Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 17
Armadas perdidas por "Maianor" = 33
Victoria para Narwa.
Saqueo de la ciudad.

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 17
Armadas perdidas por "Maianor" = 33
Victoria para Narwa.
Saqueo de la ciudad.
La Compañía del León hace tiempo ha dejado estas tierras. Sus huellas se han perdido entre las ardientes arenas del desierto. Ahora es la Compañía del Águila la que avanza despacio bajo el asfixiante calor, arrastrando la arena a su paso, deshaciendo el camino.
Thertan es visible en la distancia. La pequeña ciudad es para ellos un oasis de frescor. Las órdenes de Herkeblam son claras. Descansarán en Thertan aquella noche, y antes del amanecer sus pies hollarán de nuevo la arena, sin tregua ni descanso hasta atravesar las ciénagas, hasta llegar a los bosques que rodean Vanwielie.
El campamento permanece silencioso, mientras el bosque a su alrededor parece elevar sus sonidos nocturnos. Pero nada escapa al oído fino de Herkeblam, quien permanece sentado junto a la hoguera central, algo apartado de todos, concentrado en sus propios asuntos.
Pero aunque en cierta manera así fuera, no por ello podía dejar de escuchar los susurros, las voces en voz baja, que todavía buscaban explicaciones a la repentina marcha del Artakano. Una sonrisa asoma a su rostro oculto por las sombras, al escuchar alguna queja en torno a su persona. Para él también había sido algo desconcertante el haber sido designado para dirigir la compañía en ausencia de Angarato. Para otros muchos, más que desconcertante, resultaba una gran afrenta en contra de las estrictas jerarquías militares de los nurulántar.
-¿Por qué el Arken habrá elegido a ese cualquiera para comandar la compañía? Hay soldados mucho más preparados y veteranos que él-. Dice un soldados de piel arrugada que pasaba por allí sacando de sus pensamientos al nuevo comandante.
-Aún así son sus órdenes, y tendremos que acatarlas queramos o no-. Decía un segundo dejando atrás el lugar donde se encuentra Herkeblam. Aquellos comentarios no le dejaban concentrarse, todavía resonaban las contundentes palabras de Angarato.
-El Bali ha llamado al Artakano a Ohtalossê - dijo Angarato, con cierto desprecio en la voz- y el Artakano no va a excusarse de asistir. Sin embargo, esta campaña no puede abandonarse. Volveré, y espero que a mi regreso, hayas sabido dirigir mi compañía. Las ordenes ya sabes cuales son.
(…)
Entrada ya la noche, apenas se oyen pasos en el campamento, la hoguera está casi consumida y Herkeblam seguía allí sentado. <Volveré, y espero que a mi regreso, hayas sabido dirigir mi compañía… ¿Cómo quiere que dirija al ejercito si apenas tengo conocimiento para hacerlo? Quizás debería delegar en alguien esta responsabilidad…>
-Hola…-.Dice el sabio que acababa de llegar. Es el quien asesora al Arken en sus continuas campañas.
-Hola Merenwen. Oye, sabes algo de Vanwielie?
-Algo sé sobre la ciudad, si- Responde dubitativo.
-¿Podrías contarme algo sobre ella? -.
-Claro…La única forma que existe de alcanzar la ciudad es subir desde un collado situado al este de Varnaondo, el macizo que la rodea. Esta rodeada de coníferas que otorga a la ciudad una gran protección. En la ciudad conviven elfos, humanos y enanos pacíficamente y desde antaño los enanos construyeron una gran cúpula de roca que rodea la ciudad. Será difícil atacar la ciudad, Varnaondo ofrece muchas posibilidades de que nos tiendan una emboscada, habrá que llevar mucho cuidado- Dice el sabio dibujando esquemas con una rama en el arenoso terreno.
-Gracias, mañana emprenderemos el ataque. Que descanses- Se despide Herkeblam.
-Adiós-.
Eso es imposible, el Anciano hace centurias que no visita Vanwielie
No es imposible, mira la Torre del Consilium, la efigie de Norno vuelve a estar en el balcón principal.
