La Guerra de los Clanes

Misión: Un Banquete En Tûgore

Escribiéndose...
Escrito el 09-01-2008 21:26 #1

Unas nubes retazadas cubrían débilmente el cielo de Tûgore en el corazón del Nendataurë, una ciudad de tamaño medio, con un censo de unos 15000 habitantes.

La ciudad estaba dividida en cuatro barrios de tamaño similar, en uno de los cuales, el más cercano a la puerta principal, se encontraban los edificios militares y, en los otros tres, diversos comercios, tabernas y las casas de los residentes. La ciudad estaba posicionada en la ladera de una montaña, siendo el punto más alto un singular castillo perteneciente a Lôr Tûran, el Sûtagûn (lit. el Real Hogar) aunque en su origen había recibido el nombre de Sûtaesgaren (lit. el Hogar Alto en la Ladera). Los edificios, desde la entrada hasta el castillo, iban subiendo en altura, con tejados planos para que los arqueros tuvieran buena visión en caso de guerra. Y la calle principal que cruzaba la ciudad de norte a sur podía abarcar varias carretas de mercancías. Se trataba, por ende, de una ciudad de bullicio comercial, bastante transitada diariamente.

Largo tiempo llevaba Lôr Tûran gobernando esta ciudad, afanado por dotar a su ciudad de un renombre y una fama que llegasen hasta todos los rincones de Rómenor. Desde el momento en que su padre le había hecho sucesor al trono, Tûran se había propuesto convertir aquella ciudad pequeña y olvidada entre los bosques del sur de Rómenor en un referente de aquella parte del mundo.

Un hombre había pedido audiencia con el rey por lo que fue conducido por dos guardias reales a través de pasillos oscuros. Atravesaron salones y múltiples estancias cuyo número total se perdía para una persona que anduviera rápido a través del trazado del castillo real. Se detuvieron en una pesada puerta al fondo de un pasillo tenuemente iluminado por dos antorchas. Uno de los guardias dio unos golpecitos en la puerta y ésta se abrió de par en par. Al otro lado apareció un rostro severo con algunas arrugas surcándolo y una mano larga le indicó que podría proceder a comunicarle el motivo por el que había pedido real audiencia. El hombre le dio entonces varios mensajes que el rey leyó con atención. Habían pasado ya varios días desde que Lôr Tûran había enviado a las tierras vecinas unas invitaciones para que sus destacados dirigentes asistieran a un banquete en los salones del castillo real. Según los mensajes que le habían traído, parecía que podría contar con la destacada presencia del dirigente de los marllajtay al otro lado de las Andië, Allpa´huátl, llamado el Khútic entre su gente, acompañado de un hombre de su entera confianza. En cambio, Turmor, rey de Nimost, en la tierra de Norê Rá Rilmalotse, no asistiría al banquete pero a cambio enviaba a tres personas que le habrían de representar ante el rey de Tûgore.

En la gran cocina de Sûtagûn los sirvientes preparaban los guisos y los diversos manjares que iban a componer la mesa, mientras que el Salón de Festines se acomodaba para la ocasión. No obstante, el rey había precavido que no se corriera mucho la voz entre los ciudadanos pues quería que aquella reunión fuera íntima y que sus asistentes se encontraran cómodos. En unas horas, en las estancias de Sûtagûn, se recibiría a los asistentes a un satisfactorio banquete en Tûgore.

[Editado por ingaran el 09-01-2008 21:54]

Escrito el 10-01-2008 01:27 #2

Después de una larga travesía a través de los fríos y elevados pasos de las Andië y cruzando los espesos bosques de Nendataure siguiendo el curso del Neldesire, finalmente el gran Khútic de Híssuë, Allpa'huátl, se encontraba frente a las puertas de Tûgore. Le acompañaba Morlyg, quien en sus quince años de estancia en Híssuë al servicio de la corte en calidad de embajador con el pueblo Númenoreáno, se había ganado la confianza del Khútic.

- Tûgore, al fin - sentenció Morlyg, contento de haber concluido el duro viaje.

- Sí - aprobó el Khútic. - Dirijámonos cuanto antes al castillo del Lôr Tûran. Me temo que llegamos con extrema puntualidad.

