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Cuelgo aqui todo lo dicho en el foro publico
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Cuando el joven avistó una luz a lo lejos, al sur, titilante entre la tormenta de viento y arena, no pudo evitar suspirar de alivio. Aunque Athran ya conocía al desierto, con sus riquezas y sus traiciones —y se había encariñado de él—, no podía evitar aliviarse cuando avistaba, en medio de una furia como la que se agitaba sobre él, una posada o un refugio.
Sobre la armadura de Guardián de los Muertos vestía para aquella ocasión una larga capa ocre, gastada por el trayecto —le habían enviado en misión al norte, como tantas otras veces— y unas gruesas gafas que impedían la entrada de arena en sus ojos. El invento, ideado en Varendia por los artesanos vidrieros, había supuesto una auténtica revolución. Al menos así era para Athran. Quizá los aguerridos hombres del desierto no necesitaran de aquellos lujos en sus viajes, pero él, no tan acostumbrado a aquellos lugares, detestaba que una sola pizca de arena se colara en sus ojos.
De modo que llegó a Ahil-Sala en medio de la noche, cuando ya la tormenta había amainado. Observó una hoguera cerca de la casa del centro del oasis, donde algunos nómadas —era imposible no darse cuenta que lo eran: sus trajes eran inconfundibles— cantaban y reían. Pasó de largo, inclinando la cabeza como señal de saludo, y entró en la posada. Los varantes no suelen utilizar puertas; las telas y alfombras colgadas del arco de la entrada son suficientes.
De modo que ya desde fuera oyó el barullo del interior. Aunque los varantes son bulliciosos y alegres en su vida pública y social, las posadas y comercios siempre se mantienen sorprendentemente limpios.
Al entrar, se quitó la capa para estar más a gusto; se arrepintió al instante. Olvidaba con regularidad las ropas que llevaba, pero cuando la gente del interior se dio cuenta de que era un Guardián de los Muertos, le miraron y todos a uno hicieron la señal de respeto típica de los varantes. El joven no pudo sentirse más abochornado. Su único consuelo lo supusieron los extranjeros, pues no hicieron el saludo: no estaban familiarizados en las costumbres de los varantes, de modo que era normal.
Salió después de escuchar las novedades y rumores en el país —era buen amigo del posadero— y alquilar una habitación. Se fijó de nuevo en los nómadas, que cantaban con solemnidad, algunos con instrumentos en las manos, y no pudo evitar sonreír. Magnetizado, se sentó junto a los demás para escuchar la música.
—De vuelta en casa... —suspiró. Entonces se fijó en alguien y frunció el ceño—. ¡Eh! ¡Yo a ti te conozco!
Thirian
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Entre un grupo de chiquillos nómadas, cada uno de ellos con un instrumento distinto, flautas, basilets o pequeños tambores. Sobresalía una figura familiar, que se encontraba afinando un pequeño basilet. Cuando hubo acabado su pequeño dueño.
-Ahora desde el principio – Dijo Shamal – Tomo su basilet, y empezó a tocar unas simples notas, a lo que la improvisada banda le siguió segundos después.
La melodía sonó lenta, poco armonioso y desafinado, incluso un poco irritante para los que se encontraban en la posada y ya habían perdido la cuenta de los intentos de los chiquillos.
Shamal les dedico un amplia sonrisa – Vamos mejorando, pero creo que por hoy ya hemos practicado bastante – Aquellas palabras causaron una profundo alivio en los allí presentes.
Los chiquillos se levantaron desordenadamente, le dieron las gracias y salieron en estampida de la posada, para desgracia de algún oído sensible, tocando desafinadamente algunas notas.
Escucho una voz familiar, y alzo la vista, reconociendo al joven que se encontraba a escasos metros de él; tomo su basilet y entono unas notas solemnes.
Cual es el terror de la muerte,
Morir sabiendo que nuestro trabajo queda incompleto.
Cual es el gozo de la vida,
Morir sabiendo que hemos cumplido nuestra misión.
-Bienvenido al oasis de Ahil-sala, Athran – dejo su basilet apoyado contra uno de los postes que aguantaban la tienda, y le dedico un saludo.
¿Podrías darme unas monedas? – Preguntó Shamal.
¡¿Unas monedas?! – dijo desconcertado - ¿Después de tanto tiempo sin verme solo se te ocurre pedirme dinero?
Shamal se acercó – Son para una buena causa, esos niños necesitan instrumentos nuevos, y tanto el senado como Dehni Vharasda estaran encantados de donar unas monedas. – Dijo sonriendo – Aun les queda mucho camino por andar pero son jóvenes.-
Athran frunció el ceño, y rebusco unas monedas entre sus pertenencias
– Vamos alguien tan importante como tu seguro que puede hacer una aportación más generosa - Después le entrego 10 monedas.
-Gracias - respondió Shamal - harás a los niños muy felices –
Atrhran le tomo la mano derecha – ¿Y con la moneda que te guardas, que haras ? -
Shamal abrió la palma de la mano y no había nada – Mientras pasaba la moneda entre los dedos de su mano izquierda le dijo – Por tu generosidad los niños y yo te invitamos a un te de menta con miel.
perce
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Athran sonrió y dio la mano —ya vacía de monedas— a su antiguo amigo.
— ¿Qué tal por aquí? ¿Estás de paso o en... viaje de negocios?—preguntó el Guardián de los Muertos con picardía.
— Yo siempre ambas cosas—respondió Shamal con una sonrisa.
— Y dime, ¿qué noticias hay por aquí? ¿Ha ocurrido algo interesante en los últimos días? Ah, claro, pero si me lo cuentas hazlo con una canción...
