La Guerra de los Clanes

Dâkosto, Templo-cuartel

Escribiéndose...
Escrito el 01-10-2007 00:09 #1

Al templo-cuartel de Dâkosto, “fortaleza de la guerra”, se llega a través del karnitiê desde Neitillot, a dos horas a caballo y poco más de cuatro horas a pie. Alberga un complejo religioso-militar separado de las Attayânaru y es el más importante centro religioso después de éstas.

Rodeada por unas murallas de tono verdoso y con numerosas almenas, la entrada a Dâkosto tiene lugar a través de una puerta metálica de color negro inserta en esas murallas. Al igual que muchas edificaciones de los aldalântar, este complejo está rodeado por unos amplios jardines salpicados por acequias y fosos, por lo que en la puerta existe un puente elevadizo para poder acceder al interior. Una vez hemos pasado la puerta, nos encontramos con un corredor que nos lleva a una primera sala al aire libre, la Sala de Dâkeru, en honor al dios de la guerra entre los guerreros aldalântar. Una monumental estatúa central evoca a esta divinidad, representada por un guerrero laureado con ramas de distintos árboles. La sala está a su vez rodeada por columnas con motivos arbóreos de culto con extensiones en forma de ramas de árboles. Esta sala constituye de algún modo el patio central o claustro típico de las fortalezas alda, y del cual partían las otras estancias. A la izquierda se hallan el puesto de guardia, las naves de acuartelamiento de las tropas, los establos y las cuadras donde se guardan los animales que se van a llevar a la batalla y luego unas escaleras que conducen a unas mazmorras subterráneas. A la derecha de la Sala de Dâkeru se halla la herrería, la armería, un depósito de agua, diversos huertos y algunas estancias menores como dormitorios, cocinas y letrinas.

Por su parte, al frente de la Sala de Dâkeru, hay un acceso a una nueva sala, esta vez cubierta, la Sala de Kelve, con una figura central en forma de león. Esta sala está dedicada al dios de la caza y el adiestramiento en cuya izquierda se accede a las Estancias de Entrenamiento, una de las cuales es al aire libre y está configurada en forma de anfiteatro, lugar destinado a albergar espectáculos, juegos, luchas, etc ; por la derecha se accede a una serie de estancias, con patios menores, las Estancias de los Rituales y, entre ellos, el Santuario, al que sólo tiene acceso los maestros y generales, y la Sala de Reuniones. El santuario, que es donde se venera a Nensir, está decorado con dos tapices una con la imagen de las cataratas de Nensir y otro con la imagen del árbol de vida. Por su parte, la Sala de Reuniones es el espacio donde tienen lugar las reuniones de los ainâr de Dâkosto para tomar decisiones relativas a la administración del lugar, planear estrategias de guerra o evaluar las peticiones que han de llevar ante la asamblea de gobierno en Neitillot. Está adornada con varias columnas, una fuente central, motivos arbóreos en las paredes y una mesa de consejo.

Todo aldalânta que se inicia en la educación y el conocimiento de la Ayangôle, a pesar de que la mayoría de clases y enseñanzas las realiza en Attayânaru, las clases de habilidades básicas de la guerra las desarrolla en Dâkosto, después de la reforma de 1521. Pero es ya en la segunda etapa del Ayangôle cuando para el aldalânta se le divide el proceso en tres caminos del cual debe elegir uno, si ha sido llamado por uno de los dos caminos sacerdotales seguirá en Attayânaru, al contrario si el camino del guerrero le ha tocado, completará su enseñanza en Dâkosto. No obstante, no sólo aprenderá aspectos militares en el templo-cuartel, sino numerosos rituales y dogmas generales del clan que ha de saber para ser un completo aldalânta.

Escrito el 01-10-2007 00:58 #2

Ezirer esperaba sentado en la mesa de la Sala de Reuniones mientras acudía el resto de congregados a aquella reunión de urgencia. Bret, mano derecha de Tathâral, ojeaba a su lado los informes de las expediciones de esos días.

