La Guerra de los Clanes

Tulkatumbo I: El Elfo Triste

Escribiéndose...
Escrito el 09-01-2008 21:08 #1

TULKATUMBO

El Valle Poderoso. Éste es el nombre del sitio desde que los antiguos mercaderes establecieron aquí sus tiendas y sus factorías, al amparo de los muchos peligros del mundo. En este boscoso e impenetrable valle, que se abre en la más austral de las estribaciones de Ondoninkwê, los mercaderes acopiaban los productos de toda Rómenor para intercambiarla entre ellos, y para luego partir en nuevas gestas comerciales. El Valle Protegido se beneficia de un puerto natural al Mar Interior de Kelkaranî, y desde aquí los navegantes alcanzan Nirent para llevar las mercaderías al mar oriental, o bien hacia Ahyamára -100 millas al sur-, desde donde parten las caravanas del desierto y desde cuyo embarcadero también las barcazas de Etzenselon remontan los ríos hacia el sur y hasta las costas occidentales de Rómenor. Pero los mercaderes antiguos asimismo comerciaron con los Hombres del Bosque y con los Enanos de las Montañas, e incluso desde los primeros tiempos establecieron lazos mercantiles con los Edlâr abarî, y la ruta marítima hacia Airalondë fue siempre una de las más importantes.

Con el tiempo, muchos mercaderes se convirtieron en artesanos, y herreros, y tejedores, y leñadores. Y Tulkatumbo creció. Y también los mercaderes extranjeros, desde los confines más remotos de Rómenor comenzaron a llegarse hasta aquí para comprar y para vender, y cientos de ellos se establecieron en nuestra villa. Y con los siglos el Valle se convirtió en un enorme mercado, siempre atiborrado de gentes de todas las razas y culturas: una plaza franca para toda Rómenor donde las mercaderías más exóticas del Sur y del Norte se intercambiaban, donde los rateros y los artistas ambulantes medraban, y donde algunos de los más grandes mercaderes pronto comprendieron que necesitaban proteger tanta riqueza.

En el año 1326 de la Segunda Edad del Sol en Tulkatumbo se instauró un poder militar de policía y de guardia de frontera, financiado por los mercaderes del Valle pero comandado por un Elfo Oscuro a quien en el Valle llamaban El Gran Yustë. La Guardia de Tulkatumbo resultó en un gran beneficio para todos, pero siempre los tributos a mercaderes y artesanos fueron considerablemente grandes, y los comerciantes no estaban muy seguros de comprender la necesidad de tal cantidad de fuertes y fortalezas, de murallas y de barcazas militares en sus aguas. Sin embargo el mercado de Tulkatumbo crecía y medraba, y los resquemores y las sospechas de sus gentes eran muy prontamente olvidadas debido a las grandes ganancias que recogían año tras año.

Hace ya dos siglos que Tulkatumbo es el centro de intercambio comercial más notable de Rómenor. Y su población, aunque relativamente pequeña y constreñida en los límites del Valle y por el Mar, es floreciente y muy opulenta, y sorprendentemente llamativa por una característica muy por fuera de lo común: la pacífica y cordial convivencia de Hombres, Elfos y Enanos bajo los fragantes árboles frutales y en torno a las mismas plazas y edificios de piedra blanca. Tulkatumbo parece ser, a los ojos del visitante, una de esas grandes excepciones y agradables sorpresas a las que el mundo nos expone muy de tanto en tanto.

Feliz estadía, viajeros.

Y buen provecho en sus compra-ventas: Ahállaym’natsé.

[Editado por iorethil el 10-01-2008 01:24]

Escrito el 09-01-2008 21:09 #2

La feria de los textiles

De todas las ferias comerciales de Tulkatumbo, una de las más vistosas y curiosas, y que más gentes atrae de todo el mundo es la feria de los textiles. Anualmente se reúnen los vendedores y compradores de pieles y cueros, de tejidos y forjas de todo Rómenor; y las mercaderías comprenden los más variados estilos y las más diversas calidades; y las más de las veces el viajero encontrará productos insospechados de las más lejanas tierras. Hace ya veinte años que incluso se han acercado a la feria los grandes comerciantes de fuera-de-Rómenor, los Númenóreanos, unas gentes de piel blanca y de ojos oscuros que comprenden el élfico común, aunque lo hablan de un modo muy particular, y que suelen adquirir productos del país en grandes cantidades.

