Cuando los dos árboles cayeron, un grupo de elfos emigró desde Cuiviénen (Kuobe’mem) hacia el este, cruzando el gran mar y llevándole sus barcos hacia el continente de Rómenor. Aún en tierra firme, su destino era más al este, para poder alcanzar la costa de levante. Algunos rehusaron continuar, maravillados como estaban por los nuevos bosques, por la refrescante agua de los ríos y el fascinante canto de los pájaros y también encogidos con la duda y lo sombrío que les deparar el continuar más al este. De estos que no quisieron seguir, hubo un pequeño grupo que se instaló en una masa de árboles que crecían cerca de un ondulante río, el Kelara. Fundaron Tuille-Osto, la fortaleza primaveral y Kalailin, el lago brillante.
Durante algunos siglos el reino élfico del Kelara, conformado por Tuille-Osto y Kalailin, floreció prospera y lleno de vida a pesar de que se sentían perdidos y abandonados por los dioses. Algunos se arrepentían de no haber continuado hacia el este pero aún así el maravilloso bosque donde se habían instalado les hacía mitigar esa pena. Durante los años de la primera edad cultivaron el conocimiento de los bosques, de las plantas que allí crecía, los arroyos que los surcaban y los animales que los transitaban. Apenas contactaron con el mundo exterior y pronto se olvidaron de sus hermanos que emigraron al este o al sur. Yavanna los encontró poco después y vio maravillada como aquel reino élfico crecía lleno de luminosidad. No obstante, los señores elfos rechazaron el don que ella le ofrecía, renegando de los Valar que los habían abandonado. Apenada, Yavanna bendijo, no obstante, aquella parte del bosque, mientras el río Kelara fertilizaba la tierra.
De esta manera, durante la primera edad, Kalailin y Tuille-Osto crecieron a la par, aunque en algún momento sus señores tuvieron que solucionar algunas divergencias, como el hecho de cuál ciudad sería la capital del reino. En el Concilio de las Dos Ciudades, se aprobó que ambas ciudades ostentaran la capitabilidad del reino.
Sucedió que, a finales de la primera edad del sol, llegó una amenaza proveniente de las ciénagas de Altaloica. Se trataba de grandes hordas de orcos que se habían agrupado en esa zona y cuya amenaza provocó una guerra constante entre orcos y elfos mientras éstos luchaban por defender de aquellos su reino. La vigilancia del oeste se fue haciendo cada vez más difícil y, mientras, ellos se volvían cada vez más agresivos y recelosos, la amenaza era cada vez mayor pues las hordas orcas crecían en número. Finalmente, en los años en que Angband caía en desgracia, llegó la invasión definitiva y la devastación del reino élfico del Kelara por parte de las hordas orcas.
Tuille-Osto y Kalailin acabaron saqueadas y casi destruidas. Algunos elfos del kelara huyeron por el bosque pero una parte importante de ellos fueron esclavizados por los invasores.
Dolor y ruina se mezclaron en los corazones de los elfos esclavizados mientras vivían el horror de la esclavitud orca. Allí, encerrados en calabozos de pestilente barro y cenizas, sus almas fueron martilleadas por la desidia y, durante centurias, recordarían aquellos lugares como Zdam-Zdom, una palabra maldita para ellos. Los orcos los obligaban a comer gusanos y cieno lleno de sustancias tóxicas para los cuerpos de los elfos mientras se reían de las ínfulas élficas. Así que los elfos empezaron a ver modificada su naturaleza pues las toxinas volvía más vulnerables a sus cuerpos perennes pero fue su ánimo lo que más se vio afectado, pues el tormento los volvió más oscuros y agresivos con el paso de los primeros siglos de la segunda edad.
Ahora bien, en aquella época varios barcos llegaban provenientes de las tierras del este de la Tierra Media, barcos tripulados por los hombres del pueblo Nomhaldad. Una vez en tierra firme empezaron a instalarse por el bosque del norte de Rómenor y algunos de sus señores ocuparon las ciudades arruinadas del antiguo reino élfico del Kelara. Tanto Tuille-Osto como Kalailin fueron ocupadas por las tribus humanas aunque fue Kalailin la que reconstruyeron con más ahínco, Lithaelin la llamaron, lago entre cenizas.
