La Guerra de los Clanes

Tulkatumbo III: En Torno A La Feria

Escribiéndose...
Escrito el 09-01-2008 21:12 #1

TULKATUMBO

El Valle Poderoso. Éste es el nombre del sitio desde que los antiguos mercaderes establecieron aquí sus tiendas y sus factorías, al amparo de los muchos peligros del mundo. En este boscoso e impenetrable valle, que se abre en la más austral de las estribaciones de Ondoninkwê, los mercaderes acopiaban los productos de toda Rómenor para intercambiarla entre ellos, y para luego partir en nuevas gestas comerciales. El Valle Protegido se beneficia de un puerto natural al Mar Interior de Kelkaranî, y desde aquí los navegantes alcanzan Nirent para llevar las mercaderías al mar oriental, o bien hacia Ahyamára -100 millas al sur-, desde donde parten las caravanas del desierto y desde cuyo embarcadero también las barcazas de Etzenselon remontan los ríos hacia el sur y hasta las costas occidentales de Rómenor. Pero los mercaderes antiguos asimismo comerciaron con los Hombres del Bosque y con los Enanos de las Montañas, e incluso desde los primeros tiempos establecieron lazos mercantiles con los Edlâr abarî, y la ruta marítima hacia Airalondë fue siempre una de las más importantes.

Con el tiempo, muchos mercaderes se convirtieron en artesanos, y herreros, y tejedores, y leñadores. Y Tulkatumbo creció. Y también los mercaderes extranjeros, desde los confines más remotos de Rómenor comenzaron a llegarse hasta aquí para comprar y para vender, y cientos de ellos se establecieron en nuestra villa. Y con los siglos el Valle se convirtió en un enorme mercado, siempre atiborrado de gentes de todas las razas y culturas: una plaza franca para toda Rómenor donde las mercaderías más exóticas del Sur y del Norte se intercambiaban, donde los rateros y los artistas ambulantes medraban, y donde algunos de los más grandes mercaderes pronto comprendieron que necesitaban proteger tanta riqueza.

En el año 1326 de la Segunda Edad del Sol en Tulkatumbo se instauró un poder militar de policía y de guardia de frontera, financiado por los mercaderes del Valle pero comandado por un Elfo Oscuro a quien en el Valle llamaban El Gran Yustë. La Guardia de Tulkatumbo resultó en un gran beneficio para todos, pero siempre los tributos a mercaderes y artesanos fueron considerablemente grandes, y los comerciantes no estaban muy seguros de comprender la necesidad de tal cantidad de fuertes y fortalezas, de murallas y de barcazas militares en sus aguas. Sin embargo el mercado de Tulkatumbo crecía y medraba, y los resquemores y las sospechas de sus gentes eran muy prontamente olvidadas debido a las grandes ganancias que recogían año tras año.

Hace ya dos siglos que Tulkatumbo es el centro de intercambio comercial más notable de Rómenor. Y su población, aunque relativamente pequeña y constreñida en los límites del Valle y por el Mar, es floreciente y muy opulenta, y sorprendentemente llamativa por una característica muy por fuera de lo común: la pacífica y cordial convivencia de Hombres, Elfos y Enanos bajo los fragantes árboles frutales y en torno a las mismas plazas y edificios de piedra blanca. Tulkatumbo parece ser, a los ojos del visitante, una de esas grandes excepciones y agradables sorpresas a las que el mundo nos expone muy de tanto en tanto.

Feliz estadía, viajeros.

Y buen provecho en sus compra-ventas: Ahállaym’natsé.

[Editado por iorethil el 10-01-2008 01:23]

Escrito el 09-01-2008 21:13 #2

La feria de los textiles

De todas las ferias comerciales de Tulkatumbo, una de las más vistosas y curiosas, y que más gentes atrae de todo el mundo es la feria de los textiles. Anualmente se reúnen los vendedores y compradores de pieles y cueros, de tejidos y forjas de todo Rómenor; y las mercaderías comprenden los más variados estilos y las más diversas calidades; y las más de las veces el viajero encontrará productos insospechados de las más lejanas tierras. Hace ya veinte años que incluso se han acercado a la feria los grandes comerciantes de fuera-de-Rómenor, los Númenóreanos, unas gentes de piel blanca y de ojos oscuros que comprenden el élfico común, aunque lo hablan de un modo muy particular, y que suelen adquirir productos del país en grandes cantidades.