Para la estadía de los visitantes y viajeros, Tulkatumbo dispone de enormes posadas en el puerto, en el centro, e incluso a la sombra de las montañas, en los rincones más umbrosos de la ciudad. Para estas épocas de multitudes extraordinarias, la Guardia suele reforzarse y sus actividades se incrementan en mucho. No es raro que el extranjero sea sometido a un breve interrogatorio, o que ocasionalmente algún visitante sospechoso deba ser alojado por una o dos noches en una Fortaleza, hasta aclarar su situación y sus intenciones.

También las actividades de más diverso tipo se multiplican en época de ferias, y artistas de todo Rómenor acuden al Valle a exponer su trucos y acrobacias, cantares y actuaciones. Probablamente, la feria de textiles de este año (1600 SE, según los cómputos númenóranos) reúna hasta 10.000 gentes de las más diversas razas y nacionalidades en nuestra alegre ciudad. De hecho, la reciente tregua entre los Khâzad de Zirak-Felâkdûm y los Nurulânta acaso nos traiga nuevamente -después de muchos años de ausencia en nuestros mercados-, productos y compradores de estas dos grandes regiones vecinas.

Feliz estadía, viajeros.

Y buen provecho en sus compra-ventas: Ahállaym’natsé.

[Editado por iorethil el 09-01-2008 22:24]

Escrito el 09-01-2008 21:10 #3

El Mercader.

Gûndo era un elfo atípico. Tímido y reservado. Humilde en su conducta y sus convicciones. Trabajaba arqueado sobre sus labores de tejido y confección durante el año entero, silencioso y meditabundo. A veces cantaba. Pero sólo en las fechas de los festejos ancestrales o en ocasiones muy especiales que requirieran de su voz. Porque en Tulkatumbo se le apreciaba especialmente por ello. Así, en la eventualidad de funerales importantes, o de los muy ocasionales matrimonios que se celebraban en el Valle, Gûndo era un invitado de lujo y se le agasajaba para que su élfico cantar acompañara esos momentos.

Pero el avari no gustaba de exponerse ante las multitudes y sólo accedía gustoso a las nupcias, y sólo por deber civil a los entierros. Por lo general su silencio era respetado, y siendo uno de los más antiguos habitantes de Tulkatumbo, sus caprichos eran conocidos por todo el mundo. Porque Gûndo era muy quedo y aparentemente frágil, pero extremadamente amable y generoso, y por esto era amado. De hecho, su estilo silencioso y algo melancólico no le habría servido nada bien para vender sus mercaderías en el alborotado y risueño mercado de Tulkatumbo; pero con el tiempo hasta sus más enconados competidores solían recomendar a cualquier comprador muy exigente que se dirigiera a la tienda de Gûndo, el Elfo Triste, donde seguramente sería satisfecha su necesidad. Y muy frecuentemente así lo era.

Gûndo era un maestro en su arte y además recibía los mejores y más raros productos de todo el orbe. Tenía un tacto delicadísimo para los negocios, y sabía comprar aquello que él estimaba era especial, y eso lo reconocía a primera vista. Todo esto dicho, no es de extrañar que en plena época de feria de textiles, y al pleno sol del mediodía, el amplio recinto de Gûndo estuviera atiborrado de productos y de compradores, y que él no diera abasto con su lento y cansino andar para atender a todos ellos, que por lo demás saltaban excitados de un lado al otro. En la puerta de su tienda, un Oficial de Tulkatumbo montaba guardia, y otro Oficial hacía pasar a los interesados compradores o vendedores al salón interior, donde aguardaba el Elfo Triste. Y el último de los grupos en ingresar era, por cierto, bastante curioso por la combinación de caracteres: una humana que decía ser descendiente de una vieja familia comerciante en textiles, un sospechoso mercader varante y dos hermosas elfas aldalânta que protestaban al Oficial por el reciente arresto de su compañero de viaje.

[Editado por iorethil el 09-01-2008 22:25]

Escrito el 12-01-2008 16:15 #4

Con las primeras luces del Alba el Galimin divisó el puerto de Tulkatumbo, el vigía grito con voz enérgica y clara: ¡Tulkatumbo, Tulkatumbo a estribor!, - mientras miraba hacia abajo, para después señalar con el brazo extendido.

