Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Marllajtay" = 18
Armadas perdidas por "Maianor" = 32
Victoria para Marllajtay.
Se produce el saqueo de Tugore.

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Marllajtay" = 18
Armadas perdidas por "Maianor" = 32
Victoria para Marllajtay.
Se produce el saqueo de Tugore.
La Milicia Marllajtay había dejado Híssuë el primer día de la misteriosa niebla, que tantos problemas inesperados traería luego. Pero no huían de ella. Se disponían a realizar una empresa sin antecedentes en la historia marllajtay: una guerra punitiva… ¡por tierra!
Sin embargo, los Marllajtay no temían. Sino que, por el contrario, se hallaban ansiosos de acabar con la tiranía de Tûgore en el Nendataurë y de liberar a sus primos asgarûn, cuya religión antigua, la Religión de Zôr-Khôndor, se hallaba sometida. Además, con ellos y al frente marchaba Allpa’huátl, el Khútic Joven, el inesperado unificador de los Marllajtay y la promesa de gloria y resurrección que todos los suyos anhelaban desde hacía tiempo. Pero el Khútic había sufrido un envenenamiento en Tûgore, hacía seis meses, tras ser invitado a un cónclave que resultó una trampa vil y criminal. Y ahora los marllajtay unían sus deseos de venganza a los de gloria y liberación.
Al segundo día de marcha, la tropa más grande y vistosa que hubiera dado Híssuë alcanzó la Chúkmä, la región de las altas cumbres de las Andië, de donde el khútic provenía. Y, desde allí, pudieron observar el infinito y espeso mar de niebla que yacía bajo sus pies, cubriendo ominosamente todo el Estuario hasta el Mar.
-¡No temáis por Híssuë, Marllatay! –dijo Allpa’huátl entonces- ¡Nuestros Ancianos y nuestros Nobles velarán por nuestras familias! ¡No es a la niebla a lo que vamos a enfrentar nosotros sino a la Oscuridad! ¡La marcha que emprendemos aquí es para traer de regreso el Sol al Bosque de los Ocho Ríos, a los Ýskur, a todos los Marllajtay de Arda! ¡Qué Zôr-Khôndor nos acompañe! ¡Nuestra tarea es más oscura y peligrosa aún que las brumas que ocultan Híssuë de nuestra vista!
Y entonces, como un prodigio, el mejor de los agüeros que todos los marllajtay podrían desear: el Khôndor sobrevoló por sobre sus cabezas y se dirigió raudo hacia el Oriente. La señal estaba clara y manifiesta, y un júbilo inagotable hinchó los pechos de todos los borhalaidas. Ya no les preocupaba qué sería de Híssuë envuelta en brumas, ni dudaban de que su empresa estuviera destinada al éxito.
-Yh! Ña Marllajtay! –tronaron, a una sola voz, setecientos hombres y mujeres, de los mejores de Híssuë.
El cuarto día, la tropa arribó a las fronteras orientales de las tierras Marllajtay, a los verdes y frondosos Valles de los Khâll’chá, la Ýnna de la Trucha, que son pescadores y agricultores en torno a las más altas vertientes del Neldesíre. El cruce de la Chúkmä había sido rápido y sin dificultades, merced al elaborado sistema de caminos y puentes de altura que los ancestros habían preparado.
Y al quinto día, el primero del Aqua Fearn, la Añasqä’zátl los tuvo a todos reunidos en la Fiesta de los Khâll’chá. Esta Ýnna, de donde provenía la madre del Khútic, se había preparado con gran anterioridad para tamaño evento. Y todos sintieron entonces que habían cumplido con creces. La expectativa de todo Híssuë estaba puesta en ese Ejército de las Andië que el Khútic preparaba para esta misión desde el mismo día de su regreso desde Tûgore.
Y ese día de Fiesta, nuevamente el Khôndor surcó los cielos y elevó aún más los ánimos.
Los siguientes dos días fueron acaso los más inquietantes. La tropa descendía rápidamente la Montaña por los desfiladeros, internándose con cada paso en el Nendataurë, un bosque de dimensiones extraordinarias y un territorio completamente extraño para cualquier habitante de Híssuë: los marllajtay se hallaban en territorio extranjero, y comenzaban a sentirse algo molestos. Para más inquietar los ánimos, desde que abandonaran el Ayllu más oriental de los Khâll’chá, no habían dejado de sentir murmullos ocasionales en el follaje desconocido, e incluso ruidos de misteriosas pisadas. El Khútic no tenía explicaciones para dar a su tropa, e incluso el mismo había visto su ánimo algo ensombrecido cuando volvió a poner pie en el malhadado bosque.
