La Guerra de los Clanes

El Hada Verde De Ohtalôsse

Escribiéndose...
Escrito el 07-09-2007 01:29 #1

Durante mucho tiempo en la ciudad de Ohtalôsse durante la noche salían a la luz todo tipo de acciones pecaminosas y para muchos incluso denigrantes. La noche se había convertido en un día alternativo para aquellos que bajo la luz de la luna hacían sus más oscuros deseos y fantasías realidad. Una mujer llamada Sell conocida por su aspecto juvenil de marcadas curvas era la dueña y regenta del local. Corre el rumor de que el nombre del local se debe a que Sell tiene tatuado junto a una de sus zonas más intímas una pequeña hada de color verde, pero que se sepa hasta el momento solo es un rumor...

Tras la apertura de este lugar las calles durante la noche fueron bautizadas con una nueva paz y tranquilidad, en los hogares Nuru descansaban de nuevo ajenos a lo que ocurría tras las puertas de este lugar de ensueño donde la lujuria y la traición van encaminadas de la mano, donde la mentira es amiga de la verdad y la conspiración pincela el rostro de muchos de sus clientes. Un lugar recogido donde puedes dar rienda suelta a la pasión y el deseo conducidas por la verdad que tu impongas...

Paredes pintadas con el pecado, suelos pulidos con engaños y un ambiente caldeado por el vicio y el deseo hacen que este lugar sea uno de los parajes más concurridos en las tierras de la ciudad de Ohtalôsse.

El Hada Verde es un local de grandes dimensiones, además posee un sótano y un semisótano y tres plantas. El edificio había sido construido por un maestro constructor que enloqueció tras la guerra y creó este edificio que guarda más de un secreto. En más de una ocasión se habló de la existencia de falsas paredes y puertas cerradas por encantamientos, de escaleras ocultas que sólo delatan su presencia ante los rayos escarlata de la luna, falsos techos que engañan al ojo más intranquilo...

Y si alguien conocía todos estos secretos era Sell, hija de Andro, maestro constructor de antaño que desapareció tras terminar la construcción de este misterioso lugar.

Bien sabido era su fama de tener un carácter gentil y servicial, de levantar pasiones con su dulce voz y encandilar los corazones de los descarriados e incluso de los encaminados en las sendas del amor...una mujer capaz de secuestrar con su belleza todo corazón. Pero tras esta piel de inocencia se ocultaba la temible muchacha que acabó su formación en el Narwanölme de forma sobresaliente...

El piso bajo es el lugar de encuentros entre los que buscan y los que quieren ser encontrados, una habitación iluminada tenuemente, con numerosos sillones y mesas pequeñas junto a estos, en la esquina derecha del fondo de la habitación se halla una pequeña barra de madera de tonos rojizos con grabados de figuras de escenas de íntima pasión. Y en el centro, una gran fuente de cristal transparente, de la que brota un vino rojo fermentando especialmente para El Hada Verde. Al fondo de la habitación una puerta de hierro cerrada a cal y canto conduce a las termas privadas a las cuales sólo pueden acceder algunos clientes privilegiados.

La segunda planta la constituye un gran repertorio de habitaciones para las parejas. Habitaciones en las que hay una gran cama oculta tras largas cortinas de sedas con ribetes bordados en oro y plata. En cada habitación siempre hay una mesa baja con alimentos y bebidas frescas, una gran bañera espaciosa, y numerosos bálsamos y aceites afrodisíacos.

La tercera planta es todo un misterio no se sabe nada a excepción de que es la residencia de Sell. Cuentan las historias que ahí la bella dama guarda grandes cantidades de oro y plata, junto con joyas y objetos de cuantía inimaginable...

También se habla del extraño gusto de la joven por coleccionar artículos mágicos o encantados y se piensa que en algún lugar de El Hada Verde hay una habitación que guarda todos estos artículos.

El primer sótano es el almacén, ahí se puede encontrar desde provisiones de bebida o comida hasta juegos de sábanas limpias...

