La Guerra de los Clanes

El Apákt'chüta

Escribiéndose...
Escrito el 01-03-2008 19:32 #1

Más allá de los estuarios, los puertos y las cientos de pequeñas casas que sirven de morada a los habitantes de Híssuë, se levanta el Iyra Willka, la Colina del Alba, por cuyas laderas asciende, serpenteante, el camino que conduce al palacio del Khútic, el Apákt'chüta, ubicado en el punto más alto del Complejo del Apákt'chüta.

Un arco de piedra indica el fin del largo recorrido de ascenso y el ingreso a la morada del dirigente Marllajtay, y descubre ante el viajero una de las joyas más queridas de este pueblo: los jardines de palacio y el Itzullasqan'ajtlán, la plaza principal del Apákt'chüta.

Los jardines, dispuestos en rectángulos perfectos, bordean el camino de lajas talladas que conduce a la plazoleta, y lo adornan con las más hermosas y coloridas flores de todo Híssuë, mientras perfuman el aire con sus maravillosos aromas. Avanzando a través de aquel mar multicolor se llega a la plaza del palacio, un enorme espacio abierto en cuya base -desde algunos cientos de pies de altura- podría observarse un grabado alusivo a Katarië, y en cuyas esquinas se alzan, imponentes, cuatro pilares conmemorativos coronados con enormes figuras de Zôr-Khôndor talladas en piedra, plaza ésta en el que se llevan a cabo algunas celebraciones y reuniones oficiales del Zîr'ñapák, del Zîr'an, del Khútic y su pueblo; y es tal su magnitud, que atravesarlo y alcanzar las escaleras que conducen al palacio, situadas apostadas en uno de sus costados, demora cuantiosos minutos.

Tras escalar el último tramo de la colina se descubre finalmente la más espléndida de las edificaciones Marllajtay, el Apákt'chüta. Construido totalmente en piedra labrada, y provisto de gruesas columnas que dan soporte al piso superior, intimida con su magnitud y belleza, pero la sobriedad y la frialdad extrema del granito se ven reducidas por la exquisitez de los ornamentos que lo engalanan, y que hacen del edificio el perfecto hogar para la Nobleza Marllajtay.

En el exterior, los enormes corredores abiertos permiten disfrutar de una extraordinaria vista sobre los jardines, así como de una gran extensión de la ciudad, el estuario y sus puertos. El interior, al que puede accederse a través de tres enormes portones de madera tallada con intrincados diseños Marllajtay, posee un amplio patio central en cuyo centro se encuentra ubicada una pequeña fuente de agua y algunas plantas de kuya, cultivadas especialmente para agradar al Khútic. Dicho patio es bordeado por los corredores que, al igual que los externos, son totalmente abiertos, y a través de los cuales se llega a las numerosas habitaciones destinadas a todo tipo de reuniones que realizan los Nüstasqa y el Kunay'nka, así como la morada de algunos príncipes.

En la parte posterior, una pequeña puerta da acceso a los baños del palacio, un amplio salón dividido en dos secciones y en el que los residentes -dada la muy conocida afición Marllajtay por la limpieza-, disfrutan de largas horas de inmersión en enormes tinas de piedra en las que la montaña deposita sus aguas, frías y calientes.

La segunda planta del palacio, con sus balcones abiertos rodean toda la edificación, es mucho más rica en decorados y posee un aire un poco más hogareño. Allí se encuentran distribuidos los cuartos de los Nüstasqa, así como la habitación del Khútic y su Ayni.

Un último edificio, más pequeño y sobrio que el anterior, se levanta a unos pasos de la parte trasera del palacio. Este edificio es conocido como Masi'chüta ("casa de amigos"), y sirve de residencia a los trabajadores del Apákt'chüta y a sus familias. Posee algunas terrazas de cultivo y amplios terrenos de uso libre, así como de un pequeño establo recientemente construido para ser el hogar de los nuevos caballos adquiridos por ciertos príncipes (a pesar del disgusto del Khútic actual), entre ellos la propia esposa del Khútic, Rawa.

