La Guerra de los Clanes

Batalla 17. Intento De Saqueo De Naraharaz Por La C4 De Al'Varant

Terminada
Escrito el 11-04-2008 22:39 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Al´Varant" = 14

Armadas perdidas por "Maianor" = 26

Victoria para Al'Varant. Se produce el saqueo de Naraharaz.

Escrito el 15-04-2008 23:16 #2

El amanecer no era bienvenido para cierto pequeño personaje. Elaren, el enano, no encontraba paz en aquel lugar lúgubre. ¿Cómo podían amar aquellas gentes extrañas al desierto? Hacía muchísimo calor, la arena (y Elaren misma) se hundía ante sus pasos, y el sudor de su rostro recorría su barba y le producía una incomodísima sensación. Pero, ¡la noche! No sabía qué era peor. Durante la noche el frío era insoportable, y los solitarios aullidos de los animales de caza, terroríficos. Pero encontraba cierto consuelo en las estrellas, que eran hermosas de ver, pues el cielo estaba siempre despejado; y en las rocas. Mientras los demás charlaban, cantaban o bromeaban, Elaren dedicaba su tiempo a observar con mirada crítica las rocas que la rodeaban. Pues el desierto no está hecho sólo de arena. Con aquellas piedras ella podría tallar cosas hermosas. Los varantes eran buenos ingenieros y constructores, y auténticos maestros en su campo, que era el desierto; pero Elaren podría introducir algunas mejoras importantes.

Al menos, así lo había pensado la Balzac que tomó a Elaren bajo su protección. Sus primeros trabajos habían sido sencillos, y ella estaba satisfecha.

Y allí estaba, marchando con un ejército — ¡un ejército! — en pos de la conquista de un lugar del que ni siquiera había oído hablar. Narävhor, decían. Una antigua provincia de su Imperio, parecía ser. Ya habían visitado algunas ruinas y parajes diversos. La gente volvía a habitar de nuevo sus antiguas poblaciones, y en algunas saludaron con júbilo al ejército varante. En otras, sin embargo, los miraron con el ceño fruncido y desconfianza. Elaren se sintió bastante insegura entonces. Había forjado un hacha pequeña para el viaje por si había algún percance, pero esperaba no tener que usarlo. Como enana, tenía una gran fuerza y tenacidad, pero no era un guerrero. Era una tarea relegada a los enanos varones. Ella no entraría en combate, y se alegraba. Que se pelearan los Hombres entre ellos. Por su parte, no se uniría a una causa extraña por las vidas de gente que ni siquiera era de su propia raza. Pero podía hacer algunas cosas para ayudar.

Así fue que se enroló en la Dûrmana Narävhant, esto es, la Compañía Itinerante de Narävhor. Su título era meramente honorífico —actualmente el Senado varante no controlaba la antigua provincia—, pero pretendía convertirse en algo más. ¿Qué compañía tenía más derecho que la Narävhant en llevar a cabo la conquista de aquella región. Antaño había formado parte del núcleo neurálgico del Imperio varante, una provincia tan rica y desarrollada como la de la propia Varendia. Se encontraba localizaba entre dos caudalosos ríos, y eso era una notable ventaja. La producción agrícola de Narävhor era la mayor y más importante de todo Varantar.

El ejército marchaba con presteza hacia la nueva Etzenselon, recientemente conquistada por los antiguos señores de la región —antes de que los habitantes de Narävhor pactaran su anexión al Imperio—. Mientras tanto, la enana se dedicaba a mejorar las pésimas armas —según su ojo experto— que los varantes poseían y aplicar algunos inventos en sus armaduras. Los varantes parecían realmente contentos con su compañía. No sólo eran respetuosos con ella, sino que la trataban con manifiesta simpatía.

La Dûrmana acampó frente a la ciudad de Naraharaz. Elaren la vislumbró desde la distancia y pudo percatarse de su magnitud: no era tan grande ni tan hermosa como Varendia, pero en efecto era la población más populosa que había visitado desde su integración en el extraño mundo de los humanos.

Ella suspiró. Era costumbre parlamentar siempre, antes de que se iniciara el combate. Pero la mayoría de las veces se había convertido, también, en un puro trámite. El banquete de sangre estaba ya garantizado. Los generales, entre los que estaba Urham, uno de los más conocidos y respetados de entre los caudillos varantes, se retiraron a su campamento. La enana se rascó la barba. Los Hombres hacían cosas muy extrañas.

Escrito el 16-04-2008 00:56 #3

Seguía sin acostumbrase a las actitudes de la gente grande, alzó los hombros indiferente, ¿qué podía hacer, después de todo?, dio media vuelta y se alejó de las tiendas principales. Su camino la llevó de regreso a la herrería improvisada, allí unos cuantos hombres arreglaban o afilaban los metales, que serían valiosísimos a la hora de pelear. Elaren se unió al trabajo y al rato se olvidó de lo que ocurría a su alrededor.

