La Guerra de los Clanes

Tulkatumbo - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 30-03-2008 14:09 #1

El Valle Poderoso. Éste es el nombre del sitio desde que los antiguos mercaderes establecieron aquí sus tiendas y sus factorías, al amparo de los muchos peligros del mundo. En este boscoso e impenetrable valle, que se abre en la más austral de las estribaciones de Ondoninkwê, los mercaderes acopiaban los productos de toda Rómenor para intercambiarla entre ellos, y para luego partir en nuevas gestas comerciales. El Valle Protegido se beneficia de un puerto natural al Mar Interior de Kelkaranî, y desde aquí los navegantes alcanzan Nirent para llevar las mercaderías al mar oriental, o bien hacia Ahyamára -100 millas al sur-, desde donde parten las caravanas del desierto y desde cuyo embarcadero también las barcazas de Etzenselon remontan los ríos hacia el sur y hasta las costas occidentales de Rómenor. Pero los mercaderes antiguos asimismo comerciaron con los Hombres del Bosque y con los Enanos de las Montañas, e incluso desde los primeros tiempos establecieron lazos mercantiles con los Edlâr abarî, y la ruta marítima hacia Airalondë fue siempre una de las más importantes.

Con el tiempo, muchos mercaderes se convirtieron en artesanos, y herreros, y tejedores, y leñadores. Y Tulkatumbo creció. Y también los mercaderes extranjeros, desde los confines más remotos de Rómenor comenzaron a llegarse hasta aquí para comprar y para vender, y cientos de ellos se establecieron en nuestra villa. Y con los siglos el Valle se convirtió en un enorme mercado, siempre atiborrado de gentes de todas las razas y culturas: una plaza franca para toda Rómenor donde las mercaderías más exóticas del Sur y del Norte se intercambiaban, donde los rateros y los artistas ambulantes medraban, y donde algunos de los más grandes mercaderes pronto comprendieron que necesitaban proteger tanta riqueza.

Pero no sólo el comercio da renombre a esta hermosa villa, existe en las afueras de la ciudad un pequeño edificio visitado desde antiguo, es la Biblioteca de Tulkatumbo.

Muchos escritos sobre la historia de Rómenor se hallan en sus estantes, pero lo más característico de esta biblioteca es una pequeña sala dedicada a "Desastres provocados por el Agua". Esta sala se creó por eruditos de la Casa Borhala tras su encuentro con Balcnîn a modo de recuerdo de todos los daños infligidos por el malhadado Señor de las Aguas.

En el año 1326 de la Segunda Edad del Sol en Tulkatumbo se instauró un poder militar de policía y de guardia de frontera, financiado por los mercaderes del Valle pero comandado por un Elfo Oscuro a quien en el Valle llamaban El Gran Yustë. La Guardia de Tulkatumbo resultó en un gran beneficio para todos, pero siempre los tributos a mercaderes y artesanos fueron considerablemente grandes, y los comerciantes no estaban muy seguros de comprender la necesidad de tal cantidad de fuertes y fortalezas, de murallas y de barcazas militares en sus aguas. Sin embargo el mercado de Tulkatumbo crecía y medraba, y los resquemores y las sospechas de sus gentes eran muy prontamente olvidadas debido a las grandes ganancias que recogían año tras año.

Hace ya dos siglos que Tulkatumbo es el centro de intercambio comercial más notable de Rómenor. Y su población, aunque relativamente pequeña y constreñida en los límites del Valle y por el Mar, es floreciente y muy opulenta, y sorprendentemente llamativa por una característica muy por fuera de lo común: la pacífica y cordial convivencia de Hombres, Elfos y Enanos bajo los fragantes árboles frutales y en torno a las mismas plazas y edificios de piedra blanca. Tulkatumbo parece ser, a los ojos del visitante, una de esas grandes excepciones y agradables sorpresas a las que el mundo nos expone muy de tanto en tanto.

Tulkatumbo cuenta con numerosas ferias anuales, y algunas bianuales, a las que suelen concurrir comerciantes y viajeros de todo Rómenor, e incluso de fuera-de-Rómenor.