En mitad de la noche anterior alguien había abierto las puertas de la ciudad desde fuera, una solitaria y enérgica figura cruzó la Gran Avenida y entró en la Torre del Consilium. En pocos minutos, nueve figuras vestidas con las hermosas túnicas de gala cruzaron la ciudad en dirección de la misma torre.
Transcurrieron varias horas sin que nadie entrara o saliera de la torre, el único cambio visible fue la aparición de la antigua estatua del protector de la ciudad.
Al anochecer el Consilium salió de su encierro en la Torre, los nueve Ecclesi regresaron a sus hogares para descansar, a primera hora del día siguiente se había convocado una importante reunión.
Pasados unos minutos del alba, la capital Yárai bullía de gente expectante y nerviosa por ver algo que hacía siglos no se había producido.
Ocho Ecclesi esperaban tranquilos en la entrada de la Torre del Consilium, en pocos minutos apareció el Censor del Exercîtus Yárai acompañado de los cinco Cuestores; luego llegó el Pontifex Suprem junto con su comitiva de tres Prytani; después los ciudadanos pudieron ver un pequeño grupo de Senator y Magisti que avanzaban desde el pequeño edificio donde se reunían normalmente, entre los Senator podía verse al Edil Maximum y al Edil Pedarii; finalmente apareció el Primus Ecclesi, líder del pueblo Yárai, el cual dio por comenzada la reunión.
Durante toda la mañana el silencio cubrió toda la ciudad, pero hacia el mediodía, apareció en el balcón principal de la torre el Primus Ecclesi:
Estimados ciudadanos, ayer recibimos la visita del Anciano, cientos de años habían pasado desde la última vez que estuvimos en su presencia. El mensaje que nos traía es preocupante, el Enemigo se está moviendo por todo el continente y nuestros enemigos los Caballeros planean un gran ataque a algunos de los pueblos de Rómenor.
El Anciano nos ha pedido que investiguemos y evitemos que los Caballeros conquisten alguna civilización del continente. Para tal misión hemos decidido lo siguiente:
Nombramos al noble y leal feeri Fergull Consul Campanea, se le concede al Consul el mando de cinco Praetor: Caius del Etherum Exercîtus, Tiber del Ignium Exercîtus, Engol del Telluum Exercîtus, Dwair del Aquum Exercîtus y Hwal del Naturum Exercîtus.
Partirán en unos días con seis de nuestras compañías.
Que los Valar nos protejan en nuestra misión
Las palabras del Ecclesi preocuparon a todos los Yárai, en qué estaban pensando los Cuestores enviando a la inmensa mayoría de las defensas de la ciudad a una misión en tierras lejanas.
Durante los días posteriores a la reunión, las ceremonias de los Prytani se llenaron de gente, muchos pedían que no les pasará nada a los Yárai enviados a Rómenor, pero otros pedían que no le pasara nada a la ciudad; la mayoría de este grupo estaba formado por elfos que aún recordaban cómo fueron destruidas sus dos capitales anteriores cuando menos preparados estaban.
Que Norno proteja nuestra ciudad.
El Anciano está demasiado ocupado vigilando a nuestro ejército
Ya había pasado alrededor de un mes desde la visita de Norno a Vanwielie y de Rómenor llegaban cada vez noticias más terribles, una de las más preocupantes llegó de un Stratego a las órdenes de Engol: creían firmemente haber encontrado el rastro de varios Señores del Desierto, algo que no ocurría desde el apogeo de la civilización Lóceroquen.
Otra novedad bastante inquietante era que los Dragones del Pantano del Yáraúlea habían desaparecido, de alguna manera que los Yárai desconocían, los Jinetes habían conseguido robar sus dragones. La ciénaga estaba indefensa justo en el momento en el que la vecina Thertan había caído en manos del pueblo Nurulântar.
-Mi señor Fardin, traigo el último informe de los espías de Thertan.
-Adelante Floc, cuéntame que malas noticias tendremos hoy.
El engalanado enano entró en el estudio del Primus Ecclesi con el rostro ensombrecido.
-Malas son en verdad las noticias, señor. Los ocupantes de Thertan, tras sofocar una pequeña rebelión, han decidido dirigirse hacia aquí. Hemos de evacuar a todos aquellos que no sean necesarios en la defensa de la ciudad.