-por: Seshat-

[Editado por seregruin el 05-03-2008 12:29]

Escrito el 24-03-2008 21:57 #2

Amanecía en las Andië cuando el pueblo de Marllajtay se percató de que algo no iba bien, una densa niebla cubría todas sus tierras de tal manera que era prácticamente una locura zarpar de los puertos de aquellas accidentadas costas.

Aún así, algún intrépido capitán intentó salir a mar abierto, pues se conocía de memoria el camino a seguir; pero, no había navegado un par de millas cuando chocó contra algo que hundió su barco.

Escrito el 27-03-2008 02:41 #3

Las primeras luces del alba apenas iluminaban los amplios corredores del palacio cuando los pasos apresurados de los trabajadores resonaron en el suelo de piedra; algo extraño ocurría en Híssuë aquella mañana y todos querían verlo desde lo alto del Iyra Willka. El rumor corrió con rapidez y no faltó mucho para que en el Apákt'chüta reinara el caos y la algarabía.

La princesa había despertado poco antes del amanecer, un sentimiento de inquietud latía en su pecho desde la noche anterior pero no lograba entender por qué. Dejó a un lado el delicado peine de oro con que cepillaba su largo y oscuro cabello, para acercarse a su esposo, que aun dormía bajo las tibias mantas de colores, y besarle la frente; pero para entonces el bullicio se había hecho insoportable y la princesa, cubriéndose con un chal, salió de la habitación para intentar restablecer el orden.

-Rawa, Rawa ¿has visto? –la joven Nust'ë tomó por sorpresa a la esposa del Khútic –es la niebla, no se va, no quiere irse con el sol.

-¿Qué es lo que dices, Kusi? ¿qué pasa con la niebla? –preguntó Rawa, visiblemente malhumorada -¿es esto lo que los tiene a todos corriendo de un lado para el otro?

-Híssä, hissä –respondió la joven –ven a ver, ¡tienes que verlo con tus propios ojos!

Kusi la tomó de un brazo y la arrastró hacia los corredores externos del palacio, y allí, frente a sus ojos, pudo ver la misteriosa niebla que cubría todo el estuario.

-Prepara mi baño, Kusi, y luego mi caballo –indicó a la joven -, partiré lo más pronto posible hacia los muelles, lo que sea que esté ocurriendo es demasiado extraño y debo saber de qué se trata.

-¿y qué le diré a tu esposo? –preguntó Kusi con preocupación.

-No le digas nada, yo hablaré con él antes de marchar.

La joven Nust'ë se alejó corriendo mientras Rawa permanecía en el mirador, segura de haber encontrado la razón de su inquietud…

Escrito el 27-03-2008 05:22 #4

La pobre yegua de Toltyo trotaba cansadamente bajo el cielo estrellado, el camino había sido largo. El capitán no se veía afectado por la reciente derrota que había sufrido, estaba herido y sabía que había le fallado a los parientes de su gente, los Asgarûn, quienes aun vivían a merced del tirano Tûgore, pero no se sentía mal, solo se concentraba en su misión.

Después del fallido intento de ataque en Tumbu, el Toltyo sabía que esto no podía quedar así, por ello sugirió a Laymi Arië, compañera suya junto a quien lideraba uno de los ejércitos de Hissuë, que fueran a las casas de curación en Hampi-chüta a reponerse de sus heridas; pero la joven capitana se negó a moverse de donde estaban, al parecer ella estaba más afectada por la derrota que él. “En su lugar, ¿Quién no?” pensaba Toltyo, “después de lo que el Rey Tûgore le hizo pasar”. Así que cambió de plan: Iría al Apákt-chutä a avisar al Khútic sobre la batalla y para pedir apoyo, debía ser rápido, pues la batalla había debilitado (aunque no mucho) las defensas de los enemigos. A la mañana siguiente y aun con vendajes en el pecho partió a su destino.

Ahora, 5 días después, Toltyo estaba cansado también, no había dormido mucho tratando de ganar tiempo, pero al final el pobre animal tuvo que descansar, así que pararon un rato. Hissuë ya podía verse en el horizonte, y al parecer había niebla, cosa que no era muy extraña en esa región, pero esta vez había más de la usual. Toltyo pensó que solo era que su falta de sueño había hecho que su visión empezara a fallar, sumado a la oscuridad de la noche.