(Seregruin)

Escrito el 11-04-2008 18:20 #2

Diario de Campaña - Caius Praetor Etherum

14 Aqua Fearn 401

Vigésimo segundo día desde que nos separamos del Consul Campanea.

Hemos podido comprobar que lo augurado por el Anciano es una realidad, los Ejércitos Dragón están en el continente y por un buen motivo. Desconocemos la localización de su guarnición principal, pero sospechamos que se encuentra en las cercanías de las Ondoninkwe.

No hemos podido confirmar este hecho ya que nuestro grupo de reconocimiento tuvo que partir de forma urgente a lo alto de las Nensir para evitar que se estropearan nuestros planes de guerra.

En breve el Capitán Northiel se nos unirá en el pueblo de Breald y seguiremos nuestro viaje a Tulkatumbo como estaba previsto.

La jaula aún está abierta, la Señal no está en el Aldalaurê aún.

Escrito el 12-04-2008 23:13 #3

Al llegar a las afueras de Breald el grupo hizo un alto. Pasarían allí aquella noche.

Mientras montaban el que sería su campamento y preparaban algo para comer, el grupo de Nensir perdió de vista al capitán Yarai y algunos de sus hombres. Los que quedaban lo hicieron bajo el mando de un anciano al que Northiêl había identificado durante los días de viaje como la sombra del capitán con el que compartía nombre.

La elfa se las arregló para coincidir con Aiwëndil a la hora de ir a recoger leña.

- ¿Dónde crees que estarán los demás? -preguntó la elfa.

- No lo sé, pero no me gusta eso.

- Bueno, ahora que no está el callado capitán tal vez podamos... -empezó Northiêl, pero fue Aiwëndil quien acabó la frase.

- ¿...sacarle información a su mano derecha? Northiêl ese tipo es una tumba.

- Bueno, pero siempre se puede intentar...

- No me gustaba la idea de unirnos a los Yarai... pero lo hemos hecho. Ahora debemos andarnos con cuidado, no estamos en situación de perder su confianza...

- Tienes razón -Northiêl asintió mientras recogía una rama caída. -Entonces... ¿esperamos?

- Creo que es lo mejor -contestó el elfo.

Durante unos nadie habló. Después Nothal tropezó con un tronco y eso hizo que los dos elfos rieran, olvidando por unos instantes la situación en que se encontraban. Ese hecho suavizó el ambiente y les permitió hablar de otros temas. Cuando volvieron al campamento se encontraban enfrascados en un interesante debate sobre los lugares donde podía encontrarse el Aldakune, al cual nunca se referían por un nombre más concreto que "eso".

Escrito el 13-04-2008 01:10 #4

Al atardecer llegaron al pequeño campamento más Yárai, no eran muchos: treinta, quizá treinta y cinco; Northiel estaba con ellos.

Enseguida montaron sus tiendas y se reunieron en una de ellas.

Durante el tiempo que estuvieron reunidos varios Dragones Silvanos entraron y salieron del campamento con pequeños pergaminos colgados del cuello.

Entrada ya la noche Northiel se dirigió a donde se encontraban los elfos de Nensir, iba acompañado de otro hombre y de dos elfos un poco más altos que él. El hombre que acompañaba a Northiel se dirigió a ellos:

-Bienvenidos al Exercîtus Yárai, mi nombre es Caius, soy el Praetor Etherum... supongo que estas palabras no os dicen nada, estoy al mando de todos los Yárai que lleven una banda blanca en el brazo, siempre que queráis algo de mí, pedídselo a ellos y me harán llegar vuestras peticiones sin demora.

Tendremos que esperar a que llegue el Stratego Khâl desde la orilla oriental del Kelornî, tardará un par de días... los enanos no se mueven rápido por los bosques; una vez estén aquí nos dirigiremos a Tulkatumbo, me han informado que más de los vuestros se dirigen hacia allí, pero no sé en qué punto del camino nos encontraremos con ellos.

El Capitán Northiel se encargará de que os sintáis cómodos en este pequeño campamento, aunque si preferís la compañía de un elfo puedo enviaros a uno.

