La Guerra de los Clanes

Clan Externo - Nomhaldad

Escribiéndose...
Escrito el 02-03-2008 16:02 #1

En la desembocadura del Palantuine se extiende una tierra rica en el cultivo del arroz, el trigo y el maíz, así como gran número de legumbres. Ricas también son sus costas repleta de bancos de peces, nutritivas algas y repleta de otras tantas criaturas, como el gran cachalote plateado. En ellas habitan gentes de costumbres ancestrales en el honor la guerra y la espiritualidad, tras la gran muralla que rodean las lindes de su patria. Nominnahald es la capital de su reino y Trahald-Haladin el gran panteón de sus ancestros.

Nominnahald

A pesar de la gran muralla que bordea las lindes del reino, la capital, en su papel de último refugio para los suyos, se encuentra protegida por sus propios muros construidos con dos niveles, habiendo así dos pasillos para la vigilancia y protección de tan grueso muro defensivo. Gruesos, igual que los portones de metal tras las que se halla la ciudad, vigilados por los siempre ancestrales canes guardianes de dura piedra, que también guardan el palacio imperial. Una ciudad protegida y rica, de casas y mansiones de tejas de negra piedra y paredes blancas, en contrastes a las de madera y caña de la zona rural. Una ciudad de bellos jardines, pinturas y mosaicos, bañada por la fragancia de las especias y el olor a sal.

Trahald-Haladin

Construida en las entrañas de la tierra, el panteón de los Nomhaladrim solo es accesible a través de la ciudad de Nominnahald a través de túneles que se adentran cientos de metro bajo el suelo y atraviesan la tierra, aún por encima del Palantuine. Allí un número indefinido de estatuas armadas, y algunas montadas incluso en caballos de piedra, guardan eternamente a los muertos, disuadiendo, junto a las trampas, a posibles profanadores; pues de su vigilancia pétrea pueden, según la leyenda, ser despertadas.

Escrito el 02-03-2008 16:04 #2

Desterrado Morgoth del mundo, sus sirvientes vagaron por el mundo, escondiéndose en sus entrañas la mayoría de ellos, hasta que otros de mayor poder como Sauron los acaudillaron para sus propios propósitos.

Libres ahora, aunque bajo la amenaza de caer en la servidumbre de nuevo o bajo el acero de los ahora victoriosos pueblos de hombres, elfos y enanos; Dao So Boyin rey de los daosoenin, hombres en otros tiempos siervos de Morgoth, vio la posibilidad única de afianzar su libertad y su propio gobierno. Así pues comenzó lo que el mismo denominó la Coircaradh, “La Revolución Roja” (en alusión a la bandera daosoenin), reuniendo gracias a ella a numerosos gobernantes de otros pueblos de hombres, unidos todos ellos en alianza bajo la firma del tratado que conformaría a partir de entonces la Caradhazar, “La Estrella Roja”, en honor a aquella noche oscura y la revolución de Dao So Boyin. A aquel grupo de firmantes se les denominó los Nomhalad, “Guardianes de la Sabiduría”, pues cada uno aportó no solo su total lealtad al pacto sino toda la sabiduría recogida por su pueblo en solo tomo, de los cuales se obtendrían los Tres Libros Fundamentales: “El Arte de la Guerra” de Ganj Ethul, “La Senda del Honor” de Dao So Boyin y “El Manantial del Alma” de Xing Mou.

Unificado así un nuevo reino, este abarcó la extensión de Hildórien, llegando incluso a alcanzar las montañas del sur del Orocarni. Sin embargo aquel creciente imperio no era la idea que Dao So Boyin había concebido tiempo atrás. Aunque numerosos, abarcaban un territorio cada vez más grande que no serian capaz de sostener ante el empuje de antiguos enemigos y las huestes de señores oscuros, terminando a bien seguro todo aquello en cenizas, muerte y esclavitud. Por ello llamo a los suyos una vez más y les incitó a abandonar sus hogares y marchar sobre el mar hacia la tierra escondida de oriente donde los orcos habían marchado tiempo atrás bajo el mandato de Morgoth. En aquellas tierras remotas y aisladas del mundo poca oposición habrían encontrado los orcos, y aunque su número fuera ya elevado entonces, no serían un obstáculo para ellos, más cuando ahora se encontraban privados de su mentor. Siendo así un lugar seguro para los suyos donde poder siguiendo disfrutar de su propia libertad.