Pero, finalmente, la faz de Allpa’huátl se iluminó -y su corazón casi estalló de júbilo- a poco de despuntar el tercer día desde la Añasqä’zátl: frente a él, allí en medio del bosque, e inexplicablemente, se les había aparecido el sitio donde acampara el khútic con su comitiva al regreso del curioso Banquete de Tûgore ¡Y allí estaba la Apákt’shïta que él ofrendara para Allpamanta!
-¡Marllajtay! ¡He aquí un presagio indudable de buena fortuna! ¡Ved la Apákt’shïta que yo mismo ofrecí para Allpamanta -por el Bienestar de Híssuë y de los Ýskur en el Nendataurë! ¡Ea! ¡Acamparemos aquí!
Y ese día comenzaron los sucesos más extraños e imprevistos para el Khútic y sus Zîr’aotli (Generales). Cerca del ocaso, cuando aún no habían acabado de acampar, alguien se aproximó desde el bosque y dijo venir desde Tumbu para traer noticias al Khútic sobre la batalla que se había librado allí: la caballería de Teihlmac no les había esperado en el Bosque, como hubieran debido, sino que se había lanzado a la liberación de la ciudad dominada por Tûgore. Y habían sido rechazados con grandes pérdidas. Ahora mismo se estaban reagrupando en el bosque, muy lejos al sur de allí, y atendiendo a los heridos.
-Muy malas noticias nos traes -convino Allpa’huátl-. Pero ha sido una fortuna que el Khôndor te guiara hasta nosotros, buen Chasq’ä.
-Son malas noticias, es verdad –repuso el Ýskur-, pero grandes cosas aún han de suceder y el Ave está con Nosotros. El día de mañana es un día sagrado.
Nadie comprendió entonces el significado de estas palabras. Sin embargo, al despuntar el alba, la tropa marllajtay se halló completamente rodeada de figuras extrañas: los Ýskur del Nendataurë venían a parlamentar.
-Salud, Khútic de Híssuë. El Ave sobre Nosotros –dijo uno de ellos, de modo elocuente. “Como los antiguos”, pensó Allpa’huátl.
-Salud, Primo Ýskur, del Bosque de los Ocho Ríos –devolvió el saludo el Khútic- ¿Cómo es que habéis llegado a nosotros sin que lo notáramos?
-Esta es nuestra tierra bajo el Khôndor, Noble de Híssuë. Y este es un día sagrado.
[Editado por seregruin el 13-04-2008 10:55]
-Venimos a ofrecer nuestros brazos para la libertad de estas tierras bajo el yugo del tirano –explicó Allpa’huátl.
-Lo sabemos –respondió el Ýskur-. Y por ende vinimos a ofreceros nuestra Alianza, joven Khútic ¡El Ave sobre Nosotros!
-¡Zôr-Khôndor nos reúna en los Cielos, Masuli (amigos nuestros)! –bramó entonces el Khútic.
Y todos –Marllajtay e Ýskur por igual- entrechocaron sus armas con gran estruendo.
Ése fue un día sagrado, en efecto. La Alianza se concretó en torno de la Apákt’shïta, que con las numerosas ofrendas de ambas partes -y con una piedra puesta por cada borhalaida- muy pronto se convirtió en un verdadero Punto de Poder, tan bello y magnífico como los de los Días Antiguos, cuando los Borhalaidas eran un solo pueblo en Orocarni. Esa tarde se celebró una Anka (asamblea) en torno a la Apákt’shïta, y en ella Marllajtay e Ýskur se saludaron y dieron un voto de confianza común, que habría de durar hasta el Retorno de Malkñý, y más allá.
Pero los festejos y las châyi (historias) de unos y otros se prolongaron durante toda la jornada. Y sólo al siguiente día Allpa’huátl y el líder Ýskur, Yamacha, pusieron de acuerdo sus puntos de vista sobre la cuestión militar. Yamacha estaba muy al tanto de lo sucedido en días pasados con la caballería de Teihlmac, y borró las preocupaciones del Khútic sobre lo ocurrido entonces. Más aún, lo convenció de proseguir camino de Tûgore por las vías secretas del Bosque que los Ýskur antiguos conocían.
-Los Cuervos están en Tumbu, Joven Khútic. Lôr Tûran desespera de la traición y dispersa sus fuerzas a los Ocho Ríos, con tal de aplacar una rebelión que nunca podrá ser aplacada. Es el momento de avanzar sobre Tûgore.
Este plan tenía una ventaja adicional: los Marllajtay podían ahora despreocuparse también de la vigilancia y del espionaje que tanto dificultaban la marcha por lo desconocido. El Bosque era de los Ýskur, y ellos conocían cada ave y cada planta, cada roca y cada brisa del Nendataurë.
