La Guerra de los Clanes

Nilme Istyalvao - Ciudad Externa En Ruinas

Escribiéndose...
Escrito el 03-05-2008 19:00 #1

Fue en el ocaso de la Primera Edad del Sol cuando los Cilalië llegaron a Rómenor huyendo del Señor Oscuro, Morgoth.

Sus embarcaciones arribaron muy cerca del lugar conocido hoy en día como Eglamar y levantaron las sospechas de todas las tribus cercanas debido a su extraño comportamiento, nunca antes se había podido contemplar a elfos, humanos y enanos conviviendo en armonía.

Cuentan las viejas historias que un anciano, llamado Envinya, se reunió con Vespur, líder del pueblo Cilalië, y le instó a partir de la costa e instalarse en un lugar más protegido. Fue así como los Cilalië atravesaron la mitad del continente hasta llegar a las Umbar Meno, en el corazón de la exuberante Mistetaure.

En los últimos años de la Primera Edad terminó la construcción de Nilme Istyalvao y los Cilalië comenzaron a denominarse Yárai. Durante casi cuatro siglos, esta ciudad fue la capital del poderoso Imperio Yárai y su población aumentó mucho, por lo que tuvo que modificarse el trazado original de la ciudad, pero siempre manteniendo la estructura creada en los tiempos de Vespur.

La ciudad se dividía en cinco barrios y estaba en parte edificada sobre las laderas de Umbar Meno. Los Cilalië rendían tributo a los cuatro elementos de la naturaleza, los Yárai por consejo de Envinya añadieron el culto a la naturaleza misma, de ahí que existieran cinco barrios en Nilme Istyalvao.

Cada barrio contaba con sus propios templos y sacerdotes, y también tenían su propio ejército liderado por el Cuestor correspondiente.

El barrio dedicado al aire era el construído a más altitud, se encontraba cercano a las cimas orientales de Umbar Meno. Las construcciones eran estilizadas y alcanzaban gran altura, entre las calles a menudo discurrían pequeños arroyos que nacían bajo los cimientos de la ciudad y que al salir de ella, formaban pequeñas cataratas donde era frecuente ver varios arco iris. El ambiente en aquel barrio era siempre fresco y con bastante viento, muy a menudo se encontraba escondido por una persistente bruma.

Del barrio del aire descendían dos caminos principales, uno de ellos seguía a los múltiples arroyos que descendían la ladera hasta formar un cristalino lago a los pies de las montañas, éste era el lugar en el que se construyó el barrio que rendía homenaje al agua. En el centro del hermoso lago se encontraba el templo principal, sus ventanales estaban cubiertos por cristales azulados y verdes, por lo que la sensación en su interior era que uno se encontraba bajo las aguas.

El otro camino que descendía por las Umbar Meno era el que conducía al barrio que veneraba a la tierra, pues en esa región las montañas estaban repletas de pequeñas cuevas naturales excavadas antaño por arroyos ya secos. A pesar de ser un barrio en su mayoría subterráneo, en este lugar era donde se encontraban las edificaciones más grandes e imponentes, enormes moles de piedra y roca moldeadas por grandes artesanos, no sólo de la raza de los enanos.

Ya asentado fuera de las Umbar Meno estaba el barrio del fuego, se había construído en lo que había sido un claro de Mistetaure creado por un incendio provocado por la caída de un rayo, sólo un par de días antes de la llegada de los Cilalië. Era el barrio de calles más angostas, que podían producir un sentimiento de ahogo a los visitantes de otros barrios. Su templo poseía unas hermosas cristaleras por las que, en las noches, se vertían al exterior luces anaranjadas que podían hacer creer que el barrio entero estaba en llamas. Sus estrechas calles poseían unos canales por los que, en las celebraciones, se vertían aceites y grasa inflamables que permitían que el fuego recorriera todo el lugar.

El último barrio era el que veneraba a la naturaleza, era el que originalmente ocupaba una mayor extensión y en el único en el que no existían viviendas. Sus grandes edificaciones sólo eran superadas por las del barrio de la tierra y entre ellas destacaba el Templo Principal de los Yárai, completamente rodeado por la vegetación de Mistetaure, un enorme edificio asomaba por encima de los más altos árboles, cinco majestuosas torres en las que siempre entraba la luz por alguna de sus cristaleras.

