La Guerra de los Clanes

Batalla 35. Revuelta En Annwyn.

Terminada
Escrito el 27-05-2008 20:03 #1

Annwyn es una ciudad orgullosa. Son conscientes de la sangría que están produciendo en el ejército invasor.

Por tercera vez y una vez recuperadas las fuerzas se levantan en armas para lograr su ansiada independencia.

Este pueblo no cejará en su empeño.

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Fin Guerra: Maianor deja de Atacar

Armadas perdidas por "Maianor" = 28

Armadas perdidas por "Marllajtay" = 22

Victoria para Marllajtay.

Escrito el 01-06-2008 00:05 #2

El ave cruzó entonces una vez más los cielos, en medio del silencio aterrado de propios y extraños. Y, ante el horror de todos, se posó junto al cadáver del Zôr de Annwyn, y comenzó a devorar su carne con fruición.

Cerré los ojos para no ver, para ignorar, para olvidar; pero mis ojos habían visto, y ahora conocían y recordarían por siempre el momento en que el Khôndor arrancó los ojos del Zôr muerto y, tras juguetear un poco con ellos, sacudiéndolos y golpeándolos, los engulló. Parecía divertirse con el terror que nos provocaba, a todos, propios y extraños, Chák'ay y Marllajtay, y con el estremecimiento que recorría nuestras espaldas al ver la despiadada escena. Pero… ¿no sería esa una señal de triunfo que no supimos comprender, el augurio de una victoria venidera?. Los rebeldes huyeron, desaparecieron a través de las callejuelas de la ciudad de Annwyn, dejándonos solos con el Khôndor, su festín y su mirada indiferente y ajena.

¡Tantas fueron las pérdidas en las filas Marllajtay! ¡ay! ¡tantos los hermanos que cayeron bajo el brazo enfurecido de los rebeldes!. Buscamos entre los muertos a quienes nos pertenecían, los llevamos a las afueras de la ciudad y cumplimos los ritos funerarios como lo dictan nuestras costumbres, incinerando sus cuerpos, dividiendo sus cenizas, y entregando una parte a Allpamanta, una más a los cielos, dominios de Zôr Khôndor, y una última a las aguas del mar, consiguiendo con ello dar reposo a los espíritus y llevando el honor de sus muertes a las Ýnni que fueran su seno.

Annwyn también rindió culto a sus muertos, a pesar del resentimiento que a muchos de nosotros, los hombres contra quienes levantaron sus armas, los hermanos de aquellos contra los cuales cometieron los más terribles ultrajes, nos carcomía el alma. Pero Erelas, Llén, La que vive mil años, nos llamó a la cordura y a la sensatez, y levantando los brazos al cielo, exclamó.

Marllajtay, nos dijo, que el odio y el dolor no nublen vuestros sentidos, que la pena que cargan nuestros corazones por la violenta pérdida de tantos hermanos no sea excusa para olvidar el honor de nuestro pueblo; los vejámenes cometidos por los rebeldes contra los hombres de Híssuë no serán repetidos. Los espíritus sus muertos, como los nuestros, merecen el descanso que el sueño eterno ofrece a todos por igual. Jamás seremos iguales a ellos y por nuestra virtud obtendremos el favor de Zôr Khôndor

Los restos esparcidos del Zôr de Annwyn fueron levantados de las lozas de la Plaza y dispuestos para sus honras fúnebres, llevadas a cabo días después, y a las que asistieron todos los habitantes de la ciudad, mientras los Marllajtay observábamos en la distancia y descubríamos nuestras cabezas en señal de respeto, porque aquel hombre fue sabio y supo ganar el corazón de los yaotli de Híssuë con sus últimas palabras, aquellas pronunciadas justo antes de su muerte.

La ciudad pareció recobrar su ritmo con el paso de los días, pero la cautela no abandonó a los Marllajtay ni a sus dirigentes y permanecimos atentos a cualquier movimiento sospechoso que amenazara la tranquilidad de Annwyn; sin embargo, nada supimos de los rebeldes, sus huellas habían sido borradas y su rastro se perdía en giros interminables que nos devolvían una y otra vez al mismo sitio, la Plaza Principal de la ciudad.

Miyotl, la joven Zôr'aotli de la compañía, era quien más desconfiaba del aparente sometimiento de Annwyn y de su Corte; Los señores de la ciudad se habían acercado al Palacio durante los días que siguieron a la revuelta y reafirmado la Alianza entre ambas ciudades bajo una única condición: protección para todos ellos y para sus familias. Los Zîr'aotli Marllajtay aceptaron el convenio y el requerimiento de los señores Chák'ay, y nos pidieron vigilarlos día y noche, sin jamás perderlos de vista, con la excusa perfecta de cuidar de su integridad ante un posible ataque de los insurrectos.