El tercer día de rápido y sigiloso avance por el Nendataurë comenzó de un modo muy distinto a los anteriores. Yamacha había avisado al Khútic la noche anterior que una avanzada Tûgoriana (de reconocimiento y de persecución de los Ýskur), se hallaba en las cercanías y que al despuntar el alba sería el momento propicio para emboscarles. Así, los Marllajtay se hallaban listos y preparados para el juego que más disfrutaban y mejor les salía: la guerrilla.
El ataque fue fulminante: las dos decenas de Ýskur que les acompañaban, y un cuerpo de 150 arqueros y lanceros de élite Marllajtay, ocultos en la espesura y desplazando el permanentemente el centro del ataque, pusieron muy rápidamente en fuga a una poderosa escuadra de caballería Tûgoriana, dejando un tendal de muertos que nadie quiso contabilizar.
-Venían para acabar con nosotros en nuestros refugios –comentó Yamacha.
-¡Pero si ése es Rastaran, el Ministro de Lôr Tûran! –señaló sorprendido Allpa’huátl, fijándose detenidamente en el cadáver del comandante de la escuadra, que yacía a sus pies.
-Sí, y era la única pizca de cordura en el Sûtagûn, mi querido Khútic. En una hora, Lôr Tûran estará desesperando de su merecido y violento final.
-¡¿Una hora, dices?!
En efecto, los caminos secretos del bosque habían llevado a la tropa Marllajtay casi hasta las mismas puertas de la Ciudad de Tûgore. Poco antes del mediodía alcanzaron a divisarla en la lejanía, y comenzaron entonces a desplegarse, de acuerdo a los planes trazados. La disciplina del Ejército de las Andië, y las ventajas tácticas y armamentísticas de que disponían los Marllajtay, eran tales y tan notables, que hasta Yamacha y sus gentes decidieron seguir y obedecer los mandos de Híssuë.
Los Marllajtay disponían de arcos largos, de mucho mayor alcance que los Tûgorianos, que fueron usados desde el primer momento del asedio, con gran efecto sobre las defensas. Además, utilizaban proyectiles incendiarios y saetas envenenadas. Y también acercaban su poder de fuego a los muros utilizando una formación excelentemente protegida -y de rápidos movimientos- que pronto desesperó a los defensores, ya que los muros y las puertas eran embestidos permanentemente en movimientos imprevistos: los avances eran cubiertos por los poderosos escudos de Llén-hué, y secundados por los mejores arqueros y ballesteros de Hïssuë.
El Khútic observaba estos movimientos de asedio con satisfacción, sabiendo que el objetivo de ello no era más que provocar a los Tûgorianos, al ver que no podían siquiera provocar bajas entre los Marllajtay. En la primera tarde, sin embargo, convocó a sus tropas a descansar de estas maniobras, y se hizo un llamado a la población de Tûgore para que abandonara el culto perverso del Cuervo para volver a la justicia del Khôndor.
Y entonces también, como una señal del destino, Zôr-Khôndor cruzó el cielo diurno sobre Tûgore, tan lejos de las Andië como nunca antes se le hubiera visto, muy elevado en las alturas, lejano y poderoso. La Ciudad de Tûgore pareció envolverse entonces en un profundo silencio.
-Lôr Tûran ha de estar arrebatado –comentó Yamacha-. Hace decenas de Chawá que el Ave no surcaba el Cielo de Tûgore. Los Cuervos se han ido ahora hacia Tumbu, y el tirano está por caer.
Pero entonces, de improviso y furiosamente, las puertas de Tûgore se abrieron, vomitando un poderoso ejército cuya vanguardia iba montada y armada de filosas espadas de acero. Antes de que los Marllajtay pudieran reaccionar debidamente, decenas de ellos habían sido muertos, y muchos otros corrían, presas del pánico.
-¡Esas bestias de sucias crines! –rugió Allpa’huátl. Y tomando su lanza, se abalanzó sobre la caballería Tûgoriana, que continuaba haciendo estragos entre los Marllajtay, aunque ahora también eran rociados por infinitas saetas desde los bosques.
Allpa’huátl no había calculado la velocidad que la caballería podía tomar en terreno llano y que le fuera familiar. Así, antes de que atinara a atacarles, ya un jinete cargaba sobre él y parecía querer quebrar su brazo bajo el escudo, un mandoble tras otro. Pero cuando su atacante tomó distancia para volver a la carga, el Khútic descubrió que podía utilizar su lanza contra la bestia infernal que se abalanzaba. Así, clavó su arma en tierra y apoyó su cuerpo fuertemente contra ella.
Ese lance era la vida o la muerte. Pero fue afortunado: la pica funcionó, y el jinete fue ultimado en tierra… por un soldado misterioso.
