La Guerra de los Clanes

Batalla 7 - Intento De Saqueo De Tuyrozd Por Parte De C2 Nensir

Terminada
Escrito el 12-03-2008 20:06 #1

Fin Guerra: Nensir Airatâri deja de Atacar

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 10

Armadas perdidas por "Maianor" = 2

No hay saqueo.

Escrito el 14-03-2008 17:12 #2

27 Ignis Luuis 1600, a 3 millas de Dahald

Grandes bandadas de cuervos sobrevuelan incansablemente por encima de los grandes y antiguos árboles del Nûana Aldalaurê. El cielo se vuelve negro, terriblemente negro. Empieza a llover y el agua chapotea en el suelo lleno de hojarascas resecas y cenizas olvidadas.

Los tiempos están cambiando.

Un hombre de arrugadas facciones avanza entre los árboles dando tumbos y tambaleándose. Tropieza, se cae y, con desgana, se vuelve a levantar. En su mano fuertemente sostenida lleva una pieza de piel verdosa, ligeramente áspera. Una piel que se ha convertido en la moneda de cambio de intrigas, traiciones, complots y acuerdos ilegales en el último año. Pero esa piel es aún más especial, lleva grabados unas palabras de letras angulosas y largos trazos.

El hombre avanza lentamente, débil, empapado, con varias heridas en su cuerpo, pero su destino es claro.

La tierra de los elfos de los dragones.

2 Aqua Nion 1601, en las Aratamari, Neitillot

Una elfa de cabellos dorados sostiene la piel mientras lee con pasmosa sorpresa las angulosas letras grabadas con una tinta de un tono rojo oscuro. No es muy extenso el texto que aquella piel porta y la elfa, balta de los aldalântar no tarda mucho en leerlo.

A su alrededor, un grupo de elfos espera en el claro de un hermoso paraje lleno de árboles de varios tipos y cuyas ramas, sin hojas, se mantienen vigorosas con la esperanza de la primavera.

El Taur hoy tiene mucho de lo que entristecerse. No sólo por la oscura lluvia que amenaza con caer sobre él sino por lo que todo aquello significa. Dâko ara sad.



Fortasûari, Salkari Linthîne-Rétiô dâ Airatâri Linbanze-Orniô.

Morlothanehô Naye Sunnâ.

Naye ara gure. Sivê ara gure fa kizê ara sure

Sith Nezuthe dû Dâko.

Budu-Aorr. Tuyrozd*

La elfa termina de leer y toma la piel y la pasa a un elfo que hay cerca de ella.

- Está escrito en un narmafirion torpe y mal estructurado pero creo que se entiende lo que quiere decir.- indica mientras su rostro muestra una mezcla de pesadumbre, desinterés y arrogancia.

El elfo que ha recibido lee el texto y, acto y seguido, levanta la piel verdosa para que todos los congregados la observen con detenimiento.

-¡Contemplad! ¡Es piel de nuestros dragones! ¡Esos infestos elfos se han atrevido a amenazarnos con aquello que más nos duele! Las consecuencias de los actos de Brendel aún persisten tantos meses después. Los aldalântar tenemos que demostrar que, a aquellos que se atreven a dañar nuestros más preciados tesoros, Nensir les hace pagar bien caro.

Entre más de la treintena de elfos se encuentra uno de cabellos oscuros que mira con diversión a aquél que está ensalzando el orgullo alda. Estamos viendo todos que esa piel es de yondeneni, Turhier. No hace falta que te hagas notar de esta manera , piensa Tathâral, el Artadâko de los ejércitos. Cerca de él, la sacerdotisa Dharaith tiene un gesto de complicidad con el Artadâko pues días antes han tenido una conversión íntima e interesante.

- Son tiempos aciagos los que se aproximan. Primero la amenaza de aquél que llaman el señor de las aguas del que poco conocemos y ahora la extorsión a la cual esos corrompidos elfos nos quieren someter. Veo el cielo negro y no sólo por las oscuras nubes que ahora mismo están cubriendo el cielo. – interviene Emmârdin.

3 Aqua Nion 1601, en Dâkosto

El espacio central del templo-cuartel es amplio. Una extensa sala al aire libre centraliza toda la actividad del lugar. Guerreros que se preparan, herreros que fabrican nuevas armas y domadores que adiestran animales prestos para la batalla. En ese lugar, el dios Dâkeru honra a los artadâkar, previene a los ainakelvari y alienta a los dâkar.

Un ejército se halla congregado en el centro de Dâkosto, al amparo de una monumental estatua con forma de guerrero laureado que sostiene en su mano derecha una rama de noble roble.

Más al fondo, en el otro lado de la entrada, nos adentramos a un conjunto de salas y estancias, cada una con funciones diversas. Las estancias de los rituales son habitaciones de piedra adosadas unas a otras y, entre ellas, una estancia de especial relevancia. El Ayâne Dâkô, el santuario de la guerra.

