La Guerra de los Clanes

Batalla 3. Intento De Saqueo De Nirent Por La C2 De Narwa.

Terminada
Escrito el 05-03-2008 20:37 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 16

Armadas perdidas por "Maianor" = 24

Victoria para Narwa. Se consuma el saqueo.

Escrito el 09-03-2008 14:49 #2

Dâira, Herkeblam:

Me es necesaria vuestra presencia en Thyröst dentro de dos días. Debo tratar un asunto urgente con vosotros. Venid solos.

Angárato.

La carta era concisa y directa, y en el margen inferior derecho estaba puesto el sello del águila, su onnar.

Los dos saben muy bien que tienen que hacer cuando despierten, es un día y medio de camino ligero a caballo, y no pueden demorarse más, las órdenes del Arken debían cumplirlas al pie de la letra. Esa noche ninguno de los dos concilió apenas el sueño. En especial la medio elfa. Pocas y cortas conversaciones había podido mantener con Angárato desde que le conociera y se sentía nerviosa.

El sol todavía estaba bajo cuando los dos elfos se encontraron en el portal de la casa de Herkeblam.

-Tú tan puntual como siempre-. Dijo la peredhil, sentada en el portal de la casa, ataviada con los ropajes típicos de Narwä, con unas sandalias de cuero marrón atadas con unas finas trenzas entrecruzadas.

-Lo siento, me había quedado dormido en el último momento.- Contestó con un intento de sonrisa y con los parpados casi cerrados. -¿Vamos?-. Dijo al fin.

-Pues si, vamos, no quiero que Angárato nos castigue-. Dijo con sarcasmo la joven medio elfa.

Ambos se dirigieron a los establos para coger el caballo de Herkeblam, de pelaje marrón oscuro, con una marca de un marrón más claro alrededor del ojo izquierdo. Tras esto se pusieron en camino hacia Thyröst.

Pasó el día tan silencioso como cuando salieron, solo intercambiaron palabras para organizar el campamento para dormir, en una explanada, lejos de las miradas y con el encanto de la naturaleza.

Como si de una rutina se tratara, al alba ya lo habían recogido todo y se habían puesto en marcha. Esa mañana fue ya mas animada por la idea de la inminente llegada a Thyröst la blanca, la cual ya se veía en el horizonte. Sus murallas de piedra blanca bien encajadas y sus altas torres almenadas, siempre blancas era un deleite para los que adoraban el día y un espanto para los que adoraban la noche.

Entraron en la ciudad, rodeados ya por las casas de brillante mármol, pisando fuerte el suelo empedrado en granito.

-Corren rumores de que han vuelto a coger las armas- Dijo Dâira.

-Si, dicen que ha estallado la guerra por todo Rómenor- Contestó Herkeblam mientras ambos doblaban un recodo de una calle empedrada y no muy transitada.

-¿Crees que Angárato nos dirá algo sobre esos rumores?

-No lo sé. Tampoco se muy bien para qué nos ha llamado- concluyó Dâira.-

Bueno, ya hemos llegado Herk, vamos atrás a dejar las monturas-.

El edificio principal es blanco como la mayoría de los edificios en la ciudad. Destaca por la ausencia de los motivos decorativos que es costumbre ver por todo Thyröst.

Dâira da la orden, tras dejar los caballos, de que abran la gran puerta de madera recorrida con viejas runas. Primero entra uno y luego el otro, y tras ellos se cierra haciendo un particular sonido. La estancia está repleta de principio a fin de estanterías llenas de pergaminos. Al final de todas ellas se halla una pequeña mesa con una ristra de mapas encima, de los cuales solo uno está abierto. Detrás, alumbrado por la luz que entra por una ventana pegada al techo, se encuentra Angárato. Vestido de guerra, solo deja ver su rostro anguloso y unos profundos ojos azules. Junto a él, hay otro elfo de aspecto mayor.

- Ya estáis aquí, bien, acercaos-. Dijo el elfo de nombre desconocido.

- Aret, como sabréis, corren rumores de que ha estallado la guerra en Rómenor-. Comentó Angárato dando una pausa para que contestaran.

-Si, algo hemos oído. - Replicó Herkeblam.

-Y nosotros todavía estamos aquí sentados, mientras otros recorren estas tierras con el fin de acabar con lo que se interponga en su camino… Tráeme ese mapa-. Ordena sin dirigirse a nadie.

El brazo del viejo elfo cruza la mesa, agarra el mapa y lo postra delante del inmutable Arken.