[Editado por seregruin el 13-04-2008 12:18]
-Yh! Ña Marllajtay! –saludó el misterioso Yaotli, que iba embozado.
¡Era la Milicia Secreta de Tlay’iltic!
Al mirar en derredor, el Khútic no salía de su asombro: los Yaotli de Tlay’iltic habían aparecido de la nada y ahora masacraban la avanzada Tûgoriana en todo el campo. Sus movimientos y destreza en batalla eran verdaderamente incomparables: tropas de élite que vivían y morían en la lucha y las adversidades, iban fuertemente armados con mejores hojas incluso que los Tûgorianos y protegidos por resistentes pertrechos de metal… no había modo de que alguien se resistiera a esa fuerza incomparable.
Allpa’huátl se alegró profundamente de que los ancestros hubieran sido tan sabios de establecer una Milicia tal para que protegiera su tierra. Evidentemente, la tropa que él conducía y que era el orgullo de Híssuë parecía una bandada de niños armados de blandas ramas comparados con ese ejército invicto.
Pero el Khútic no se detuvo en la contemplación. No había perdido la cabeza y sabía muy bien cuál era su objetivo. No sentía sus heridas y si le hubieran dicho que su brazo izquierdo estaba quebrado, hasta hubiera reído. Ordenó a grandes voces una buena parte de su tropa (aunque una no menor cantidad de arqueros habían caído en la salida Tûgoriana) y marchó a través de las puertas de Tûgore. Todo en derredor era una masacre de proporciones impensadas: ya los Yaotli habían logrado penetrar en la ciudad muy poco antes, arrasando con las defensas.
Allpa’huátl avanzó rápidamente hacia el Sûtagûn. Allí se habían refugiado los últimos fieles a Lôr Tûran, pero no era éste de una fortaleza comparable a la de las murallas de la ciudad: los arqueros y los ballesteros marllajtay muy pronto hicieron retroceder a las tímidas defensas del palacio, y ya procuraban abatir las puertas.
Entonces fue que se oyeron gritos de batalla al otro lado del palacio del tirano: ¡Lôr Tûran escapaba por una puerta lateral!
Allpa’huátl corrió con otros veinte lanceros hasta allí donde una pequeña compañía de caballeros Tûgorianos aplastaba a la débil fuerza de a pie Marllajtay. A la cabeza, Lôr Tûran se complacía en rebanar cabezas más nobles que todo lo que él pudiera jamás soñar.
El Khútic no dejaría que el tirano escapase: instruyó rápidamente a sus lanceros para que utilizaran sus armas como picas y avanzó contra la compañía de caballeros, desafiando al tirano a grandes voces.
Lôr Tûran se volvió hacia él y rió, demente. Con una seña, mandó a sus caballeros abalanzarse contra el Khútic y sus acompañantes.
No todas las picas sirvieron. Y los caballeros eran más: la línea Marllajtay fue barrida.
Pero antes de que los jinetes virasen sus cabalgaduras para acabar con el Khútic y los suyos, Allpa’huátl tomó su lanza en la diestra y avanzó cinco pasos certeros en dirección del Rey de Tûgore:
-¡Zôr-Khôndor! –gritó al arrojar la lanza… y el tirano Lôr Tûran cayó de su cabalgadura, herido de muerte.
Luego fue el silencio.
Primero, los Tûgorianos de a caballo, que se habían rendido al ver caer a su Rey, y al notar el Sûtagûn tomado por las llamas.
Pero inmediatamente después, el silencio fue verdaderamente ominoso: era el silencio de la gran masacre de Tûgore.
Pero también el de la silenciosa desaparición Yaotli de Tlay’iltic: tan sigilosamente como habían llegado, ya se habían devuelto a las sombras.
Allpa’huátl cayó, desmayado: al despertar sí que hubiera creído cuando le dijeran que tenía un brazo desecho y dos costillas fracturadas. Pero, antes de hacerle caso al Yatirï’ampï, seguramente bebería del Itzyulic de la gloria, a un solo grito con su gente:
-Yh! Ña Marllajtay!
[Editado por seregruin el 13-04-2008 13:02]
Resumen de la batalla:
Marllajtay ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.
Recuperables: 504 puntos.
Valoraciones: 6,8+8,8+7,5+7+7= 7,42
Recupera: 374 puntos. Los dirigentes han sufrido daños, por ese concepto recupera 88 puntos. Total recuperación: 462 puntos.
Pierde: 168 puntos. Por el retraso en la publicación de las historias este clan recibe una penalización de 5 armadas.
Total pérdida: 343 puntos.
Por el saqueo de la ciudad este clan se otorgan 300 monedas.
Por la victoria en la batalla se otorgan 600 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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