La Guerra de los Clanes

Al Esgareth (El Senado)

Escribiéndose...
Escrito el 22-09-2007 22:39 #1

“Al Esgareth, haidhar aeth’vanierant” (“El Senado, guía de nuestro pueblo”), palabras de Al’Darme.

El edificio del Senado (Al Esgareth en varante) es una emblemática construcción para los varantes, un punto de encuentro y, como bien dijo Al’Darme, la guía y la espina dorsal del gobierno de Al’Varant. Incluso en la época de los Reyes, el poder del Senado fue influyente —determinante, muchas veces—, sobretodo porque contaba con el apoyo de la plebe. La monarquía, por el contrario, fue perdiendo progresivamente prestigio, algo que estalló con el intento déspota de Selragar II y sus descendientes.

El Senado, como edificio, está rodeado de un amplio patio adoquinado con bancos; se suelen colocar lonas de tela para evitar el sol, abrasador durante algunas horas del día. Dos estanques paralelos junto a dos largas filas de columnas —con capiteles adornados con flores de loto y nenúfares— flanquean el acceso a la entrada del amplio recinto.

La construcción en sí está constituida por una rama principal —y edificio original—, que es la Cámara de los Maestros, un amplio salón circular techado con cúpula; es en esta Cámara donde los senadores realizan sus reuniones y debaten, protegidos de las radiaciones del Astro Rey; en la Cámara de los Maestros siempre hace un agradable fresco.

Cuando se edificó, al Esgareth se componía únicamente de esta sala, pero por cuestiones prácticas hubieron de añadirse pasillos anexos, despachos y salones, lo que han configurado finalmente un aspecto compacto al complejo.

El Esgareth se ha conservado sorprendentemente bien a lo largo de los siete siglos de historia varante, robusto y resistente ante la erosión. No obstante, tras la desolación de la Guerra Civil, en la que Varendia fue sitiada y bombardeada por las tropas de Selrakor, hijo de Selragar, la fachada del edificio quedó dañada debido a los golpes de las balas de catapulta; no obstante, las labores de restauración han concluido prácticamente, y de hecho la pared principal se ha reforzado y adornado con letras en varante culto.

El edificio es alto y amplio, y en su interior da sensación de grandeza. Aunque no hay abundancia de adornos, la sensación no es de soledad sino todo lo contrario; se trata de un recinto acogedor, luminoso en la mayoría del día —los varantes no suelen construir ventanas en las partes del exterior que más sufren el calor del sol—. Las paredes y columnas se suelen adornar con escrituras aunque, especialmente en el Esgareth, son reseñables los mosaicos.

Las paredes interiores, al contrario que la fachada —de colores oscuros—, son claras y brillantes, como mármol o granito pulidos. El suelo, salvo en la Cámara de los Maestros, está compuesto de grandes losas de mármol negro estrellado. En el centro del Primer Salón —frente a la puerta de entrada—, en el suelo, mediante piezas de mármol de diversos colores, está representado el Corazón de Adrhant, o el Tricorazón, pues está formado por tres anillos unidos a modo de triqueta, símbolo religioso muy habitual en Al’Varant, probablemente importado de ultramar por Gunthar Borhala en los anales de la historia del Gran Desierto.

El Senado no sólo se compone de los propios senadores; estos son pocos, realmente: la élite selectiva que gobierna Al’Varant. Los pasillos y despachos están llenos de funcionarios (gartaren, en varante) provenientes de la Dehni Gartesh, cofradía directamente a cargo del propio Senado y sus altos integrantes. Estos cofrades, cuya utilidad es diversa (desde barrenderos y jardineros hasta alguaciles o secretarios), son los que acatan de forma más directa las órdenes del Senado.