No cerró los ojos durante las cuatro horas que duró su descanso, había vuelto a encerrarse en sus pensamientos y permanecía sentado al lado de su yegua quien dormía tranquilamente. En los labios tenía a su fiel flauta de la cual dejaba escapar una improvisada melodía que era a la vez una pequeña ventana que daba una idea de cuales eran los pensamientos que corrían en su mente en ese momento. De repente se detuvo. Despertó al animal y siguió su camino.

Cuando al fin entró en su patria, Toltyo se sorprendió al ver que la niebla era más espesa de lo que aparentaba a lo lejos. Llegó al Apákt-chutä cuando el sol recién salía, al menos eso es lo que pensó él, pues el aspecto de la ciudad no era muy diferente que el que tenía en las noches, solo que la gente no dormía, parecían querer ignorar el extraño fenómeno, el capitán le preguntó a un grupo de personas que era lo que estaba pasando y le dijeron que la niebla llevaba varios días ya y que al parecer un barco había naufragado el mismo día de su aparición. Toltyo sabía que algo no estaba bien pero tenía cosas que hacer así que siguió con su camino.

[Editado por Haryos el 31-03-2008 01:25]

[Editado por Haryos el 05-04-2008 19:30]

Escrito el 27-03-2008 22:56 #5

A juzgar por la claridad que entraba por la ventana, debía hacer poco tiempo que había amanecido en Híssuë, o al menos eso pensó Morlyg cuando despertó esa mañana. Salió a la estancia principal de su hogar, que se había hecho construir en lo alto de un acantilado años atrás, en las cercanías de Atlan’tenawq, donde se alojaba su compañía, una de las principales flotas navales Marllajtay. Desayunó relajadamente, pues en esos días se encargaba de dirigir las defensas de Híssuë en la Cuenca de los Tres Estuarios, principal entrada marítima a Híssuë y para su regocijo, era una época tranquila en las fronteras: hacía semanas que los Númenóreanos, principal amenaza para los Marllajtay, no se acercaban al estuario. Pero debían estar alerta, ya que parte de las fuerzas Marllajtay se encontraban en campaña más allá de las Andië, en los bosques del Nendataure.

Una vez hubo terminado el pan de maïth con mermelada de puhán y un buen trago de tzate, se dispuso a partir hacia Atlan’tenawq a escuchar los informes de los centinelas del puerto, esperando que la noche hubiera transitado tranquila y sin novedades, como venía siendo habitual. Pero no bien hubo traspasado el umbral, lo invadió la perplejidad: a sus ojos se presentó una niebla de espesura extraordinaria aún teniendo en cuento lo habitual de este fenómeno en esas tierras. Se percató de que era bastante más tarde de lo que había imaginado en un principio – seguramente ya pasaba de mediodía -, pero la niebla oscurecía el día y el sol no había logrado disiparla aún. Cuando salió de su asombro, se dirigió al borde del precipicio a observar el terreno. Apenas podía distinguir las aguas revueltas a los pies del acantilado.

Cuando llegó a la ciudad observó el asombro de la gente por las calles: caminaban cautelosos, mirando alrededor, la mayoría de conversaciones que escuchaba referían a la niebla y las cabezas de los vecinos se asomaban por las ventanas escudriñando el blanco cielo. Pero a pesar de todo, el día transcurrió apacible bajo el blanco manto de la niebla. Al día siguiente, la niebla persistía en Híssuë y hacia el mediodía llegaron mensajeros desde el Apákt’chüta. Al parecer, un hombre se había hecho a la mar la mañana anterior y había naufragado a las pocas millas de trayecto. Morlyg se compadeció del hombre al principio, pensando en que se había arriesgado mucho a salir con esa niebla. Pero en el fondo Morlyg había tenido un presentimiento. Ese accidente era muy extraño. “Tan adentro del estuario… cualquiera se conoce perfectamente esas aguas y las irregularidades de su fondo marino, como para encontrase por sorpresa un arrecife.” Mientras Morlyg pensaba esto le asaltó una terrible idea. “¡Malkñý! ¿Y si sus criaturas vuelven a campar por el océano? No… imposible“. Esa idea le estremeció. Pero no tardó en desprenderse de ella, era muy improbable que la leyenda volviera a cobrar vida. Aún así, el misterioso naufragio le tenía sumamente intrigado, por lo que tomó la decisión de partir al día siguiente hacia el Apákt’chüta para conocer los hechos de primera mano.

