La edificación más emblemática y una de las más antiguas de Neitillot, en Galador, es el Palacio llamado Aratamari. Todo el complejo se aglutina en torno a un patio central o claustro conocido como el Taur. Debido al modo de construir original de los aldalântar, añadiendo habitaciones progresivamente, las salas y corredores que componen las Aratamari o Altas Estancias no guardan una disposición líneal sino que están dispuestos de modo aleatorio. Se hallan ubicadas en el ala este de la plaza Minnegarda en la ciudadela antigua de Neitillot, la Minnetollê.
Las Aratamari están rodeadas por una gran muralla maciza de color verdoso y grisáceo con almenas para resguardar a los defensores; no presenta apenas elementos decorativos. Presenta una imponente puerta hecha de un metal negro irreconocible de gran resistencia, encajada en unas jambas rectangulares y cuadradas en donde se encuentran suspendidas los emblemas de los aldalântar y cuyas hojas siempre están abiertas pero custodiadas por bastantes soldados; no existe otra puerta de acceso pero bajo las Altas Estancias hay un complejo de túneles que permitirían evacuarlas rápidamente, aunque su entrada está totalmente oculta y solo el Balta sabe donde está. Detrás de las murallas se alzan las Aratamari, con una composición anárquica, viéndola desde el exterior, pero proporcionada que se integra en el medio gracias al color, semejante al de las murallas, y que se encuentran sencillamente adornadas por estandartes, ventanales y balcones, impidiendo adivinar lo que hay en su interior. Todo está rodeado por unos jardines salpicados por pequeñas acequias que llevan agua y permiten relajarse. La entrada principal es una imponente puerta de madera con una gran profusión decorativa vegetal y acuática y de extrema resistencia, delante de ella montan guardia soldados que controlan a todo aquel que entra en las Altas Estancias.
Detrás de la Puerta hay un corredor ascendente decorado con motivos geométricos muy elaborados y complejos, coloreados con azules y verdes, lleva, en primer lugar, a la Sala de las Hojas Dobles (del símbolo grabado en las paredes), la Lassûmar, donde se encuentran algunas columnas con motivos arbóreos de culto, de forma que el fuste quedaba casi tapado por ramas de las cuales nacían hojas salpicadas con rocío, y que da entrada a una amplia sala iluminada, la Sala de Audiencias o Khotsêmar por unos agujeros de forma estrellada por donde el sol entraba a raudales, salpicando todo el techo pintado de azul cielo. Aquí el Balta recibe a los embajadores extranjeros sentado en un delicado trono de piedra de bajo respaldo en el que se había tallado el emblema de los aldalântar, habiendo detrás un impresionante fresco en el que se pintaban las cataratas con gran realismo y en donde, y con gran disimulo, se había dibujado de forma difusa la figura de un hombre, una alegoría de Nensir; una sala de gran importancia en donde se han firmado numerosos tratados, se han forjado alianzas y se han declarado guerras.
Una puerta de madera tallada al sur de la sala lleva a un corredor, decorada con una cenefa a media altura quedando la parte inferior de verde oscuro y la parte superior blanca, que conduce a una nueva sala, la Sala de las Frescos, o Nyarîmar, donde se hallan los frescos más conocidos, los Kemennyarî o frescos de la tierra, aquí se representa un bosque con gran vistosidad, por su iluminación parecía mediodía de un día de primavera, y su precisión le daba una sensación de profundidad, pero sin duda lo que más llamaba su atención era la presencia, de nuevo ocultada, de una mujer oculta en las ramas de los árboles, y, al otro lado, está el Liltawennyarî o fresco de la danzarina, en el que siguiendo con la decoración vegetal de la sala se había representado un claro en el que se veía danzando una mujer elfa, de un pelo asombrosamente negro, con los ojos cerrados y llevando una delicada túnica de color añil vaporoso, su realismo es tal que más de uno pensaba que lo que veía era real. En esta sala tenían lugar las celebraciones a las que asistían representantes extranjeros, quedándose asombrado por la sutileza de los artesanos al realizar huecos hábilmente disimulados para colocar lámparas aromáticas.
En el centro de Aratamari se encuentra el Taur, un claustro en cuyo centro se encuentra un exuberante jardín donde hay plantados una inmensa variedad de árboles y arbustos, dejados crecer de forma salvaje y surcados por pequeños riachuelos de pequeño recorrido; un pequeño bosque situado en el corazón de las Altas Estancias con pequeños claros y cúpulas de hojas que dan una agradable sensación para quienes quieren perderse por sus caminos.
De aquí sale una puerta que permite el acceso a un pequeño patio llamado Ellenkî (“las estrellas”), por los grabados en el muro, representando exactamente como se encontraba el cielo en la primera noche en la que los aldalântar contemplaron las cataratas Nensir por primera vez, y en cuyo centro se halla la famosa estatua de marfil conocida como “El Acróbata”; además de aquí destacan cuatro fuentes muy ingeniosas pues tienen el aspecto de cuatro personas que sostienen cada uno un cántaro de donde sale agua, que va a parar de nuevo al lago.
