La Guerra de los Clanes

Oasis De Ahil-sala

Escribiéndose...
Escrito el 24-08-2007 00:16 #1

Bienvenidos viajeros al Oasis de Ahil-sala.

El Oasis de Ahil-Sala, al norte de Al'Varant, es un lugar bello y tranquilo. Su fertilidad y belleza en medio de un interminable mar de arena supone un contraste ante el que pocos pueden resistirse. Ahil-Sala es especialmente florido y fértil, de modo que entre su vegetación tropical ha prosperado una pequeña comunidad, alrededor de una edificio de piedra —del color de la tierra, según el estilo arquitectónico típico de Al'Varant— que hace las veces de posada y albergue. Los nómadas no construyen, pues el único suelo que conocen son sus alfombras y el único techo, las tiendas de campaña que ellos mismos fabrican con las pieles de los animales de la sabana; mas, el gran tráfico de viajeros desde todos los rincones —especialmente extranjeros desde las selvas del norte y varantes del sur— y la capacidad innata de los varantes de plantar cara a las situaciones adversas han posibilitado que años atrás algunos mercantes de Varendia construyeran allí su pequeña comunidad comercial.

Y allí, los traficantes de dátiles, vidrio y alfombras, ofrecían un reposo para aquellos valientes que osaran aventurarse por el desierto.

Los peregrinos del desierto



Nosotros, los peregrinos del desierto

-con los cuerpos temblando en sus contornos-

nuestras sombras nos preceden en la marcha

en su velada difusa

el desierto tiene sed

el horizonte está tan próximo

el horizonte está por todas partes

el horizonte de la sed

nosotros, los peregrinos del desierto

-nos llama el horizonte de la sed –

los ecos preceden nuestras voces secadas

las sombras se vuelven sobre sí-mismas

ecos-caos que se vuelve sobre sí-mismo

la luz se concentra

borra las sombras

las voces se concentran

borran los ecos

queda el eco de la luz

la sombra de la voz

inmensa vocal átona - desierto



De Marlena Braester

[Editado por percebal el 24-08-2007 11:39]

Escrito el 24-08-2007 00:23 #2

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Cuelgo aqui todo lo dicho en el foro publico

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Cuando el joven avistó una luz a lo lejos, al sur, titilante entre la tormenta de viento y arena, no pudo evitar suspirar de alivio. Aunque Athran ya conocía al desierto, con sus riquezas y sus traiciones —y se había encariñado de él—, no podía evitar aliviarse cuando avistaba, en medio de una furia como la que se agitaba sobre él, una posada o un refugio.

Sobre la armadura de Guardián de los Muertos vestía para aquella ocasión una larga capa ocre, gastada por el trayecto —le habían enviado en misión al norte, como tantas otras veces— y unas gruesas gafas que impedían la entrada de arena en sus ojos. El invento, ideado en Varendia por los artesanos vidrieros, había supuesto una auténtica revolución. Al menos así era para Athran. Quizá los aguerridos hombres del desierto no necesitaran de aquellos lujos en sus viajes, pero él, no tan acostumbrado a aquellos lugares, detestaba que una sola pizca de arena se colara en sus ojos.

De modo que llegó a Ahil-Sala en medio de la noche, cuando ya la tormenta había amainado. Observó una hoguera cerca de la casa del centro del oasis, donde algunos nómadas —era imposible no darse cuenta que lo eran: sus trajes eran inconfundibles— cantaban y reían. Pasó de largo, inclinando la cabeza como señal de saludo, y entró en la posada. Los varantes no suelen utilizar puertas; las telas y alfombras colgadas del arco de la entrada son suficientes.

De modo que ya desde fuera oyó el barullo del interior. Aunque los varantes son bulliciosos y alegres en su vida pública y social, las posadas y comercios siempre se mantienen sorprendentemente limpios.

Al entrar, se quitó la capa para estar más a gusto; se arrepintió al instante. Olvidaba con regularidad las ropas que llevaba, pero cuando la gente del interior se dio cuenta de que era un Guardián de los Muertos, le miraron y todos a uno hicieron la señal de respeto típica de los varantes. El joven no pudo sentirse más abochornado. Su único consuelo lo supusieron los extranjeros, pues no hicieron el saludo: no estaban familiarizados en las costumbres de los varantes, de modo que era normal.

