La Guerra de los Clanes

Batalla 19 - Revuelta En Lambar

Terminada
Escrito el 15-04-2008 22:31 #1

La ciudad ocupada de Lambar no es ajena a los movimientos generalizados que se están propagando por todo Rómenor.

Las reuniones clandestinas, celebradas al amparo de la noche, también se han producido en Lambar, enervando el ánimo de los vecinos y provocando graves disturbios.

La ciudad se ha levantado en armas contra vuestro clan con un único fin, acabar con la dominación que ejercéis.

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Fin Guerra: Al´Varant se retira del Combate

Armadas perdidas por "Maianor" = 8

Armadas perdidas por "Al´Varant" = 12

Los Rebeldes ganan la batalla.

Al'Varant pierde el control de la ciudad de Lambar

Escrito el 19-04-2008 21:42 #2

- ¿Les pasa algo, caballeros?

La sombra del teniente cubrió la mesa ante la que los lambarianos jugaban al ou-ahtar, un juego de tabas común en el desierto occidental. Los cuatro hombres, de rostro agrietado y descolorido, intentaron componer la expresión de inocencia más convincente de la que eran capaces. Sin duda, no la utilizaban mucho.

- Oh, mi teniente, tranquilo. Estaba celebrando el haber ganado esta mano, y sin querer tiré el taburete donde os íbais a sentar.

- ¿Sucede algo aquí?- la patrona, una mujer de aspecto basto, con un ojo ciego, salió con paso rápido de la taberna.

- Claro que no, Mekula, nada más que un pequeño malentendido con este oficial varante...

El teniente y sus compañeros, mientras tanto, habían permanecido de pie, y los dos más jóvenes tanteaban con nerviosismo los pomos de sus espadas. Todos los presentes sabían que lo sucedido no era un accidente. Desde que se había publicado el bando unilateral de los adhrantes, por el cual se harían cargo de todos los cultos en Lambar, la inicial calma tras la ocupación había sido peligrosamente minada. Varendia y Lambar compartían la misma religión y ritos, y ningún varante en su sano juicio hubiera podido poner un pero al culto de los sacerdotes lambarianos; pero los miembros más integristas de la Orden de Adrhant consideraban que ningún sacerdote podía ejercer sin estar bajo la obediencia del Rolzac varante. El resto de la tropa ocupante no había aprobado esta medida, que tampoco había sido consultada al Senado, pero para aparentar unidad habían decidido no contradecir el bando.

El resultado de todo había sido el aumento del malestar y el descontento de la población lambariana. Lo veían como una injerencia inaceptable, y si desde siempre existían ciudadanos de Lambar que consideraban que ningún gobierno varante tenía derecho a imponerse sobre ellos, ya que sin rey todas las ciudades del desierto eran iguales, a las pocas semanas de esta nueva medida se les unían aquellos que se sentían tratados como ciudadanos de segunda clase: sus sacerdotes no eran suficientemente buenos para los invasores. Quien no aceptaba la dirección de los ritos por parte de los adhrantes era considerado rebelde; y, a pesar de las presiones internas por parte de otros miembros del ejército, el comportamiento de alguno de los oficiantes era ofensivo para los perdedores, puesto que se hacía ver que la ocupación era un castigo divino contra los lambarianos por su impiedad.

El ambiente en las calles se había ido caldeando, y dado que los adhrantes se cuidaban mucho de atrincherarse en sus templos y residencias- las de los antiguos sacerdotes-, la ira mal disimulada de los lambarianos recaía sobre los miembros de las Dûrmanae, que estaban alojados en casas particulares y cuarteles por toda la ciudad. Había quién decía que se estaba planeando una conspiración, pero aunque la vigilancia era muy fuerte no se había atrapado a nadie. No había jornada en la que el puesto de mando no recibiera quejas de insultos y ofensas mas o menos disimulados por parte de los habitantes de la ciudad, pero la consigna era evitar el enfrentamiento y la venganza desproporcionada. Lo que había sufrido el teniente era sólo uno de estos pequeños altercados que iban subiendo de tono de día en día.

- A los hombres no se os puede dejar sueltos...- dijo en tono de regañina la tabernera. Luego se acercó a la mesa de los varantes:- En compensación por tener unos clientes tan torpes, la casa invita a la consumición, señores.

