí- contestó la elfa, una vez superado el rubor-, ¿crees que todo esto tiene algo que ver con... ya sabes... "el caldero"?

-Pues no lo sé- respondió Aiwëndil, poniéndose a caminar junto a las dos elfas- pero no hay que descartar nada...

[...]

Y mientras las dos elfas y el elfo se acercaban al lugar de reunión del Consejo, Hwesta seguía volando, y observaba con preocupación el agua que llenaba las calles de la ciudad y esos extraños vapores surgidos de nadie sabía dónde que infectaban la ciudad.

Escrito el 26-03-2008 21:17 #7

En la puerta de las Aratamari estaba Aranarth. Nor sintió que era como si les estuviera esperando.

- Hola tío. Hemos venido porque estamos preocupados. La ciudad está inundada... -dijo Northiêl con voz seria.

- Sin duda debes estar preocupada para haber venido hasta aquí con Dharaith -comentó Aranarth. Que su ahijada y la sacerdotisa compartieran el mismo espacio sin discutir era una proeza, pero que acudieran juntas a las Aratamari era algo que no habría esperado jamás. Sin embargo, preocupado como estaba por lo que acontecía en la ciudad, no dijo nada más y continuó mirando las calles con la mirada perdida.

- ¿Se sabe a qué se debe todo ésto? -preguntó Aiwëndil.

- El caudal de las Nensir ha aumentado de repente y el Naltâ se ha desbordado -contestó el assana casi de manera automática. Parecía que no se lo creyera.

- ¡Eso es imposible! -dijo Dharaith. -Nunca antes había pasado -comentó como si éso lo solucionara todo.

- Bueno, pues es evidente que imposible no es -contestó Northiêl. -Ya ha pasado una vez.

El ambiente estuvo tenso unos segundos entre las dos elfas, hasta que Aiwëndil decidió intervenir.

- ¿Y la razón por la que las Nensir hayan aumentado su caudal de forma tan repentina?

Aranarth se quedó mirando al elfo a los ojos durante unos segundos. Después se dio la vuelta y entró en las Aratamari. Con el brazo hizo una seña para que lo siguieran.

Northiêl no solía entrar en las Aratamari, y las pocas veces que lo hacía miraba ensimismada el palacio. Se sentía incapaz de acostumbrarse a todo aquello. Pero esa vez ni siquiera recordó dónde estaba, se limitó a seguir a su mentor hasta el Tûrândrakwê. Aranarth entró y cerró la puerta.

- No, no sabemos a qué se debe tan inusual crecida -dijo contestando a la pregunta de Aiwëndil. -Y estamos preocupados. Mucho. Tememos... tememos que se deba a que el ritual de phalawerme no saliera satisfactoriamente.

El ambiente se tornó tenso. El rostro de Aranarth ensombreció y el de Dharaith se endureció. Aiwëndil estaba preocupado. Viendo el panorama, a Northiêl le entraron ganas de reírse, pero se aguantó las ganas. La situación requería seriedad.

- ¿Qué os hace pensar en éso? -preguntó finalmente Aiwëndil.

- A sólo tres días del ritual... es lo que más sentido tiene -había contestado Dharaith, que se paseaba por la habitación pensativa, como atando cabos. -¡Puede que éso signifique que las Nensir ya no consideran a Branda digna de ser nuestra Balta! -exclamó.

- Dharaith no olvides donde estás. No es prudente decir eso en voz alta aquí -dijo Aranarth.

- Dhara... la emoción te pierde -rió Northiêl.

- Nor... No estamos en ninguna situación divertida -dijo Aranarth con severidad. - Si os he traído a mi despacho es precisamente para que podamos hablar con sinceridad. De momento sabemos que una crecida de las Nensir nos ha inundado la ciudad... el resto sólo son conjeturas... pero estaréis de acuerdo conmigo en que todo apunta a que el ritual de phalawerme no fue satisfactorio... -los otros tres asintieron. -No es prudente por el momento buscar culpables... -dijo el elfo a Dharaith. -Es mejor encontrar primero las soluciones...