Una vez hacía tiempo, la Balzac le había dicho que no podía aislarse de los demás, que aquella costumbre suya de olvidarse de los otros, tenía que desaparecer. “si te caes, un hombre te ayudará, si él cae tú debes hacer lo mismo”. La enana bufó, la voz de Duliah Samiya, era la voz de su conciencia.

-¡Hey! Enano-Elaren volteó y se encontró con un alvharen (un tirador ligero)- ¿Puedes ayudarme?, es mi cimitarra.

-¿Dónde está?- contestó de mal humor; los hombres le sorprendían cada vez más.

El soldador le indicó que la siguiera, la enana tomó su pequeña hacha y el martillo, por si llegaba a necesitarlo. Caminó detrás del susodicho.

A lo lejos, ya se escuchaba el fragor de la batalla, no tenía mucho de haber iniciado y desde ahí, ya podía notar que la ventaja era para la Dûrmana Narävhant. La defensa de la ciudad se instalaba en sus murallas, que ya para ese momento, eran invadidas por los alturenae, que subía con escaleras bien instaladas en la pared.

Sin embargo, la fuerza defensiva tenía un pequeño batallón en las afueras de Naraharaz, que luchaba con fiereza y destreza contra los alshurenae, que ya no usaban el arco, sino sus cimitarras, cerca de ahí los Jinetes del Norte, esperaban la señal de Urham para entrar en batalla.

Frunció el seño, el ruido provocado por las armas, era cada vez más cercano, ¡pero qué tonta!, estaba tan concentrada mirando lo que pasaba, que no se había dado cuenta que sus pies la guiaban directo a la batalla. Reaccionó y alzó la mirada, se encontró con los caballos de La Orden de Adrhant, que estaban intranquilos, sus jinetes, vestidos de azul y con tres plumas en el pecho, no se percataron de su presencia. Entonces optó por caminar rápido, si ellos se movían, seguro que la aplastaban viva.

Se alejó de ellos lo más pronto que pudo y se adentró entre las fuerzas de los tiradores ligeros, ahí debía encontrar al soldado que estaba buscando.

De repente se escuchó una trompeta y todos se movilizaron hacia al frente. Presa del pánico, trató de ir hacia atrás, pero los soldados la empujaron y la obligaron a ir hacia delante. Elaren tomó el hacha y se aferró a ella cuanto pudo; nunca en la vida había estado en una situación así y realmente se arrepentía de haber seguido a la compañía en aquella campaña de guerra.

Cuando se dio el choque con el enemigo, todo se convirtió en un caos para ella, no veía nada, los hombres peleaban con una agilidad que le sorprendía, las flechas volaban por encima de las cabezas de la gente grande y el choque de las armas le rozaba los ojos y el pecho.

La enana tuvo que moverse como pudo entre los hombres, no quería estar ahí, así que trató de pasar inadvertida entre todos los presentes (incluidos los compatriotas).

Cosa que funcionó solamente al principio, los primeros en verla fueron los nurenae restantes, uno de ellos trató de guiarla lejos, pero se movía demasiado rápido y Elaren no pudo seguirlo.

Los segundos fueron los enemigos, uno de ellos la miró extrañado y le gritó a un compañero suyo, ella sintió terror cuando los vio venir, agarró el martillo y se lo aventó a uno de ellos. Tenía buena puntería, pues la herramienta fue a dar a la cabeza del atacante, éste cayó de bruces y se quedo quieto, el otro miró a la enana y una furia le inundó los ojos, sacó un cuchillo y se lo lanzó al pecho, Elaren alcanzó a moverse y el arma le rozó el hombro, un hilillo de sangre se vislumbró entre la ropa. Presa de la adrenalina, la enana se movió con el hacha entre las manos y se dispuso a luchar (como fuera) con el atacante.

Sólo supo que su hacha impactó varias veces en el escudo de aquél y que la shamar de él la hirió varias veces en el pecho y en el hombro. Pero estaba agotada, el hombre la empujó con el pie y ella cayó de bruces, iba a morir, aquello era el final…

[Editado por tari el 16-04-2008 01:18]

Escrito el 16-04-2008 02:04 #4

Mas no lo fue. Un hombre anónimo corrió hacia ella y enfrentó con valentía a los soldados que combatían con la enana. Elaren suspiró, más tranquila, y contempló anonadada cómo su compañero atravesaba con su cimitarra a uno de los atacantes y cortaba el cuello del restante. Era todo un guerrero, de ello no cabía duda.