Salió después de escuchar las novedades y rumores en el país —era buen amigo del posadero— y alquilar una habitación. Se fijó de nuevo en los nómadas, que cantaban con solemnidad, algunos con instrumentos en las manos, y no pudo evitar sonreír. Magnetizado, se sentó junto a los demás para escuchar la música.

—De vuelta en casa... —suspiró. Entonces se fijó en alguien y frunció el ceño—. ¡Eh! ¡Yo a ti te conozco!

Thirian

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Entre un grupo de chiquillos nómadas, cada uno de ellos con un instrumento distinto, flautas, basilets o pequeños tambores. Sobresalía una figura familiar, que se encontraba afinando un pequeño basilet. Cuando hubo acabado su pequeño dueño.

-Ahora desde el principio – Dijo Shamal – Tomo su basilet, y empezó a tocar unas simples notas, a lo que la improvisada banda le siguió segundos después.

La melodía sonó lenta, poco armonioso y desafinado, incluso un poco irritante para los que se encontraban en la posada y ya habían perdido la cuenta de los intentos de los chiquillos.

Shamal les dedico un amplia sonrisa – Vamos mejorando, pero creo que por hoy ya hemos practicado bastante – Aquellas palabras causaron una profundo alivio en los allí presentes.

Los chiquillos se levantaron desordenadamente, le dieron las gracias y salieron en estampida de la posada, para desgracia de algún oído sensible, tocando desafinadamente algunas notas.

Escucho una voz familiar, y alzo la vista, reconociendo al joven que se encontraba a escasos metros de él; tomo su basilet y entono unas notas solemnes.



Cual es el terror de la muerte,

Morir sabiendo que nuestro trabajo queda incompleto.

Cual es el gozo de la vida,

Morir sabiendo que hemos cumplido nuestra misión.

-Bienvenido al oasis de Ahil-sala, Athran – dejo su basilet apoyado contra uno de los postes que aguantaban la tienda, y le dedico un saludo.

¿Podrías darme unas monedas? – Preguntó Shamal.

¡¿Unas monedas?! – dijo desconcertado - ¿Después de tanto tiempo sin verme solo se te ocurre pedirme dinero?

Shamal se acercó – Son para una buena causa, esos niños necesitan instrumentos nuevos, y tanto el senado como Dehni Vharasda estaran encantados de donar unas monedas. – Dijo sonriendo – Aun les queda mucho camino por andar pero son jóvenes.-

Athran frunció el ceño, y rebusco unas monedas entre sus pertenencias

– Vamos alguien tan importante como tu seguro que puede hacer una aportación más generosa - Después le entrego 10 monedas.

-Gracias - respondió Shamal - harás a los niños muy felices –

Atrhran le tomo la mano derecha – ¿Y con la moneda que te guardas, que haras ? -

Shamal abrió la palma de la mano y no había nada – Mientras pasaba la moneda entre los dedos de su mano izquierda le dijo – Por tu generosidad los niños y yo te invitamos a un te de menta con miel.

perce

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Athran sonrió y dio la mano —ya vacía de monedas— a su antiguo amigo.

— ¿Qué tal por aquí? ¿Estás de paso o en... viaje de negocios?—preguntó el Guardián de los Muertos con picardía.

— Yo siempre ambas cosas—respondió Shamal con una sonrisa.

— Y dime, ¿qué noticias hay por aquí? ¿Ha ocurrido algo interesante en los últimos días? Ah, claro, pero si me lo cuentas hazlo con una canción...

Athran sonrió.

Thirian

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Shamal se quedo unos instantes pensativo. Tomo el basilet, pulso sus cuerdas haciendo sonar una dulce melodía, después canto:



Por Audrant, las mujeres y el esplendor del amor

Aquí estamos divirtiéndonos sin miedo, ni temor!

Trovador!!, Trovador!!, cántame otra canción,

Por Audrant, las mujeres y el esplendor del amor!

Tras varios acordes más, la canción acabo.

-Pronto los nómadas celebraran su reunión anual, estoy esperando a los Azab para acompañarles; es una ocasión única para conocer a otros Fâtin al Nadeem y poder compartir mis conocimientos con las nuevas generaciones. - Comento Shamal.

- ¿Y tu querido amigo, en alguna misión del senado? - ¿Por cierto esos cristales que llevas atados al cuello, algún amuleto? -preguntó intrigado.