Son 232 los miembros del Senado: doscientos diez senadores, los dos Balzac y veinte representantes del pueblo nómada. La Cámara de los Maestros es, con holgura, suficiente para albergar este número. De hecho, la organización original del Senado, de la época de los Reyes, constaba de un número variable de entre trescientos cincuenta y cuatrocientos senadores; no obstante, en aquella época Al’Varant regía a lo largo de todo el Gran Desierto, con lo cual, la complejidad de la administración era mucho mayor, y se requerían representantes de todas las provincias.

Los senadores no constituyen una elite hereditaria o nobiliaria; de hecho, la nobleza no existe en Al’Varant, ni las clases privilegiadas de ningún tipo. Es una de las razones por las que los senadores tienen una alta consideración social: se acepta de manera generalizada —con bastante razón— que los senadores acceden a su puesto por méritos propios, y que por tanto constan de experiencia y habilidad.

En general, al existir un número equivalente de senadores por cada Cofradía, muchas de las sesiones se convierten en pequeñas pujas de intereses entre ellas; el resultado final suele ser el consenso, una de las grandes virtudes que se exige de un senador —como ya se ha indicado en otro documento, los varantes tienen una alta conciencia social. No obstante, en alguna ocasión el clima del Senado se ha caldeado de un modo inquietante: en épocas de crisis, especialmente, como en la época de Selragar II y los desencuentros con el Senado o, más actualmente, con Khaldoon y los Razzâg.

Escrito el 24-12-2007 20:01 #2

Con asombrosa facilidad, dada su envergadura, la mujer se agachó al fondo del arcón y colocó cuidadosamente doblada la pieza de tela.

- Espere un momento, Darem, y nos marchamos.

El funcionario, con cara de resignación, miró cómo la Balzac recogía un cajón lleno de rollos y se lo endosaba, mientras que ella tomaba una pila de apuntes.

- Esto lo podrían hacer los recaderos...- gimió el secretario.

- Oh vamos, le vendrá bien un poco de esfuerzo físico. Me gustaría verle a usted cargando carros... ¡Acabaría hecho un chaval!

Duliah Samiya era una mujer empeñada en no dejar para los demás aquello que ella podía hacer. Y si podía ser Balzac y levantar lo que ella creía que había sido una catástrofe para el Senado -organizada, como ella decía, "por esa rata traidora de Khaldoon"-, pues lo haría, y pondría en forma a los funcionarios de paso. Al lado de su figura, la de una matrona imponente de piel curtida y cara rubicunda, el secretario parecía un pequeño ratón del desierto que apresuraba ridículamente el paso.

Mientras caminaban por el pasillo se tropezaron con otra de las funcionarias, que estaba repartiendo despachos.

- Dalma, si viene alguien preguntando por mí, mándale a mi despacho de La Colmena- le dijo la Balzac, y siguió su camino seguida por Darem.

La Colmena era el nombre popular de la sede de la Dehni Earan, la cofradía de artesanos; provenía de su maciza fachada, en la que las piedras de arenisca tomaban formas hexagonales que recordaban las celdillas de un panal. Pero los artesanos tenían a gala el nombre del edificio como símbolo de la laboriosidad y el bullicio que, según decían, se respiraba en sus inmediaciones.

[Editado por Ancalime el 27-12-2007 23:04]

Escrito el 04-03-2008 00:37 #3

Duliah y el secretario atravesaron la puerta principal de Al Esgareth, y se dirigieron por los jardines a la salida norte.

- Venga, Darem, ¿no sabes algo sobre el Rolzac?

- No sé de qué me habla, mi señora.

- Lo sabes perfectamente. Los funcionarios tenéis la capacidad de meter las narices en cualquier lugar del Senado, y además os lo contáis todo entre vosotros.

- Bueno, pero existen restricciones, ya se sabe... Los procedimientos legales...

Duliah Samiya estiró la fillbella hacia abajo de un tirón, lo que significaba que empezaba a cansarse de su interlocutor.

- Monsergas las justas, Darem. Conozco los protocolos. Pero los Balzac no tienen ayudantes sólo para que les ordenen los papeles. ¿Cuántos años llevas en Al Esgareth?

