Fin Guerra: Maianor deja de Atacar
Armadas perdidas por "Maianor" = 31
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 19
Victoria para Narwä. Mantiene el dominio sobre la ciudad.

Fin Guerra: Maianor deja de Atacar
Armadas perdidas por "Maianor" = 31
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 19
Victoria para Narwä. Mantiene el dominio sobre la ciudad.
¿Qué cómo ocurrió?-preguntó la elfa en silencio.-Bueno, pues el principio ya lo conoces, hermana, sólo he de contarte el final.
Hisiê permanecía sentada en la fría sala de piedra envuelta en sombras mientras mantenía una conversación con Elesinyê en la distancia. La elfa se llevó una mano al hombro y recordó de nuevo el impacto de la maza sobre él, el lacerante dolor volvió a ella sin que pudiera reprimir un quedo gemido.
-"Noto tu dolor, hermana. Ahora debes recuperarte. Hemos avanzado mucho aquí desde que te marchaste hacia Nirent. Hemos hecho importantes avances..."
... ...
¿Cúanto había transcurrido?¿Un día...dos?...parecía que hubiera pasado ya una eternidad desde que el mensajero llegara al campamento una hora después de que Elion y Annael partieran de nuevo hacia Osto Ohtalôsse para enviar los mensajes pertinentes de que debíamos partir hacia el Este. Las noticias no eran nada esperanzadoras, uno de nosotros debía marchar hacia Nirent en carácter de urgencia pues las últimas noticias llegadas desde la ciudad que ahora nos pertenecía eran que una importante revuelta estaba a punto de tener lugar.
Elesinyê me dirigió una contundente mirada mientras atentos oíamos lo que el mensajero nos tenía que decir. No hacía falta nada más, debía ser yo quien intentara poner fin a la revelión. Mi hermana estaba demasiado involucrada en la misión en que estábamos envueltos...no sólo por el peligro de que la amenaza llegara a nuestro pueblo, los demás motivos me los guardaba.
-Iré yo- dije entonces-anuncia a Engrel que me personaré allí en cuanto esté preparada. Me haré con algunas provisiones y mi armadura. Después partiré hacia Nirent de inmediato.
-Espera-cortó Elesinyê- alguno de nosotros debería acompañarte. ¿Algún voluntario?
Todos se sentían reacios a abandonar la misión, el descontento se leía en sus caras.
-Yo la acompañaré-dijo Erjândako dando un paso al frente-de todas formas, las arañas tampoco son unos de mis insectos favoritos...
La ciudad era un caos...un hervidero de gente que corría desesperada de un lado a otro, unos simplemente corrían intentando ponerse a cubierto, otros iban armados con palos, cuchillos, y toda arma de la que se habían podido proveer.
Cuando Hisiê y Erjândako llegaron a Nirent la revuelta ya había comenzado. El desconcierto se adueñó de ellos; por suerte el ejército ocupante, perteneciente a Narwä Hilyatâri, estaba preparado para cualquier eventualidad. Pero eran muchos los descontentos con la ocupación forzosa de la ciudad, una gente acostumbrada a vivir libre viéndose ahora en primer lugar atacados, y finalmente bajo el yugo de unos desconocidos que supuestamente velarían por su seguridad...unos extraños que practicaban aún más extraños rituales con los espíritus y que vestían armaduras tintadas con sangre...eso era más de lo que podían soportar los habitantes de Nirent. En consecuencia, los primeros disturbios comenzaron a tener lugar a los pocos días de la ocupación, dando paso a la encarnizada batalla que ahora tenía lugar.
El pálido rostro de la elfa se tornó rojo antre el fragor de la batalla, los gritos y la sangre todo lo envolvían. De todos era conocido su coraje en el campo de batalla, era fría y despiadada, y aunque era joven aún al lado de muchos de los soldados que allí se encontraban ya había participado en más de una lid ganándose el respeto de éstos. Pronto había abandonado Hisiê las armas al igual que su hermana para convertirse en Khôtser, pero nada podía sustituir la adrenalina que fluía por sus venas mientras sesgaba cabezas, brazos y cualquier extremidad que se le pusiera por delante.
Erjândako se situó a su lado blandiendo a Gâjâ, su espada. Nada hacía parecer que el elfo, de aspecto más bien débil, pudiera manejar la espada como lo hacía. Su oscura cabellera se mecía tras sus hombros con cada estocada proporcionándole una gracia innata en cada movimiento. Hisiê había olvidado que se encontraba al lado de un experimentado guerrero, al fin y al cabo había superado el Narwänolme...al igual que ella.