Perce

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La puerta de la posada se abrió suavemente, dejando ver la figura del nuevo visitante. Era una figura alta y esbelta, iba embozada en una larga capa de tela marrón con la capucha echada sobre la cabeza, aunque debajo se entreveían ropas verdes. El visitante avanzó hacia la barra, donde los dos humanos charlaban distendidamente, se quitó la capucha y se desanudó la capa, dejando ver un rostro de rasgos afilados y orejas puntiagudas, con una larga cabellera que le caía por la espalda, recogida en un gruesa trenza. Era un elfo. El elfo dejó la capa encima de un taburete cercano, revelando así su extraño atuendo para aquellas tierras. Vestía una túnica larga de color verde oscuro, sin mangas y abierta a ambos lados de las piernas, revelando así unos brazos fibrados colmados de tatuajes con extraños símbolos curvilíneos. Vestía también pantalones y botas de cuero, y llevaba en los brazos unos brazaletes de cuero tachonado y repujados. A la cintura se ceñía un grueso cinturón de cuero con la parte delantera en forma romboidal, decorado con intrincadas filigranas doradas, y en el centro del rombo una gran espiral dorada, símbolo que también llevaba en una amuleto metálico al cuello. Portaba también un arco y un carcaj al hombro y una cimitarra a la cintura. Pero lo más extraño era el extraordinaro ejemplar de halcón que llevaba en su hombro izquierdo, el cual parecía observarlo todo...y también comprenderlo todo.

-Yenna esté con vosotros señores- dijo el elfo, con una sonrisa un tanto forzada, a los dos humanos que había en la barra- ¿Cuál es la bebida que se toma por estos lares?

Encalion

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Athran observó al recién llegado, interesado.

— No se ven muchos elfos por aquí —dijo—; el desierto no es el lugar más demandado para pasar las vacaciones, y menos por un amante de los bosques —aclaró.

— ¿Qué le damos de beber, Shamal? —preguntó entonces, mirando a su amigo. El músico sonrió con malicia.

— Prueba con el Jar'vash —sugirió. Athran arqueó las cejas y soltó una carcajada.

— No queremos matarle tan pronto, hombre. Bueno, veamos; los varantes tomamos tres bebidas fundamentalmente. Uno muy típico es el té de menta, al que le podemos añadir miel, semillas... lo que te parezca. Aquí lo llamamos Borzhaj. También hacemos un licor con dátiles, que por aquí no sobran; los fermentamos y nos lo bebemos. A mí me gusta mucho, pero tiene un sabor un tanto... peculiar.

— Yo no te lo aconsejo —opinó Shamal. Athran rió.

— A esa bebida la conocemos por Karna. Por último... bueno, en fin, yo no te lo aconsejo... —Athran dudaba en si debía decírselo o no—. El Jar'vash. Es la bebida más fuerte de Al'Varant, y muy poco apropiada para los estómagos ajenos. La fabricamos... bueno, con veneno de escorpión. No es mortal ni nada por el estilo, tranquilo (aunque los elfos son inmunes a esas cosas, segun he oído), pero podrías estar con dolor de estómago un mes. Respecto a las alucinaciones... si resistes bien, con una semana ya se te irán pasando.

— Es tu decisión.

thirian

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-Veo que estáis poco familiarizados con nuestro pueblo, los elfos aldalântar- dijo el elfo, irónicamente-. Pues sino, sabríais que nosotros vivimos en comunión con la naturaleza y sus espíritus, y todo lo que provenga de ella es bueno para nosotros, así que...¡venga una jarra de karna! Y servíos otra para vosotros, invito yo, a no ser que no os apetezca...- dijo el elfo, con una media sonrisa.

encalion

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Shamal muestra el vaso.

-Yo prefiero no mezclar - Shamal sonrio - continuare con mi te de menta con miel. Aun así, si que añadire una gotitas de Jar'vash, para potenciar su sabor.

-El Jar'vash, es la bebida de los que han sufrido algun desengaño amoroso, hace olvidar muchas penas..

Shamal toma el basilet, tocando unos acordes más tristes...



Una copa más te brindo al despedirnos,

una copa más que nos hará olvidar.

Una copa más, tal vez un poco amarga

por nuestro gran cariño que nunca volverá, una copa más.

Es la ley de la vida el nacer y morir.

