La Guerra de los Clanes

Aratamari, Las Altas Estancias

Escribiéndose...
Escrito el 01-09-2007 16:24 #1

La edificación más emblemática y una de las más antiguas de Neitillot, en Galador, es el Palacio llamado Aratamari. Todo el complejo se aglutina en torno a un patio central o claustro conocido como el Taur. Debido al modo de construir original de los aldalântar, añadiendo habitaciones progresivamente, las salas y corredores que componen las Aratamari o Altas Estancias no guardan una disposición líneal sino que están dispuestos de modo aleatorio. Se hallan ubicadas en el ala este de la plaza Minnegarda en la ciudadela antigua de Neitillot, la Minnetollê.

Las Aratamari están rodeadas por una gran muralla maciza de color verdoso y grisáceo con almenas para resguardar a los defensores; no presenta apenas elementos decorativos. Presenta una imponente puerta hecha de un metal negro irreconocible de gran resistencia, encajada en unas jambas rectangulares y cuadradas en donde se encuentran suspendidas los emblemas de los aldalântar y cuyas hojas siempre están abiertas pero custodiadas por bastantes soldados; no existe otra puerta de acceso pero bajo las Altas Estancias hay un complejo de túneles que permitirían evacuarlas rápidamente, aunque su entrada está totalmente oculta y solo el Balta sabe donde está. Detrás de las murallas se alzan las Aratamari, con una composición anárquica, viéndola desde el exterior, pero proporcionada que se integra en el medio gracias al color, semejante al de las murallas, y que se encuentran sencillamente adornadas por estandartes, ventanales y balcones, impidiendo adivinar lo que hay en su interior. Todo está rodeado por unos jardines salpicados por pequeñas acequias que llevan agua y permiten relajarse. La entrada principal es una imponente puerta de madera con una gran profusión decorativa vegetal y acuática y de extrema resistencia, delante de ella montan guardia soldados que controlan a todo aquel que entra en las Altas Estancias.

Detrás de la Puerta hay un corredor ascendente decorado con motivos geométricos muy elaborados y complejos, coloreados con azules y verdes, lleva, en primer lugar, a la Sala de las Hojas Dobles (del símbolo grabado en las paredes), la Lassûmar, donde se encuentran algunas columnas con motivos arbóreos de culto, de forma que el fuste quedaba casi tapado por ramas de las cuales nacían hojas salpicadas con rocío, y que da entrada a una amplia sala iluminada, la Sala de Audiencias o Khotsêmar por unos agujeros de forma estrellada por donde el sol entraba a raudales, salpicando todo el techo pintado de azul cielo. Aquí el Balta recibe a los embajadores extranjeros sentado en un delicado trono de piedra de bajo respaldo en el que se había tallado el emblema de los aldalântar, habiendo detrás un impresionante fresco en el que se pintaban las cataratas con gran realismo y en donde, y con gran disimulo, se había dibujado de forma difusa la figura de un hombre, una alegoría de Nensir; una sala de gran importancia en donde se han firmado numerosos tratados, se han forjado alianzas y se han declarado guerras.

Una puerta de madera tallada al sur de la sala lleva a un corredor, decorada con una cenefa a media altura quedando la parte inferior de verde oscuro y la parte superior blanca, que conduce a una nueva sala, la Sala de las Frescos, o Nyarîmar, donde se hallan los frescos más conocidos, los Kemennyarî o frescos de la tierra, aquí se representa un bosque con gran vistosidad, por su iluminación parecía mediodía de un día de primavera, y su precisión le daba una sensación de profundidad, pero sin duda lo que más llamaba su atención era la presencia, de nuevo ocultada, de una mujer oculta en las ramas de los árboles, y, al otro lado, está el Liltawennyarî o fresco de la danzarina, en el que siguiendo con la decoración vegetal de la sala se había representado un claro en el que se veía danzando una mujer elfa, de un pelo asombrosamente negro, con los ojos cerrados y llevando una delicada túnica de color añil vaporoso, su realismo es tal que más de uno pensaba que lo que veía era real. En esta sala tenían lugar las celebraciones a las que asistían representantes extranjeros, quedándose asombrado por la sutileza de los artesanos al realizar huecos hábilmente disimulados para colocar lámparas aromáticas.