En pocos minutos la actividad en el barco se multiplico, los marineros andaban de un lado a otro de la cubierta, preparándose para atracar en el puerto. Shamal despertó sobresaltado, debido al estruendo de cubierta. Tomo sus pertenencias, un pequeña bolsa de cuero, se a justo por encima su jubba, se ajusto sus armas al cinto, y finalmente tomo entre sus manos el viejo Basilet, para salir tan deprisa como sus piernas le permitieron, se aposto en la proa del barco para poder tener una mejor vista de Tulkatumbo.

Una hora más tarde el Galimin, ya había atracado finalmente en el puerto, con rapidez los operarios comenzaron a descargar las mercancías del barco. Los comerciantes se apresuraron a supervisar el proceso. Se le podia difrenciar fácilmente mientras gritaban a los operarios:

-¡Esto es muy delicado! – ¡¡ Cuidado, Por favor!! – ¿Tienes manos o zarpas ¿ - y toda clase de improperios a los que los resignados operarios ya estaban acostumbrados.

Impaciente y excitado por el viaje Shamal se apresuro a abandonar el barco a la menor oportunidad. Athran le llamo la atención mientras descendida por la pasarela -Shamal, no te vayas muy lejos!! . Sin inmutarse, siguió su descenso, - Tengo que cumplir un par de encargos para mi hermana – Le respondió.

Neyla se aproximo a Athran por la detrás – No se lo tengas en cuenta, anda muy excitado.

Athran asintió – Como un chiquillo con zapatos nuevos, seguro que a la vuelta nos sorprenderá con nuevas melodías y trucos.

Siguió descendiendo hasta llegar a tierra. Junto a un fardo de pieles, subida mientras movia sus pequeñas piernas era Elaren, le saludo con la mano, ¿Prefieres los camellos o el barco? – Le preguntó Shamal divertido.

Elaren frució el ceño - ¡Ninguno de los dos! – Rugió.

-No te metas en líos, has de ser mi ayudante para el truco final – Shamal sonrió.

Elaren dio un salto y se poso en el suelo, airado levanto sus puños ¡la próxima vez me asegurare de forjar yo mismo las cadenas y arrojarte al mar, a ver si te escapas!!!!

Shamal sonrió y se alejo rápidamente para internase por las calles abarrotadas de gente. Tenía varios días para aprender de los mejores artistas de Rómenor, pero primero tenia que cumplir ciertos encargos, se lo había prometido a su hermana.

Escrito el 12-01-2008 16:35 #5

Atravesaban Nênlê, Tathâral y Northiêl las boscosas montañas hacia el Valle Poderoso. La Feria de los Textiles era un evento que nunca se habían perdido, además, esta vez necesitaban realizar algunas compras.

Unos meses atrás, cazando en los bosques de Nensir, Nênlê había encontrado una pequeña gruta donde halló un nido de dragones completamente destrozado, quizás por algún merodeador o alguna bestia hambrienta, pero eso es ya otra historia que no viene al caso. Sólo un huevo estaba intacto, y aquella imagen conmovió a Nênlê de tal manera, que tomó el huevo y lo cuidó hasta que eclosionó. Ahora una hermosa criatura de un color verde amarronado y con unos extraños símbolos dorados en sus alas la acompañaba a todas partes. Aún no había decidido un nombre para él, por lo que le llamaba "Serpiente", Gwârne. Al ser aún una cría, no era más alto que ninguno de los tres elfos, llegándoles a la altura del pecho.

Gwârne gruñó cuando su ama le ató un cinto de cuero al cuello.

- Tranquilo, pequeño, en Tulkatumbo no está bien visto ver a una criatura como tú andar a sus anchas.

- Hum...pues no les gustará ver a criaturas sueltas, pero bien que dejan que esas bestias llamadas enanos anden por las calles asaltando a jovencitas o tirándose de los pelos por los mejores mozos... - dijo Northièl mientras acariciaba a Nothal, su koala, al que se negaba a encadenar. Tathâral dejó que Kakach revoloteara un poco.

Nênlê río.

- ¡Qué razón tienes! Menos mal que somos Ainakelvari y estamos acostumbradas a tratar con bestias.

En ese momento el camino se detenía para comenzar a descender, en un punto desde el cual se distinguía la humareda de tierra del mercado, y más allá, el mar. Cuando el sol estaba en lo más alto divisaron la entrada al mercado. Bajaron de sus caballos, y Northiêl resopló:

- Odio estas criaturas, es la última vez que viajo en este perro grande y trotón.