El segundo sótano es otro misterio solo algunos han bajado y regresado...es conocido que ahí abajo ocurren cosas muy raras y que los trabajadores que bajan al almacén oyen gritos espeluznantes procedentes de las escaleras de caracol que conectan ambos sótanos, pero ninguno se ha atrevido a bajar pues al final de las escaleras Sell instaló un mecanismo extraño capaz de alertar de la presencia de alguien sin su consentimiento y automáticamente las paredes exhalan un gas somnífero que provoca un sueño instantáneo y profundo...tan profundo que durante días es posible no volver a despertar. Muchos han sido los curiosos que ya han caído más de una vez en la trampa...

Escrito por Wiccano

Escrito el 07-09-2007 17:46 #2

El cuerpo encapuchado de Tyarn mantenía oculto entre sus brazos al de Hisiê cuando entraban en la taberna.

Un débil resplandor se adivinaba al fondo del pasillo por el cual habían accedido al edificio.

-Ya casi hemos llegado-apuntó Tyarn en voz baja. Sus movimientos eran inaudibles, la fuerza con que sus brazos soportaban el peso de la elfa no parecía afectarle a la hora de escabullirse por cualquier sombra.

Llegaron a una pequeña habitación debilmente iluminada, las paredes de piedra ocultaban una pequeña estancia decorada únicamente por una pequeña mesa y varias sillas. Ninguna ventana dejaba ver el exterior de ésta, o el interior.

-Iré a avisar a Sell de que estás aquí, ella nos ayudará. Tu hermana me dijo que aquí estarías a salvo.

Hisiê intentaba descubrir el rostro del desconocido que se negaba a dejarse a ver por las buenas. Éste no intuyó el movimiento que la elfa preparaba creyéndola totalmente indefensa. La joven extendió el brazo y agarró por la manga Tyarn obligándolo a detenerse; éste, al verse pillado por sorpresa dio la vuelta dejando ver su rostro.

-Eres...-la elfa bajo el tono de voz al ver que había estado a punto de gritar-eres tú...

-Shhh-el elfo tapó la boca de Hisiê con la mano y acercó su rostro al de ella a escasos centímetros sin dejar de apartar su mirada-Silencio, alguien se acerca...

Escrito el 07-09-2007 20:03 #3

La taberna estaba extrañamente tranquila. Únicamente algunos de los parroquianos habituales ocupaban sus mesas de siempre, dedicados a sus copas y sus propias conversaciones. En El Hada Verde, cada uno iba a lo suyo, y no se preocupaba por los asuntos de los demás. Así había sido siempre, y así seguiría siendo, si de ella dependía.

Sell bajaba las escaleras desde la tercera planta, donde se encontraban sus estancias privadas, acomodándose distraídamente el tirante del vestido. Pero antes de cruzar el pequeño descansillo que daba a la taberna en sí, se vio arrastrada con fuerza hacia la oscuridad.

Alguien la empujó con fuerza, pero sin agresividad, contra la pared, apresándola con su propio cuerpo contra el de ella. Pero Sell, con una rápidez asombrosa, sacó la daga que llevaba siempre escondida en un pliege del vestido, y la posó con fuerza en el cuello de su atacante. Alzó la mirada, y vio los ojos azules que la miraban con sorpresa.

- Creo que te has equivocado de presa, querido - dijo ella, mientras presionaba un poco más fuerte con el puñal en el cuello del elfo - Si yo fuera tú, tendría más cuidado...

Tyarn levantó la mano rápidamente, apresando la mano en la que ella sostenía el puñal. Pero no la forzó a alejarla de su cuello, simplemente la sostuvo un momento.

- Necesito tu ayuda - dijo finalmente.

- Pues sin duda ésta no es forma de pedirla - dijo ella sorprendida, pero sin soltar el puñal.

Él pareció buscar entre sus ropas, y ella se agitó intentando liberarse. Finalmente, él alzó la mano ante sus ojos, mostrándole una pulsera de hueso y madera, y el grabado de la pantera que se veía en ella.

Sell cerró los ojos, y asintió con la cabeza, aflojando la presión que ejercía contra el elfo, y éste a su vez la soltó y se separó de ella unos centímetros.

Respiró profundamente. Sabía que ese día tenía que llegar. Sell estaba en deuda con Elesinyê desde hacía muchos años... demasiados. Ahora llegaba el momento de pagar.