Todo el barrio estaba construído entre los árboles y plantas originarias del lugar, y con el tiempo éstas comenzaron a crecer apoyadas en las paredes y columnas de las construcciones.

Muy cerca del templo estaba el Mausoleo, donde eran enterrados los Yárai más importantes, era un edificio de anchos pasillos donde crecían multitud de plantas aromáticas traídas de todos los rincones del Rómenor.

También en este barrio estaba la residencia del Censor y la del Pontifex Suprem, líderes del ejército y de los Prytani (sacerdotes) respectivamente.

En la entrada del barrio destacan dos edificios, uno es el Senado y el otro es la Torre del Consilium. Muy cerca de estos edificios está la Gran Biblioteca donde trabajan los Magisti de las tres razas de Yárai.

Rodeando todos los barrios hay una gran muralla construída con una roca negra muy resistente, encontrada en una cantera en las laderas septentrionales de Umbar Meno.

El pueblo Yárai estaba gobernado por el Consilium, el cual estaba formado por nueve miembros que eran elegidos por el Senado cada 15 años. Las normas para elegir al Consilium eran complejas para evitar que una de las razas se impusiera a las otras dos.

Primero se elegía al que sería Primus Ecclesi, líder del Consilium. Una vez elegido, el Primus Ecclesi debía abandonar las costumbres de su barrio y vestir la túnica verde distintiva del barrio de la Naturaleza, para así indicar que él englobaba las necesidades de los otros cuatro barrios.

Tras ésto, el Senado elegía a los otros ocho Ecclesi, debían de ser dos de cada barrio y en total en el Consilium debían existir tres elfos, tres humanos y tres enanos.

Durante muchos años no hubo problema en el pueblo Yárai y su poder se extendió por casi todo Rómenor, pues la colaboración de las tres razas hizo posible un importante avance tecnológico y militar que fue lo que motivo en la Primera Edad el ataque de Morgoth.

En el año 328 de la Segunda Edad, el elfo Conditor abandonó el Consilium antes de que su mandato terminase y, no se sabe muy bien porqué, ésto desembocó en una carrera por el poder entre las tres razas y finalmente se produjo la disolución del Consilium en el año 342 iniciándose una sangrienta guerra civil.

Como consecuencia de esta guerra que duró alrededor de siete años, Nilme Istyalvao quedó en ruinas y sus habitantes se separaron. Unos pocos que aún mantenían el espíritu de concordia entre las tres razas partieron hacia Vanwielie donde gobernaba un nuevo Consilium creado por Conditor.

Los demás fundaron tres nuevas ciudades: Anwanauco los enanos, Anwaúmanya los elfos y Anwafirya los humanos.

Nunca nadie regresó a Nilme Istyalvao cuyas ruinas han sido engullidas por Mistetaure y ahora, casi 1300 años después, nadie recuerda el lugar en el que se encontraba, ni siquiera los elfos supervivientes a la guerra Yárai.

El viejo Envinya protege sus tesoros y sus secretos.

Escrito el 05-06-2008 00:00 #2

Al sonar un cuerno Yárai, el gran campamento asentado en Laiquamiril se puso en movimiento, todos los Yárai eran ahora visibles para los viajeros pues se habían retirado las capas de viaje y su antiguo uniforme podía volver a verse en Rómenor, ninguno había imaginado que había tantos soldados en aquellas ruinas; los Yárai se habían dividido en cinco grupos y cada uno de ellos triplicaba el número de Nurulântar, el grupo de viajeros más numeroso.

La seguridad en este momento es lo más importante, toda una compañía Yárai viajará con nosotros; había comentado Fergull poco antes de comenzar la marcha.

Era él quien encabezaba la marcha junto con su guardia personal, llevaban un antiguo uniforme de cuero, con la parte superior teñida de blanco y la inferior de negro y sus espadas podían verse claramente colgadas de su conturón; al moverse podía entreverse una cota de malla bajo el uniforme de cuero.