En el centro de Aratamari se encuentra el Taur, un claustro en cuyo centro se encuentra un exuberante jardín donde hay plantados una inmensa variedad de árboles y arbustos, dejados crecer de forma salvaje y surcados por pequeños riachuelos de pequeño recorrido; un pequeño bosque situado en el corazón de las Altas Estancias con pequeños claros y cúpulas de hojas que dan una agradable sensación para quienes quieren perderse por sus caminos.

De aquí sale una puerta que permite el acceso a un pequeño patio llamado Ellenkî (“las estrellas”), por los grabados en el muro, representando exactamente como se encontraba el cielo en la primera noche en la que los aldalântar contemplaron las cataratas Nensir por primera vez, y en cuyo centro se halla la famosa estatua de marfil conocida como “El Acróbata”; además de aquí destacan cuatro fuentes muy ingeniosas pues tienen el aspecto de cuatro personas que sostienen cada uno un cántaro de donde sale agua, que va a parar de nuevo al lago.

Alrededor de este patio se hallaba el Tûrândrakwê (“edificio de poder”) un espacio compartimentado en forma de despachos para uso exclusivo de los miembros del consejo, los Assanar. Más al este y con las cataratas viéndose a través de grandes ventanales, decorado el marco con apariencia de rocas tapadas por helechos, se halla un pasillo que lleva hasta otras escaleras, hasta el Palacio del Balta.

El Palacio del Balta, o Baltârmar (contracción de Baltatârômar) es un edificio muy singular al cual muy pocos pueden acceder, considerada por los que la visitan como un palacio que par no tiene. La entrada es un arco oculto por motivos florales que caían pareciendo que llueve flores. Inmediatamente se da acceso a un patio porticado de forma rectangular por uno de los lados menores. El patio, conocido como Ehtepadê, cuenta con una fuente central compuesta por dos tazas, una encima de otra, la de arriba era de un tamaño pequeño y de media naranja de la que brota agua que cae formando una cascada sobre otra taza mayor con forma octogonal sustentada por raíces, exactamente doce, como si fuera el tocón de un árbol cortado, por donde brota el agua de nuevo; hay frondosos naranjos, dando al patio un especial olor en primavera, y arbustos olorosos situados de forma simétrica.

El pórtico que rodea el patio está compuesto por una arcada de arcos de medio punto cubiertos por adornos de forma cónica, pareciendo estalactitas que rezuman agua todavía, y sustentados por columnas de formas arbóreas, siendo el capitel la copa de un árbol con sus hojas talladas; de esa forma el pasillo formado parece un bosque regado por una fina lluvia que no deja de caer pero que es agradable, por lo que se le conocía como Taurbatâ, el Camino del Bosque.

Enfrente de la entrada, en el otro lado menor del patio, se encuentra el Baltômar, la Sala de los Baltar, una espaciosa Sala de forma ortogonal donde se encuentra el verdadero centro de poder. La entrada la franquea un arco cuyas columnas son dos árboles y sus ramas tapan el arco con sus hojas. Enfrente de la entrada, pegando casi al fondo, está el Trono, bellamente labrado a partir de un árbol y mostrando los anillos de forma simétrica, en el respaldo se había tallado el emblema del clan con gran realismo. Rodeándolo un prodigio de la arquitectura y la ingeniería, pues detrás del Trono se habían recreado las Cataratas de Nensir. Los escultores habían tallado las paredes con la forma de los acantilados y por secretos agujeros manaba el agua de forma abundante, precipitándose hacia un pequeño estanque que hay debajo tapado por un delicado y pequeño muro que lo contiene, evitando que salpique y, a la vez, provocando una ligera niebla y un sonido agradable; luego el agua que cae sa llevada por cañerías a la fuente del patio y de allí una parte se dedica a regar los jardines y la mayor parte vuelve al lago. Las paredes de la sala están decoradas con árboles, imitando al primigenio bosque que rodeaba el lago Naltâ y el suelo está compuesto por losas azuladas y grisáceas, recordando las aguas del lago. De esa forma la Sala de los Balta hace presente como era la zona cuando la contemplaron por primera vez los aldalântar siento el Trono la alegoría del poder de los aldalântar sobre la zona y el mobiliario las islas de la capital.