Athran sonrió.
Thirian
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Shamal se quedo unos instantes pensativo. Tomo el basilet, pulso sus cuerdas haciendo sonar una dulce melodía, después canto:
Por Audrant, las mujeres y el esplendor del amor
Aquí estamos divirtiéndonos sin miedo, ni temor!
Trovador!!, Trovador!!, cántame otra canción,
Por Audrant, las mujeres y el esplendor del amor!
Tras varios acordes más, la canción acabo.
-Pronto los nómadas celebraran su reunión anual, estoy esperando a los Azab para acompañarles; es una ocasión única para conocer a otros Fâtin al Nadeem y poder compartir mis conocimientos con las nuevas generaciones. - Comento Shamal.
- ¿Y tu querido amigo, en alguna misión del senado? - ¿Por cierto esos cristales que llevas atados al cuello, algún amuleto? -preguntó intrigado.
Perce
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La puerta de la posada se abrió suavemente, dejando ver la figura del nuevo visitante. Era una figura alta y esbelta, iba embozada en una larga capa de tela marrón con la capucha echada sobre la cabeza, aunque debajo se entreveían ropas verdes. El visitante avanzó hacia la barra, donde los dos humanos charlaban distendidamente, se quitó la capucha y se desanudó la capa, dejando ver un rostro de rasgos afilados y orejas puntiagudas, con una larga cabellera que le caía por la espalda, recogida en un gruesa trenza. Era un elfo. El elfo dejó la capa encima de un taburete cercano, revelando así su extraño atuendo para aquellas tierras. Vestía una túnica larga de color verde oscuro, sin mangas y abierta a ambos lados de las piernas, revelando así unos brazos fibrados colmados de tatuajes con extraños símbolos curvilíneos. Vestía también pantalones y botas de cuero, y llevaba en los brazos unos brazaletes de cuero tachonado y repujados. A la cintura se ceñía un grueso cinturón de cuero con la parte delantera en forma romboidal, decorado con intrincadas filigranas doradas, y en el centro del rombo una gran espiral dorada, símbolo que también llevaba en una amuleto metálico al cuello. Portaba también un arco y un carcaj al hombro y una cimitarra a la cintura. Pero lo más extraño era el extraordinaro ejemplar de halcón que llevaba en su hombro izquierdo, el cual parecía observarlo todo...y también comprenderlo todo.
-Yenna esté con vosotros señores- dijo el elfo, con una sonrisa un tanto forzada, a los dos humanos que había en la barra- ¿Cuál es la bebida que se toma por estos lares?
Encalion
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Athran observó al recién llegado, interesado.
— No se ven muchos elfos por aquí —dijo—; el desierto no es el lugar más demandado para pasar las vacaciones, y menos por un amante de los bosques —aclaró.
— ¿Qué le damos de beber, Shamal? —preguntó entonces, mirando a su amigo. El músico sonrió con malicia.
— Prueba con el Jar'vash —sugirió. Athran arqueó las cejas y soltó una carcajada.
— No queremos matarle tan pronto, hombre. Bueno, veamos; los varantes tomamos tres bebidas fundamentalmente. Uno muy típico es el té de menta, al que le podemos añadir miel, semillas... lo que te parezca. Aquí lo llamamos Borzhaj. También hacemos un licor con dátiles, que por aquí no sobran; los fermentamos y nos lo bebemos. A mí me gusta mucho, pero tiene un sabor un tanto... peculiar.
— Yo no te lo aconsejo —opinó Shamal. Athran rió.
— A esa bebida la conocemos por Karna. Por último... bueno, en fin, yo no te lo aconsejo... —Athran dudaba en si debía decírselo o no—. El Jar'vash. Es la bebida más fuerte de Al'Varant, y muy poco apropiada para los estómagos ajenos. La fabricamos... bueno, con veneno de escorpión. No es mortal ni nada por el estilo, tranquilo (aunque los elfos son inmunes a esas cosas, segun he oído), pero podrías estar con dolor de estómago un mes. Respecto a las alucinaciones... si resistes bien, con una semana ya se te irán pasando.
— Es tu decisión.
thirian
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-Veo que estáis poco familiarizados con nuestro pueblo, los elfos aldalântar- dijo el elfo, irónicamente-. Pues sino, sabríais que nosotros vivimos en comunión con la naturaleza y sus espíritus, y todo lo que provenga de ella es bueno para nosotros, así que...¡venga una jarra de karna! Y servíos otra para vosotros, invito yo, a no ser que no os apetezca...- dijo el elfo, con una media sonrisa.
encalion
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Shamal muestra el vaso.
-Yo prefiero no mezclar - Shamal sonrio - continuare con mi te de menta con miel. Aun así, si que añadire una gotitas de Jar'vash, para potenciar su sabor.
-El Jar'vash, es la bebida de los que han sufrido algun desengaño amoroso, hace olvidar muchas penas..
Shamal toma el basilet, tocando unos acordes más tristes...
Una copa más te brindo al despedirnos,
una copa más que nos hará olvidar.
Una copa más, tal vez un poco amarga
por nuestro gran cariño que nunca volverá, una copa más.
Es la ley de la vida el nacer y morir.
Nuestro amor fue tan grande y dejó de existir.
Una copa más, tal vez un poco amarga
por nuestro gran cariño que nunca volverá, una copa más.
-Y creo que dejare a un lado el basilet .y las canciones .... - Shamal sonrio -
Shamal levanto el baso, - Por larga que sea la noche, siempre merece la pena esperar un nuevo amanecer...
perce
[Editado por percebal el 24-08-2007 11:39]
[Editado por percebal el 24-08-2007 11:40]