-¡Soldado!-gritó Hisiê a un militar que se encontraba justo delante de ella.-¿Dónde está tu superior?¿Quién está al mando?
-El Arken Thirân mi Señora.-dijo el elfo gritando por sobre el entrechocar de las espadas- Se encuentra en el interior de la antigua casa del gobernante, es allí donde debéis ir.
Luego de darle las indicaciones el soldado se giró y blandiendo su espada cercenó el brazo de uno de los atacantes que se les había acercado mientras hablaban. Hisiê y Erjândako dirigieron sus pasos hacia allí.
Los miembros del "ejército" enemigo formado por los ciudadadanos de Nirent corrían por la plaza con descontrol, no había quién les guiara, simplemente luchaban con la fiereza que se le confiere a quienes se le arrebata su libertad con cualquier arma improvisada, golpeaban con palos, rajaban con cuchillos de cocina, y aplastaban cabezas con martillos de herrería. Para su desgracia, no con la misma capacidad que la del ejercito Nurulantar.
Era desolador ver cómo caían como moscas bajo las espadas de Narwä, el empedrado se llenaba poco a poco de los cuerpos de los enardecidos ciudadanos que, al fin y al cabo su único delito había sido luchar por lo que ellos creían justo...algo por lo que los Nurulantar lucharían con despiadada fiereza, su libertad.
[Editado por mithril_ el 13-04-2008 18:33]
-Maldito...-Hisiê calló de bruces al suelo tras recibir el golpe. Otro golpe más impactó en su hombro haciéndola caer de lleno al empedrado.
... ...
De camino hacia la casa donde se encontraba Thirân se vieron rodeados de repente por una muchedumbre furiosa. Una docena de aldeanos les rodeaban mientras Hisiê y Erjândako se preparaban para la defensa.
Erjândako empuñó a Gâjâ y antes de que el primero se le echara encima emprendió él el ataque. De un salto derribó a su oponente y dando una vuelta de 180º sobre sí mismo clavó la hoja en su vientre. El siguiente se lo pensó dos veces antes de atacar, pero haciendo acopio de valor lanzó un grito desgarrador y corrió hacia el elfo. Éste lo esquivó y mientras pasaba por su lado le propinó un codazo en las costillas dejándolo sin respiración. Volvió a girar sobre sus talones y clavó la espada en el costado de aquel pobre desgraciado.
Hisiê esperaba el primer ataque. Al ver los demás atacantes la suerte que corría todo aquel que osaba acercarse a Erjândako dudaban si intentarlo con la elfa que los esperaba ansiosa mientras blandía sus dagas una en cada mano.
-Venid-susurró Hisiê- venid a por mi si os atrevéis.
Un destello rojo brilló en los ojos normalmente desapasionados de la elfa. Cansada de esperar se lanzó a por el primero. Con un movimiento certero de su muñeca derecha cercenó el cuello de éste. El segundo tuvo aún menos tiempo para reaccionar, antes de que pudiera darse cuenta tenía a Anka clavada en la yugular.
De repente algo le golpeó por la espalda haciéndole caer de bruces al suelo.
-Maldito...
Otro fuerte golpe impactó en el hombro de la elfa dejándole tendida boca abajo sobre suelo. El dolor era insoportable, seguramente el hombro estaría roto en varias partes. Hisiê no lo dudó un instante, y cuando notó que su oponente se situaba justo encima de ella para terminar con su acto la elfa giró y entrelazó sus piernas con las de su enemigo obligándolo a caer encima de ella. Kwâra, que era sujetada por el brazo que aún le quedaba sano se clavó en la barriga de aquel pobre miserable.
Erjândako ayudó a la elfa a incorporarse.
-Vamos, debemos buscar al Arken.
Varios metros a su derecha vio a varios elfos luchando encarnecidamente. Entre ellos, un gran elfo de melena negra y de una altura descomunal. Sólo verle de lejos ya imponía sin necesidad de verlo luchar.
-Busco al Arken al mando. ¿Quién es Thirân?-gritó Hisiê por encima del ensordecedor ruido.
-Soy yo-contestó aquel descomunal elfo.-Os reconozco, sois la Khôtser Hisiê Menelion-dijo tras terminar con el aldeano con el que peleaba.-Me avisaron de que enviarían a alguien para intentar sofocar la revuelta.
-Te pediría que me informaras de la situación, pero la situación ya se ha dado a conocer y el hombro me duele demasiado en estos momentos para escuchar ninguna respuesta.