Elaren se levantó y se limpió el polvo, algo más tranquila aunque con su hacha firmemente aferrada. Aquella zona particular estaba más libre de combatientes y pudo tener unos instantes para pensar, aunque finalmente no pudo hacerlo. El soldado la tomó de la mano y pretendió llevarla fuera de peligro. Era una pieza valiosa del ejército, todos lo sabían, y no podían permitirse perderla.

-¿Por qué razón viniste aquí? -preguntó, enfurecido, el soldado (un veterano alvharen, jadeante y ceñudo) -. No sabes combatir, y tu lugar está en la retaguardia.

- ¡Sí sé luchar! -exclamó repentinamente Elaren, y el alvharen se detuvo. La enana estaba ahora enfadada, y su orgullo de Enano retornó a ella con fiereza—. Podría haberlos matado con facilidad, ¡tú sólo me ahorraste la tarea!—exclamó, convencida de sus propias palabras. Entonces aferró la espada de un combatiente caído y se la arrojó con violencia a uno de los defensores de Naraharaz, que cayó fulminado con un aullido de dolor. Elaren sonrió de una forma macabra.

- Está bien, está bien -concedió el alvharen con una sonrisa, inclinándose ante la enana en señal de respeto-. ¡Tienes espíritu de guerrero, lo admito! Pero este no es lugar para un Enano. Las batallas de los Hombres han de disputarse entre Hombres.

A su alrededor, la contienda se resolvía a favor de los varantes. Los defensores de la ciudad retrocedían palmo a palmo, aun combatiendo con valerosa tenacidad, y los varantes comenzaron a ocupar los lugares clave. La muralla había caído ya frente al empuje de la infantería varante; la puerta hacía ya tiempo que estaba controlada por los varantes y la Caballería Catafracta cabalgaba ahora al interior del recinto, preparada para barrer a los pocos que quedaran defendiendo las calles.

Mientras avanzaban lejos de la contienda, Elaren descubrió que su defensor era el soldado que anteriormente le había pedido ayuda para su cimitarra. Avanzó más rápido y se puso a la par.

-Las batallas son de Hombres y la herrería de Enanos-le dijo ella, el alvharen volteó y le sonrió-la próxima vez…

No terminó la frase, porque una flecha impacto en el hombro del guerrero, que cayó de rodillas en el piso, Ella volteó y vio al atacante no muy lejos de ahí, iba a lanzar el hacha, cuando un guardián de los muertos le mató de un tajo.

-Ayúdalo-le gritó desde lejos- Llévalo al pabellón de los Sune-nuth (médicos)-la enana se quedo quieta-¡Qué esperas!

Elaren reaccionó y trató de levantar al hombre, éste apoyó sus manos en su espalda y se puso en pie. Avanzaron lo más rápido posible y llegaron al campamento cuando la batalla había finalizado. Ya se oía el bullicio de la victoria y a lo lejos, la enana alcanzó a distinguir los estandartes de Al’Varant en las murallas de Naraharaz.

Un Sune-nuth se acercó rápidamente a ella y le ayudó a llevar al alvharen a una camilla, al llegar, los demás médicos le rodearon y le alejaron de ahí. Una de ellos, le indicó que se sentará para revisarle las heridas del pecho y los brazos, cosa que hizo de mal humor, la mujer sonrió, sí, ése era el enano de siempre.

[…]

Las estrellas ya brillaban en lo alto cuando despertó, la tenue luz de la lámpara de aceite iluminaba levemente la pequeña tienda. Movió su pie izquierdo y sintió sorprendido su cimitarra, se levantó con cuidado y la vio ahí, perfectamente pulida y sin daño alguno. Al voltear a la derecha se encontró con la mirada de cierto enano gruñón.

-La próxima vez, no lleves tarde tu cimitarra a la herrería- le dijo ella, él asintió en señal de gracias y tomó su arma con cuidado- Sólo le falta algo, es costumbre poner el nombre del propietario en el puño o ¿no?

-Vhasdar, me llamo Vhasdar Al Tenur- contestó el alvharen. Elaren entonces alcanzó a sonreír, tomó la empuñadura y salió de ahí.

Y Vhasdar rió, porque los enanos no eran tan duros como lo parecían.

[Editado por tari el 16-04-2008 02:05]

Escrito el 19-04-2008 05:03 #5

Al'Varant ha perdido 14 armadas x35= 490 puntos.

Recuperables: 392 puntos.

Valoraciones: 7.9+ 7.8+ 7.2+ 7.8+ 8.2 = 7.78

Recupera: 381 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 105 puntos. Total recuperación: 392 puntos.

Pierde: 98 puntos.

Por el saqueo de Naraharaz obtienen 500 monedas. Por la victoria en la batalla obtienen 450 monedas.

Por la batalla los dirigentes de la compañía obtienen 260 Nóti.

Por la historia de la batalla, los escritores de las mismas se reparten 84 Nóti.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.