En el lado derecho estaba la Sala del Festival o Merênmar; con una entrada cubierta por árboles da acceso a una espaciosa sala muy luminosa donde se celebran las fiestas y los festivales convocados por el Balta de forma privada al que no pueden acceder extranjeros. El suelo cuenta con una suave alfombra de color verde cuya textura recuerda a la hierba fresca. En el fondo hay una fuente empotrada de tamaño mediano y de forma escalonada, así el agua que brota se desplaza formando una escalera con pequeñas caídas; después esa agua es devuelta al lago. Las paredes están decoradas con motivos vegetales y pequeños hueco donde colocar linternas para cuando sea de noche, utilizándose velas perfumadas para transmitir la sensación de contacto con la naturaleza. Luego el techo se cubre con finas telas grises y azules, recordando un cielo nublado.

En el lado izquierdo se sitúan las dependencias privadas del Balta, las Baltamari, ocultas por unos velos cuyos bordados recuerdan a las hojas de los árboles cubiertas por el rocío. Dentro hay varias estancias articuladas alrededor de un pasillo austero. A un lado están los baños, una sala mediana recubierta con un alicatado azul oscuro y elementos marinos, como si se estuviera dentro del lago, de aquí destaca una gran bañera de color blanco por dentro que cuenta con un invento muy original, pues para no desperdiciar agua se han diseñado unas válvulas para permitir el acceso regulado del agua según se necesite. Al otro lado están las habitaciones del Balta, en la que destaca el dormitorio de éste, una cómoda estancia pero pequeña cuya decoración era básicamente geométrica destacando la figura de las estrellas.

Escrito el 11-09-2007 12:35 #2

Dorkas se levantó temprano esa mañana, que se había presentado alguno nublada aunque aún no había llovido, y se dirigió hacia las Aratamari, la parte más antigua de Neitillot. El sonido del agua corriendo por las múltiples acequias del lugar resultaba una especie de orquesta relajante que avivaba los sentidos y sumergía a todo aquel que se acercara a las altas estancias a una atmósfera relajante.

Espero con paciencia en la bella puerta de madera. La estuvo observando detenidamente mientras esperaba, un portón macizo con grabados que evocaban motivos arbóreos y acuáticos. Un guardia abrió entonces las puertas y le confirmó que la balta le esperaba. Fue conducido por el corredor que daba acceso a aquellas instalaciones, un pasillo que ascendía entre bellas paredes vivamente decoradas. Pasaron por la llamada Sala de las Dobles Hojas para acceder al lugar donde ella habría de recibirlo, la Sala de audiencias. Era poca la luminosidad que ese día iluminaba el lugar, debido sobretodo a que el cielo estaba nublado.

Entonces la vio con su sonrisa hechizante, sus ojos azabache y su mirada seductora. Su cabello trenzado caía por detrás, sus labios tenían un tono carmesí y su piel reflejaba la exquisitez de la suavidad. Aquel día, Branda lucía un broche de oro y brillantes. Tras de ella, se podía ver el impresionante fresco de las cataratas tan admirado por todos los visitantes que pasaban por la sala de audiencias o Khotsêmar.

Mirando hacia la balta, Dorkas hizo una reverencia y ella sonrió al tiempo que señalaba un asiento con respaldo rojo que había cerca de él. Mientras se sentaba, su mirada se detuvo en quienes estaban sentados al lado de ella. Se trataba de Turhier y Brendêl, dos de los assanar.

- Bienvenido, prócer – dijo uno de ellos de rostro tosco pero de ojos azulados e impetuosos como las aguas de las cataratas.

- Dork, les he pedido que salieran de sus despachos y escucharan lo que has venido a decir, según me has contado en tu aviso no es un asunto de poca importancia lo que vienes a contarnos.

El recién llegado se sintió entonces incómodo con la presencia de los consejeros allí. A pesar de todo, Branda le mostró una sonrisa de absoluta cordialidad intentando hacerlo sentir más cómodo.

Tanto los assanar como Branda guardaron silencio esperando a que el mayordomo de Tirakâs hablara. Dorkas se resignó y les habló de la visita que había recibido varios días atrás.

- Âryon…- pronunció Brendêl.

- Sí, y después se dirigió hacia Eglamar. Creo que…

Branda hizo un gesto de levantar la mano, con suavidad, como indicando que no le resultaba tan extraño la visita de Tathâral a la ciudad de los corsarios.

