La Guerra de los Clanes

Batalla 28. Intento De Saqueo De Lambar Por La C2 De Al Varant

Terminada
Escrito el 18-05-2008 15:28 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Al´Varant" = 17

Armadas perdidas por "Maianor" = 23

Victoria para Al Varant. Se produce el saqueo.

Escrito el 21-05-2008 19:39 #2

Es el cansancio de sus mentes agobiadas por retornar al hogar con el fracaso entre las manos, o es la decepción de sus corazones dolidos por no haber atendido a sus presentimientos, o bien, son sus propios pies agotados de andar por un camino que ya no conduce a la gloria. Así van, con pasos zigzagueantes sin más ánimo que escuchar inconscientemente las exhalaciones que fluyen de sus labios partidos. L´nh-rêl detiene entonces sus pasos y quienes la siguen imitan sorprendidos su acción. A la distancia, a pesar de las traidoras dunas del desierto, la esperanza renace.

(…)

Las risas de los niños corriendo entre las calles, constataba la apacible alegría de Varendia. Los miembros del Senado que no andaban de misión, solían reunirse al atardecer una vez al mes en la plaza para escuchar de cerca las necesidades del pueblo. Era justo la hora y el día. Entre la multitud, un hombre de aspecto desaliñado se abrió paso a empujones; los varantes volteaban a mirarlo y se alejaban de él desconfiados; la mugre que lo cubría ocultaba el lugar de donde provenía la sangre que emanaba. En cuanto llegó ante el Senado, cayó ante las pequeñas escalinatas.

Thargum, el más próximo de los Senadores corrió y lo tomó entre sus brazos:

- La han tomado… Lamb… -dijo con el último aliento que le quedaba.

El murmurllo se levantó como marea, aquel hombre debió morir escuchando el júbilo de su gente y no, viendo sus muecas de rechazo; los Senadores se miraron preocupados a los ojos y acudieron de inmediato a Esgareth –el gran edificio del Senado-, donde darían el veredicto.

- ¡El tiempo apremia¡ – gritó Voalrha, uno de los senadores más viejos, nobles y sabios, hastiado de que contendieran asuntos que podrían considerarse en momentos menos difíciles-. Y mientras nosotros estamos aquí discutiendo si debemos dejarles en libertad o no, los lambarianos asesinan a nuestros soldados. ¿Cómo saber si ellos estaban de acuerdo con nuestro afán de grandeza de conformar de nuevo lo que antaño fuera Ishtar Variant? No obstante, obedecieron vuestras órdenes dejando su hogar y sus tierras para ir a correr peligros y habitar con gente que los odia. Ya no hay marcha atrás, enviemos pronto ayuda o ni siquiera podremos entregar sus cabezas a sus parientes para que puedan llorarles y vanagloriarles.

El silencio se apoderó de la sala, algunos estaban en desacuerdo, pues implicaba para ellos enviar a más soldados a la muerte. Al momento de votación, la mayoría estuvo conforme con las palabras de Voalrha, en sus pensamientos intuían que los refuerzos traerían de nuevo la victoria y no más decesos.

(...)

Los ojos de L´nh-rêl brillaron con las lágrimas, ahora que esas diminutas figuras a la distancia tomaban forma, ya no había más duda; una tropa con estandartes de Al’Varant se dirigía a todo tropel hacia ellos, a la cabeza pudo distinguir al joven Eahor, su cota de malla era más brillante que las del resto. Efectivamente, la esperanza de recuperar el honor y la gloria de Al’ Varant, volvió a sus cuerpos batidos.

Escrito el 21-05-2008 19:51 #3

Una vez frente a ella, Eahor reconoció su autoridad y cedió a la elfa el mando de las tropas. Sólo que L´nh-rêl, recordando la valía del joven hombre, uno de los capitanes que habían participado en la toma de Lambar, le concedió el honor de definir la estrategia de ataque, después de todo, había conocido las debilidades de los lambarianos en combate.