Atravesaron las puertas de la ciudad seguidos de la pequeña escolta de la milicia pública que los acompañaba. Ante sus ojos se extendía la próspera Tûgore, que desde la llegada al poder de Lôr Tûran había experimentado un notable crecimiento a nivel económico. Aquí y allá observaban el ajetreo de los comerciantes, tanto locales como de los pueblos de alrededor.

A Morlyg le costaba ocultar su fascinación. Ya hacía muchos años desde su llegada a Rómenor, pero cada nuevo lugar que conocía le producía un gran asombro. Demasiado poco se sabía en Númenor sobre ese gran continente, y aún menos en Umbar, su tierra. Y como no es de extrañar, no se pensó dos veces solicitar al Khútic poder acompañarle en este viaje, en cuanto supo de la invitación del rey de Tûgore.

Cuando hubieron remontado la calle principal en continuo ascenso por la ladera de la montaña, se presentó ante ellos el majestuoso castillo del rey, sólido y bello al mismo tiempo. Dos guardias reales custodiaban la puerta, que ya habían advertido de lejos la presencia de la compañía, hasta que uno de ellos se adelantó a recibirlos cuando ya se encontraban a pocos metros de ellos. La compañía se detuvo, y Allpa'huátl y Morlyg desmontaron de sus imponentes corceles Númenóreanos.

- Sin duda vos debéis ser el gran Khûtic de Híssuë - habló el guardia que se les había acercado. - Sed bienvenidos a Tûgore.

- Es un placer para nosotros haber sido invitados - respondió Allpa'huátl.

Escrito el 10-01-2008 01:53 #3

Allpa'huàtl era joven y, para los estándares de la gente con que debía manejarse, un provinciano. Pero hace un año y algunos meses que ocupaba el más alto mando de los suyos, los Marllajtay. Y no lo hacía nada mal. Pero al Khútic no le gustaba viajar, y nunca antes había salido de su patria. Aunque no se permitiera confesárselo a nadie, tenía miedo y estaba preocupado.

Fue por esto que impuso como condición a los emisarios de Lôr Tûran viajar acompañado de una escolta (pequeña y no muy bien armada, pero escolta al fin), y de un hombre de su confianza que tenía una enorme ventaja sobre él: conocía mucho mundo, había nacido en Umbar, vivido en la lejana Elenna, y conocía sobre pueblos y lenguas extrañas más que nadie de entre todos los habitantes del Apákt'chüta.

Y fue por esto también que le encargó expresamente a su Ayni, Rawa, que quedara al mando de los asuntos marlljtay en su ausencia, ocupándose de todo al menor detalle como él solía hacer. Y que por nada del mundo, ni aunque volviera Malkñý de las más profundas tinieblas, dejara por un instante de ejercer toda su presencia sobre los díscolos de híssuë, que no eran pocos.

Pero ni bien abandonó los valles de las Andië y vio oscilar y apagarse la última luz del más lejano Aylli de los Khäll'chá, se sintió desfallecer y no pudo evitar pensar en que todo iría de mal en peor de allí en más. Pero era su deber de gobernante, y se impuso seguir adelante para asistir en tiempo a esa importante cita con el Rey de esa ciudad misteriosa y relativamente cercana.

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-No esperaba que existiese en Arda un sitio tan seco y frío -comentó con sus compañeros al avistar el poblado entre los bosques debajo-. Las casas son descoloridas y las gentes visten casi sin ornamento. Si no fuera por la riqueza de los materiales diría que esto es más un refugio de montaña que una ciudad.

Allpa'huátl seguramente exagerara. Y además el invierno debía ensombrecer bastante el bosque y el poblado. Pero ciertamente, para los estrafalarios y coloridos, vivaces y alegres marllajtay aquellos contrafuertes y fortalezas sólo podían parecerles poco más que un cementerio habitado por gentes opacas.

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La pequeña compañía subió por caminos y escalas interminables hasta la puerta de palacio. y de allí fueron diligentemente dirigidos a unas habitaciones ricamente preparadas. Cuando Allpa'huátl y Morlyg quedaron solos en el gran salón que daba acceso a los dormitorios, ambos junto a un fuego que resplandecía en un amplio hogar, el númenóreano rió:

-Vaya contradicción ¿verdad? Por dentro de las duras fachadas de piedra descolorida, estas gentes tienen lujos y comodidades que dejan muy en ridículo a tu modesto pueblo, Allpa. Será mejor que cuides tu bocota en presencia de Lôr Tûran, no queremos ofender a nuestro anfitrión.