Sin embargo, no todos veían de aquel mismo modo, y muchos se opusieron a marchar a aquella jaula dorada, ya fuera por convencimiento o por abandonar sus posesiones o aquellos de los suyos que no estaban dispuestos a marchar. Así pues pocos fueron los que se unieron a Dao So Boyin en su decisión de abandonar la Tierra Media, quedando tan solo en cinco pueblos, de la larga veintena que formaba la Caradhazar. A Dao So Boyin se le unieron Ganj Ethul, Xing Mou, Taljo Eothin y Hojan Qiu, provocando la primera escisión del Imperio Rojo y una serie de reyertas en contra por parte del resto de pueblos, que veían mitigar así sus fuerzas y la posibilidad de hacerse con más ricas tierras.

Fue por ello ante la decisión de los cinco de partir hacia el lejano continente de oriente, por lo que estalló la Azarkallaba, “La Caída de las Estrellas”, abriendo así una guerra civil que se alargaría durante veinte años entre la Abârcaradh (“La Resistencia Roja”) y la Azarazûlada (“La Estrella hacia el Este”). Guerra que comenzaría con ventaja para la Azarazûlada que enterada de los planes de sus opositores tomaron con rapidez las mejores localizaciones, y dispusieron con gran maestría sus fuerzas en su territorio escogido cercano a los puertos orientales, gracias a las estrategias de Ganj Ethul, y de su sucesor, Ikari Ethul, tras la muerte del primero dada su tan gran avanzada edad.

Pero como en toda guerra ambos frentes fueron poco a poco debilitados, en contra de los propósitos iniciales del conflicto, acabando por recurrir a firmar alianzas con otros pueblos bajo promesas de tierras y pago de tributos, y a la liberación de los pueblos esclavizados en pos de que se les unieran a las armas. Así y todo el conflicto no parecía tener un claro vencedor, pareciendo alargarse hasta el fin por inanición, por lo que tras veinte años de conflictos varios de los pueblos que conformaban la Abârcaradh, abandonaron las armas y se declararon independientes y retirándose de la Caradhazar. Desprovistos del apoyo de reinos como Seigo, Dakata, Fenyui, Twensay, Ryutu, Basha y Sobo, a la Abârcaradh no le quedo más que firmar la paz.

Finalizada la Azarkallaba, los empeños de los cinco de la Azarazûlada se dirigieron entonces a preparar su viaje en alta mar. Gran número de barcos comenzaron a construirse entonces, capaz de embarcar al más de medio millón que eran su población, creciente tras la guerra a causa de una alta natalidad y el fin de la alta mortandad. Gran número de campos fueron sembrados, gran número de árboles y montes fueron talados y explotados, fluyendo como nunca el comercio en aquellos días.

Cuando los trabajos hubieron concluido, con los barcos terminados y las provisiones recogidas, había trascurrido ya algo más de una quincena de años. Fue una marcha sin despedidas, fue una marcha sin adiós. Vueltos al hacia el Este sembraron la esperanza en atisbar tierra en el eterno celeste horizonte.

Tres meses tras soltar amarras, las tierras de Romenor se dejaron ver al fin a la vista. Y ante el alboroto de la tripulación de tanto su propio barco, como del resto, Dao So Boyin, ultimo de los firmantes vivos del Caradhazar, vislumbro tierra a través del ventanal de su camarote. Su sueño se había cumplido. Y así con 176 años de edad, murió el último de los Nomhalad.

Una semana tras la muerte de Dao So Boyin alcanzaron finalmente tierra. Momento tras el cual se llevó a cabo la ceremonia funeraria del último Nomhalad, a partir de entonces conocido como Nomhaldad, “El can guardián de la sabiduría”, máximo y ultimo precursor de un movimiento que había alcanzado al fin su fin. Su cuerpo fue incinerado y guardado en una gran y bella urna, junto a los Tres Libros Fundamentales, conocidos ya entonces también como el Libro Rojo, el Libro Amarillo y el Libro Blanco. Dao So Akari, su nieto e hijo de Dao So Hon, ya fallecido, fue proclamado entonces soberano del pueblo del Nomhaldad, con el respaldo del resto de herederos de la Azarazûlada, convirtiéndose desde entonces la banderas de todos en una misma la cual fue decorada con los colores de los tres libros y coronada por la siempre estrella roja.