Una pequeña fuente en el interior del ayâne emana constantemente un líquido verdoso mientras un árbol de piedra acaricia con sus duras ramas el reducido manantial. Un golda mueve el incensario por toda la sala mientras una nube de humo embriagador cubre las paredes y sumerge a los presentes a una ensoñación.

Varias armas están depositadas al pie de la fuente. Otro golda toma un cáliz de plata y lo llena del líquido verdoso de la fuente. El elfo se aproxima hacia las armas para arrojar el líquido sobre ellas. Titubea, el cáliz se le escurre entre las manos, el líquido se derrama por el suelo y el elfo cae al suelo, inconsciente.

Varios clamores se levantan entre los congregados.

¡Nairû! ¡El ritual ha sido maldito!

Sobrevolando el cielo, grandes bandadas de cuervos graznan atemorizando a aquellos que tienen la mala suerte de escucharlos.

No hay rendimiento posible, el gran cuervo ha maldito a los hijos de Nensir.

*Traducción: Hermanos del norte. Pastores de los valiosos dragones y Veneradores de los hermosos árboles. El lamento que viene desde el Negro Florecimiento es por vuestra causa. El lamento es nuestro. La queja es nuestra pero vuestra es la solución. Ahora tributo o guerra. Budu-Aorr. Tuyrozd.

[Editado por aratir el 14-03-2008 21:58]

Escrito el 15-03-2008 17:22 #3

12 Aqua Nion 1601

El cielo está claro hoy. Malkû se hace un hueco entre las nubes que han amanecido más blancas que los días anteriores, días que han sido de lluvia incansable. Una bella elfa de cabellos ondulados alza el makilamê sagrado y traza un círculo en el aire. Rodeada por una hueste de elfos que esperan impacientes a que la sacerdotisa termine el ritual, pronuncia unas palabras que el aire se lleva a través de las ramas de los árboles.

- ¡Oíd, oíd! ¡Nensir Airatâri! ¡Que el ainarinde os dé la fortaleza, la protección y la bravura necesaria en este día!

Zâ Nensirarit! Zâ Nensirarit!, miles de elfos gritan con vítores ante las palabras de la sacerdotisa mientras los estandartes del Ayanornê y los de Nensir ondean encima de ellos.

Están acampados en las cercanías de los dominios de los Uonu-Nyrr. Los árboles que le rodean tienen una esencia tétrica, una extraña sensación aturde a cualquiera cuando atraviesa aquella zona. Son muchas las leyendas que se cuentan entre las aldeas del Nûana Aldalaurê que hablan de los oscuros elfos que habitan las tétricas fortalezas de Tuyrozd, de monstruos dominados por ellos que roban niños y asesinan mujeres, de vapores tóxicos que emanan de las mismas ciénagas que hay más al oeste. Muchos han considerado una imprudencia iniciar tan pronto una ofensiva contra los que llaman los hechiceros. En Dahald las tropas combinadas de los piratas de Eglamar y los elfos de Dâkosto poco han podido hacer contra las defensas de la ciudad. El Artadâko posiblemente ha sido bastante osado al pretender azotar el mismo corazón de aquellos inciertos bosques. La Fortaleza Sombría, la reina de las ciénagas y la negra floración.

- ¿Qué ocurrió en el Ayâne Dâkô? – pregunta Dharaith que ha acabado el ritual y se ha acercado a Tathâral.

El Artadâko no responde y sigue untando con crema la empuñadura de su espada.

- He escuchado que un sacerdote fue víctima de un mal en medio del ritual. – la elfa mira hacia el cielo posiblemente implorando a las estrellas que alejen todo mal de aquella empresa.

- Está el orgullo de nuestro pueblo en juego. Demostraremos a esos nyadrôn que los aldalântar no nos doblegamos ante extorsiones y amenazas. – dice al rato Tathâral mientras alza kalgorô que brilla con un rayo de Malkû. – Nosotros estamos benditos por Yenna y ellos rechazaron cualquier consagración por parte de los dioses. Por ello, su reino sucumbió y las ciénagas los alimentaron torturándoles las entrañas.

¡Es terrible! , exclama Dharaith para sí misma, al tiempo que se gira para organizar a los khalnar. La hora se acerca.

Tathâral se levanta cuando los artadâkar se aproximan hacia él, su presencia se impone entre ellos, decidida y altanera. Está allí la hermosa y valerosa Târîs, con sus cabellos ondeando al viento y su arco tensado y Brêt, el más impetuoso de los comandantes, encargado de la infantería.

La hora se acerca. El ejército se organiza, cada uno asume su puesto en el mismo, los lanceros, los arqueros, los jinetes, los domadores portando a la Kwam, los goldar y la infantería. Empieza la marcha.

