La Guerra de los Clanes

Historia Monedas Marllajtay. Historia De Dos Pueblos Hermanos. Parte II: Preludio De Un Conflicto

Terminada
Escrito el 12-04-2008 21:26 #1

Se presentaba un día gris en las tierras de los Hombres del Mar. Llegué a los muelles con Gwyllion, pero pronto nos separamos cuando el general Númenóreano marchó para ultimar los preparativos para la partida. Gwyllion iba de aquí para allá, distribuyendo las provisiones entre las naves, indicando a los hombres que iban llegando la embarcación que les había sido asignada y presentando los permisos y documentación necesaria a los guardias de los puestos portuarios. Mientras tanto, yo tomaba unas pintas en la tasca del muelle junto con algunos miembros de la tripulación del barco en que viajaría con Gwyllion. Todos estaban visiblemente alterados ante la perspectiva de un viaje tan largo y peligroso hasta los confines de Arda. Una voz grave se escuchó por encima de la conversación.

- ¡Morlyg! Acércate un momento, ¿quieres?

Gwyllion se encontraba con otro hombre, de largos cabellos grisáceos, no tan alto y corpulento como Gwyllion, y a juzgar por su edad y su atuendo no parecía ser un soldado. Tampoco parecía ser un diplomático. Me levanté de la mesa y fui hacia ellos.

- Te presento a Vithore Mallion, es historiador y actualmente está trabajando en la historia Marllajtay y de otros pueblos de Rómenor. Vithore, éste es Morlyg, un amigo mío, terriblemente interesado en el pueblo de Híssuë.

- Un placer. – Saludé, esbozando una leve inclinación. Mallion estaba elaborando un tratado sobre la cultura Marllajtay y el mismo Señor de Númenor había accedido a financiarle la estancia en Rómenor, con tal de que pudiera estudiar su sociedad desde su interior. Resulta curioso ese notable interés que muestra el rey Tar Minastir hacia los asuntos de Híssuë.

Para mí fue una grata sorpresa la presencia de ese gran historiador en mi mismo barco, pues eso me permitiría pasar muchas horas con él y aprender más acerca de los Marllajtay. En las últimas semanas que había permanecido en Númenor antes de la partida poco más había hablado con Gwyllion sobre los Marllajtay. Tampoco encontré más información relevante en las bibliotecas de Númenor, pero durante la larga travesía hacia Híssuë podría retomar la historia común de Númenóreanos y Marllajtay; en especial quería saber más acerca del reciente conflicto entre los dos pueblos y de lo que podía encontrarme una vez allí. Así fue que me contó algunos detalles más de la época previa al conflicto, pues había tenido acceso a los informes de Nólo Rómendil así como a los de las tropas y mensajeros que regresaban de Híssuë. Supe que los Númenóreanos también instruyeron a los Marllajtay acerca de los pueblos y la historia de Occidente. Les hablaron de los Quendi y de los Valar, de Melko y de las malvadas criaturas que amenazaban o habían amenazado la Tierra Media, y además les ayudaron en la confección de una grafía propia para Híssuë, para representar de un modo apropiado el sonido de su extraña, aunque también misteriosamente familiar lengua, pues ellos no habían desarrollado una escritura propia, y los documentos escritos eran prácticamente inexistentes y se basaban en limitados símbolos pictográficos.