Nuestro amor fue tan grande y dejó de existir.

Una copa más, tal vez un poco amarga

por nuestro gran cariño que nunca volverá, una copa más.

-Y creo que dejare a un lado el basilet .y las canciones .... - Shamal sonrio -

Shamal levanto el baso, - Por larga que sea la noche, siempre merece la pena esperar un nuevo amanecer...

perce

[Editado por percebal el 24-08-2007 11:39]

[Editado por percebal el 24-08-2007 11:40]

Escrito el 24-08-2007 00:27 #3

Los camellos dejaron de avanzar, Neyla vio como las luces de la Posada de Ahil-sala, tintineaban por unos instantes, mezclandose con el viento y la arena que la rodeaban; la elda suspiró, no podia avanzar con aquel clima, así que estaba obligada a quedarse un tiempo ahí. Sus dos acompañantes bajaron de los animales y ella tuvo que asentir en silencio, haciendo lo mismo que ellos.

Se acomodo la mascara y el velo que traia abajo de ésta y sobre la cabeza, así no dejaba escapar los cabellos y se cubria las orejas, pasando(tal vez) por una mujer. En aquel momento, llevaba una tunica de color azul, que le llegaba hasta los pies y debajo de ésta un vestido con el cuello suficientemente alto, para ocultar su piel, el vestido estaba sujeto por un cinturon y apartir de media pierna se abria a los lados, dejando entrever un pantalon y unas botas. Neyla se paso la tunica por la cabeza ocultadose muy bien, para no llamar tanto la atención.

Ella y sus sirvientes, avanzaron hasta la entrada de la posada, una vez ahí amarraron a los camellos, la elfa les indicó con una mano que entraran primero y que ella les seguiria por detras, respiró profundo y le rogó a Maradrant, que no miraran su aspecto, aun después de tanto tiempo, seguía sientiendose observada por los demás y era algo, que no le agradaba en absoluto, porque solo le recordaba su condición.

En ese momento, se escucharon los acordes de una melodia triste, se decidió y entro por las telas y las alfombras del arco(que hacia de puerta), para su mala fortuna, muchos la voltearon a ver, pero no los suficientes, como para quitarle el protagonismo al bardo que cantaba aquella canción. Era obvio que no pasaba desapercibida entre las gentes de Al' Varant, tal vez en primera instancia no era por la mascara que le cubria el rostro, sino por su altura, que rebasa en medida a las gentes del lugar. Hizo un pequeño ademán a modo de saludo, para los pocos que la reconocieron como una Nesrin del senado; luego se sentó no muy lejos de la barra y muy a su pesar tuvo que quitarse la tunica de la cabeza, dejando entrever su mascara, del más fino mithril.

Cuando la canción terminó, alcanzo a mirar al bardo y a sus dos acompañantes, los tres le llamaron la atención por igual, primero se fijo en el Guardian de los muertos, le reconoció como Athran, uno de los maestros cofrades de Al Dehni Vharasda, que formaba parte del senado.Aunque nunca había hablado con él, sabía que era un progresista y uno de los más influyentes, entre aquel grupo. Ella como algunos de sus compañeros de la cofradia de los eruditos, no formaban parte de los consevadores o los progesistas,sino que solo se dedicaban a escuchar y a omitir las opiniones mas justas, sin importar uno u otro bando. El siguiente que miró, fue a un elfo y se le hizo extraño porque era dificil ver a un quendi en el desierto y más a un aldalântar, al último vio con detenimiento al bardo y también supo quien era, pues había escuchado hablar mucho acerca del hombre que abandonó sus riquezas y se entrego a la vida de los nomadas.

-Que pequeño se ha vuelto el desierto en esto días-dijo.

Tari

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Athran observó a la recién llegada y sonrió. Reconoció su voz y su porte en seguida; la historia de Neyla siempre le había inspirado una profunda compasión. Se acercó a ella e hizo el saludo tradicional de los Guardianes de los Muertos.

— Eres Neyla, ¿no es cierto? —preguntó él. Su timidez nunca le permitía lanzarse de aquella manera aunque fuera por una conversación, pero por esta vez su curiosidad le venció—. Te conozco del Senado.

— y tú eres Athran, de los Dherasda.

Él sonrió. Para Aiwëndil debía ser una experiencia incómoda: hablaban entre ellos (entre Athran y Neyla) el varante y probablemente él no sabría mucho.