Alrededor de este patio se hallaba el Tûrândrakwê (“edificio de poder”) un espacio compartimentado en forma de despachos para uso exclusivo de los miembros del consejo, los Assanar. Más al este y con las cataratas viéndose a través de grandes ventanales, decorado el marco con apariencia de rocas tapadas por helechos, se halla un pasillo que lleva hasta otras escaleras, hasta el Palacio del Balta.
El Palacio del Balta, o Baltârmar (contracción de Baltatârômar) es un edificio muy singular al cual muy pocos pueden acceder, considerada por los que la visitan como un palacio que par no tiene. La entrada es un arco oculto por motivos florales que caían pareciendo que llueve flores. Inmediatamente se da acceso a un patio porticado de forma rectangular por uno de los lados menores. El patio, conocido como Ehtepadê, cuenta con una fuente central compuesta por dos tazas, una encima de otra, la de arriba era de un tamaño pequeño y de media naranja de la que brota agua que cae formando una cascada sobre otra taza mayor con forma octogonal sustentada por raíces, exactamente doce, como si fuera el tocón de un árbol cortado, por donde brota el agua de nuevo; hay frondosos naranjos, dando al patio un especial olor en primavera, y arbustos olorosos situados de forma simétrica.
El pórtico que rodea el patio está compuesto por una arcada de arcos de medio punto cubiertos por adornos de forma cónica, pareciendo estalactitas que rezuman agua todavía, y sustentados por columnas de formas arbóreas, siendo el capitel la copa de un árbol con sus hojas talladas; de esa forma el pasillo formado parece un bosque regado por una fina lluvia que no deja de caer pero que es agradable, por lo que se le conocía como Taurbatâ, el Camino del Bosque.
Enfrente de la entrada, en el otro lado menor del patio, se encuentra el Baltômar, la Sala de los Baltar, una espaciosa Sala de forma ortogonal donde se encuentra el verdadero centro de poder. La entrada la franquea un arco cuyas columnas son dos árboles y sus ramas tapan el arco con sus hojas. Enfrente de la entrada, pegando casi al fondo, está el Trono, bellamente labrado a partir de un árbol y mostrando los anillos de forma simétrica, en el respaldo se había tallado el emblema del clan con gran realismo. Rodeándolo un prodigio de la arquitectura y la ingeniería, pues detrás del Trono se habían recreado las Cataratas de Nensir. Los escultores habían tallado las paredes con la forma de los acantilados y por secretos agujeros manaba el agua de forma abundante, precipitándose hacia un pequeño estanque que hay debajo tapado por un delicado y pequeño muro que lo contiene, evitando que salpique y, a la vez, provocando una ligera niebla y un sonido agradable; luego el agua que cae sa llevada por cañerías a la fuente del patio y de allí una parte se dedica a regar los jardines y la mayor parte vuelve al lago. Las paredes de la sala están decoradas con árboles, imitando al primigenio bosque que rodeaba el lago Naltâ y el suelo está compuesto por losas azuladas y grisáceas, recordando las aguas del lago. De esa forma la Sala de los Balta hace presente como era la zona cuando la contemplaron por primera vez los aldalântar siento el Trono la alegoría del poder de los aldalântar sobre la zona y el mobiliario las islas de la capital.
En el lado derecho estaba la Sala del Festival o Merênmar; con una entrada cubierta por árboles da acceso a una espaciosa sala muy luminosa donde se celebran las fiestas y los festivales convocados por el Balta de forma privada al que no pueden acceder extranjeros. El suelo cuenta con una suave alfombra de color verde cuya textura recuerda a la hierba fresca. En el fondo hay una fuente empotrada de tamaño mediano y de forma escalonada, así el agua que brota se desplaza formando una escalera con pequeñas caídas; después esa agua es devuelta al lago. Las paredes están decoradas con motivos vegetales y pequeños hueco donde colocar linternas para cuando sea de noche, utilizándose velas perfumadas para transmitir la sensación de contacto con la naturaleza. Luego el techo se cubre con finas telas grises y azules, recordando un cielo nublado.
En el lado izquierdo se sitúan las dependencias privadas del Balta, las Baltamari, ocultas por unos velos cuyos bordados recuerdan a las hojas de los árboles cubiertas por el rocío. Dentro hay varias estancias articuladas alrededor de un pasillo austero. A un lado están los baños, una sala mediana recubierta con un alicatado azul oscuro y elementos marinos, como si se estuviera dentro del lago, de aquí destaca una gran bañera de color blanco por dentro que cuenta con un invento muy original, pues para no desperdiciar agua se han diseñado unas válvulas para permitir el acceso regulado del agua según se necesite. Al otro lado están las habitaciones del Balta, en la que destaca el dormitorio de éste, una cómoda estancia pero pequeña cuya decoración era básicamente geométrica destacando la figura de las estrellas.