Pasad buena noche y estad tranquilos, no os atacará ningún dragón en este campamento... por cierto, deberéis dejar vuestros dragones antes de partir a Tulkatumbo... no son de fiar, no son de los nuestros.

Escrito el 14-04-2008 15:21 #5

Ramjakhîn tomaba su desayuno en el camarote mientras veía de fondo el puerto y la ciudad de Tulkatumbo. Más abajo estaban sus marineros descargando los fardos para dirigirse al mercado. En aquella ocasión habían alquilado un privilegiado puesto de donde podría vender toda la mercancía de Nensir más el agregado que traían de Eglamar. Se avecinaba una jornada agotadora de trueques y regateos en los que tenía que aplicar todo su conocimiento en finanzas y aprovechar al máximo los contactos que año tras año acudían a negociar. Ramjakhîn solo tenía una meta, y era sacar un buen precio en el menor tiempo posible. Si eran ciertos los rumores que circulaban en algunas esferas de la ciudad, no era aquel buen momento para la compraventa de mercancías.

El pirata terminó de desayunar sin haber acabado todo y se dispuso a cerrar bien su camarote antes de bajar al puerto. Suponía que lo más seguro era recoger la mercancía por la noche y que todo el mundo viniese a los barcos a descansar. Por algún motivo no iba a correr riesgos y a confiar en los guardias de la ciudad que custodian los puestos por la noche, tenía tantas preocupaciones en la cabeza que toda precaución era poca.

Una vez en el muelle, escoltó el último cargamento y por tanto era él quien cerraba la comitiva junto a otros hombres de confianza. El ritmo de la gran urbe era frenético, multitud de olores, sabores, idiomas y gentes de todo tipo se agrupaban por las calles de Tulkatumbo, y todo invadía la rutina del día a día por lo que tendría que acostumbrarse una vez más a aquel bullicio.

Respiraron tranquilos cuando por fin llegaron a la ubicación del puesto donde pasarían todo el día. Todo estaba preparado para recibirles porque algunos marineros lo habían estado montando desde por la noche. Las tiendas con los almacenes y los expositores divididos por productos estaban listos, ambientado en la temática del Nensir, con las mercancías de Eglamar en una tienda reservada para clientes fieles, tal vez uno de los mejores puestos de la ciudad.[I]

[I]Ramjakhîn terminó de supervisar la descarga y colocación de sus productos, dió instrucciones de cómo debían trabajar los comerciantes para luego retirarse a sus aposentos, una tienda reservada para las grandes transacciones. Pieles en el suelo, mesas y butacas con comida y bebida un ambiente acogedor para el recién llegado, y es que, aunque era una gran responsabilidad, el pirata siempre disfrutaba haciendo negocios y quería que las cosas estuviesen bien hechas desde el principio.

Escrito el 16-04-2008 16:09 #6

- Mil gracias, Praetor -contestó Nênlê haciendo una ligera reverencia, al igual que sus compañeros- No os preocupéis, estamos acostumbrados a tratar con gentes de otras razas y ello no nos resulta desagradable en absoluto, Northiel será seguro un buen anfitrión para nosotros. - dijo, mirando a sus amigos, que afirmaban estas palabras.

Cuando el Praetor marchó, Nênlê y su compañera Northiel se alejaron un poco para mandar marchar a los dragones. Se los repartieron para no reealizar el trabajo de golpe, aunque no tardaron mucho en establecer contacto con ellos y ordenarles que se marcharan, no sin haberles agradecido sus servicios, ya que, aunque eran bestias, también requerían un protocolo. Vieron como se alejaban con pena, pues ambas se sentían cómodas con estas criaturas. Tras ellos, volvieron al campamento.

- Dijo que más de los nuestros se dirigían a Tulkatumbo...¿a quiénes se refería? - preguntó Northiel, una vez llegaron a sus tiendas.

Escrito el 19-04-2008 17:57 #7

- Pues no lo sé -contestó Nênlê mientras entraba en la tienda. -¿Crees que habrán descubierto algo?

