La Guerra de los Clanes

Bosque De Aldalaurê

Escribiéndose...
Escrito el 11-09-2007 03:23 #1

Desde el Valle de Alyanân hasta el lejano Mar del Norte, se extiende un bosque frondoso de clima templado, con árboles de hoja caduca. En otoño, el bosque adquiere mayormente una tonalidad dorada y rojiza, de la cual proviene su nombre, Aldalaurê, Vida Dorada.

Las especies de árboles que forman el bosque son muy numerosas. Hayas con tonalidades ocres en otoño y robles, junto a castaños, avellanos, arces, olmos, en todas sus especies y variedades, junto con un sotobosque formado por rosales, zarzas, brezos.

Junto a los cursos de agua predominan el arce granadino, junto con los cerezos silvestres y los fresnos. El resto del bosque destaca por árboles orquídea, con intensas flores de color púrpura. Espinosas acacias con pequeñas flores amarillas, cuya floración dura todo el año. Castaños locos, que florecen en primavera en una explosión de flores blancas que destacan como nieve sobre sus hojas de un color verde oscuro. Altísimos abedules blancos con ramas espigadas. Moreras de hojas verde oscuro, con dulces frutos rojos en otoño. Los carpes, cuyas hojas amarillas permanecen en sus ramas hasta la primavera. Caltapas con hojas oscuras en forma de corazón, con grandes flores blancas en verano. El alméz, con pequeñas hojas rugosas y velludas, y sus frutos negros, pero dulces como cerezas. El cercis, o árbol del amor, con flores de un intenso color rosa violáceo a lo largo de las ramas, antes incluso de que broten sus primeras hojas en forma de corazón.

Los chorisias, con fuertes espinas cónicas de color rosa en el tronco, y vistosas flores rosas con el interior blanco. El acerolo, con sus frutos rojos en otoño y hojas de un verde reluciente. El espino albar, con hojas de color anaranjado en otoño, y flores blancas que dan lugar a frutos rojos a finales del verano. El árbol del paraíso, con hojas de color gris plateado, y flores amarillas de agradable aroma, que dan lugar a pequeñas bayas plateadas. Fresnos de flor, que florecen a finales del invierno en grandes racimos blancos de aroma intenso. El árbol sagrado, con hojas de un verde intenso en verano, y de un uniforme color dorado en otoño.

El codeso, hermoso con flores amarillas colgantes en primavera, pero extremadamente peligroso pues todas sus partes son venenosas. especialmente las semillas. El liquidambar, con hojas estrelladas que en otoño se vuelven de un intenso rojo carmín. Nogales negros, espinosos manzanos silvestres, moreras, cicacinas, árboles de hierro, chopos, álamos, ciruelos silvestres, cerecinos, sauces, sasafrás, serbales, cipreses, mostajos y tilos.

Escrito el 12-09-2007 04:15 #2

Isilíre, en Aldalaurê...

El pequeño claro de Isilìre bullía de actividad al amanecer. Las tiendas de campaña de los soldados se habían apostado junto al linde derecho del claro, buscando protección frente a cualquier posible asalto.

Organizado en calles, el campamento parecía despertar a primera hora de la mañana, si bien la guardia no había cesado durante toda la noche. Con las primeras luces del alba llegó el cambio de guardia en las empalizadas que circundaban el campamento, y aquellos que llevaban en pie toda la noche pudieron por fin descansar.

Serkendil en cambio no había dormido en toda la noche, y ya había perdido la esperanza de hacerlo. Se levantó de la cama forrada de pieles, en la que había pasado las últimas cuatro horas intentando conciliar el sueño. Vestido con la túnica corta de lino rojo, se calzó las sandalias y las anudó hasta debajo de las rodillas. Después se acercó a una palangana de loza blanca y se lavó la cara para despejarse.

Deslizó el paño rojo que separaba la zona de dormir de la que utilizaba como despacho en la tienda. Tomó una manzana de una cesta que se encontraba en una mesa baja, y se sentó en la silla de brazos que se encontraba justo delante del escritorio atestado de mapas y documentos.

Mientras daba el primer mordisco, pensó en el día especialmente agitado que le esperaba. No sólo ansiaba noticias de Angárato, aún siendo consciente de que éste habría cumplido sus órdenes sin duda alguna. Aquél día era importante por que tanto Engrel como Fyarn llegarían al campamento. Y dadas las circunstacias, Serkendil tenía mucho más que temer del Balî que del mismísimo Señor de los Enanos.

