La Guerra de los Clanes

Historia Por Monedas De Al Varant. La Búsqueda Del Heredero. Primera Parte

Terminada
Escrito el 02-05-2008 07:32 #1

La búsqueda del heredero

Primera Parte

Guarda Al’Varant en sus entrañas historias de valor y temor, de alegría y llanto, de paciencia y desesperanza, de sabiduría y locura, de victoria y derrota, de Guerra y Paz. Sólo hombres fuertes y de gran espíritu pueden combatir contra las fuerzas del desierto, vencerlas e incluso dominarlas para conseguir la supervivencia. Sin embargo, no siempre ha sido así, a veces el desierto se une con fuerzas oscuras venidas de algún extraño lugar, y ayudándole a avanzar con sus vientos y tormentas, ha expandido ese mal sobre los habitantes, consiguiendo acabar con más de la mitad de la población.

Pero los hombres parecen una plaga, y resisten; el tiempo ha sido su aliado y ha sanado sus heridas, permitiéndoles de nuevo el asentamiento y desarrollo de prósperas ciudades. De una de estas historias daré cuenta, pues parte de ella es sabida por todos los que aún conservan memoria y temen volver a vivirla, mas la otra parte se ha mantenido oculta, porque quienes la conocían ya no permanecen con los vivos, excepto un ser que vaga en el desierto y cuya palabra no tendría validez, no obstante no hablaremos de esto aquí, sólo de los acontecimientos.

Ocurrió que el rey Selragar II fue exiliado por el ejército y el Senado, se estableció a las orillas de Al’Varant, por el este, ahí los pobladores estaban sedientos y constantemente combatían con otros pueblos para tomar el agua y los alimentos, por ello no fue difícil convencerlos de atacar la ciudad de Varendia y sus poblados, dando inicio a lo que sería la Guerra Civil más extensa, cruel y triste de esta gloriosa ciudad.

Selragar II tenía dos hijos Ulragar y Feathor, y desde pequeños les enseñó la fiereza de su corazón, cuya única obstinación era destruir al Senado y recuperar su imperio. Ulragar heredó su malicia, y fue quien ocupó el lugar de su padre ante la guerra, mientras vivió sembró terror y destrucción en Varendia, siendo incluso más temido que Selragar. Tras la muerte de su padre, él ya tenía cuarenta años y Feathor era apenas un niño, pensó en desposarse para tener un heredero que le sucediera en el trono una vez recuperado; sólo que aún no había encontrado la mujer que fuera digna de llevar la corona.

Los años pasaron y su afán de guerra era más fuerte que cualquier otra motivación, olvidó la idea de matrimonio y obligaba a Feathor a culminar con sus enemigos, sólo que él no era tan cruel, no obstante, jamás impidió los asesinatos y saqueos que hacía su hermano; miles de personas emigraban de sus pueblos antes de que llegaran Ulragar y sus seguidores a llevarse incluso a sus hijos para la guerra contra Varendia, entonces las ciudades quedaban desoladas.

Feathor aún siendo joven desposó a una mujer mayor que él, su belleza era distinta a la mayoría de los varantes, tenía el cabello del color de la sangre y una piel casi transparente. Ulragar volvió a pensar en casarse, pues crecieron en él los temores de que su hermano, de corazón débil, lo sucediera y aceptara acuerdos con el Senado, perdiéndose el linaje de reyes para convertirse en esclavos de esclavos. Al año, tales temores se acrecentaron con el nacimiento del primogénito de Feathor, al que llamaron Vastraj; entonces sin más premura, tomó por esposa a una de las prisioneras habitantes de Varendia.

Dos hijos tuvo Ulragar, Undhana y Andhe, pues sólo cejó su obsesión hasta que nació el hombre, ya que Undhana era mujer. Entonces abandonó a su esposa a los deseos del desierto y partió con su séquito arrebatándole a los bebés.

Al ver Feathor la maldad con la que educaba su hermano a sus hijos, también sintió temor y piedad por su gente, parecía que la guerra civil nunca acabaría, los años pasaban y no dejaban de sangrar, llegó a creer que si recuperaban el imperio, sólo gobernarían a las arenas y los vientos. Por tal razón enseñó a su propio hijo a combatir, a ser fuerte y un gran guerrero; tal vez un día, el propio Ulragar lo señalara a él como sucesor antes que a sus hijos, pues al menos Vastraj tendría también nobleza en su corazón.

Familias enteras luchaban unidos en ambos bandos, hasta las mujeres se habían vuelto duras para proteger a su pueblo; una de esas familias, poseedoras de bienes y honores desde la época de Selragar II, se mantenían fieles a sus hijos, esperanzados a que recuperasen el trono y con ello, pudieran continuar con sus propios privilegios; tenían una niña llamada Beitsa, sus cabellos eran oscuros como los de Vastraj, pero lo que más lo inquietaba era el carácter de ella, insegura y callada ante los demás, alegre y sonriente sólo con él.