- Desde la autonomía de Dâkosto el general ha hecho y deshecho a su antojo – dijo Turhier un poco malhumorado.

Branda desvió la mirada hacia él, como intentando calmarlo.

- Pero sabes que…

- Lo sé – asintió el elfo a su lado. – Pero dudo de ese príncipe de herejes. Ha prometido concordia y silencio. Sin embargo, ¿quién sabe que es lo que ha ocurrido en esa reciente reunión? Tathâral no es de fiar pero menos aún lo es el Gran Pirata.

(…)

Dorkas salió de las altas estancias, ya había cumplido su objetivo, haber puesto sobre aviso de los tejemanejes de Tathâral, ahora ya podía regresar tranquilo a Tiraikâs.

[Editado por aratir el 11-09-2007 13:27]

[Editado por aratir el 06-02-2009 21:00]

Escrito el 01-10-2007 01:03 #3

Al día siguiente, uno de los despachos de Tûrândrakwê estaba cerrado a cal y canto, despistando a cualquier persona sospechosa que pudiera pasar por las inmediaciones. Era una reunión secreta de varios de los assanar del consejo con la propia Branda.

- Con todos mis respetos y aunque hay mucha razón en lo expuesto en este despacho – dijo Brendêl desde la ventana con tono un poco incómodo – estamos perdiendo el tiempo en darle vueltas al asunto. Creo que tenemos que actuar rápido antes de que esto se nos escape de las manos.

Desde el trono con la recreación de las cataratas al fondo, Branda estaba leyendo un papel que le acaban de dejar en su palacio y parecía haber ignorado la sugerencia del consejero.

- Cualquier movimiento en falso que demos, se nos quedarán las orejas al aire. Tenemos que ser cautos, sobre todo. – dijo uno a su lado, de cabellos blancos.

- Ya hemos arriesgado demasiado, esto se nos ha escapado de las manos, creo que lo más sensato es cortar esto por el bien del clan y del Aratûre. – interrumpió Turhier. – Branda tiene muchos enemigos que están deseando que cometa un error y de esa manera no esperar al fin de su legislatura para sustituirla.

Hubo un silencio entonces, todos esperaban la resolución de ella, la dama sentada en el torno arbóreo. Sostenía un papel entre sus manos que había leido mientras los consejeros debatían. Alzó entonces la mirada y miró a cada uno de los congregados.

- Nuestro espía nos comunica que a Dâkosto ha llegado la noticia de que los Yondêneni están despareciendo de sus hábitats, en los altos de las cataratas. Un grupo de exploradores, entre ellos el General Tathâral, ha ido a investigar.

Los demás se miraron entonces sorprendidos.

- ¡Por Nensir! Esto no era previsible que ocurriera ¿no? – preguntó Brendêl, alarmado por la noticia.

De repente se escuchó un ruido detrás de las puertas. La alarma aumentó entonces en los ojos de los assanar allí reunidos. Se callaron entonces y el propio Brendêl, más cercano a la puerta, la abrió con cuidado y salió para investigar que era aquel ruido.

Regresó a los pocos minutos.

- No he encontrado a nadie, pocos son los despachos abiertos hoy, pues la mayoría de sacerdotes del consejo se hallan en los templos preparando la festividad de Estel.

- Espero que nadie haya estado espiando. Daremos por cerrada esta reunión. La decisión después de las noticias que nos han llegado del espía de Dâkosto es que hay que frenar este asunto. Enviaré a un emisario a Eglamar a advertir a Ramjakhîn de que ha ido más allá de lo pactado.

Todos asintieron y, tras hacer una reverencia, fueron saliendo del despacho de uno a uno. Brendêl volvió a mirar a los alrededores por si alguien había espiando pero toda investigación resultó negativa.

Escrito el 02-10-2007 00:45 #4

"Torpe, torpe, torpe... esto no es digno de ti. !Tropezar! ¡Por los Dioses... casi te descubren Dhara!" La sacerdotisa empezaba a respirar de nuevo con normalidad después del susto.

Cuando le pareció seguro, salió de su improvisado escondite. "A veces lo más cercano es lo más oculto" pensó "Una información muy interesante, Branda... seguiré atenta"

Con más calma de la que realmente sentía se dirigió hacia la salida del templo. Había sido una suerte llegar en el momento exacto en que se celebraba esa reunión...