Atraviesan claros y espesuras y las entrañas del Morlothane ya se presienten. Pocos saben que se pueden encontrar allí, sólo se sirven de rumores e historias. Tuyrozd es una fortaleza reconstruida, con paredes ennegrecidas por extraños vapores que emanan de los cimientos y retorcidos árboles que ocultan y protegen la fortificación ante los incautos que deciden llegar hasta allí.

Los comandantes aldalântar rodean los muros de la negra ciudad con sus batallones y sus ligeras catapultas. Grandes piedras rompen los primeros muros. El Artadâko mira detenidamente a la fortaleza que se levanta delante de ellos.

Es entonces cuando las negras y oxidadas puertas se abren y el ejército defensor comandado por figuras al galope de negros corceles y estandartes negros salen de las mismas. A priori es un ejército vulgar, nada parecido a todo lo que cuentan las leyendas. Muchos soldados sonríen.

-Bienvenidos seáis a nuestra fortaleza, fortasûari. Fyran, Budu-Uott’ur de Tuyrozd- se presenta un elfo de oscuras facciones embutido en una armadura de oscuros adornos, que parece dirigir aquellas tropas.

-Tathâral, Artadâko de Neitillot.- responde el general de los aldalântar.

El elfo uonu desvía la mirada hacia la zona donde una de las piedras ha golpeado mientras añade.

- No es éste el tipo de tributo que os pedimos.

Tathâral sonríe irónicamente.

-Pues ésta es la respuesta que os damos a vuestro requerimiento. Los aldalântar no se doblegarán ante vuestras sucias artes.

-¿Habéis venido hasta aquí sólo para decirnos eso? Pues no habréis pensado ni por asomo tomar esta fortaleza en castigo. Más bien será una mera provocación de unos elfos que perdieron la razón al dejarse embaucar por aquélla que prometió falsos dones después de que los dioses abandonaran a nuestros pueblos en el primer hogar de los elfos.

Fyran no recibe respuesta y, entonces, ríe con fuertes carcajadas. La temeridad de aquellos elfos le maravilla.

-Lamentaréis entonces vuestra osadía, regresaréis a vuestros hogares de ratas arbóreas con la vergüenza tatuada en vuestros brazos.

Y, ante una señal de Fyran, una lluvia de flechas cae sobre las tropas aldalântar produciendo los primeros caídos. Tathâral grita, animando a su ejército a embestir contra el enemigo.

Pero, tras los elfos oscuros se encuentran los seres maldecidos, los zrour, deformes seres cuya arma principal es el miedo y el espanto. Es entonces cuando los soldados atacantes se sobrecogen, cuando sienten tambalear su seguridad.

Una nueva lluvia de flechas llega desde las altas torres de Tuyrozd, y con horror muchos elfos descubren que son flechas envenenadas pues por su efecto, muchos caen víctimas de un temblor. La respuesta de las flechas alda provoca caídos en la defensa de la ciudad.

Pero falta otra sorpresa: grandes bandadas de cuervos graznan sobre el cielo y se lanzan sobre los elfos de la compañía del Ayanornê.

La guerra ha empezado y no se está desarrollando bien para las tropas de Galador.

[Editado por aratir el 15-03-2008 17:27]

Escrito el 16-03-2008 12:22 #4

No hay dolor en el sûar sino en el fai. Eso es lo que piensa Brêt cuando intenta levantarse a tiempo de evitar que el uonu-nyry hunda aquella extraña espada de retorcida punta en su corazón al tiempo que grita "¡Uonu!" a modo de triunfo.

Una sombra ve entonces, una figura que se sitúa detrás de aquel dirigente de Tuyrozd. Cuando Brêt se viene a dar cuenta, su enemigo cae encima de él y nota su desagradable aliento en su rostro mientras la sangre empapa su peto. De pie, Târîs sonríe mientras extrae de su brazo una flecha, la cual parece suturar gotas negras. Brêt contempla aquello con horror pues sin duda se trata de una flecha envenenada. ¿Dónde están los sacerdotes sanadores cuando se les necesita? Pero están habiendo muchos heridos, los sacerdotes siempre tienen mucho trabajo en la guerra.

Târîs está sangrando, tiene varias heridas por el cuerpo. Ayuda a Brêt a levantarse y lo conduce al exterior de la batalla. La dâka extrae de su cuello el torques con la plateada figura de espiral en el centro y se la acerca a Brêt.

- Tómala, almar. Si no nos volvemos a ver, no dejes que mi recuerdo se vaya de tu mente. – dice ella, mientras le sonríe y embebe de la mirada que los oscuros ojos de él ejercen sobre la elfa.

- ¿Por qué me das tu torques? Los goldar podrán hacer algo con el veneno de esa flecha.- él no puede entender por qué ella hace eso. A lo lejos, el rumor de la batalla es sólo un eco apagado. – Vamos, busquemos a algún envinya.

