-Piensas en serio que voy a dejar que vayas sola por los bosques del sur arriesgando tu vida por unas pocas hierbas -repuso tajante el elfo.
Althira movió negativamente la cabeza.
-Sólo te pido, Tath, que me entregues a otro guardia como escolta.
-¿Por qué? Caleth es uno de mis mejores guerreros y confío plenamente en él-Tathâral miró fijamente a su hermana.
La elfa suspiró y decidió hablar con franqueza.
-Me entristece su presencia –dijo retirando la mirada hacia la ventana- y aunque quisiera, no podría corresponder sus sentimientos, Tath.
El elfo recordó que su hermana poseía una sensibilidad especial y, aunque ella nunca se lo había dicho, estaba seguro de que Althira era capaz de ver más allá y acceder a los rincones más oscuros de la mente.
-Todas las damas sois iguales- repuso con amargura- os gusta hacer sufrir a los amantes.
Althira se dejó caer en el banco de la ventana “ Si fuera de esa clase de mujeres no te estaría pidiendo esto”. Tathâral se dio cuenta de que sus palabras habían herido a su hermana. Se sentó junto a ella.
-Perdóname Thira – dijo abrazándola- no debía haber dicho eso.
-No pasa nada, hermano -repuso - ¿entonces?
-¡Ay!, Althira, entiéndeme. Si antes confiaba en Caleth, tras conocer esto, estoy completamente seguro de que daría su vida por ti- hizo una pausa-, sólo con él tengo la certeza de que nada malo te pasará.
Seguramente su hermano tenía razón, pero sentía que se estaba aprovechando de los sentimientos de aquel elfo en beneficio de su tranquilidad. "Tú, que sabes mejor que nadie por lo que Caleth está pasando”
Althira respiró profundamente.
-Sea como quieras, Tath.
***
Althira estaba buscando la planta de Izmir. Hacía dos días que habían abandonado la seguridad de Nensir y Caleth estaba atento a cualquier sonido o movimiento inusual en la floresta.
De repente, el elfo detuvo su montura, de un salto descendió a la tierra y entregó las riendas a Althira. Instintivamente la elfa intentó desmontar pero el capitán se lo impidió.
- Estaréis más segura sobre el caballo, Assana – el elfo se descolgó el arco y sacó una flecha del carcaj- ¿recordáis el camino de vuelta a Galador?
La sensación de pánico inundó a la sacerdotisa pero moduló su voz para que el elfo no lo notase.
-¿Qué es lo que ocurre?
- Aún no lo sé Assana, pero antes de descubrirlo quiero asegurarme de que estaréis bien -miró por un instante a los ojos de la elfa-. Si no regresara antes de que el sol esté sobre esa rama - y señaló a un frondoso roble-, partid hacia Galador.
El elfo desapareció en la espesura antes de que Althira tuviera tiempo siquiera de asumir lo que le había pedido ”¿Quiere que lo deje aquí solo? ¡Qué locura!”. Buscó instintivamente la pequeña hoz de oro que llevaba colgada del cinto ”Poco podría hacer yo”, y se lamentó por no haber seguido la instrucción militar. Acto y seguido, cerró los ojos, ”Kotule, protege al buen Caleth y no permitas que nada malo le…”
El sonido de hojas en movimiento le sacó de sus pensamientos. Caleth apareció, pero ya no portaba el arco en su mano.
-Assana- llamó sin alzar mucho la voz.
-¿Qué has visto Caleth?
- Los restos de una caravana de hombres, Assana- y tomó con delicadeza las riendas de su caballo-. Sólo he encontrado a un joven con vida, pero está malherido.
- Llevadme hasta él – repuso a la vez que desmontaba.
El elfo la guió a través del bosque hasta llegar a lo que parecía un sendero. Una brisa trajo consigo el olor a sangre y podredumbre y, tras el recodo, empezaron a aparecer los primeros cuerpos.
-¡Son mujeres y niños!- exclamó con horror.