— Vamos, ven con nosotros y tómate algo a la salud de todos —sugirió Shamal—. No es bueno hablar de política cuando uno se está tomando tranquilamente una copa.

— Para ti, querido Shamal, ¿es buen momento alguna vez para hablar de política? —preguntó Athran con una amplia sonrisa.

thirian

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Aiwëndil quedó fascinado por la belleza de la fina máscara de la recién llegada (cuyo nombre le pareció entender que era Neyla)...y se imaginó si el rostro que escondía sería cuando menos igual de hermoso. La mujer empezó a hablar con el hombre de la armadura en su extraña lengua, que el elfo no entendía, no obstante, poco le importaba, pues lo único que quería era disfrutar de la fuerte bebida que le había servido el regente de la posada.

-Señores- dijo entonces el elfo, con una gran sonrisa en los labios- no es mi intención meterme en asuntos ajenos, pero ¿es costumbre en vuestras tierras hablar en vuestra lengua en presencia de un extranjero que no pueda entenderos?

encalion

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Aún se encontraba sentada y hubiera querido sonreir por el comentario de Athran y Shamal, pero no podia. En cambio no tomó por sorpresa el comentario de aquel elfo, los dos hombres y ella voltearon. Neyla optó por levantarse y se acercó a la barra, junto con el Naredain.

-Ciertamente no es una costumbre señor elfo-le contestó- Diria yo, que es un acto inconciente. .

La elfa, se sentó junto al bardo y éste hizo ademán para que le sirvieran algo. Pero Neyla poso una mano sobre su brazo y negó en silencio.

-Deberan disculparme, solo puedo ofrecerles mi compañia y sé que la suya me alegrará un poco el alma, antes de continuar con mi viaje... Pero he sido grosera y no me he presentado-dijo dirigiendose al elfo- Soy Neyla, del pueblo de los que hablan con voces. Y ellos(pues seguramente no se han presentado) Son Athran, guardian de los muerto y él es Shamal, el que canta con el alma o al menos, eso me parecio escuchar.

tari

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-Es un placer conoceros, mi señora- dijo Aiwëndil-. Y agradezco que me digáis los nombres de nuestros acompañantes, pues supongo que con tanto licor su entendimiento se ha nublado y se han olvidado de decírmelo- añadió el elfo, socarrón, y girándose hacia Athran y Shamal les dijo-. No lo toméis en serio, es una pequeña broma élfica. Bien, ahora creo que es mi turno en cuanto a las presentaciones, mi nombre es Aiwëndil y, como supongo habréis observado, soy un elfo aldâlanta.

encalion

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Athran arqueó las cejas y sonrió ante la inocente burla de su nuevo acompañante élfico.

— ¿Nos está retando, Shamal? —preguntó a su viejo amigo.

— Eso parece —respondió el bardo, con cierta malicia en el rostro.

— Bueno, bueno... Parece que no nos conoce cuando bebemos, ¿eh? No, tranquilo, mi bello Aiwëndil, cuando ingerimos ciertas... sustancias os daréis perfectamente cuenta. Y, ahora que se menciona el alcohol... hace mucho que no pruebo Jar'vash puro. ¿Nos atrevemos, Shamal? Con unos pocos sorbos tendremos energía para cantar durante toda una noche... Por Audrant, llevo tanto tiempo lejos de casa en esas malditas selvas del norte que he olvidado el sabor de la arena.

Shamal arqueó las cejas.

— Tampoco te pierdes nada...

thirian

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- En este lugar todos somos amigos .... ademas por lo general nadie suele preguntar por el nombre del hombre que cuenta las historias ... - Entono estas últimas palabras en forma de canción.

Shamal toma su baso de menta, y lo levanto. Un brindis por los nuevos amigos...

Todos alzaron sus copas y brindaron....

-Cuidado Athran -Dijo Shamal- La última vez que abusastes de esta bebidas, me costo dos dias encontrar tu rastro

perce

[Editado por percebal el 24-08-2007 11:41]

Escrito el 09-09-2007 19:37 #4

Mientras la fresca mancha que se destacaba entre las dunas parecía crecer ante los ojos de los caravaneros, en sus severos rostros se asomaba una expresión de alegría; era un sentimiento sereno y hondo que, sorprendentemente, no parecía incompatible con las facciones modeladas por las inclemencias del desierto, sino que era como el agua de un pozo que al vivificar la tierra alrededor de él hacía bello el desierto donde había nacido de una nueva manera, sin anularlo.