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El bullicio de la taberna llegaba hasta el tercer piso. La guerra había terminado, y todos parecían querer celebrar la victoria dejando correr el linsk a través de sus venas. Pero Sell parecía ausente de todo ello. No se encontraba con fuerzas.

Así que se retiró a su habitación. A sus habitaciones. Ahora, todo era suyo. Ahora que su padre no estaba... Se estremeció. Se volvió para cerrar la puerta, y entonces vio la figura oscura.

- Aret, Sell - Elesinyê cruzó el umbral oscuro, y la luz la iluminó entonces.

- Elesinyê... - Sell no la había visto desde antes de la guerra. Y la verdad que hubiera preferido no recordar aquél encuentro. Lo había recluido en un rincón de su memoria

- ¿Te sorprendes de verme, Sell? - sonrió Elesinyê - Bueno, debo reconocer que no soy una clienta habitual del Hada... - su risa se derramó como una cascada- ¿Pero no creerías que me había olvidado de tí verdad?

- Yo misma he procurado olvidar... Poco importaba si tú lo hacías o no.

Elesinyê asintió, y su mirada se tornó seria.

- Entiendo que quisieras olvidarlo ... - dijo finalmente - Si yo fuera tú... - no continuó. No era ella, y ni siquiera sabía qué hubiera hecho en su situación. Y no era por eso por lo que había venido.

- Se que tengo una deuda contigo, Elesinyê - eso no lo he olvidado - ¿Has venido por eso?

- No, Sell. He venido a ofrecerte venganza. Tal vez más adelante podamos hablar de deudas... Tiempo tendrás de devolverme aquél favor. Pero ahora, creo que lo que tengo que decirte te interesará...

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Y le interesó. Bien sabe Thyr que le interesó. Por esa razón se había convertido en una de las más fieles adeptas a la causa, a la conspiración. Tal como Elesinyê deseaba.

- ¿Qué necesitas? - le preguntó al elfo de ojos azules que todavía la miraba fijamente.

- Su hermana está abajo. Creo que la han drogado, y Elesinyê... no atiende a razones en lo que a su hermana se refiere. Arriesgándolo todo me ha pedido que la rescatara, y ahora necesitamos esconderla. Elesinyê me dijo que tú sabrías qué hacer...

Sell asintió, se volvió y comenzó a subir nuevamente las escaleras.

- Súbela al tercer piso. Te estaré esperando.

Tyarn asintió, y Sell sintió como su figura se diluía en la oscuridad. Era hora de pagar su deuda.

Escrito el 08-09-2007 22:37 #4

- ¿Puedo ayudarte en algo, preciosa? - la voz parecía sugerente, algo cargada en alcohol. Arrastraba las palabras de forma singular.

Elesinyê lo ignoró, rodeando al elfo mientras se adentraba en la taberna. Se estaba echando la capucha hacia atrás cuando sintió como el elfo la sujetaba fuertemente por el brazo, obligándola a volverse.

- ¿Qué pasa, muñeca? ¿No soy lo suficiente bueno para tí? - preguntó de nuevo el elfo, atrayéndola hacia sí.

Elesinyê sonrió al elfo.

- Eso mismo estaba pensando yo - respondió ladeando la cabeza.

El elfo iba a responder. Alzó la mano preparando un golpe. Pero en ese momento varias figuras se adelantaron en la oscuridad, dejándose ver. Miró a su alrededor y calibró mejor la situación. Bajó la mano, y soltó a la elfa como si su contacto le quemara.

- Disculpe, señorita. No fue mi intención...

- Sí que lo fue - le interrumpió ella, encogiéndose de hombros. Podía haberse ocupado de él ella misma. Ese era el tipo de nuru que odiaba sobre todas las cosas. El tipo de nuru que había fomentado Engrel. Pero no deseaba llamar más la atención. Hizo un pequeño gesto, y aquellos que se habían adelantado volvieron a sus tareas - Pero no se lo tendré en cuenta, caballero.

Se alejó del elfo, y se acercó a la barra. Se dirigió al camarero con una sonrisa radiante.