Para la estadía de los visitantes y viajeros, Tulkatumbo dispone de enormes posadas en el puerto, en el centro, e incluso a la sombra de las montañas, en los rincones más umbrosos de la ciudad. Para estas épocas de multitudes extraordinarias, la Guardia suele reforzarse y sus actividades se incrementan en mucho. No es raro que el extranjero sea sometido a un breve interrogatorio, o que ocasionalmente algún visitante sospechoso deba ser alojado por una o dos noches en una Fortaleza, hasta aclarar su situación y sus intenciones.

También las actividades de más diverso tipo se multiplican en época de ferias, y artistas de todo Rómenor acuden al Valle a exponer su trucos y acrobacias, cantares y actuaciones. Probablamente, la feria de textiles de este año (1600 SE, según los cómputos númenóranos) reúna hasta 10.000 gentes de las más diversas razas y nacionalidades en nuestra alegre ciudad. De hecho, la reciente tregua entre los Khâzad de Zirak-Felâkdûm y los Nurulânta acaso nos traiga nuevamente -después de muchos años de ausencia en nuestros mercados-, los productos y compradores de estas dos grandes regiones vecinas.

Feliz estadía, viajeros.

Y buen provecho en sus compra-ventas: Ahállaym’natsé.

[Editado por iorethil el 09-01-2008 22:26]

Escrito el 09-01-2008 21:13 #3

El Oficial.

Verekh’tooh era dura. Años de oficio bajo las estrictas reglas de la Guardia de Tulkatumbo la habían forjado así. Y no se dejaba engañar por traficantes deshonestos ni por espías extranjeros, ni mucho menos por rateros de poca monta. Y este año los vivillos eran muchos, pero esto a ella no le preocupaba demasiado. Estaba a cargo de un pequeño destacamento lindero al puerto, y sus ocupaciones eran, fundamentalmente, de control de ingresos y egresos de mercaderías y personas. Y en épocas como ésta se trataba de una tarea farragosa y complicada. No era el suyo, por cierto, el único destacamento con esta función, y -además- los oficiales a su cargo se habían multiplicado con ocasión de la feria de los textiles, pero aún así los ingresos diarios de mercaderes eran masivos, y ella no podía dar abasto con todo.

Por eso, cuando le enviaron a los tres primeros sospechosos de espionaje, en las primeras horas de la mañana, no tenía ni tiempo ni deseos de interrogarlos y los derivó inmediatamente al amplio recinto de detención, sin importarles en nada sus protestas ni sus ruegos, ni sus fueros de “gentes importantes”. Todos dicen lo mismo, vaya originalidad. Por más guerrero Nurulânta de licencia con su joven prometida, o por más Enano Barbudo de la República Varante, aquí en el Valle somos todos iguales y en Tulkatumbo manda la Guardia, señores. Estáis sospechados de espionaje, acaso nosotros seremos tan ingenuos de creer que los espías no vienen vestidos con las mejores galas de sus países de origen. Esperad allí a que tenga tiempo para vosotros, vigilad bien vuestras pertenencias que por aquí hay muchos rateros, y acomodaos bien que esto puede demorar bastante tiempo.

Y Verekh se había ya olvidado de los detenidos cuando, a media tarde, le trajeron a otro sospechoso: un fornido aldalânta que había estado merodeando toda la mañana por los mercados de la ciudad sin comprar nada de nada. Un aldalânta bastante irreverente y altanero, por cierto. “Al patio de espera, con los demás”. Ni bien caiga el sol y acabe mi jornada estaré con vosotros, espías de poca monta.

[Editado por iorethil el 09-01-2008 22:27]

Escrito el 10-01-2008 00:02 #4

-Hazlo pasar querida-Dijo Karaniel.

-Aquí estoy mi señora. ¿Qué desea?-Contestó Herkeblam con aire esbelto.

-Te he de pedir un favor, me es de extrema importancia que acompañes a mi hija Dâira a Tulkatumbo, es una joven excéntrica y no sabe lo que hace, y todavía es joven. Por eso quiero que la acompañes, tú ya has madurado y tienes la cabeza en su sitio. Por favor que no le pase nada -.Dijo con tono preocupante.

