Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 18
Armadas perdidas por "Maianor" = 22
Victoria para Nensir. Se produce saqueo de Fromenyaelên.

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 18
Armadas perdidas por "Maianor" = 22
Victoria para Nensir. Se produce saqueo de Fromenyaelên.
Se hallaba en las casas de curación recuperándose de sus heridas. En sus manos sostenía un libro, aún cubierto de sangre reseca, no había podido evitar la tentación de tomarlo del brazo de un hombre caído antes de que terminara la batalla, le había llamado tan poderosamente la atención… Con sumo interés, Tawarornê abrió el libro por la mitad. Una letra pulcra se extendía por sus hojas a modo de diario en un idioma que el sacerdote reconoció como élfico occidental. Afortunadamente pudo comprender algunos pasajes.
3 Aqua Nion 1601 SE
“Formenyaelen ya no es la ciudad que era antaño, con sus risas, su luz y la fresca y reconfortante brisa del mar. Ahora el viento sopla rancio y pesado en las grutas, ahora la arena de la playa es fría y áspera ¿Qué fue de la cálida sensación al pasear descalzo por la orilla del mar? ¿Qué fue de la agradable sensación que provocaba el golpeteo de las olas en los dedos inocentes del pie?
Formenyaelen ya no es aquella ciudad con encanto y paz, con calidez y pureza.
Todos siguen queriendo alcanzar el Kala pero pocos saben ya cual es la verdadera esencia de la Luz, ya no saben qué significa conseguir el estado supremo de pureza. Si el último escalón es la ausencia de los malos pensamientos, de la avaricia y los males del espíritu, en la realidad sucede que es lo que impera en aquellos que reciben la gracia del Kala. Pues ahora, poseer el Kala es sinónimo de poder y el poder sólo conlleva…males del espíritu…Sólo las elfas recuerdan el verdadero significado del contenido del kalaparma, pero ya poco se dejan ver, escaso es el contacto de los Kalayondi con las primeras nacidas. Pocos de las últimas generaciones han visto alguna vez a un elfo y es tan triste…”
22 Aqua Nion 1601 SE
“¡Lerien ha sido bendecida con una niña! Es preciosa, sus ojos tienen el cristalino reflejo del mar y su piel es pálida pero brillante. ¡He llorado cuando ella ha recibido por primera vez a su hija! Y no sólo porque va a dar continuidad a su familia después de tres hijos ni tampoco porque esta recién nacida está destinada a ser la Gran Señora de Formenyaelen y, de esta manera, suavizar la silenciosa guerra de poder que, desde hace una década, impera en las calles de la Ciudad de la Luz, sino porque tiene los ojos de Lerien, su mirada pura y su piel cálida.”
5 Aqua Fearn 1601 SE
“Escucho voces en el silencio del mar. La brisa me trae inquietud, me solloza en mi hombro y me susurra pesar en mis oídos. Esta noche, mientras paseaba en silencio por la playa, he sentido un hondo pesar. Los árboles del bosque hablan con las olas del mar y sus palabras enternecen a las aves nocturnas. Cuando regresaba a mi quieto hogar notaba como la inquietud me seguía, me acompañaba y me protegía. Ha llegado hasta aquí y sigo sin poder conciliar el sueño.
Ayer fue un día extraño. Rumores han circulado estos días por el gran bosque, los pueblos no viven tranquilos desde hace unos años, pero los dioses de Aman han traído aún más inquietud o han abandonado las tierras del sol a su aventura, ya no sé. Los naugrim de Zirak-Felâkdûm han seguido llegando desde las montañas huyendo de algo que ninguno ha contado aún y son acogidos en las cuevas de los hijos de Therin. Los mercados están llenos de enanos, vendiendo inmensidad de joyas y piedras extrañas. Hace una semana, cuando se formó el gran revuelo entre dos de ellos y fueron apresados por los centinelas de la ciudad, nunca pensé que las aguas condujeran a tal desembocadura. Sí, el Gran Enano Tarin puso el grito en el cielo cuando, desde la Orden de la Luz, se decidió que ambos enanos perdieran su licencia de ventas. Pero la gran protesta que, durante el día de ayer, pronunciaron los naugrim por las calles de Formenyaelen hace traer momentos aciagos en esta querida ciudad.”
