Reorganizar de la nada un Reino era una tarea que Allpa'huátl jamás había experimentado, y que de ningún modo se demostraba fácil.
Un Añasqa después de asumido el control de Tûgore, Allpa'huátl aún no comprendía el funcionamiento de esa ambiciosa Ciudad comercial. No podía comprender que el interés de sus ciudadanos estuviera puesto en la ganancia y no en la virtud y el patriotismo. No podía concebir las oscuras maquinaciones de sus mezquinas voluntades y hasta prefería ignorar que esa gente hablaba en serio cuando reclamaba por los derechos comerciales que pretendían adquirir con la reconquista de Tumbu o cuando exigían un impuesto para la reconstrucción del Puente sobre el Ertesíre, y menos aún cuando proponían intercambiar derechos mercantiles en Núranan por la mano de obra para la reconstrucción del Sûtagûn...
-¡¿Pero es que esta gente no puede pensar en la cooperación de las voluntades, en el esfuerzo de todos para el bien común?! -exclamaba el Khútic de Híssuë a cada momento.
Y Yamacha el Ýzkûr le respondía: "Eso es porque son falsos Borhalas: en sus corazones siguen adorando al cruel Cuervo. Es por eso que hay que purificar la Ciudad."
Pero Allpa'huátl no compartía la conclusión de Yamacha. El nuevo Zôr de Tûgore estaba seguro de poder convencer a los Mercaderes por el ejemplo, y él mismo encabezó una ambiciosa empresa de reconstrucción, junto a sus tropas, para levantar una nueva Residencia Principal en el Sûtagûn... los Tûgorianos pasaron de la sorpresa y la vergüenza a la risa llana y franca al ver al "Gran Khútic de Híssuë" arrastrando bloques de piedra junto a sus hombres...
Acaso tuviera razón Yamacha. Acaso los Tûgorianos nunca pudieran comprender...
Pero la duda no permaneció demasiado entre los Fieles... un día se desató el huracán...
Primero lo advirtieron los Ýzkur: ¡La sombra del Cuervo vuelve a Tûgore!
Luego los exiliados de Tumbu buscaron excusas para huir de la Ciudad, diciendo que no estaban dispuestos a vivir otra vez lo que habían pasado.
La tercera señal fueron los caballos encabritados, que pronto se perdieron en los bosques... y tras ellos fueron Laymi Arië y muchos de la Compañía de Teihlmac.
El Khútic convocó entonces a una celebración en el Apákt'chüta para celebrar el primer ciclo Añasqa de la liberación de Tûgore... pero los Tûgorianos se ausentaron sin presentar excusas.
Dos días más tarde, los Ýzkur del Nendataurë y los de Tumbu habían desaparecido en el Bosque. Allpa'huátl comenzó a preocuparse entonces de qué iría a ocurrir ahora... pero nada pasó por cinco días: no hubo noticias entonces de la Caballería de Teihlmac, ni de los Exiliados de Tumbu, ni de los Ýzkur de Yamacha.
La Ciudad de Tûgore parecía envuelta por el manto impenetrable de un Bosque hostil, de donde nada salía ni entraba. Y los Tûgorianos se mostraban secos e impenetrables... nadie podía saber qué pasaba por sus mentes.
La tropa Marllajtay estaba inquieta, y Allpa'huátl hizo lo posible por reconfortarlos, pero sin descuidar mantenerlos en forma y atentos a todo lo que pudiera pasar...
Finalmente, la madrugada del 15 de Aqua Saille los tres barrios comerciales de la Ciudad ardieron ferozmente con la luz de las antorchas... ¡los Mercaderes se dirigían hacia el precario establecimiento montado en la Colina del Sûtagûn con el propósito de acabar con los Marllajtay!
-Es ridículo -comentaban los Yaotli mientras observaban a los fofos mercaderes pobremente armados-. Jamás podrán hacernos frente con esos cuchillos de cocina ¡Ni siquiera podrán traspasar el radio de nuestros Grandes Arcos!
Sin embargo, los Tûgorianos contaban con un arma secreta. Con el alba, una nube negra se aproximó rápidamente desde el Sur. En apenas una hora los Cuervos habían cubierto la Ciudad con sus graznidos y los Marllajtay se refugiaban donde podían de su ataque mortal... ¡Ésos no eran simples cuervos! ¡Eran Poderosas Bestias de Malkñý!
No hubo ningún Marllajtay que estuviera a cielo abierto que quedara librado de la muerte. Para el mediodía, los cuervos cubrían todos los techos de la Ciudad, y los Tûgorianos honraban a Osrûn Sâr, que se había montado en la cúspide de la Apákt'shïta... ¡Nunca una batalla había sido más breve y más mortífera!
- ¡Osrûn Sâr! ¡Osrûn Sâr! -se escuchaba desde el interior del pequeño Sûtagûn. Y los Tûgorianos volvían a avanzar por la tarde, dispuestos a acabar con aquél que había osado apropiarse del título de Zôr de Tûgore, y con todos aquellos que le acompañaban.
El cielo se ennegreció nuevamente en plena hora de Katarië, y el retumbar de los metales se hacía ensordecedor cuando los Mercaderes enardecidos rodeaban el sencillo refugio de los Marllajtay.
Pero entonces salió el Khútic de su profundo ensimismamiento, y dijo:
- ¡Alegráos Marllajtay! ¡Estamos ante la Batalla Final contra el Cuervo y los Perversos! ¡Zôr-Khôndor no nos abandonará en esta hora aciaga! ¡Marllajtay! ¡A los Arcos! ¡Por Híssuë y por Borhala! ¡Por Ñaál y por Vuestras sagradas Ýnnas! ¡Por la nieve de las Andië y las Brumas del Estuario! ¡Por el Ocate en la Mañana y el Khôt para el Descanso! ¡Adelante Marllajtay! ¡Zôr-Khôndor nos traerá a Maïth de regreso! ¡Os lo prometo!
Y seguía invocando todo aquello por lo cual los Marllajtay estaban dispuestos a vivir y a morir, por todo lo que hacía del Mundo un lugar digno de ser habitado... por todo lo que hacía Hombre al Hombre y Hermosa esta Vida.
Y mientras Allpa'huátl cantaba las loas de EsteMundo, los Marllajtay apuntaban sus arcos y disparaban a ciegas contra los Cuervos Perversos, en una carga infinita y desesperada por la supervivencia del Mundo Justo y Luminoso...
El tiempo pasó incalculable... sólo el ritmo de la canción del Khútic mantenía a los Marllajtay disparando, y respirando.... pero la oscuridad total en un momento de ese negro infinito alumbró una luz aquí... y luego otra luz allá...
Y los gritos enardecidos de los Mercaderes se convirtieron en alaridos de pánico, y los metales se entrechocaron en la huída...
Los Marllajtay abrieron sus ojos y vieron el cielo despejado... en el Occidente, los Cuervos abandonaban la bóveda celeste a gran velocidad... en el Oriente, los Khôndor batían -trinufales- las alas algo desplumadas y moteadas de sangre...
Pero los gritos de júbilo se ahogaron cuando miraron en la dirección del Khútic: Allpa'huátl desfallecía en un rincón, su garganta abierta por el pico de Osrûn Sâr, el maldito.
-¡Venganza! -gritaron los Marllajtay
-¡Venganza! -respondió un eco desde los Cielos.