-¿Por qué razón debería de hacerlo mi señora?, ya pagué tus favores del pasado-.

-Es un favor que yo te pido ahora, te compensaré, no te preocupes-.Dijo Karaniel alterada.

-Bueno… ¿Y qué va a hacer en Tulkatumbo?-.Contestó exasperante.

-En realidad no lo se. Me parece que quiere conseguir información sobre los Marllajtay. Dâira te informará de todo lo que desees saber-.

-Por esta vez te ayudaré. Por cierto, ¿dónde esta tu hija?, todavía no la conozco, solo he oído hablar de ella-.

-Esta fuera, haciendo sus tareas. Ahora la veras-.

-Ya que has aceptado, no tengo más que pedirte, puedes marcharte, gracias-. Terminó Karaniel.

-Como gustes, mi señora-. Se despidió Herkeblam.

Este asió los hombros de su señora e hizo una reverencia. Tras esto dejó la habitación recargada de adornos y salió a un patio interior, donde se encontraba una bella elfa. Herkeblam se quedó inmutado en el marco de la puerta, abstraído de todo pensamiento que no fuera ella. Un resbalón lo sacó de sus pensamientos, llamando la atención de Dâira.

-Hola-Dijo la elfa con una gran sonrisa, arqueando las cejas.

-Emm… Hola- Contestó Herkeblam, tímido.

[Editado por fredo el 10-01-2008 15:30]

Escrito el 10-01-2008 17:00 #5

Ya lo tenía decidido y los intentos de Adrahil por disuadirla no darían su fruto. El hekenâ se había ofrecido a ir en su lugar hasta la región oeste del Kelkaranî, y recoger toda la información que pudiese, pero no, quería ir ella. Además, ¿qué otra cosa podía hacer ahora? Y así, aprovecharía para dedicarse a una de las cosas que más le gustaban, navegar. Aun el tiempo era bueno y lo permitía.

Si los rumores eran ciertos, ese viaje podía resultar muy interesante. Y si todo era infundado, al menos habría viajado y conocido otros lugares. No le veía ningún aspecto negativo.

Creía que era hora de acercarse a él, aunque sabía que su amme jamás se lo habría permitido, incluso se habría sentido decepcionada. Por eso no tenía más opción que ocultar sus verdaderas intenciones. Confiaba en Adrahil y eso era todo lo que necesitaba por ahora.

Pensaba esto mientras subía del puerto. Había bajado hasta Airalondê para enterarse de cual sería el siguiente barco en zarpar hacia Tulkatumbo. De camino, se entretuvo recogiendo unas telas que había encargado días atrás.

Era ya tarde cuando llegaba a Attanenkar. Se dirigió hacia el patio interior y como era costumbre en ella, se descalzó las sandalias para pisar el manto de hierba. Era agradable sentir el ligero cosquilleo bajo sus pies. En ese momento algo llamó su atención. El ruido provenía de la entrada al salón.

Apoyándose con una mano en el marco de la puerta, había un elfo. Un elfo que creía no haber visto antes.

- Hola – dijo Dâira.

- Emmm.. hola – respondió el elfo.

No se le veía muy seguro. La semielfa cruzó el patio interior cargando en una mano las sandalias y en la otra las telas.

- ¿buscáis a alguien? – preguntó.

- No. En realidad ya hablé con vuestra madre y me disponía a salir.

Por como iba vestido, seguramente ese elfo venía a hablar de algún asunto militar así que no le dio importancia.

- la verja está abierta aun. No tendréis problemas para salir – dijo pasando por su lado. Sus pasos la llevaban a la sala

- Aunque… necesitaría que me dijeseis cuando tenéis pensado partir hacia Tulkatumbo..

La medio elfa no acabó de dar el siguiente paso. Giró sobre sus talones y le encaró. Estaba claro por qué había venido y por qué su madre lo había hecho llamar. De nuevo volvía a entrometerse.

- ¿A Tulkatumbo decís? – y esta vez su voz no sonó agradable. ¿Por qué habría de deciros eso?

- Porque me han encomendado que os acompañe en vuestro viaje.

- ¡ah! Entiendo.. señor….

- Mi nombre es Herkeblam. Me dijeron que me daríais la información que necesito.

