La Guerra de los Clanes

Historia Por Monedas De Marllajtay. Historia De Dos Pueblos Hermanos. Parte III - Estalla La Guerra

Terminada
Escrito el 12-05-2008 23:58 #1

Las dos semanas que pasé en Anwafirya las dediqué a aprender más sobre Híssuë y concretamente, a informarme de los acontecimientos que tenían lugar aquellos días. Se trataba de una próspera colonia poblada de blancas casitas al pie de las boscosas colinas del Mistetaure occidental. Era casi un paisaje paradisíaco. Y al fin, una cálida mañana de primavera, me encontraba contemplando ante mí las innumerables islas de los archipiélagos de Híssuë, cuya habitual niebla ocultaba el estuario detrás, al amparo de las poderosas Andië. Viajaba en un lujoso buque Númenóreano encabezado por Gwyllion. Parecía que los Señores del Mar no escatimaban esfuerzos a la hora de demostrar su posición social. Mallion también viajaba con la embajada. Al parecer, tenía la intención de solicitar la aprobación del Zîr’an para instalarse en Híssuë y así trabajar en su tratado. Todo esto era, lógicamente, puro formalismo, pues el acuerdo ya se había fraguado con bastante anterioridad a nuestra partida. Esto me confortaba, pues también yo me sentía tentado de instalarme en Híssuë, a pesar de la dificultad en conseguir un permiso para ello. Pensé que la presencia de Vithore podría beneficiarme.

En los acontecimientos que sucedieron a partir de entonces me siento directamente implicado, pues el ataque pirata en el que se vio inmersa la embajada reavivó las tensiones entre ambos pueblos, pues ese ataque no respondía al comportamiento habitual de los piratas, que solían asaltar buques mercantes para saquear las riquezas y productos que transportaban. Tanto desde el gobierno de Númenor, que recibió rápidamente a los mensajeros que envió Gwyllion, como desde la corte del Apákt’chüta, se coincidió en que el ataque debía deberse a intereses políticos. Los círculos del Zir’an más cercanos al Khútic apuntaron –extraoficialmente – directamente a la Orden como organismo instigador de ese ataque, aunque de esta grave acusación nada supieron los Númenóreanos. Gwyllion volvió a Anwafirya con sus hombres a bordo de una embajada Marllajtay al frente de la cual estaba Jish’tátl. Por su parte, Mallion obtuvo la aprobación para instalarse en Híssuë. Ambos habían sido rescatados por una patrulla de Tlallicztan y fueron llevados al Estuario.

Las negociaciones en Anwafirya fueron satisfactorias y se llegó a un acuerdo que más tarde sería aprobado por el Khútic con el apoyo del Zir’an. Los Marllajtay accedieron a colaborar con los Númenóreanos en la persecución de la piratería, actitud que no apoyaban en absoluto. Pero este tipo de ataques eran realmente escasos, y resultaba igualmente difícil prevenirlos, cosa que no hizo más que aumentar la sospecha de que algún ente se encargaba de organizarlos. El diálogo entre Occidentales y marllajtay fue continuo en este tiempo, unas veces satisfactorio, otras veces no tanto. Yo solía formar parte de estas embajadas, bajo el mando de Jish’tátl, que además se ofreció a ser mi traductor y me instruía en la lengua de Híssuë. Así era como me reencontraba a veces con Gwyllion y una vez liberados del arcaico protocolo de nuestros encuentros oficiales, solíamos tomar unas pintas en alguna taberna y charlar sobre nuestras respectivas estancias en Anwafirya y Híssuë. Y también yo le traía noticias de Vithore con quien también solía encontrarme cuando disponía de tiempo. Vivía en un ayllu cercana al Yátir’chüta con una familia de letrados Marllajtay. Algunos de los más ancianos de la Ýnna se contaban entre los grandes sabios de Híssuë. Una privilegiada posición para la elaboración de su trabajo, que ya tenía título: la Historia Social y Económica de Híssuë.