- Pues que sepas que el corcel es una de los amigos más nobles y fieles que puedan tener los Hijos de Ilúvatar,- respondió Tathâral.

Nênlê se volvió a sus compañeros:

- De cualquier manera, creo que antes de visitar el mercado deberíamos buscar un alojamiento provisto de establo, ya sabéis que en estas fechas si nos descuidamos tenemos que compartir cama con algun enano. Será mejor dirigirse al puerto.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 12-01-2008 16:56]

Escrito el 12-01-2008 17:24 #6

- ¡Nothal, allí hay mucho eucalipto para ti!

Nenle, Northiel y Tatharal estaban en el mercado. Habían conseguido alojamiento y habían dejado los caballos en el establo. Tras eso habían decidido dar una vuelta por el mercado a ver qué encontraban. Para Northiel aquello era perfecto... había de todo! Ese hecho había conseguido que la búsqueda q les había llevado a la ciudad pasara a segundo plano.

Northiel se acercó a la tienda donde tenían eucalipto y buscó dinero en la bolsa. "Maldición" pensó "no he cogido dinero...". Al girarse vio a Tath y, sonriendo picaronamente, le llamó:

- ¡Capiii! ¡¿Hemos traído algunas monedas?! ¡Quiero comprarle eucalipto a Nothal!

Vio como Tath recorría el trozo de calle que les separaba para colocar unas monedas en su mano.

- Ten, pero no gastes mucho, oveja descarriada.- le dijo mientras se las daba. A la espalda del elfo, su loro empezó a repetir lo que él había dicho, y Nothal lo miró con odio y subió a la cabeza de la elfa para intentar atraparlo. Mientras el koala daba zarpazos inútiles en el aire y el loro levantaba el vuelo para escapar de él, Nor preguntó:

- ¿Nuestras monedas sirven en Tulkatumbo?

- Sí, nuestras monedas están hechas de cobre, plata u oro al fin y al cabo.- explicó Tath tras asentir para, acto y seguido, darse la vuelta y continuar mirando los puestos.

En su empeño por arañar al loro, Nothal se inclinó más cuando elfo y loro dieron media vuelta, y Northiel tuvo el tiempo justo para cogerlo en brazos.

- Al paso que vas para cuando consigas arrancarle una pluma a Kakach ya estarás lleno de magulladuras. ¡Anda vamos, compraremos eucalipto!

Tras pagar el eucalipto, Nor dio unas pocas hojas a Nothal como aperitivo y guardó las otras. No muy lejos se encontraba Nenle, y se acercaron a ella para ver si había encontrado algo.

Escrito el 13-01-2008 20:21 #7

Tardo poco tiempo en adaptarse y fundirse con la multitud, todas las calles y plazas de Tulkatumbo, estaban llenas de tiendas, pequeñas paradas y mercaderes ambulantes, la ciudad se había volcado de pleno en aquella gran fiesta y uno podría encontrar prácticamente de todo.

Aunque Shamal iba revoloteando de puesto en puesto, tomando buena nota de todo lo que se vendía, lo que captaba la atención del joven y marcaba su rumbo por las bulliciosas calles eran los espectáculos ambulantes. En cualquier esquina podía encontrar a un hombre o algún grupo que mostraban su espectáculo, una mezcla colorista de música, canciones, danzas exóticas y los más atrevidos tentaban la suerte con animales salvajes o el fuego. Aquello le recordó a su ciudad natal Varendia y no se sintió tan extranjero.

Tras sobreponerse a la excitación inicial, Shamal retomo el rumbo y por fin dio con su objetivo, la casa de Olaf. Con decisión entro en la pequeña mansión y se presento a uno de los criados. Este le condujo a una de las estancias de esperas, mientras iba a buscar a su señor.

-¡Mi pequeño halcón, bienvenido a Tulkatumbo ! – Exclamo Olaf que entraba en la sala.

Shamal observo a Olaf, no había cambiado nada. Seguía igual de rechoncho, con su proveniente barriga y su cara redonda, siempre con una amplia sonrisa; bestia una túnica blanca, y un amplio fajin rojo.

-Tu tampoco has cambiado nada – Viejo amigo ¿Quizás algo más delgado?

Olaf se acercó apresuradamente y le dio un gran abrazo, después lo apartó de su lado y le dio un vistazo rápido – Gracias por el cumplido, ¿Pero donde esta tu hermana?