- Pues lo lamento mucho, Herkeblam, pero os han informado mal – dijo mirando hacia el interior de su casa, -es un viaje que pienso hacer sola. Buenas tardes.

Y sin esperar una respuesta entró en la casa buscando a Karaniel.

Escrito el 10-01-2008 17:23 #6

Unos cinco o seis días antes se había celebrado en Neitillot, la ciudad de los elfos aldalântar al norte de Tulkatumbo, la festividad del Estelwermê. Pero para Tathâral otros pensamientos le habían asaltado la cabeza en esos momentos.

- Mis espías han averiguado que la piel de Yondêneni se comercializa en algunas ciudades donde son muy apreciadas. – le dijo a una hermosa elfa de pelo corto y rostro jovial.

La elfa se alarmó mientras, con tono de repulsa, recibía la noticia.

- Es terrible…

- En unos días vamos a organizar desde Dâkosto varias expediciones a distintos emplazamientos. Necesitamos averiguar dónde está el origen del comercio ilegal de las pieles. Brendêl apenas dijo nada del asunto antes de ser desterrado. Eso sí te pido máximo sigilo. – le pidió el general a la elfa llamada Northiêl.

- ¿No se va a informar al Aratûre? – preguntó entonces ella.

- Ya está informado, yo soy un consejero, ¿recuerdas? Con saberlo yo es suficiente.

(…)

La caza ilegal de Yondêneni, unos dragones de un metro y exclusivos de los hábitat acuáticos de los altos de las cataratas Nensir, había conmocionado a la sociedad de los nensir airatâri desde que sus domadores y especialistas en tan distintivo reptil, habían notado que no se estaban reproduciendo con normalidad. Más tarde había sido cuando se había descubierto que el motivo era que se estaba produciendo caza ilegal de ejemplares de esta raza y en un lugar tan sagrado como era el nacimiento de las cataratas, el Khrassenensirô. Aunque poco se sabía de el tiempo que había estado produciéndose tal eventualidad y al procedencia de los cazadores furtivos.

Entre los muros de Dâkosto, el templo-cuartel de Galador, Tathâral se preparó entonces para emprender el viaje hacia Tulkatumbo. Él mismo había elegido aquella ciudad para la investigación dejándole a Târîs y a Brêt las ciudades más cercanas a las tierras aldalântar. La ciudad del valle era bastante conocida entre los elfos de Galador debido a la actividad comercial que centralizaba y a los comerciantes que cruzaban el Aldalaurë hasta el extremo norte de Rómenor. Tenía mucha fama y se decía que, en sus ferias y mercados, se podría encontrar cualquier cosa proveniente de todos los rincones de la vasta extensión de Rómenor.

A pesar de no llevar unos atuendos militares, Tathâral se colocó grebas en las piernas que ocultó con un pantalón largo de tonos pardos al mismo tiempo que sus brazos los había decorado con algunos brazaletes propios de su pueblo. Mientras se terminaba de colocar su característica torques de plata con la figura de marfil blanco, llamaron a la puerta. Un elfo de llamativa estatura penetró cuando Tath dio el permiso correspondiente.

- Aret, Tathâral.- dijo el elfo con voz contundente.

- Aret. ¿Han partido ya las otras expediciones?- preguntó el general mientras terminaba de acomodarse el torques.

- Sí, hace un rato.- Ezirer se quedó un momento callado mientras Tath continuaba preparando las cosas. Al poco, el prócer de Dâkosto volvió a hablar al tiempo que le acercaba un papel. - Ha llegado esto para ti desde Neitillot.

El elfo de cabellos castaños leyó el papel rápidamente y lo arrojó encima de una mesa mientras continuaba preparando las cosas.

- Tendríamos que haber contado con el consejo antes de actuar.- opinó Ezirer.

- El consejo ha perdido ya gran parte de su credibilidad. Seguro que no sólo Brendêl estaba detrás de la caza ilegal de los yondêneni. – declaró Tatharal mientras envainaba su espada.

Ezirer parecía preocupado. Aunque no dudaba de la eficacia del general, a veces su afán por ir contramarea le gustaba bien poco.

- He rechazado el puesto vacante del consejo en tu favor para acercar posiciones entre Dâkosto y las Aratamari, no para aumentar las diferencias- añadió el elfo como si una madre regañara cariñosamente al niño que había cometido una travesura.