Aparentemente, todo volvió a la normalidad: los parroquianos continuaron con su partida, los oficiales varantes tomaron las bebidas, además del aperitivo que cordialmente les sirvió la anfitriona, y luego se marcharon.

- ¿Estáis locos?- la mujer dió un golpe en la mesa que hizo saltar todas las tabas.

- No pienso respirar más el mismo aire que esos sureños arrogantes, Mekula.

La mujer agachó la cabeza, y su ojo ciego brilló mientras agarraba del cogote al hombre.

- ¿Y creéis que con una broma de esas los asustaréis?- bajó la voz hasta que se convirtió en un susurro casi imperceptible.- Si vosotros cuatro tenéis tantas ganas de echar a los varantes, al caer el sol la trastienda de la taberna estará abierta. Os aviso de que el plan está trazado, y si venís no hay vuelta atrás.

[Editado por Ancalime el 19-04-2008 21:45]

Escrito el 20-04-2008 00:03 #3

El día siguiente fue calmado, como si el sol de justicia que caía de plano dentro de los muros de la ciudad hubiera disuadido a la gente de moverse demasiado. En la fortaleza que dominaba Lambar, el consejo del Nûrda parecía haberse contagiado de esa calma.

- La gente se ha acabado acostumbrando, os lo dije- decía Augdrantar, el líder de la Orden dentro de la tropa de ocupación.

Ante esa frase, varios Corthûharae se miraron con ánimo sombrío, entre ellos L’nh-rêl, una de los últimos oficiales llegados para la organización del territorio conquistado. Otro de ellos, Vent’ulan, se decidió a hablar.

- Yo, señores... yo no puedo estar muy seguro. Mis anfitriones, una familia respetable, de linaje antiguo... me han tratado con mucho respeto y no puedo dudar de su honradez...

- Entonces, por lo que decís estáis de acuerdo conmigo- le interrumpió Augdrantar, entre las risas de sus partidarios.

- Permitidme que continúe y corregiréis vuestra impresión- dijo Vent’ulan, cuyo nombramiento como comandante era reciente, y su timidez le hacía tartamudear e irse por las ramas al intervenir en las reuniones.- Esta mañana me advirtieron de que tuviera cuidado al salir a la calle... no quisieron dar detalles puesto que no traicionarían a sus compatriotas, pero me hicieron entender que los ánimos estaban bastante exaltados.

- Y todos sabemos por qué- dijo otro comandante, este bastante experimentado, dando un golpe en la mesa. Alrededor de ella surgió un airado murmullo, tanto por parte de los defensores de la Orden como de los detractores.

- A estas alturas no podemos dar marcha atrás al bando, significaría claudicar, y más cuando ni siquiera tenemos datos de ese supuesto motín- dijo el Aresda, zanjando la cuestión.- Además, la tranquilidad de este día parece desmentir lo que ha dicho el comandante Vent’ulan.

Era entonces casi noche cerrada, y el Aresda propuso una cena a los presentes antes de volver a sus casas. Aceptaron todos menos varios adhrantes, entre ellos Augdrantar, ya que se regían por rígidos horarios de oración y actividad. Cuando estaban a media cena, la puerta se abrió y apareció un soldado. Llevaba la espada desenvainada y teñida de sangre, y su rostro estaba blanco como la cera.

- Han tomado las puertas- dijo.- Han tomado las puertas y una de las armerías.

Sus palabras hicieron que toda la concurrencia le mirara con estupor, y sólo tras unos momentos lograron que se explicara. Al parecer, al caer el sol, no se sabía bien cómo, pequeños grupos de lambarianos se habían movido sigilosamente por la ciudad, y a pesar de estar mal armados habían conseguido neutralizar varias patrullas de soldados varantes, entre ellos la guardia de las puertas de la ciudad. Su estrategia era burlar a los soldados, y en caso de no poder hacerlo, atacarlos por sorpresa y en emboscada en las enrevesadas callejuelas de Lambar, de forma que no pudieran huir y dar la voz de alarma. El soldado no tenía más que noticias contradictorias, puesto que la ciudad en aquellas horas ya era un caos, pero tras asegurar las puertas de forma que nadie pudiera escapar, un contingente más grande se había dirigido a la armería principal, a los pies de la fortaleza, y tras un sangriento combate la habían tomado al asalto. El soldado formaba parte de la guarnición que había defendido el depósito de armas.