Escrito el 15-09-2007 01:58 #3

A quince millas al norte de la ciudad de Osto Othalôsse, en una cordillera escarpada, se apostaba la compañía de Angárato. El cual ya había partido para la capital. Un capitán de confianza, hizo llamar al mensajero más rápido para llevar una carta para Serkendil, el Artakano del ejército.

-Aquí estoy señor. ¿Me llamaba?-.Dijo el mensajero tras llegar al lugar donde estaba el capitán.

-Si Herkeblam, te he llamado para que lleves esta carta hasta el Artakano. Se encuentra en el claro de Isilíre.-Aclaró.- El mensaje debe de llegar antes de que el sol se ponga mañana.- Ordenó con contundencia alzando la voz.

-Enseguida señor-. Se colgó una especia de bolso forrado en pieles, guardando en su interior el mensaje. Giró sobre si mismo y de un salto se acomodó en el caballo de pelaje marrón con manchas negras en el cuello, despidiéndose de su superior con un ademán con la mano. Espoleó el caballo y este salió a paso normal hacia el oeste, perdiéndose en el horizonte.

Treinta y cinco millas de pradera y bosque lo separaban de su destino. Una leve lluvia le acompañaba desde que dejó el campamento, apretando conforme avanzaba. Llegando un punto en los lindes del bosque de aldalaurë era ya imposible ver más allá de tu propia nariz por la espesa lluvia.

-Habrá que parar en el cobijo de uno de estos árboles Masti- le dijo a su caballo.- Además, hasta que salga el sol tengo tiempo para tomarme un grato descanso-. Pensó para si.

Ató las riendas de Masti a una rama baja y gruesa, capaz de soportar la fuerza del caballo. Sacó de las alforjas una gruesa manta de lana, se tapó con ella la mayoría del cuerpo y se quedó durmiendo acurrucado entre las raíces de un espino albar. El sol ya dejaba escapar los primeros rayos entre las copas de los árboles más altos.

“Maldición” dijo Herkeblam nada mas despertarse. “El sol ya ha salido, debo ponerme en marcha si quiero llegar al medio día” decía para si mientras guardaba la manta de nuevo en las alforjas y colocaba la silla al caballo.

Con dificultad y lentitud caminaba Masti entre el frondoso bosque, apenas dejabas atrás un árbol y ya se te echaba encima en cima otro. Todos ellos de diferentes especies. Herkeblam trotaba maravillado por el paisaje que los obstáculos le ofrecían. Tras tres horas de viaje. El mensajero ya podía saborear la luz al final del bosque. Al salir al claro, tuvo que entornar los ojos hasta acostumbrarse a la luz del medio día, cuando los hubo abierto ya vislumbraba el campamento de los soldados del Artakano Serkendil.

“Ahí están, menos mal que por fin ha terminado el bosque” pensó, mientras golpeaba al caballo en el lomo, para que fuera a más velocidad. Tras varios minutos llegó a la primera tienda y preguntó a uno de los soldados:

-Disculpa…-Dijo llamando la atención del soldado.-¿Podrías decidme donde esta Serkendil?-Preguntó.

-¿Por qué debería responderte?-Respondió con voz tosca.

-Me envía Angárato, traigo un mensaje de extrema importancia para el Artakano-Insistió, recalcando las últimas palabras, para dar más importancia al asunto.

-Muy bien, esta allí, junto a la hoguera la tienda más grande, esa es la suya-. Contestó ahora cortésmente.

Caminó hasta allí, sintiéndose observado por muchas miradas penetrantes. Cuando llegó entró sin mediar palabra y antes de que el Artakano le irrumpiera comenzó a hablar:

-Señor Serkendil, traigo un mensaje para vos-Dijo sacando el sobre del bolso forrado en pieles y entregándosela.

-Uhmm… muy bien, dejame ver-.

Asió la carta de las manos de Herkeblam, la desdobló y comenzó a leerla en voz baja, con los ojos inquietos.

[Editado por fredo el 15-09-2007 02:14]

Escrito el 30-09-2007 01:42 #4

Eran las noticias que esperaba. Ni más ni menos. Serkendil dobló cuidadosamente la carta de nuevo, y la metió en su sobre.