-Ha tenido que quedarse en Varendia, yo vengo en representación suya. – Le respondió.

Olaf pareció un poco decepcionado – Es una lastima que nos prive de su presencia, será una mujercita muy guapa. – Después se puso algo nostálgico, - Aun recuerdo los buenos tiempos, con tú padre, yo os visitaba, os sentabais en mis rodillas y os contaba aquellas historias… ains … como pasa el tiempo – se lamento.

-Eran otros tiempos – interrumpió Shamal – Pero de vuelta a los negocios, aquí tengo unos documentos con todo el material que has pedido, Ruksto aguarda en el puerto con el cargamento.

-A si, el cargamento -Olaf pareció despertar de su ensoñación recordando viejos tiempos – No os esperábamos tan pronto. Eso me reuerda – Olaf dio unas palmaditas y los criadas trajeron bandejas con algo de comida, y unas jarras de bebida – Solo tenemos que tratar un último asunto.

-¿Un último asunto? – Pregunto Shamal intrigado.

Olaf de le hizo un ademen para que se sentara en la mesa a comer algo. –Come algo, estarás cansado del viaje y necesitarás coger fuerza. – Le dijo mientras le llenaba una copa.

Mientras Shamal picoteaba entre aquellos platos exóticos, Olaf le hablo de Gûndo, le contó su peculiar vida y que entre sus rarezas, se contaba la de que jamás hacia tratos con intermediarios, para comprar su productos debía acudir el comerciante en persona.

Escrito el 14-01-2008 17:13 #8

Una vez en el mercado Nênlê se dirigió primero a un puesto de prendas de cuero, que apestaba y ofrecía unos precios sospechosamente bajos. Volvió junto a sus compañeros, que estaban analizando la zona. La elfa se dio cuenta de que era el centro de atención, y no sólo por su vestimenta (sus cintas de cuero tan cómodas para grandes viajes pero tan obscenas pera las elfas palaciegas, más acostumbradas a largos y pesados vestidos tan horribles para moverse), sino por su mascota.

Gwârne se incomodaba notablemente ante las grandes masas de gente, y el hecho de que estuviera encadenado al cuello no ayudaba a calmarlo. Nênlê le ofreció un ramo de algas para que se distrajera.

Tathâral las sujetó amistosamente del brazo:

- Está bien, ya estamos en la Feria. Creo que deberíamos separarnos para poder rastrear al menos la mitad del mercado para esta noche. Yo me centraré en los puestos de pieles, espero que una vez hayáis comprado lo necesario os dediquéis vosotras a lo mismo...- Tathâral se quedó pensativo- Aunque creo que tal vez deberías preguntar a algún ciudadano o comerciante dónde podéis encontrar lo más raro del mercado...

- ¡Pero unas hojas de eucalipto no es nada raro! ¡¿Qué tiene de raro mi Nothal?! - refunfuñó Northiêl.

- No, Northiêl, no me refería a eso, creo que no me has entendido...- el elfo bajó la voz- Recuerda a lo que hemos venido aquí...el asunto de los dragones...

- ¡¡Aaah!! ¡Dragones! - gritó la elfa. Un grupo de ancianas se giró hacia ellos con mirada inquisidora y comenzaron a murmurar entre ellas. Gwârne agitó la cabeza intentado deshacerse de la correa, e intentando que su ama le alejara de allí. Desde luego no le gustaban aquellas señoras.

- ¡Más bajo! No debemos captar demasiado la atención, ya sabéis lo estrictos que son aquí...- dijo Tathâral. Nênlê rió:

- ¡Cómo pides que seamos discretos si llevamos un dragón, un koala, un loro, murmuramos en grupo y encima preguntamos sobre lo más extraño del mercado!

- Y vas semidesnuda. - añadió Northiêl.

Nênlê resopló, y sacó de su bulto una capa verde, que se echó por encima. Ambas elfas se despidieron de Tathàral, y quedaron en encontrarse al caer el sol en la posada.

Como Nothal había caído en gracia a la dependienta del puesto de herbolario, decidieron preguntarle a ella sobre objetos extravagantes. Ella respondió que no sabía, pero que seguramente encontrarían algo en la tienda de Gûndo, un conocido mercader. Tras eso, ofreció a las elfas una pasta de cierta alga marina perfecta para el Gwârne. Nênlê sacó un par de monedas y pagó a la mujer, que miró extrañada el dinero, pero tras comprobar que era auténtico despidió a las jóvenes con una sonrisa.