- Cuando las expediciones regresen a Galador, lo primero que haré será exponer los informes resultantes en asamblea. – le juró Tathâral.

- Está bien. Ojala esos informes sean satisfactorios para todos los aldalântar y el futuro de los yondêneni. – concluyó Ezirer mientras hacía una reverencia de despedida y se marchaba.

(…)

Tathâral y su expedición salieron de Dâkosto poco después. El puente elevadizo descendió para permitirles partir a su destino. Avanzaron entre los árboles del bosque cabalgando entre la hojarasca. Munnufar, el corcel de Tath iba a buen paso. Detrás de él iba Northiêl y Nênlê Tâurel, una domadora especialista en yondêneni. A paso rápido cruzaron uno de los puentes del Kelornî mientras su ruta los llevaba hacia las fronteras del sur de Galador. En dos jornadas habían alcanzado la ciudad de Breald, a medio camino entre Neitillot y Tulkatumbo, donde pidieron una habitación en una posada.

- Tenemos que observar e investigar todo puesto, tienda o negocio que haya en la feria de los textiles de Tulkatumbo. – les dijo Tath a sus compañeras mientras se encendía una pipa karuskwê característica de su pueblo.

- ¿Crees que la piel nuestros dragones es usada para confeccionar pieles y tejidos? – preguntó Nênlê mientras en su mente la sola idea le entristecía. Pocos como ella podían sentirse tan unidos al animal, pues muchas eran las veces que había alimentado a una cría o curado a un ejemplar herido en las largas temporadas que pasaba habitando los altos de las cataratas.

- Es una posibilidad.- respondió.

Al día siguiente retomaron la cabalgata. Hizo mucho viento y, en ese tercer día, la velocidad de avance fue menor. Northiêl no dejaba de quejarse pues no le agradaba ir en caballo y lo hacía sólo cuando no tenía más remedio. Durante el viaje, no tuvieron ningún encuentro ni ninguna eventualidad. Llegaron a Tulkatumbo en la mañana de la cuarta jornada. Las puertas estaban abiertas, algo normal en las ciudades que se sustentaban en el comercio con multitud de pueblos. Pasaron por ellas y buscaron un establo para dejar los caballos.

[Editado por aratir el 16-01-2008 12:09]

Escrito el 10-01-2008 20:57 #7

<Valla…que susceptible> Pensó Herkeblam tras ver salir encendida a Dâira. El elfo salió de la casa dejando la verja entornada tras sus pies, dobló la esquina de la derecha y esperó sentado en unos cuantos adoquines allí acumulados para empedrar la calle.

(…)

Minutos más tarde se oyó el chirriar de las bisagras de la verja de casa de Karaniel. Era Dâira, había salido tan cabreada como cuando habló con Herkeblam. Este entró de nuevo en la casa y entró sin llamar a la habitación de la madre de Dâira.

-Su hija se ha negado a que la acompañe-.Dijo decisivo.

A Karaniel no le dio tiempo a contestar, todavía estaba intentado coger aire para entrar en la nueva situación.

-Me ha dejado claro de que no quiere bajo ninguna circunstancia que la acompañe-.

-Ella es así… Es demasiado independiente y cabezota, ni yo misma la hago entrar en razón, ya deje de intentarlo hace mucho.-

-Ruego la perdones e insisto en el favor que te pedí, acompañala, estaré mas tranquila si tú vas con ella…-Concluyo la elfa.

Herkeblam sin mediar palabra, giro sobre sus talones y salió con paso firme hacía fuera, cogió la misma dirección que la joven y se dirigió hacia el muelle para que le confirmaran la hora de salida de la primera barcaza de la noche en partir hacia Tulkatumbo y se marchó hacia su casa a preparar el viaje.

(…)

Ya entrada la noche, el elfo llegó el primero a la embarcación, pagó el precio establecido para ese viaje al que parecía llevar la economía del negocio. Se sentó en el asiento más cercano a la popa a esperar a que Dâira apareciera en el muelle.

Escrito el 11-01-2008 00:27 #8

La ciudad de Ahyamara parecía reposar lánguidamente entre la bella vegetación de oasis y las calmas aguas del Kelkaranî. Al mismo borde de ese mar interior, en uno de sus muelles, los componentes de la expedición de Al'Varant cargaban la barcaza que les llevaría a Tulkatumbo.