Desposado con Naru Ethul e hijo de Sinei Mou, Dao So Akari no solo había consolido el poder de su pueblo, sino había hecho más suyas la cultura de su pueblo, ya claramente unificado. Gracias a su propio talento y a los consejos de su esposa, pronto lograría ganar terreno para su pueblo en aquellas tierras infestadas de orcos, utilizando así las ruinas abandonadas por ellos como ciudades y las ciénagas como estupendos campos de arroz. Constituyéndose así la primera patria Nomhaldad.

Sin embargo no era solo orcos el único peligro que acechaba en aquellas tierras, y extraños seres, reconocidos finalmente como elfos un tanto estrafalarios, con el pasar de los años se convirtieron en una amenaza, arrebatándoles tierras, y dividiendo sus fuerzas entre ambos enemigos.

De todas las ciudades levantadas de la Nomhaldad, era Lithaelin la más inexpugnable de todas, resistente con el paso de tiempo a los ataques de elfos y orcos. Pero aquella ventaja iba siendo con el ir de los días menor, y aunque el semblante de aquella patria fuera bello y glorioso, la realidad es que tras aquella imagen se escondían unos cimientos frágiles casi a punto de quebrarse. Los años habían traído no solo guerra, si no enfermedad y hambre proveniente de los enfermizos campos de arroz, mermando con muertes la población, y mermando con estas la capacidad de subsanar las heridas de la patria, no solo en cuanto a edificios y a murallas, sino la misma armamentística de la que dependían, siendo esta última ahora más ornamental que útil.

Viendo aquello Rogusho Qiu, primo del emperador Dao So Han, instó a su pueblo que aquel lugar en el mundo ya no les era seguro y que por tanto debían de buscar una nueva patria donde poder vivir en paz, aunque tuvieran que abandonar todo aquello por lo que había vivido, luchado y en ocasiones muerto. Aquella idea, sin embargo, no agradaba obviamente a los suyos, pues aunque fueran capaces de ver entre la aparente realidad, eran incapaces rendirse sin luchar. Así pues las palabras de Roghuso parecían caer en saco roto, apariencia que lo sería tan solo, ya que los jóvenes, muchos de ellos cercanos a la generación de Roghuso (de 23 años de edad), le apoyarían finalmente, conocedores de los problemas de su sociedad, pero menos sujetos a ésta. Comenzando así la Segunda Coircaradh, o Segunda Revolución Roja.

En este nuevo movimiento, Roghuso encontró un gran apoyo en una serie de jóvenes influyentes en aquella sociedad, estos eran Tasaro Galjá, Gusho Ithain, Kaeda Geigasa, Tetshuo Fargail, Manaka Lathûr, Yivo Ethoin, Oyaxa Truskan, Koroho Retso y Jero Yunami, “Los Nueve de Roghuso Qiu”. Juntos comenzaron a planear su éxodo y a recoger los recursos necesarios para ello. Quiso el destino que cuando estos trabajos hubieron terminado, estallará de nuevo la guerra y Lithaelin, la gran capital, fuera nuevamente atacada por los elfos. Esta vez sin embargo no era como las anteriores, y poco a poco vieron perder la ciudad.

Al caer Hinami Ethul muerto al tercer día del asedio, el ejército sufrió un irreparable daño en su moral, y la balanza cayó al fin con claridad del lado de los elfos. Aterrorizados y desesperados gran parte de la población liderada por su emperador quiso unirse a los hombres de Roghuso y juntos planear la mejor huida de allí. Haciendo uso de sus recursos limitados y aprovechando el caos de la estampida general que tenía ocupada a gran parte de los elfos, aquel grupo de Nomhaldad marchó cargando consigo la urna de gran Nomhalad, Dao So Boyin, a través de los árboles, rumbo al sureste.

Otros muchos, en cambio, no abandonaron la ciudad y cayeron junto a ésta según el viejo código de honor, muertos entonces aferrados a sus armas o entregados a su propia meditación. Este último fue el final escogido por Shonubo Mou, así como gran parte del clérigo y de su familia. La leyenda cuenta que éste, junto a los suyos, fue sorprendido por los invasores en el gran templo de la ciudad mientras practicaban su meditación, y tan alta era la meditación de Shonubo, jamás interrumpida por el alboroto del invasor, que al intentar un soldado decapitarle, el cuerpo entero se volatizó en el aire cuando era sesgado quedando de él tan solo la toga.