Un canto penetrante cruzó el aire desde la caravana, y fue contestado con otros diferentes, aunque similares, al otro lado de la extensión de arena. El sol de ponía a sus espaldas y las primeras estrellas brillaban en el cielo.

Elaren ya se había acostumbrado a la brillante luz natural, aun así el brillo del sol en la arena era peligroso para los ojos de los peregrinos. Tras muchos intentos, había logrado encontrar la mejor manera de sujetarse al khula sin caerse, ya que sus miembros no lograban llevar el paso de la caravana. Ahora era capaz incluso de dormitar encima del animal, mecida por su bamboleo, aunque su cuerpo se resentía de las incomodidades de la marcha.

Llegaron finalmente al oasis cuando aún había luz. Su montura descendió, y sus compañeros de viaje la ayudaron a bajar de la grupa. Después de tanto tiempo de viaje, había aprendido a confiar en aquellos gigantes barbados, como los llamaba para sus adentros. Al menos, confiaba en ellos en la medida de lo posible: ellos no hacían muchas preguntas y ella apenas empezaba a conocer su lengua, pero no parecían tan malvados como siempre había oído de la gente del exterior.

En la penumbra de la tarde tropezó con algo. Se agachó y vió que era una especie de flauta; distinta de los instrumentos khuzdul, pero si algo saben los enanos es reconocer el montaje y la función de cualquier obra manual. Sonaba desafinada, así que tomó un cuchillito de un pliegue de su traje y se dedicó a trastear en ella mientras entraba en el edificio principal, discretamente situada tras alguno de los altos nómadas.

Escrito el 24-09-2007 11:45 #5

Athran, Aiwëndil, Neyla y Shamal continuaban charlando. El tono era bastante distendido, por lo que los comentarios y anecdotas graciosas se sucedian sin parar y pronto se convirtieron en una de las mesas mas animadas de la posada.

ALgo tironeo del jubba de Shamal,

-Se encontro al pequeño Abdel , que tenia los ojos llorosos. ¿Que ha ocurrido? - preguntó Shamal.

-He perdido mi flauta, y no la puedo encontrar - respondió Abdel entres sollozos.

Shamal le acaricio la cabeza - Tranquilo la encontraremos - Le respondió cariñosamente. - Pero primero - Shamal cerro el puño - Abdul, Karim Azkhal - Tras pronunciar, aquellas palabras Shamla volvio a abrir el puño y un pañuelo rojo apareció. - Te limpiaremos las lagrimas, y alegra un poco la cara que seguro que encontramos tu flauta.

Abdel asintió con la cabeza y una sonrisa se dibujo en su rostro.

Escrito el 27-09-2007 23:26 #6

Los integrantes de la caravana, visiblemente alegres, se acomodaron en una esquina del local y pidieron bebida para refrescar sus gargantas. Muchos pasaron a saludar con grandes aspavientos a uno de los integrantes de la mesa, que llevaba ropas semejantes a las suyas y parecía dedicarse a entretener a los parroquianos. Elaren aún no entendía lo suficiente de la lengua de los gigantes barbudos para comprender lo que decía, y es probable que aun cuando lo entendiera, no le hubiera encontrado la gracia. Pero el resto de la habitación parecía pasarlo en grande.

Por un momento se asustó: vio un ser de estatura normal, como ella, pero sin ningún rastro de vello en el rostro ¿Sería un gigante lampiño como los del norte? ¿Vendrían a por ella? Pero a la vista estaba que no era un gigante. Parecía triste y el hombre se dedicó a hacerle juegos de manos. A la mente le vino la idea de que era un niño: ¿no son esas expresiones las que ponen los adultos cuando tratan con niños? Pero, al no tener barba, ¿sería un niño de los "demonios de la superficie"?

Los niños enanos ya nacen barbados, con una pelusa semejante a la que les aparece en la cabeza, y durante su crecimiento, el único cambio que se produce es que la barba se hace más larga e hirsuta. Elaren no había tenido noticia de que otra cosa pudiera ser posible; es más, hasta el momento, nunca se le hubiera ocurrido que los gigantes pudieran tener niños. Como los humanos que había visto eran hombres y tenían barba, o al menos restos de ella, por lógica sus hijos también la tendrían, como los Khazad. Era lo natural.