- En principio ellos estaban mal armados, caían como pájaros heridos ante nuestras flechas... pero no hacían más que aparecer por las calles que daban a la plaza, y usaban a los muertos para trepar los muros de la armería...- dijo con un hilo de voz.

Entonces, se oyeron voces fuera de la fortaleza. Se asomaron y vieron bajo la oscuridad nocturna varios fuegos al pie de la fortaleza, que estaba rodeada por una turba enfurecida.

Escrito el 20-04-2008 00:27 #4

Lambar se convirtió aquella noche en una trampa mortal para los varantes. Con la comunicación entre los mandos y los soldados bloqueada, la reacción del ejército varante se limitó a intentar sobrevivir de manera individual o en pequeños grupos. No todos los lambarianos participaron en la revuelta, pero prácticamente nadie se atrevió a oponerse abiertamente a sus conciudadanos.

Uno de los episodios más sangrientos sucedió en la antigua sede de la cofradía de sacerdotes de Lambar. En ella se hallaban acantonados los miembros de la Orden de Adrhant, que se hicieron fuertes en su interior esperando que las fuertes puertas aguantaran. Pero tras varias horas, cuando ya casi toda la ciudad estaba bajo su control, grupos enfurecidos de lambarianos lograron echarla abajo, buscando a los principales responsables de su ira. Ninguno de los adrhantes logró salir con vida del edificio, y el asalto acabó en un incendio que alumbró la ciudad durante dos días.

Fue al atardecer del segundo día cuando los restos del ejército varante salieron de la ciudad. Previamente, el antiguo patricio Hufayn había logrado tranquilizar a sus vecinos e hizo firmar la capitulación a los asediados dentro de la fortaleza, tras lo cual volvió a tomar posesión de ella. Después de ello, fueron conducidos a la puerta sur con los víveres mínimos para llegar a la guarnición más cercana. Mientras se alejaban de las murallas de Lambar, L’nh-rêl no pudo menos que pensar qué habría sido de los fanáticos adhrantes. Ella, como elfa, nunca les había podido entender, y ahora sus más amargos pensamientos se habían hecho realidad.

Con el nuevo día, la taberna volvió a abrir sus puertas como siempre. Mekula quitó los postigos de la ventana mientras un camarero sacaba mesas y taburetes a la calle. Durante toda la mañana algunos parroquianos se acercaron al local, menos que otros días, pero suficientes para apreciar que todo volvía a la normalidad. Uno de esos parroquianos era el hombre que había provocado el enfrentamiento con el teniente varante, varios días antes. Arrastraba una pierna y tenía un moratón en el lado izquierdo de la cara, pero por lo demás parecía estar bien.

- Qué, Mekula, ¿hoy hace un buen día, verdad?

- Sin duda. Además, para celebrar la libertad recobrada, dispongo de un licor excelente. Un vaso gratis para cada uno, ¡a la salud de los valientes!

Mientras bebían, alguien preguntó de dónde lo había sacado.

- Es un último regalo de nuestros antiguos huéspedes. Lo cogí de la bodega de los adhrantes. Tenían buen gaznate, nuestros amigos. ¿A que sí?

Y guiñó con su ojo blanco al mostrador. Sobre él, en un frasco transparente, flotaba la cabeza de Augdrantar en el mismo licor que ellos bebían. Todos procedieron al brindis.

Escrito el 23-04-2008 01:22 #5

Resumen de la batalla:

Al Varant ha perdido 12 armadas x 35= 420 puntos.

Recuperables: 189 puntos.

Valoraciones: 7.2 + 7.5 +8 +8.4 +8.2 = 7,86

Recupera: 149 puntos.

Total recuperación: 149 puntos.

Pierde: 151 puntos.

Compañías actualizadas y listas.

Por la batalla, los dirigentes obtienen 80 Nóti.

Por las historias, se entregan 84 Nóti.

Saludos!

Edito este post porque el cierre no es correcto.

La pérdida fue de 420 puntos y se recuperaron 149. La diferencia que finalmente se perdió fue de 271 puntos y no los 151 puntos que se descontaron en su día.

[Editado por gaurwaith el 07-06-2008 12:32]

Historia finalizada.