La Guerra de los Clanes

Plan De Asesinato

Escribiéndose...
Escrito el 04-03-2008 23:22 #1

Introducción.

Rainë siempre había tenido aquella extraña marca. Era una especie de feo cardenal morado que subía como una liana desde su talón, se enrollaba en su tobillo izquierdo y pasaba por la parte posterior de su pierna. Luego trepaba por su espalda y su nuca, cruzaba su cráneo (dejando una línea donde no le crecía el negroazulado pelo, y finalmente salía por su frente, recorriendo la línea del ojo izquierdo y desapareciendo tras él. Aquel ojo era de un vivo color lila, aunque solía enrojecerse si no lo llevaba tapado con un parche. Era muy útil porque con él podía ver en la oscuridad.

Pero aquellos que lo veían por primera vez, simplemente notaban el el hombre llevaba una venda que le tapaba un ojo. El otro era de color azul claro, y su mirada resultaba fría. Rainë era una persona que dominaba las palabras, capaz de avivar los corazones con un discurso o una canción... Pero totalmente incapaz de confiar en alguien.

Y si le hubiesen preguntado por sus padres, Rainë probablemente no se habría inmutado... Aunque interiormente ardería de ira. Había sido separado de sus padres, cuando era muy pequeño, por orden del Rey. De hecho, se había encargado que el niño fuese asesinado; pero los soldados encargados de ejecutar la macabra orden no habían sido capaces. Sencillamente lo habían dejado abandonado en las catacumbas, donde pensaron que jamás lo encontraría nadie...

Pero aquellos dos soldados en particular no estaban al tanto de que nadie respetaba la prohibición que impedía adentrarse en la ciudad interior. De este modo, en menos de dos horas el niño había sido acogido por la dueña de una taberna ilegal.

Ahora bien, volviendo al presente... El Rey Turmor podía tener muchos defectos, pero no era cruel ni sanguinario. El caso de Rainë y las ordenes de ejecución dadas no tenían precedentes. Los propios miembros de la Rebelión no daban crédito al escuchar la historia de Rainë (avalada por las actas con su fecha de nacimiento, cuyas copias podían encontrarse en la biblioteca ilegal). Todos escuchaban fascinados las complejas explicaciones que daba el joven sobre su atribulada vida. Se decía incluso que había sido interrogado por la misteriosa líder de la Rebelión, Tarilliel...

En cualquier caso, podría aclararse que, si Turmor había dado una orden de ejecución para Rainë, él pensaba acabar con el Rey con sus propias manos. Lo había dejado muy claro en la última reunión secreta de la Rebelión.

La escena se desarrollaba en una sala llena de encapuchados. Algunos no sabían quienes eran los demás, pero la mayoría estaba al tanto de las identidades de sus compañeros. Y desde luego, todos conocían la identidad de Rainë. Se quitaba el parche durante la reunión, para escrutar más allá de las capuchas ajenas, y su ojo soltaba destellos de color púrpura.

-¡Bien! ¡Bien! -decía uno de los encapuchados. Él tampoco podía mantener en secreto su identidad, en este caso por la larga barba gris y rala que caía fuera de la capucha, y también por el descomunal tamaño de su barriga: era el encargado del mantenimiento de las puertas de la ciudad; aunque pudiese parecer un cargo trivial, lo cierto es que tenía a medio centenar de personas a su cargo... Y todas le utilizaban de confesor y consejero. Probablemente nadie en la ciudad estaba mejor informado que él-. ¿Sabéis lo que ese imbécil ha hecho esta vez? ¡Ha tratado de denegar el acceso a la ciudad a las mujeres embarazadas! Con el pretexto de que, al no poderse tener la seguridad de quién es el padre, estarían introduciendo al hijo de un potencial traidor en la ciudad.

-Ridículo -rió otro hombre, alguien alto y delgado que hablaba con voz ronca. Solía ser bastante moderado en las reuniones-. ¿Qué será lo siguiente? ¿Desterrar a las niñas pequeñas por temor a que sus hijos se hagan rebeldes? -se oyó un sonido de risas ahogadas, pero la voz del hombre se intensificó-. Esta claro que no pretende aplicar esa medida. Es simplemente para probar nuestra reacción y atraparnos con las manos en la masa. Dejaremos pasar el tiempo y la ley será abolida en un par de semanas.