- Una taza de kakardé, por favor. Y después... ¿podría avisar a Sell de que he venido a verla? - le preguntó.

- Por supuesto, señorita.

El hombre le sirvió el té humeante en una pequeña taza de cristal y plata, y después desapareció por la trastienda, seguramente en busca de Sell. Pese a que lo había pedido para fingir cierta casualidad ante los desconocidos de la taberna, pensó que le sentaría bien el té. Tomó un sorbo del líquido caliente, al tiempo que se calentaba las manos. Las mañanas eran cada vez más frías. Pronto llegaría el Yáviê.

- Señorita - la voz a sus espaldas la sobresaltó - Mi señora se encuentra indispuesta, pero me ha pedido que le diga que será bien recibida en sus aposentos privados.

Elesinyê aparentó sorpresa, y una contrariedad que no sentía, y a la vez preocupación.

- Por supuesto, ahora mismo subiré. Gracias - dijo mientras daba un último sorbo a su té.

Las escaleras siempre permanecían en la penumbra en El Hada Verde, pensó al tiempo que las subía con agilidad. Aunque no había estado allí muchas veces, siempre que lo hacía se acordaba del maldito Turhê que les obligaba a subir y bajar escaleras corriendo en la oscuridad. No recordaba cuántas veces había caído rodando por ellas, un piso, tras otro. El primer año fue especialmente duro... Los edificios más altos de Thyrôst servían para ese fin. Siete pisos hacía arriba en la oscuridad, a una velocidad vertiginosa. Siete pisos hacia abajo, en la oscuridad, a mayor velocidad si cabe. Y volver a empezar... durante toda la noche. Forjar el carácter lo llamaban. Y también fomentar la resistencia del cuerpo. Y no sabía si su carácter había quedado tan forjado como pretendían... pero bien sabía Thyr que su agilidad si.

Golpeó con suavidad la puerta del tercer piso, y ésta se abrió hacia adentro.

- Has tardado - dijo Tyarn mientras observaba la esbelta figura de la elfa vestida de negro.

Ella le lanzó una mirada enojada.

- ¿Qué esperabas? he tenido mucho cuidado... no quería levantar sospechas.

Sell permanecía callada, sentada en una butaca. Pero el corazón de Elesinyê dejó de latir un momento cuando vio a su hermana tendida en la cama, con el rostro pálido de muerte.

- Tu hermana duerme - dijo Tyarn - Pero se encontraba mejor. Parece que iba recuperando poco a poco el dominio de sí misma.

- No lo parece - terció Elesinyê mientras sentándose en la cama junto a ella. Con un gesto acomodó los negros cabellos de la elfa, y puso un dedo en su cuello buscando su pulso - Está muy pálida - dijo finalmente - Pero físicamente parece que está bien.

- Tal vez deberíamos llamar a un curandero... - sugirió Sell.

- No. Eso llamaría demasiado la atención. Ya hemos arriesgado demasiado con ésto.

Elesinyê se volvió a mirarlo.

- Kanomori - le dijo con voz firme, llamándolo por su verdadero nombre por primera vez - Voy a seguir tu consejo por el momento, porque entiendo que ella está mejor. Pero ten por seguro que si empeora, llamaremos a un curandero, y no me importará lo más mínimo cuánto sea lo que arriesguemos.

[Editado por Indil el 08-09-2007 22:39]

Escrito el 11-09-2007 22:44 #5

Una larga sombra velaba sus ojos, en la lejanía de su mente podía distinguir varias voces.

Intentó abrir los ojos pero eran cegados por la débil luz de las velas. Tenía la garganta seca y sentía frío, mucho frío...se abrazó a sí misma en un intento de proporcionarse calor.

- Kanomori - oyó que una voz familiar decía aunque no conseguía reconocerla - Voy a seguir tu consejo por el momento, porque entiendo que ella está mejor. Pero ten por seguro que si empeora, llamaremos a un curandero, y no me importará lo más mínimo cuánto sea lo que arriesguemos.

Un ahogado gemido hizo que la voz se detuviera al instante, el silencio inundó la estancia de repente.

-¡Hermana!-exclamó otra vez la misma voz.