En ese momento entró una persona en la habitación: una mujer de cabello corto y rubio.

- Maestro – dijo mientras saludaba a Ezirer. Le dio también un saludo a Bret. - ¿Soy la primera?

El prócer de Dâkosto afirmó con la cabeza mientras mostraba con la mano derecha una silla a su lado. Mientras la joven se sentaba justo al lado del prócer, miró al capitán situado al otro lado de Ezirer.

- ¿Y Tathâral, no ha regresado aún? – le preguntó a Bret.

Éste alzó la mirada del montón de papeles y miró a la elfa y durante unos instantes se quedó mirando los ojos de ella. Ezirer respondió por él.

- Târîs, el general se volvió a marchar ayer tarde. Y el motivo es el mismo por el que os he reunido hoy aquí.

La joven se alarmó y su fulgurante mirada atisbó destellos de preocupación.

- ¿Qué ha ocurrido?

- En cuanto vengan los demás os explicaré.- respondió el prócer.

El resto de ainâr congregados a la reunión fue llegando poco a poco. No eran todos los ainâr los que habían sido llamados a la reunión, sólo los tûrer o artadâkar (altos ainâr con rango de generales), entre ellos la propia Târîs, una de las más importantes generales de las tropas. No obstante, había una excepción del propio Bret, que sólo era ainâ, que por ser segundo al mando de las tropas de Tathâral siempre era llamado a las más importantes reuniones.

- Bien, ahora – comenzó Ezirer mientras se aclaraba la garganta. Todos ya estaban en sus asientos.- La situación es la siguiente. La maestra domadora Nenlê Tauriel envió un comunicado ayer de los problemas que están teniendo en los altos de las cataratas con los reptiles.

- Ya sabíamos los domadores que los Yondêneni no estaban reproduciéndose con normalidad. – dijo un joven de pelo castaño.

- Aún hay más- continuó el prócer.- En esta última visita parece ser que no han encontrado apenas individuos de esta especie. Tathâral junto a los ainâr Aiwëndil, Northiêl y Sûra han ido a investigar pues según cuenta la maestra en la nota están teniendo problemas.

- ¿Qué se teme? – preguntó Târîs.

- Quizás podamos tener cazadores furtivos en nuestras tierras provenientes de alguna ciudad del sur de Galador. En cuanto regresen de la expedición sabremos a que nos enfrentamos. Por el momento, vamos a reformar la vigilancia de nuestras fronteras, en especial la frontera del sur.

- Yo me encargaré de la frontera del sur. Organizaré una compañía junto Buglúk y sus orcos – dijo Târîs refiriendose a su segundo al mando, un orco de los que juraron lealtad al clan tras las guerras de 1520.- y vigilaremos las tierras entre las Annaicasse y las Montañas de Nensir.

- Me parece bien. Bret y sus hombres irán hacia las fronteras vigiladas por Tiraikas y el resto os deberéis dividir las fronteras del norte. – dijo Ezirer.

Todos empezaban a levantarse de sus asientos mientras murmuraban entre ellos la noticia inesperada. Ezirer los detuvo antes de que alguno abandonara la sala.

- Este asunto tiene que quedar en silencio por el momento. No queremos generar una alarma entre los sacerdotes de las Attayânarû ni los consejeros del Aratûre hasta que no tengamos un informe conciso. Así que máxima discreción.

Los tûrer asintieron y fueron abandonando la estancia. Cuando Târîs y Ezirer se quedaron a solas ella se acercó a él.

- Sospechas que Branda pueda estar detrás de todo esto, ¿verdad?

El prócer asintió.

- En efecto. Ya conoces además los rumores de las buenas relaciones de Branda con Ramjakhîn. Por eso, Tathâral y yo hemos preferido que por ahora no salga este asunto a la luz y se quede en Dâkosto.

- No dudes que Buglúk y yo actuaremos de la manera más silenciosa y secreta posible. Por mi no será que esto llegue a las Aratamari antes de tiempo.

La joven abandonó entonces la sala dejando a solas a Ezirer envuelto en sus pensamientos.