[Editado por mothlaure el 02-10-2007 00:49]

Escrito el 03-10-2007 17:45 #5

Brendêl caminó en dirección a las afueras de las Aratamari dubitativo pensando en todo lo que se había hablado en la habitación, tenía la cabeza que le iba a estallar por lo que había decidido irse a descansar a su hogar. Traspasó el Taur hacia las salas exteriores cuando a lo lejos vio a una sacerdotisa andar hacia fuera. Era una assana, miembro del consejo, y su nombre era Dharaith o eso creía recordar.

”La amante de las estrellas, la llaman”.

Le llamó la atención que miraba hacia los lados así que la siguió.

Llegaron a las puertas de las altas estancias y ella volvió a mirar hacia los lados. Brendêl recordó el ruido que había escuchado tras las puertas, y si…

De repente, ella miró hacia atrás y lo vio.

”¡Maldición, se ha dado cuenta de que la estoy siguiendo!”

[Editado por aratir el 03-10-2007 17:49]

[Editado por aratir el 06-02-2009 21:01]

Escrito el 07-10-2007 17:03 #6

-Brendêl-saludó Dharaith, con una cortesía mucho mayor que la que le inspiraba el sacerdote, pero había que disimular, y eso a ella se le daba bien- ¿No es curioso encontrarnos aquí, justo hoy que todos los sacerdores están preparando la festividad? ¿No sientes que desatiendes tus obligaciones? Yo si, desde luego, pero debía consultar la biblioteca.-anadió señalando un libro que llevaba en los brazos y sonriendo de nuevo con tranquilidad.- ¿Qué te trae por aquí?

El sacerdote dudó unos momentos antes de responder, aparentemente agitado.

-Gestiones, tenía que hacer una gestiones. Branda me llamó....-demasiado, he dicho demasiado, pensó Brendêl

-Oh, debe ser un asunto importante si Branda reclamó tu ayuda un dia como este,... Se me hace tarde y he de llevar esto para la festividad, un placer hablar contigo, como siempre.-Dharaith se despidió y continuó su camino, con pasos relajados.

Escrito el 12-02-2008 16:27 #7

Días después, en el pequeño claro que dejaba la arboleda de las asambleas se congregaron más de una veintena de elfos. Se trataba de una asamblea extraordinaria del Aratûre, algo que no tenía lugar desde hacía mucho tiempo atrás. La asamblea de Crisis de los Yondeneni, como se vino a llamar, tuvo lugar dos semanas después del regreso de la expedición de Tathâral de los altos de las cataratas y varias semanas antes de que éste viajara en secreto a Tulkatumbo.

Una suave brisa soplaba aquel día de finales de verano zarandeando levemente las ramas de los árboles.

- Nidos arrasados, cuerpos mutilados y familias enteras de esta especie destrozadas por la mano del furtivo. Tardará mucho tiempo en que los yondêneni puedan recuperarse de la situación que han vivido en el último año.- expuso Nênlê Tauriel ante el Aratûre.

La joven domadora se retiró y dio paso a Tathâral. Se adelantó hasta el centro de la asamblea. Alrededor de él quedaron todos los assanar envueltos por el aroma de la pequeña arboleda de Taur, el claustro de las Aramatari. Estaban entre los asistentes Althira, la hermana de Tath, Ulwolo, el elfo que días antes Tath había visto hablando con Sûra Elhiarei, Aranarth, mentor de Northiêl y amigo de la familia de Dharaith, y la propia Dharaith.

- Mi compañía está rastreando todo el entorno de los hábitats de los dragones, pero parece que tras la última expedición no han vuelto a actuar los cazadores.- el general explicó bien los informes de su compañía y guardó silencio.

- ¿Y de dónde vienen estos cazadores furtivos?- preguntó el elfo llamado Aranarth, protector de la propia Northiêl.

- De algunas de las ciudades de los hombres del bosque.- respondió Ezirer.

- ¿Y cómo han sabido de estas criaturas? Guardamos celosamente la ubicación de los sagrados Altos de Nensir como para que un hombre cualquiera pueda saber esto…- añadió.

Tathâral vio entonces la oportunidad de responder y dar el golpe de gracia.

- ¿No es obvio? – preguntó en voz alta mientras todos le miraban sin entender.- Es evidente que alguien del propio consejo ha estado llevándoles hasta nuestros sagrados hábitats.