-"Hermana..."-el eco retumbaba en su cabeza dejándola aturdida.

Una mano ansiosa agarró la mano de la joven mientras ésta intentaba abrir los ojos. Poco a poco la luz fue penetrando en sus pupilas para volver a cerrar los ojos. La mano acarició su mejilla con ternura, ésto le reconfortó. Reaccionó al olor que desprendía su piel; sonrió entonces al reconocerla.

-Elesinyê...-consiguió pronunciar despacio sumiéndose de nuevo en la incosciencia.

Escrito el 12-09-2007 04:36 #6

La pequeña respuesta de Hisiê la llenó de esperanza, pero fue una esperanza fugaz, pues casi al instante su hermana volvió a sumirse en la inconsciencia. Sin embargo parecía que su contacto le hacía bien, y parecía que se sentía más segura ahora que sabía que ella se encontraba allí.

Pero pronto debería marchar. A través de las ventanas llegaba hasta ella el bullicio creciente en las calles, síntoma inequívoco de que la ciudad había despertado. Pronto Narqueliê la buscaría, y de seguro que el no encontrarla en el Khotsë llenaría de sospechas a su madre.

- Debo marchar. Y tú también, Tyarn. Sin duda Engrel pronto querrá saber por qué desapareciste anoche...

- Olvidas que mi misión es vigilarte, Elesinyê. Sin duda podré dar una explicación más que convincente, que sin duda nos beneficiará a los dos... - respondió él.

- No lo creo - dijo ella en voz alta, analizando la situación - Anoche me siguieron. Vi claramente dos figuras que se deslizaban detrás de mí en la oscuridad... y no pude ver de quiénes se trababa. De seguro Engrel estará informado ya de que no fuiste mi sombra anoche.

Él asintió, impasible.

- Que no me vieran no significa que yo no los viera a ellos. Y se sin lugar a dudas a quiénes habrá enviado - calló un momento, valorando si debía decir las siguientes palabras - Algo debiste decirle anoche que le dejó huella. De lo contrario no hubiera enviado a dos espias más, habiéndome enviado a mí primero.

Ella lo miró con sus insondables ojos dorados.

- Bien sabes tú todo lo que le dije - respondió, volviendo la mirada hacia su hermana. La miró un momento y después añadió - Sell... te encargarás...

No tuvo que decir más.

- No te preocupes. Me ocuparé de ella - respondió la elfa a la pregunta que había quedado en el aire.

Elesinyê asintió, y sintió un nudo en el estómago. Le costaba separarse de su hermana, pero debía hacerlo. Sin embargo, volvería pronto.

Mientras Elesinyê y Tyarn salían de la habitación, ella se volvió de nuevo a Sell.

- Enviaré a su doncella para que la atienda. Su nombre es Silêna. La reconocerás en seguida, pues tiene una marca profunda en el cuello, de una quemadura que le provocó Narqueliê.

- Esta bien - respondió Sell - Estaremos sobre aviso.

Cerraron la puerta tras de sí, y sintieron el sonido de la llave al girar tras ellos. Todavía en la penumbra de las escaleras, Tyarn tomó a Elesinyê de la mano, deteniéndola cuando comenzaba a bajar los primeros escalones.

- Debes salir de aquí tú sola - le dijo - Yo te seguiré después. Pero tengo que devolverte ésto primero...

Le tendió la pulsera de hueso que ella le había entregado como señal, y Elesinyê sonrió en la oscuridad. Apenas rozó su mano cuando tomó la pulsera, y sin despedirse de él, pues sabía que estaría cerca, bajó corriendo las escaleras.

[Editado por Indil el 12-09-2007 04:40]

Escrito el 16-09-2007 15:50 #7

El estado de Hisiê era delicado, su cuerpo y mente estaban sufriendo demasiado, aquel estado si se prolongaba podría dejarla huella para toda la vida o incluso acabar en un instante con su vida.

Elesinyê era consciente del estado en que se encontraba su hermana pero se aferraba a la esperanza y a la fuerza del vínculo que las unía. Sabía que si su hermana por si misma no hallaba fuerzas necesarias, la unión especial entre ellas le aportaría tantas como necesitase.