Brêt toma el brazo sano de ella para arrastrarla de allí. Luego le devolverá su torques, ahora es necesario que alguien le vea la herida producida por la flecha. Sin embargo, ella opone resistencia.

- Busca a Tathâral, dile que todo saldrá como planeamos.

- ¿Qué vas a hacer?- Brêt ve un brillo extraño en ella. La conoce bastante bien, algo danza en su mente, algo se propone. Pero ella se acerca a él y le da un beso en los labios. Y, tras el beso, un abrazo que los funde en un instante que se vuelve eterno.

Târîs se gira y, con decisión, se encamina hacia las murallas de aquella fortaleza. Un muro parcialmente derruido le ayuda a escabullirse sin ser vista a través de Tuyrozd.

(…)

Brêt a duras penas consigue moverse a través del campo de batalla. Las fuerzas de Neitillot apenas pueden hacer nada para atravesar la defensa de la ciudad, más numerosa y preparada que ellos. El Artadâko está rodeado por varios de esos hombres deformes cuyas hachas son detenidas por kalgorô. La espada se lleva a dos de esos hombres mientras que el tercero cae a causa de la cerbatana de otro soldado alda. Pero otro elfo oscuro se acerca al general, sabe que es un triunfo hacer caer a tan importante personalidad del ejército invasor. Arremete con su cimitarra sobre él y el aldalânta a duras penas puede esquivarlo pero sierra su pierna izquierda con la espada. El elfo oscuro cae al suelo mientras la herida de la pierna le sumerge en un fuerte dolor.

Tathâral aproxima su espada hacia el uonu-nyry caído. El acero de su hoja afilada amenaza osadamente al enemigo y las runas okkân del filo brillan incansablemente. El caído no puede soportar más la amenaza y el miedo inunda su rostro. Tath no lo deja mucho rato sufriendo.

Brêt está ya a pocos metros de distancia de su general.

-Târîs…- dice, mientras el dolor de separarse de la elfa aún hace mella en él. - Tú lo sabías...¿Para qué?

Tathâral no dice nada, sabe cuánto él ama a la elfa y que cualquier palabra que salga de su boca sólo serviría para aumentar el sufrimiento de su fai.

Se gira dispuesto a dar la orden de la retirada.

El Artadâko controla la rabia cuando está haciendo sonar el cuerno de la retirada. Apenas han podido hacerle un mínimo de daño a la fortaleza de aquellos infestos elfos.

Pero la retirada no se desarrolla de manera fácil. Dharaith, con el brazo derecho envuelto en una tela para proteger la herida que ha recibido, ve como los cuervos se lanzan hacia los caídos aldalântar. La sorpresa y el horror hacen mella sobre todo en los sacerdotes al ver con espanto como los cuervos se lanzan a la carnicería sobre aquellos hermanos que han caído y debieran recibir un bata-fai digno. Con gritos, los goldar se arrojan sobre los cuerpos caídos para espantar a los cuervos.

Tathâral ve aquello a lo lejos, cuando su contingente ya se disponía a la retirada. Teme que ocurra una masacre aún mayor. Así que con la mayor rapidez posible, ordena a sus soldados que se den la vuelta a recoger a los heridos y proteger a los goldar. No quiere ni imaginar que le espera a los cadáveres de aquella batalla pero sus tropas no están en condiciones de impedirlo.

Los salmos mezclados con llantos y lamentos amenizan la triste retirada.

Oh Divino Nensir,

oh Marphaj, Guardián de la Otra Vida,

oh Espíritus de la Naturaleza,

oh Yenna, Madre Primera, Dadora de Frutos;

escuchadnos y acoged a estos hermanos que nos ha dejado,

protegedles y guiadles en su camino hacia el Eterno Bosque,

que no sufran mal su espíritu, así os lo rogamos;

¡Oh Divino Nensir,

oh Marphaj, Guardián de la Otra Vida,

oh Espíritus de la Naturaleza,

oh Yenna, Madre Primera, Dadora de Frutos!

A vuestro seno encomendamos el alma de estos hermanos,

que así sea.

Para muchos es mayor el dolor de que sus hermanos caídos no hayan podido recibir el ritual adecuado para la Otra Vida que el haber perdido aquella batalla

[Editado por aratir el 16-03-2008 12:25]

Escrito el 21-03-2008 00:35 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.

Recuperables: 158 puntos.

Valoraciones: 8,6+8+8,3+8,1+7,64+7= 7,94

Recupera: 125 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 10%, por este concepto recupera 35 puntos. Total recuperación: 158 puntos.

Pierde: 192 puntos.

Nensir pierde 100 monedas por el abandono de la batalla.

Marcadores actualizados y batalla cerrada.

Historia finalizada.