Tras él viajaba el grupo de Nurulântar, acompañados de un grupo de Yárai encabezados por el Praetor Hwal, éstos vestían un uniforme teñido de verde.

Luego iban los Marllajaty con el grupo Yárai liderado por Dwair, vistiendo uniforme azul.

En medio viajaba el grupo Rillië liderado por Tiber y vistiendo un uniforme rojo anaranjado.

Después caminaban los Varantes junto con el grupo de Engol y sus uniformes marrones.

Por último estaba el grupo de Aldalântar acompañados por Caius y sus soldados de uniforme gris.

Habían pasado siglos desde que las tierras de Rómenor pudieron contemplar esos uniformes por última vez y ahora de nuevo caminaban hacia su gran ciudad, la mítica Fratum, conocida por todos como Nilme Istyalvao.

Poco a poco el grupo avanzaba hacia el sur, cuidando de hacer el menor ruido posible para evitar llamar la atención de los orcos o de cualquier otra criatura que les estuviera buscando.

Espero que el viejo Envinya recuerde que vamos a la ciudad o estaremos días dando vueltas por entre los árboles, murmuró el Consul al abandonar las ruinas de Laiquamiril.

Escrito el 05-06-2008 16:43 #3

- Me siento más prisionera entre todos estos Yárai, de lo que me sentiría rodeada por un ejército de orcos - sus palabras dirigidas a Angarato fueron apenas un susurro, pero en el silencio de la marcha resonaron con más fuerza de la prevista.

Hwal giró la cabeza y lanzó una ceñuda mirada hacia Elesinyê, aunque no dijo nada. Angarato y ella habían comentado con extrañeza los diferentes uniformes al iniciar la marcha. Para los Nurulântar, el uniforme era una parte fundamental para la cohesión del ejército. Los distintos grupos del Otomassê no se diferenciaban mucho unos de otros en su indumentaria, salvo las variaciones necesarias en función de su especialidad dentro del ejército. Pero en general, el color que identificaba el uniforme de los Nurulântar era el rojo.

Elesinyê nunca había imaginado que tal combinación de colores en un ejército fuera posible. Sin embargo, Angarato matizó entonces que la diferencia de uniformes se debía principalmente a que cada uno pertenecía a una casa distinta. Le habló de las guerras en Beleriand, y le explicó que para ellos era habitual distinguirse en la batalla.

Ella escuchó embelesada sus palabras, intentando absorver todos sus conocimientos, y apenas dijo nada mientras él se dejaba llevar por los recuerdos, cosa que no era frecuente en el elfo.

Finalmente, Elesinyê miró con otros ojos el colorido contraste, aunque seguía sin gustarle que la vigilaran como si se encontraran prisioneros, o algo peor.

El grupo de Nurulântar viajaba a caballo, acomodando el paso con el de aquellos que viajaban a pie, por lo que la marcha se les hacía realmente lenta. Serkendil cabalgaba a la cabeza, con el rostro muy serio, junto a ellos. Pero Elesinyê, muy hábilmente, se había situado de forma que Angarato quedaba entre ellos. Y en los momentos en que Angarato y Serkendil hablaban entre ellos, ella se abstraía, y se mantenía en silencio.

Aquello sin duda le dolía, pero se decía a sí misma que era por su propio bien. Había arriesgado mucho confiando en él. Demasiado. Se había vuelto incluso descuidada, descuidando sus objetivos reales. Aquella visión de Serkendil junto a los aldalântar había conseguido iluminar su mente. Y aunque los extraños sentimientos que albergaba hacia él vibraban aún en su interior, ella misma se encargaría de ahogarlos.

Serkendil tampoco debía haber notado gran diferencia en su actitud. Ni siquiera se había acercado a hablar con ella, se decía a sí misma. Lo cual reafirmaba aún más su decisión.

