Fin Guerra: Nensir Airatâri deja de Atacar
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 9
Armadas perdidas por "Maianor" = 5
No se produce el saqueo.

Fin Guerra: Nensir Airatâri deja de Atacar
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 9
Armadas perdidas por "Maianor" = 5
No se produce el saqueo.
Un día y medio había tardado Lothîndil en llegar hasta Dâkostô y otros dos días en regresar a las proximidades de Breald con un pequeño ejército. En ese corto espacio de tiempo había esperado que el aina Tawarornê hubiera aparecido. No era seguro mantener una tropa como aquella tan cerca de la ciudad. Por el momento la espesura del bosque les daba protección, pero eso no duraría eternamente, el tiempo corría en su contra. Con cada minuto que pasaban allí, aumentaban las posibilidades de ser descubiertos por algún vigía de Breald y entonces estaría todo perdido…<<No ataquéis sin motivo, Lothîndil>> había dicho el artadâko Tathâral << Sólo si es necesario>>. El ainatûre sopesó la posibilidad de una batalla, pero rápidamente apartó la idea de la cabeza <<Es una locura>> pensó.
Un jinete se acercó al elfo.
— Señor, he confirmado que el aina se encuentra en la ciudad — hizo una pausa—, pero desconozco dónde exactamente.
Lothîndil asintió. Habría sido mejor noticia que hubiera aparecido el cuerpo sin vida del aina, al menos cesaría la búsqueda y no se expondrían a una batalla. Estaba claro que la situación empeoraba por momentos << ¿Cómo se le ocurre meterse allí?>> pensó con indignación.
— ¿Dónde está Onêdil? — preguntó. Si había alguien a quien pudiera encargar aquella misión, era a él, un joven, que a pesar de estar recién salido de Dâkostô, poseía un don innato para pasar desapercibido.
— Allí, señor. — repuso el soldado señalándo hacia un grupo.
El ainatûre desmontó y se acercó hasta el dâka. El elfo estaba limpiando sus armas, una espada corta y un cuchillo, y al ver al oficial se levantó inmediatamente.
— Señor.—hizo el saludo con la torpeza de la inexperiencia.
— Onêdil, necesito que reúnas a cuatro de tus mejores compañeros — dijo sin rodeos —. Quiero que entréis en Breald, localicéis al aina y lo saquéis de allí.
— Señor, y si… ¿y si nos descubren?
— No creo, Onêdil, cuatro elfos de Galador no representan ninguna amenaza para Breald — respondió — . Además confío plenamente en tus facultades y sé que pasaréis inadvertidos entre la muchedumbre de la ciudad.
Enseguida el joven Onêdil reunió a un pequeño grupo de elfos. Había decidido que lo más prudente para entrar en la ciudad era hacerse pasar por unos comerciantes de Galador, así pues, cogieron dos caballos y cargaron sobre ellos dos sacos con parte del avituallamiento que se habían traído desde Dâkostô para el mantenimiento de la tropa.
— Si que nos va a salir caro el aina baradar— había dicho el encargado de los víveres que ya veía como se las iba a tener que ingeniar para preparar la cena.
— Mientras sólo nos cueste una veintena de hogazas de pan y diez quesos, tenemos que estar agradecidos — le había respondido Onêdil.
Lothîndil los vio partir, y por primera vez desde que abandonase Tuyrozd, rogó a Nensir su favor para que aquella misión se llevara a cabo sin ningún tipo de imprevisto e incidente.
La inquietud fue creciendo a medida que avanzaba el día sin que llegase alguna noticia de la ciudad. Hasta que un cuerno sonó en la espesura del bosque, Lothîndil lo reconoció al instante: era uno de uno de sus oficiales.
— ¡Maldita sea! — exclamó—. Al final nos han descubierto — tocó el cuerno y uno a uno los capitanes de resto de batallones que conformaban aquella compañía fueron respondiendo.
— ¿Qué hacemos, señor? — preguntó un soldado que luchaba por controlar a su caballo.