- Está bien - dijo mientras entregaba el sobre al Arkên de la compañía - ¿Cuál es tu nombre?

- Herkeblam, Señor - respondió el elfo, sin perder la compostura.

- Muy bien, Herkeblam. Lamentablemente tendrás que esperar unos días más antes de regresar a Ohtalossê. Tengo unas contra órdenes que darte, pero me temo que habrán de esperar. Al menos hasta la llegada ... - no concluyó la frase. No hacía falta.

- Como ordenes, Señor - respondió Herkeblam, sin dejar traslucir si aquella orden le disgustaba o no.

- Pregunta por Terumon, Térar del 4º pelotón. El te dará alojamiento en una de las tiendas. Mañana al anochecer hablaremos.

Herkeblam asintió y se retiró con una reverencia. Serkendil quedó un momento pensativo. Ahora sólo quedaba esperar a la llegada de Engrel.

Escrito el 24-03-2008 21:57 #5

Se acercaba el mediodía en las tierras de los Nurulantâr cuando un anciano que paseaba por el hermoso Aldalurê se dio cuenta de que algo no iba bien, la corteza de los abedules era completamente negra…

El hombre se acercó con curiosidad, cuando se encontraba a unos pocos palmos de la corteza del abedul, algo del tamaño de una manzana y peludo le saltó a la cara y le mordió en el cuello.

El anciano comenzó a correr en dirección a la ciudad con la cara hinchada y dolorida

“ARAÑAS ARAÑAS”

Fue todo lo que el hombre pudo decir antes de desplomarse en mitad de la calle, ardiendo de fiebre y con la cara tan hinchada que sus rasgos se habían vuelto irreconocibles.

Escrito el 25-03-2008 09:36 #6

Myodul no podría haber escuchado los gritos del anciano. En aquellos momentos se dirigía al bosque, caminando en una dirección determinada.

Tres días atrás, su madre le había ordenado desaparecer de su casa y de su vista de forma permanente. Gracias a algunos ahorros, había pasado unos días en la taberna, pero sabía que debía economizar sus escasos fondos. Pese a que Zyenêre era una mujer acaudalada, difícilmente habría compartido sus riquezas con su hijo. De este modo, Myodul había decidido buscar la casa en el bosque en la que se había criado. Si la historia de su progenitora era correcta, tal vez hallaría algunas pistas sobre quién era su padre.

No estaba muy seguro de qué debería sentir hacia su padre. ¿Odio por haberle abandonado? ¿Añoranza por no haberle conocido? ¿Desprecio por ser un Adalânta? Supuso que no cabía darle más vueltas a aquello. Después de todo, había algo más urgente reclamando su atención.

-¿Qué opinas, Sophistra? -preguntó Myodul-. ¿No te parece que el bosque está muy oscuro?

La gata, que le había estado siguiendo, en lugar de responder siguió caminando. El elfo se preguntó si habría entendido la pregunta. Encogiendose de hombros, reemprendió la marcha.

La casa no estaba lejos de la linde del bosque. Era un edificio de piedra blanca alto y delgado, tal y como cabía esperar de la altanera Zyenêre. En cualquier caso, la casa siempre estaba abierta, y a menudo los viajeros la usaban como refugio cuando la noche les atrapaba antes de haber alcanzado la ciudad.

Montones de recuerdos se agolparon en la mente de Myodul al ver el conocido edificio, pero los descartó con un encogimiento de hombros. Todo lo que estaba buscando era un lugar donde dormir, y a efectos legales esa casa era suya, ¿no? Estaba bastante convencido de ello...

-Definitivamente aquí pasa algo raro -insistió en decir a la gata, quien le adelantó sin mirarle-. Bueno, entraré en la casa y esperaré a tener más noticias... Después de todo, sería una locura internarme solo en el bosque, ¿no?

Escrito el 26-03-2008 02:49 #7

Osto Ohtalossê

Un tumulto de gente anunciaba el lugar como si lo hubieran marcado con señales luminosas y un gran letrero que dijera "Aquí hay un cadáver". El murmullo de voces inquietas llegó hasta ella mucho antes incluso, pero fue el olor lo que más llamó su atención.

