La Guerra de los Clanes

Batalla 10 - Intento De Saqueo De Tuyrozd Por Parte De C2 Nensir

Terminada
Escrito el 26-03-2008 12:20 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 11

Armadas perdidas por "Maianor" = 29

Saqueo de la ciudad.

Escrito el 29-03-2008 22:31 #2

ALDAUSTH*

*sin vida.

Trece días antes.

Un humo negro cubría el cielo de la oscura Tuyrozd ocultándola a los ojos externos. Así era como se había valido para imprimir miedo sobre el bosque de alrededor y sus habitantes. Y después del arañazo de los aldalântar no iba a ser menos.

Una figura enfundada en galardones y ribetes observaba los desperfectos ocasionados por el ataque. Una voz irrumpió el silencio, una queja amonestadora que provenía de la garganta del Budu-Uott’ur. Su mirada se dirigía hacia un guerrero uonu que, con el rostro lleno de heridas y verrugas, se acercaba al cuerpo inerte de una bella elfa, arrojado en el rincón de los muros derruidos. El guerrero uonu besó suavemente los labios de la joven aldalânta, caída en batalla.

Sin vida. Multitud de cuerpos esperaban sin vida postrados en losas de piedra en una fría caverna de paredes desnudas. Muchos de ellos estaban en un lamentable estado pues los cuervos habían hecho cuenta de sus órganos. El de ella estaba intacto. Pero sin vida.

Era un retoño de Nensir, curtida durante años en el campo de batalla, impetuosa, valiente, brava, sin miedo a la muerte. Su arco era de los más certeros, sus ojos brillaban incansablemente con la esencia de las estrellas y su cabello se gemía cuando el viento lo zarandeaba. Hija de Arnel, el anterior balta a Tuinêral, había sido la tercera de tres hermanos pero la guerra civil contra los nurulântar se llevó a su padre y sus dos hermanos mayores.

Y ahora su destino la había llevado a aquel lugar de penuria donde la muerte se concentraba en un sopor mortuorio. Pasto para los experimentos de unos elfos que habían perdido muchas de las cualidades que, como primeros nacidos, les habían sido concedidos. Los uonu-nyrr ya no atendían a la naturaleza, ni a las estrellas ni al mundo, sólo a sus experimentos y actos corruptos. Y Nurr-Orr era su templo sagrado, donde el arte que ellos llamaban Uonu tenía la máxima expresión posible.

Y ese era el destino de Târîs ahora. Sin vida. Postrada en una losa de piedra. Lista para servir a detestables experimentos.

Pero ocurrió que despertó y una gélida sensación le penetró por su piel desnuda. Tenía todo el cuerpo dolorido. A duras penas consiguió mover las extremidades pero cuando logró incorporarse se encontró rodeada de cuerpos sin vida, horriblemente desfigurados la mayor parte de ellos. Y no quiso ni imaginarse si su cuerpo hubiera sido víctima de una carnicería semejante. Pero el plan había dado resultado, al refugiarse por dentro de las murallas de la ciudad se había salvado de haber servido como alimento de los cuervos. Aunque ni mucho menos hubiera esperado despertar en un lugar como aquél.

Con dificultad se bajó del banco de piedra. Se encontraba en una amplia sala envuelta en penumbras y, en el silencio, su aún débil respiración se escuchaba como un murmullo deseable. Se tuvo que tapar la boca cuando estuvo a punto de gritar al descubrir a su lado el cuerpo de un compañero suyo de la compañía de la Ayanornê. Tyen, un aldalânta que había servido valientemente entre los elfos del Artadâko, yacía inmóvil, sin vida, en aquel cementerio de horrores. Las cuencas de sus ojos vacías, la piel desgarrada y el cuerpo suturado por infinidad de heridas. ¡Qué triste hado, oh Nensir!

