La Guerra de los Clanes

Clan Externo - Hohunamae

Escribiéndose...
Escrito el 02-03-2008 15:53 #1

Es Tol-Peredrûg una isla aún virgen, aún salvaje, rica como ninguna gracias a la falta explotación de codiciosas manos. Los hohunue, hombres de tez oscura, son sus únicos habitantes, y aún así no son dueños, pues no lo son de nada y nadie, aunque protectores de todo. En sus austeras cabañas habitan y gozan de la tierra, al margen del resto del mundo, al margen de la violencia, al margen del mal, mientras que este no ose a allí viajar.

Escrito el 02-03-2008 15:55 #2

Nacidos bajo el ardiente sol y sobre la ardiente arena, las marchitas tierras de la cuna natal de los hohunue, hicieron de ellos hombres nómadas, errantes entre los errantes, siendo sus cuerpos desnudos, quizás en ausencia de techo, lo más castigados por Anar de entre todos los haradrim, siendo así oscuros entre los oscuros.

Guiado por el Hogaz, la Palabra del Caminante, los hohunue sobrevivieron a las penurias bajo sus leyes. Un hijo del Hogaz no requería más comida y bebida de la que Amae, la tierra, podía suministrarle y le era necesaria. No ansiaba ni era dueño de nada salvo de él mismo. No necesitaba de más placer del de salvaguardar a los suyos, conociendo solo mujer pasada la Apaeda (la Edad Sabia, equivalente a los treinta años), con la que poder formar una familia a la que habría de cuidar y respetar. Norma que era igualmente aplicada a la mujer aunque con el matiz distinto de la Maeda (la Edad Madre, equivalente a los veinticinco) en la que la mujer era considerada sabia y capaz de mantener y proteger a su familia. Un hijo del Hogaz no se alimentaba ni de aves, roedores, puercos o insectos. Un hijo del Hogaz se alimentaba pues de grandes y honorables bestias (tan inverosímiles como el olifante o la serpiente), las cuales cazaba o criaba (siendo este último el caso de cabras, ovejas y vacas). Respetando a su vez a Amae, de la cual no explotaba ni sus tierras ni sus bosques (por lo que no practicaban la minería ni la tala de árboles, y tan solo cultivaban, criaban, recolectaban y cazaban lo que les era solo preciso; enseñanza quizás aprendida dados los escasos recursos a los que estaban acostumbrados y que necesitaban preservar para un posible futuro).

Guiados por estas leyes los hohunue recorrieron las áridas tierras del sur de la Tierra Media, hasta que el Aye* Aolon fue bendecido conociendo en sueños el gran mandato sagrado, llevando así a su pueblo hacia las costas del este, donde guiado por los grandes señores Aolon se adentro en el mar convirtiéndose este en suelo firme a sus pies. Provistos de la gracia divina Aolon condujo a los suyos por los mares hasta la tierra soñada. Y así el pueblo caminante fue conducido a las tierras de Romenor, instalándose a partir de entonces en las ricas tierras prometidas de Tol-Peredrûg.

En aquellas tierras levantaron el poblado de Enyumetar, un conjunto de cabañas realizadas con las ramas caídas en el bosque, el Hopelé Veramae, lugar donde establecerían la morada sagrada y el lugar de descanso de sus muertos. Siendo así Orakono, un simple altar de desnudas rocas rodeadas por espirales de piedra, tumbas de aquellos que ya murieron, levantados en la segunda mayor elevación y claro. Vislumbrándose desde aquel lugar sagrado la desnuda y punzante silueta del Yumonamae, el gran volcán.

Eran años buenos para los hohunue acostumbrados a las penurias del mundo, sin embargo la paz se quebraría en guerra. Ya que aunque no fueran hombres de riquezas, sus tierras eran ricas en éstas, abundantes en coral y ámbar en sus costas y de cobre en la cálida roca. Causa por la que el rey Ganjas de Leoaicale inicio una campaña militar para lograr su anexión. A las costas de Tol-Peredrûg llegó entonces una flota con más de dos mil hombres que se enfrentarían a poco más de un centenar de hohunues armados. Superados en número los hohunue se adentraron en el bosque presentando entre sus sombras presentando allí batalla a los hombres de Ganjas. Acostumbrados al hambre, sed y fatiga, siendo sus cuerpos flexibles y atléticos en toda su altura (siendo ésta, fuera hombre o mujer, de más de siete pies**), los hohunue abatieron a muchos en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo, gracias a su fuertes e infatigables cuerpos y a la capacidad de moverse de manera tan grácil sobre la tierra tanto conocían. Una vez que los hombres de Ganjas asimilaron la dificultad de una victoria en el bosque, donde los hohunue eran fuertes en el cuerpo a cuerpo y capaces de emboscar a sus arqueros, tomaron la decisión de arrasar el bosque que los protegía. Sintiendo entonces la tierra en peligro, haciendo uso de las artes que ésta les había enseñado con el tiempo, los hohunue extrajeron la ira de la tierra en su forma de veneno. Armados entonces con arcos y cerbatanas cayeron sobre su enemigo por los días ya cansados.

Muy pocos de los hombres de Ganjas llegaron de regreso a sus casas, llevando con ellos noticias de altos hombres fuertes como osos y ágiles como tigres, incansables e inmunes al hambre, a la sed y claro esta al sueño a pesar incluso de heridas, siendo incluso quizás también al dolor. Terribles espíritus del bosque a los cuales no se les debía perturbar. Así quedo en la memoria de Leoaicale el pueblo hohunue, a pesar que su rey poco creyó en ello pero mucho le sirvió para mantener entre los suyos su orgullo y honor.

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* sacerdote

** dos metros