- Los Zrour- dijo el elfo pues había reconocido una flecha- carecen de compasión, Assana.
-En esta tierra hace tiempo que se perdió -murmuró con tristeza al recordar la guerra con los nuru.
-Allí está- indicó Caleth que tomó las bridas del caballo de Althira.
La elfa se acercó hasta el joven y se arrodilló junto a él. El niño no tendría más de doce años y, por el color de su piel, pudo adivinar que pertenecía a la raza de los hombres del bosque. Presentaba un gran corte, seguramente producido por una espada corta, que le recorría el torso de derecha a izquierda; algunas vísceras asomaban por la parte baja del vientre y su rostro estaba oculto bajo una máscara de sangre procedente de una gran brecha en la parte superior de su cabeza. Era increíble que aún siguiera con vida.
Resolvieron trasladarle pues no era seguro quedarse junto al camino, los zrour podían regresar. Althira gastó gran parte del agua que llevaba en sus odres en limpiar las heridas del joven. Cosió la del pecho y vendó la de la cabeza. Y en ambas aplicó unos emplastos de labina y aëren. Pero no mejoraba.
-Señora - comenzó el elfo-, hace cinco días que salimos del amparo de Nensir, vuestro hermano ha de estar preocupado.
Althira, que se encontraba sentada junto al niño, miró al elfo.
- No sé lo que le ocurre, Caleth- reconoció- las heridas ya deberían estar curadas, pero no dejan de sangrar-Althira se llevó las manos al rostro.
-Tal vez-dijo con timidez- no lo estén las de dentro.
-¡Ay! Caleth- exclamó- tienes razón, tenía que haberlo hecho antes.
La elfa se levantó y fue hasta la alforja de su caballo, de ella extrajo un pequeño saquito de cuero blanco. Tomó su vara y dibujó un círculo entorno al chico. Abrió la bolsita y dejó caer en la palma de su mano lo que parecía tres hongos secados al sol.
-¿Qué vais a hacer, señora?- preguntó asustado.
-Entrar en su mente- repuso con decisión.
Althira se quitó la capa y se la tendió al elfo junto con el saquito de cuero y el cayado.
-Pase lo que pase, no entréis en el círculo hasta que yo os lo diga, Caleth.
Se volvió a arrodillar junto al niño colocando la cabeza de éste entre sus piernas. La elfa entonces introdujo una seta en la boca del crío y las otras dos en la suya, situó las manos en las sienes del herido y entonces tragó los amargos hongos…
***
Presidiendo la sala se encontraba Uthurk An’nanarik, señor de Breald. Sus cabellos de un castaño oscuro estaban trenzados y adornados con pequeñas cuentas de cristal. Sólo iba vestido con un faldón rojo, no necesitaba más, estaba orgulloso de sus anchas espaldas y de sus brazos robustos, dignos del mejor guerrero. Cualquier mujer hubiera deseado yacer entre sus brazos y a menudo así era, cuando aquellos suntuosos banquetes degeneraban en violentas orgías donde las damas, casadas con viejos insulsos, querían sentir, por una vez, su virilidad salvaje. Todas, excepto una.
Lamore, la más bella de todas las mujeres de la ciudad, cuya mirada era capaz de turbar hasta al más honesto de los hombres, sólo tenía ojos para su esposo, Malek An’dalarik, el mejor guerrero de la ciudad, jefe del ejército del príncipe, querido por todos los habitantes de Breald por su valor, heroísmo y bondad.
Ese día, Lamore no podía dejar de mirarlo pues acababa de regresar tras una larga ausencia en una campaña de conquista en las tierras dominadas por los señores oscuros de Tuyrozd. Algunos meses había tardado en cumplir la misión casi imposible que Uthurk An’nanarik le había encomendado con la esperanza de que el capitán pereciera en alguna emboscada. Pero los dioses favorecían a Malek y le habían otorgado la victoria sobre las supuestas tropas enemigas de los Uonu-Nyrr en las cercanías de Dahald. Aquello había sido la gota que colmó la paciencia de Uthurk.