Escrito el 10-01-2008 13:05 #4

Alto estaba el sol en el cielo. Largo era el viaje y cercano el destino. Evendim cabalgaba sobre Nandra y ambas formaban una estela blanca en medio del bosque.

Se había vestido con sus mejores atuendos. Su vestido plateado con ornamentos en blanco y dorado combinaba con la diadema fina que reposaba sobre su frente. El capuchón de su capa brillante daba a su rostro un aire de misterio poco frecuente en ella. En la silla de su caballo llevaba guardada a Dúnaisil. Nunca sabía cuando podría necesitarla.

Había sido invitada. Así como otros a los que ella no conocía. La situación le sorprendía tanto que no rondaba otra cosa por su cabeza. No conocía a ese rey y estaba ansiosa por ver su rostro.

Cuando Evendim tiró de las riendas de Nandra, pudo ver ante si una gran fortaleza. Era de su gusto, y por ello se quedó maravillada. Una tímida sencillez ligada a una incesante fuerza... recordaba a Evendim su pasado y tambien le evocaba su destino.

Los guardias la detuvieron para preguntarle por su persona. Ella se lo explicó y luego la dejaron pasar. Cuando pasó por las puertas del castillo sintió algo extraño en su interior. No sabía que éra.

Un rato después fue conducida frente a las puertas de una sala. Estaban cerradas. Allí se quedó un momento... y esperó.

[Editado por galath_undome el 10-01-2008 13:07]

Escrito el 12-01-2008 01:17 #5

El salón se encontraba vacío, a excepción de Allpa'huátl y Morlyg. El mobiliario se limitaba a una mesa baja junto al hogar, muy amplio y gustosamente decorado con tallas y figuras. Alrededor de la mesa se disponían cinco sillones, dos de los cuales ocupados por los dos viajeros, que conversaban mientras comían las ricas tortitas que un asistente del castillo les había servido poco antes. Éstas habían sido acompañadas de un delicioso té rojo. Pero si bien el mobiliario podría resultar escaso en un salón tan grande, la decoración era rebosante. Tres grandes columnas se levantaban en el centro de cada una de las tres paredes restantes, todas ellas coronadas con recargados capiteles. Las paredes exhibían alegres murales que representaban escenas de celebración y regocijo. Una gran lámpara de araña iluminaba la estancia junto con otras lámparas en las paredes. Las ventanas, altas y estrechas estaban abiertas y la brisa penetraba en el salón haciendo danzar las llamas del hogar y las lámparas.

- No me da buena espina, esto -. Comentaba Allpa'huátl, con tono contrariado. - ¿Nos conducen a nuestras habitaciones sin más explicaciones y nos dejan aquí? "El señor les avisará cuando sea la hora." ¿La hora de qué?

- Calma, amigo. - Replicó Morlyg, tranquilo pero con un cierto aire divertido. - Ya nos va bien así, recién llegamos de una dura travesía y realmente a mí me apetece un poco de tranquilidad. Nos han ofrecido una merienda restauradora y pienso que además con gran amabilidad. ¿La hora de qué? Está anocheciendo, pronto será la hora de cenar. Y antes quisiera tomar un baño relajante.

La gran puerta del salón se abrió y apareció el asistente que momentos antes les había acompañado. Invitó a entrar a alguien. Una hermosa joven de blanca piel y oscuros cabellos que caían por debajo de sus caderas entró en la sala. Sus ojos escudriñaron a los dos hombres que se encontraban sentados junto al fuego. Se levantaron al unísono. Morlyg no supo adivinar si aquella doncella era humana o elfa. Su mirada profunda revelaba que aquellos ojos habían visto mucho más mundo de lo que su aparente corta edad podía hacer suponer. O tal vez era realmente una elfa.

El asistente del castillo y a doncella se dirgieron hacia ellos.

- Doncella Evendim de Nimost, le presento al gran Khútic de Híssuë, el gran Allap'huátl y su hombre de confianza, Morlyg de Umbar -. A continuación se dirigió a los dos hombres. - La dama Evendim ha sido invitada al evento, al igual que ustedes, en representación del pueblo de los Rillië.

- Un placer conocerla -. Dijeron los dos hombres.

- Encantada.