Muerta de frío, tiritando debido a la gélida atmósfera que le rodeaba, empezó a andar entre gente sin vida mientras con horror continuaba viendo a algunos de los que fueron sus compañeros de armas. En un tenue susurro empezó a cantar el salmo del bata-fai con el fin de alegrar el tránsito de los aldalântar caídos hacia la Otra-Vida. Caminó lentamente entre las losas de piedra, observando cada uno de los rostros de los hijos de Nensir, de los purificados y vanagloriados que habían caído defendiendo el honor de sus nôrî.

Llegó hasta el fondo de sala después de recorrerla de un extremo a otro en un pasaje de melancolía y tristeza pero también de coraje. Un rayo de luz invisible arrojó un albor de esperanza en ella, sus ojos encontraron una pequeña piedra de color negro tizón. Se agachó, tomó la piedra y trazó una línea en el suelo. Comprobó que dejaba una marca negra en el suelo.

Tardó un rato en dibujar en el suelo un círculo que ocupaba toda la sala dejando las losas de piedra con los aldalântar sin vida dentro del mismo.

El Ainarinde. El círculo sagrado de los aldalântar.

- El círculo ha sido creado y consagrado- susurró ella mientras alzaba las manos hacia arriba. – Oh Nensir, por el fea de los aldalântar. Aleja toda maldición caída sobre nosotros y bendícenos con tu pureza. Hoy, este círculo, la rueda de la vida, refleje el poder que irradias sobre los hermosos árboles y el agua cristalina. Para que traigas la revancha en el seno de aquellos que osaron matar y traficar con tus preciosos tesoros de los altos de las cataratas. ¡Gloria a los dragones Yondêneni! ¡Gloria a Yenna, a los Aldar y a ti, Protector, Purificador y Guía!

Trece días antes.

- Busca a Tathâral, dile que todo saldrá como planeamos.- dijo Târîs, tras lo cual, se acercó a Brêt y le dio un beso en los labios. Y, tras el beso, un abrazo que los fundió en un instante que se volvió eterno.

Târîs se giró y, con decisión, se encaminó hacia las murallas de aquella fortaleza. Un muro parcialmente derruido le ayudó a escabullirse sin ser vista a través de Tuyrozd. Al otro lado, resguardada por un recodo, se sentó. Las heridas eran dolorosas, en especial, la producida por la flecha envenenada que le iba a producir la muerte en unas pocas horas. Lentamente, sacó un frasco de un líquido pálido del cual bebió todo su contenido. Un veneno que neutralizaría todas las heridas y venenos mortales para llevarla hacia una aparente muerte. Al rato, cayó sin vida.

Escrito el 29-03-2008 22:45 #3

NARASÂT*

*en silencio

Arnao contemplaba la negrura de la noche desde su guardia, en silencio, casi somnoliento. Odiaba su trabajo, odiaba servir a aquellos malnacidos, detestaba sus ínfulas y aquellos vapores negros con los que cubrían la ciudad. Pero en aquella parte del Aldalaurë o te ganabas un puesto de honor como Burr o te sumergías bajo el miedo y el temor. Así vivían en las aldeas aledañas a Tuyrozd, trabajando para complacer a sus señores y evitar que la maldición de los cuervos y los zrour llegara a sus hogares. Así era desde hacía siglos por lo que la mejor garantía de supervivencia era llegar hasta la misma fortaleza y someterte a la voluntad de los uonu-nyrr. Por ello, muchos como Arnao trabajaban como Bur’urr en la tan temida fortaleza.

La noche estaba en silencio y unas pocas antorchas llameaban encima de las murallas. Su labor era bastante sencilla y complicada al mismo tiempo: vigilar y proteger las pétreas defensas de la fortaleza.