- ¡Nadie me dijo que iríamos por el agua!- gruñó una voz a espaldas de Athran.

- Mi amable amigo enano, es la forma de viaje más segura y rápida. Tulkatumbo se halla situado entre la montaña, la selva y el mar.

- Si además, nuestro compañero de viaje ya conoce el sitio, debería guiarnos él- dijo jovialmente Shamal, mientras ayudaba con el cargamento- ¿Está muy mojada el agua del Kelkaranî, Elaren?

La enana refunfuñó mientras se situaba lo más al centro posible del barco, procurando mantenerse a distancia de esas aguas que le traían tan malos recuerdos. Ruksto, el jefe de la caravana que la había salvado, había tenido la desfachatez de andar contándolo por ahí. ¿Por qué los humanos eran tan poco discretos? Por eso construían sus ciudades al aire libre, porque de todos modos hubieran sido incapaces de guardar el secreto de su localización.

Aunque no todos; ella había revelado secretos más importantes que su vida a sus nuevos jefes, los Balzac, y confiaba en ellos. Recordó las palabras que tuvo con Duliah Samiya antes de partir...

- Sigo pensando que no deberías ir- dijo la mujer, sentada detras de su escritorio.- Pero mira que eres terca...

Hizo un gesto de disgusto, pero ante la expresión adusta y decidida de la enana renunció a seguir con su protesta. Sabía de sobra que nada de lo que dijera o hiciera podría hacerla cambiar de opinión. Suspiró y prosiguió en tono admonitorio.

-Al menos tienes seguridad de lo que andas buscando.

- Sí, mi señora. Es un orfebre que trabaja en Tulkatumbo, tío de un primo segundo de mi padre. Conoce bien el Ordoninkwê.

- Y... me has hablado a veces de las costumbres de tu pueblo. ¿Crees que reaccionará correctamente? ¿Considerará tu situación aceptable? Eres una mujer de los suyos, sola, que desobedeció las normas de su pueblo.

Duliah, aunque miraba el rostro de Elaren con atención, no percibió la agitación que en realidad sentía por aquel tema. La buena mujer no comprendía en realidad el alcance de la situación que había descrito, a pesar de su honesta voluntad. Pero ella sí lo sabía. Había roto todas las normas de la naturaleza y los reyes, y así como soñaba con su vida anterior, temía la vuelta más que la muerte.

- Lo hará. Yo conseguiré que lo haga- al fin y al cabo, ninguna ley rota la había hecho dejar de pensar como una Khazad. Y cuando uno de ellos se proponía algo, nunca cejaría en el intento.

- Deseo sinceramente que encuentres a tu hermano- "hija mía", pensó la Balzac.

Con las primeras luces de la mañana divisaron la ciudad de Tulkatumbo, mostrando su reflejo entre los montes oscuros y el agua que centelleaba. El barco atracó en el muelle reservado y los pasajeros se dispusieron a descargar sus bultos.

Escrito el 11-01-2008 09:59 #9

Lanzó la pequeña bolsa a la cubierta y cruzó la escalerilla rechazando la ayuda que le brindaba un marinero experimentado. Se dirigió hacia la popa pues solía estar menos concurrida y fue entonces cuando sucumbió en el desánimo.

A pesar de las precauciones que había tomado, y que el hecho de que el barco zarpara en la noche jugaba a su favor, la habían seguido.

Grande había sido la decepción de la medio elfa al ver que aquel elfo, envuelto en una capa, era el mismo que el día anterior se había presentado en su casa.

Y grande fue también la discusión que mantuvieron ambos. De no ser porque la peredhil oyó algo que atrajo poderosamente su atención y que le daba esperanzas, habría desistido de viajar.

"Angárato"...

Hacía un rato que habían zarpado y las luces de Airalondê se veían diminutas en la lejanía. Desde la popa las veía difuminarse mientras sonreía por dentro pensando en que tal vez, después de todo, los dioses le habían hecho un favor.

El navío mercante era un barco de altura de dos mástiles con velas cuadradas. Tenía unos 25 metros de largo por 6 de ancho y estaba provisto de remos que seguramente usarían para maniobrar en el puerto. Confiaba en que con un buen viento, pudieran estar a la mañana del segundo día. No quería perder mucho tiempo y este era el medio más rápido.