Tyarn había sido descubierto por Hisiê, ahora ella sabía quien era...pero eso realmente no le preocupaba pues sabía que podía confiar en ella, aunque ¿podría hacerlo ella en él?. Posiblemente al despertar de su estado inventaría algo para disuadir de su mente lo que había visto, no obstante, Kânomôri sabía que posiblemente despertaría sin recordarlo.

Elesinyê partió la primera...mientras veía su figura desaparecer un extraño y agudo pinchazo atravesó lo más profundo de su corazón...Hacía tiempo que le ocurría y sabía el por qué de aquel intenso dolor fruto de sus emociones y sentimientos reprimidos, fruto de lo prohibido, o por lo menos para él.

Tenerû llevaba varios días en el anonimato, eso no era bueno y le llegaba a preocupar...temiéndose lo peor se dirigió sin demora a Ruskemar.

Al llegar sabía lo que le esperaría, sabía que era un acto de autosacrificio el presentarse ante Engrel para poder recoger cualquier tipo de información. A pesar de que le había dicho a Elesinyê que no se preocupase sabía que Engrel estaría realmente enfadado con Tyarn y ya no solo por su repentina desaparición.

Kânomôri entró en el castillo y se dirigió directamente al despacho de Engrel, no fue frenado puesto que tenían anuncio de la llegada de él.

Al entrar Tyarn cerró la puerta y Engrel le hizo un gesto para que se acercase. Tyarn sabiendo lo que iba a ocurrir y sin intentar nada por evitarlo se acercó, lo hizo de forma lenta y serena, debía reunir fuerzas para soportar lo que iba a ocurrir.

Cuando Tyarn estaba frente a Engrel este le dijo:

-Hoy tu presencia simplemente me da asco, si te viera durante mucho más problablementa acabaría despellejándote...no estoy de humor y lo sabes...no se como tienes el valor de presentarte aquí ahora.

Kânomôri le miraba fijament a los ojos sin alterar ni lo más mínimo el ritmo de su respiración, sin expresar absolutamente nada...

Engrel continuó hablando:

-Tengo varios trabajos para ti, y necesito que los termines cuanto antes, y el informe de hoy guárdalo para mañana no tengo ganas de oir pronunciar el nombre de esa mujer cuyo destino quedará sellado por el poder de mi propio puño.

Tyarn seguía igual.

Engrel siguió hablando acerca de sus asuntos durante una hora más o menos. No tenía costumbre de hacerlo pero de vez en cuando el mismo era quien se apretaba más la soga que Tyarn había hechado sobre su cuello.

Cada vez el enfado en el Bâli era creciente hasta que ya no pudo con tanta ira y se levantó. Empezó a moverse de un lado a otro de la habitación gritando, y finalmente se acercó hasta el elfo y descargó una serie de puños y patadas contra Tyarn. Este no se movió más de 5 centímetros en cada golpe...y el dolor no era nada comparado con el que ahora pasaba Elesinyê al estar en esa situación...y si alguien podía ayudarla era Kânomôri y al menos obtener algo de información sobre Tenerû sería crucial para descargar la mente de Elesinyê...

Lo peor de todo no era el dolor...si no las marcas...el tener que descubrir su rostro y verse frente a un espejo o el mismo reflejo del agua y ver las duras huellas que Engrel había dejado en él...y esta no era ni la primera ni la última vez...

Ganas no le faltaban a Kânomôri para haberle parado el primer golpe y arrancado el brazo de cuajo o de haberle traicionado y haberle cortado el cuello cuando menos lo esperase...pero el sabor de un derrota lenta y dolorosa era mucho mas reconfortante...solo con verlo en ese estado de ira disfrutaba con ello...

Escrito el 16-09-2007 21:00 #8

Hisiê se revolvió en la cama, poco a poco iba recuperando el conocimiento y sus sentidos empezaban a despertar. Ya no sentía frío, por el contrario se sentía ligera y con fuerzas otra vez. Solo tenía hambre...mucha hambre.