Pero parece ser que los conocimientos sobre la historia de Occidente no entraron con buen pie en la conciencia de los Marllajtay, en particular en los sectores más afines a la Orden Secreta, según he podido comprobar aquí. Los Marllajtay siempre han venerado a Zôr-Khôndor como a un dios, el único y su benefactor, por lo que la existencia de los Poderes en Occidente, en Valinor, les pareció a muchos ridícula y pretenciosa por parte de los Númenóreanos. No tardé mucho tiempo en advertir que Ma'rek Ýthuel, mi mentor en Híssuë y superior en los asuntos políticos en los que he trabajado estos años, pertenece a este sector, pues su actitud recelosa hacia los forasteros, Númenóreanos (e incluso yo mismo) incluidos, me resultó bastante evidente desde un principio, además de mostrarse a sí mismo como una persona muy devota en el culto conservador al Khôndor. Sospecho que su ofrecimiento para hacerse cargo de mi formación y mis labores en Híssuë, en aquella ocasión en la que fui juzgado por mi entrada ilegal en Híssuë y los altercados en casa de Laymi, fue para tenerme controlado. Esta sospecha hiere mi orgullo, así como otras actitudes de Ma’rek hacia mí, realmente no le tengo mucho aprecio a este general Marllajtay.

Al cumplir mis cuatro años de servicio como embajador con Númenor planteé estos asuntos con Jish’tátl, y ambos coincidimos en que Ma’rek tenga, muy posiblemente, tratos con la Orden Secreta, si no es que forma parte de ella. De cualquier modo decidí continuar con mis ocupaciones en Híssuë, ahora libre de sentencias, por propia voluntad, y sintiéndome en la situación de que ahora era yo, con el soporte de Jish’tátl, quien vigilaba a Ma’rek, pues ya he dicho que no le tengo mucho aprecio, y desconfío de él y de su lealtad al anterior Khútic, Khânku’tála, y al presente, Allpa’huátl, el joven sobrino de Jish’tátl.

Volviendo a las charlas con Vithore durante nuestro viaje con Gwyllion, he de decir que el trayecto que cubrimos entre Rómenna y Umbar, constituyó la fase más plácida del largo viaje que emprendimos, al contrario de lo que cabía esperar: no podríamos atracar en ningún puerto durante las dos mil millas de océano que separan las dos ciudades, mientras que el resto del viaje hasta Híssuë lo íbamos a realizar manteniéndonos cerca de la costa. Afortunadamente tuvimos días claros y vientos favorables durante casi todo el tiempo hasta atracar en Umbar. Gracias a estos plácidos días pude dedicarme a aprender más de Vithore sobre los primeros años de contacto entre los Númenóreanos y los Marllajtay. Mi interés crecía a menudo que conocía más detalles y los comparaba con la similar situación que vivían las gentes del pueblo de mi padre. Estos choques de civilizaciones pueden aportar mucho a los pueblos cultural e históricamente hablando, pero también se acentúa el siempre presiente riesgo de disputas ideológicas.

Como decía, el recelo hacia los Hombres del Occidente creció entre el pueblo Marllajtay, en parte por los conflictos religiosos que surgieron de las enseñanzas occidentales, pero también por la política colonialista, a menudo agresiva y expansionista de Númenor en cuanto a Híssuë. Así fue que en una ocasión Nólo Rómendil recibió la visita de un importante miembro de los Ñaál, una de las familias más nobles de los Marllajtay, cuyos ancestros lideraron la llegada y el establecimiento de su pueblo en esas tierras. En esa época la mayoría de sus miembros pertenecían a la Orden Secreta, y aunque respetaban y amaban a Nólo, no mostraban la misma simpatía con el resto de los de su pueblo, según apunta Jish’tátl, el cual vivió muchos años de exilio entre ellos. Pues resultó que el motivo de la visita era pedir asesoramiento Númenóreano para construir una fortaleza Marllajtay, para proteger al pueblo de los peligros que pudieran acecharles. Esta petición no sorprendió a Nólo, pues en ocasiones los Marllajtay guerreaban con los pueblos vecinos por el mantenimiento de sus fronteras e incluso conquistaban y anexaban a sus dominios a otras tribus de hombres menores, y el reciente ataque de Morcarma revelaba a los Marllajtay cómo, al mismo tiempo que crecían sus dominios y su poder en las costas de las Andië, también crecían sus enemigos. La petición fue satisfecha, y en 1438 se terminó la construcción de Yámanna, después de seis años de trabajo.