-¿Otra vez? -preguntó Rainë, y su ojo centelleó de tal forma que se vieron lineas moradas en las paredes por un momento.

-Se someterá a votación, como siempre -dijo una voz de mujer con desdén-. ¿Tienes algo que decir antes?

-¡Lo tengo! -exclamó Rainë-. Decís estar a favor de derrocar a Turmor, pero siempre que hace algo os movéis lo mínimo para contrarrestar su acción. Y últimamente ni os molestáis en eso, simplemente lo dejáis pasar porque teméis que sea una trampa. ¿Cuando atacaremos? ¿No estamos entrenando gente? ¿No estamos reuniendo armas? ¡Usemoslas! Tomemos el Palacio, y mañana seremos nosotros los que busquemos a los últimos siervos del Rey para acabar con ellos.

-Incluso aunque aprobásemos tus métodos, jovencito -dijo otra voz, la de un anciano-. Aún no tenemos poder militar para salir con éxito de...

-¡Callad! -gritó Rainë-. ¡Ya sé que tenéis miles de excusas para justificar vuestros temores! Sin embargo, no pienso permanecer impasible mientras el Rey hace lo que le da la gana... ¡Le mataré con mis propias manos! Podéis seguir discutiendo vuestras intrigas cuanto queráis. Dentro de dos o tres días me habré deshecho de Turmor. No me importa lo que hagáis con el Reino entonces. Pero no me busquéis... O recibiréis el mismo castigo que recibirá él.

Abandonó la estancia airado. Los restantes rebeldes se miraron con perplejidad: estaban acostumbrados a aquellos desaires por parte de Rainë, pero esta vez había ido muy lejos en sus afirmaciones.

¿O tal vez no? Al alba, frente a las solitarias puertas del Palacio, una figura vestida de negro se deslizó tras una pared lateral. El primer rayo de sol reveló el rostro de un joven... Cuyo ojo izquierdo estaba tapado por un parche.

Escrito el 05-03-2008 13:12 #2

Nurtaur alzó la mirada al ver a Rainë. Él había estado presente en la reunión del día anterior, así que conocía las intenciones del muchacho. Se había colocado precisamente junto a una de las ventanas de la torre de la biblioteca para poder espiar la calle mientras leía.

-¡Maldito chico! ¿Por qué tendrá que ser tan impulsivo? -se dijo en voz baja. Luego miró a su alrededor. Estaba descifrando un grabado de piedra encontrado en el río. Probablemente sería parte de alguna antigua construcción de los enanos, pero su trabajo era averiguar lo que decía... De cualquier modo, ahora era más importante detener a Rainë. Cogió su guadaña y se la colgó de la espalda. Luego se dirigió a la planta baja, preguntándose por dónde entraría.

-¡Nurtaur! -dijo una voz entonces-. ¿Ya has acabado hoy?

Era el jefe de los bibliotecarios. Acababa de llega y parecía extrañado al ver que se dirigía hacia la salida.

-Bueno, es que he olvidado unas cosas importantes en casa -se disculpó Nurtaur; las equivalencias de las runas usadas en el grabado. Ayer estuve todo el día haciendo eso, no entiendo cómo he podido olvidarlo.

-Ah, claro... -dijo el bibliotecario-. Las mentes geniales suelen pertenecer a personas distraídas, ¿eh?

-En ese caso yo estaría mucho más atento -aseguró Nurtaur con modestia. En serio, no se preocupe y no se lo comente a los guardias, yo volveré enseguida.

Podría decirse que huyó por la escalera de caracol de la torre de la biblioteca.

Las tres torres del Palacio no tenían ninguna salida directa al exterior. La única forma posible de acceder a ellas era desde el vestíbulo del edificio, el cual solía estar atestado de gente. Si todo el mundo se detenía a interrogarle tal como había hecho el jefe bibliotecario, nunca alcanzaría a Rainë, quien en aquel momento ya debía estar entrando por alguna de las puertas del Palacio.

