"Primer día en Ninkwitil."
Desde mi llegada a la ciudad, he podido observar toda clase de acciónes por parte de los rebeldes. Ha habido discursos públicos enervando a la gente, han quemado casas pertenecientes a los soldados y han herido incluso a sus propios hombres para dejarnos claro que no quieren que sigamos aquí. El pueblo se ha levantado, y nosotros no nos vamos a quedar sentados.
Comprendo su causa, pero yo tengo que defender la mía.
Unos gritos en la calle interrumpieron las palabras que Evendim dibujaba sobre el papel. Esta miró hacia la ventana con el ceño fruncido. Dejó caer la pluma sobre el libro y unas gotas de tinta se esparcieron lentamente por el papel amarillento. A través del cristal, la joven contempló con tremendo horror cómo unos aldeanos vestidos con armaduras y armados con fuertes espadas cargaban contra los soldados que protegían la torre. Estos se defendían con coraje, pero algunos iban cayendo ante la multitud de atacantes. Evendim corrió a la parte de atrás de su habitación y se atavió con su armadura de cuero negra. A su espalda colgó el arco, sus dagas en la cadera y su espada larga en la mano derecha. Bajó corriendo las escaleras y salió al patio gritándo y blandiendo su espada contra todo enemigo.
-¡Dama Evendim! ¡Regresad al interior de la torre! ¡Aquí no estáis segura!- le gritó uno de los templarios de Morr.
-¡No he venido a la ciudad para estar encerrada en una torre!
Los templarios blandieron sus espadas contra aquellos que osaban desafiarles y la multitud que antes atacaba la torre había quedado dispersada por el suelo.
-¿Quienes eran?-preguntó la joven respirando entrecortado mientras limpiaba su espada.
-Solo milicia de la rebelión mi señora.
-¿Solo milicia?- preguntó ella sorprendida.
Un joven llegó corriendo al lugar de los hechos y cogió aire.
-Mi señora, los rebeldes han juntado un ejército al sur de la ciudad. Están avanzando hacia aquí. Son numerosos y tienen armas fuertes.
-¿Tu quien eres, joven, y cual es tu oficio?- le preguntó ella mirándole extrañada.
-Mi nombre es Shaomald, hijo de Staored. Cultivo la tierra.
-¿Eres aldeano? Eso indica que no todo el pueblo está a favor de la rebelión.
-Desde luego que no mi señora. Solo queremos la paz, nos la ofrezca quien nos la ofrezca.
-Shaomal, hijo de Staored, tendréis la paz... gane quien gane hoy aquí. Vete.- Evendim miró a su alrededor y gritó fuertemente.-¡Replegaos Templarios! ¡Todos a las puertas! ¡Reunid al ejército! ¡La guerra ha sido declarada!- gritó Evendim señalando con la espada hacia el este.
Los enanos acudieron rápidamente a las filas. Los elfos se situaron en la retaguardia con los arcos preparados. Una fila de Templarios se situaron al frente con largos escudos que ocultaban a los enanos. Estos esperaban con picas tras los escudos para sorprender al enemigo.
La caballería se situaba a los flancos.
En poco tiempo, un ejército que igualaba en número al de los templarios hizo su aparición en las colinas que llevaban al portón. Allí esperaban valerosos hombres, enanos y elfos.
Evendim avanzó al frente de las filas.
-¡Todos preparados! ¡Formación uno cuando estén a veinte pies! ¡Formación dos cuando sus soldados hayan caído! ¡Formación tres a mi orden! ¡Adelante soldados, luchaz por la paz que habéis establecido!
La infantería enemiga avanzó hacia ellos corriendo todo lo que sus pies podían. Llevaban las armas en alto en señal de ataque. El ejército que los Templarios encabezaban no movía ni una pestaña. Parecían estatuas en el campo de juego.
Cuando los soldados estuvieron a veinte pies, los hombres con escudos dieron dos pasos hacia atrás y los enanos tres hacia delante. Las picas quedaron al descubierto y ensartaron a aquellos que no pudieron frenar. Los elfos dispararon entonces aunque su efecto fue muy pequeño.
-¡Formación tres, adelante!- gritó ella desgarrando su garganta.
La caballería avanzó bordeando a la infantería enemiga y se cerró en un círculo que cada vez se cerró más y más acabando con el enemigo.
Los enanos sonrieron orgullosos. Evendim les miró de reojo y conservó la seriedad... había algo más. Aquello no podía ser todo.
No se equivocaba.
Antes de que los templarios pudiesen regresar a las filas una lluvia de flechas cayó sobre ellos. Salían de todos lados: Azoteas, muros y patios. Muchos cayeron entonces, asediados por el dolor y la oscuridad. Una poderosa caballería apareció entonces barriendo las filas de enanos. Ni elfos ni hombres pudieron luchar con victoria entonces, aunque si lo hicieran con honor.
Evendim dejó de blandir su espada cuando vio que sus compañeros caían por doquier. Sus ojos se llenaron entonces de lágrimas al ver el sufrimiento que la rodeaba. Compañeros tirados en el suelo, llenos de cortes y flechas... que ya nunca se levantarían mas. Limpió sus lágrimas y usó su últimas gotas de fuerza para etonar las siguientes palabras:
-¡Replegáos soldados! ¡Salid de la ciudad!
Las tropas de Nóre Rá Rilmalotsë salieron al arrastre hacia el bosque buscando la salvación. La rebelión había vencido.
Evendim se tiró en la hierba dolorida. Tenía cortes y sangraba como sus compañeros, pero en su mente solo residía el dolor de la pérdida de aquellos que la habían rodeado.
-Lo siento... lo siento.- decía en un susurro.
Un enano cercano la escuchó y le habló.
-Así debía ser mi señora... ellos querían otra clase de libertad... y lucharon por ella como nosotros hubiésemos hecho.
"Fin"
[Editado por Galath_Undome el 07-04-2008 22:38]