La Guerra de los Clanes

Taberna De Todo Callejón

Escribiéndose...
Escrito el 09-10-2007 21:24 #1

La Taberna de Todo Callejón

Situada en una calle que conoció tiempos mejores, La Taberna de Todo Callejón es un edificio de especto ruinoso. El interior del local no desmerece la primera impresión que el visitante se lleva, pues sucio y lleno de humo como suele estar tiene un aspecto sórdido.

Como en cualquier otra taberna, no falta la barra, las mesas y taburetes y los clientes de toda calaña y condición, pero algo tiene de especial y es su puerta secreta, conocida sólo por algunos clientes especiales, los mismos que suelen utilizar las habitaciones para reuniones situadas en el primer piso.

El tabernero es un hombre silencioso, y su silencio está en venta pues por unas pocas monedas puedes comprarlo.

Negocios, diversión o una mezcla ambos, la taberna es un lugar neutral dónde mediante un acuerdo tácito entre los distintos bandos de la ciudad todos tienen cabida.

De manera más o menos pacífica, eso está por ver.

En la planta baja se distribuyen mesas y bancos de madera oscurecida y levemente pringosa por el uso y la falta de higiene. Detrás de la larga barra, con algunos taburetes, hay un espejo que permite al tabernero ver todo lo que sucede aún estando de espaldas. Numerosas botellas de formas y colores variados esperan alineadas a los clientes sedientos. La luz es tenue y el ambiente está cargado de humo y olores intensos. Alcohol, sudor, perfumes. En la taberna todo se mezcla hasta formar una atmósfera casi irrespirable en las noches de mayor ajetreo.

Por una puerta discreta, situada en el callejón de al lado, se accede a la escalera que lleva al piso de arriba. Allí espera la mujer del tabernero, que atiende a los clientes especiales que prefieren reunirse en privado, acomodándolos en una de las 8 habitaciones dispuestas para este fin. Todas, a pesar de tener diferente capacidad están amuebladas de manera similar, con una mesa baja y pequeños taburetes acolchados. Las paredes son de un color indefinible entre el amarillo y el gris, pero están más limpias que la planta baja. La iluminación proviene de una lámpara en la pared y unas velas en la mesa.

Escrito el 03-12-2007 00:19 #2

ESTA TABERNA ES TEMPORAL

Northiêl entró en la taberna. Llevaba una capa con capucha que la cubría por completo y un bulto en la espalda. Se acercó a una mesa vacía iluminada pobremente y tomó asiento. Había llegado hacía a penas unas horas a Neitillot y el tiempo le había dado sólo para ir a casa y cambiarse de ropa. Todavía estaba un poco afectada por lo que habían descubierto sobre los furtivos y los dragones de agua, así que había decidido ir a la taberna a relajarse un rato.

Northiêl se quitó la capa y la dejó a un lado, pudiéndose ver ahora que el bulto no era otro que Nothal, siempre enganchado a su espalda. Si alguno de los presentes en la taberna vio la escena, no se sorprendió. La elfa nunca se separaba del koala y el tabernero ya había desistido de pedirle que no lo llevara con ella. Northiël sentó a Nothal en el asiento contiguo al suyo y lo aposentó como un cliente más. Después fue a la barra.

- ¿Lo de siempre? -preguntó el tabernero.

Northiel asintió sin contestar y el tabernero desapareció unos instantes para volver con un vaso lleno y un plato con algunas hojas de eucalipto.

- Hace mucho que no te veía por aquí... ¿problemas en Kwam Lâra? ¿O te retuvieron más tiempo del habitual en Dâkosto? -preguntó el tabernero, consciente de que sólo esas dos razones podían impedir que Nor estuviera en la taberna casi cada día.

- Digamos que un poco de todo... -contestó Northiêl para evitar más preguntas mientras cogía el vaso y el plato y volvía a su mesa, que ahora tenía una silla más ocupada.

- Hola pequeña, ¿no te importa que me siente, no? -preguntó Sûra, que se había sentado al lado de la silla de Northiel, quedando ésta última entre Sûra y Nothal.

- Por supuesto que no. ¿Quieres algo? -preguntó Nor descargando las manos y antes de sentarse definitivamente. Sûra negó para acabar contestando "Sólo compañía" a lo que Nor sonrió y se sentó para charlar tranquilamente. Durante un buen rato ninguna sacó el tema de lo que les había pasado en los altos de las cataratas.

Escrito el 04-12-2007 00:17 #3

Cuando cruzó la puerta de “Taberna de Todo Callejón”, el ruido y el humo le hizo el efecto como si de un muro que frenase su avance. Estaba cansado, así que a duras penas consiguió superar la barrera de la taberna y entró. Era vísperas de fiestas y eso se notaba en la ciudad y como no en las distintas tabernas.

