Al pie de las Órenáro, protegido por un río tranquilo, se encuentra un pequeño valle. Allí se alza la capital del Norë rá Rilmalotsë: Nimost, La Fortaleza Blanca.
Nurin fundó la ciudad en el año 26 de la segunda edad, aunque en ese entonces se llamaba Ninquelotë y aún no tenía el tamaño de una ciudad. En el aniversario de la fundación de la ciudad, se celebra una fiesta sin igual que dura todo el día y culmina con un discurso por parte del rey. Ese día, la línea que define los excesos retrocede un par de centímetros para hacer de la ocasión algo especial.
Todas las estructuras son de un blanco resplandeciente, hechas de un particular mineral que no pierde su color con el tiempo. Las calles empedradas siguen un patrón circular que facilita el transporte, ya que la actividad principal es el comercio. Las casas no se diferencian mucho unas de otras, excepto quizá por el número de pisos que tiene cada una; la mayoría de los Rillië vive en los pisos superiores y manejan sus negocios en la planta baja. Lo más abundante son las plazas, en donde se concentran los mercaderes que vienen de las montañas o del bosque. Por lo contrario, no hay tantos monumentos ni cosas por el estilo; el más importante es una estatua, de tamaño natural, de Nuor que mira la puerta Oeste de la ciudad.
Con el tiempo y el crecimiento de la población, la ciudad adquirió una forma circular. Turatan aprovechó esa forma para mandar a construir las murallas blancas que protegen la ciudad, dejando una entrada en cada punto cardinal. Los imponentes muros están coronados por torres de vigilancia donde las puertas circulares permiten la entrada o salida de personas. Sin embargo, las murallas no están cerca de las casas; se dejó un espacio vacío entre ambas para que los habitantes no se sintieran encerrados.
Turatan también mandó a construir el Palacio de Plata, un castillo ubicado en el centro de la ciudad. Hecho de piedra blanca como todo lo demás, está formado por tres torres principales, de las cuales, la más alta posee un enorme balcón de plata con la forma de un águila abriendo sus alas. Adentro, está la biblioteca más importante del reino, donde se guardan volúmenes muy antiguos y valiosos documentos. El Palacio es vivienda del rey, de los representantes de las varias aldeas de reino y de algunos miembros de la Orden de Templarios de Morr.
En la ciudad la vigilancia es muy pesada. Los cuarteles del ejército se encuentran en un amplio edificio muy cerca de La Puerta Norte, aunque en todas las puertas descansa una gran cantidad de soldados. En las calles, en cambio, patrullan los miembros menos experimentados de la Orden de Morr; los de habilidades reconocidas por el rey o por Orostalion forman parte de su propia guardia, aunque, su nivel, sigue siendo “carne de cañón” para la Orden.
Uno de los aspectos más peculiares de la ciudad son los misteriosos arcos que se alzan cerca de las plazas más frecuentadas. Tienen el tamaño de una puerta normal y runas inscritas en los bordes. Quien se aproximara a su interior vería una escalera de caracol que bajaba hasta las profundidades de la tierra. Pero acercarse no es una opción después de que el rey Turvirin prohibiera su entrada bajo pena de muerte.