10 Aqua Fearn 1601 SE
“El concilio ha resultado incierto a pesar de que las elfas kalatári se han dejado ver después de tanto tiempo. Han hablado de lo que está ocurriendo en el gran bosque, de los pesares que han ocurrido a otros pueblos. Luego, la discusión sobre la crisis con los hijos de Therin ha avivado la tensión en la cámara. Y la gran madre ha hablado y sus palabras han azotado de zozobra a los congregados. La crisis es insostenible para las elfas, la ciudad lleva varias semanas sumergida en revueltas y protestas, los mercados colapsados, la pillería que no había existido nunca en la ciudad salpicaba los caminos. La gran madre ha pedido que la ciudad se cierre para los enanos.
¡Los hijos del gran Therin expulsados! Aquello hubiera sido inconcebible semanas antes. Y muchas señoras de la Casa Kalayondi han dado el voto en contra.
Una fisura muy fina parece estar resquebrajando la centenaria Orden de las Doncellas de la Luz.”
15 Aqua Fearn 1601 SE
“Ya no hay luz en Formenyaelen. Ya no hay descanso ni paz y la ciudad se está volviendo oscura. ¡Oh alabados Valar! ¿Por qué nos habéis abandonado?
Los naugrim se niegan a abandonar sus hogares de piedra y la milicia, pagada por los Kalayondi, realizan reyertas por los alrededores. Son tiempos aciagos y la ciudad duerme en una pesadilla. Pero el exterior no es mucho más reconfortante, los caminos del gran bosque se han vuelto peligrosos. Se han visto extraños dragones, la ciudad de los elfos de los árboles ha sido inundada y numerosas arañas asolan los alrededores del país de los elfos de los animales.
En el seno de la Orden de las Kalawen, Álassëvendë, la Dama Dorada, ha pedido que se reconsidere la expulsión de los hijos de Therin para que la ciudad vuelva a su cauce. He visto lágrimas en mi señora Lerien, lágrimas de angustia cuando me lo ha contado. La Gran Madre no se ha inmutado, parece que no quiere dar su brazo a torcer.
Y, mientras, las calles de Formenyaelen se llenan de inseguridad.”
1 Aqua Saille 1601 SE
“¡Eru Iluvátar! ¿Tales son tus designios? ¡Oh, Mandos, Señor de las Estancias! ¿Estaba en los hilos del destino llevártela? Los cantos desalentadores persiguen los corazones de los que aún creemos en el Kala pero nuestro llanto se ahoga en lo más profundo de nuestro corazón. ¡Lerien, tu sonrisa cristalina aún se mantiene en mi retina! ¡Gran Señora, bella doncella, tus palabras amables aún perduran en mis oídos!
Siete días han pasado desde el asesinato de la gran señora y la situación es aún más terrible en esta ciudad. Las familias de la Casa Kalayondi se disputan el relevo de la gran señora pues Hairelen no tiene apenas dos meses de vida. ¿Quién habrá de sustituir a Lerien en el gobierno de la ciudad?”
11 Aqua Saille 1601 SE
"Los caminos hacia Formenyaelen se han vuelto inestables. Las elfas se están dejando ver en las calles de la ciudad pues la Gran Madre es ahora la regente mientras custodia el cuidado de la pequeña Hairelen a pesar de que muchas familias Kalayondi piden que la ciudad quede al control único de los Atani. La diferencia entre Eldar y Atani es cada vez mayor.
Cuando hoy he mirado los ojos de la pequeña Hairelen he notado la misma mirada de su difunta madre. ¿Qué ha sido de nosotros, oh dioses de Aman?"
Y luego con letra rápida había escrita una frase angustiada:
"¡Nos atacan! No sé qué está pasando ni por qué pero la ciudad de la Luz está siendo invadida. Mis aciagos temores se están cumpliendo… "
***
Tawarornê cerró el libro.
“Éramos nosotros”
“Has logrado salvar tu pellejo”
“Y ahora podré estar con ella”
“Siempre pensando en eso, Taw”
Sonrió. Había cumplido su misión. La invasión de Formenyaelen había sido un éxito pero había comenzado tan inciertamente…
[Editado por aratir el 30-05-2008 16:01]
La noche estaba tranquila: una ligera brisa marina disipaba el calor abrasador de la larga jornada de finales de primavera y Tawarornê levantaba de vez en cuando los ojos hacia la inmensa bóveda estrellada que se curvaba hasta el extremo horizonte boreal. Pensaba en Tavir y en lo difícil que se le había hecho separarse de ella, pero sabía que en Neitillot estaba segura y ahora debía cumplir con la orden del Artadâko y ganar aquella batalla.