Decidió cubrirse la cara con la capucha negra; tal vez, si lo confundían con un Templario, la gente no osaría interrumpirle. Esperaba que nadie se fijase en el hecho de que Nurtaur no tenía fuerza física suficiente para soportar la armadura de la Orden.

De este modo, anduvo a paso rápido por el vestíbulo, que empezaba a llenarse de gente que venía a solicitar una audiencia con Turmor o con alguna de las otras personas importantes que allí trabajaban. Cuando estaba a punto de salir al exterior, vio deslizarse a alguien tras la puerta de las cocinas.

-¡Maldición! -exclamó. Aunque no habló en voz muy alta, algunos enanos venidos de las Mansiones del Órenáro le oyeron.

-¿Tiene algún problema, Templario? -preguntaron cortesmente-. Estamos a su servicio, ya lo sabe.

"Lo que me faltaba, Guardianes de Morr", suspiró el hombre.

-Estoy bien, gracias, yo solo... -Nurtaur se excusó-. Tengo que ocuparme de un asunto urgente en las cocinas. Si me disculpan...

Comenzó a andar hacia el pasillo que llevaba a las cocinas. Los enanos murmuraron algo y le siguieron.

-Si es tan urgente podemos ayudarle -aseguraron-. Yo me llamo Zikilûr, y hemos venido al Palacio a tratar...

-Ya os he dicho que tengo prisa -dijo Nurtaur, agobiado-. Si queréis tratar algo en el Palacio dirigios al chambelán.

-Un momento, Templario -dijo otro de los enanos-. ¿Y vuestra armadura?

-Esto es demasiado -se quejó Nurtaur, y sacó algo de su bolsillo... Un puñado de tierra voló directo a los ojos de los enanos. Nurtaur comenzó a correr.

-¡Maldito Rainë! ¡Si llegan a atraparme por tu culpa...!

-¡Baruk Morr! -gritaban los enanos-. ¡Hay intrusos en el Palacio de Turmor! ¡Baruk Morr!

Desesperado, Nurtaur corrió por el pasillo, pero en lugar de entrar a la cocina abrió una puerta secreta que llevaba a la despensa. Si le cogían tendría demasiadas explicaciones que dar.

Al abrir la puerta vio unos segundos a un muchacho con el ojo de color lila. Luego un puñetazo de derribó y fue arrastrado al interior de la despensa...

Escrito el 07-03-2008 17:26 #3

Al parecer la oscuridad no era tanta en los pasillo de aquellas callejuelas de las catacumbas, Eruannë pudo ingresar a ellas sin tanto alboroto, salvo a dos guardias que puso a dormir para que no lo descubrieran.

- Que ambientas mas tetrico pero a la vez tranquilo y a locado y pensar que hay gente aqui abajo

Hubo gente que lo vio con recelo porque era la primera vez que estaba ahi y no sabia con lo se toparia, camino por las callejuelas y vio que habian tabernas, buerdeles tiendas no podia creer lo que sus ojos miraban. despues de tanto caminar pudo llegar a una zona donde la gente no era mucha y habia gente que se cubria el rostro y esto le llamo la atencion.

- En la oscuridad por que cubrirse el rostro si no mas para que no lo reconozcan, seguire por tosdos estos rincones a lo mejor me tope con algo de la rebelion.

[Editado por chrnosdark el 07-03-2008 17:28]

Escrito el 07-03-2008 19:43 #4

Desde su llegada a Nimost hacía dos años, Evendim había conocido a gente; amigos que se habían ido; había montado su propia herbolistería, la cual era el sueño de su vida; y su hotel, que cada día la entusiasmaba más. Pero nunca desde su llegada había visto la ciudad tan extraña. Era todo tan raro... a veces... parecía que la ciudad ocultaba una de sus caras en la sombra.

En este día, la joven humana salió a dar un paseo por la ciudad. Llegó al hotel, el cual quedaba muy cerca del castillo. Tras comprobar que todo estaba en orden se dirigió un poco hacia el sur. Llegó a un callejón donde observó una extraña escena. Un encapuchado se metía en las sombras mientras goteaba sangre sobre el adoquinado de la ciudad.

-¿Oye estás bien? - le gritó Evendim.

El encapuchado miró desde las sombras a la joven.

-¿Puedo ayudarte? - le volvió a preguntar.