- La tienda de Gûndo...ahora bien, ¿por qué no hemos preguntado dónde encontrarle?- dijo Northiêl.

- Bueno, si ha dicho la mujer que es conocido por estos lares, no creo que sea muy difícil encotrarle...espero.

Siguieron andando hasta bien entrada la tarde. Finalmente llegaron a una casa con un amplio recinto al lado, en cuya puerta un oficial montaba guardia. Ambas dedujeron que esa sería la famosa tienda, y caminaron hacia ella. De repente, Gwârne comenzó a removerse y a gruñir. Nothal, asustado, escondió la cabeza en el regazo de Northiêl. <<Tranquilo pequeño, ¿qué te ocurre?>>. Los dibujos de sus alas adquirieron un color aún más vivo, y se alzó unos centímetros del suelo <<¡¡Vuelas!!>>- gritó Nênlê - <<¡¡Espera, cálmate!!>>. En ese momento, Gwârne desgarró el cinto que sujetaba su cuello, y huyó calle abajo, armando un gran revuelo entre los viandantes. <<¡¡Gwârne!!>>. Fue entonces cuando vio a Tathâral corriendo hacia ellos, y no sin dificultad apresó al dragón.

- Nênlê, os dije que no armarais revuelo...- de repente, un oficial le sujetó.

- ¿Qué hacíais? He recibido queja de varios mercaderes sobre tí, y ahora te veo escandalizando al pueblo- dijo. Tras un poco discreto y absurdo interrogatorio que crispó los nervios al elfo, más oficiales le acorralaron.

- Quedáis detenido en este momento.- Dijo, llevándoselo ante su sorpresa.

- ¡Espere!- gritó Nênlê- ¡A donde os lo lleváis! ¡El no es un ladrón!.

No obtuvo respuesta. Northiêl y Nênlê se miraron, asustadas por la suerte de su compañero.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 14-01-2008 17:18]

Escrito el 15-01-2008 20:46 #9

- Eh! oiga! No tiene ningún derecho a acusar de esta manera a mi compañero! -dijo entonces Northiêl. Pero otra vez fue ignorada. Enfadada, Northiel se dispuso a enfrentarse al oficial.

- Eeeesto Nor! Déjalo. Dejadlo ya, chicas. No importa -dijo Tatharal. -No os preocupéis por mí. Esto son cuestiones rutinarias en Tulkatumbo. Lo solucionaré y me reuniré con vosotras... Es mejor que os ocupéis de hacer las compras -dijo pronunciando con énfasis la última palabra. Los guardias se lo llevaron antes de que las elfas pudieran reaccionar.

- ¿Qué hacemos? -preguntó Northiêl cuando el elfo desapareció de su vista.

- Supongo que... "las compras", ¿no? -contestó Nênlê. Northiêl asintió y las chicas se acercaron a la tienda de Gundo.

En la puerta de la tienda había otro oficial que se había quedado tras el arresto de Tath. Northiel no pudo evitar dirigirse a él con enfado.

- Esto no quedará así. Mi amigo es inocente del crimen al que se le acusa.

- Déjalo ya, Nor... no ganamos nada con esto... -murmuró Nênlê mientras la empujaba hacia dentro de la tienda antes de que el oficial pudiera contestar.

Escrito el 16-01-2008 16:18 #10

Telas con destellos y colores pardos. Telas con destellos y colores pardos. Telas con destellos y colores pardos… Sabía qué debía comprar para su padre. Por primera vez, había sido la responsable de una relación comercial para el negocio familiar. A sus 17 primaveras, por primera vez, confiaron en ella para comerciar más allá de las lindes de su tienda, lo cual la llenaba de orgullo y la incomodaba a su vez un poco, por la responsabilidad que pediría ese hecho.

Pero el hacerlo bien levantaría sus ánimos. Era la segunda vez que suspendía “la prueba”. Y con una última oportunidad para aprobar, su padre decidió que descansase y alejara de su mente esos problemas. “Ya habrá tiempo para que retornes a tus prácticas y enseñanzas. Estas semanas, solo tendrás que emplearte como has hecho desde tus tiempos de niñez” Ese comentario la alegró. Era cierto, había “nacido” en una familia dedicada al comercio. Esto era su especialidad.