- Posiblemente tú sepas algo más que nosotros, acerca de los motivos por los que hemos sido invitados -. Inquirió Allpa'huátl.

- Disculpa su tono, no le gusta abandonar su tierra, y ahora está muy lejos de su hogar y su esposa.

El Khútic lanzó una mirada desaprobadora a Morlyg. Ni mucho menos había querido ofender a la joven con la pregunta, pero sí es que estaba inquieto. Pero hablaría con Morlyg más tarde. No podía ser que le desautorizara de esa manera ante desconocidos y tan lejos de Híssuë.

- No te preocupes, yo también estoy algo desorientada. Y no, mi señor, me temo que no sé más que ustedes, recibí la invitación para el banquete que celebrará el rey y en el mensaje no decía nada más acerca de sus intenciones o el motivo de la celebración. Y al llegar a la ciudad he observado que tampoco hay más alboroto en la ciudad que el de los comerciantes y el bullicio habitual de una ciudad. Parece ser que el rey lleva este asunto con bastante discreción. Me pregunto por qué... Es bastante misterioso.

Morlyg observaba intrigado a la joven. No le sorprendía el nerviosismo de Allpa'huátl, pero sí se sorprendió de que la doncella de Nimost también tuviera esa sensación.

- Sin duda debe ser algo importante, espero que pronto nos reciba el rey -. Sentenció Allpa'huátl.

[Editado por Earendil84 el 12-01-2008 01:21]

Escrito el 12-01-2008 05:27 #6

Desde muy lejos un jinete cabalga suavemente sobre el camino que se dirije a la fortaleza de Lor Turan, el caballo de negro pelaje se acerca en la mano del jinete un pergamino es llevado ,tambien un mapa con el cual se ha guiado hasta tal lugar, sin mucho protocolo en su vestimenta el jinete se aproxima pero de pronto frena a corcel y alguien se baja rapidamente, una capa lo envuelve y sale de la vista de todos, el junete sigue su camino sin poner mucha atencion a lo hermosos del paisaje sin embargo algo le dice , que debe temer cuidado ,cuando llega a la gran entrada de la fortaleza de Lor turan enseña el documento a los guardias que alli estan y le dice:

Se me ha invitado a una reunion y a un gran banquete que su señor Lor Turan esta ofreciendo ando tambien en la busqueda de una dama ,su nombre es Evendim y creo que debe de haber llegado.

Si la Dama ya esta aqui, pero a Quien anuncio

Yo soy Anestel y vengo en nombre de mi clan como invitada al igual que la otra Dama si me podeis decir hacia donde puedo llevar mi cabalgadura y dirigirme le estare agradecida.

Es que sois mujer?

Anestel lo miro de reojo recordando a los muchos que hicieron la misma pregunta en otras funestas ocaciones y recordo como amablemente les habia sacado las quijadas de una bofetada.

Imagino que no podeis mirar con claridad por mi capa- mordiendose internamente la parte posterior de la boca.

Los guardias se quedaron pensatibos ya que la contextura y su altura no era precisamente muy comun, sin embargo se quito la capucha.

y como podeis ver ahora tampoco soy una mujer , soy una Elfa por donde sigo estimada criatura.

Con asombro y un escalofrio que corrio por las venaqs de aquellos guardias le indicaron hacoa dondebia de ir para dejar a su bestia.

Espero que Evendin este bien dijo mientras se tocaba la empuñadura de su daga de nacimiento, algo me dice que este sitio no es lo que parece.

Escrito el 12-01-2008 15:12 #7

La joven había conocido a los dos hombres sureños: Morlyg y Allpa'huátl. Sin dudarlo, aquellas presencias habían tranquilizado su ser. La ambabilidad de Morlyg le acercaba confianza, y el nervisosismo de Allpa'huátl le recordaba a ella misma. Dirigiéndose a Morlyg le habló con amabilidad.

-¿Llegásteis hace mucho mi señor?

-No. Hace poco tiempo que estamos aqui. Intentamos acomodarnos, pero a mi acompañante el sitio no le agrada en gran medida.

-Lo entiendo.- por primera vez desde su llegada esbozó una sonrisa.- La desconfianza hacia lo desconocido es humana.

-Vos tambien la tenéis... asique por esa deducción sois humana...

-Buena deducción. - le dijo a Morlyg.