No era la mejor taberna de Neitillot, pero a él le gustaba porque allí se había reunido muchas veces con algunos de los guerreros de Dâkosto. Recordaba las innumerables noches bebiendo kurnê, fumando karuskwê y comentando las batallas contra los orcos en los años en que aquella raza amenazaba las fronteras de Galador. Se podría decir que aquello era propio de los humanos de las ciudades del sur, pero aquellos aldalântar que se habían curtido en los últimos años en las batallas habían adoptado ciertas costumbres humanas, entre ellas la asiduidad a las tabernas y posadas. Y en cierta manera aquella tenía un sabor más propio de ciudades como Breald aunque el gobierno de Branda había intentando favorecer los locales más elegantes. Aun así, muchos de los dâkar solían acudir a aquella taberna.

Se acercó a la barra y pidió una kurnê.

- ¡Qué gusto tenerlo por aquí, general! Hacía mucho tiempo que no se le veía por este humilde local- exclamó el tabernero.

El general no pudo evitar una sonrisa irónica mientras que el tabernero le ponía la kurnê (cerveza típica de Galador). Acababa de llegar de Dâkosto y desde que aquella misma mañana habían regresado de los altos de las cataratas no había tenido ni un momento de descanso. Tras despedirse de Aiwendil que regresaba a su cabaña del bosque y de Sûra y Northiêl que iban a la ciudad, Tathâral se desvió hacia los templos Attayânarû, donde su hermana Althira lo recibió con los brazos abiertos. No todos los sacerdotes le recibieron como su hermana, más de uno había fruncido el ceño nada más verlo y más después de las dos malas noticias que traía: la muerte de un sacerdote, Tawarornê, al caer por el precipicio de las cataratas, y los problemas que habían en los altos de las cataratas con los dragones. Tuvo muchas preguntas, cómo que hacía un sacerdote en su expedición o cómo habían averiguado lo de los cazadores furtivos. Intentó dar las explicaciones y justas y necesarias.

Afortunadamente no estaba por allí Branda, así que no pidió permiso a todos los consejeros para ir a Dâkosto a ordenar que un pequeño ejército acudiera a los altos para socorrer en la vigilancia a los domadores que allí se encontraban.

- ¿Os olvidáis general que el Aratûrê tiene que dar el visto bueno a tal iniciativa?- le había preguntado uno de los más allegados a Branda.

- ¿Y vos olvidáis que una decisión de tal naturaleza tendría que ser aprobada primero en la Lindornê antes de que los assanar dierais la orden? Pero no hay tiempo para el proceso lógico. Así que yo mismo daré las explicaciones convenientes en la próxima lindornê - le respondió a Brendêl, el sacerdote que le había preguntado aquello, uno de los más allegados a Branda, mientras que se daba la vuelta y partía hacia Dâkosto.

Ya había informado a Ezirer en Dâkosto y había dado las órdenes pertinentes, por eso había vuelto a Neitillot.

Haciendo una mirada amplia por el local, vio a Northiêl y Sûra. Así que cogió su cerveza y se encaminó hacia la mesa.

- ¿Recibiréis a un cansado aldalânta en vuestra mesa?- preguntó con una sonrisa.

Northiêl asintió visiblemente contenta mientras Sûra hacía un gesto rápido que hacía suponer que también aceptaba la compañía del general.

[Editado por aratir el 04-12-2007 00:35]

Escrito el 05-12-2007 22:27 #4

La sacerdotisa entró en la taberna con un paquete en la mano. Miró a los presentes hasta que localizó a Northiel y se acercó a la mesa.

-¿Puedo sentarme?-preguntó

Escrito el 07-12-2007 13:10 #5

La taberna se estaba empezando a llenar, todos comentando las fiestas que estaban por venir en unos días. La sacerdotisa que se había acercado a la mesa esperaba la respuesta a su petición de sentarse. Asintieron con la cabeza aunque, después de que Northiêl y la elfa recién llegada intercambiaran algunas palabras, se impuso el silencio en la mesa. Tathâral apenas había intercambiado palabras con la recién llegada. La conocía porque era una de los 29 assanar del consejo, protegida de Aranarth, según sabía. Una Khalna más en el consejo. Le llamó la atención, no obstante, el paquete que traía.