Escrito el 05-06-2008 20:06 #4

El grupo de aldalântar viajaba en el último lugar de la comitiva, completamente en silencio, perdido cada uno en su mar de pensamientos y recuerdos. Al frente iba Sûra, detrás Nênlê y Dharaith, detrás de ellas Althira y Northiêl, y cerrando el grupo iba Aiwëndil, con Hwesta volando por encima de la comitiva. Los elfos marchaba junto al de Caius y sus hombres, y los dos grupos formaban un conjunto que no destacaba precisamente por una gran variedad cromática en sus ropajes: los yarái con su sobrio gris, y los elfos con sus ropas verdes y pardas; contrastaban en gran medida con los vivos colores de los otros pueblo, y en especial con las ropas rojas de sus grandes enemigos: los nurulântar.

[...]

Lentamente, la comitiva avanzaba hacia el sur, internándose en grandes y espesas arboledas, deteniéndose solo para comer y descansar unas horas. Los ánimos entre los aldalântar y los nurulântar se habían calmado mucho desde que partieron de Laiquamiril, la sangre no había llegado al río, además, los dos grupos de elfos estaban lo suficientemente separados como para evitar palabras y miradas que pudieran servir de excusa a cualquiera de los dos bandos para iniciar una disputa.

-...pues yo no lo entiendo- se quejaba, como siempre Northiêl- ¿Por qué los nuru tienen que ir a caballo? ¿Acaso se creen superiores?

Sus compañeros sonrieron, agradeciendo la capacidad de la joven elfa para levantar los ánimos del grupo con sus quejas y comentarios.

-No deberías decir eso- la reprendió cariñosamente Nênlê- No debemos volver a empezar con las discusiones con los nuru.

-Ya, pero no es justo, ¿verdad Nothal?- refunfuñó la elfa, acariciando al koala que llevaba prendido del hombro derecho.

-Tampoco es justo estar tan lejos de nuestro hogar cuando está inundado y lleno de vapores pestilentes... y sin embargo aquí estamos- dijo Sûra, con acritud.

Caius, que iba justo delante de ella, por detrás de sus hombres, oyó el comentario de la elfa, y se giró, diciendo:

-Todo a su tiempo, jóvenes elfos. Ya estamos llegando al final del viaje, y entonces tendréis todas las respuestas que queráis- dijo Caius, girándose y prosiguiendo la marcha.

-Ya, pero sigue siendo injusto que sólo los nuru vayan a caballo- murmuró finalmente Northiêl. Aiwëndil reprimió a duras penas una sonora carcajada.

[...]

Al cabo de un rato, Aiwëndil aprovechó un momento en el que Althira esta sola, pues Northiêl charlaba distraídamente con Nênlê y Dharaith, para hablar con ella acerca de su discusión en la caverna de Laiquamiril.

-Lo siento mucho si te ofendí el otro día- dijo el elfo- no era mi intención, además, no sabía que tus padres también hubieran muerto a manos de los nuru. Hablé sin pensar. Lo siento.

-No te preocupes- dijo Althira- Supongo que tenemos puntos de vista diferentes acerca de ello. No hay que pensar más en ello.

-No es tan fácil esconder esos recuerdos- respondió Aiwëndil.

-Yo no los escondo- dijo la elfa- Sólo intento que no me dominen, y dejo que salgan a flote en mi mente sólo cuando lo deseo... o cuando estoy sola y no puedo controlarlos más. Pero no pasa un día en el que no me acuerde de todos los seres queridos que me arrebataron los nuru.

-Ojalá yo pudiera hacer lo mismo- dijo el elfo, con un deje de tristeza en la voz- Pero el único sentimiento que albergan mi alma y mi corazón respecto a los nuru es odio y ganas de venganza.

Althira no respondió, y Aiwëndil tampoco volvió a decir nada en mucho rato. Demasiados recuerdos. Demasiado dolor. Demasiado odio.

[...]

[Editado por Encalion el 05-06-2008 20:08]

Escrito el 06-06-2008 03:03 #5

Aiwëndil no tenía que haber se disculpado, la elfa le comprendía perfectamente a pesar de que no compartía su modo de actuar. Sabía que había se dejado llevar por el momento y no le culpaba por ello.