Hubo un silencio que apenas fue inmutado por el ruido que producía el viento ondeando sobre las hojas de los árboles. Tathâral buscó con la mirada a la sacerdotisa Dharaith, que días antes le había insinuado eso mismo en la taberna Todo Callejón. No había conseguido hablar con ella, pero aquellas palabras de ella le hizo pensar al sacerdote que ella sabía más de lo que parecía. Tath esperaba que Dharaith tomara uso de la palabra y dijera todo lo que sabía. Pero para su sorpresa fue la propia Branda la que habló.

-Nuestro querido general tiene razón.- consideró entonces ella. – Alguien de los aquí congregados ha permitido que suceda este hecho. – y se calló para dar paso a Turhier.

Y lo que Turhier informó sorprendió a todos, hasta incluso al propio Tathâral. No se esperaba que un allegado de Branda ofreciera un informe detallado que aclaraba que en verdad alguien había estado organizando la cacería ilegal a espaldas de la sociedad aldalânta. No obstante, el general percibió algo raro en todo aquello, quizás por las miradas que Branda realizaba alrededor. Le pareció que ella se mostraba nerviosa.

El assana Brendêl palideció cuando escuchó de boca de Turhier que una investigación secreta había descubierto documentos comprometedores para él mismo, y que todas las pruebas culpaban a Brendêl.

[Editado por aratir el 06-02-2009 21:47]

Escrito el 12-02-2008 16:30 #8

Branda volvió a hablar, pero esta vez gravemente sin atisbo de nervios en su rostro.

- Has traicionado el dogma del clan y las leyes sagradas de nuestra tierra, Brendêl. Tendrás un juicio justo, no obstante. Aunque desde hoy, creo que el resto de assanar estará de acuerdo conmigo, dejas vacante el tronco que ha pertenecido a tu linaje desde hace muchos yôri.

Un murmullo se extendió entre todos los assanar mientras Brendêl se sentía acorralado.

- ¡Mentira! Sabes que eso es…- balbució, pero entonces dos elfos de la guardia de las Aratamari apresaron al assana, mientras éste intentaba desembarazarse de ellos.

- Por favor, llevaoslo de aquí.- pidió entonces la balta mientras a gritos el sacerdote pedía que le dejaran hablar. Sin embargo, los guardias lo condujeron rápidamente de aquel lugar mientras el resto de sacerdotes intentaba digerir todo aquello.

- ¿En qué se hemos convertido nuestra sociedad?- preguntó entonces una voz armoniosa que se elevó entre todos los murmullos. Todas las miradas se giraron hacia un elfo de blancos cabellos y mirada límpida. Se trataba del mismo Emmârdin. – Un sacerdote permitiendo que los hijos de Nensir sean vulnerados de esta manera y un dogma que cada vez más se aleja del sentido original. Somos elfos no ruines orcos o toscos enanos. Espero que cuando acabe tu época, Branda, no tengamos que avergonzarnos en lo que nos hayamos convertido.

Tathâral notó una muesca de desagrado en el rostro de la balta ante las palabras de su antecesor. Nadie dijo nada, quizás reflexionando para sí mismo sobre las palabras del actual protector del Templo de Yenna. El bastón de Emmârdin brillaba entonces intensamente. Pasó algún tiempo antes que alguien volviera a hablar.

- Creo que es hora de buscar un sucesor en el aratûre para Brendêl, si todos están de acuerdo con que sea expulsado del mismo. – fue Aranarth el que habló.- Si no me equivocó Ezirer es primo de Brendêl y, por tanto, el miembro más viejo de su nôrê.

El general se giró sorprendido hacia el prócer de Dâkosto, desconocía en verdad el parentesco de Ezirer con Brendêl. No pudo contener una sonrisa cuando aquél le confirmó que era cierto, sin duda que el prócer formara parte del aratûre le resultaba bastante interesante a Tathâral.

Le dieron la palabra a Ezirer.

- No me honra ser familiar de aquel que ha cometido sacrilegio contra unos animales que son únicos en los hábitats del purificador. Siempre me he mantenido alejado de la política mientras que he administrado con dedicación el templo-cuartel aunque aquí en el aratûre aún sigáis viendo mal a los ainadâkar, que por otra parte han protegido las tierras de Galador en los años que las venimos habitando. Por ello, creo que ha llegado el momento que un ainadâka forme parte del aratûre, y quién mejor que el general de los ejércitos aquí presente.