Después de la partida de Umbar quise saber más sobre los hechos recientes en Híssuë, pues los acontecimientos que me había estado relatando repercutían directamente en el presente de los Marllajtay, y lo cierto es que la situación de guerra abierta actual es una muestra de ello. Pero desafortunadamente en las siete semanas que nos llevó bordear todo el contorno de la Tierra Media no faltaron los contratiempos. Navegar cerca de la costa acortaba el trayecto y facilitaba el descanso regular y el aprovisionamiento de las naves, pero existía el riesgo de cruzarse en el camino con pueblos hostiles, piratas y otros peligros, como así fue en tres ocasiones en los mares del sur, mucho más allá de las tierras de los Haradrim, en que fuimos asaltados por piratas. También en una parada en Cadakia, cuna de un rudo pueblo de hombres en las costas orientales de la Tierra Media, fuimos asaltados en los muelles durante la noche. Ese día perdieron la vida dieciséis hombres, y partimos sin haber podido cargar las bodegas.

Durante la semana siguiente la navegación fue lenta pues no había grandes ciudades en la costa y no teníamos apenas provisiones, con lo cual debíamos atracar casi a diario y arrasar literalmente con las reservas de alimentos que los pequeños pueblos y asentamientos que nos íbamos encontrando tenían almacenados. Y esto resultaba también difícil pues, salvo en una ocasión, nadie aceptaba la moneda Númenóreana y nos veíamos obligados al intercambio de bienes materiales, a menudo personales, pues tampoco disponíamos de demasiados artículos que no nos fueran imprescindibles durante el viaje. Pero finalmente pudimos avituallarnos en Hildórien y después de bordear por el norte las Tierras Oscuras pusimos proa hacia Anwafyria, en Rómenor, y ya con provisiones suficientes para todo el trayecto y afortunadamente sin contratiempos. Fue entonces cuando retomé las conversaciones con Vithore, en las que a menudo participaba también Gwyllion, interesado en lo que pudiera descubrir acerca de los acontecimientos recientes en Híssuë para poder utilizarlos en su misión.

Los años posteriores a la construcción de la fortaleza se caracterizaron por las disputas entre el pueblo de los Marllajtay, que reflejaban los desacuerdos entre los sectores más afines a la Orden Secreta, que desconfiaban de los Númenóreanos, y los defensores de las decisiones del Zîr’ñapák, el Consejo de Ancianos, quienes confiaban en Nólo y por extensión, en los Númenóreanos, y no aprobaron la construcción de Yámanna. Estos acontecimientos perturbaron la mente de Nólo Rómendil, desilusionado por la actitud de algunos sectores Marllajtay hacia su pueblo. Así fue finalmente marchó solo a Númenor en medio de una gran celebración Marllajtay, en 1450. Allí descubrió que desde el círculo de consejeros del rey se había coordinado la colonización de Híssuë como una estrategia política, más que comercial. Su objetivo era mantener vigilada y acotada la expansión de la civilización Marllajtay de modo que nunca supusiera una amenaza para el imperio Númenóreano, que se hacía fuerte en la Tierra Media. También se percató de que el pueblo Númenóreano no tenía especial simpatía hacia los Marllajtay, en parte porque la información acerca de esos asuntos se trataba de forma discreta en la corte del rey y los círculos cerrados de sus capitanes. Esto entristeció sobremanera a Nólo, que años más tarde optó por la vía del exilio, y se instaló definitivamente en Híssuë en el año 1468.

