“Al Esgareth, haidhar aeth’vanierant” (“El Senado, guía de nuestro pueblo”), palabras de Al’Darme.
El edificio del Senado (Al Esgareth en varante) es una emblemática construcción para los varantes, un punto de encuentro y, como bien dijo Al’Darme, la guía y la espina dorsal del gobierno de Al’Varant. Incluso en la época de los Reyes, el poder del Senado fue influyente —determinante, muchas veces—, sobretodo porque contaba con el apoyo de la plebe. La monarquía, por el contrario, fue perdiendo progresivamente prestigio, algo que estalló con el intento déspota de Selragar II y sus descendientes.
El Senado, como edificio, está rodeado de un amplio patio adoquinado con bancos; se suelen colocar lonas de tela para evitar el sol, abrasador durante algunas horas del día. Dos estanques paralelos junto a dos largas filas de columnas —con capiteles adornados con flores de loto y nenúfares— flanquean el acceso a la entrada del amplio recinto.
La construcción en sí está constituida por una rama principal —y edificio original—, que es la Cámara de los Maestros, un amplio salón circular techado con cúpula; es en esta Cámara donde los senadores realizan sus reuniones y debaten, protegidos de las radiaciones del Astro Rey; en la Cámara de los Maestros siempre hace un agradable fresco.
Cuando se edificó, al Esgareth se componía únicamente de esta sala, pero por cuestiones prácticas hubieron de añadirse pasillos anexos, despachos y salones, lo que han configurado finalmente un aspecto compacto al complejo.
El Esgareth se ha conservado sorprendentemente bien a lo largo de los siete siglos de historia varante, robusto y resistente ante la erosión. No obstante, tras la desolación de la Guerra Civil, en la que Varendia fue sitiada y bombardeada por las tropas de Selrakor, hijo de Selragar, la fachada del edificio quedó dañada debido a los golpes de las balas de catapulta; no obstante, las labores de restauración han concluido prácticamente, y de hecho la pared principal se ha reforzado y adornado con letras en varante culto.
El edificio es alto y amplio, y en su interior da sensación de grandeza. Aunque no hay abundancia de adornos, la sensación no es de soledad sino todo lo contrario; se trata de un recinto acogedor, luminoso en la mayoría del día —los varantes no suelen construir ventanas en las partes del exterior que más sufren el calor del sol—. Las paredes y columnas se suelen adornar con escrituras aunque, especialmente en el Esgareth, son reseñables los mosaicos.
Las paredes interiores, al contrario que la fachada —de colores oscuros—, son claras y brillantes, como mármol o granito pulidos. El suelo, salvo en la Cámara de los Maestros, está compuesto de grandes losas de mármol negro estrellado. En el centro del Primer Salón —frente a la puerta de entrada—, en el suelo, mediante piezas de mármol de diversos colores, está representado el Corazón de Adrhant, o el Tricorazón, pues está formado por tres anillos unidos a modo de triqueta, símbolo religioso muy habitual en Al’Varant, probablemente importado de ultramar por Gunthar Borhala en los anales de la historia del Gran Desierto.
El Senado no sólo se compone de los propios senadores; estos son pocos, realmente: la élite selectiva que gobierna Al’Varant. Los pasillos y despachos están llenos de funcionarios (gartaren, en varante) provenientes de la Dehni Gartesh, cofradía directamente a cargo del propio Senado y sus altos integrantes. Estos cofrades, cuya utilidad es diversa (desde barrenderos y jardineros hasta alguaciles o secretarios), son los que acatan de forma más directa las órdenes del Senado.
Son 232 los miembros del Senado: doscientos diez senadores, los dos Balzac y veinte representantes del pueblo nómada. La Cámara de los Maestros es, con holgura, suficiente para albergar este número. De hecho, la organización original del Senado, de la época de los Reyes, constaba de un número variable de entre trescientos cincuenta y cuatrocientos senadores; no obstante, en aquella época Al’Varant regía a lo largo de todo el Gran Desierto, con lo cual, la complejidad de la administración era mucho mayor, y se requerían representantes de todas las provincias.
Los senadores no constituyen una elite hereditaria o nobiliaria; de hecho, la nobleza no existe en Al’Varant, ni las clases privilegiadas de ningún tipo. Es una de las razones por las que los senadores tienen una alta consideración social: se acepta de manera generalizada —con bastante razón— que los senadores acceden a su puesto por méritos propios, y que por tanto constan de experiencia y habilidad.
En general, al existir un número equivalente de senadores por cada Cofradía, muchas de las sesiones se convierten en pequeñas pujas de intereses entre ellas; el resultado final suele ser el consenso, una de las grandes virtudes que se exige de un senador —como ya se ha indicado en otro documento, los varantes tienen una alta conciencia social. No obstante, en alguna ocasión el clima del Senado se ha caldeado de un modo inquietante: en épocas de crisis, especialmente, como en la época de Selragar II y los desencuentros con el Senado o, más actualmente, con Khaldoon y los Razzâg.