- Diecisiete, señora.

- Media vida. Y eras compañero de mivrat del hermano pequeño de Ul Adrath, el secretario asignado al Rolzac.

- Exacto –a Darem se le notó muy poco la sorpresa en la voz.

- No eres el único que sabe cosas. Uno de mis trabajos como Balzac es enterarme de lo que me rodea, y tomar decisiones de manera efectiva, sin que los hechos me superen.

El funcionario se quedó pensativo, hasta que al final soltó:

-En realidad, se comenta que los representantes de Al Dehni Fhanegros están sondeando al Rolzac para ver si presenta una propuesta de bajada de aranceles a la piedra volcánica del sudeste.

- Por favor, Darem, me ofende que me tomes por tonta –sin embargo, tras esta frase soltó una fuerte carcajada en mitad de la calle.- Eso ya lo sabía. Y a pesar de todo, A’zor no parece que les vaya a complacer. Ninguno de los dos les vamos a apoyar en eso.

Siguieron cuesta abajo hasta la plaza de La Colmena. El edificio se alzaba, exento, en el cruce de dos de las calles más transitadas de Varendia. Era una de las sedes de cofradías más grandes de la ciudad –la cofradía de artesanos también era una de las de mayor número de miembros- y anteriormente había sido un edificio de la guardia real, de tres plantas y exterior austero. Entraron por una antigua puerta de servicio, que se había convertido en el acceso principal de personas. En la sede de los artesanos, las grandes puertas principales estaban dedicadas a la entrada y salida de materiales, mientras que los cofrades cedían a sus objetos el paso y los lugares preferentes. Toda la parte inferior del edificio estaba destinada a almacenes, que cualquier gremio podía reservar para guardar materiales o productos que desbordaran la capacidad de sus propios locales. También se aprovechaban los sótanos, antiguos calabozos militares, como bodegas.

Hacía tiempo que se había tomado la medida de restringir el tráfico rodado a las horas nocturnas para favorecer el tránsito, pero eso no significaba que no hubiera trabajo en los almacenes durante el día: constantemente se estaban moviendo bultos de sitio en el gran patio central, y además, a sus dueños les gustaba cerrar los tratos a la vista de las mercaderías. Sólo a la caída de la tarde, en ese momento entre el día y la noche, el patio porticado adquiría una presencia solemne. Era entonces cuando se celebraban las sesiones del tribunal de ancianos, que se reunía de forma abierta cada luna nueva.

Para Duliah Samiya, este lugar estrepitoso era fuente de sosiego, donde trabajaba más a gusto. Cuando se le acabara el mandato, se quedaría allí para servir a la Dehni.

- No es necesario que subas hasta la última planta con los rollos –despidió al secretario con un ademán.- Te dejo el resto de la mañana libre – el hombre dejó lo que llevaba a un conserje, se despidió ceremoniosamente y salió del zaguán.

Qué hombre este, seguro que se va directo a la oficina otra vez, pensó Duliah, divertida.

Se internó en los pisos altos del edificio, donde se apelotonaban en reducido espacio despachos y archivos. La organización de la cofradía se llevaba a cabo desde aquel lugar, atendido principalmente por cofrades cuya edad o circunstancias limitaban para ejercer el oficio, además de los cofrades funcionarios que enviaba Al Dehni Gartesh para facilitar el trabajo... y controlar los movimientos de las cofradías. Esos encargados de archivo y contables eran en su mayor parte bisoños, jóvenes funcionarios para los que aquél era el primer puesto tras sus años de formación, la escala más baja dentro de su dehni: los funcionarios de rangos superiores los enviaban al resto de las cofradías para foguearlos, en ocasiones con mal disimulado deseo de verlos bregar con los reparos de los cofrades al meterse en sus asuntos. En Al Dehni Earan esto se sabía, y nada más por llevar la contraria se les solía tratar bien.