La suerte de aquellos que no perecieron en aquella batalla y no se unieron a Roghuso fue adversa. Aquellos que no fueron tomados presos y hechos esclavos por los elfos, se vieron obligados a vivir en la penuria y el escaso cobijo que le proporcionaba aquellos bosques, uniéndose, los más dichosos, a otros pueblos libres con el tiempo de las garras de aquellos elfos.

Por ello, muchos consideran dichosa idea de Roghuso y la planificación del éxodo que llevó a cabo. No obstante, este viaje no se vería exento de peligros, y muchos de aquellos que lo emprendieron jamás lo concluyeron.

Desconocedores del mundo que les rodeaba dadas las continuas confrontaciones con orcos y elfos, y su consecuente problemática a la hora de realizar cualquier exploración o expansión, el desierto de Al Varantar tomó a las huestes de hombres casi por sorpresa, pues aunque aquellas tierras desérticas figuraran en sus mapas, nunca habían sido exploradas y jamás se había medido su magnitud. Por ello, guiados por la sensatez, aunque temerosos de ser sorprendidos en su viaje trazaron una ruta que bordeara el desierto a favor de la búsqueda de una senda más favorable. De esta forma llegaron al Kelkaraní y al ver que aquel desolador desierto continuaba en la otra orilla de aquellas aguas y que tan solo había verdor en aquellas oscuras tierras que acababan de abandonar tomaron finalmente como sendero el caudal del Nensha, proveyéndose así al menos de agua suficiente.

A pesar de que su relación con los hombres del desierto fue durante inicialmente pacífica, los estragos del camino y la disminución progresiva de alimentos, termino en degenerar en vandalismo, que aunque castigado inicialmente por los dirigentes, termino finalmente por ser aceptado también por ellos llevándose a cabo entonces no simples saqueos a grupos minoritarios sino casi invasiones en toda regla.

Estos actos llegaron a oídos de muchos y a lo largo del desierto y cercanías del Nensha, los Nomhaldad fueron recibidos hostilmente siendo finalmente expulsados de aquellas áridas tierras y más tarde incluso de las cercanías del Nensha, tras la Batalla de Ghân (en la cual cayeron Koroho Retso y Jero Yunami), siendo dispersados entonces y obligados a cruzar a través del Umbar Meno, salvo aquellos que siguieron a Gusho Ithain y moraron desde entonces en las ricas ciénagas de Circaloica que sembraron de arrozales.

Optando por la ruta menos abrupta y que gozaba de mayores reservas de aguas, el séquito de Roghuso atravesó las montañas rumbo al oriente, bajando finalmente a tierra firme por la orilla este del Loicatuine. Tomando entonces las suficientes reservas de agua y comida reemprenderion su vagar hacia el oriente, abandonando así el espeso bosque lleno de sombras y extraños sonidos que les ponía los pelos de punta. Pero antes de que llegaran a las lindes, Manaka Lathûr optó por establecerse en aquel rico lugar junto a aquellos que le seguían. Y tras jurar eterna amistad y ayuda a los suyos, comenzó entonces a levantar la ciudad, la primera de la que posteriormente sería conocida como la segunda patria Nomhaldad.

Ya en las lindes sería Tetshuo Fargail quien se despediría junto a los suyos del gran grupo Nomhaldad, viendo que en aquellas praderas poco cobijo podría obtener frente a posibles hostilidades, y que al menos en aquel lugar dispondría del cobijo del bosque y del suministro de alimentos necesario para los suyos. Decisión que en cierto modo jugaría a favor de los suyos en un futuro, y que llevo a la construcción de la ciudad conocida como Fargail, en honor a su fundador, al igual que otras habían tomado del mismo modo nombre en un pasado y lo harían en un futuro. Pues de esta forma son conocidas también las ciudades de Ithain, Lathûr, Ethoin, Truskan, Galjá y Geigasa. De las cuales las dos primeras fueron las fundadas por los dos primeros grupos que abandonaron el éxodo, mientras que del resto, Eothin fue fundada antes de que Roghuso alcanzara las orillas orientales y fundara Nominnahald, por Yivo Ethoin y sus seguidores que no comprendían ya el empeño de Roghuso de continuar y deseaban el cobijo de las montañas. El resto fueron establecidas pues a posteriori por Oyaxa Truskan, Tasaro Galjá y Kaeda Geigasa, quienes deseaban un lugar que les fuera propio para si mismo y los suyos. De esta forma la segunda patria Nominhaldad abarcó toda la extensión de las praderas divididas por el Palantuine, gobernando aquellas tierras durante largos años.