El cabello comenzaba ya a ondularse por la humedad y algunos mechones jugaban con el viento, enredándose para desesperación de Dâira. Sacó un lazo de cuero negro de su bolsillo y se ató el cabello.

- ¿no os vais a acostar? – la voz sonaba detrás de ella.

- Hola Herkeblam. Aun no. Creo que me quedaré un rato más. Pero puedes regresar a tu camarote. No temas, no voy a saltar del barco para escapar de tu vigilancia –añadió en tono cómico para quitarle importancia.

El elfo no sabía como tomarse ese comentario. Permanecieron unos minutos callados contemplando el mar y las estrellas. Para ella no existía un cielo estrellado más hermoso que el que se podía observar desde un barco.

– Y bien, - dijo rompiendo el silencio, -ya que vamos a estar juntos en este largo paseo, contadme algo, no sé… decidme ¿os gusta lo que hacéis?

- claro señorita. Es un honor para mí.

- Dicen que el arken tiene un carácter de los mil demonios…

- Bueno… es exigente pero si uno obedece no tendrá problemas con él.

- Y seguro que también es testarudo – murmuró Dâira.

- ¿perdón señorita?

- Nada, nada…. Hablaba sola. Voy a bajar a descansar un rato.

(... ...)

Día y medio de viaje, con buena mar y viento propicio. Se reencontraron en la cubierta de popa. El ruido de los marineros y el choque de remos les habían despertado y dado la señal de que habían llegado. Era temprano, muy temprano y la temperatura era fresca. Echó un vistazo al puerto de Tulkatumbo. Hasta él había viajado su padre en numerosas ocasiones por cuestiones comerciales, sin embargo, ella era la primera vez que pisaba la ciudad. A pesar de la hora temprana ya había bullicio. Varios barcos descargaban mercancías que sin duda, vería a las pocas horas en los tenderetes y comercios.

Tuvieron que guardar una fila para desembarcar. Dâira se salió unos instantes para ver qué ocurría. Varios hombres vestidos de igual manera inspeccionaban a cada viajero. Regresó a su posición extrañada por la alta vigilancia que aplicaban para ser un puerto comercial.

Les tocó su turno. Un fornido hombre con una barba mal recortada la paró y exigió que se apartara de la cola. Herkeblam corrió la misma suerte que ella igual que otros dos desconocidos. Bajaron escoltados y una vez en el puerto fueron interrogados severamente.

Escrito el 12-01-2008 12:37 #10

- ¡Nothal, allí hay mucho eucalipto para ti! – exclamó Northiêl a su koala que le brillaban los ojos al ver que más allá estaban colocando un puesto de hojas de eucalipto y otras hierbas.

Nênlê estaba cerca, en la zona de cueros, mientras que Tath miraba más allá varios tenderetes de materiales exóticos. Aunque en su mayoría y, como el nombre indicaba, la feria de textiles se componía de puestos llenos de telas, cueros, lanas o pieles también había algunos puestos dedicados a otros productos como eran hierbas, frutas o especias.

- ¡Capiii! – gritó Nor intentando llamar la atención del elfo que estaba a una distancia considerable como para que algunos visitantes se enteraran.- ¡¿Hemos traído algunas monedas?! ¡Quiero comprarle eucalipto a Nothal!

El elfo extrajo entonces de un bolsillo del pantalón un saquito que abrió para contar las monedas que había traído. Resignado, Tathâral cruzó la calle hacia el puesto donde estaba la elfa con su koala sorteando hombres y mujeres, elfos y elfas y miembros de otras razas que habían madrugado para el visitar la feria.

- Ten, pero no gastes mucho, oveja descarriada.- le dijo mientras le entregaba unas cuantas galdî de cobre y unas pocas de oro.

- kariadha, kariadha, pronunció el loro de tono verdoso que Tath llevaba en el hombro.

- ¿Nuestras monedas sirven en Tulkatumbo? – preguntó Northiêl mientras las cogía.

Tath afirmó con la cabeza.

- Sí, nuestras monedas están hechas de cobre, plata u oro al fin y al cabo.- le explicó para, acto y seguido, darse la vuelta y continuar mirando los puestos.