En el último piso de La Colmena, bajo el tejado, se encontraban los cubículos que servían como despachos oficiales; en realidad, salvo los que por necesidad de la propia cofradía necesitaban un despacho a tiempo completo, el resto compartía sitio, o utilizaba el espacio libre en ese momento. Por deferencia, a Duliah Samiya le dejaban un pequeño lugar permanente para sus asuntos; al fin y al cabo, era la primera Balzac proveniente de la dehni. Posó los voluminosos informes sobre su mesa, y se enfrascó en la revisión de unos planos que los acompañaban.

[Editado por Ancalime el 04-03-2008 15:16]

Escrito el 10-03-2008 23:36 #4

Shamal y Elaren llegaron a las puertas del despacho, golpeo con fuerza la puerta y desde el interior una voz les invito a entrar. Abrió las puertas y los dos entrarón, Elaren permanecio tras Shamal. Con un ademán Shamal saludo a Balzac.

Duliah observo al joven, pudo reconocer que era un Fatîm, ¿Qué desea un Fatîm de esta cofradía? – Pregunto intrigada.

Shamal se adelanto unos pasos, y entono su cantar:



Por vosotros los señores, los que en castillo moráis,

Por vosotros los burgueses, los que vivís en ciudad,

Por vosotros pueblo llano, hartos ya de trabajar.

Por las mujeres y los niños, que rondan el ferial,

Pos estos y los otros, por los de aquí y de allá,

Vecinos y forasteros que vinisteis de al lugar,

Sin distinción para todos comienza aquí mi cantar

Duliah arqueo una ceja, tenia cosas más importantes que atender a un Fatîm, No era que no disfrutar de sus canciones, pero aquel no era el momento y menos con la montaña de documentos que tenia encima de su mesa. Tosió, indicando que el hombre fuera al grano, si aquello era posible. Con los Fatîm solo habia una verdad, y era que no había que les gustara que escuchar su propia voz.

Un público exigente – pensó Shamal, pero no se dejo amedrentar por la mirada de la Balzac, la sorpresa bien lo valía.



¡Dejad fuera los cuidado y acudid donde el Fatîm!

Pues el Fatim que bien canta, remedio os será de mal,

Medicina de las penas y diversión sin igual!!

¡Atención que el canto empieza, y se que os ha de gustar!

No os contare fantasias, faciles de imaginar,

Que mi verso solo cante lo que pudo ser verdad.

Duliah ya perdió la paciencia y golpeo con su puño cerrado contra la mesa, la montaña de documentos se tambaleo y apunto estuvo de caer al suelo sino fuera por la rápida intervención de su ayudante.

-¿Queréis ir al grano? – Rujio la voz de la mujer, impaciente.

Shamal sonrió – He topado con un pequeño tesoro en el desierto, creo que seria una valiosa incorporación para vuestra cofradía.

¿Y se puede saber donde esta? –Preguntó Duliah.

Deliah os presentó a Elaren, un miembro del pueblo de los señores bajitos, dio un brinco hacia la derecha y la figura del enano quedo al descubierto.

[Editado por percebal el 10-03-2008 23:40]

Escrito el 22-03-2008 23:55 #5

-¿Y bien?- dijo Duliah, mirando a la figura de menor tamaño, pero dirigiéndose al hombre.- ¿Por qué creéis que podría interesar a Al Dehni Earan?

- No hay muchos de su pueblo fuera de las entrañas de la tierra, que constituyen su reino- respondió Shamal, visiblemente contento al poder dedicarse a la narración.- Los que han tenido contacto con ellos en enclaves como Tulkatumbo dicen que sus manos son de las más hábiles en labor, y que las artesanías que salen de sus manos no tienen parangón. He visto la capacidad de este compañero nuestro y lo cierto es que no desmerece los testimonios.

A esas alturas, la Balzac miraba a Elaren como un joyero observaría una piedra sin tallar; sin embargo dijo:

- Su capacidad se dilucidará en su momento, si es necesario. ¿Entendéis nuestra lengua?- le preguntó.