— Atacar la ciudad — dijo con serenidad —. Tathâral nos encomendó buscar al aina Tawarornê, y eso haremos. Aunque nos cueste la vida.
Y el ejército de Galador se lanzó sobre la ciudad de Breald.
[Editado por Eldin_de_Lorien el 29-04-2008 22:58]
Taw solo veía gente corriendo de un sitio a otro mientras, que a lo lejos, se oía el sonido de una batalla. Sin apenas pensarlo tomó el brazo de un hombre que pasaba cerca de él y le preguntó:
- ¿Qué está pasando?
- ¡Nos atacan! ¡Sálvese quien pueda!
Antes de que pudiera hacer nada, el hombre se soltó y siguió corriendo. Abriéndose paso entre la gente y, evitando ser arrollado, se acercó a la puerta principal de la ciudad. Una vez más cerca, vio la batalla encarnizada pero no distinguía bien quiénes luchaban, solo reconocía a los soldados de Breald. Había un ejército de jinetes asediando la ciudad pero no conseguía verles su escudo, aunque había uno que le sonaba vagamente. Seguía mirando hacia el exterior cuando se acercó un soldado de Breald con la espada desnuda y una mirada siniestra y, sin pensarlo, Taw abrió su bolso y con mucha rapidez sacó unos polvos y los echó a la cara del soldado. Éste intentó evitarlo pero cayó totalmente dormido.
“Veo que la elfa no te ha quitado lo que sabes.”
“Pensaba que te habías molestado conmigo y te negabas a hablar.”
“Sólo quiero evitar que pierdas la cabeza por la primera fémina que se te cruce por el camino.”
“Bueno, no te enfades, que no pasa nada.”
“Lo dudo, veo una imagen extraordinariamente nítida de la elfa en tu mente, pero ahora no es cuestión de discutir ya que estamos en mitad de una batalla.”
“Cierto.”
Para escapar de la lucha que se extendía por la ciudad se metió por un callejón sinuoso que estaba vacío todavía, lo atravesó a paso veloz y se fue metiendo por la calles hasta que, en el extremo contrario de una de ellas se encontró con cuatro soldados. Eran demasiados para ir sin espada. No podía hacer nada y ya esperaba lo peor cuando:
- ¿Aina Tawarornê?
Taw se quedó asombrado porque alguien de la ciudad lo hubiera reconocido. Se acercó más y fue cuando se dio cuenta de que eran elfos y que su enseña era un árbol. Estaban salvados los dos.
- ¡Alabado sea Nensir! Por fin os encontramos aina.
- Nos alegramos muchísimo de veros, pero ¿qué estáis haciendo aquí?
- Nos envió el artadâko Tathâral junto a un pequeño contingente al mando de Lothîndil en vuestra busca. Entramos al principio sölo nosotros cuatro buscándolo pero nos descubrieron y tuvo que actuar el resto del contingente para atacar.
- ¿Dónde está ahora mismo Lothîndil?
- No sabemos si ha entrado en la ciudad, pero sea como sea debéis venir con nosotros lo antes posible.
- Aún no, hay que rescatar a una elfa.
- Pero…
- Ya os tenemos malditos espías – una voz se oyó detrás de Taw, era un soldado de Breald, y detrás de él unos cuantos más.
- ¡Huid aina!
Sin pensarlo se alejó corriendo hacia donde estaban los cuatro aldalântar mientras que los enemigos le seguían por detrás. Sin previo aviso, Taw se giró y, con un puñetazo certero, golpeó al primer soldado sin que éste pudiera hacer nada; el soldado empezó a caer y con un gesto rápido le arrancó la espada, para seguir corriendo hacia atrás. Los soldados se quedaron un poco perplejos y, aún más los de Nensir, pues no se esperaban una reacción así de un sacerdote. Taw se unió a ellos y. otra vez metiendo la mano en su bolsa, extrajo un bote con un líquido de color negro que rápidamente abrió derramándolo por el filo para volver a cerrarlo justo cuando empezaba la refriega. Los cinco aldalântar empezaron a luchar con gran ferocidad consiguiendo tapar entre todos la calle y evitando así que los rodearan. Los cuatro dâkar tenían una técnica muy precisa y militar de combate, esquivando los golpes, deteniéndolos y produciéndolos; Taw, al contrario, tenía una técnica muy sutil, amagaba golpes, esquivaba con una gran elegancia y producía tajos sin ningún miramiento, sin embargo el soldado que era rozado por la espada experimentaba una extraña debilidad.