Abrió los ojos para ver dónde se encontraba, miró a su alrededor y reconoció el lugar como una de las habitaciones del Hada Verde. A penas había sido consciente de lo sucedido desde que llegara a la casa de Engrel para el baile, vagas imágenes aquí y allá, voces y algún rostro que no conseguía identificar...

-Sshhh,tranquila-dijo una voz a su lado-estás débil aún, no malgastes tus fuerzas.

Hisiê buscó entre las sombras de la habitación cuando de repente un rostro salió a la luz de las velas. Era Sell, la dueña del local. Ésta se acercó a la joven sentándose a su lado.

-Mi hermana, ¿dónde está? ¿Cómo he llegado hasta aquí? Yo estaba en...-Sell puso un dedo en sus labios para instarla a guardar silencio.

-No te preocupes. Tu hermana vendrá en cuanto pueda, ella está bien. Te drogaron Hisiê y a escondidas te trajeron hasta aquí. Nadie conoce tu paradero excepto algunos de nosotros.

Hisiê recopiló toda la información intentando digerirla. "¿Qué había pasado?". Solo recordaba estar sentada en una habitación en Ruskemar y una sombra...recordó entonces la sorpresa que se llevó al descubrir aquella sombra, pero no conseguía recordar...unos golpes en la puerta la sacaron de su ensimismamiento.

Sell se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.

-¿Quién llama?-preguntó sigilosa.

-Soy yo, Silêna, la Hekkena de la Señora Hisiê. Me manda mi Señora Elesinyê.

Sell abrió solo una rendija de la puerta, la luz del pasillo se filtró por la hendidura dibujando extrañas siluetas en la pared. Poco a poco la puerta se abrió un poco más tras comprobar Sell que no había nadie más con ella.

-¿Has venido sola?

La hekkena realizó una breve reverencia ante Sell antes de contestar.-Sí, tal como me indicó mi Señora.

-Estás segura de que no te siguió nadie, ¿verdad?-Sell interrogaba a la hekkena con dureza y no la dejaría en paz hasta estar totalmente segura de que no corrían peligro.

-Déjala Sell, dice la verdad, la conozco desde....desde siempre. Es de fiar.

A regañadientes,aunque algo más sosegada al hacerse cargo Hisiê de la joven, Sell desistió al fin de hacer preguntas.

[Editado por mithril_ el 16-09-2007 21:03]

Escrito el 22-09-2007 19:10 #9

Toda la ciudad parecía vibrar al compás de los ritmos de guerra que marcaban el ritmo de la Compañía del Águila. Después de casi doscientos años de guerra, su regreso era la confirmación de un sueño cumplido. Habían ganado, y la paz volvería a sus tierras. Hombres y mujeres, tanto tiempo alejados de sus hogares, volvían finalmente a casa.

Las calles de Ohtalossê se habían llenado de gente, flores y alegría, lo que la había retrasado considerablemente. Aún así, Aryáro la había encontrado, y eso la había retrasado aún más...

Tras la algarabía en las calles, Elesinyê cruzó la puerta del Hada Verde, y agradeció el silencio en el que se encontraba sumido el salón. No había nadie a excepción de un camarero que se afanaba en limpiar estanterías y botellas. Al sentir que se abría la puerta se volvió, pero al reconocerla hizo un leve gesto de asentimiento, y continuó con su tarea como si nada.

Elesinyê se retiró el manto que cubría sus cabellos, y subió las escaleras hasta el tercer piso. Golpeó suavemente la puerta con los nudillos, y ésta se abrió dejando pasar una rendija de luz a la oscuridad del pasillo. Después se abrió del todo, y Elesinyê se sintió inundada por la luz cálida de las velas.

- Te esperaba mucho antes - dijo Sell mientras volvía a cerrar la puerta con llave tras ella.

- Yo también esperaba llegar mucho antes. Pero ésta ciudad se ha vuelto loca de repente. ¿Cómo está mi hermana?

- Estoy bien - la voz de Hisiê parecía renovada, y alegre, con una energía que hacía mucho tiempo que Elesinyê no sentía. Miró hacia la cama, donde se encontraba recostada su hermana. A su lado, sentada en una silla de madera, se encontraba Silêna.