Pero pasaban los años y los Occidentales, viendo que los ataques, aunque poco frecuentes, apenas disminuían, exigieron cada vez con más ímpetu encargarse ellos mismos de esta difícil persecución. Además exigieron tributo Marllajtay para financiar estas operaciones. Estas peticiones fueron rechazadas por el Khútic, y debo decir que estas negociaciones (en la mayoría de las cuales mi interlocutor fue Gwyllion) fueron especialmente dolorosas para mí, pues aún hoy conservo mi amistad tanto con Gwyllion como con el pueblo Númenóreano en general, aunque hace tiempo que ya no apoyo sus políticas. Tanto es así que, a pesar del rechazo Marllajtay, las costas próximas a Híssuë y en especial en torno a Yámanna se llenaron de buques de guerra Númenóreanos que patrullaban la zona, cosa que enojó especialmente a todos los sectores de entre los Marllajtay, tanto desde el gobierno del Zîr’an como de la Milicia, que aumentó su presencia en Tlallictzan para impedir la entrada por mar de los Númenóreanos en el Estuario, así como también se aumentó la presencia militar en los puestos fronterizos terrestres.

Vithore terminó su obra en 1588, el 1874 de Híssuë. Y ante la tensión creciente en el panorama político, decidió regresar a Númenor e instalarse en Rómenna. Pero la Historia Social nunca partió a Occidente: Vithore Mallion se había sentido conmocionado ante la situación de los Marllajtay, pues reconocía las injusticias que cometía su pueblo y había cometido a lo largo de los últimos años. Se sentía en deuda con Híssuë por la buena acogía que allí había recibido a pesar de las disputas entre ambos pueblos. Así fue que se vio en la obligación moral de donar su obra a las bibliotecas del Apákt’chüta y se ha convertido en una obra de gran renombre. Vithore eligió así, vivir oculto de los ojos del gobierno de Armenelos por su retorno con otra obra de escaso valor, que poco compensaría los gastos que el rey había asumido en la aprobación de su viaje a Rómenor.

El momento de mi despedida de Vithore fue difícil. Era el último Númenóreano residente en Híssuë y su presencia me ayudaba a recordar mi hogar en Umbar, tierra de Haradrim y Númenóreanos. Esto fue cerca de un año después de la conclusión de su tratado, en el año 1875 de Híssuë. Ya habido cumplido había cumplido con las obligaciones impuestas por mi sentencia y se me ocurrió regresar con él a Umbar y ofrecerle instalarse con los míos, lejos del alcance de Tar Minastir. Pero de algún modo sentía que mi misión en Rómenor no había siquiera comenzado aún. Debía quedarme en Híssuë. Aunque no deseché la posibilidad de visitar a los míos y al final emprendí rumbo a Anwafirya, donde me reuní con Vithore, el cual aceptó de buen grado hacer escala en Umbar y pasar unos días allí, antes de partir nuevamente hacia Elenna. Durante el viaje le propuse la idea de que se instalara con los Númenóreanos de Umbar, pero se limitó a sentir con la cabeza. Sabía que volver a Rómenna significaba vivir bajo el riesgo de ser apresado por malversación de fondos reales, pero no le gustaba la idea de despedirse de su tierra, quizás para siempre.

En Umbar pasé unos días de descanso y regocijo en compañía de mi familia, que aceptó con alegría la compañía de Vithore. Nos pusimos al día de lo acontecido en Híssuë y en Umbar respectivamente y pasábamos incontables horas contando historias de esos cuatro años que habíamos permanecido separados. No logré convencer a Vithore de que eligiera un retiro tranquilo en Umbar, aún cuando descubrimos que nuestras familias habían compartido una estrecha amistad en tiempos pasados. Pero finalmente, partió un día sólo de regreso a Númenor. Yo empecé a preparar mi propia partida.

Siete meses después de mi partida llegaba de nuevo a Híssuë. Pocas cosas habían cambiado y el ambiente de guerra crecía, la tensión era cada vez más insostenible, y cualquier movimiento de tropas en las líneas fronterizas por parte de ambos bandos era respondido de forma hostil, hasta que estalló la guerra en 1591. El diálogo, cada vez más inexistente, se interrumpió definitivamente tan pronto como estalló la guerra, cuando una flota Númenóreana que se dirigía a Atlän’tenawk fue repelida y casi anulada desde Tlallictzan. Pues la gran ventaja de los Marllajtay en Híssuë, si bien su poder militar es claramente inferior al de Númenor, radica en su afortunada geografía, una tierra poblada de grandes cumbres y largos brazos de mar que se internan en la tierra, salpicados de innumerables islas: un territorio inmejorable para la defensa y para la práctica de una de las técnicas militares más usadas por los Marllajtay, la emboscada. Éste es uno de los motivos de la larga duración de la guerra, en la que los Marllajtay han logrado mantener a raya a los Númenóreanos.