Ezirer señaló a Tathâral mientras un murmullo se volvió a levantar entre los presentes. - Ezirer, el general no es parte de tu nôrê. Ya hay una represante del linaje de Tathâral en el Aratûre. - añadió Branda refiriéndose a Althira.

- Excelentísima balta. No estamos hablando de un aldalânta cualquiera, sino del primogénito del venerable balta antes de la caída del antiguo hogar. – y, dirigiendose al resto de assana y dando por zanjado el asunto, dijo. - En nombre de mi nôrê es mi deseo que el tronco de mi nôrê sea ocupado por Tathâral Âryon.

El interior del general expresaba en ese momento una mezcla de satisfacción y desconcierto al mismo tiempo, aunque su rostro apenas se mostró imperturbable. Su hermana Althira, por su parte, no podía disimular la alegría que aquello le producía. - Creo que no hay más que añadir al respecto. Sea entonces tu deseo, Ezirer. Bienvenido al Aratûre, Artadâko. – la felicitación de Branda fue fría aunque lo suficientemente cortés como se requería.

El atardecer estaba llegando a la pequeña arboleda del Taur. La balta levantó las manos en señal de que la asamblea había llegado a su fin mientras que un sacerdote deshacía el círculo trazado con una cuerda alrededor del claro de la arboleda. Una vez hecho esto, los assana fueron abandonando el lugar de forma pausada.

[Editado por aratir el 06-02-2009 21:43]

Escrito el 12-02-2008 22:50 #9

Ulwolo estaba tranquilo esperando que todos los demás assanar se retiraran.

Era obvio que el nombramiento del joven Tathâral no era del agrado de Branda.

-Aquello no estaba en los planes de aquella arpía- Susurró.

Por lo que le había hablado con Sura, tenía sus dudas sobre lo que había pasado con Brendel. No dudaba de su culpabilidad pero, el nerviosismo que expresaba la elfa desde que se había iniciado la ceremonia no pasaba desapercibida para el assanar, en especial después de las dudas de la ainadaka en su encuentro con los cazadores. Pero como siempre, Branda sabía mover muy bien las cartas y salía nuevamente libre de polvo y paja.

Observó por donde sacaron al destituido Assanar. De ninguna manera le hubiesen permitido defenderse…Maldita bruja…

Un extraño brillo afloró de sus ojos.

Paciencia… paciencia… –se dijo a si mismo y se retiró despacio tras el recién nombrado, Tatharal.

Escrito el 17-02-2008 01:21 #10

Mientras los últimos elfos se retiraban disfrutando de una acalorada conversación después de los hechos acaecidos – y cuyo resultado sería de comentarios durante mucho tiempo – alguien permanecía en las sombras, silenciosa como la muerte. Nadie sospechó su presencia, arreglándose lo bastante bien para presenciar hasta el final lo ocurrido en la reunión. Sura se había transformado en la mejor en su oficio.

Siempre en silencio, siguió los pasos de Branda, con las pupilas dilatadas, sopesando cual sería su próxima misión.

- Mis felicitaciones querida Branda… nuevamente saliste airosa de este mal paso.- dijo por fin como una brisa tras el tronco de un grueso avellano.

Branda a pesar de que estaba acostumbrada a aquellas interrupciones de la elfa, nunca dejaba de sentir que aquella se estaba transformando en un peligro a medida que aumentaban sus habilidades para pasar desapercibida. Sin hacer muestra de su inquietud miró disimuladamente a la elfa.

- Supongo que ya sabes lo que tienes que hacer.

Sura asintió.

Aquel assanar era un peligro en potencia para la posición de Branda. Si se caía de lengua, muchos estarían gustosos de cortar la cabeza de la actual líder. Lo que a ella le traía sin cuidado.

....

Aquella noche Brendêl caminaba impaciente en su encierro, un mal presentimiento rondaba su mente y con justa razón. Branda no dejaría cabos sueltos que terminaran inculpándola.

De repente una brisa le recorrió la espalda, y con nerviosismo, al girar, vio tras de él una figura encubierta en la sombra. Vestía una oscura capa cubriéndose el rostro por completo.