“Fue una locura abandonar a la hermana del general”
“Mereció la pena, no lo niegues”
“Sabes que no lo haré…No me atormentes más, ¿quieres?”
“¿Atormentarte yo? No me hagas reír Taw, eso se lo dejamos al general Tathâral”
Tawarornê recordó el momento en que Ramjakhîm le había traído la carta del Artadâko hacía ya más de una semana…
[…]
— Buena la has hecho, sacerdote — se rió Ram a la vez que le entregaba un sobre cerrado con el sello personal de Tathâral— ¿Dónde puedo encontrar a un tal Lothîndil?— preguntó mirando el nombre en una carta similar a la que acababa de entregar al barada.
Taw señaló una tienda y cuando el pequeño elfo se hubo marchado se decidió a romper el lacre.
“Artadâko Tathâral Âryon al aina Tawarornê, ¡Aret!
Desconozco aún los motivos por los que, primero, abandonaste a dos aldalântar en un bosque mientras realizabas una guardia; y, segundo, te internaste en Breald sabiendo que la situación diplomática entre los dos pueblos era delicada. Como general de los ejércitos de Galador te digo, que le has costado a tu pueblo un gran número de soldados; como hermano de la assanâ Althira, me siento ofendido pues has puesto en peligro su vida. Si por mí fuera, tus actos serían juzgados por el Aldatûre en el mismo momento en que recibes esta carta. Afortunadamente para ti, mi hermana te tiene cierto aprecio y, gracias a sus ruegos, he decidido lo siguiente:
Te unirás a la Compañía del Aldakune y formarás parte en el ataque a Formenyaelen. Obedecerás a Lothîndil y le ayudarás en todo lo que él te diga. Si ganas la batalla, entregaré tu victoria como ofrenda a los caídos en Breald y, únicamente, deberás disculparte personalmente ante Sura y Althira. Si pierdes…el Aldatûre decidirá tu pena.
En tus manos dejo tu destino y el de Galador. Que sea lo que Nensir quiera.”
[…]
—Tawarornê — la voz de Lothîndil le devolvió a la realidad —, quiero enseñaros algo.
El ainatûre guió al elfo a través de la escarpada costa, no fue fácil el camino pues la oscuridad hacía que fuera necesario ir despacio para asegurar bien el próximo paso. Allí abajo las olas rompían en los escollos, estallando en globos de espuma, y rebullían rabiosas contra las rocas, refluyendo acto seguido para tomar impulso y romper de nuevo.
— Si un soldado cae al mar…las olas lo harán trizas inmediatamente contra los escollos. Es una locura ir por aquí — afirmó Taw
— Por eso lo haremos.
— ¿Cómo piensas hacerlo?
— Por lo que me ha hecho saber el Artadâko, contamos con un aliado dentro de la ciudad. Ella ha sido quien ha puesto unos palos en las hendiduras de la roca y ha atado cuerdas a las que nuestros soldados podrán agarrarse cuando lleguen los embates de las olas — señaló hacia el lugar. Taw fijó la mirada y, en la oscuridad, logró distinguir una gruesa soga—Las defensas de Formenyaelen, como es lógico, no se esperan que intentemos atacar por aquí. Apostarán un número insignificante de soldados en el interior de la cueva y, cuando se den cuenta del ataque, será demasiado tarde para ellos pues el grueso de su tropa se encontrará inmersa en la batalla frente a las puertas.
—Me parece algo arriesgado. — el sacerdote no podía dejar de mirar a las rocas.
—Hay que arriesgarse si queremos ganar — quedó en silencio por un segundo, contemplando el batir de las olas —. Creo que con media centena de soldados será suficiente.
— ¿Y más si cuentan con el factor sorpresa? Que sean cien.
El elfo asintió.
— Regresemos al campamento. Se nos está haciendo tarde.