Desde luego, en la superficie había muchas más cosas extrañas de lo que hubiera imaginado.

Uno de sus compañeros se dio cuenta de repente de que tenía la flauta, y gritó:

-¡La tiene nuestro compañero, el pequeño hombre perdido!

Entonces la empujaron entre risas, y casi la llevaron en volandas ante el niño lampiño y el hombre. Aun siendo casi tan alto como ella y de aspecto tan extraño, sus ojos eran de niño y no parecía peligroso. Entendió que la flauta era suya y se la entregó. El niño se sorbió los mocos y tocó unas notas. Con ojos brillantes, lo dejó y dijo:

-¡Suena mejor que antes! ¿Es un nuevo truco, Shamal?

[Editado por Ancalime el 28-09-2007 00:49]

Escrito el 29-09-2007 12:59 #7

Shamal río con complicidad – Este truco, no es obra mía – Le dijo mientras le pasaba la mano por la cabeza – Aquí a intervenido otro tipo de magia, mucho más fina y expirementada.

-Ahora iré a practicar – Respondió Abdel, después se dispuso a salir corriendo, pero algo le detuvo.

-Eps!! – Exclamo Shamal - ¿No te olvidas de algo? – Pregunto Shamal.

Abdel se llevo la manos a la cabeza, y se dirigió al pequeño hombre, los dos se miraron curiosamente -Gracias señor bajito – Le soltó Abdel, para después salir corriendo.

Shamal miro curioso al pequeño hombre, en sus viajes había oído rumores sobre aquellos seres, algunos los llamaban los Khûzdarik. Pero hasta entonces no se había encontrado cara a cara con ninguno.

-Debéis disculpar al pequeño Abdel, los chiquillos son así de espontáneos y no suelen pensar mucho lo que dicen. Es sorprende la habilidad que tenéis para mejorar los instrumentos.

El hombre bajito, no pudo evitar fruncir el ceño mientras pensaba para si – Mocoso insolente, llamarme señor bajito.

-Pero donde están mis modales, por estas tierras me conocen como Haytham, puedo conocer el nombre de tan cualificado artesano? – Preguntó Shamal.

Escrito el 03-10-2007 16:52 #8

La noche la había sorprendido en medio de las dunas.

<<Flor de fuego. Necesito la dichosa flor de fuego. En cataplasma resulta un efecto aliviante en las quemaduras. Destilada en pequeña cantidad aumenta el valor del guerrero…>> repetía mentalmente la elfa a través de la arena.

Una pequeña luz apareció en el horizonte.

<<He llegado. El oasis que me indicaron en la capital. Ahí podré descansar y continuar mañana>>.

Cada vez se que la luz parecía mas cercana Niniël se sentía mas aliviada se había ofrecido a ir en busca de la planta. Ella sola podría además estaba aquella pequeña. Sus quemaduras casi habían arrasado con más de la mitad de su cuerpo y ella tenía una teoria. Podría curar a esa niña, desde luego que lo haría. Pero Flor del fuego y solo florecía escasamente en aquella parte del país.

Al fin, llego hasta el oasis. Se encontró ante las puertas de lo que debiera ser la posada. Se oían voces en el interior. Dando un profundo suspiro y encogiéndose dentro de su túnica entro dentro.

Niniël entro y miro de soslayo a su alrededor. No se detuvo a observa a los parroquianos de la taberna. Vislumbro un pequeño hueco repleto de cojines sobre la alfombra y una pequeña mesa de latón. Deprisa pero sin emitir ningún tipo de sonido a excepción de su azul túnica de seda al rozarse sobre el suelo se dirigió al ese lugar y se sentó.

-Un poco de té, por favor.- pidió en varante con una voz que era como un susurro pero que se oía perfectamente.

Mientras esperaba que la sirvieran extrajo de su mochila una pequeña bolsa que dejo sobre la mesa. El posadero dejo la pequeña tetera y el vaso delante de la mujer; esta extrajo algo de la bolsita y lo hecho en la taza, seguidamente echando el agua caliente.

Tomo un pequeño sorbo y escucho lo que acontecía a su alrededor.

Escrito el 05-10-2007 00:40 #9

- Estos compañeros me llaman Elaren,- dijo ella- para servirle.