El príncipe debía deshacerse de su capitán si quería unirse al Budu-Tuyr. Malek no aprobaba tal unión pues temía que Breald acabara como Dahald y Hildan, sometidos como estaban desde hacía siglos al miedo impuesto por aquellos malditos elfos. Pero con el ejército bajo el mando de Malek, Uthurk no podía enfrentarse abiertamente a él. Si eliminaba al capitán, el príncipe conseguiría hacerse con el poder militar y doblegar a su voluntad a los habitantes de Breald.
Uthurk había organizado aquella fiesta en honor de su capitán y, además, se había asegurado de que circulara el rumor de que el hijo de Lamore, el pequeño Bathik An’melerik, había sido concebido durante una de las numerosas ausencias de Malek, fruto de una aventura con el príncipe...al menos alguien creería lo que él sólo podía permitirse soñar.
Hizo un gesto a una de sus doncellas, y ésta asintió pues sabía lo que debía hacer. Shaenîl, pues así se llamaba, se acercó a Lamore y le susurró algo al oído. La mujer entonces intercambió unas pocas palabras con su marido, este besó sus manos, y ella se retiró acompañando a Shaenîl.
En ese momento, el príncipe hizo pasar a unas seductoras danzarinas que se movían flexibles y elegantes al son unas pequeñas flautas que ellas mismas portaban. Uthurk aprovechó para levantarse. Desapareció unos segundos tras una columna pero volvió a su asiento prácticamente al instante…pero aquél no era el verdadero príncipe.
Lamore siguió a la doncella por el largo pasillo que separaba el comedor principal de los aposentos mientras Shaenîl le contaba que el pequeño Bathik no había parado de llorar. Uthurk estaba oculto en las sombras del vestíbulo que distribuía las habitaciones. Apenas entró Lamore, el príncipe se arrojó encima y la tiró al suelo tapándole la boca con una mano. Shaenîl cerró la puerta y se alejó, aún sabiendo lo que ocurriría en aquella sala. A pesar de que Lamore se resistía con fiereza, el príncipe era muchísimo más grande y fuerte, y con dificultad consiguió rasgar las vestiduras de la mujer.
El forcejeo de los dos cuerpos despertó al pequeño Bathik, que estaba descansando en una de las habitaciones. El niño, junto al dintel de la puerta, se frotaba los ojos, sin lugar a dudas no entendía la situación. Lamore lo vio y fingió ceder a los deseos del príncipe. Cuando éste comenzó a soltarla, la mujer dio una patada a la entrepierna zafándose del hombre y corriendo hacia su hijo. Uthurk, enfurecido por el dolor y consciente de que el niño gritaría de un instante a otro llamando a su padre, sacó el puñal que llevaba y se lanzó contra él.
El grito de Bathik quedó ahogado en una exhalación, el niño calló muerto entre los brazos de su madre. Acto seguido, Uthurk agarró con las manos el cuello de Lamore para evitar que gritase, pero el odio que se acumulaba en su interior era tan grande que apretó con fuerza y ahogó a Lamore en el acto. El príncipe, con fría calma, se levantó y regresó a la gran sala sin que nadie notase su ausencia.
Malek, viendo que su esposa no regresaba decidió ir en su busca. Tal vez el niño se encontraba mal.
Más tarde, se escuchó un grito desgarrador que provenía del pasillo principal. Uthurk llamó a su guardia personal y todos corrieron hacia el lugar de donde provenían aquellos gemidos. La escena que se encontraron era estremecedora: Malek estaba arrodillado junto al cadáver de su mujer e hijo, y sostenía el puñal ensangrentado con su mano diestra.