- Podemos ir al lago e intentar contrarrestar lo que ha pasado... tal vez éso apacigüe a Nensir y nos libre de la inundación... -opinó Dharaith.

- Oh. Sí. Seguro que un ritual solucionará los errores cometidos durante otro ritual -dijo Northiêl de forma mordaz.

- ¡Nor! Agradecería que te tomaras ésto en serio... -gritó su mentor con enfado.

La elfa cerró los labios con fuerza para no contestar al elfo.

- En cualquier caso... todavía nos quedaría solucionar qué pasa con el olor que inunda toda la ciudad... es insoportable -dijo Aiwëndil.

- Bueno, por lo que sabemos los vapores que los producen vienen del bosque... no sabemos lo que son por lo que no os aconsejo respirarlos directamente... Un problema detrás de otro -dijo Aranarth. Parecía que la situación fuera superior a él. -Primero iremos al lago a contrarrestar el ritual... y después nos ocuparemos del resto... esperemos que Nensir sea piadoso y tenga suficiente con éso... -dijo finalmente con un suspiro.

Antes de salir del despacho, Aranarth dijo a los jóvenes que consideraran lo allí tratado como información confidencial. Nadie debe conocer más de lo estrictamente comprobado, dijo.

El grupo salió de las Aratamari y se dirigió al viejo puerto en la orilla del lago. Nor se retrasó un poco del grupo.

- Rituales... lo suyo es obsesión. ¡Así no llegaremos a ningún sitio! Deberíamos estar investigando qué ha podido pasar... seguro que hay alguna explicación para todo ésto... porque... en un ritual donde la gente se baña... ¿qué puede haber salido mal? -susurró Northiêl a Nothal, su koala.

Unos minutos después, Aiwëndil se colocó a su nivel. Dharaith iba hablando con Aranarth.

- Parece que tendremos que dejar lo del Aldakûne para otro momento... -comentó.

- Sí... ¿tú habías averiguado algo nuevo? -preguntó la elfa.

- No. ¿Y tú?

- Nada... -suspiró Northiêl. Luego añadió: -Aiwë... ¿tú qué crees que ha pasado? sinceramente, ¿eh?

[Editado por Nemârie el 26-03-2008 21:44]

[Editado por Nemârie el 27-03-2008 00:42]

Escrito el 27-03-2008 11:38 #8

Cuando salieron de las Aratamari, Aiwëndil tenía más preguntas que respuestas. ¿Un ritual mal ejecutado? Ni Aranarth se lo creía, así pues, ¿cuál era la verdadera opinión de los sacerdotes? Preguntas y más preguntas, y ninguna respuesta.

El grupo se dirigió al viejo puerto en la orilla del lago, Northiêl se retrasó un poco.

- Rituales... lo suyo es obsesión. ¡Así no llegaremos a ningún sitio! Deberíamos estar investigando qué ha podido pasar... seguro que hay alguna explicación para todo ésto... porque... en un ritual donde la gente se baña... ¿qué puede haber salido mal? -susurró Northiêl a Nothal, su koala.

Unos minutos después, Aiwëndil se colocó a su nivel. Dharaith iba hablando con Aranarth.

- Parece que tendremos que dejar lo del Aldakûne para otro momento... -comentó.

- Sí... ¿tú habías averiguado algo nuevo? -preguntó la elfa.

- No. ¿Y tú?

- Nada... -suspiró Northiêl. Luego añadió: -Aiwë... ¿tú qué crees que ha pasado? sinceramente, ¿eh?

-Bueno, la verdad es que es un misterio- dijo el elfo, pensativo- Como te dije hace un rato, no podemos descartar nada, incluso que todo esto tenga que ver con el Aldakûne, pero mejor no aventurar posibles hipótesis de momento... Aunque no creo que sea por culpa de un ritual mal hecho, los sacerdotes son muy meticulosos con eso, y siempre hemos hecho todo para agradar a Nensir... no, no creo que el problema sea un ritual... ni la solución.

