Si un extranjero se acerca por la Plaza de Thyr, verá un conjunto de bellos edificios públicos. Y en armonía con estos encontrará la Academia, I Sa Tulukmê (el que acompaña). Entre la Biblioteca y la Tesorería se halla este edificio de grandes dimensiones, destinado a formar a los hijos de los Makar y Edlâr.
Un gran pórtico tallado nos da la bienvenida. De planta rectangular, está dividido en dos secciones. En la primera y más grande está la escuela donde se imparten las materias y diferentes ciencias. Este recinto está formado por un pequeño patio interior donde los alumnos suelen pasear mientras esperan a los maestros, y a veces, cuando la climatología lo permite, se dan las clases al aire libre. Alrededor de dicho patio hay hileras de columnas con capiteles decorados con motivos élficos. Una de las paredes de la academia tiene a lo largo de toda ella, relieves con algunas de las escenas más significativas de la sociedad y cultura de Narwä Hilyatâri. En el lado opuesto, están colocadas algunas estatuas en honor a grandes personajes, como la de Îbal, el arquitecto que levantó el edificio, conocido en todo el país y que además, había dado clases largos años atrás. Sin embargo, la figura más importante y destacada es la del actual Balî.
El recinto más pequeño de la edificación lo ocupa el gimnasio. Un terreno deportivo cuadrado al aire libre, donde practicar los ejercicios. Situado en la parte trasera, está rodeado por una pequeña muralla blanquecina con enredaderas y flores blancas y azules.
El principal material que usó Îbal en la edificación fue el nink, la típica y preciada piedra blanca de la región. El suelo de la escuela lo forman grandes baldosas frías de mármol blanco con gruesas vetas grises.
El conjunto se ve luminoso, alegre y elegantemente adornado.
Las aulas son algo más austeras, si bien están decoradas, los estudiantes se sientan en simples bancos en torno al maestro mientras sostienen sobre sus rodillas las tablillas o los rollos de lectura. La vestimenta es igual para niños y niñas pero se distingue según el estatus. Los Makar llevan túnicas de ricas telas color rojo escarlata, mientras que las de los Edlâr son de cáñamo y teñidas en gris.
Esta educación estaba destinada principalmente a los Makar y Edlâr. Los Táwar que hubiesen terminado con éxito el Narwänolmê, podían optar al estudio de alguna ciencia completa o materias sueltas, para completar sus conocimientos. Los hijos de los hekkêna (excluidos), o de los extranjeros pobres, recibían la educación a través de sus progenitores.
Aquellos estudiantes que provenían de familias más adineradas, o con un estatus superior, solían optar a estudios de las llamadas Ciencias Mayores, como Astronomía, Medicina, Arquitectura entre otras. El resto, se dedicaba a las Oficios Menores: Alfarería, Sastrería, Herrería… aunque si bien todas ellas tienen bastante importancia en la vida cotidiana nurulantê.
Es una formación mixta, colectiva, dura y práctica, aunque dista de la férrea disciplina del Narwänolme. Debía ser práctica para cumplir las necesidades sociales y políticas. El período educativo va desde los 10 años hasta los 30.
Las materias básicas y comunes impartidas en los primeros años eran, la historia de los Nurulantâr, escritura de las Okkân (que comprende también la lectura) y la gimnasia, donde se practica carrera, salto y tiro con arco. Además, hay otras disciplinas como la música y el canto, matemáticas, aritmética o dibujo. A medida que pasan los años, y en función de la ciencia en la cual el escolar se fuese a especializar, así dedicará mayor tiempo a unas asignaturas u otras.
Había dos tipos de música: la que se componía de canto con ritmo libre, y una línea melódica que solía ir acompañada por uno o dos arreglos instrumentales. Entre los principales están unas pequeñas arpas de madera, violines y violas, flautas, clarinetes y tambores.
La mayoría de los maestros eran elfos que habían ejercido durante largos años hasta que se retiraban para dedicarse a la enseñanza. Otros, aunque una minoría, seguían trabajando en su disciplina a la vez que se convertían en mentores.
Observaban a los escolares y estaban pendientes de su evolución, y cuando detectaban a alguno con cualidades y potencial excelente, éste pasaba a convertirse en pupilo especial, lo que le daba la posibilidad de una vez finalizada su etapa educativa, pasar al gremio del maestro y trabajar con él o con sus ayudantes, y a la vez, servía al maestro para asegurarse que alguien recogería su legado.
Al finalizar, se les da a todos un diploma atestiguando la superación de las pruebas y detallando la ciencia en la que se han especializado. Un alumno podría dejar el estudio pero no obtendría dicho diploma.