A la mañana siguiente, el tercer día desde la aparición de la misteriosa niebla, empaquetó las provisiones para el viaje y saliendo de la casa se dirigió a la parte trasera de la misma, muy cerca del borde del acantilado. Allí unas pequeñas escaleras sin barandilla, bajaban zigzagueando la empinada pared, y si no fuera por la niebla que cubría Híssuë, se verían caracolear hasta llegar a un pequeño muelle en el cual estaban amarradas dos embarcaciones: un k’yach de dos plazas y un peculiar kólliec, muy pequeño, apenas para albergar a dos personas sentadas en su habitáculo, que estaba acorazado al estilo de los temibles kobukaj de guerra Marllajtay. También el casco había sido acorazado y estaba provisto de dos grandes mástiles en comparación con el tamaño de la nave y podía también ser impulsado por remeros.

Al llegar al muelle, Morlyg embarcó los bultos en el kólliec y acto seguido soltó la amarra entrando de un salto en la embarcación. Tomó los remos del interior del habitáculo y alejó, no sin esfuerzo, la pesada embarcación aguas adentro. Una vez perdió de vista la costa entre la niebla, sacó del interior del habitáculo del kólliec una especie de lámpara de aceite sujeta a una especie de pantalla cóncava de espejo, que apuntaló y aseguró en la proa de la embarcación. Encendió la lámpara y la luz se proyecto en un brillante haz hacia adelante, penetrando tímidamente en la niebla. A continuación desplegó una de las velas que en lo alto prácticamente desaparecía de la vista y puso rumbo al interior del estuario. Prefirió ir despacio y cubrir el trayecto en dos días, aún cuando podría haber llegado a los muelles del Apákt’chüta ese mismo día al anochecer.

[Editado por Earendil84 el 02-04-2008 10:26]

Escrito el 30-03-2008 14:26 #6

Muchos curiosos se arremolinaban en las costas intentando ver más allá de la niebla. El viento traía sonidos de lo que parecían grandes navíos surcando las aguas entre la espesa niebla, cosa que parecía imposible dado la accidentada orografía de la costa Marllajtay.

De pronto comenzaron a surgir gritos de entre la multitud, decenas de flechas salían de la niebla hacia la gente que se encontraba allí intentando otear el horizonte, pero no eran flechas corrientes, estas flechas estaban completamente hechas de madera y eran realmente duras, además, la madera tenía un extraño color blanco y estaban adornadas con plumas de una belleza nunca vista.

Escrito el 02-04-2008 04:52 #7

Un inusual silencio recorría las callecitas empedradas de Híssuë, mientras la densa niebla, como una gigantesca nube hambrienta, la engullía. El manto blanco había ascendido sobre las laderas del Iyra Willka y hecho desaparecer bajo su cobijo el complejo del Apákt'chüta.

Allí, envuelta en el gélido vaho y arrebujada en su mantilla, permanecía Rawa, con la mirada fija en el arco de piedra que señalaba la entrada al Apákt'chüta, y que apenas podía distinguirse entre la niebla. La compañía, encabezada por Allpa’huátl, había marchado hacía las Andië unos días atrás, y ahora ella, la joven esposa del khútic, debía manejar los hilos políticos del clan. Quiso acompañar a su esposo en aquella travesía pero el mismo khútic le pidió permanecer en la ciudad; la neblina y el misterioso hundimiento del barco mercante habían sumido al pueblo en un estado de alerta e intranquilidad, y no era el momento de dejarlos solos.