***
En el pabellón principal, el ainatûre había reunido a todos los oficiales para comentarles las ideas que deseaba poner en práctica durante la batalla.
—Un pequeño grupo, guiado por Ithîl, se acercará hasta los muros y, en cuanto tengáis la mínima oportunidad, os lanzaréis al asalto. Tenéis que sorprender a los centinelas de ronda antes de que las tropas de refuerzo tengan tiempo de acudir. Apenas hayáis tomado el adarve, abriréis las puertas de la ciudad y haréis sonar la alarma con los cuernos — levantó la mirada del plano para asegurarse de que sus oficiales estaban entendiendo —. Quiero desviar la atención del mar, no esperarán un ataque desde la retaguardia. Mientras se intenta tomar la muralla, Elesdûr junto a veinte soldados, amparados por la oscuridad, colocaréis montones de ramas diseminadas delante de la puerta principal; llevaréis con vosotros unos braseros tapados y unas ánforas de aceite para, cuando escuchéis el cuerno desde las murallas, volcar el óleo y arrojar sobre ellas las brasas. Los de Formenyaelen se verán con las puertas abiertas y un ejército ante ellas. No les quedará otra que salir y enfrentarse a nosotros.
— ¿No sería mas simple derribar alguna sección de su muro y entrar en la ciudad?
—Seguramente, pero el Artadâko fue muy claro: “Formenyaelen debe quedar lo más intacta posible”
— ¿Y si intentan replegarse?
— Se lo impedirán los soldados que han entrado a la ciudad por el mar. — Lothîndil se volvió hacia el sacerdote—. Tawarornê, tu misión será penetrar en Formenyaelen, localizar al grupo y atacar a todos los soldados que encontréis en la ciudad y, en cuanto hayáis concluido con eso, reuniros con el resto del ejército en las puertas.
Los oficiales miraron extrañados al nombrado lugarteniente en aquella compañía ¿por qué le daba al sacerdote, que además era barada, una misión tan importante que podía decidir el destino de la batalla?
— Qué Nensir nos proteja — exclamó uno de ellos.
***
Detrás de Tawarornê, el ejército había sido puesto en estado de alerta y estaba enteramente formado: en primera fila la infantería con armamento ligero. Detrás, en el centro y en ala izquierda, la infantería pesada, a la derecha los arqueros; en los flancos la caballería. En el fondo, de reserva, al mando de Lothîndil, los más veteranos de Galador, elfos de extraordinaria experiencia y de formidable resistencia que habían venido exclusivamente para esa batalla desde Dakôsto por orden del Aldatûre.
El sonido metálico de unas pesadas cadenas, rompió el silencio. Las puertas se estaban abriendo. El cuerno resonó en lo alto de la muralla y, al instante, cientos de pequeñas fogatas iluminaron el que iba a ser el campo de batalla.
Como Lothîndil esperaba, Formeyalen lanzó a sus jinetes a la carga que recorrieron en un breve espacio de tiempo la distancia que les separaba de las hogueras. El ainatûre dio la señal y los arqueros lanzaron su primera tanda de flechas hacia los jinetes. Aquello apenas diezmó las filas del enemigo. Tras la segunda tanda, Lothîndil dio la orden a la caballería de Galador que, situada a ambos flancos del ejército, salió al encuentro de los enemigos.
El impacto fue espantoso: cientos de caballos rodaron por tierra, decenas de jinetes de ambos bandos cayeron en el choque tremendo y súbito, y, aunque heridos o contusionados, se entrelazaron unos con otros en duelos a muerte entre las patas de los otros caballos, en medio de un infierno de calor, polvo, relinchos y gritos que les rodeaban por todas partes.
La infantería ligera, que había echado mano a los puñales, se había arrojado a la reyerta arrastrada por el deseo de venganza. Estos elfos entablaban salvajes cuerpos a cuerpo con los jinetes enemigos que pasaban cual espectros a la luz de las fogatas.
Sobresaliendo en medio de la refriega, divisó Lothîndil a Tawarornê. Estaba dando anticipada prueba de aquel furioso brío y destreza para abrirse paso entre las filas guerreras y que casi bastó para cambiar aquel día la suerte. Sin duda Nensir le protegía. Esquivando, golpeando, derribando, de tal modo dominaba y hacía maniobrar a su vigoroso caballo. Tan eficazmente se defendía y tan pródigamente sembraba la muerte entre sus adversarios, que se hallaba ya muy por delante de los demás jinetes, abriéndose paso con el azote de su sangrienta espada hacia el interior de la ciudad.