“[I]Muy hábil usando esa esencia.”
“Para grandes males, grandes remedios.”
Sin embargo por muy duchos que eran los dâkar no podían contenerlos a todos y tuvieron que ir cediendo terreno. Uno de ellos cayó herido al atravesarle una espada el hombro, los otros sufrieron sólo varios cortes y Taw tenía un tajo en el brazo izquierdo que sangraba con cierta profusión.
- Tenemos que huir lo antes posible o acabaremos muertos.
- Pues dejémosles un regalo – dijo Taw en un tono siniestro.
Una vez más introdujo la mano en el saco y, con gesto experto, sacó de un saco que no había visto un polvo azulado y negro y, con la precisión de un especialista, lo lanzó sobre sus enemigos. Al principio no pasó nada hasta que se empezaron a escuchar alaridos de dolor, contra los que estaban luchando también tuvieron que retroceder porque empezaban a experimentar algo de dolor; y los cinco aprovecharon para huir. Se internaron por las calles mientras escuchaban detrás de ellos la batalla. Al final se detuvieron y Taw aprovechó para ver las heridas.
- ¿Qué era ese polvo último?
- Algo que no me gusta usar y que es mejor que no conozcáis.
- Bueno, deberíamos volver lo antes posible.
- No, antes tengo que rescatar a una elfa.
- ¿Tan importante es?
- Sí.
Y sin dar tiempo a réplica, se puso de camino. Buscó la calle a la que quería llegar y, finalmente, llegó a una en donde se había desatado un incendio. Estaba casi vacío salvo por un grupo de soldados que había enfrente de una casa. Cuando vio el humo, a Taw le hirvió la sangre y, sin hacer caso de los gritos de advertencia, cargó contra el grupo. Uno de ellos estaba sujetando a una elfa, desgarrando su ropa mientras se reía.
- ¡Tavir!
Los soldados se dieron la vuelta pero sólo para ver como un fantasma de pelo rojo introducía su espada en la cara del soldado que tenía agarrada a la elfa. Con furia lo sacó y se dispuso a batirse con los demás que fueron cayendo uno a uno bajo su furia. Sin embargo, uno de ellos tuvo suerte y cruzó con su espada la del elfo, arrancándole un grito y logrando como premio una espada en su vientre. Taw se cayó al suelo. Tavir, la elfa, dijo algo.
“¡Taw, usa el candor de Almaren antes de que la herida vaya a peor!”
“Lo sé.”
Con la elfa al lado, se irguió lo que pudo haciendo caso omiso al dolor y a la sangre que caía por su espalda. Cerró los ojos y empezó a murmurar palabras, una sensación de calor agradable empezó a recorrer su cuerpo, viendo como se cerraban unos rasguños y notando como la herida de la espalda empezaba a cicatrizar aunque aún seguía sangrando. Tenía la mano izquierda insensibilizada y con un color extraño.
- Taw…
- Ven Tavir conmigo, por favor… a Galador.
Y sin pensarlo la elfa ayudó a levantar al elfo y, reuniéndose, con los aldalantar que se habían quedado viendo la escena se alejaron de allí.
Lothîndil estaba ya cansado y herido, las tropas de Nensir estaban cayendo y estaban cediendo paso a paso. Si el aina no aparecía tendrían que huir sin haberlo rescatado.
- ¡Lothîndil!
El elfo alzó la vista, por un lado, a lo lejos y abriéndose paso entre los aldalantar venían seis personas, y una de ellas tenía el pelo de un color rojo encendido.