-Aquí está Nirent, la ciudad más próxima a Narwä y muy codiciada por el botín que en ella se guarda.- Dijo señalando con el dedo índice un punto al este de donde ahora se encontraban. –Es nuestro principal objetivo ahora. Debemos devastar la ciudad y saquearla lo antes posible-. Finaliza su discurso dando un golpe seco en la mesa.

-Pero necesitaríamos más días para convocar a todo el ejército para saquear la ciudad-. objetó Dâira.

- Cierto, por eso ya hemos enviado mensajeros para avisarlos, estarán aquí esta misma noche - dijo el elfo desconocido. –Id a descansad, tenéis el día libre. Comed algo si tenéis hambre. Afuera os indicarán donde dejar vuestras pertenencias.

Todavía no ha anochecido, los rayos del sol luchan por su supervivencia ante la estremecedora noche. Ha sido un largo viaje y los dos elfos están cansados.

-Así que… era cierto… se trata de la guerra- dijo Herkeblam después de oír como la puerta se cierra tras ellos.

- Me pregunto si el único interés es el botín- reflexiona Dâira. – Será mejor que vayamos a dormir pronto, nos esperan unas largas jornadas.

-Si, alrededor de cinco días he podido ver - comenta el elfo dejando caer las palabras.-Hasta mañana Dâira.

–Hasta mañana – responde ella.

(... ...)

No ha amanecido aun y los soldados ya están apostados frente a las puertas de Thyröst, formando bloques compactos.

-¿Cuántos efectivos hay señor?-. Pregunta Herkeblam a Angárato.

-Unos mil ochocientos-. Farfulla mirando al frente.

-¿Bastará para saquear Nirent?- pregunta Dâira.

- Sí, nuestros soldados están preparados para ello. - contesta de nuevo el Arken. -Herkeblam, tu dirigirás el tercer batallón, el de arqueros. Tú Dâira, irás con el segundo de infantería. Colocaros en vuestras posiciones.

Cinco días les separan de Nirent.

Por fin cruzan el río; es el último obstáculo en su camino.

-Acamparemos aquí, montad un pequeño campamento y formad turnos de guardia, no dejéis entrar ni salir a nadie del perímetro-. Ordena Angárato.

Texto escrito por fredo

[Editado por Neume el 09-03-2008 14:50]

Escrito el 09-03-2008 18:19 #3

Nirent, la tan ansiada ciudad por fin se encuentra frente a nosotros. No destaca por su belleza pero eso a nosotros no nos importa. La proximidad a Narwä, la riqueza de sus tierras y su ubicación la convierten en una pieza importante dentro del juego de poder. Es importante que pase a estar bajo el dominio nuru. Así lo han debido entender el Balî y el Consejo. Y ahora estamos aquí, delante de sus puertas y dispuestos a tirarlas abajo para apoderarnos de esta pequeña joya.

Sentimos como una obligación obtener la victoria, pero confiamos en nuestras posibilidades. Sabemos de las dificultades de los asaltos y sitios a ciudades, no es la primera vez que nuestro pueblo lo hace. Pero hemos sido preparados para ello. Si por algo se nos conoce en Rómenor es precisamente por esto. Y si tenemos que morir, moriremos. Eso tampoco nos importa. Solo deseamos tener una buena muerte.

La ciudad de Nirent fue fundada unos años después del término de la guerra civil entre nurulântar y aldalântar. Sus habitantes son una mezcolanza de antiguos nurulântar que abandonaron Dakôndor con la esperanza de vivir mejor. La mayoría de ellos eran makar que detestaban la guerra y buscaban un poco de paz. Poco a poco, gentes de otros lugares, en especial enanos, fueron llegando mezclándose con los habitantes y creando una pequeña pero próspera ciudad. Sin embargo, es una urbe dedicada a la agricultura y al comercio y por lo tanto no habituada a combatir. Esta es nuestra ventaja principal.

El Arken ha convocado en su tienda a última hora de la tarde, a todos los comandantes y capitanes de la segunda compañía. Solo esperan que les comunique su decisión, sus planes. No le gusta pelear contra una ciudad, es consciente del peligro que supone y que puede perder un tercio de la compañía. Únicamente los Túrer (comandantes) y los veteranos del círculo más próximo a Angárato podrán opinar. El resto se limitará a escuchar. Dâira se ha quedado fuera. Como Káne (sargento) que es, todavía no le corresponde ese privilegio. Y aunque sabe que esto es así y que debe obedecer, en su mirada se puede apreciar la decepción.

El sol ha terminado por ocultarse cuando salen uno a uno de la tienda. La medio elfa se acerca hasta Herkeblam ansiosa por obtener detalles.