Sí. Eran Nurulântar. Entendían de la vida, pero sobre todo de la Muerte. Y un cadáver reciente no podía despedir ese hedor, ese olor nauseabundo, tan penetrante que parecía pegarse en la piel. Se necesitaban varios días para que un cadáver comenzara a desprender olor... y desde luego, no conocía ningún caso en el que hubieran desprendido un olor como ese. Y aún así, la gente parecía agolparse para mirar aquello que lo desprendía.

El guardia que las precedía hizo apartarse a los mirones a empujones para abrirles paso. En el centro, dos guardias se mantenían firmes, evitando que los curiosos tocaran el cadáver.

- ¿Cuándo ha ocurrido? - preguntó Elesinyê al hombre. Por el olor del cadáver, lo más probable es que hubiera muerto hace días y alguien se hubiera desecho de él tirándolo en la calle.

- Hace poco más de una hora. Hay testigos que afirman haberle visto llegar corriendo atravesando las puertas, y después desplomarse aquí mismo.

Elesinyê alzó una ceja, incrédula.

- ¿Qué testigos?

- Para empezar, los guardías de las Puertas del Norte, que lo vieron llegar con las manos en la garganta y pensaron que estaba borracho. Y después, algunos tenderos, gente de paso... Lo normal en Taratiê a estas horas.

En silencio, Elesinyê se arrodilló junto al cadáver. Había caído de bruces contra el suelo empedrado, con las manos todavía sujetándose la garganta, tal como habían descrito los guardías. Le extrañó, porque el instinto natural ante una caída era antes que nada poner las manos para evitar golpearse la cara.

- Dadle la vuelta - dijo poniéndose de pie. Los guardias cumplieron la orden, y el murmullo que los envolvía se convirtió en una exclamación de horror, y repugnacia.

Elesinyê desvió la mirada un momento. El tiempo justo para tomar aire, y después volvió a arrodillarse junto al cuerpo. Las arrugadas manos del hombre en torno a su propio cuello eran lo único que delataba su edad. Pero su rostro era una masa informe, hinchado hasta la deformidad, y de un color marrón negruzco. Tenía los ojos abiertos, la córnea enturbiada era un signo evidente de que el proceso de deshidratación había comenzado. El globo ocular era de un color rojo brillante, lo que significaba que probablemente la hinchazón había causado el estallido de sus venas.

Observó sus manos, y con cuidado las separó del cuello, cayendo bruscamente contra el suelo. Justo en el lado derecho del cuello había una herida abierta, extraña, sangrante. Un líquido negro parecía rodearla y penetrarla a la vez, pero a primera vista parecían dos agujeros producidos por dos colmillos bastante grandes.

No había animales tan grandes que dejaran ese tipo de marcas. Parecían más propias de un insecto, o un arácnido. Quizás un escorpión... ¿Pero tan grandes?

Escrito el 26-03-2008 15:33 #8

Osto Ohtalossê

Mientras Elesinyê examinaba el cuerpo, Hisiê se había internado entre el grupo en busca de alguno de los posibles testigos. Un grupo de niños, de no más de 13 años, se encontraba algo apartado del grupo, y cuando Hisiê pasó delante de ellos, uno tiró con fuerza de su vestido para llamar su atención.

Hisiê los miró un momento. Una pequeña banda parecían, quizás entretenidos en juegos lejos de la escuela, mientras sus padres trabajaban.

- Señora, Mi Señora - dijo uno de ellos, quien seguramente sería el cabecilla - Nosotros lo vimos todo...

Hisiê no pudo evitar una sonrisa triste.

- Dime, jovencito ¿no deberíais estar en la escuela? - preguntó.

- Si ... si ... - el niño parecía compungido - Pero...

- No pasa nada, pequeño. Pero dime... ¿qué es lo que habéis visto?

- Aquel señor... gritaba, Mi Señora. ¡Arañas, arañas! - gritó el niño - Pero luego cayó, y no dijo nada más...

Hisiê comprendió que para ellos había sido una impresión muy fuerte. Ni siquiera se habían acercado al cadáver, a pesar de su natural curiosidad infantil.

- Esta bien, marchaos a casa ahora - respondió ella - Quizás la próxima vez prefiráis estar en la escuela en lugar de perdiendo tiempo en la calle - añadió.

Los niños asintieron con la cabeza repetidamente, y después marcharon a la carrera calle arriba.

"Arañas", pensó Hisiê. "¿Arañas?", pensó Elesinyê a su vez, todavía arrodillada ante el cadáver. "¿De dónde vendría este hombre?". Dudaba que alguien pudiera reconocerlo.