Pero el Palantuine y sus afluentes, así como el Orenáro, eran unos obstáculos para las buenas comunicaciones entre los diferentes pueblos de aquel imperio. Así que el año de la Gran Invasión Orca, que arrasaría la ciudad Fargail y casi llevaría a las cenizas a la de Eothin, pocos fueron los actos que se llevaron a cabo para contener tal invasión por parte del gobierno Nominhaldi, y tan solo quiso la suerte que por aquellos días creciera el Palantuine y muchos de los orcos fueran arrollados por las aguas a su paso por las cercanías del río y otros muchos fueran sepultados bajo el terreno entonces empantanado, manteniendo así a la nación libre de aquel infortunio.

Aun así los acontecimientos habían sido catastróficos, y los grandes señores se enemistaron y se limitaron en guardar sus propias lindes. Así se quebró finalmente el gran imperio y la gran nación Nomhaldad, la cual quedaría reducida a las tierras donde el Palantuine muere.

Así comenzó la andadura por solitario de cada señor, así como la creación de nuevas ciudades como las de Lairehéru, Nenmindo, Leoaicale, Minitunda y Kanuskun (conocida ahora como Porthos). Pero eso es ya otra historia.

Las Tres Tribus

Según se cuenta una de las ventajas de Dao So Boyin y los suyos durante la guerra civil de la Azarkallaba, era las huestes de hombres que tenían bajo su mando. No solo en cuanto al ejército se trataba, ya que este era semejante en habilidades, equipamiento y destreza en ambos lados de la contienda, salvo en cuestión de mandatarios. Si no en los factores que intervendrían más tarde, cuando en ambos bandos se procedió a la liberación de esclavos bajo la premisa de que quedaran sujetos al ejército en aquellos momentos.

Fue entonces cuando los esclavos, ahora de nuevo pueblos libres, jugaron un papel importante en aquella guerra, y entre ellos sobresalieron tres pueblos, o mejor dicho tribus, ambas pertenecientes al bando de Dao So Boyin.

Estas tres tribus estaban formadas por forwaiths, hombres salvajes de gran fortaleza, las cuales se denominaban, El Búho Blanco, formada por altos albinos procedentes de las cimas del Orocarni; El Jabalí Pardo, formada por hombres menguados y peludos así como de ancha complexión provenientes del Bosque Salvaje; y La Sierpe Negra, formada por altos hombres de tostada piel a consecuencia del sol, procedentes de las áridas tierras al oeste de Hildórien. Y aunque las dos últimas eran tan salvajes y de una cultura tan primitiva como la de restos de pueblos de estos hombres, no lo eran tan de este modo los primeros. Pues estos tenían un mayor conocimiento de la tierra y de la capacidad de trabajar herramientas, además de ser ricos en ceremonias religiosas (ante todo funerarias), a través de las cuales adoraban a la luna, a la que llamaban Vecna, quien era la que guerrera que a lomos de la noche llevaba a los muertos a sus mansiones en el inframundo.

Estas tres tribus viajaron una vez terminada la Azarkallaba con el pueblo de Dao So Boyin hacia las desconocidas tierras de oriente, Romenor. Y allí recibirían al fin su libertad. Sin embargo, mientras que las tribus de El Jabalí Pardo y La Sierpe Negra hicieron uso de este derecho, marchando sobre el mundo, hacia el norte los primeros (viviendo en el Aldalaurë) y hacia el sur los segundos (terminando en los bosques de Mistetaure, Nendataure y Sulestelion), la tribu de El Búho Blanco permaneció al lado de los ahora Nomhaldad, partiendo con ellos hacia el éxodo y formando así parte de la segunda patria Nomhaldad como hombres libres, salvo algunos que renunciaron a la conclusión del viaje y quedaron en Umbar Meno.

Es por ello que aun en los pueblos de estos hombres pueden encontrarse estos grandes guardianes, siempre engalanados por sus pieles de osos de las nieves traídas de más allá del mar. Recuerdo de todo y cuanto se dejo atrás.