Althira miró durante un instante a Aiwëndil , el elfo caminaba junto a ella, en silencio, con toda seguridad, estaba sumido en sus recuerdos. <<Pero el único sentimiento que albergan mi alma y mi corazón respecto a los nuru es odio y ganas de venganza.>> había dicho el elfo. La sacerdotisa se entristeció al oír aquellas afirmación <<El odio y la venganza no te devolverán lo perdido>> le hubiera respondido, pero al mirar al elfo no pudo, pues comprendió que para él sólo eran palabras vacías… y entonces recordó una frase que un día le dijera su padre “Las palabras son como las hojas. Cuando abundan, pocos frutos hay entre ellas”*. En aquel momento se había referido a los largos discursos que se realizaban en el Consejo, pero ahora comprendía que aquella frase tenía un significado a temporal. Y se avergonzó. Era fácil decirle a alguien que olvidara todo lo pasado, que dejara a un lado el odio y el rencor hacia los nuru porque aquello no le llevaría a nada ¿qué ganaría con eso? La felicidad ¿se podía asegurar la felicidad? No. Y había sido ese viaje hacia el sur el que le estaba demostrando que ni siquiera ella misma la había alcanzado a pesar de que había logrado dominar aquellos oscuros sentimientos que habitaban en la mayoría de los corazones aldalântar.

<< Tath, estuviera aquí, todo sería distinto>> se dijo, pues sin su hermano, se sentía completamente sola en el mundo.

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*Frase de Alexander Pope

Escrito el 06-06-2008 13:51 #6

Athran canturreaba, distraído, mientras la extraña comitiva seguía avanzando. No se consideraba un joven cerrado y, cuando se vio rodeado de todas aquellas gentes de diversos lugares de Rómenor, se entusiasmó. No obstante, no tuvo tiempo de hacer una sola pregunta, pues pronto se encontraron cada uno en su lugar correspondiente; ellos, varantes y nómadas, marchaban a caballo cerca de la retaguardia, rodeados de aquellos extraños yárai con uniformes marrones. Por lo que sabía, existían algunas leyendas de la época del Imperio que hablaban de aquellos extraños, pero eran vagas y estaban cargadas de un halo de misterio, como toda buen leyenda. Observó a su grupo; Thara y Neyla cabalgaban a su lado, también en silencio; Nírë estaba también junto a él, tan silenciosa como de costumbre. La veintena de nómadas los rodeaba. En verdad, hubiera sido más estricto llamarlos "nómadas" y no "varantes", pues la gran mayoría de la comitiva eran nómadas, y sólo Thara y Athran pertenecían a Al'Varant. Y respecto a Athran, su sangre era númenoréana, no varante.

El camino hasta aquel misterioso lugar había sido duro, pero los varantes -entiendiendo en su contexto ese término- lo soportaron bien; y allí estaban, sintiéndose parte de un acontecimiento notable. ¿Qué pensaría el Senado varante de todo aquello cuando llegaran a casa? Athran sonrió.

-Neyla -la llamó-; ¿te has parado a pensar lo que ocurrirá cuando tengamos que informar al Esgareth de todo esto?

Ella rió con fuerza.

- No creerán ni una sola palabra. Lo más probable es que se rían de nosotros.

Athran sonrió de nuevo. No en vano, el Senado era como era.

Observó a los distintos viajeros. Los nurulântar y los aldalântar avanzaban en extremos opuestos: una imagen elocuente. Había oído hablar de su enemistad, pero sentía una enorme curiosidad. Tendría que preguntar a Dharaith cuando pudiera.

Thara, como él, observaba todo con una inmensa curiosidad. Aquellas tierras eran muy diferentes al Desierto varante, que tenía su belleza, pero era una belleza tosca y difícil de ver. Era la belleza del esfuerzo. Uno sólo amaría el desierto una vez lo hubiera derrotado. Y no era tarea sencilla.

Las miradas de ambos se encontraron. Athran sonrió.

- ¿Cómo te sientes, Thara?

Escrito el 07-06-2008 21:16 #7

Sura estubo todo el camino en silencio. A pesar de su estampa seria, estaba algo confusa.