Así fue como las tropas se dividieron en tres. La primera vez el enemigo fue vencido por el este, era lógico que reforzaran ese lado; pensando en esto, Eahor optó por tomar ese lado con la hueste menor de nivarantes y atacar primero, así los lambarianos se confiarían; al oeste iría Vent’ulan como líder de la segunda compañía de nivarantes; y al frente, L´nh-rêl dirigiría al grueso del ejército, integrado tanto por arqueros como por la infantería.

Una vez que la elfa y los demás sobrevivientes se vistieron con cotas de malla junto con bellas y relumbrantes armas traídas de Varendia, por si los encontraban con vida; se adelantó a caballo rodeada por ambos capitanes y un pequeño séquito.

– Hufayn nos permitió vivir controlando a la turba en Lambar, debo corresponderos con mi gratitud, parlamentando antes de atacar- les había dicho a los varantes. Pero una vez próxima a la puerta, ésta se abrió lentamente dejando salir al Patricio, sólo que esta vez no era el mismo hombre, su nobleza y su porte le habían sido arrebatados por su propio pueblo. Caminó a paso lento encadenado y golpeado hacia L´nh-rêl que sintió compasión.

Una flecha certera cruzó el viento y cayó atravesando su cabeza desde la nuca hasta la nariz, y ante el espanto de los capitanes varantes, un hombre recio gritó desde arriba: - He aquí su pacto de paz, firmado con sangre traicionera ¡¡Huyad de Lambar o morir en ella!!-. En seguida soltó una nueva flecha, que por gracia de Audrant no tuvo el fin esperado y sólo pasó rozando a L´nh-rêl que alcanzó a girar con el caballo.

Los capitanes echaron a andar a toda velocidad por el terreno despejado, separándose para ir por sus respectivos batallones. Ninguna flecha pudo alcanzarles. Entonces el ataque comenzó, justo al tercer asedio del sol declinando por el horizonte después de la liberación de Lambar.

El plan debía seguirse. Eahor partió contra la muralla por el lado este, y tal como lo habían previsto, Lambar concentró ahí todas sus fuerzas, sin desproteger la puerta. Pero debían esperar a que tomaran mayor confianza. L´nh-rêl veía con pesar cómo los nivarantes caían uno tras otro ante las flechas, los relinchos de los caballos anunciaban la agonía de sus heridas o de las heridas de sus amos, siendo tan lastímeros para los puntiagudos oídos de la elfa. El polvo de la arena se levantaba entre los combatientes, a pesar de la aguda visión de su raza le costaba percibir con claridad cuántos seguían cayendo.

La elfa miró hacia el oeste, no entendía la demora de Vent’ulan, ¿Por qué no atacaba? ¿Acaso esperaría a que todos los nivarantes perecieran? O tal vez no se daba cuenta de la masacre que estaba sucediendo.

- Señora, ¡los están aniquilando¡ -le dijo uno de los jinetes que montaba a su lado- ¿Por qué no hacemos nada?

La frustración de L´nh-rêl llegó a niveles impredecibles, pero sabía que no podía adelantarse, los arietes se habían quedado dentro de la ciudad; el acuerdo había sido que ella sería la última en atacar, ya cuando los lambarianos estuvieran debilitados y su infantería lograra llegar y derrumbar la puerta que había quedado atenuada y sin reforzamiento alguno durante su estancia; la elfa sabía que de no cumplir, también estaría llevando a su tropa –que iba a trote- a una muerte segura.

- La paciencia puede salvar más vidas que la imprudencia.-Respondió; no obstante, sus propias palabras le sonaron huecas y forzadas. Si no hacía algo, la derrota llegaría pronto. Entonces volteó hacia sus soldados y enardecida les pidió que esperaran gritando al unísono: ¡¡Al ataque Nivarantes!! Las armaduras se agitaron chocando unas con otras.