-Bien, bien… ¿sabemos si son hostiles estos Nurulântar?
-¡Que me rasuren si no lo son! Thertan no fue su primera conquista, y mis primos de las Ondoninkwe no hablan nunca a su favor.
-No olvides que esos enanos tienen prejuicios raciales… tienden a exagerar las críticas a los pueblos élficos. Pero está bien, iniciaremos la evacuación.
-Señor… vos también debéis ser evacuado…
-Tonterías, soy el líder de los Yárai y lideraré la defensa de la ciudad. Antes de la muerte del sabio Cobol yo era el Censor, sé todo lo que hay que saber sobre nuestro ejército.
-Recuerdo su época de Censor, yo era uno de los Cuestor en aquellos años; y como antiguo Censor recordará que la defensa de Vanwielie debe ser comandada por mí. No conviene superponer nuestras competencias y mucho menos en tiempos convulsos.
-Maldito enano… tienes más de cien años pero aún estás muy despierto. No nos demoremos más, iniciemos la evacuación.
(...)
-¡Fardin! ¡Maldito piernas largas! Haga el favor de irse ya a las galerías, los Nurulântar están entrando ya en el bosque.
-Sólo venía a desearos suerte, el último grupo de refugiados ya me está esperando en la entrada de las galerías. Que los Valar os protejan Floc, hijo de Whúlc, y también a vuestros hombres. Recordad que la civilización Yárai no caerá aunque perdamos la ciudad, hemos sobrevivido a pérdidas mayores. Nos veremos, a este lado o al otro de Varnaondo.
Las defensas de Vanwielie estaban listas, muy mermadas en número, pero no en determinación. El Consul Campanea se había llevado principalmente elfos y humanos, así que la mayor parte de la defensa corría a cargo de los enanos Yárai. No esperaban que el ataque de los Nurulântar fuera durante la noche, así que gastaron su tiempo en cánticos y plegarias que resonaban por toda la vacía cúpula de Vanwielie.
Al amanecer se inició por fin el ataque, los pocos arqueros que quedaban en la ciudad disparaban sus flechas desde los altos árboles, pero eran escasos y frenaron por poco tiempo el avance de los Nurulântar. Entonces llegó el turno de los soldados enanos con el valeroso Floc a la cabeza.
Los atacantes no esperaban encontrar en un lugar así un ejército de enanos, pero una vez superada la sorpresa inicial, continuaron su avance hacia las puertas de la ciudad. El ejército Yárai era poco numeroso y estaba mal entrenado, tras varios siglos sin combatir sus tácticas eran muy antiguas y las fuerzas de élite se encontraban esparcidas por Rómenor vigilando a los Jinetes Dragón.
Sólo la intervención del protector de la ciudad podría evitar que los Nurulântar tomasen Vanwielie.
- ¿Habías visto alguna vez una ciudad tan hermosa? – preguntó Merenwen.
Herkeblam gruñó en voz baja, pero no dijo nada. No quería contradecir al Sabio, pero desde luego, desde donde se encontraban ni de lejos podía decir que era hermosa. Habían alcanzado la cima de Varnaondo con grandes dificultades. Habían perdido gran parte de sus máquinas de asedio collado abajo. Ahora todo lo que veía desde la cima era una cúpula de roca, y cinco torres que asomaban entre las enormes coníferas de la zona.
- Creo que esperaré a estar dentro antes de dar una opinión al respecto – contestó Herkeblam finalmente – Si es que conseguimos entrar.
Era noche cerrada. La luz de las estrellas se escondía tras unas espesas nubes grises. Desde la ciudad subía el eco de cientos de voces, en una plegaría totalmente desconocida para ellos, pero cuya angustia y fervor no les pasaron desapercibidos.
- ¿Puedes creerlo, Merenwen? – preguntó Herkeblam confuso – Están rezando.
Merenwen sonrió.
- Todos nosotros realizamos nuestros propios rituales sagrados antes de cada batalla, Herkeblam. ¿Por qué para ellos habría de ser distinto?
