La Guerra de los Clanes

Batalla 25. Revuelta En Annwyn

Terminada
Escrito el 04-05-2008 12:02 #1

Fin Guerra: Maianor deja de Atacar

Armadas perdidas por "Maianor" = 21

Armadas perdidas por "Marllajtay" = 29

Victoria para Maianor. Marllajtay conserva la posesión de la ciudad.

Escrito el 08-05-2008 12:42 #2

Tehór’fil nunca dejaría que los extranjeros se entrometieran en los asuntos de Annwyn. Desde hace centurias, su familia era la más importante políticamente en la Gran Ciudad del Sur, y él mismo descendía en línea directa del Gran Capitán que fundara la Armada Gloriosa. Por supuesto, éste era su fuerte… pero también su desventaja. Como heredero del Gran Capitán tenía todo el respeto y la admiración que su Ýnna merecía, pero no podía de ningún modo hacer valer para sí el reclamo tradicional de la primacía del Zôr de Annwyn, heredero directo de Nahald, sobre todos los Borhalas. De hecho, su gran antecesor había sido quien depuso la monarquía (y –según los rumores- también quien había dado muerte al último Zôr legítimo).

Era difícil, por tanto, su situación. Para oponerse a la intervención de los Marllajtay en su tierra no había mejor bandera que la legitimidad del Zôr de Annwyn… pero los legitimistas habían sido los enemigos políticos de su familia por siempre. Y, además, el Palacio había decidido aliarse con los Marllajtay.

Desde hacía 6 meses, desde que comenzara el mes de Ignis Gort (en el año1600 SE de los Númenóreanos), los chasq’asqa Marllajtay habían insistido por todos los medios en que Annwyn se integrara finalmente a Híssuë, como todos los Borhalas de las Andië e Islas Vecinas. Y quien más se había opuesto en la Corte a esta solicitud y reclamo había sido siempre él.

Pero lo cierto es que, desde hacía mucho tiempo, el poder de Annwyn estaba en franca decadencia, y desde los tiempos del abuelo de su abuelo los suyos tampoco eran rivales para los Marllajtay. El argumento de la Unión de los Borhalas era interesante, y permitía suponer un trato preferencial para la Gran Ciudad del Sur, que –según decían los marllajtay-, era un aliado indispensable para sus conflictos con los Occidentales. Esto halagaba a muchos en la Corte y les permitía soñar con un futuro mejor para ellos y para la Ciudad, dentro de la órbita de Híssuë.

Pero, para Tehór’fil, el argumento inverso era igualmente válido: ahora que los Marllajtay estaban en conflicto con los Occidentales, Annwyn tenía una excelente oportunidad para recuperar su gloria aliándose con los extranjeros en contra del Khútic.

Las discusiones nunca llegaron a decidirse: ni los Marllajtay fueron admitidos en Annwyn, ni Tehór’fil obtuvo permiso para parlamentar con los Occidentales sobre una alianza contra el Khútic. La indefinición del Zôr y de la Corte mantuvo la situación irresuelta hasta el 22 Ignis Luuis, en que los chasq’asqa Marllajtay enviaron un ultimátum: si pasado el Dies Natura no recibían un embajador de Annwyn encargado de parlamentar con vistas a la Unión de los Borhalas, ellos mismos derrocarían a la ineficiente Corte de Annwyn con ayuda de Zôr-Khôndor.

Nadie supo entonces si esta bravata era realmente un exabrupto lamentable o si hacía parte de una estrategia de negociación, pero todos la interpretaron como un insulto a la dignidad de la Ciudad del Sur. Y Teóh’fil aprovechó la situación: convenció al Zôr de despedir a los chasq’asqa con hirientes palabras y consiguió que se le encomendara una embajada en Lóna Halátir para arreglar una alianza con el Reino de Númenor.

Sin embargo, la respuesta de Híssuë fue muy rápida: dos semanas después de que sus mensajeros fuesen maltratados, una pequeña pero bien provista flota desembarcaba en la Isla de Annä y, el mismo día 6 de Aqua Nion, derrotaba una poco convencida defensa, tomando la Ciudadela y forzando una rendición. El día 10 llegaron las invitaciones formales del Khútic para el inicio de las negociaciones de Unidad en el Apákt’chüta; y el día 13 partieron cuatro Consejeros, bendecidos por el Zôr de Annwyn, para cumplir con esa tarea.