Una ligera brisa empezó a darle en el rostro y los ojos empezaban a cerrarse por momentos. Aunque luchaba por mantenerse despierto, el sueño le ganaba terreno y Arnao lograba a duras penas no dormirse. De repente, vio cerca de él dos luces que bailaban encima de la muralla, a pocos pasos de él. Se dio cuenta de que se trataba de teas, alguien estaba alzándolas de forma extraña. Intrigado, se levantó de su puesto y fue a través de la parte superior de la muralla hacia las luces. Cuando andaba cerca dos teas cayeron hacia el exterior de la fortaleza y ardieron en la masa arbórea cercana. Arnao vio una figura en la muralla donde antes habían estado las luces y, lentamente, fue hacia ella pero desapareció de repente. Perplejo, contempló el pequeño fuego que habían producido las dos teas al caer al exterior y decidió que tenía que dar la voz de alarma.

Arnao bajó de la muralla. Era consciente de que el abandonar su puesto de vigilancia le podía costar una buena reprimenda. Entonces alguien le agarró por detrás y le tapó la boca.

- No se te ocurra gritar – dijo una voz susurrante en su oído derecho.

Arnao sintió una mano suave sobre sus labios y, al girarse, se topó con una elfa de la cual quedó maravillado. Acostumbrado a ver elfos de semblante lóbrego, piel arrugada y ojos oscuros, ver a una elfa de piel blanca y mirada que reflejaba la pureza de la luna le produjo una encantadora sensación.

El hombre, extasiado por el encanto que aquella elfa le producía, no dudó en aceptar ayudarla en lo que le pedía. En silencio la condujo hacia las tres puertas por las que se accedía a la fortaleza de Tuyrozd mientras que, sus señores, desconocían la traición que estaba ocurriendo en el corazón de su reino.

Mientras movía la polea que abría la última de las tres puertas, Arnao contempló a la elfa más detenidamente. Su piel estaba completamente blanca, tanto que por durante unos instantes pensó que estaba ayudando a un fantasma. Llevaba ropas propias de un uonu-nyry que posiblemente había robado a alguno de ellos, por la insignia con forma de cuervo que estaba bordada en una especie de capa que la cubría, Arnao decidió que esas ropas pertenecían al Budu-Kwak.

- Pronto estarán aquí. No podemos perder tiempo- susurró la elfa.- ¿Hay alguna destilería cerca?

¿Destilería? ¿Aquella elfa quería beber? ¿Y quiénes venían? Arnao estaba bastante confundido y su mente no podía razonar con rapidez, así que asintió y señaló hacia un habitáculo de madera que había cerca de ellos. Al poco rato, ambos estaban sacando toneles de alcohol y arrojando su contenido por el interior de las murallas.

Entre tanto, en silencio, un ejército de elfos dividido en tres frentes alcanzó las tres puertas abiertas de la fortaleza de Tuyrozd. El plan estaba saliendo a la perfección, el ejército bajo el mando de Tathâral Âryon, Artadâko de los aldalântar, consiguió de esta manera infiltrarse en la fortaleza y atacarla desde el interior. Llevaban antorchas con las que incendiaron todo a su paso mientras el alcohol de la destilería hizo que el fuego prendiera de inmediato. Así fue que un incendió bañó inmediatamente las murallas.

Los cuernos de alarma sonaron entonces en la fortaleza del Negro Florecimiento. Un gran fragor estalló en medio de la fortaleza y la tierra se estremeció al tiempo que grandes vapores negros empezaron a surgir del mismo suelo empedrado de la fortaleza. Hordas compuestas de los malditos hombres, de los zrour que imponían el miedo a su paso, salieron de las prisiones para lanzarse hacia los invasores que ya se habían extendido por toda Tuyrozd. Fue de esta manera como empezó la batalla y con aquellos hombres que parecían muertos levantados de sus tumbas se toparon los atacantes aldalântar pero ellos no se amedrentaron, esa vez no. Habían jurado que no se irían sin saldar las cuentas con aquellos detestables elfos y sin someter a aquella fortaleza.