<<Será realmente Nensir el que supuestamente se encuentra reuniendo una comitiva de cada pueblo>> pensó.

Sentía la inquietud de su sangre, de la sangre de Mezûare...

Por un lado no quería continuar, como si adelante estubiese su perdición, un ser que deseaba encerrarla en el confín de la tierra... por otro lado estaba su deber como guerrera, y por otro, los beneficios personales que tomaría dicha travesía.

Había conocido muchos lugares gracias a los secretos "trabajos" que Branda había pedido que hiciese para su beneficio personal, trabajos de espionaje, contactos para futuros tratos comeciales, adquisición de objetos que no deseaban estar en manos de Branda y ... en la desaparición de algunas personas, pero nada como esas tierras lejanas.

<<¿Realmente estarás en ese lugar?>> Sentía el estómago apretado. Hasta el momento no le había tomado el peso al asunto.

<<Si lograba ver más allá de su coraza estaría perdida... ella y aquel ser que le dio esa nueva... no... no podía mostrar signos de duda ni de flaqueza... se lo debía a Mezûare. Él era su guía, y siempre le mostrará el camino>>

Escrito el 08-06-2008 03:28 #8

El sol estaba ahora encima de sus cabezas, pero el calor no era atosigante, sólo los rayos más persistentes lograban penetrar entre las ramas de los árboles. Las hojas se movían cálidamente, un vaivén similar a las olas del mar, pero más lento. Thara había surgido de entre las arenas del desierto, ellas la formaron y la vieron crecer, no obstante, algo en su sangre la llamaba a la naturaleza, desde pequeña creía que los árboles intentaban decirle palabras, y gozaba mucho de estar en los poco jardines que había en Varendia. Esta parte del viaje la estaba disfrutando más, sus ojos miraban hacia todos lados, la compañía y sus extrañas ropas no le habían interesado más que al principio, antes de llegar al camino rodeado de abedules y frondosos abetos; mas inconscentemene volteaba al lado donde iba Athran, percatándose de ello hasta que él correspondió a sus ojos, entonces se sonrojó.

- ¿Cómo te sientes, Thara?

- Extraña ¿sabes? - contestó intentando sonreir para disipar el rubor de sus mejillas- jamás pensé abandonar el desierto, está en mis venas y en mis pulmones; pero ahora no lo añoro. Es como si hubiera nacido para esto, como una tortuga que se desarrolla y nace en la arena, pero al fin debe ir al mar, porque es ahí su verdadero hogar. Donde le llaman -diciendo esto último en un susurro que Athran pudo escuchar claramente.

La joven siguió mirando los árboles y suspiró profundamente. Athran la observó con cuidado, por primera vez intuyó cualidades escondidas en ella. Él era un dherasda, podía identificar las dotes de un sacerdote o de un invocador. No obstante no sabía nada sobre sus estudios, tal vez formaba parte de su cofradía y por eso se le había hecho conocido su rostro cuando la vio por primera vez en Darmandia.

- ¿A qué dehnith perteneces?

- A todas... y a ninguna - respondió Thara tan segura, que al verlo de nuevo le gió un ojo ante el rostro confundido de Athran y ambos rieron alegremente.

Entonces Neyla se aproximó al dherasda y le habó al oído:

- Veo que ya te has dado cuenta de sus habilidades, eso ha sido causa de muchas noches sin sueños tranquilos. Quiero hablarte de esto en cuanto tengamos la primera jornada de descanso.

Athran asintió, mientras Thara se salía de la línea haciendo danzar al caballo entre los árboles e intentando tocar sus últimas hojas con las yemas de los dedos. Acto que enseguida llamó la atención de Engol y acudió a sostener las riendas del caballo de la joven para integrarla de nuevo a las filas. Los ojos del yarái estaban furiosos, pero no fue grosero: - No olvidaís que esto no es una excursión, debemos ser cautos y silenciosos, pues no sabemos qué o quien pueda escucharnos más allá de estos lindes.- Y sin más dio una orden discreta a otro yárai. -Permaneced al lado de esta chiquilla, sois responsable de cualquier cosa que haga.