- intentaremos el asalto con los primeros rayos de sol. Esta noche sus campos serán quemados. Procura descansar – añadió Herkeblam.

- No me gusta estar ociosa y esperar, no creo que pueda descansar – respondió ella.

- No te impacientes. Creo que la victoria será nuestra. Tu abuelo no deja nada al azar y cree haber encontrado el momento y la manera oportuna.

- Buena suerte entonces. Que Tulkas nos de fuerzas.

- Cuídate Dâira.

Ambos se despiden y regresan a su batallón correspondiente. Saben que no se verán durante el asalto, pues sus posiciones serán distintas. El elda de cabellos plateados capitaneará a los elfos arqueros. Su objetivo es de suma importancia. A pesar de la inutilidad de los arcos en asedios, dada la facilidad con la que una lluvia de flechas podría pasar por encima de los bajos muros de la ciudad, su misión cobra mayor importancia. La peredhil recibirá órdenes del Túre de infantería. Un feroz guerrero, curtido en numerosas batallas. De ellos dependerá que se derriben las puertas de Nirent, y para ello, contarán con la ayuda de catapultas livianas traídas desde Thyröst.

Angárato sabe que no pueden demorarse. Si el asalto se hace demasiado largo les perjudicará y estará dando una ventaja a los sitiados. Por eso ha traído consigo muchos más soldados de los que seguramente se necesitarían para la toma de la urbe. Quiere un asalto rápido, bien hecho y sin improvisaciones. Nunca subestima a su enemigo, sabe que ese sería un error que muchos generales cometen, tal vez por soberbia, tal vez por descuido, pero que luego pueden acabar pagándolo. Y si la situación se vuelve desesperada, tiene una última opción, aunque espera no tener que usarla, al menos no esta vez.

El Arken sale de la tienda para dar un paseo por el campamento. La primera orden ya ha sido dada y solo falta ponerla en práctica. A lo lejos, sus ojos azules divisan una luz rojiza, y a los pocos segundos surge otra y otra más. Pequeños focos van apareciendo aquí y allá, haciéndose cada vez más grandes cuando se encuentran los unos con los otros y se funden. Los campos de cultivo están siendo quemados, pero antes, ha mandado recuperar todo lo que pueda servirles. Si el alimento de las tropas escaseará, tendrán con que abastecerse. El resto está siendo abrasado.

La guerra ya ha comenzado.

Cada hogar de las afueras ha sido registrado. Si algún lugareño no ha podido ocultarse en la ciudad, los soldados le habrán dado una muerte rápida. Y esto es solo el principio.

Escrito el 09-03-2008 18:25 #4

Anar anuncia su llegada. Los batallones hace un buen rato que están preparados. Detrás de los muros se oye el mismo bullicio y griterío. Si hubiesen aceptado la oferta de Angárato y se hubiesen rendido sin presentar batalla, se ahorrarían el tormento por el que van a pasar. Pero seguramente los enanos se han negado a entregar la ciudad y han animado al resto a oponerse. Tan obstinados como siempre. Ha sido una mala decisión.

El batallón de arqueros se adelanta. Sus arcos miran al cielo, como si quisieran apuntar a las nubes. El clima acompaña. Aun hace frío pero es soportable y el sol no les golpeará de frente. El Arken está situado ahora junto a Herkeblam. Observa orgulloso las tropas y se le ve calmado, aunque los que le conocen bien, saben que una vez abierta la batalla, su ansia por matar no conoce límites. Viste una hermosa armadura teñida de rojo y Telepnar cuelga del cinto, pero pronto se teñirá también de rojo.

- ¡ahora nurulântar!

La voz de Angárato suena como un potente trueno. Las flechas vuelan formando un amplio arco. Este silbido a su vez es respondido desde el otro lado. Los primeros hijos de Narwä caen. Estamos mejor entrenados que ellos y tenemos que resistir.

Herkeblam baja su arco y se sale de su posición para recomponer las filas. Es prudente y valeroso y se mueve con una sutileza poco común entre los capitanes. Tiene que evitar que el caos y la desorganización se apoderen de las tropas. La lluvia de flechas continúa por ambos bandos, pero siempre de manera más intensa por parte de los asaltantes.

A una orden del Túre de infantería, los fundíbulos liberan las piedras y los otros objetos pesados. Algunos de ellos estallan al impactar contra el muro, provocando numerosos desperfectos en la arquitectura y abriendo los primeros huecos. Angárato ordenó colocar estas catapultas a unos 250 metros alrededor del perímetro que comprenden la puerta sur y este. Al ser ligeros y estar provistos de ruedas son fáciles de mover. Las cuerdas élficas que sostienen y tensan la honda son fuertes y aguantarán.

