Cuando Thorondor posó sus alas sobre el Orocarni, no fue a Nahald a quien vio ante sus ojos, sino a un niño que hasta aquel momento había pastoreado cabras y ahora lo contemplaba con expresión de asombro y expectación.
-Narâ, ve ahora en busca de tu hermanastro, pues desde lejos le traigo un mensaje que le ha de ser comunicado.- Habló el Señor de las Águilas al muchacho, quien bajo entonces a prisa la montaña, para traer consigo a Nahald.
Así fue como Nahald y Thorondor se encontraron en las cimas de aquellas montañas y se le aconsejó que marchara con los suyos al este, a las lejanas tierras de Romenor. Así se cumpliría entonces la profecía de ambos hermanastros que les había dado nombre, según la tradición Okohatxa. Ya que ésta tenía por norma dar a los hijos nombre según los hechos que marcaban su nacimiento, marca de lo que el destino le depararía. En base a esta tradición, la madre de ambos perteneciente a esta casa vecina (la Casa Okohatxa), les había llamado Nahald, "Secreto", y Narâ, "Águila". Y así, a través del Señor de las Águilas, llego el mensaje secreto de Valinor a los Borhala, forjando así sus destinos.
De esta forma Nahald llevó a los suyos a las tierras de Romenor, aunque el jamás las contemplara y pereciera en la mar ante el ataque de los krakens. Su hermanastro, sin embargo, una mejor suerte le reservó el destino, pues a bordo del barco de su padre alcanzó la tierra prometida, y vivió con los suyos en las tierras que hoy es Circaloica. Lugar donde marcado por el encuentro con Thorondor comenzó un culto a las aves, y entre todas ellas a las águilas, en el cual le acompañaron muchos.
Los años pasaron cómodos en aquel nuevo mundo, pero con el cambio del mundo, las tierras de aquel pueblo comenzaron a ser invadidas por el agua, y sus pastos pronto comenzaron a convertirse en un inmenso cenagal. Fue entonces cuando se decidió la marcha a tierras mejores estableciéndose desde entonces en el Ghân, salvo aquellos que rehusaron de cruzar el Nursha y vivieron en la orilla oeste a éste, en el lugar al que llamaron Angacurumo.
En aquellas tierras vivieron al fin en paz hasta la guerra con invasores del norte, los Nomhaldad, a los que tras vencer hizo crecer en aquel pueblo las ganas de aventura y sed de mundo. Fue así como de Ghân partieron un gran número de viajeros que bajaron por el Nensha hasta el Kelkaranî y se internaron en el Mistetaure; alimentando así el espíritu aventurero también a sus parientes de Angacurumo, en especial a los hermanos Romo y Remulo, quienes llevaron a los suyos a Anwaumanya y Anwanauco respectivamente.
Pero aquellos que mayor dicha tuvieron, fueron los que bajaron por el Nensha y desecharon la idea de abandonarse al recorrer de las aguas. Estos llegaron a la tierra entre ríos del desierto de Al Varantar, a las que llamaron Etzenselon (tierra entre ríos), la cual era bien rica y se encontraba entonces en gran parte abandonada.
Sobre asentamientos abandonados levantaron aquellos hombres los cimientos de su reino y de su capital, Narâharaz, la tierra del Rey Águila, cercana a la rica ciudad agrícola de Vennâlo. Con el paso de los años Etzenselon prosperaría e influida por el imperio varante se anexaría más tarde a éste, conservando su cultura, idioma y autogobierno, aunque siento entonces conocida también bajo el nombre de Naravhor.
Días de renacimiento fueron estos, hasta que la peste recorriera nuevamente las áridas tierras del imperio y gran parte de la población nativa abandonara sus casas y se instalaran cerca del Ghân mientras que la peste asolaba lo que había sido su nación. La cual recuperarían una vez esta hubo pasado, haciendo resurgir a Etzenselon de sus cenizas y hacerla brillar de nuevo, hasta nuestros días.