El hombre pareció dudar unos instantes y echó a correr hacia el fondo del callejón. Evendim se acercó despacio. ¿Como era posible? No había salida, y ya no estaba. Sus pasos resonaron en el suelo. Miró hacia sus pies y vió una trampilla. Parecía ir dar al alcantarillado o a los subterráneos. Se suponía que todas las entradas estaban selladas. El rastro de sangre se perdía allí mismo.

"no quiero problemas... ni poner en peligro mi vida. No se me ha perdido nada ahí abajo." se dijo a si misma mientras regresaba a casa. "Aunque...¿Que habrá ahí?"

Escrito el 08-03-2008 00:43 #5

Baruk Morr. Estaba en el palacio, protegiendo al Rey en una de sus habituales reuniones, cuando Cormag oyó gritar a los enanos. Intrusos. No daba crédito, ¿quién sería tan rematadamente idiota para entrar en palacio? Algún muerto de hambre, pensó. Miró al rey, a pesar de que el el yelmo ornamental cubriese su rostro, y el rey comprendió. Sin mediar palabra alguna, Cormag salió silenciosamente de la habitación:

- Al fin, libre. - suspiró.

Odiaba tener que proteger al rey, había suficiente guardias como para que él, el Gran Maestre, tuviera que ocuparse de proteger a un viejo chocho. Sin embargo, aquel intruso le había sacado de la reunión. Lo buscaría y le daría las gracias personalmente y luego lo colgaría un par de días en los muros como castigo o lo metería en el calabozo a pan y agua.

Dejó sus cavilaciones para otro momento y salió corriendo como alma que el diablo lleva.

Llamaba la atención, vestido de esa manera. No llevaba la habitual armadura negra, sino una armadura de plata que resplandecía como la misma luna. En su espalda, una capa negra con el emblema de los Templarios bordado en rojo. En su cabeza, en vez de la típica capucha (que no solía llevar, no le agradaba ocultar su rostro.) llevaba un yelmo ornamental, del mismo material que su armadura, que cubría su rostro completamente y le daba la visibilidad justa. Un par de cuernos del revés decoraban el yelmo. Y en vez de la usual guadaña, llevaba entre las manos una enorme espada ancha, Colmillo Rúnico, su espada.

Llegó rápidamente a donde se había localizado al intruso. Que lástima, pensó al ver solo a un par de enanos confusos y a un tercer enano restregandose los ojos y maldiciendo:

- Eh, vosotros. ¿Y el intruso?

- Huyó por allí, humano.

- ¿Humano? - Cormag se extrañó. - ¿No me reconcoes, Zikilûr? Soy Cormag.

- ¿Cormag? ¿El primer mariscal, Gran Senescal y Gran Maestre de los Templarios de Morr?

- El mismo, honorable de larga barba.

- ¡Oh, mis disculpas joven Cormag! No le reconozco sin su habitual armadura negra.

- Lo sé. Me voy a por el intruso. - dijo, cortante.

Cormag se marchó sin decir más, pensando en el intruso. ¿Quién demonios sería? No pensó más y siguió corriendo, sin rumbo fijo. Total, con irse lejos del viejo estaba contento. Cuánto le sorprendió encontrarse a una muchacha cerca de una entrada al alcantarillado. Ella estaba algo más abajo, mientras que Cormag se situaba en el tejado de un edificio bastante bajo. Decidió saltar y aparecer ante la muchacha, que se sorprendió:

- ¿Quién eres? - preguntó sin rodeos.

- ¡Muestra tu respeto! - se quejó Cormag. - ¿Has visto a un... a alguien con pinta sospechosa?

La muchacha no respondió y señaló las alcantarillas. Oh, Dios, pensó Cormag. La armadura estaba recien limpiada y tendría que meterse allí...

Escrito el 08-03-2008 03:59 #6

Después de un tiempo de estar en las catacumbas y que lo vieran con recelos los habitantes del bajo mundo de Nimost, sus pasos lo llevaron a un callejón y decidió regresar cuando escucho unos ruidos extraños, rápidamente se dio cuenta que alguien estaba escondido en las sombras.