Tathâral buscó en una bolsa que llevaba al cinto y extrajo una pipa karuskwê. Era pequeña y de un color verdoso, con varios símbolos aldalântar en su hechura. Extrajo también una bolsa con varias hierbas diversas, optó por una mezcla de menta, santolina y salvia, y después un toque de uskwelasse, la base de toda pipa de fumar y la hierba sagrada de los aldalântar.

- Has estado muchos días fuera, Nor, ¿cazando bichos? – preguntó al cabo de un rato la sacerdotisa mientras esperaba a que el tabernero trajera lo que había pedido.

- Ichooss, ichooss –, dijo Kakach, el loro de Tath aleteando.

Tath sonrió porque sabía que la forma de la sacerdotisa de referirse al arte de la doma iba a molestar a Northiêl.

[Editado por aratir el 07-12-2007 13:14]

Escrito el 08-12-2007 02:21 #6

- Yo no cazo bichos. Domo animales. Hago algo productivo para todos... no como tu, que te pasas el día sin hacer nada en esas aburridas reuniones... donde no hacéis más que perder el tiempo -gruñó Northiel, ofendida. -Además, estos días fuera no estaba "cazando" como dices tu...

- Ah, no? A que te dedicas ahora? -bromeó Dharaith. Y habría continuado de no ver las caras que ponían todos. -¿Acaso ha pasado algo?

Northiel dudó antes de contestar.

- Los yondeneni... estaban desapareciendo y fuimos a ver qué pasaba. Llegamos hasta los altos de las cataratas -dijo Northiel escuetamente. Dharaith la miró hermética, esperando a que siguiera. Sabía que cualquier palabra podía hacer que la que se había criado casi como su hermana dejara la explicación ahí.

Norhtiel jugó un poco con Nothal antes de continuar. No sabía si debía continuar. Miró a Tath, y al ver que nada en su rostro le indicaba que parara, continuó la explicación.

- Furtivos, Dhara! Tenemos las tierras llenas de furtivos que se dedican a cazar a los yondeneni. Y estos no cazan como yo... los dragones de agua que se llevan no vuelven a las cataratas...

Escrito el 08-12-2007 03:40 #7

Sura se quedó en silencio observando a su alrededor y sus ojos se centraron en alquien que se encontraba en la barra. Luego se acercó a Northiêl.

- Pequeña- susurró- hay que tener cuidado ya que puede llegara oídos extraños antes que se evalúe la situación en el consejo será mejor tratar el tema con cautela.

Luego tomó su copa, hizo una reverencia a los presentes y se acercó a la barra.

- ¿Tú en estos lados? ¿Acaso bebes?

Escrito el 08-12-2007 16:55 #8

Tathâral siguió con la mirada a Sûra que se había acercado a un hombre al que no le podía distinguir bien el rostro. Aunque tenía razon la dâkar, podrían haber muchos ojos malintecionados en la taberna.

- Mañana te enterarás de todos los detalles, Dharaith. El consejo va a llamar a una asamblea extraordinaria en las Aratamari a todos los assanar donde tendré que dar las explicaciones pertinentes.- dijo Tath como resignado, quizás ofuscado de tener que dar cuentas ante el consejo.

La elfa soltó entonces una risa irónica.

- Algunos tendrían que dar las explicaciones ellos mismos...- y calló como sabiendo que había hablado demasiado.

- ¿Algunos? ¿Te refieres a Branda?- preguntó entonces el general, pero ella no respondió.

El general estaba sorprendido por las palabras de la sacerdotisa pues, por alguna razón, sabía algo que él desconocía. No obstante, se calló y no siguió preguntando pues deducía que, si ella sabía algo, no iba a revelar nada. Pero ya había sembrado la duda en el general mientras a éste le venía a la mente sospechas que había olvidado.

Lo que no sabían es que, en ese mismo momento, una figura, que había estado atenta a su conversación, se levantó de una mesa situada detrás suya y abandonó la taberna.

Tathâral se apuró su kurnê y se dispuso a fumar de su pipa karuskwê que tenía ya preparada.

- ¿Quereis?- preguntó, ofreciendo de la pipa a Northiêl y Dharaith.

[Editado por aratir el 09-12-2007 15:40]

Escrito el 11-12-2007 21:38 #9

Ulwolo observó a la elfa con disimulo, y sonrió.

- ¿Y tú rodeada de gente? pensé que odiabas eso.

Ulwolo era un elfo de largos cabellos, de rostro maduro, y muy reservado una de las pocas personas en las cuales la elfa confiaba.

- Necesitamos reunirnos, las aguas no están completamente en calma y eso puede estar a favor nuestro - susurró el elfo.

Sura volteó y miró hacia la mesa donde se ubicaban Northiêl, Dharaith y Tathâral.

- ¿Qué opinas de ellos?