El combate continuó encarnizadamente. Nadie quería ceder. Las fuerzas de las dos hordas eran similares. Y entonces las trompas del ejército de Formenyaelen sonaron. Intentaban replegarse pues aquella era la última ocasión de rechazar a los de Galador y salvar la vida. La batalla se decantaba a su favor, pero de repente resonó en el interior de la ciudad el grito de una centena de guerreros:
“¡Zâ Nensirarit! ¡Zâ Nensirarit!”
Estaban rodeados. El grupo de soldados que habían accedido a la ciudad por el mar, capitaneados por Tawarornê embistieron de lleno por detrás, sorprendiendo a los de Formenyaelen que reaccionaron con valor. Lothîndil aprovechó el momento y lanzó a la infantería pesada, guiada por los veteranos, que consiguió desbaratar la improvisada reorganización del enemigo. Las tornas de la batalla cambiaron por completo.
Tawarornê había encontrado resistencia en la ciudad. Los habitantes de Formeyaelen habían formado barricadas en las calles y cerraban el paso a los de Galador. Fue en una de estas revueltas donde el sacerdote fue arrojado del caballo. Por culpa de aquella caída tenía el brazo izquierdo completamente inutilizado, pero eso no le impidió seguir asestando furiosos mandobles, rechazando a los enemigos. Con esfuerzo consiguió derribar a su último contrincante. Fue entonces, cuando, sin saber por qué su mirada se fijó en el cuerpo sin vida del hombre. Entre sus brazos, cubierto de sangre, un libro. Lo tomó y, aun sabiendo el riesgo que corría pues todavía se encontraba en medio de la batalla, no pudo evitar abrirlo por mitad y leer algunos fragmentos a la tenue luz de una antorcha. Era una especia de diario, ya lo leería más tarde. Se lo guardó en uno de los pliegues de su túnica y continuó. Ahora se encontraba luchando frente a las puertas. El ejército de Formeyaelen corría desorganizado, el sonido del entrechocar metálico estaba dando paso a los lamentos de los heridos. El olor a sangre impregnaba el ambiente, sin duda era el final. Tawaronê, ya fuera porque estaba cegado por la cercanía de la victoria, o por el cansancio acumulado, no vio como un guerrero enemigo le lanzaba una jabalina. La punta del arma se clavó por la parte delantera del muslo y asomó por la parte de atrás. El sacerdote gritó de dolor, podía notar la sangre caliente descendiendo por su pierna. Un jinete lo vio caer al suelo. Rápidamente desmontó y se acercó hasta él.
—Aina, debéis ir con los sanadores.
—No —se negó el sacerdote intentando ponerse en pie— aún puedo luchar, debo ganar la batalla… por Galador…por mí.
—La batalla ha terminado, aina. Lo que queda del ejército enemigo esta huyendo al bosque, Lothîndil está reorganizando a la caballería para ir tras ellos.
Con las fuerzas abandonándole lentamente, Tawarornê se dejo caer al suelo << Lo he hecho por ti, Tavir >> le dio tiempo a pensar antes de perderse en el mundo de las sombras.
***
[Editado por Eldin_de_Lorien el 23-05-2008 13:29]
Epílogo
En Galador, Tierra de los Nensir Airatâri, unos días después.
Las ramas de los árboles apenas se dejaban mecer por la pesada brisa produciendo un murmullo que se extendía suavemente por el claro. La vegetación del Taur de las Aratamari pintaba en multitud de colores y formas la solemnidad de la reunión del Aratûre. Una veintena de elfos esperaban congregados en el claro del bosque, en el corazón de Neitillot, la capital. Había mucho que debatir, la guerra contra los Uonu-Nyrr, las inundaciones que la capital había recibido dos meses antes, la marcha de una assana a Tulkatumbo y el reciente ataque a Formenyaelen.
No muy lejos de allí, en un despacho, un elfo de cabellos castaños sostenía un sobre lacrado. Reconoció el sello, era el propio de las Doncellas de la Luz. El elfo sonrió aquello era muy buena señal. Con cuidado, el elfo abrió el sobre y extrajo la carta, escrita con estilizados trazos, y empezó a leer.