- No lo sé – respondió el elfo más joven – Quizás porque para nosotros es parte de la batalla misma. Y no creo que ellos lo entiendan así…
- Tal vez tengas razón. Los Yarai son un pueblo antiguo y aislado. No han tenido tratos con otros pueblos de Rómenor desde hace cientos de años. Poco sabemos de ellos, y lo que ha llegado a nosotros se ha distorsionado en forma de antiguas leyendas. Pero no por ello hemos de despreciar su cultura, que sin duda ha sido una de las más importantes de toda Rómenor.
- Tu sabes más que yo, Merenwen – reconoció Herkeblam – Pero ahora hemos visto que no son una leyenda. Sólo nos queda averiguar cómo llegar a la ciudad.
- Saldrán fuera a combatir. No facilitarán nuestro paso a la ciudad – respondió el sabio después de meditar un momento, y después añadió negando con la cabeza – El paso es estrecho, no podremos pasar la maquinaria de asedio, al menos si queremos pasar por él fácilmente.
- ¿Llegarán los proyectiles desde aquí?
- Si el viento nos fuera favorable, quizás sí. Pero el viento viene del Este, y mucho me temo que no va a cambiar de dirección.
- Está bien. Será un combate cuerpo a cuerpo entonces. Como en las antiguas gestas de los Nurulântar. Enviaremos a la caballería ligera también, pero la infantería tendrá que ser el soporte de la batalla.
- Los Artamahtar estarán preparados – concluye Merenwen – Ahora es el momento de ofrecer nuestros propios rezos. La noche será larga.
Después de lanzar una última mirada hacia la ciudad por encima del collado, ambos comenzaron a descender hasta su propio campamento.
Faltaban unas horas todavía para el amanecer, y había una calma casi ritual en la Compañía del Águila. Sin embargo, aunque la actividad era pausada, no cesaba en ningún momento. Algunos soldados afilaban sus espadas hasta el último momento, acariciando el filo con reverencia, mientras dejaban fluir sus ruegos a los dioses, o quizás a su propio Onnar, fuera cual fuera.
Otros en cambio se demoraban en la tarea de completar su indumentaria. Los Artamahtar de la infantería pesada ajustaban sus corazas musculadas, sus grebas, las largas capas rojas como la sangre que se ajustan sobre los hombros. Otros en cambio pintaban sus rostros con la sangre del Narwä antes de ajustarse los yelmos.
La infantería ligera no necesitaba tanto tiempo para ajustar sus armaduras de cuero. Sin embargo se pintaban la cara y el cuerpo con la sangre del Narwä, y calibraban lanzas y arcos antes de la inminente batalla.
Los Rokkêrni se encargaban mayormente de sus monturas. Los caballos siempre parecían nerviosos antes de una batalla.
Cuando las primeras luces comenzaron a clarear el cielo, el Nwalka culminó con el reparto del Valya, el Licor de los Espíritus. Fue entonces cuando aquella calma se rompió en mil pedazos, y los gritos de guerra se elevaron al cielo, ahogando los rezos de la ciudad como una tromba de agua.
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Herkeblam permanecía montado sobre su caballo, de espaldas al ejército formado tras él. Sus ojos avellana miraban fijamente el horizonte, y la ciudad que había de ser suya.
- ¡Falassion! – llamó el elfo con voz potente. Y casi de inmediato se acercó un elfo a caballo, colocándose a su lado – Tendrás un importante papel en la batalla – dijo Herkeblam finalmente - ¿Tienes claras las órdenes?
- Si, Túrer. Esperaremos tu orden de ataque, y atacaremos. Con el sonido de los dos cuernos emprenderemos la retirada, y volveremos a atacar su flanco cuando el estandarte de Narwä se eleve en la cima del collado.
- Entonces, adelante – asintió Herkeblam.
Con los primeros rayos del sol las puertas de Vanwielie se abrieron dispuestas a frenar el ataque de los Artamahtar de Narwä. Las primeras flechas de los Yarái sobrevuelan el cielo, desde los altos árboles y las cinco torres. Pero si bien los arqueros Yarái son pocos en número, su mirada es penetrante y su puntería certera, consiguiendo frenar el avance del enemigo aún más si cabe que el estrecho paso que lleva hasta las puertas.
