Unas nubes retazadas cubrían débilmente el cielo de Tûgore en el corazón del Nendataurë, una ciudad de tamaño medio, con un censo de unos 15000 habitantes.
La ciudad estaba dividida en cuatro barrios de tamaño similar, en uno de los cuales, el más cercano a la puerta principal, se encontraban los edificios militares y, en los otros tres, diversos comercios, tabernas y las casas de los residentes. La ciudad estaba posicionada en la ladera de una montaña, siendo el punto más alto un singular castillo perteneciente a Lôr Tûran, el Sûtagûn (lit. el Real Hogar) aunque en su origen había recibido el nombre de Sûtaesgaren (lit. el Hogar Alto en la Ladera). Los edificios, desde la entrada hasta el castillo, iban subiendo en altura, con tejados planos para que los arqueros tuvieran buena visión en caso de guerra. Y la calle principal que cruzaba la ciudad de norte a sur podía abarcar varias carretas de mercancías. Se trataba, por ende, de una ciudad de bullicio comercial, bastante transitada diariamente.
Largo tiempo llevaba Lôr Tûran gobernando esta ciudad, afanado por dotar a su ciudad de un renombre y una fama que llegasen hasta todos los rincones de Rómenor. Desde el momento en que su padre le había hecho sucesor al trono, Tûran se había propuesto convertir aquella ciudad pequeña y olvidada entre los bosques del sur de Rómenor en un referente de aquella parte del mundo.
Un hombre había pedido audiencia con el rey por lo que fue conducido por dos guardias reales a través de pasillos oscuros. Atravesaron salones y múltiples estancias cuyo número total se perdía para una persona que anduviera rápido a través del trazado del castillo real. Se detuvieron en una pesada puerta al fondo de un pasillo tenuemente iluminado por dos antorchas. Uno de los guardias dio unos golpecitos en la puerta y ésta se abrió de par en par. Al otro lado apareció un rostro severo con algunas arrugas surcándolo y una mano larga le indicó que podría proceder a comunicarle el motivo por el que había pedido real audiencia. El hombre le dio entonces varios mensajes que el rey leyó con atención. Habían pasado ya varios días desde que Lôr Tûran había enviado a las tierras vecinas unas invitaciones para que sus destacados dirigentes asistieran a un banquete en los salones del castillo real. Según los mensajes que le habían traído, parecía que podría contar con la destacada presencia del dirigente de los marllajtay al otro lado de las Andië, Allpa´huátl, llamado el Khútic entre su gente, acompañado de un hombre de su entera confianza. En cambio, Turmor, rey de Nimost, en la tierra de Norê Rá Rilmalotse, no asistiría al banquete pero a cambio enviaba a tres personas que le habrían de representar ante el rey de Tûgore.
En la gran cocina de Sûtagûn los sirvientes preparaban los guisos y los diversos manjares que iban a componer la mesa, mientras que el Salón de Festines se acomodaba para la ocasión. No obstante, el rey había precavido que no se corriera mucho la voz entre los ciudadanos pues quería que aquella reunión fuera íntima y que sus asistentes se encontraran cómodos. En unas horas, en las estancias de Sûtagûn, se recibiría a los asistentes a un satisfactorio banquete en Tûgore.
[Editado por ingaran el 09-01-2008 21:54]