Con la guerra ya declarada y mis obligaciones en la corte del Apákt’chüta ya poco necesarias, Mar’ek Ýthuel accedió a liberarme de su tutela y me destinó a servir en la compañía naval Marllajtay, que operaba desde Atlän’tenawk. En poco tiempo llegué a ser designado Zôr’aotli bajo las órdenes directas de Zôr-Bârantzar, el Zôr’chä de la compañía. Fueron años de gran actividad naval en las fronteras marítimas de Híssuë. Los kóllwaj Marllajtay patrullaban ininterrumpidamente las aguas del Estuario y los alrededores, velando por la seguridad del pueblo y eliminando sin contemplaciones a los enemigos de Híssuë, ya fueran piratas de las tierras exteriores de Híssuë como Númenóreanos que se internaban demasiado en nuestras aguas. Por supuesto sobra decir que mi relación con Gwyllion se enfrió drásticamente: nuestros encuentros ocasionales dejaron de sucederse y a pesar del respeto mutuo que había entre nosotros, ahora sobre el papel éramos enemigos.

Por su parte, dos años después de estallar la guerra, Jish’tátl decidió regresar a su tierra, la Chúkmä, en las alturas de las Andië, con tal de volver con su sobrino, Allpa’huátl, y ponerlo al servicio y protección del Khútic. Mientras tanto, el estallido de la guerra no hizo sino avivar las tensiones internas entre los Marllajtay. La Orden Secreta señalaba directamente al Khútic Khânku’tála como causante directo de la guerra por su política pusilánime. El fracaso en el intento de recuperar Yámanna en 1596 no hizo sino alimentar el movimiento contrario al Khútic. La operación fue cuidadosamente planeada durante los meses anteriores desde Atlän’tenawk. Una gran flota Marllajtay se presentó a las vistas de Yámanna, con Bârantzar y conmigo al frente. Yámanna había sido reforzada con un perímetro amurallado alrededor de la ciudadela original. El puerto fue tomado por la compañía tras una sangrienta batalla en sus aguas con grandes pérdidas humanas en ambos bandos. Pero las defensas de la ciudadela se mantuvieron intactas y desde sus murallas se contuvo la embestida de las tropas Marllajtay que fueron cruelmente eliminadas en casi su totalidad. Bârantzar murió en esa batalla a causa de las numerosas flechas que recibió y yo, también alcanzado por las flechas Númenóreanas y con un brazo roto tras el impacto de un proyectil, encabecé una penosa retirada hacia el puerto. Poco después fui nombrado Zôr’chä de la compañía y se me encargó la labor de recuperar su antiguo poder militar.

Sucedieron también en estos años los intentos de envenenamiento al Khútic, desbaratados por la sabiduría élfica de la sabia Yannawara. Pero al fin, el artífice de esos terribles atentados logró su objetivo. Una mañana de otoño el cadáver del Khútic apareció deshonrosamente mutilado en el gran altar dedicado a Zôr-Khôndor en el palacio del Apákt’chüta. La noticia se extendió rápidamente hasta los confines de Híssuë, como una hola que avanzaba inexorablemente deteniendo el paso del tiempo en su camino. Los habitantes de Híssuë dejaron sus quehaceres y guardaron duelo, consternados por el horror de tal asesinato. Pero alguien reaccionó rápidamente con tal de superar ese duro golpe para los Marllajtay y encaminar Híssuë hacia un destino mejor. Al día siguiente al funeral Allpa’huátl, de los Añatúlla, contraía matrimonio con la bella Rawa, del clan Taruka. Finalmente Allpa’huátl fue nombrado Khútic en 1599, en el año de Katarië de la Ch’yawá 470.

Son tiempos difíciles los que se viven actualmente en Híssuë, en medio de esta guerra que parece no tener fin. Y el mal se agita en Rómenor. El Cuervo amenaza desde el este y el recuerdo de la Bestia del Mar asalta a los Marllajtay cuando contemplan el horizonte, hacia el oeste. Sin embargo, los dirigentes de Híssuë, el Khútic Joven Allpa’huátl y su Ayni Rawa, se esfuerzan constantemente en el gobierno de Híssuë, en constante guerra con los enemigos internos, y también con los externos, los Hünna’nay.

Escrito el 31-05-2008 12:13 #2

Los Valar otorgan 255 monedas a Marllajtay por su historia.

[Editado por Indil el 31-05-2008 12:23]

Historia finalizada.