-¡Cogedle!- gritó Uthurk sin perder tiempo. Su guardia se lanzó contra el capitán, que intentó defenderse lanzando puñaladas, pero le superaban en número y en seguida le amordazaron y ataron. Sólo entonces el príncipe se decidió a volver a hablar:
- Habéis visto de lo que es capaz este hombre. Todos saben que Malek An’dalarik odiaba a su mujer porque sabía que ésta le era infiel y que su hijo era un bastardo fruto de esa traición.
-¡Sí, es cierto!- gritaron los allí congregados, porque todos eran sirvientes de Uthurk y no osaban contradecirle por temor a las represalias.
Pero una voz se alzó desde el fondo:
-¡Mientes! Lamore jamás traicionó a mi hermano. –gritó Arok An’dalarik.
-Silencio, sacerdote- ordenó el príncipe-. Sólo los dioses pueden juzgar un acto semejante- dijo señalando la escena-. Mañana Malek An’dalarik será colgado en la plaza- indicó a los guardias que se llevaran al detenido –. Retirémonos todos, pues el sacerdote Arok debe preparar los cuerpos.
-Maldito seas Uthurk, maldita sea tu descendencia y todos aquellos que te siguen.-comenzó- malditos seáis todos hasta que esta inmunda ciudad sea gobernada por los elfos justos de las tierras del norte.
El príncipe soltó una carcajada.
-Así que osas amenazas a tu señor -volvió a reír-. Dicen que todo hombre es esclavo de sus palabras y espero que tú no seas menos, sacerdote, pues acabas de maldecir a ese mocoso al que llamas hijo. Imirk, creo que se llama, ¿me equivoco? –dijo burlonamente.
Arok se volvió y miró a su esposa, no hizo falta preguntarle nada pues su gesto confirmaba las palabras del príncipe. Arok, apretó los puños hasta notar que las uñas se le clavaban en la palma de la mano. Su hijo estaba condenado a muerte.
***
Una fuerte sacudida recorrió el cuerpo de Althira y, por un instante, vio todo borroso pero lentamente la visión se fue aclarando y puedo ver que el joven la miraba.
- Imirk - y apoyó con suavidad la mano sobre el rostro del joven – las maldiciones son sagradas…no…-la elfa no sabía como decirlo- no puedo ayudarte…
-…ciudad gobernada por los elfos justos…- balbuceó con dificultad.
Aquellas habían sido las últimas palabras del joven. La sacerdotisa cerró los párpados del chico, formuló la oración de tránsito y besó la frente Imirk “Oh, Marphaj, acoge en el Eterno Bosque el alma de este pobre mortal”.
Althira intentó incorporarse, pero sus piernas le fallaron y cayó al suelo. Había gastado mucha energía al introducirse en la mente de Imirk. “He llevado al límite mis facultades”, se dijo.
-¿Estáis bien señora?- y el elfo la asió por los hombros instintivamente olvidándose de que no podía entrar en el círculo, y menos aún, tocar a una sacerdotisa sin su consentimiento.
-Sí, sí. Sólo estoy un poco aturdida, es normal - Althira notó la calidez de las manos de Caleth sobre sus hombros desnudos y rápidamente se apresuró a decir- Alcánzadme la vara.
El elfo se ruborizó pues sabía que había sido una excusa para que quitase sus manos de ella. La doncella consiguió erguirse con dificultad.
-Yo no…no quería- se sentía culpable por aquel acto de desobediencia- Mi señora Althira si os pasase algo yo…
-Probablemente –la elfa se apresuró a continuar con un tono burlón- seríais despellejado vivo por Tathâral –no quería darle más importancia al asunto.
-No lo dudo, Assana- Caleth sonrió.
-¿Cuál es la costumbre de su pueblo? -preguntó mirando a Imirk.
-Su ritual funerario es similar a nuestro Bâta-Fai, Assana – repuso el elfo tendiéndole la capa a Althira.
-Prepararemos la pira y, tras eso, partiremos a Galador sin demora. Mi hermano debe saber cuanto antes lo que esta ocurriendo aquí.
[Editado por Eldin_de_Lorien el 08-03-2008 22:47]