Sin embargo si por algo es renombrada la Compañía del Águila es por poseer los arqueros más certeros de toda Dakondor. Pues son sobre todo aquellos cuyos Onnar sobrevuelan Rómenor. Incluso haciendo frente al viento del Este, las flechas de los Philinar alcanzan las copas de los árboles, haciendo caer a gran parte de los arqueros enemigos.
Pero cuando finalmente las puertas de Vanwielie se abren y su ejército de enanos avanza a través de ellas, la confusión se apodera por un momento de la compañía.
- ¡Merenwen! ¿Qué demonios es esto? – exclama Herkeblam sorprendido - ¿Son de las Ondoninkwê?
- No señor. Desde antaño humanos, elfos y enanos conviven en armonía en Vanwielie – responde el sabio con un deje de admiración en la voz.
- ¡Déjate ahora las explicaciones! – le espeta Herkeblam histérico - ¡Artamahtar al frente! – ordena.
Y los Artamahtar avanzan. Como un solo ser, se adelantan buscando al enemigo. La confusión apenas ha durado un momento entre sus filas. Han luchado contra los Stinthar durante siglos, y aquellos eran con diferencia guerreros mucho más experimentados que éstos a los que ahora se enfrentaban.
Pero los enanos eran fuertes, a pesar de todo. Decididos a resistir fuera como fuera ante las puertas, las tropas de los nurulântar parecían enfrentarse a un sólido muro de roca.
Herkeblam observaba el transcurso de la batalla desde una posición elevada, hasta que finalmente decidió que había llegado el momento.
- ¡Rokkêrni al frente! – gritó, mientras se lanzaba el también al ataque.
La caballería respondió a la orden de inmediato. El ejército de Vanwielie recibió el impacto de cientos de lanzas, y el muro de enanos pareció flaquear. Pero tal como había previsto Herkeblam los refuerzos llegaron de inmediato, buscando como fuera sostener la defensa.
El sonido de un cuerno resonó a través de Varnaondo, y después otro cobró fuerza en respuesta. Los Rokkêrni se retiraron hacia la ladera de la montaña, y el ejército de Vanwielie recuperó por un momento la esperanza. Henchidos de valor, avanzaron al tiempo que los Artamahtar parecían retroceder por el estrecho paso.
Pero todo formaba parte de la estratagema urdida por Herkeblam. No había debilidad entre el ejército nuru, sólo una gran sed de victoria. Desde lo alto de Varnaondo apareció el emblema en sangre y plata de Narwä Hilyâtari. Cuando el sonido de los cascos de los Rokkêrni volvió a hendir el aire, el ejército de Vanwielie supo que había perdido.
La caballería penetró a través del flanco del ejército de enanos, dividiéndolo en dos, y después fue avanzando hasta las puertas, sembrando la muerte a su paso, hasta atravesar las puertas y penetrar por fin en la ciudad.
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Herkeblam apenas pudo disfrutar de la victoria. Las negociaciones las hubo de llevar a cabo Merenwen, mientras el Túre se recuperaba de las heridas de batalla. Recostado en una cama de suaves sábanas blancas, Herkeblam recibió su visita a la mañana siguiente.
- ¿Cómo van las negociaciones anciano? – preguntó con voz quebrada, pero con un deje de ironía y mal humor.
Merenwen se sentó junto a la cama del joven elfo. Su rostro estaba pálido. Una venda limpia rodeaba su frente, y llevaba el brazo derecho en cabestrillo. Ambas heridas consecuencia de la caída del caballo que había sufrido. Pero Merenwen sabía que la peor herida no era visible, pues una pica gruesa había penetrado profundamente por la espalda del elfo, justo por debajo del omoplato.
Sin duda había estado bastante cerca de perforar el pulmón, pero afortunadamente no había sido así. No obstante, cuando despertó, lo primero que preguntó Herkeblam fue por el desenlace de la batalla.
- De eso mismo venía a informarte. Quizás eso mejore tu humor – sonrió el anciano – El Señor Floc ha decidido rendir la ciudad en nombre del Primus Eclesi.
- ¿De quién? – preguntó Herkeblam frunciendo el ceño.
- ¡Qué más da! – rió Merenwen – La ciudad es nuestra, y el Artakano estará satisfecho. Quizás ahora entiendas por qué te eligió, Herkeblam.