¡Si Tehór’fil hubiera estado en Annwyn durante esas ignominiosas jornadas la historia hubiese sido bien distinta!

Pero no. Él y su gente de mayor confianza, así como algunos navíos de guerra que le acompañaban, se hallaban entonces en Lóna Halátir, sufriendo el enorme desprecio de los Occidentales que ni siquiera les consideraron dignos de aliarse con el Reino de Númenor, aunque sí les prometieron ayuda en caso de invasión.

Con su orgullo herido, el Capitán Tehór’fil regresó a su patria sólo para descubrir que se hallaba bajo ocupación Marllajtay ¡Oh desgracia! ¡Tanta humillación se le hacía insoportable! ¡Eso no quedaría así!

Los Zôr’aotli de Híssuë podían saber muchas cosas, pero no conocían la Isla de Annä como él y su gente: en muy pocos días logró establecer contacto con todos los refugios y destacamentos en la Isla, y desembarcó a sus hombres en puertos secretos. Posteriormente, introdujo espías en la Ciudad y planeó detalladamente la insurrección que habría de poner fin a la ocupación extranjera.

El primer traspié en sus planes lo sufrió el día 23 de Aqua Nion, cuando regresaron del Apákt’chüta los negociadores y se proclamó abiertamente en la Ciudad la Alianza entre Híssuë y Annwyn, y la definitiva Unión de todos los Borhala. Los informantes hablaron entonces de enormes festejos populares y de la gran satisfacción del Zôr y de la Corte… por no hablar de la confraternidad que se empezaba a notar entre los Yaotli Marllajtay y los habitantes de Annwyn.

Tehór’fil se negó rotundamente a creer en tales rumores y prefirió confiar en el orgullo de la independencia patria. Pero tampoco era ingenuo, y prefirió dilatar sus planes durante un tiempo para ver cómo se desarrollaban los sucesos.

Menos de una semana más tarde su paciencia se vio recompensada: el primer día de Aqua Fearn, durante los grandes festejos de la Hañsati, el grueso de la flota Marllajtay se hizo a la mar, de regreso a Híssuë. La oportunidad de Annwyn estaba al alcance de la mano. Tehóf’fil reactivó las redes de espionaje y pronto averiguó la situación en que se hallaba el pequeño destacamento ocupante, al mando de una joven inexperta.

Desde el día 10 comenzaron a circular los rumores en la Ciudad: se dijo entonces que Annwyn había sido engañada por los Marllajtay, que el Zôr de Annwyn era, por derecho propio, el legítimo gobernante de los Borhalas y que el Khútic Joven era un mero impostor, y un lamentable títere de los aborrecibles Nüstasqa de Híssuë. La voz decía que la Corte de Annwyn había traicionado al legítimo heredero de Nahald por dos bolsas de ocate y una posición en el Zîr’an del Apákt’chüta para sus descendientes directos, y que el precio era la esclavitud de la Ciudad del Sur. Más importante aún, se decía que un Capitán Leal al Legítimo Zôr de los Borhalas no se había rendido aún y que la Orgullosa Ciudad se levantaría una vez más de la situación en que los traidores la habían dejado.

Tehór’fil había logrado la alquimia imposible entre su historia familiar y la legitimidad del Zôr de Annwyn. Y todo gracias a la torpeza de la Corte de pactar una Alianza con Híssuë.

El día 12 comenzó la insurrección, y cerca estuvo de triunfar al día siguiente cuando apenas unos cientos de Marllajtay se hallaban sitiados en la Ciudadela. Sin embargo, el día 14 por la mañana reapareció la flota Marllajtay en el horizonte y se libró una cruenta batalla durante el día entero. Esa tarde, su lugarteniente Qui’jó negoció con los invasores una rendición a cambio de la conformación de un Consejo de Annwyn con respresentación en Híssuë.

El legítimo Zôr había sido traicionado una vez más.