La extensa plaza central de la ciudad se convirtió en un campo de batalla. Tathâral, montado en su corcel, blandía su espada de un lado a otro, rodeado como estaba de aquellos zrour que parecían crecer en número. Los tambores retumbaban en la lejanía y el resto de su compañía no dejaba de llegar a la ciudad medio incendiada con algunas catapultas dispuestas a echar a bajo los muros envueltos en llamas. Gran cantidad de flechas y dardos silbaban en la oscuridad de la noche desde las pocas torres de la muralla que aún se mantenían en pie. Las defensas intentaban contener a los invasores pero eran bastantes numerosos. Tathâral había preparado al milímetro aquel ataque y no se iría de allí sin una victoria.

-¡Zâ Nensirarit! ¡Zâ Nensirarit!-. gritaban los soldados de la compañía del Ayarnornê

Pero la furia y el deseo de venganza era lo único que movía a los aldalântar y poco les importaba la negra neblina que cubría Tuyrozd aquella noche…

Escrito el 29-03-2008 23:17 #4

NOMÊNNÂ*

*al fin

Durante las últimas horas de la noche, el caos y el fuego reinaron en Tuyrozd. Luego, al fin, llegó el amanecer. Tathâral con Kalgorô en alto, se adentró por las calles del centro seguido de una parte de su compañía. El resto, una vez sometido a las defensas pilladas por sorpresa de la ciudad, estaban saqueando la fortaleza mientras que los sacerdotes recogían a los caídos aldalântar. Entre tanto, el fuego aún hacía estragos y las cenizas, la sangre y los cadáveres se esparcían por doquier.

Al frente se levantaba un edificio alto de negras paredes y altos ventanales, el corazón de la fortaleza de los Señores Oscuros. Pero cuando avanzaban hacia él, unos gritos de guerra detuvieron su recorrido. Se trataban de varios uonu-nyry que se lanzaron hacia ellos sin medir palabra. Tath y sus soldados se abrieron paso entre los atacantes, bañando en sangre a quienes intentaban interponerse en su camino. La Torre de T’orr, el refugio de los Budu’Aorr, como habían sabido que llamaban al edificio que tenían delante de ellos, era su destino. Obligarían a los señores oscuros de Tuyrozd a reconocer la victoria de los elfos de Nensir. Espoleando al caballo, Tathâral empezó a correr hacia la puerta del palacio mientras Kalgorô ardía los cuerpos de aquellos que aparecían en medio.

Al fin llegaron ante la esbelta edificación donde se encontraron con una puerta hecha de metal negro. Tath desmontó del caballo y se acercó. De pronto y sin previo aviso, la puerta se abrió y un gélido viento les dio la bienvenida. Todo era oscuridad ante ellos mientras que una melodía extraña y susurrante les ofreció penetrar al interior de la torre. A pesar del miedo y lo aciago de aquella melodía, Tath instó a su tropa a continuar. Aquella torre era la guinda del pastel.

Una vez dentro, con el silencio como acompañante, subieron por las escaleras y se fueron encontrando con varias habitaciones que se repartieron de tal manera que ningún rincón de la Torre de T’orr se quedara sin rastrear.

Tathâral subió los peldaños de las escaleras mientras mantenía en alto su espada. Fue entonces cuando escuchó una voz encima de él.

- Bienvenido a la Torre de T’orr, aldalânta. ¿A qué debemos esta honorable visita?- le recibió una voz gutural que escondía un rostro pardo salpicado de manchas negras.

- Venimos a exigir tributo a los Señores de esta Fortaleza.

- ¿Y qué tributo es el que piden nuestros hermanos elfos? – a medida que aquel elfo oscuro bajaba por las escaleras hacia Tathâral, un olor extraño brotaba de él. Sin duda, aquel elfo era un hechicero. Una vez cerca del alda, alargó una mano hacia él.- Ar’m Barnur, Budu Tuyr de Tuyrozd y su Reino.

