El día era frío en lo más alto de la loma mientras el viento acariciaba la enfriada superficie del río Neldesíre que, tras nacer puro y cristalino en las Andië, discurría alegremente por la extraña masa forestal del Nendataurê para unirse a otros ríos y componer el gran río del Ertasíre, más allá de la ciudad de Tûgore.
Desde aquél enclave era fácil vislumbrar Tûgore, una ciudad de tamaño medio situada al este de la loma con alrededor de 15000 habitantes y con gran empuje comercial. Se hallaba emplazada en la ladera de una montaña en la cual un castillo real vigilaba la pequeña ciudad. Las murallas que protegían el emplazamiento se hallaban rodeadas por grandes árboles del bosque que apenas dejaban sitio para las grandes puertas que daban acceso a la ciudad. Tûgore estaba dividida en cuatro barrios de tamaño similar, en uno de los cuales, el más cercano a la puerta principal, se encontraban los edificios militares. En los otros tres barrios había diversos comercios, tabernas y las casas de los residentes. Y la calle principal, que cruzaba la ciudad de norte a sur, podía abarcar varias carretas de mercancías que entraban y salían constantemente de aquella pequeña ciudad.
Túgore, en cierta manera, servía de cruce de caminos entre los pueblos de alrededor y Esware, la loma de la cruz, era el centro neurálgico de los cuatro puntos cardinales y los pueblos a los que se llegaba a través de cada uno de ellos. Un camino empedrado discurría a la sombra de esta loma, camino que llevaba hacia el norte a las selvas de Mistetaure y al noreste hacia ciudades como Nimost, Galjâ y Geigâsa mientras que al oeste se situaba la cadena montañosa de las Andië, un camino rocoso y difícil que conducía a Hissuë. El camino del sur, por su parte, llevaba por la rivera del Ertasíre al sur del mundo, unas tierras que pocos viajeros se atrevían a visitar. Por ello, el comercio de Tûgore se centraba en las selvas del norte y, en menor magnitud, en el este y en el oeste. De ahí que las leyendas y las historias fueran intercambiadas y transmitidas a través de los caminos.
De esta manera, entre los viajeros tûgoreanos que, por motivos comerciales, habían visitado las tierras vecinas se hablaba de la existencia de un poderoso brujo que vivía en algún lugar del bosque Nendataurê, muy próximo a la ciudad de Tûgore y del que se decía que ofrecía favores fantásticos al que le servía o le ayudaba, aunque nadie sabía muy bien de que se podrían tratar esos favores fantásticos. Muchos habían sido los que habían intentado localizarlo a lo largo y ancho del Nendataurë esperando recibir alguno de esos favores fantásticos, joyas, dinero, poderes, etc. Aunque pocos eran los que conseguían dar con él. Se decía que una cruz metálica situada encima de la loma que daba sombra al camino era el punto de partida para hallar al brujo de Tûgore.
Esware, la cruz de los caminos al lado de la ciudad de Tûgore.
Una cruz metálica que estaba allí anclada mucho antes de lo que cualquier habitante de la ciudad pudiera recordar.
Y, salpicando la loma, unos cuantos árboles cuyas ramas se mecían aquel día al son del viento que soplaba.
[Editado por ingaran el 09-01-2008 21:56]