Escrito el 14-01-2008 00:07 #8

Turmor, al igual que todos los decendientes de Turatan, tenía una extraña actitud cuando se trataba de otros reinos; si mantenía las relaciones diplomáticas era solamente porque parte de sus obligaciones consistían en evitar la guerra (mientras eso fuera posible). Sin embargo soñaba con un tiempo en el cual Romenor se refugiara bajo los principios de los Rillië y para ello cuidaba de su hijo, Turkalion, y no lo enviaba lejos del reino. Por eso, a petición de Lôr Tûran, mandaba a Orostalion, su mano derecha, como representante pero el viejo elfo no estaba dispuesto a hacer un viaje tan largo... Así fue como Áreglîniel terminó cabalgando hacia Tûrgore sobre un caballo blanco y su perro de caza, Daedraug, siguiéndola.

Al llegar al castillo los guardias la esperaban. Estaba tarde, pero no lo lamentaba hasta el último momento trató de disuadir a Orostalion de que fuese y que si era necesario ella lo escoltaría... Pero el elfo era tan necio como Túrin Turambar.

Uno de los guardias se llevó al corcel al establo y la elfa estaba a punto de entrar, cuando el guardia que quedaba la miró dudativo.

- El perro... no puede entrar -dijo.

Áreglîniel se mordió la lengua, molesta. Le dirigió una mirada al can y éste asintió levemente. No le gustaba dejarlo afuera, pero no estaba en posición de quejarse, no era su reino y mucho menos su castillo... Ni siquiera empezaba la reunión y ya lamentaba haber asistido.

Escrito el 14-01-2008 21:31 #9

Tras la llegada de la elfa Áreglîniel ésta fue conducida al salón donde esperaban el resto de invitados: el Khútic de Híssuë, Allap'huátl y su hombre de confianza, Morlyg de Umbar, y las otras dos damas de Norê Rá Rilmalotse, Evendim y Anestel. No había venido nadie de Geigasa ni de Galja, ni siquiera habían anunciado el motivo de su ausencia, en cambio desde Tumbo se había informado que por problemas diversos no asistiría ningún representante de la diplomacia de aquella ciudad.

Mientras hacían tiempo, los mayordomos de palacio les habían traído unas tortitas y té rojo por lo que estaban tomando un tentempié cuando alguien abrió las grandes puertas del salón. Se trataba de un hombre algo embutido en unas galardonadas vestimentas cuyos largos cabellos rubios caían por detrás. Era alto y sus facciones sorprendieron a los invitados pues se trataba de un elfo.

- Mis señores. Deseo sepáis perdonad la larga espera. Los asuntos administrativos muchas veces entretienen más de lo previsto. En poco rato, Lôr Tûran estará con vosotros y la cena estará servida.

Acto y seguido, el elfo volvió a abandonar la estancia dejando de nuevo sólos a los invitados.

[Editado por ingaran el 14-01-2008 21:32]

Escrito el 15-01-2008 04:06 #10

Allpa'huátl se sobresaltó cuando escuchó de boca de la Dama Evendim que aquella muchachita que aparentaba la sabia y antigua juventud de los elfos era en verdad alguien de su misma raza.

No sólamente la blancura estelar de su piel se le aparecía como algo inaudito en una danay -esto era algo que le resultaba ciertamente élfico-, sino que por sobre todo su temple y su mirada de sabio no parecía corresponder con alguien notoriamente más joven que él mismo.

-Ñaldawára -musitó el Khútic algo abstraído. Y añadió, unos segundos después: -La Luz de los Eldar, Evendim. Tu la llevas contigo.

-Dime por favor, noble Dama, cuándo y dónde has estado con los Altos Elfos -agregó en seguida, casi niño su rostro de tanta ilusión-. Nunca pensé que fuera a encontrar alguien que los hubiera frecuentado... y mucho menos, claro está, en un sitio tenebroso como este castillo -agregó con un guiño.

Pero entonces, antes de que la Dama Evendim de Nimost hablara, la puerta de la estancia volvió a abrirse y entró en ella una mujer de figura descomunal que saludó a Evendim por su nombre mientras se quitaba la capucha.

-Anestel, de los Rillië -la presentó el ayuda de cámara.

-Pues aquí tienes frente a tí a un Elfo, Mi Señor Allpa'huátl -rió, con ganas, Evendim.

[Editado por seregruin el 15-01-2008 04:09]