Elesinyê se dirigió rápidamente hacia la cama, abrazando a su hermana. Realmente había temido por ella, y aunque aún no se sentía tranquila, al menos parecía que se había recuperado por el momento. Le tocó la frente, y no había fiebre. El color parecía haber vuelto a su rostro, y sus ojos de nuevo parecían llenos de vida.

- Por un momento pensé que Tuoni habría de llevarte consigo...

- Yo también me sentí así... sólo que tampoco era capaz de pensar, ni siquiera estoy segura de si lo que sentía era real... ¿Qué es lo que ha pasado?

- Esperaba que tú lo supieras...

- Mi Señora, si me lo permite, voy a prepararle el baño tal como me ordenó antes - Hisiê asintió con la cabeza, sin mirar a Silèna, que se levantó rápidamente y salió de la habitación.

- No se que ha ocurrido, Elen. Recuerdo vagamente el espíritu... y después, creo que volví a discutir con nuestra madre. - Hisiê buscaba en su mente los recuerdos borrosos - Estaba empeñada en que acudiera a la fiesta, ese fue el motivo...

- ¿Te negaste? - preguntó Elesinyê.

- ¡Por supuesto que me negué!

- No entiendo muy bien por qué razón ella te quería en la fiesta a toda costa, pero así debe ser. Socavaste su autoridad, y sabemos que ella es capaz de todo por mantenerla... Todo esto es tan extraño... pero no consigo encontrar respuestas, y ella no nos las dará, eso lo sabemos.

- Hay que eliminar a Narqueliê - terció Sell. Había estado atenta a la conversación, y en ese momento se sentó en la silla que anteriormente había ocupado Silêna.

Elesinyê e Hisiê la miraron un momento, pero Elesinyê negó con la cabeza.

- Narqueliê y Engrel deben caer juntos. Eliminar a uno sólo serviría para dejarnos en evidencia. Y aquél que quedase tendría suficiente poder para desatar una nueva guerra entre hermanos... Y eso es algo que tenemos que evitar cueste lo que cueste. Creo que todas sabemos cuál es el precio de una guerra como esa...

Hubo un silencio, mientras el recuerdo de Minalcar y Andro pesaban sobre las tres elfas.

- ¿Qué haremos entonces? Ni tú ni Hisiê estareis a seguras junto a ella.

- Alejarnos de ella - respondió Hisiê rápidamente.

- De momento es la única solución. En estos momentos está de camino a Rámmar, pero volverá en cuanto compruebe que tú no estás allí. Estará preocupada, sin duda, preguntándose qué es lo que sabemos de lo ocurrido. Sobre todo, debemos aseguranos de que se quede tranquila. Debemos fingir que no sospechamos nada.

- Pues fingiremos - sentenció Hisiê con una sonrisa malévola. Elesinyê le devolvió la sonrisa.

- Deberías volver a Artelómar cuanto antes. Pero aunque Engrel y Narqueliê no se encuentren en la ciudad, aseguráte de que nadie te ve salir de aquí. Nadie debe saber dónde has estado, y por supuesto, El Hada debe quedar aún como un refugio secreto.

- ¿Tienes que irte ya? - preguntó Sell.

- Debo marchar cuanto antes, si. Tengo que visitar a alguien...

Silêna entró en la habitación.

- Señora, su baño esta preparado - anunció.

Escrito el 20-10-2007 00:17 #10

Días habían pasado ya desde que Hisiê desapareciera de las estancias de Ruskemar. Había llegado el momento de salir a la luz, se sentía agobiada encerrada en aquella pequeña habitación de El Hada Verde, agradecía profundamente la hospitalidad y la ayuda que Sell le había brindado, sin duda le sería altamente recompensada más adelante, pero ahora otros asuntos eran su prioridad; Narqueliê, que había ido en su busca a Rammâr sin duda no tardaría en regresar tras descubrir que los únicos moradores de la hacienda eran los hekkena. Se despidió de Sell no sin antes darle las gracias por todo y en la oscuridad de la noche y envuelta en una capa negra se deslizó por el pasillo que le conduciría al exterior del local.

Dos sombras se perdieron tras una esquina mientras Sell observaba a través del acristalado, nadie les seguía...su plan daría resultado...