- Puede ser... aunque también es posible que hayan descubierto que nos hemos ido sin permiso y hayan venido a buscarnos -rió Northiêl. No era la primera vez que le pasaba aquello.

- ¿Con toda la ciudad inundada? No digas tonterías -contestó Nênlê, aunque también reía.

- En cualquier caso me sentiría más tranquila entre compañeros de Nensir -dijo Northiêl mirando la puerta de la tienda de reojo.

- Saben demasiado y nos cuentan demasiado poco -dijo Nênlê como leyendo los pensamientos de Northiêl. Ésta se limitó asentir con la cabeza.

En los días siguiente el grupo de elfos aprovechó para descansar y familiarizarse con los dragones que tendrían que montar más adelante. El entusiasmo de Nênlê cada vez que se acercaban a ellos había contagiado al resto del grupo y eso hacía que se relajaran.

Northiêl dejó de pasar el día en tensión y decidió que, ya que no podía hacer nada, iba a ahorrar las fuerzas para cuando fueran necesarias. Sin embargo, seguían sin saber qué estaba pasando, y eso la mantenía intranquila.

Unos días después el Stratego Khâl llegó y todo el campamento se dispuso a partir.

Escrito el 21-04-2008 20:10 #8

Cuando el campamento estuvo desmontado, el Praetor se acercó a los Aldalântar:

-Partimos hacia Tulkatumbo, a partir de este momento viajaremos de noche por precaución. Suponemos que nos encontraremos con los demás Aldalântar poco antes de llegar a la ciudad, no están muy lejos de aquí.

Y una última cosa, si alguien en Tulkatumbo os pregunta vuestra procedencia, sois viajeros de Hildan... algo ocurrió hace unos meses que hace que los Aldalântar no estén en buena estima en la ciudad.

Escrito el 22-04-2008 11:08 #9

- ¿Hace unos meses? - Nênlê miró a Aiwëndil algo inquieta- ¿Qué ocurrió exactamente?

El Praetor les miró un instante, y dándose la vuelta para continuar su camino, les dijo:

- Ciertos Aldalântar...digamos que rompieron la paz y la estabilidad de Tulkatumbo... -dicho esto, marchó definitivamente. Northiêl se acercó a Taûrel, riendo por lo bajo, intentando no llamar la atención del Praetor

- Así que somos rompedores de la paz...vaya fama, Nênlê.

Aiwendil y Dharaith se miraron extrañados, hasta que recordaron cierta historia sobre dragones huídos y compañeros presos que Northiêl les había contado en una noche donde el alcohol corrió en exceso.

Al anochecer partieron, atravesando el bosque por un camino que sería difícil de detectar para el ojo humano. Salvo algún ave nocturna, nadie ni nada salió a impedirles el camino.

Llegaron a Tulkatumbo casi al amanecer. La brisa del mar les desperezó del cansancio del camino, por lo que agradecieron enormemente al praetor su ayuda y pidieron ausentarse para buscar una buena posada donde comer y pasar las noches.

Escrito el 24-04-2008 11:10 #10

No muy lejos de allí, en las afueras de Tulkatumbo, un reducido grupo de elfos transitaba el camino que llegaba desde el centro del gran bosque Aldalaurë. Éstos también eran aldalântar. A la cabeza iba Tathâral Âryon, assana y artadâko de los ejércitos de Galador y, a su lado, Sûra, una valerosa ainadâka. Tras ellos, Althira, assana y hermana de Tathâral, Voron, un alda encontrado en los calabozos de Tuyrozd, fortaleza ocupada por los nensiri semanas atrás y un grupo reducido de soldados dâkar.

En el ambiente se respiraba humedad debido a la cercanía de las costas bañadas por el Kelkarani, el mar interior del sur del Aldalaurë. El bosque era menos frondoso en las cercanías de Tulkatumbo, los árboles más frescos y de hoja caduca, los cuales verdeaban alegremente al son de la húmeda brisa que les llegaba.

Tathâral redujo la velocidad y fue hacia atrás, para ponerse al lado de su hermana Althira.