- ¿Te preocupan?- dijo el elfo sin voltear.

- No, pero pueden sernos de utilidad.

Ulwolo y Sura se levantaron y sentaron en una mesa algo más alejada del resto.

- Supe que tuvieron dificultades.

- Así es, primero la desaparición de los dragones, el accidente de uno de los sacerdotes, y el encuentro con dos cazadores furtivos y lobos.

- ¿Lobos?

- Era extraño, como si una fuerza les ordenase atacar o dispersar la batalla. en cierta forma si no fuera por la llegada de esos animales, podríamos haber tenido posibilidad de atrapar y llevar a la sala de interrogatorio a uno de ellos. y lo más raro de todo, es que no encontré cuerpos, y con sus heridas difícilmente podrían haber escapado de los lobos a pie... Ulwolo... uno de los cazadores llevaba la imagen del árbol en un diminuto pendiente... Al verlo no le di importancia. Pero ahora no lo puedo sacar de mi mente...Se parece muchísimo al pendiente que le vi a Branda en nuestro último encuentro.

El elfo se quedó pensativo, por los rumores que rondaban el consejo, tenía la sensación que las cosas se complicarían.

- ¿Te ha mandado a llamar?

- Si... y creo saber que es lo que desea.

Sura observó a la mesa donde se encontraba Northiêl.

- Será mejor que parta, nos vemos al cambio de luna... ah una cosa, dile a tu Culebrina que si desea ir a mi casa que no se eche a dormir una siesta en mi cama.

La elfa sonrió al oír eso, con su amiga tenían una unión especial, pero ella era completamente independiente, a parte que… las serpientes son sordas.

Ulwolo antes de desaparecer por la puerta del local, pasó cerca de la mesa donde se encontraban Northiêl, Dharaith y Tathâral, cruzando las miradas con éste último he inclinando la cabeza en señal de respeto.

Sura mientras tanto se quedó pensativa, sabía que Branda tenía algo entre manos y eso no le agradaba.

[Editado por auriga el 11-12-2007 22:08]

Escrito el 16-12-2007 22:51 #10

Northiêl y Dharaith habían rechazado el ofrecimiento de su karuskwê. Para Dharaith, al igual que para cualquier sacerdote, el fumar de esa pipa fuera de escenarios ceremoniales y de rituales le parecería algo bajo y denigrante. Pocos eran los sacerdotes que comprendían el disfrute de la pipa en la vida cotidiana de cualquier elfo, tan restringido como lo tenían a la vida espiritual. En los últimos años, la corriente de pensamiento que extendía la vida espiritual del clan de conexión con la naturaleza a cualquier momento de la vida del elfo se estaba extendiendo, de ahí la popularidad de la karuskwê entre el pueblo bajo y no sólo bajo, sino que algunos sacerdotes también la fumaban en la privacidad. Los que, como Tathâral, defendían el fumar de la pipa no sólo en rituales, alegaban que todo elfo no debía restringir su vida espiritual y su conexión con la naturaleza y con Nensir a esos momentos que marcaba el dogma del clan sino que cualquier momento era bueno.

Sûra y Tathâral estaban pensativos mientras las otras dos seguían conversando, discutiendo sobre si eran mejor las estrellas o los animales. Al general le había extrañado que Sûra tuviera tanta relación con un assana. Conocía a Ulwolo, o al menos lo había visto en las asambleas, por lo que creía era bastante allegado a Branda. Estaría más atento a la dâkar, pues no sabía que se podría traer entre manos con el assana, ya se había sembrado la desconfianza en el elfo. Aunque en cierta manera nunca se había fiado de ella, conocía el pasado de la elfa, y siempre pensaba que alguien que había demostrado tendencia a la cultura nuru no podía ser buena para el clan. Nunca se había metido en la decisión del consejo hacía tantos años atrás y la había acogido en Dâkosto sin ningun problema, aunque le preocupaba al igual que le preocuparía a Aranarth, el mentor de Nor, que Sûra y Northiêl tuvieran tanta amistad.

Sus pensamientos bullían con intensidad en su mente, sabía que muchos intereses se mezclaban dentro del clan y Tathâral debía ser cauto para que los suyos no se vieran negativamente afectados, así que decidió vigilar más a Sûra. Seguramente le habría dado información privilegiada a Ulwolo y éste ya habría puesto sobreaviso al consejo.

Tathâral miró a Dharaith y ella le sonrió al tiempo que continuaba hablando con Nor. Si lo que insinuaba la sacerdotisa era cierto, Branda y los suyos ya estarían planeando la mejor manera para salir bien de aquel entuerto.