”Álassëvendë, Dama Dorada de la Orden de las Kalawen de Formenyaelen a Tathâral Âryon, Artadâko de Galador y miembro del Aratûre de los Nensir Airatâri,
Estimado aldalânta os comunico que vuestras tropas han tomado el control de la ciudad de la luz.
No quiero empezar esta carta sin expresaos a vos y al consejo que gobierna vuestro pueblo mi profundo amor por esta ciudad pues son ya bastantes yén trabajando por su esplendor y su gracia, en una tierra tan apartada de Valinor. Un enclave que siempre se ha caracterizado por la pureza, belleza y ha sido un lugar de descanso para multitud de personas doloridas por los caminos de Arda. Siento en mi pecho, pues, un puñal clavado muy hondo después de lo ocurrido la anterior noche. Largos meses ha durado el desconcierto y la angustia en esta mi querida ciudad y, durante la pasada noche, éstos adquirieron su máxima expresión. No os culpo pues yo misma os he asistido y os he favorecido para la invasión que, por parte de vuestros ejércitos, habéis realizado sobre esta ciudad. Era esto o continuar viendo cómo esta ciudad se moría poco a poco mientras las enseñanzas de nuestra orden se diluían ante la creciente expansión de la avaricia y el mal de los mortales.
La Orden de las Doncellas de la Luz queda de esta manera disuelta. Un nuevo gobierno se ha de construir para devolver a esta ciudad el clímax del Kala. Conozco vuestro profundo amor por la belleza de los árboles pero también sé que aún mantenéis en vuestros corazones el amor por las estrellas. Amáis a Yavanna, la dadora de frutos, pero aún recordáis a los otros Valar a pesar de que vuestro destino se separó tan pronto de la gracia de Valinor. Han sido ya varios yén para comprender vuestro camino hacia el este en vez de hacia el oeste como muchos de los Eldar. Nosotras mismas realizamos un viaje hacia el oeste mucho tiempo después que vosotros.
Es por todo ello que considero que con vuestra ayuda no será difícil aunar esfuerzos para devolver a Formenyaelen la fama que durante tanto tiempo ha atesorado.
Será un placer por tanto trabajar juntos, como hermanos que somos, para que Formenyaelen y Neitillot caminen juntos de la mano.
Merin hilyalë tengwali-lya. Enomentuvalmë.”
Tathâral guardó la carta en el sobre y, con una sonrisa, se levantó de la silla para dirigirse hacia el Taur donde el resto de assanar esperaban para comenzar el concilio del Aratûre. Se preguntaba, mientras iba hacia allí, cómo reaccionaría Branda ante tal victoria. No dudaba de que el corazón de la balta se dividiría entre dos sentimientos, el de la alegría por la victoria y el del coraje porque el Artadâko hubiera traído una victoria al Aratûre.
***
Glosario:
Ainatûre: lugarteniente, dirigente de las compañías de los ejércitos.
Aratamari: enclavado en el corazón de Neitillot, este complejo palaciego sirve de reunión del Aratûre y de vivienda del Balta.
Aratûre: es el órgano de gobierno de los Nensir Airatâri, una especie de consejo, formado por la balta y veintiocho Assanar (consejeros y sumos sacerdotes).
Artadâko: es el título que recibe la máxima autoridad de los ejércitos de los nensir airatâri.
Balta: Es un cargo electo cada cien años y ostenta el poder político, judicial y religioso de los Nensir Airatâri..
Barada: un tipo de sacerdote aldalânta, que gusta de los ritos sobre los árboles sagrados.
Dâkosto: es el tercer templo de los nensir airatâri, una especie de templo-cuartel.
Galador: nombre que recibe la tierra de los Nensir Airatâri.
[Editado por aratir el 23-05-2008 15:21]
Resumen de la batalla:
Nensir ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.
Recuperables: 504 puntos.
Valoraciones: 7,5+7,2+8,8+9,2+8,2= 8,18
Recupera: 412 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 140 puntos. Total recuperación: 504 puntos.
Pierde: 126 puntos.
Por el saqueo de la ciudad, se obtienen 300 monedas.
Por la batalla, se entregan 450 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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