Tathâral rechazó la mano de su interlocutor y éste le retó con la mirada intentando usar el arma más importante de los Uonu-Nyrr, el miedo. El aldalânta le devolvió la mirada y entonces se enfrascaron en una lucha silenciosa, con la mirada del uno sobre el otro. Tath no temía ningún tipo de encantamiento por parte de aquél que parecía ser el cabecilla de los Señores Uonu. A pesar de tener ante sí al mismísimo Chamán del Bosque Oscuro, el elfo tenía la seguridad que le ofrecía el haber ganado aquel ataque.

- Tathâral Âryon, Artadâko de Galador y Assana de Neitillot. Vengo en representación de mi pueblo para reclamar como tributo esta misma fortaleza.

Ar’m Barnur alzó sus manos y de los pliegues de su túnica salieron varios cuervos que golpearon la cara de Tathâral. El señor de Tuyrozd aprovechó para atacar al elfo que, debido a los picotazos de los cuervos, no pudo defenderse de la espada de su opresor y le hirió el hombro izquierdo. Tath contuvo el equilibrio como pudo para no caer por las escaleras y alzó a Kalgorô que detuvo otro golpe de la espada de Ar’m Barnur. Al encontrarse las dos espadas, un terrible rugido estalló en la torre, pero Kalgorô ganó el choque a la otra espada hiriendo el brazo del uonu-nyry. Los cuervos se lanzaron nuevamente sobre Tath pero, entonces, unas flechas certeras acabaron con la vida de las aves.

Ar’m quiso aprovechar para huir escaleras arriba pero Tathâral consiguió herir de nuevo al elfo, pero esta vez la barriga fue el blanco. Éste, al verse dominado por su contricante, se echó a reír. Perdió el equilibrio y tropezó. Tath vió como el cuerpo del elfo se abalanzaba sobre él y, con dificultad, se apoyó en la pared mientras su enemigo rodaba escaleras abajo al mismo tiempo que sus espeluznantes carcajadas brotaban en toda la torre. A los pies de las escaleras la vida del Budu Tuyr se silenció para siempre.

Tathâral se tocó la herida del hombro, no parecía ser demasiado profunda. Su mirada se dirigió entonces hacia las escaleras mientras unos pasos avanzaban hacia él. Kalgorô brilló con impaciencia.

- Bienvenido a Tuyrozd, aldalânta. – las palabras brotaban de un rostro pálido de sonrisa sincera. Tath reconoció el rostro un poco demacrado de Târîs. – Desde este día, Tuyrozd, rendirá tributo a Neitillot.

El general asintió. Estaba orgulloso de su compañera, admiraba la valentía con la cual había cumplido su misión desde el momento en que se tomó aquel veneno para aparentar estar muerta hasta cuando había conseguido abrir las puertas de Tuyrozd para permitirle a Tath y su tropa invadirla desde dentro.

-¡Târîs, estás viva!- exclamó una voz detrás de la elfa. Se trataba de Brêt.

Tathâral se dio la vuelta para dejarlos solos. Tenían muchas cosas que decirse. Con paso lento subió las escaleras que le conducían hacia el piso más alto de la Torre de T’orr, ahora en su poder. Los Yondeneni, los dragones de agua cuya piel había servido de moneda de cambio de traiciones y acuerdos ilegales en el último año, habían sido vengados. Al fin.

¡Gloria a los yondêneni! ¡A Yenna, a los Aldar y a ti, Nensir, Protector, Purificador y Guía!

[Editado por aratir el 30-03-2008 03:54]

Escrito el 04-04-2008 18:11 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.

Recuperables: 308 puntos.

Valoraciones: 8,3+8,9+8,2+8,4+8+8,6= 8,4

Recupera: 259 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 30%, por este concepto recupera 105 puntos. Total recuperación: 308 puntos.

Pierde: 77 puntos.

Por el saqueo de la capital, este clan recibe 500 monedas.

Por la victoria en la batalla, este clan recibe 450 monedas.

Marcadores actualizados y listos.

Historia finalizada.