La mayoría de los habitantes de Rómenor piensan que el Loicatuine nace en las malditas Cotumo Aicasse, las oscuras montañas infestadas de orcos y demás seres sombríos. Y cierto es, que las frescas aguas del riachuelo que cruza Misteture en dirección a estas oscuras montañas se hunde en la tierra varias millas antes de alcanzar las estribaciones meridionales de Cotumo Aicasse; pero ambos ríos son la misma corriente.
Existió antaño un pueblo de elfos silvanos que conocían el cauce subterráneo del Loicatuine y lo utilizaban para comerciar y viajar más allá del Mistetaure sin peligro de ser emboscados por trolls y orcos. Este pueblo se asentó en el lugar en el que el Loicatuine comenzaba a excavar su lecho subterráneo y su ciudad fue conocida como Laiquamiril, la Joya Verde.
Eran un pueblo pacífico y establecieron unos fuertes lazos de amistad con sus vecinos, los antiguos Yárai que habitaban todavía en Nilme Istyalvao, y se cree que fueron estos vecinos los que crearon el negocio más inconfundible de Laiquamiril: la fabricación de arcos y flechas.
Estos elfos, al igual que los Yárai contaban con la protección de Ealaráva y conocían bien todo lo que crecía en los húmedos bosques de su alrededor. Cerca de Umbar Meno crecen unos árboles de excepcionales características, su madera era fácil de manejar y se volvía de un blanco inmaculado en contacto con el aire; además los Yárai les mostraron cómo, mediante una combinación de resinas y jugos de algunos frutos, se podía conseguir que esta clara madera se volviera tan dura como el metal.
Enseguida, la fama de las flechas de Laiquamiril cruzó todo el continente y la mayor parte de la ciudad comenzó a dedicarse exclusivamente a la fabricación de flechas. Con el tiempo, surgió entre los artesanos una pequeña competición para ver quién conseguía crear las flechas más hermosas, para lo que las adornaban con singulares plumas de las aves que habitaban el Mistetaure.
Durante centurias, las riquezas de Laiquamiril crecieron y se construyeron enormes palacios de brillantes y enjoyadas paredes en las amplias cavernas excavadas por el Loicatuine.
Pero llegó el tiempo en el que un poder oscuro regresó a Rómenor, fue entonces cuando los seres que habitaban las profundidades de Cotumo Aicasse salieron a la superficie y fueron atraídos por las riquezas de la vecina Laiquamiril.
La ciudad fue atacada por un enorme ejército que triplicaba la población de la extensa Laiquamiril; además, el ejército atacante parecía impulsado por un gran poder que lo convertía en una irracional máquina de destrucción. La ciudad fue completamente saqueada y quemada, los grandes palacios subterráneos fueron arrasados y las antiguas construcciones que mantenían controladas las aguas del Loicatuine derribadas, por lo que el río inundó la mayor parte de ellos, llevándose con él hermosas joyas y destruyendo elaborados tapices.
Pero dicho ataque no quedó impune, en el este Ealaráva supo de tal destrucción y encolerizado regresó al Mistetaure. Fue en esos años cuando surgieron los Dragones Silvanos, creados por el propio Ealaráva a partir de los Dragones del Pantano para reducir la población de orcos y trolls en Mistetaure y para vengar la destrucción de la hermosa Joya Verde.