Escrito el 08-06-2008 10:06 #9

El viaje se estaba realizando con lentitud, pero al menos estaban en movimiento y eso le evitaba tener que enfrentarse a cada instante con la mirada reprochante de Elesinyë, era necesario hablar con ella pero no ahora, por el momento era preferible que estuviera molesta y Angarato ya sabía sus verdaderas intenciones, la hostilidad hacia él que tenía Elesinyë le era favorable para con los Aldalantar, aun así resultaba molesto que dudara de él cuando se había destacado tanto durante la guerra pues, pese a su juventud, ascendió rápidamente, mucho más que sus compañeros del narwanolmë. Serkendil poseía un instinto natural para aprovechar cualquier cosa a su favor...

Aún así había sido capturado y aunque las sopechas de traición caían principalmente sobre Engrel... no había sido Engrel la mano ejecutora y el no saber quien había sido el responsable directo le inquietaba, pues podía estar en cualquier parte, podía ser cualquiera y aquella sensación de inseguridad, especialmente porque minaba su confianza en si mismo, era especialmente frustrante y la respuesta que daba era la de mayor hostilidad hacia todos y trataba de ser impenetrable para todos, pero era cansado... agotador.

**********************

La noche era lluviosa, fría, pero la guerra había terminado aunque Engrel no había sabido elaborar un tratado, el muy inepto, pese a haber vencido el ejército nuru, había elaborado una paz de igual a igual, tantas vidas desperdiciadas.

Aquella noche, Serkendil, orgulloso Artakano de los ejércitos nurulantë, proclamado por su ejército y apoyado por los oficiales, se fue a descansar a su tienda en medio de un remolino de ira. Engrel era blando de espíritu, tenía voces que le influían en las sombras, no era un balí digno como s¡ lo habría podido ser Minalcar.

Aquella noche Serkendil añoró a Minalcar, tras la muerte de su propio padre, al inicio de la guerra, Minalcar había visto el potencial de Serkendil y lo tomo a su cargo. Con la cercanía de un hombre tan capaz y habilidoso, las dotes naturales de Serkendil se fueron aguzando y el rápido ascenso durante la guerra se debía a ello. Se dió cuenta, por primera vez, que ocupaba el puesto que ocupara Minalcar cuando él entró en el ejército... ¿estaría a la altura? esa duda le corroyó unos instante, pero se tranquilizó, ambos tenían el mismo oponente a batir, Engrel y Minalcar había muerto por culpa de Engrel, Serkendil lo sabía, Engrel debía morir por aquello, había destruido a aquél que le había enseñado tantas cosas...

"Protege a los míos y yo protegeré a los tuyos" Aquella enigmatica frase había sido la última que le dirigiera Minalcar en vida, en un primer momento no la entendió pero poco después murió y Serkendil quedó desolado, epro obedecería este ultimo deseo cuando fuera necesario aunque la ironía quisiera que los de Minalcar no eran otros que Hisië y Elesinyë, a las que Serkendl detestaba...

Con todos estos recuerdos en mente, Serkendil se durmió, solo para despertarse en un frío calabozo con un horrible dolor de cabeza, encadenado a un muro y oyendo la risa socarrona y grave de un enano.

Escrito el 08-06-2008 22:25 #10

Tras varios días de travesía por la selva, el grupo llegó por fin a las murallas de Nilme Istyalvao; la ciudad no se encontraba a gran distancia de Laiquamiril, pero estaba protegida por Norno y por eso habían tardado tanto en dar con ella, ahora que ellos la habían encontrado, cualquiera podía llegar a la antigua ciudad.

Mientras rodeaban la muralla en busca de la puerta, la noche cayó sobre ellos y también una visita inesperada.

-Ave, Fergull -habló el recién llegado.

El Consul se giró y al ver el uniforme del Yárai que hablaba, le hizo un saludo marcial:

-Ave Consul, ¿qué os trae por aquí? ¿Ha ocurrido algo en la ciudad?

-No, nada que desconozcais... pero hablando de Vanwielie, vengo con un grupo de Nurulântar que deseaban unirse a la reunión. Los lidera una conocida vuestra llamada Dâira.