Escrito el 08-05-2008 13:35 #3

Mar’ek Ýthuel debía volver a Híssuë: el imprevisto ataque desde la niebla en ausencia del Khútic y la –a su parecer- impulsiva y aventurada misión que emprendieran la Núst’ë Rawa, el Zôr’chä de Atlan’tenawq Morlyg, y el Zôr’aotli de Teihlmac, Toltyo, habían dejado el Estuario sin grandes jefes militares. Su propia misión, encargada por el Khútic, se refería a los Mares del Sur y a Annwyn, y sólamente por eso él se hallaba ahora tan lejos de Híssuë. De no ser ésta su principal responsabilidad, debía estar ya a cargo de la defensa del Estuario, como le había encomendado la propia Rawa.

Erelas, sin embargo, no estaba inquieta por la seguridad de Híssuë: sabía muy bien que el Tlay’aotl era una defensa por demás eficaz, aunque no hubiese un Zôr’aotli visible en el Apákt’chüta… y además Zôr Taruka era un político hábil que debía estar manteniendo a los Ñaál en su sitio, y a los Nüstasqa contentos.

Pero, en cuanto a la situación en Annwyn, todos los Capitanes estaban muy preocupados: la revuelta del 12 y el 13 habían sido ampliamente apoyadas por la población, que muy pocos días antes parecía hallarse feliz de integrarse con los Marllajtay. Y la negociación de paz del 14 se había realizado con un Capitán subalterno (que ya debía estar instalado en el Apákt’chüta, disfrutando de unas vacaciones diplomáticas): era evidente que el cerebro de la conspiración no se había hecho visible aún.

Miyotl desconfiaba del Zôr de Annwyn: bajo su apariencia bobalicona se le aparecía un hábil y disimulado estratega que podía salir ganancioso con cualquier resultado de la revuelta. Mar’ek Ýthuel no coincidía con la joven capitana -que se recuperaba de sus graves heridas en pleno Palacio de Annwyn-: para él, el Zôr era en efecto un retardado que estaba siendo utilizado para caldear los ánimos de la población.

Erelas tenía más penetración en el espíritu de las personas y confiaba en que los miembros de la Corte se hallaban del lado de Híssuë: ninguno de ellos se había comprometido con la revuelta, y más bien parecían aterrorizados por sus vidas en caso de que la misma triunfase.

Había, evidentemente, una mano oculta detrás de la revuelta; y los Marllajtay no podían confiar en nadie fuera del Palacio de Annwyn. Los rastrillajes por los bosques y montañas eran insistentes, y se pretendían exhaustivos, pero los rebeldes seguían sin aparecer, y las milicias locales tampoco cooperaban demasiado.

-Hay tensión en el ambiente, Zôrulë –confesó Mar’ek una tarde-. Annwyn es demasiado orgullosa para ser un aliado confiable. Si Allpa’huátl estuviera aquí acaso les convenciera de su Misión. Pero para nosotros, meros Capitanes militares, esto es imposible. Con perdón de vuestro propio orgullo.

-Y con perdón del tuyo –respondió Erelas-. Verdaderamente me extraña que hables así.

-Es que la solución para Annwyn no es militar, sino política. Y yo soy militar, y tú eres Hünna’nay, Zôrulë.

-Hünna’nay –respondió, pensativa, la anciana-. ¿Y qué tal si la mano detrás de todo esto…?

Los ojos de ambos se abrieron, enormes: ¡la rendición del 14 se había hecho ante Erelas!

-¡Tenían prometida ayuda Occidental! –exclamó Mar’ek-.

-…y se creyeron traicionados –concluyó la anciana.

-¡Volverán al ataque ni bien tomen nota de su error! ¡Y nosotros entrampados en esta Isla de Malkñý! –rugió Mar’ek, golpeando la mesa.

-Al menos ahora sabemos que la solución es militar, y no política –acotó socarrona Kalfar’chê, la reemplazante de Miyotl, que seguía gurdando reposo.

Desde entonces los controles y las requisas, y los rastrillajes y patrullajes marítimos se multiplicaron. Pero no había rastros de rebeldes, y con el transcurrir de los días los Marllajtay se tranquilizaron.

-Quizá ya no tengan fuerzas para volver a intentarlo –se esperanzaban a veces los Capitanes.

Mientras tanto, el Consejo de Annwyn con embajada en Híssuë fue designado, y los delegados partieron con la fiesta de la Hañsati del Aqua Saille, más felices por partir de allí que por representar a su Ciudad en el Apákt’chüta.