El asedio a Varendia ya cumplía 68 años cuando Ulragar fue herido de muerte; Undhana lo vio caer y en lugar de ceder, luchó con más fuerza, aquel día los cadáveres hacían cúmulos por doquier, ni siquiera la arena pudo envolverlos en un abrazo. Los hombres la siguieron porque veían en ella el espíritu del padre, todos solían decir que sería una digna reina. Sólo Feathor se opuso, y cuando reclamó tener más derechos por ser descendiente directo de Selragar, Undhana se mofó diciendo que ella tenía más fuerza que él para doblegar a los rebeldes, entonces todos rieron y Feathor se fue en busca de Vastraj, a quien le dijo que huiría del campamento pues su orgullo había sido pisoteado injustamente; le pidió que por el contrario él permaneciera ahí y demostrara de lo que estaba hecho, y que lo más pronto posible le diera un heredero que tuviera por cargo recuperar el reino sin más masacre.

Esa noche, Vastraj desposó a Beitsa antes de la partida de su padre, pocos se enteraron del hecho. No obstante, Feathor partió de madrugada pero fue emboscado por un grupo de traidores que llevaron la noticia a Undhana, de quien recibieron la orden de matarlo; así acabó el segundo de los hijos de Selragar, sin saber que su última petición se convertiría en profecía.

Vastraj continuó al mando de Undhana, era el mejor de sus capitanes, ella decía amarle y tenerle confianza más que ni a su propio hermano, que aún era un niño; pero en el fondo le odiaba y le temía, sabía que en algún momento de él podría venir la traición, después de todo ella había excluido a su padre.

Beitsa esperaba su primer hijo, nunca había querido participar en la guerra, por lo que su familia la desdeñaba, pero Vastraj intercedía por ella y se esforzaba en ser el mejor y más valiente. Beitsa temía en que algún día no volviera del frente, y sus temores parecieron cumplirse; Undhana había planeado lo que creía sería el golpe final, y envió a Vastraj a lo más riesgoso. No contó Undhana con el favor del destino, pues a pesar del peligro, Vastraj sólo salió con pequeños cortes en la piel y uno profundo en la pierna, sus soldados lo sacaron del combate y lo llevaron al campamento provisional. Undhana paró el ataque después de muchas pérdidas, de haber continuado ese día, hubiera sido su derrota.

Informantes de Undhana fueron enviados a decir a Beitsa que Vastraj estaba herido y pronto encontraría la muerte; su embarazo estaba avanzado y era riesgoso, mas no cejó hasta que le permitieron partir a despedirse de su esposo, el trayecto era de dos millas para llegar al campamento que aguardaba a los combatientes, ya muy próximo a Varendia, pero a Beitsa le pareció mucho más largo y desesperante; esto provocó que el parto se adelantara, y estando en el camino su vida corrió peligro; el bebé se asfixió en su lucha por nacer, y su vientre quedó desgarrado; muchos días duró en cama, Vastraj se levantó antes y lloró su pesar; la partera, prima y amiga íntima de Beitsa, le había asegurado que no volvería a procrear, si volviera a embarazarse, en ello perdería la vida.

Vastraj la amaba por encima de todo, desobedeció la orden de un nuevo ataque para permanecer a su lado, Beitsa se había puesto pálida y triste ante la noticia; sentía que su vientre ahora era impuro y que no merecía volver a estar con su marido. Vastraj también se negó a tocarla por varios años, temiendo dejarla preñada y causar su muerte. Con el tiempo se había vuelto más sedentario, los hombres intentaban incitarlo a las armas, pero él ya no pensaba en más guerra, se lamentaba no poder llevar a cabo la petición de su padre. Undhana no lo forzó a luchar a pesar de que él le consiguiera varias victorias, se sentía satisfecha por su retiro, de esta forma le delegaba el poder absoluto.

En el año 1520, el mal se hizo llegar con la ventisca del desierto, los muertos muchas veces no eran enterrados y permanecían a la intemperie hasta que los animales los devoraban poco a poco, entonces la epidemia se hizo fuerte y arrasó con muchos guerreros y no guerreros de ambos lados. De los descendientes aún vivos de Selragar, fue Andhe víctima de este mal, muriendo a las pocas semanas. Undhana no deseaba casarse ni tener hijos, habiase dedicado a preparar a su hermano como un rey, le veía y le amaba como a un hijo, tal vez el único amor leal que sentía además del propio, por eso su lamento llegó a todos los alrededores del campamento, fueron meses en que la guerra estuvo detenida a causa de la pérdida de Undhana. El desierto y su maligno aliado habían arrebatado al único posible heredero, una vez más, éste se alzaba vencedor ante los hombres y sus miserias, otorgando una involuntaria prórroga a los enfermos y dolidos combatientes.

Escrito el 04-05-2008 11:52 #2

Los Valar otorgan 233 monedas por ésta historia.

Historia finalizada.