Mientras tanto, algunos de los elfos encerrados en los calabozos orcos consiguieron escapar, los orcos no resultaron tan buenos carceleros y el bosque les sirvió de refugio para aquellos elfos que escaparon del horror. Durante mucho tiempo habían estado alimentándose de gusanos y cieno en la oscuridad de las cárceles, lo que aún para un elfo y su concepción del tiempo era mucho. Estos elfos que habían conseguido escapar, llegaron a las ruinas de Tuille-Osto y expulsaron a los humanos que allí se habían instalado pero no consiguieron hacer lo mismo con Kalailin, donde los humanos habían establecido su capital.
Allí, en la antigua Tuille-Osto, ocultos por la maleza y la frondosidad del bosque, los elfos fueron reorganizándose con el único objetivo de recuperar sus tierras de antaño. En las ruinas de la ciudad élfica empezaron a hacer prácticas con animales mientras probaban venenos que pudieran usar contra los orcos y los humanos de Lithaelin. En esos días solían recorrer las antiguas calles de la ciudad, convertidas entonces en una masacre de cenizas, piedras y cuerpos calcinados.
Mientras, los orcos se habían vuelto también una amenaza para los habitantes de Lithaelin, aunque fueron dispersaron por la superioridad numérica de los humanos. Fue así como gran parte de las hordas orcas surcaron el bosque hacia el centro del continente. Pero los elfos de Tuille-Osto supieron de este hecho y aún querían recuperar sus antiguos territorios pero la inferioridad numérica les impedía luchar contra los humanos de la reconstruida Lithaelin. Durante varios siglos estuvieron ocultos en uno de los pocos edificios de Tuille-Osto que se había mantenido en pie, al tiempo que iban hacia los antiguos calabozos para rescatar a los elfos que aún seguían encerrados.
Sucedió que un día, un cuervo negro se posó en unos de los ventanales del parcialmente derruido palacio de Tuille-Osto. Nyrul, uno de los primeros que habían escapado del horror de los calabozos de las ciénagas, abrió los ventanales y recibió de esta manera a un maia que en tiempos anteriores había sido sirviente de Oromë, pero que un castigo lo había condenado a una vida encerrada en el cuerpo de un cuervo. El maia, que recibiría el nombre de Kwakam (“dios cuervo”) terminó de envenenar el torturado fea de aquellos elfos, haciéndoles ver de su desgracia al ser los hijos olvidados de Eru Ilutávar, condenados a no ver la gracia de los dioses y castigados con la tortura que habían sufrido en las ciénagas sin motivo alguno. Les habló de algunos de sus hermanos que habían venido con ellos a aquella tierra y que habían recibido la gracia de Yavanna y vivían disfrutando de los dones de ella en el noreste del continente. Especialmente les animó a recuperar su antiguo reino y su vieja gloria de tiempos pasados y los tomó como sus protegidos a cambio de que le ofrecieran sacrificios para calmar los deseos carroñeros de sus cuervos. Nyrur se convirtió de esta manera en el emisario del nuevo dios en el bosque.
Ayudados por Kwakam, los elfos trazaron planes para recuperar la zona del bosque que un día les perteneciera y, durante esos siglos, fueron empleándose en artes oscuras, en el arte que ellos llamaron Uonu, realizando nuevos venenos y torturando a los orcos que siglos atrás les habían torturado a ellos mismos. Ya poco tenían aquellos elfos de cuando Tuille-Osto era un lugar bello y luminoso. Ahora eran austeros, corruptos y rencorosos, y hasta su idioma había evolucionado, recortando las palabras que ellos tanto amaron. Tuille-Osto pasó a pronunciarse Tuyrozd con el paso de los siglos.
Siglos más tarde, los elfos de Tuyrozd consiguieron finalmente expulsar a los hombres de Lithaelin, debido a lo cual muchos de estos humanos se dispersaron por los alrededores del Aldalaure mezclándose con otras tribus de humanos que ya poblaban el bosque en aquellos días mientras que otros optaron por avanzar por el continente hacia el centro del mismo.
Aunque ya habían conseguido recuperar sus tierras ya no había retorno para lo que habían sido, ya eran otros elfos, los Uonu-Nyrr, "Elfos de la Hechicería", corruptos y oscuros, ávidos de gloria y empeñados en aumentar las tierras que dominan, no con la conquista guerrera sino con el miedo y el temor que van ejerciendo. En los últimos siglos han sido, por tanto, protagonistas de una oscura leyenda en los alrededores mientras atemorizan a los pueblos de alrededor a los que les obligan a darles sus ganancias y bienes materiales.
Los Señores Oscuros, los Elfos de la Hechicería, los Brujos, los Elfos Malditos, Amos de los Zrour y de los Horrores de las Ciénagas.