No había sentido ningún ruido que le indicara que alguien había abierto la vieja y resistente puerta de roble, con bisagras de hierro, y sin embargo estaba abierta y el desconocido estaba tan cerca de él que llegó a sentir el calor de su respiración.

- Si quieres librarte del destino que se te ha previsto, sígueme.

La voz era suave, una voz femenina, pero la forma en que dijo aquellas palabras le paralizaron de tal manera que se dio cuenta de su real situación tras sentir de lleno el puño de aquella en el rostro para luego ser empujado fuera de su celda.

Extrañamente no había ningún guardia, pero tras caminar en silencio algunos pasos, casi calló al tropezar con el cuerpo inerte de uno de los custodios a los pies de una vieja puerta semiabierta. La herida en la espalda había sido precisa, con una larga y delgada espada, subiendo por las costillas, atravesando el pulmón derecho, hasta asomar la hoja por la garganta.

Una fría mano lo tomó con fuerza del brazo y lo llevó dentro de la sala.

- Por lo general se quedan dos o tres custodios de noche, los que no tienen esposas e hijos- le dijo susurrando.

- Esta es la sala de guardia. Aquí es donde pernoctan cuando termina su turno nocturno, aunque a veces prefieren entretenerse de distinta manera - comentó la joven mientras indicaba con un ligero movimiento de cabeza en dirección de un camastro.

En el yacía dos cuerpos inertes, el del otro custodio enredado entre las piernas de una jovencita que ni siquiera había cumplido una mitad de siglo.

El elfo tenía un leve corte entre los omóplatos, pero tan profundo que había atravesado el corazón, y con tanta violencia que del mismo corte había asesinado a la jovencita. Brendel llegó a pensar que ni siquiera se habían dado cuenta cuando la muerte se rendía a sus ojos. Había sido una muerte rápida.

- A muchos le gustaría morir así - sonrió la elfa -. Ahora sácate la ropa.

El elfo quedó impertérrito ante las palabras de la elfa.

- ¡Cámbiate las malditas ropas, no creas que tengo deseos de ver su asqueroso cuerpo! – gruño la elfa mientra le lanzaba una gruesa túnica.

No fue necesario decir más, cambió sus lustrosas ropas, mientras la elfa sacaba el cuerpo del joven del camastro, le vestía con la túnica de brendel y a la jovencita vestía con las prendas del custodio antes de preparar el escenario, de una violenta batalla.

Brendel no daba crédito a lo que estaba sucediendo, y la curiosidad de su rostro aumentó al ver que la desconocida elfa se acercaba al cuerpo de la jovencita y le besaba la frente.

- Pobre diabla, el que estuviese aquí me facilitó las cosas.

- no va a resultar, ella no… comenzó a decir el elfo pero sus palabras quedaron cortadas al ver por fin los ojos de aquella mujer. - ¿Tú? - Susurró el elfo no dando crédito a lo que veía.

De los ojos de la elfa emanaba un odio indescriptible, y tras quedar completamente erguida, tomó y volteó una de las lámparas de aceite que estaban encendidas sobre unos pergaminos que se inflamaron en el acto. Las llamas surgieron en el acto consumiendo la mesa y luego sin ningún tipo de remordimiento, volteó con el riesgo de quemarse las manos, la mesa sobre los dos caídos.

Brendel entendió la treta, y sonrió aunque no supo si fueron de alivio, o de pavor.

Corrieron por los pasillos, hasta llegar a una ladera. En aquel lugar esperaba un caballo ensillado y con las alforjas llenas.

- No sigas la senda. Es más seguro que atravieses el bosque hasta la ciudad más cercana.

- Por que haces esto?

- Simple diversión -. Respondió estoicamente la elfa, pero Brendel no se confió del todo.

- No acostumbro a dejar a mis victimas con vida, pero tú me compensaste con tres vidas sabrosas, espero que la tuya lo valga -. Dijo con rudeza mientras volteaba y se alejaba del lugar con el mismo sigilo que el de una nube al desplazarse ante la luna.

Sura no pudo disimular un parpadeo de excitación al pensar en lo que ocurriría si branda llegase a enterarse de que Brendel seguía vivo, o por lo menos, vivo durante un periodo que no había estipulado.

Al final, tarde o temprano podría ocurrir. Lo dejaría vivo mientras ella así lo desease.

[Editado por auriga el 17-02-2008 01:25]