El Zôr seguía inmutable, como si nada ocurriera, y cada tanto salía a recorrer los muros sin escolta, disfrutando del sol y del afecto de su gente. Pero la tarde del 6, una flecha envenenada desgarró su hombro y puso la Ciudad en alerta. El rumor corrió veloz: el legítimo Zôr agonizaba entre fiebres espantosas ¡y la saeta era Marllajtay!

Los Capitanes sabían que no podían darse el lujo de dejar morir al Zôr de Annwyn, y de inmediato mandaron pedir por Yanáwara, la más renombrada curandera de Híssuë, que había salvado al Khútic Noble de su envenenamiento en el año 94.

Pero las cosas se pusieron difíciles: la población no cooperaba y los pocos miembros de la Corte que no habían partido a Híssuë, se preparaban a abandonar la Ciudad por miedo a una nueva revuelta. La tarde del 7 hubo algunas riñas callejeras y un barrio fue incendiado sin que la milicia local se dignara intervenir. Esa noche, Kalfar’chê fue muerta por un proyectil cuando ayudaba en la evacuación de la zona. Miyotl retomó el mando de su compañía esa misma madrugada, con un brazo aún inmovilizado.

La mañana del 8 mostró a una multitud frente a las puertas del Palacio reclamando por la vida del Zôr legítimo y exigiendo el retiro de los Marllajtay. Pocos minutos después volaron algunas piedras, y las puertas comenzaban a ser forzadas cuando Mar’ek Ýthuel dio la orden de dispersar a la multitud: cuatro escuadras marllajtay avanzaron sobre la plaza y forcejearon con la enardecida población de Annwyn.

Pero entonces la voz de alarma llegó desde lo más alto de la Ciudadela: una flota con la divisa de Annwyn avanzaba desde el Mar, a pocas millas. ¡Los Marllajtay habían sido cogidos por sorpresa!

-Al menos no son Hünna’nay –suspiró Mar’ek Ýthuel, y ordenó la inmediata preparación de la flota Marllajtay-. Con una compañía podemos mantener el orden en la Ciudad, Miyotl –agregó, palmeando su hombro, para luego partir con el grueso de las fuerzas a una inesperada batalla naval.

Pero el orden en la Ciudad no se mantuvo: una hora después de que partiera la flota, mientras comenzaban los intercambios de proyectiles en el mar, las escuadras que bregaban por mantener el orden en las calles se vieron sobrepasadas… ¡ésos pobladores quejosos no eran meros civiles!

Demasiado tarde se habían dado cuenta de su error los Marllajtay: la flota era una mera distracción y el ejército rebelde estaba en las calles de Annwyn, masacrando a los ocupantes…

Miyotl envió el alerta al navío insignia de Mar’ek, pero ¿cómo hacer para resistir hasta que la flota regresara?

Una lágrima finalmente escapó de sus ojos: no se lo había permitido a sí misma cuando la muerte de Kalfar’chê… pero no podía evitarlo ahora que veía dos centenares de yaotli Marllajtay siendo desmembrados en la Plaza de Annwyn.

Veinte decenas de amigos con sus cabezas clavadas en picas y sus cuerpos mancillados.

¡Zôr-Khôndor se apiade de nosotros!

Escrito el 08-05-2008 14:38 #4

El asalto al Palacio fue brutal. Sólo unas pocas decenas de Marllajtay consiguieron refugiarse en lo más alto de la Ciudadela. Detrás suyo habían dejado centenares de compañeros muertos.

Pero la batalla naval había sido una victoria rápida y total: Mar’ek Ýthuel y su gente eran mucho mejores navegantes que nadie que Annwyn hubiera visto en cinco siglos. Y el resultado era claro: apenas dos navíos rebeldes habían logrado evitar ser hundidos o abordados. Y si consiguieron huir de la contienda fue porque las naves marllajtay muy pronto se volvieron de regreso a la Ciudad.

La rapidez de esa contienda había sido decisiva: no había dado tiempo a que la rebelión se hiciera con la Ciudadela que dominaba el puerto. Allí, Miyotl aún resistía heroicamente con veinte arqueros y algo menos de cien ballesteros de su propia compañía.