La princesa dio la espalda al enorme arco y dirigió sus pasos hacia el edificio principal, pero antes que pudiera dejar atrás los jardines un anciano avanzó entre la niebla y le cortó el paso.

-Zôr Taruka–saludó la joven, inclinando un poco la cabeza – ¿A qué se debe la visita de un venerable anciano?

-Rawa –respondió el viejo – Las noticias que han llegado a oídos del Zîr'ñapák no son buenas, se dice que los Ñaál han iniciado muchos de los rumores que ahora recorren todo nuestro territorio, rumores que dan cuenta del supuesto regreso de Malkñý y del olvido al que Zôr-Khôndor, según sus interpretaciones, nos ha sometido.

-Lo sé – admitió la princesa –, día tras día grupos de marllajtay llegan al Itzullasqan'ajtlán en busca de respuestas, y ustedes, los ancianos del Zîr'ñapák, no dejan que pase un día sin enviar a sus chasquis a la puerta del palacio. Eso sin mencionar las discusiones que se han generado al interior del Zîr'an, y de las críticas de algunos Kûnasqa a la partida del khútic.

-Mi querida Rawa –exclamó el viejo, tomando a la joven de las manos -, Allpa’huátl te ha legado toda su autoridad y sus obligaciones, tienes el deber de escuchar al Zîr'an pero no puedes someterte a ellos ni permitir que los Ñaál sigan esparciendo palabras venenosas entre los marllajtay.

La joven agachó la cabeza para ocultar al anciano las lágrimas que amenazaban con manar de sus ojos, pero el viejo, tomándola del mentón, levantó su rostro.

-Reúnete con el Zîr'an y decidan cual es el mejor camino a seguir. Y no te doblegues, Rawa– señaló el anciano, con voz grave -, sé que tu padre estaría orgulloso de ti.

La princesa levantó la cabeza y secó sus ojos, las palabras del anciano le devolvieron la confianza.

- Zôr Taruka –declaró decidida –, la niebla no será excusa para los Ñaál, no permitiré que una nube desestabilice a Híssuë.

Escrito el 03-04-2008 01:34 #8

Morlyg pasó aquella noche en al Ayllu de Makhu, un próspero pescador que se había establecido con la totalidad de su Ýnna en la costa oeste del Estuario de Híssuë, unas treinta millas del Yatir’chüta. Makhu había sido miembro del Zir’ñapák años a tras, y fue por éste motivo que conoció a Morlyg cuando éste fue juzgada por su entrada ilegal en Híssuë. Como pescador, había congeniado muy bien con Morlyg desde el principio, aunque no compartía con el occidental su afición por los viajes y el afán de conocer nuevas tierras.

La cena fue alegre y distraída. Había pasado ya el tercer día desde la aparición de la niebla en Híssuë y los Marllajtay empezaban a mostrarse indiferentes al fenómeno, esperando que cualquier día la niebla desaparecería repentinamente del mismo modo que había llegado. Con la excusa de la visita de Morlyg ese día la cena se convirtió en todo un banquete, en el que se sirvieron todo tipo de productos de la pesca: pescado de todo tipo, marisco, salsa de algas y no faltaron el tzate y el pisquy. Los presentes conversaban cada vez más alegremente bajo los efectos de la bebida y acabada la cena, poco tardaron en empezar las historias, las canciones y los bailes espontáneos, además de inesperados invitados que iban apareciendo.

Y al día siguiente, bastante avanzada ya la mañana, Morlyg partió de nuevo en su pequeña embarcación acorazada. La niebla no era menos densa que los días anteriores. Era ya el 27 de Aqua Nion y la primavera empezaba a despertar en Híssuë, motivo para pensar que esa espesa niebla no podía demorarse ya por muchos días más. Morlyg cargó el kólliec con las provisiones que le había proporcionado la familia de Makhu, insistentemente por cierto, ya que tenía previsto llegar al Apákt’chüta por la tarde y con las que ya traía él tenía de sobras.