Una tenía que acordarse de la buena educación para estos momentos, pensó. Estaba a semanas de su casa y más valía caerles bien. Las conversaciones con Ruksto, el jefe de la caravana, le habían servido, además de para entender bastante bien el idioma y chapurrearlo con dificultad, para hacerse una idea de lo que se podía encontrar. O al menos, eso pensaba ella.

- Lo encontramos a orillas del gran lago, en el noroeste.- dijo Ruksto.- ¡Sabrá Adaner cómo habrá llegado alli!- le acompañó un coro de carcajadas de sus camaradas.- Es un tipejo huraño y obstinado, pero no es malo. Y es más listo que los chacales de las dunas. Le tuvimos que traer porque bueno... no nos podíamos parar.

- ¡Problemas con las exportaciones!- dijo otro.

-¡Claro! ¡Y con los vendedores de las exportaciones! Los elfos no entienden las sutilezas del comercio...

Escrito el 07-10-2007 10:58 #10

-Un placer – Respondió Shamal con una reverencia.

Shamal presto atención a la conversación de los comerciantes. ¡Problemas con las exportaciones!- , ¡Y con los vendedores de las exportaciones .

Para los varantes el comercio no era una simple actividad laboral, con el paso de los años se había convertido en todo un arte, una expresión cultural tan importante como lo podía ser la poesía, la música o la danza. Era un juego que mezclaba la arrogancia, carisma, estrategia e inteligencia, todo para poder obtener el mejor precio tanto de compra como de venta.

Shamal sonrió, aquella conversación le recordó otros tiempos, cuando sus padre aun vivía e intentaba que continuara con el negocio familiar.

[…]

Tras una expedición fallida, por causas de una tormenta que destrozo la cosecha de trigo, la caravana regreso de inmediato a Varedia con las manos vacías. Aquello fue una gran perdida, tanto económicamente, porque había que hacer frente a los pagos de la caravana; como al honor de la propia casa. En aquella ocasión Shamal decidió quedarse, bajo las protestas y negativa de su padre.

- Ya que hemos llegado hasta aquí, bien merece la pena conocer a estas gentes Le dijo Shamal a su padre. Este le respondió, No hemos venido a hacer turismo, esto es un negocio Le respondió.

Tan poco podría culpar su actitud, velaba por el interés de la familia y el negocio, pero esa parte había absorbido por completo, a la otra, a la del aventurero despreocupado que emprendía negocios arriesgados, más abierta y despreocupada, esa a la que tantas veces su madre apelaba, cuando Shamal le criticaba.

Cuando Shamal regresó a Varedia, su padre le esperaba ya malhumorado, había preparado otra expedición, para desquitarse del fracaso anterior. Pero su hijo estaba fuera y eso retrasaba la operación.

-Has disfrutado de tus vacaciones, tenemos trabajo que hacer Le reprocho.

Shamal tranquilo le respondió Si padre, los Datal son una gente muy interesante, tienen una gran cultura musical, y a parte de ser grandes agricultores también lo son como alfareros.

-Nos has traído algún subvenir – Respondió irónicamente.

- Claro que si – Shamal saco de un fardo dos figurillas, - Para madre y Samira – las deposito con cuidado sobre la mesa. Para ti este documento, creo que será más de tu agrado - Shamal le entrego un rollo, cerrado con un lazo verde, y sellado.

Hayyan lo cogió con curiosidad ¿Es alguna canción o partitura, de esas por la que son famosos? – Preguntó.

Pensé que eso no te interesara, padre. Así que conseguí un acuerdo con el jefe de los Datal, ellos nos proporcionan la exclusividad del trigo y su arte, a cambio de proporcionales regularmente la lista de mercancías que hay en ese papiro.

[…]

-Ruksto, puede que los elfos no entiendan nuestras costumbres, y sean incapaces de entender nuestro arte. Pero yo no diría que volváis con las manos vacías, la habilidad del señor Elaren, bien vale su peso en agua, - Shamal hizo una pausa mirando al pequeño - Eso en el desierto es mucho. Además que seguro que lAl Dehni Earan , le recibirian con los brazos abiertos.

Ruksto – Sonrió – Mirandolo así teneis mucha razón, un contacto con los artesanos nunca esta demas, siempre podremos obtener mejores precios.