Algunos rebeldes dudaron al ver las tropas Marllajtay desembarcar. Pero la mayoría estaba aún demasiado enardecida como para darse cuenta de la desventaja que tenían por delante: una multitud se abalanzó sobre el puerto dispuesta a rechazar a los yaotli de Hïssuë.

Y el desembarco se hizo difícil: aunque los arcos marllajtay podían mantener a distancia a los rebeldes, éstos no cejaban en su empeño y dominaban los empinados accesos a la Ciudad.

Hizo falta entonces un coraje extraordinario. Y, cuando se cercioró de que todas las naves habían conseguido fondear, y que sus tropas desembarcaban sin obstáculos, el Capitán Mar’ek Ýthuel se lanzó el primero contra el muro que los rebeldes formaban en los accesos.

Veinte saetas en su escudo y otras cinco que alcanzaron su carne, dos piedras que abollaron su capacete y un profundo corte de espada en su antebrazo le costó su osadía. Pero, tras él y a su lado, los valientes marllajtay lograron abrir una brecha entre los defensores. Y poco después los rechazaban cuesta arriba.

Promediando la tarde, Erelas tenía la voz de mando en la reconquista de la Ciudad. Había sido abierta la vía entre los puertos y el Palacio, y Mar’ek estaba siendo atendido en el interior del mismo. Pero los rebeldes aún mantenían muchas plazas fuertes, y los Marllajtay estaban profundamente conmocionados por el ultraje que se había hecho de los cuerpos de sus compatriotas.

Entonces, en la hora del Llyamë, el Khôndor apareció en el cielo de Annwyn y la batalla se tomó un respiro: los sureños compartían la misma veneración que los Marllajtay por el Ave y todos estaban deseando saber a quién favorecía el augurio.

Pero entonces, una voz potente se escuchó desde los balcones del Palacio:

-¡Borhalas, somos hermanos bajo el Khôndor! ¡Haya paz entre los hermanos! ¡Os ordeno deteneros! ¡Y a vosotros también, primos de Híssuë!

Y todos enmudecieron. Y levantaron sus ojos hacia el Palacio.

El Zôr de Annwyn había hablado, y la batalla se detuvo.

-¡No habrá, nunca más, muertes entre hermanos en Annwyn! ¡La Unión de los Borhalas es y será sagrada y así lo dice el Khöndor! ¡Ved!

Y el Khôndor se posó en lo más alto de la Ciudadela. Y todos depusieron sus armas.

Pero entonces algo terrible sucedió: el Zôr de Annwyn emitió un grito de espanto y dolor infinitos, y cayó muerto desde el balcón, culminando sus días ensartado en una pica, en la Plaza, debajo.

El ave cruzó entonces una vez más los cielos, en medio del silencio aterrado de propios y extraños. Y, ante el horror de todos, se posó junto al cadáver del Zôr de Annwyn, y comenzó a devorar su carne con fruición.

El pánico cundió entre los rebeldes entonces. Unos minutos después ya habían desaparecido de la vista, y sus armas se hallaban desperdigadas por doquier.

Tehór’fil, amargado en su refugio, renegó entonces para siempre de su fe en Zôr-Khôndor, y se hizo de inmediato a la mar junto a sus colaboradores... con destino a Lóna Halátir, el puerto Nümenóreano.

Escrito el 11-05-2008 12:41 #5

Resumen de la batalla:

Marllajtay ha perdido 29 armadas x 35= 1015 puntos.

Recuperables: 457 puntos.

Valoraciones: 8.6 + 8.6 +8.5 +7.2 + 8.3+ 8.2 = 8.23

Recupera: 376 puntos.

Ha solicitado daños de personaje por un 20%, por lo que recupera 70 puntos.

Total recuperación: 446 puntos.

Pierde: 11 puntos.

Por el retraso en la publicación de la historia acumula una sanción de 2 Armadas, es decir, 70 puntos. Por el exceso de armadas jugadas en relación a las armadas disponibles, pierde 355 puntos.

Pierde en total: 639 puntos. RECTIFICADO

Compañías actualizadas y listas.

Por la batalla, los dirigentes obtienen 210 Nóti.

Por las historias, se entregan 96 Nóti.

Saludos!

[Editado por Indil el 12-05-2008 07:42]

Historia finalizada.