Llevaba unas horas ya navegando a través de las tranquilas aguas del estuario sin haberse encontrado con ninguna otra embarcación. Pero repentinamente, un temor invadió su corazón. Vio, o sintió, o creyó ver o sentir una sombra que avanzaba hacia él a través del manto blanco de la niebla desde el interior del estuario. La sombra pasó todo a su alrededor y siguió mar adentro. Pero no bien hubo pasado el primer sobresalto, algo enorme pasó bajo su barco en la misma dirección que la sombra. Morlyg sintió la perturbación del agua en el casco de la embarcación bajo sus pies. Consternado, corrió hacia popa y se asomó sobre el techo del habitáculo mirando al agua. No había rastro ni de la sombra ni de nada bajo las aguas. Pero Morlyg estaba cada vez más seguro de que algo extraño estaba sucediendo Híssuë. Prosiguió la marcha, pero ahora todavía con más cautela si cabe de la que había llevado durante todo el viaje. Llegó a destino al anochecer. Se sentía fatigado y decidió dirigirse a la casa que tenía al pie del Iyra Willka a descansar y reflexionar sobre lo acontecido aquél día en el mar. Podía empezar con la investigación del naufragio al día siguiente.

Por la mañana se dirigió colina arriba hacia el Apákt’chüta. Pensaba empezar por revisar los informes del naufragio, que ya deberían estar en el palacio. Al atravesar el gran arco vio a una joven que se dirigía al palacio oculto tras la niebla, que se despedía de un anciano, que Morlyg creyó reconocer como un miembro del Consejo. Era Rawa, la esposa del Khútic.

- Buenos días, mi señora. Encantado de volver a verte. – Saludó Morlyg, esbozando una sonrisa burlona.

- Vaya, vaya ¿quién tenemos aquí? ¿Has venido a despedir a tu señor? Pues llegas tarde, ha partido hace unos minutos. A lo mejor si corres, los alcanzas.

- ¿Allpa’huátl ha partido ya? No me han llegado noticias. – Contestó Morlyg extrañado, haciendo caso omiso de la ironía de Rawa.

- Tendrás que poner firme a ese capitán de Atlan’tenawq… Baraktlic, ¿verdad? Debería entregarte los informes de palacio.

- Quizás vuestros mensajeros no se han atrevido a hacerse a la mar con la niebla y han optado por hacer el trayecto por tierra. Últimamente están un poco perezosos.

- ¡Jaja! Y lo dice el que lleva semanas instalado en su casita del acantilado vigilando que el estuario no se seque. Pero dime, si no sabías de la partida del Khútic, ¿por qué has venido? Déjame adivinar… ¿preocupado por la niebla? Pues no lo hagas más. Ya hay gente aquí encargándose de desentrañar el misterio. – Rawa llevó la palma de su mano a su pecho mientras pronunciaba estas palabras con tono autoritario.

- ¿En serio? ¿La princesita Marllajtay se encarga de la investigación? Muy bien, pues estaré encantado de colaborar contigo para resolver este misterio. – Se ofreció, aunque realmente no le placía mucho esa idea, pero también sabía que Rawa sería del mismo parecer.

- Te lo agradezco, pero no es necesario. Tengo hombres muy competentes en el asunto. Y ahora, si me disculpas, tengo trabajo. Tal vez podamos vernos más tarde.

Dicho esto, Rawa dio media vuelta y empezó a andar hacia el palacio, cruzando el Itzullasqan'ajtlán, que ahora parecía un mar de piedra infinito al no poder distinguir sus límites por la niebla. Morlyg observó alejarse a la princesa y empezó a andar detrás de ella, dirigiéndose también al palacio.

Escrito el 06-04-2008 00:07 #9

Toltyo siguió cabalgando tan rápido como la yegua le permitía. Su pobre animal no estaba de humor para otra subida pero resistió. El hombre le sonrió y le dijo:

– Te juro que iré a pie más seguido de ahora en adelante Yana.

Y siguieron por el camino serpenteante, no podían ver nada que estuviera a más de dos metros de ellos. Cuando Toltyo, según sus cálculos, ya estaba por llegar al arco que pondría fin al tortuoso viaje de Yana este escuchó ruido de cascos, estaba con los sentidos alertas desde que vio la niebla por primera vez así que frenó y desenfundó su espada: “¿Quien está ahí?” preguntó, y pronto apareció una mujer a caballo frente a él. El capitán la reconoció: era la princesa Rawa. La mujer lo miraba con cara de sorpresa.