- ¡Replegaos! Salimos de aquí inmediatamente.
Y cumpliendo las órdenes las tropas de Nensir empezaron a retirarse; habían cumplido la tarea, habían encontrado a Taw.
[Editado por Vardarion el 29-04-2008 22:14]
Era de noche y habían conseguido huir sin que los soldados de Breald los persiguieran. Las tropas estaba en un claro, curándose lo mejor que podían y gracias a Taw las bajas no fueron a más, el mismo tipo por el que habían entablado una lucha sin posibilidad de victoria. Lothîndil estaba cansado y exhausto de la batalla, se estaba recuperando de la batalla y aún se seguía preguntando que había empujado a un aina a irse por las buenas sin decir nada y conseguir que todo un contingente fuera a buscarlo y a luchar por él; sin duda no era uno de esos pedantes que se pasaban el día encerrado en los Templos. Onêdil se acercó, se estaba recuperando de los cortes gracias en parte a la pericia del elfo, sin saber que pensar de él:
- Señor ¿estáis bien?
- Sí, ha sido más complicada la misión de lo que esperaba.
- Hubiéramos llegado antes pero el aina se empeñó en buscar a esa elfa.
- Por lo que tengo entendido del carácter del aina, no me extrañaría lo más mínimo que se fuera sin decir nada por la elfa. Me pregunto quien será.
Mientras tanto Taw estaba algo alejado del campamento, acompañado de Tavir; los dos bajo la luz de la Luna. El elfo se había vendado la espalda para parar la hemorragia y la mano izquierda aún tenía un color poco sano por culpa de los polvos que había lanzado antes, era un efecto secundario pero necesario; sin embargo estaba más preocupado por la elfa, solo tenía unos morados pero lo había perdido todo en el incendio y no podía volver.
- ¿Te encuentras bien Tavir?
- Sí, muchas gracias por venir a rescatarme; los soldados me sa aron de la casa y la quemaron por haberte acogido .
- Lo lamento mucho.
- No pasa nada, sabía lo que hacía… ¿y tú como estás?
- Bastante bien, lo que más me preocupa es la mano izquierda pero puedo mantenerla a raya y en una semana estará como nueva.
Un nuevo silencio cayó sobre ellos, estaban contemplando la Luna y las estrellas y no sabían bien como hablar hasta que otra vez Taw rompió el silencio.
- Ven conmigo.
- ¿A dónde?
- Ven conmigo a Galador.
- ¿Tú crees que es buena idea?
- Es la mejor que he tenido en muchos años. Quiero que vengas conmigo.
- No es necesario, buscaré mi propio lugar.
- Ni hablar. Quiero decirte muchas cosas de por qué quiero que vengas. Cuando te vi en el bosque abandoné una guardia que estaba haciendo. Te seguí y me encontré contigo, dejando que te acompañara. Te acompañé hasta la ciudad y te saqué de la ciudad por lo que pudiera pasar. Además tengo que agradecerte todo lo que has hecho por mi…
- ¿Hay algo más verdad?
Taw se giró hacia ella y la miró a los ojos de nuevo, esos bellísimos ojos verdes grisáceos. Lentamente acercó su cara y la elfa hizo lo mismo, abrazándose con suavidad. Y solo la Luna y las estrellas vieron a Taw y a Tavir fundidos en un beso lleno de amor y pasión.
Resumen de la batalla:
Nensir ha perdido 9 armadas x 35= 315 puntos.
Recuperables: 158 puntos.
Valoraciones: 8 + 7.6 +7.8 +7.3+ 7.4 = 7.62
Recupera: 120 puntos.
Ha solicitado daños de personaje por un 30%, por lo que recupera 105 puntos.
Total recuperación: 158 puntos.
Pierde: 157 puntos.
Compañías actualizadas y listas.
Por el abandono de la batalla se le descuentan 100 monedas.
Por la batalla, los dirigentes obtienen 50 Nóti.
Por las historias, se entregan 84 Nóti.
Saludos!
Historia finalizada.
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