- ¡Guardia! - llamó Elesinyê - Llevadlo al Korinfirë, donde los Anamar lo estarán esperando.

Hisiê se acercó a ella, mientras los guardias preparaban una parihuela improvisada para llevarse el cuerpo.

- ¿Qué haremos ahora? - preguntó.

- El hombre debía venir al menos de Alyanán... pero, ¿desde dónde?

- ¿Arañas en el valle? Eso no tiene sentido...

- No. No lo tiene. Habrá que hacer una batida hacia el norte. Volvamos al Khotsê. Hay que prepararlo todo...

El grupo de gente empezó a disgregarse en cuanto los guardias iniciaron el ascenso por Taratiê con el cuerpo. Elesinyê e Hisiê les siguieron de cerca, al menos hasta el Khotsê. A partir de ahí, los guardías siguieron su camino ascendente hasta el Korin.

Escrito el 26-03-2008 18:32 #9

-¿La batida?- Serkendil caminaba a grandes zancadas, vestido con sus viejas ropas de caza, portaba un largo arco y su recientemente recuperada daga, Gwath.- En nada me interesa esa batida, Annael, pero si quien va a la batida; Engrel le ha encargado la investigación a Elesinyë y hay que vigilarla de cerca.

- Creí que habíais establecido una alianza…- Annael, lo acompañaría en la batida, como guardaespaldas y consejero, siempre habían combatido codo con codo y se compenetraban a la perfección, ver luchar juntos a Annael y a Serkendil era casi tan espectacular como ver a Serkendil y Angarato, en plena furia guerrera, Serkendil no había sido considerado tan solo el mejor guerrero sino también aquel que se había sabido granjear la lealtad de los mejores, aunque su ausencia había truncado en parte sus designios. Era el momento de recuperar el camino.

- Alianza… mientras no tenga pruebas de ello, lo consideraré tan solo una entente.- Annael no se sorprendió, sabía que Serkendil no traicionaría a Elesinyë, pese a que los métodos de Serkendil no eran muy ortodoxos, era una persona de honor, cuando pactaba cumplía, pero así como él demostraba lealtad quería que le demostrasen lealtad.- La batida me servirá para controlar sus movimientos y procurar que nada le ocurra. Arañas…- el desprecio era evidente- mas peligroso es un hombre en busca de venganza.

Llegaron frente al Khôtse, eran de los primeros, pocos se habían reunido. Annael y Serkendil se quedaron aparte esperando.

-Es sumamente molesto todo el asunto.

-Mi buen Annael, siempre tan perezoso.- sonrió Serkendil.

Escrito el 26-03-2008 19:58 #10

Elesinyê iba y venía dando órdenes, y allí donde no estaba, Hisiê hacia lo mismo. Parecía que se preparaban para una campaña militar, a pesar de que habían pretenido en principio realizar una batida pequeña. Pero Elesinyê no quería dejar nada al azar, y se habían aprovisionado por si acaso fuera necesario pasar la noche fuera.

A primera hora de la tarde ya estaba prácticamente todo dispuesto. Antes de montar sobre su caballo, Elesinyê se agachó para acomodarse las botas de montar sobre los pantalones de cuero, y cuando se incorporó se cruzó con la mirada burlona de Serkendil que observaba los preparativos con indiferencia, algo alejado del resto. Ella se volvió y montó de un salto. Luego se acercó hasta él, mirándole desde arriba.

- Bienvenido de nuevo, mákar - dijo con una sonrisa, mientras el caballo se agitaba inquieto - Déjame adivinar... mmmmmm ... vienes porque estás pensando que voy a pactar con las arañas, y convencerlas de que se metan en tu cama mientras duermes...

El elfo que estaba junto a Serkendil no pudo disimular su asombro. Elesinyê lo conocía de oidas, pero ella no había participado durante mucho tiempo en la Dagor Stinthar. Había sido llamada para formar parte del Khotsê demasiado pronto, y en aquel tiempo Serkendil apenas había tomado el primer impulso de lo que después sería su brillante carrera militar. Elesinyê no dudaba de que si ella hubiera permanecido en el frente, las cosas podrían haber sido muy diferentes, pues en aquella época ambos parecían destinados a competir en todos los aspectos de la guerra.

[Editado por Indil el 26-03-2008 20:13]