-Sí- respondió la elfa, no sin acritud- yo también pienso así, pero no podemos decir tal cosa delante de los sacerdotes, tienen más "autoridad" que nosotros, así que dejemos que hagan sus rituales.

-Tienes razón- respondió Aiwëndil- no obstante, me niego a ser un simple observador de todo esto, ¿qué te parece si nosotros dos hacemos algo más que mirar?

-¿Qué propones?- preguntó Northiêl, entre curiosa y divertida.

-Bueno, hay dos problemas ahora mismo: la inundación y esta extraña pestilencia. De la inundación ya sabemos lo que piensan los sacerdotes y lo que van a hacer, pero de lo otro no han dicho nada. ¿Qué te parece si les ahorramos el trabajo?

[...]

Entonces, antes de que Northiêl pudiera responder a la propuesta de Aiwëndil, llegaron al lago...

Escrito el 28-03-2008 01:06 #9

Había llegado a la ciudad al caer el sol, dándose tiempo para tomar un refresco y una comida liviana sobre el tejado de su antiguo hogar.

Tenía una buena panorámica, y era un sitio tranquilo donde evitaba pensar por unos momentos en los encargos de su trabajo, quedándose dormida después de un largo rato mirando el cielo.

Al despertar ya todo estaba inundado, y el bosque tenía un aura extraña.

¿Que podía estar pasando? Alguna nueva treta de Branda que salió mal… no, no podría ser eso, la ciudad era el orgullo de la Balta, aunque nunca metería las manos al fuego por ella.

Sus pasos sigilosos por las calles nocturnas buscaban respuestas, pero sólo encontraba más interrogantes. Las aguas habían inundado gran parte de la ciudad, pero por las altas horas de la noche pareciera que sólo los de sueño liviano se habían percatado de ello, pero el agua es agua, al fin y al cabo, y con algo de trabajo la podrían drenar de las calles… pero aquella pestilencia que emanaba del bosque no era nada normal… o mejor dicho, nada natural.

Iría a investigar.

Se detuvo tras un pilar hermosamente tallado, se sintió un poco mareada por lo que tomó su pañuelo y lo mojó con un poco de agua, para cubrir su nariz.

Eso no se veía nada bien.

[Editado por auriga el 28-03-2008 01:09]

Escrito el 29-03-2008 14:01 #10

Aranarth y Dharaith miraban las aguas de lago en silencio, soportando estoicamente los malos olores.

-Repasemos el ritual... ¿Viste algo fuera de lugar?-dijo Aranarth

-No, nada. Todo fue como siempre, no veo qué puede haber fallado. De hecho, ni siquiera podemos estar seguros de que la causa de la inundación haya sido esa.

-Esto parece tener causas más terrenas que divinas, pero de todas formas prepararemos un nuevo ritual para tranquilizar a la población y que no se pongan nerviosos, deben mantener la fe, y por otro lado investigaremos todo esto. Además, alguien debería ir a informar a Branda para que empiece a preparar el ritual.- Ante la cara de disgusto de Dharaith al mencionar ese nombre, expresión que sólo se permitía ante personas muy concretas, Aranarth añadió:

-Si, iré yo.

-Tenemos que encontrar la manera de que bajen las aguas cuanto antes, ¿es posible que haya algún bloqueo en el lago que las haya hecho subir? No ha llovido, así que creo que deberíamos seguir río arriba, empezando por las cataratas hasta descubrir qué ha pasado.

-Bien, entonces nos veremos después para contarnos cómo ha ido.

Aranarth se despidió con gesto preocupado, dejando a Dharaith con los demás.

-Voy a seguir río arriba pasando por las cataratas para comprobar que todo esté en orden-informó la elfa- ¿Qué vais a hacer vosotros?

[Editado por mothlaure el 29-03-2008 14:05]