– ¿Amenazas a la esposa de tu líder? – dijo la mujer.

– Mi señora, discúlpeme – dijo Toltyo y enfundó su espada de nuevo – es todo por esta maldita niebla.

– ¿Que hace un capitán de la Caballería de Teihlmac cabalgando herido y tan lejos de la batalla?, pudiste atropellar a alguien.

– Mis disculpas otra vez, ahora con su permiso mi señora pero tengo algo que decirle a su esposo y no debo perder tiempo. – y haciendo una reverencia se dispuso a partir pero la mujer lo detuvo.

– Allpa´huátl no está, salió hace unos días, yo estoy a cargo ahora así que si tenías algo que decirle a él dímelo a mí.

Toltyo pareció confuso un rato pero habló – Es sobre el asedio a Tumbu, lo perdimos, venía para pedir apoyo al Khútic para un contraataque.

– ¡Perdieron! – dijo ella asombrada. – al parecer la fama de tu inteligencia no es más que solo eso.

Toltyo se quedó callado. Se escucharon unas respiraciones jadeantes a lo lejos. Era un hombre que corría desesperadamente y con una cara de terror y al ver a Rawa se vio más reconfortado

– Mi señora, algo horrible ha pasado, una lluvia de flechas ha caído sobre la gente que estaba en los muelles muchos han caído muertos, ¡Nos atacan!

– ¿Cuantos son? – preguntó la princesa.

– No lo sabemos la niebla no nos deja ver.

– Aun así necesitamos ver más de cerca, tú, sígueme – dijo señalando a Toltyo y cabalgó a toda velocidad colina abajo.

Toltyo acarició la cabeza de Yana y la hizo correr, el mensajero se quedó en el suelo muerto de cansancio.

Muy a prisa iban, Toltyo estaba unos 10 metros por detrás de Rawa pero esta le ganaba ventaja. La noticia los había exaltado a ambos pero el capitán no pudo evitar sentirse fatigado, apenas se estaba reponiendo de una batalla y ya iba a otra.

La escena era horrible la gente corría por todas partes gritando nombres o pidiendo socorro, un par de veces estuvieron ambos a punto de atropellar a algún despistado, Rawa pedía calma pero nadie la escuchaba, mientras

Toltyo miraba los cadáveres de los caídos, había visto mucha de su gente muerta hace poco pero esto era diferente: estos eran civiles, gente inocente. Cuando ya la mayoría de la gente había escapado Rawa dijo a Toltyo no con cara de gusto:

– Busca a un hombre llamado Morlyg, es alto de piel tostada y lleva un turbante negro, está en el Apákt-chutä, yo trataré de poner el orden con la gente. – Toltyo se fue lo más rápido que pudo.

– Vamos Yana, ¡solo una jornada más!

Escrito el 08-04-2008 05:20 #10

El caos se había apoderado de los marllajtay, que corrían de un lado al otro, atropellándose y golpeándose, en un intento desesperado por alejarse de las costas cubiertas de niebla, mientras Rawa, maniobrando con dificultad a su nervioso caballo, luchaba por instaurar un mínimo de orden.

La lluvia de flechas que surgían de la bruma se hizo más intensa, y fulminados por sus afiladas puntas cayeron otros tantos marllajtay. Uno de los proyectiles rozó el brazo de la princesa y le produjo una herida superficial, pero el movimiento brusco que realizara le hizo perder el control de Anq’allï y rodar sobre la gruesa arena del estuario.

Dos Ayâtli, que habían permanecido en el palacio para servirle de escolta personal –y de quienes Rawa renegaba por seguirla como sombras –se apresuraron a levantarla y llevarla lejos del rango de las flechas. Antes de incorporarse, la princesa alcanzó una de las saetas que se habían clavado en la arena, su excéntrica elaboración podrían alguna pista darle sobre el agresor que los amenazaba desde el interior de la misteriosa niebla.