El joven elfo no dijo nada, pero gruñó para sus adentros. Por qué sería que los más sabios siempre tendían a adornar y disfrazar sus palabras. Por lo que a él se refería, seguía sin entender por qué le había elegido el Artakano. Pero era mejor callar antes que reconocerlo ante aquel anciano risueño hasta su desesperación.
Varias millas al sur, en los remontes meridionales de las Varnaondo se encontraba acampado el grupo más numeroso de los Yárai.
-Fardin, la ciudad se ha rendido a los Nurulântar.
-¿La ciudad? Un puñado de enanos malheridos di mejor... esta noche serás nombrado Censor Yárai, estate preparado Adanás - comentó distraído el Primus Eclessi.
-¿Censor? Si yo nunca he servido en el ejército, he sido preparado toda mi vida para ser Magisti...
-Tranquilo, no tenemos ejército al que puedas enviar a una muerte segura, no es nada más que un formalismo. Cuando regresen las compañías de Rómenor abandonarás el cargo y elegiremos a alguien realmente capacitado.
-De acuerdo, aceptaré. ¿Cuál será mi primera misión?
-Túrenanda, allí enviamos a los Magisti, tú irás con un par de capitanías a proteger los Codex Primordiâlis.
El Consilium irá junto con los Prytani a Sére Tirion, somos pocos y pasaremos desapercibidos. Los Cuestor están al norte, en Istya Tirion y el Senado está en Nostalye Tirion. El Edil Pedarii y el pueblo irán a las grutas de Tumbolócea... espero que no haya muchos cazadores de dragón en estos días.
Estaremos en contacto con los draco, los mensajeros no se fueron a Rómenor, pero no creo que hagamos nada hasta que regresen nuestros hombres... a fronte praecipitium a tergo lupi
La noche era fresca, las plantas aromáticas que rodeaban las tiendas llenaban de dulces fragancias las tiendas Yárai, evitando que se percibiera el olor a podredumbre de las cercanas ciénagas. Entre los alisos podía entreverse el viejo torreón de Sére Tirion, bajo aquella apariencia de soledad, el decrépito edificio ocultaba una gran cantidad de túneles y galerías que convertían el subsuelo del Yáraúlea en un complejo laberinto, pero que comunicaba Vanwielie con los tres antiguos puestos de avanzada Yárai y posteriormente también con los pasos subterráneos de Túrenanda; cualquier Yárai mayor de diez años era capaz de cruzar el Yáraúlea en cualquier dirección sin necesidad de subir a la superficie cenagosa.
- Hermanos Yárai, no es la primera vez que nos vemos vagando por tierras yermas, tampoco será la última. Mas no penseis que ésta será como las anteriores ocasiones, recuperemos o no la ciudad, no cejaremos en nuestros intentos: Ab alio expectes alteri quod feceris.
Ahora, por nuestro bienestar hemos de separarnos por un tiempo, hemos de ser pacientes y organizados, no lanzarnos a batallas desesperadas pues no estamos desesperados; siglos de paz nos dieron ocasión de prepararnos para la guerra y aunque hemos sido sorprendidos sin defensas, nuestros refugios siguen intactos. ¡Ad altiora, et mellora semper!
¡Que el Anciano os guíe en vuestro viaje!
Con estas palabras el grupo de refugiados se dividió en dos, entrando cada uno en una caverna diferente, tranquilos, esperando pacientemente el regreso del Exercîtus Yárai de su misión en Rómenor.
Resumen de la batalla:
Narwa ha perdido 17 armadas x 35= 595 puntos.
Recuperables: 476 puntos.
Valoraciones: 8.6 + 8 +8.2 +7 = 7.95
Recupera: 378 puntos.
Ha solicitado daños de personaje por un 40%, por lo que recupera 140
Total recuperación: 476 puntos.
Pierde: 119 puntos.
Compañías actualizadas y listas.
Por el saqueo de Vanwielie obtienen 500 monedas. Por la victoria en la batalla obtienen 600 monedas.
Por la batalla, los dirigentes obtienen 330 Nóti.
Por las historias, se entregan 84 Nóti.
Saludos!
[Editado por Indil el 25-04-2008 13:22]
[Editado por gaurwaith el 07-06-2008 12:23]
Historia finalizada.
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