-Veo que le han herido. Vayamos adentro, allí uno de los sanadores le curará.
El elfo era imponente, pero de una gracia y unos modales exquisitos. Nadie podría imaginar que se tratara de un Señor de la Guerra.
Entraron en el edificio donde los sanadores hacían lo posible y lo imposible por curar las heridas de los soldados que allí se encontraban; Hisiê pudo ver, por fortuna, que no eran demasiados.
-Veo que esta batalla ya está ganada-comentó la elfa.-Éstos pobres no saben el error que han cometido al oponernos resistencia.
-Así es mi Señora, pero no era ésto lo que queríamos...si nos hubieran escuchado, si nos hubieran permitido hacer...-el elfo calló, e Hisiê pudo distinguir la amargura en su voz.
Thirân era un gran guerrero, unos años mayor que Hisiê y de sobra era conocido por todos su valor en la batalla, habiendo ganado grandes honores durante la Dagor Stinthar.
Hisiê había oído hablar de él, pero al dejar tan joven el ejército no llegó a tener mucha relación con sus soldados.
Un sanador curó la herida de la elfa y la vendó con cuidado. Poco a poco el dolor iba remitiendo aunque no desaparecía del todo, gracias al ungüento que éste le había proporcionado.
Después de que Thirân pusiera al día a Hisiê y a Erjândako decidieron que lo mejor era volver a salir y poner fin al asunto.
Casi no habían salido del edificio cuando de repente una flecha cruzó el aire veloz justo a su lado, un ahogado gemido sonó justo detrás de ella. Hisiê se giró y vió el rostro contraído de Thirân, un hilo de sangre salía de su boca. Miró unos centímetros más abajo y comprobó que la desafortunada saeta había atravesado el crazón del elfo.
-¡Rápido!-gritó Hisiê a uno de los soldados mientras se apresuraba a sujetar a Thirân antes de que cayera al suelo-acabad con la revuelta. Búscame al que ha hecho ésto, la flecha venía de allí-dijo señalando a una de las torres- ¡Acabad con ese bastardo!
Le ayudó a sentarse, sintió cómo la vida del elfo se escapaba lentamente, pudo percibir el espíritu de éste mientras poco a poco abandonaba el cuerpo de su dueño.
-Tranquilo, ahora vendrá uno de los sacerdotes a ayudarte a iniciar tu último viaje...-le susurró Hisiê al desfallecido.
Thirân asintió despacio y una leve sonrisa salió a la luz. Tosió y otro reguero de sangre emanó de su boca.
-Ésto es lo que todos queremos...el mayor honor-dijo entre toses-así debía de ser.-y tras decir las últimas palabras se escapó su último aliento.
Hisiê cerró los ojos del elfo con su mano. Luego recitó una oración.
“Las hojas caen, los días se enfrían.
La Diosa tira su manto de luz, alrededor de ella,
Mientras tú navegas hacia el Oeste,
A las tierras del descanso eterno,
Envuelto en la frescura de la noche.
Vientos fríos soplan desde el Norte gimiente.
En esta aparente extinción del poder de la naturaleza,
Oh hermano, sé que la vida continúa,
Porque la primera es imposible sin la segunda.
Al igual que la vida es imposible sin la muerte
Bendiciones sobre ti, Oh Guerrero caído, mientras viajas
A la tierra del Narwä y a los amorosos brazos de Innana”
-Ve en paz amigo-dijo entonces Erjândako que se encontraba inclinado a su lado-que la gloria de Thyr sea contigo, nos veremos algún día sobre los verdes prados.
Poco a poco los gritos fueron cediendo dando paso a un silencio desolador. Las espadas lentamente se fueron deteniendo, hasta que el silencio se convirtió en un amigo asfixiante.
-Mi Señora...-dijo un soldado- parece que ya todo ha terminado. Hemos ganado esta batalla.-en la voz del elfo había alegría, pero dolor al mismo tiempo por la pérdida de su Arken, y su amigo.
-Sí, hemos ganado la batalla, pero a qué precio soldado...a qué precio...
[Editado por mithril_ el 14-04-2008 18:33]
Resumen de la batalla:
Narwa ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.
Recuperables: 532 puntos.
Valoraciones: 7,4+7,9+8,8= 8,03
Recupera: 427 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 140 puntos. Total recuperación: 532 puntos.
Pierde: 133 puntos.
Por la participación en la batalla obtiene 600 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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