La política interna Marllajtay resulta bastante confusa a partir de entonces, debido a la discreción con que la Orden Secreta maneja sus asuntos, y muy pocos extranjeros han tenido acceso a información sobre ello. Yo me incluyo entre los últimos, así como Vithore, a quien durante su estancia en Híssuë se le permitió estudiar los documentos secretos Marllajtay y gracias a ello pudo desarrollar una obra de incalculable valor, La Historia Social y Económica de Híssuë, que nunca salió del complejo del Apákt’chüta. Así resultó que durante los años que transcurrieron hasta la muerte de Nólo Rómendil en Híssuë, en 1518, la expansión comercial Marllajtay siguió adelante, fomentada principalmente por el Concilio, a pesar de que los conflictos internos siguieron aumentando, pues mientras la occidentalización de las familias nobles Marllajtay afines al Concilio avanzaba, el malestar de la Orden Secreta seguía creciendo, lo que llevó a la reforma de la Milicia Secreta en 1469. Los Númenóreanos poco sabían de estos acontecimientos, pero la evidencia les demostró que algo estaba cambiando en la milicia Marllajtay, pues advirtieron la mejora en las tácticas y el equipamiento militar, así como el rápido avance en la fortificación de caminos, puertos y plazas fuertes, avances todos ellos impulsados por la Orden Secreta con la colaboración de la Milicia. Pero aún así siguieron con su estrategia, fomentando el comercio, colaboraron en la mejora de algunos puertos de Híssuë para dar cabida a sus buques mercantes e introdujeron la moneda occidental entre los Marllajtay.

Esta situación dio un giro cuatro años después de la muerte de Rómendil, cuando tres buques piratas que fueron identificados como Marllajtay asaltaron a una pequeña flota mercante Númenóreana que partía de Híssuë. Nunca se llegó a asociar este ataque a una operación lanzada desde el gobierno de Híssuë, pero se estableció una situación de alerta y los Númenóreanos aumentaron la presencia militar en las fronteras con Híssuë. Esto no agradó a los Marllajtay, que se sintieron amenazados y culpados por los acontecimientos de 1522, y la tensión creció entre ambos pueblos. En ocasiones se repetían los ataques piratas contra los buques Númenóreanos y estos hechos coincidieron con un período de campañas expansivas por tierra y mar, después de la creación de una Nueva Milicia Marllajtay. También rechazaron la moneda Númenóreana que había circulado por Híssuë hasta entonces, siendo apartada y remplazada por una nueva moneda acuñada por el primer Khútic, nombrado en 1527. Estos ataques por cierto, eran poco frecuentes y en 1543 los Marllajtay pactaron una tregua con Númenor, desvinculándose de cualquier relación con los ataques.

Pero las operaciones navales Marllajtay se duplicaron a partir de entonces. Se construyeron puertos, y se reforzaron los puestos fronterizos. El segundo Khútic fue nombrado con el apoyo de la Milicia Secreta, que apoyaba la política militar de la Orden. Se generalizaron las prácticas de piratería contra los Númenóreanos, sobretodo a partir del ataque de éstos en Yámanna, ante la negativa de los Marllajtay a permitir la presencia Númenóreana en la fortaleza. El embajador Númenóreano en Híssuë (nombrado después de la deserción de Rómendil) fue retirado de allí por seguridad. Aunque los Marllajtay pensaron que habían conseguido repeler a los Númenóreanos de Yámanna, los ataques se repitieron pocos años más tarde, en cuanto llegaron las flotas de Númenor en el setenta y cinco. Finalmente, la fortaleza fue tomada en el ochenta, como me relató Gwyllion en Númenor.

Así es que llegué finalmente a Anwafirya en medio de una gran tensión entre ambos pueblos, adormilada momentáneamente desde el establecimiento de lo tregua dos años antes. Permanecí tras el mascarón de proa contemplando un nuevo horizonte. Ante mis ojos se acercaba gradualmente el contorno de las tierras de Rómenor: las altas montañas de Umbar Menor, los interminables bosques del Mistetaure a sus pies y a lo largo de la planicie hasta la línea de costa. Pero mi cabeza se encontraba en Híssuë, pues ya había tomado la decisión de partir hacia allí en cuanto me fuera posible. Tenía el presentimiento de que allí encontraría las respuestas que nadie había podido darme hasta entonces.

Escrito el 04-05-2008 11:41 #2

Los Valar otorgan 240 monedas por esta historia.

Historia finalizada.