La hueste de Vent’ulan se contagió del alboroto y salió despavorida, el tropel levantó una ola de arena que los cubrió del enemigo. Las flechas lambarianas salían sin un objetivo claro, teniendo algunas suerte de encontrar el blando de la carne y, otras encallándose en la áspera arena que las tragaba de inmediato. La mayoría de lambarianos estaban apostados al este creyendo que estaban por vencer, cuando los pocos que había del lado oeste, empezaron a caer pidiendo auxilio. Entonces corrieron hacia el otro lado, descontrolándose, no había quien los dirigiera. Muchos de los que estaban en la puerta, también corrieron a defender el oeste.

Pronto los nivarantes de Vent’ulan se expandieron hacia atrás de la ciudad, consiguiendo reunirse con aquellos que atacaban desde el este, y que aún no caían. Ahí fue cuando Vent’ulan se estremeció al ver cadáveres varantes esparcidos por todos lados, comprendió que se había tardado en atacar y, su cólera y su venganza le dieron más fuerza y valor, aunque tales sentimientos en ocasiones desemboca en aturdimiento.

En cuanto L´nh-rêl vio la desorganización de los lambarianos y una menor vigilancia en la puerta, arengó a su tropa y corriendo entre los jinetes a caballo que los acompañaban para protegerlos, la infantería llegó por fin a la puerta. Lambar ya no sabía qué proteger primero, cuando intentaron volver a la puerta, ésta ya había cedido ante la agresiva embestida de los guerreros varantes, que entraron por uno de los huecos mal parchados que habían hecho otrora con un ariete. De esta forma, un soldado abrió las puertas y entró L´nh-rêl con su hueste, y sin desmontar, subió imponente hasta donde se encontraban los que defendían las murallas y se negaban a rendirse. Uno a uno cayó. La balanza había cambiado bruscamente.

Escrito el 21-05-2008 20:03 #4

Después de la victoria declarada, Eahor entró a la ciudad, por todos lados se veía desolación y tristeza. Había niños con sus madres llorando, asustados, mientras las mujeres temblaban de pánico. Esta segunda toma de lambar les había costado más vidas que la primera. El olor casi lo hace vomitar, y no porque no estuviera acostumbrado a la muerte, sino por el peso de la culpa. Se había dejado llevar por el ansia de la guerra, y nunca les comentó ni a L´nh-rêl ni a Vent’ulan que sólo iba a rescatarlos y con ello recuperar la ciudad si era necesario, pero que no había recibido ninguna orden al respecto si es que los encontraba en el camino liberados. Calló su vergüenza, ya no tenía caso hablar de lo supuesto, e intentó engañarse a sí mismo convenciéndose de los beneficios recuperados para Al’Varant. En ese momento, entraron dos varantes cargando el cuerpo de Vent’ulan en una camilla improvisada, una flecha le había atravesado el corazón enardecido. Eahor no pudo más, y se echó a llorar como un chiquillo. L´nh-rêl en cambio cerró los ojos y oró en un susurro la última plegaria para quien fuera su único amigo en aquellos parajes.

La muerte fue aliada de Lambar por haber sido ellos quienes traicionaran a su más grande y noble líder: Hufayn. Pero la muerte ama y goza de la traición, y al final fue lo que hizo con los crédulos lambarianos.

Escrito el 26-05-2008 00:34 #5

Resumen de la batalla:

Al Varant ha perdido 17 armadas x35= 595 puntos.

Recuperables: 476 puntos.

Valoraciones: 7.4+ 7.8+ 7+ 7+ 7.8+ 7.3 = 7.38

Recupera: 351 puntos.

Pierde: 174 puntos. En concepto de las armadas jugadas por encima de los puntos reales, pierde 70 puntos.

Pierde en total: 244 puntos

Por el saqueo de la ciudad reciben 300 monedas.

Por la victoria en la batalla reciben 450 monedas.

Por la batalla los dirigentes obtienen 230 Nóti.

Por las historias, se entregan 84 Nóti.

Compañías actualizadas y listas.

Saludos!

Historia finalizada.