- Thira, ¿crees que averiguaremos algo en la biblioteca de Tulkatumbo? – le preguntó Tath, mientras notaba como el calor primaveral empezaba a calentar. La larga extensión del bosque del Aldalaurë prevenía de un poco de frescor hasta bien entrado el verano pero cuánto más se notaba la cercanía del gran desierto de Al’Varantar, más pronto en el tiempo se notaba el calor.

Hacía varios días que habían partido desde las cercanías de Breald y el cansancio hacia mella en el grupo.

- La biblioteca de Tulkatumbo atesora grandes conocimientos. Algunos de los goldar han viajado de vez en cuando a esta ciudad a buscar algunas de las copias de los libros antiguos de los aldalântar que existen en esta biblioteca. Hasta incluso, en las Attayanaru, se cuenta que existen ejemplares de tratados antiguos de nuestros antepasados, cuando los nurulântar y nosotros eramos un mismo pueblo y aún nos regocijábamos del don de Yenna. Debido a las numerosas culturas y pueblos que han confluido en esta ciudad, la biblioteca es exquisita…- contó Althira.

Tathâral guardó en silencio y esperó paciente a que su hermana continuara. Le había contado durante el viaje cómo se había vivido en Neitillot la inundación de sus calles y el pestilente olor que había en los bosques, pero no le había contado qué era lo que exactamente su hermana creía poder encontrar en aquella ciudad.

- Hay una sala llamada "Desastres provocados por el Agua". Esta sala se creó por sabios descendientes de hombres borhala tras la desgracia acaecida por Linnan-Bûrû.

- ¿Linnan-Bûrû? ¿El monstruo de los mares? – preguntó Tathâral sin saber muy bien a quién se refería su hermana.

- Sí. ¿No recuerdas las leyendas que contaban nuestros sabios cuando éramos niños?

El elfo se encogió de hombros aunque algo creía recordar, una historia que hablaba de lo que les sucedió a un pueblo humano que intentaba arribar a las costas de la tierra del sol poco más de trescientos años después de que lo hicieran los elfos.

- Balcnîn.- pronunció Althira, y un escalofrío inundó el interior de su hermano. Aunque los elfos nurualda apenas habían sufrido las maldiciones del Señor de las Aguas en los más de dos mil años que llevaban en Rómenor, habían sabido mucho de la desgracia sufrida por aquellos hombres de la legendaria Casa Borhala y aquel nombre, proveniente del mal mismo, le sobrecogía el corazón a los nurualda.- Linnan-Bûrû era una gran bestia que azotaba los mares en esa época y pocos hijos borhala sobrevivieron a su embestida. Dicen los antiguos elfos que los que sobrevivieron habitan hoy los desiertos y otras partes de Rómenor.

- Pero no creo que lo de Neitillot tenga que ver con Linnan-Bûrû, su mal se perdió en las profundidades del gran mar hace miles de años. – opinó Tathâral, mientras a lo lejos Tulkatumbo aparecía ante ellos.

Hicieron un alto antes de continuar. Tathâral quería prevenir a los demás sobre Tulkatumbo.

- Antes de entrar en Tulkatumbo, hay que tomar precauciones. Si nos preguntan diremos que somos elfos que venimos de Hyôsto.

- Artadâko, no somos tan doctos en el arte de la música como los habitantes de aquella ciudad. – dijo uno de los alda.

- Si nos piden cantar, lo hará Voron, que varias veces le he escuchado canturrear alguna cancioncilla, o Thira, que se sabe muchas canciones antiguas.- dijo con una sonrisa Tath.

Tanto la sacerdotisa como Voron se sonrojaron ante el comentario de Tath.

- No obstante, sólo entraremos en la ciudad Sûra, Voron, Althira y yo mismo, y buscaremos una posada. El resto os quedaréis aquí para no levantar sospechas.

Así, los cuatro, tras despedirse de los demás, continuaron hacia la ciudad comercial. Tathâral empezó a notar el bullicio y la brisa propios de la ciudad, aunque el artadâko avanzaba con paso prudencial. Hacía unos seis meses que no iba a Tulkatumbo y la última vez no había sido precisamente agradable.

[Editado por aratir el 24-04-2008 11:16]