(…)

Han pasado tres días y la moral de los soldados de Nirent está minada. La ciudad se encuentra en un estado lamentable.

Ya traen el tronco con forma de lanza. Lo portan sobre una carreta de madera. El tronco pende de otra estructura con unos ganchos y cuerdas que lo sostienen en el aire. Los guerreros más fornidos tirarán de las cuerdas para tensarlo y soltarlo una y otra vez hasta que la puerta Este ceda. La medio elfa siente que pronto llegará su momento. Busca con su mirada a Angárato quien ya se encuentra con la infantería.

Un grupo numeroso de soldados cubre con sus grandes escudos redondos a los guerreros que arrastran la carreta. Desde arriba los soldados enemigos les tiran todo tipo de proyectiles, así como agua hirviendo y flechas empenachadas de rojo. Los gritos de desesperación nuru se extienden rápidamente. Nuevos soldados sustituyen a los caídos.

El primer golpe contra la puerta no ha producido más que un fuerte sonido. Las cuerdas se tensan y el tronco se balancea hacia atrás para ser liberado nuevamente. Un segundo golpe impacta muy cerca del anterior. Pero el lado izquierdo peligra, varios soldados se han quedado sin escudos, otros están heridos y los guerreros están a merced de las flechas.

- ¡recomponed la posición! – grita Angárato.

Dâira y otros corren a sustituirles esquivando las fechas. La peredhil coge un escudo abandonado en el suelo y se coloca junto al resto. Aguanta como puede las embestidas.

Finalmente se producen las tan esperadas grietas en la puerta, y los soldados se animan. En un último intento la puerta se rompe.

Dâira suelta el escudo y desenvaina las dos espadas cortas. Por fin ha llegado el momento de cruzarse con el enemigo cara a cara.

Se escuchan gritos de ira y venganza y también se elevan gritos de dolor. La infantería lucha con rabia. La medio elfa blande sus pequeñas espadas en un baile frenético. No ve venir a un soldado por detrás de ella y este la hiere en el muslo. Pero sigue luchando aunque cojea.

No pasa más de una hora cuando se escucha un cuerno. Los de Nirent se saben vencidos y se retiran. La victoria es nuestra.

(…)

Angárato nos ha llamado a su lado. Gotas de sudor brillan en su frente y sin embargo, no parece cansado. Mantiene ese porte solemne que le caracteriza. Seguramente esta ha sido para él simplemente otra batalla más en su haber. Pero para muchos soldados valientes, esta ha sido su primera gran incursión militar, y nunca olvidarán este victorioso día. Un día en el que Narwä Hilyatâri, ha demostrado una vez más su poder y eficacia militar.

El poderoso noldorin se acerca a Dâira.

- ¿te sientes con fuerzas para realizar una última misión? – le pregunta mientras su vista se desvía al hilo de sangre que baja por la pierna herida de su nieta.

- Si. Creo que sí podré. – responde orgullosa de que su abuelo le pida algo directamente a ella.

- conduce a los primeros escuadrones por la ciudad y elige las posiciones claves para ir estableciéndonos en la ciudad.

Las intenciones no pueden ser más claras, la ciudad ha de ser ocupada y la medio elfa se siente orgullosa de la confianza que ha sido depositada en ella.

Mientras, a Herkeblam el rasguño producido por una flecha no le impedirá cumplir otra misión no menos importante. Debe encargarse de la Oiale, el ritual por los caídos. Tiene que llamar a los Sacerdotes Guerreros que les han acompañado y convocar al resto de los soldados.

Los vítores y jauría se apagan cuando los cuerpos inertes son depositados en las finas esteras.

Hemos perdido más soldados de lo que esperábamos, pero es el precio de la guerra.

Y así es que hoy, día 9 Aqua Nion comienza un nuevo reto para nosotros.

Escrito el 15-03-2008 09:14 #5

Resumen de la batalla:

Narwa ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.

Recuperables: 448 puntos.

Valoraciones: 7.6 + 8 + 8 + 7 + 8.4 = 7.8

Recupera: 349 puntos. Han solicitado un 30% de daños, lo que suponen 105 puntos.

Recupera 448 puntos.

Pierde 112 puntos.

Por el saqueo de la ciudad este clan percibe 300 monedas.

Por la victoria en la batalla este clan percibe 450 monedas.

Han sido actualizados todos los marcadores que esta batalla ha modificado: soldados, puntos, monedas, vidas y nóti.

Historia finalizada.