- Debo de tener mucho cuidado aquí abajo – Dijo el elfo al mismo tiempo que colocaba su mano en la empuñadura de su espada y suavemente la deslizo, el brillo tenue de su espada mostraba un pequeño rastro en el suelo y reacciono al saber que se trataba de sangre.

- Que demonios pasa aquí!!!. Y diciendo esto una sombra emergió haciéndolo a un lado de golpe, solamente pudo distinguir que se trataba de un hombre, y salio en su encuentro, el hombre lo evadió y desapareció en las sombras.

- No intento atacarme pero estaba herido, tal parece que aquí abajo suceden cosas muy extrañas, deberé de estar mucho mas alerta. Eruannë comenzó a buscar entre las paredes algún pasadizo y encontró una trampilla en el techo por la cual subió y para asombro se encontró con Evendim y a un extraño.

Escrito el 08-03-2008 15:49 #7

Evendim le señaló la trampilla al prepotente que había aparecido ante ella. Cuando el extraño se dio la vuelta Evendim le habló levantando la voz con un tono irónico y desafiante.

-¿Temes mancharte la armadura? ¿Y dices que muestre mis respetos? ¿Y a quien se supone que debo prestar mis... "respetos"?- dijo asqueada.

-¿Como dices?- El hombre se giró incrédulo por lo que acababa de oír.

-Ah... que tampoco oyes bien...

Se acercó a ella desafiante y dejó sus caras a una distancia milimétrica.

-¿Eres consciente de a quien le estás hablando y la manera en que lo estás haciendo?

-A un presumido maniquí de la prepotencia... - dijo ella acercándose aún mas.

-¡Soy Cormag, Cormag, El primer mariscal, Gran Senescal y Gran Maestre de los Templarios de Morr!

-Ah...- Evendim se hizo la sorprendida. Y luego retomó su tono irónico.- Y yo soy evendim, primera herbolista, gran despreciable de la prepotencia y gran maestra para los que así lo son.

Escrito el 08-03-2008 17:02 #8

- Entonces tú deberías de mostrar mas respeto por los ciudadanos de esta ciudad, en especial por las mujeres. Pronuncio el elfo enfadado que emergía de la trampilla en el suelo.

- Pero quien eres tu, entrometido – Dijo el hombre a un mas furioso por el extraño que había aparecido – Eres tu el que entro al palacio verdad dímelo!! Exclamo enfurecido

- Yo al palacio ni he colocado un solo pie ahí y solo te diré que soy Eressëa y nada mas, Evendim te encuentras bien.

- Si gracias. Pero se protegerme sola

- De eso no hay duda. Dijo Eruannë

- Basta, cállate te hare pagar tu intromisión. Le contesto el hombre de armadura

- Detente, porque tú si dices ser un Gran Maestre de los Templarios de Morr, sigues comportándote engreídamente. Diciendo esto el elfo coloco su mano en la espada, listo para cualquier cosa.

- Deténganse los dos, no deben de pelear. Exclamo la mujer preocupada de un desenlace desastroso.

Escrito el 08-03-2008 18:35 #9

Evendin se metió en medio y enfurecida le habló a cada uno señalandolos con la punta del dedo índice.

-¡Tú!- dijo señalando a Eruannë- ¡No tienes por que defenderme!...- bajó la voz.- aunque gracias. - se giró- ¡Y tu! ¡¿Por que no propones a los templarios enseñar a sus discípulos el valor de la humildad?!

-Los hombres de esta ciudad están todos locos... - dijo mientras les dio la espalda dispuesta a irse.

Escrito el 08-03-2008 23:17 #10

- Porque yo no adoctrino a mis discipulos. Porque yo soy la excepción que confirma la regla. - dijo Cormag mientras la muchacha se daba la vuelta. - Porque yo...

Cormag no pudo evitar un repentino arrepentimiento y salió tras la joven. La agarró por el hombre, a lo que ella contestó con una bofetada, que le dolió más a ella que a Cormag. Llevaba el yelmo:

- Porque yo lo siento. Pero me pone de los nervios que se falte al respeto, y aún peor, que me tuteen sin que me conzocan. Creo que no nos hemos presentado correctamente - dijo, quitandose el yelmo. - Cormag, un bastardo que llegó a donde no debía. - dijo esbozando una sonrisa.