- Sí... más o menos- dijo la enana.

-¿Vuestro nombre?

- Los que me encontraron me conocen por Elaren.

- Un nombre apropiado, parece- dijo Duliah Samiya.- ¿No tenéis otro?

- No lo quiere revelar. Parece ser un asunto religioso o algo parecido- intervino Shamal.

- ...O quizá algo más oscuro- dijo Duliah, pensativa. Elaren intentó protestar.- Eso se verá en su momento. De momento, sólo os aconsejo que si tenéis algo que contar, será mejor que nos lo confiéis a los Balzac antes de que lo averigüemos. Por vuestro propio bien.

- Un grupo de darmanos en el noroeste lo encontraron durante una expedición comercial. No parece haber nada misterioso ni peligroso en el asunto...

-En su momento, Fatîm, en su momento- interrumpió la Balzac.- El Senado tomará las medidas oportunas. Lo cierto es que no parece peligroso. Lo que sí es extraño, ¿qué os ha traído a Varendia?

- Fue... accidental- dijo Elaren.- Pero estoy buscando a mi hermano, y quizá desde aquí pueda encontrar pistas de su paradero. Eso me han dicho. Es temporal.

- Y necesitas ganarte la vida mientras lo encuentras- le recordó Shamal.

Escrito el 27-03-2008 23:26 #6

-Otro tema importante, será el del alojamiento - Añadió la Balzac - Si anda por hay causara un gran revuelo.

Shamal interrumpió - Con la burocracia, la lentitud del senado y de las cofradías, tendremos que buscarle un buen sitió-

La Balzac fulmino con la mirada a Shamal – ¿Acaso insinúas algo? , los Fatîm carecéis de ese orden, más bien huís de él, no critiques una institución que no conoces.

-Solo digo la verdad, tardaran meses si dejamos este asunto en esas manos del senado, y seguro que mientras se pierde el tiempo en discursos estériles, y lo peor es que igual la envian a alguna mazmorra.

-Hay algo de verdad en tus palabras – Asintió – deberíamos agilizar el proceso en la medida de lo posible.

-Conozco un Razzgâz que podría atender las necesidades de Elaren.

-No, un extranjero de estas características en casa de un Razzgâz, podría verse como un trato de favor. Ademas este es un asunto que compete a nuestra cofradía, y a ninguna más.

La Balzac tomo unos instantes para pensar la mejor alternativa, tras sopesar las distintas alternativas dijo: Lo mejor será que permanezca en mi casa, así no se vera como una amenaza para el resto de cofradías, podrá demostrar tanto su intenciones como su valía.

-Me parece justo – Asintió Elaren.

Escrito el 28-03-2008 00:30 #7

La Balzac garrapateó unas letras en una tablilla de cera y se las entregó.

- Id con estas señas, que los niños ya se harán cargo. Sí, vos también- dijo a Shamal,- así lo ayudaréis a aclimatarse. Esperad- apoyó una mano en la barbilla y se dirigió a Elaren:- ¿Cuál es la artesanía que deseáis practicar? O aquella en la que sois más ducho.

Elaren se sintió muy sorprendida. Nadie le había preguntado jamás en qué le gustaba trabajar: el trabajo tenía que hacerse, y no había más que hablar. Si acaso, los muy diestros trabajaban siempre en lo mismo.

- Pues, quizá... la madera- siempre le había parecido un material misterioso: se traía de la superficie, y era blando de trabajar, muy especial.

- ¡La madera!- repitió Duliah, contenta.

- Seguro que otras cosas le gustan también- Shamal sabía que la Balzac tenía un floreciente taller de cerámica, aunque en aquel momento quienes lo llevaban eran sus hijos.

- ¡Audrant me salve, qué dices! Si Aruldu se entera de que le cambio de opinión, es capaz de echarme el Senado encima- Aruldu era un maestro ebanista, además de senador y aficionado a las grandes escenas dramáticas.