Los Chasq'asqa Marllajtay partieron raudos hacia Híssuë llevando consigo misivas de los Zîr'aotli en las que pedían al Apákt’chüta el envío de refuerzos, de un nuevo destacamento de yaotli argumentando que la calma relativa que se respiraba en Annwyn no era más que la tensa espera de una nueva arremetida rebelde. Nosotros, al igual que los capitanes de la compañía, también aguardábamos tensos el momento en que la ciudad se transformara, una vez más, en una marea incontenible de Chák'ay enfurecidos.

Dos veces enseñó Aña su rostro antes que las fuerzas Marllajtay dejaran el estuario y dirigieran sus pasos hacia la Isla de Annä, y sólo una para que los Chasq'asqa fueran enviados de regreso con las recomendaciones que Zôr Taruka y el Zîr'an daban a los capitanes respecto al delicado manejo que requería la situación de los señores Chák'ay. Pero algo ocurrió en el camino que recorre las costas de la isla y llega a las puertas de la ciudadela; un grupo de rebeldes interceptó a los Chasq’asqa y los obligó a entregar las misivas dirigidas al Zîr'aotli, para luego asesinarlos de la forma más despiadada que jamás se haya visto. Sólo uno de los mensajeros pudo escapar con vida, internándose en el bosque y ocultándose entre rocas, árboles y barro para no ser advertido por los insurrectos, y lanzándose en una desesperada carrera en medio de la noche en que Aña ocultó su faz, con el único propósito de informar a los Zîr'aotli de los oscuros planes que en el corazón de la isla se gestaban.

Yo le vi caer desfallecido a los pies de Llén, llevando entre sus manos ensangrentadas la carta que le había sido confiada por el Concejo del Khútic.

El Chasq'ä fiel murió poco después de su arribo, extinguidas sus fuerzas y atormentado por la aterradora agonía que sufrieran sus compañeros y de la que él, con sus ojos oscuros, había sido testigo. Pero con su misiva llegó también la noticia de un Chák'ay noble en Lóna Halátir, un hombre de Annwyn que, según los rebeldes, buscaría ayuda entre los odiados Hünna’nay.

Escrito el 01-06-2008 00:05 #3

La tensión entre Chák'ay y Marllajtay no podía ocultarse por más tiempo. Los habitantes de Annwyn cumplían obedientemente con sus labores cotidianas; ni una pelea callejera ni una discusión en el mercado habían interrumpido la tranquilidad de la ciudadela en los últimos días, nadie había levantado su voz contra quienes ellos llamaban “los opresores”, ni se supo nada de los insurgentes o sus planes de reconquista. Pero las miradas de los Chák'aydecía más que sus acciones o sus propias palabras; el brillo del desprecio y el odio las iluminaba cuando se posaban en un yaotlio cuando inclinaban levemente la cabeza para saludar a uno de los Señores de su Corte, a quienes consideraban traidores viles e indignos.

Las aspiraciones de unión y hermandad entre Híssuë y Annwyn se desvanecían más y más con cada amanecer, y mientras los Zîr'aotli se esforzaban en obtener información sobre los rebeldes y sus planes de retomar la ciudad, los habitantes apoyaban la conjura de Tehór’fil y saboteaban los intentos de los marllajtay por extinguir la rebelión desde su núcleo, deshaciendo huellas o sembrando pistas falsas, confundiendo a los yaotli y sirviendo de espías a la resistencia.

La alarma desatada por la noticia que trajera el único Chasq'ä sobreviviente sobre una posible alianza de los rebeldes con los Hünna’nay, permitió a la flota marllajtay prepararse ante un inminente ataque llegado desde Lóna Halátir. Por orden de Mar'ek Ýthuel, quien aun no se recuperaba de las heridas recibidas en la revuelta anterior, y permanecía bajo cuidado en el Palacio de la ciudad, fueron dispuestas las naves marllajtay en formación defensiva; buscarían contener a los Dúnedain y evitar así el apoyo de tropas que éstos pudieran brindarle a los rebeldes, lo que significaría un desequilibrio de fuerzas capaz de definir la batalla a favor de Tehór’fil y la derrota de los yaotli… sin hablar del peligro de muerte que correrían los Zîr'aotli en caso de ser capturados.

En tierra, los refuerzos llegados desde Híssuë trajeron consigo la confianza y las voces de aliento que los yaotli buscaban, además de nuevas lanzas, arcos, espadas y algunas armaduras en las que se apreciaba la imponente figura de Zôr Khôndor.

Durante la apremiante espera a la que estaban sometidos los marllajtay, los capitanes se esforzaban por mantener en alto los ánimos de sus hombres, apelando para ello a continuos discursos sobre la legitimidad de sus acciones en Annwyn, sobre la necesidad de unir a los pueblos Chák'ay bajo una alianza de hermandad dispuesta por Híssuë contra las amenazas externas que los desafiaran. Pero hasta ahora ninguno de ellos, ni Mar'ek Ýthuel, ni Miyotl, ni Erelas habían conseguido borrar el terror que la visión del Khôndor devorando el cuerpo del Zôr de Annwyn había dejado en los soldados marllajtay.

Para muchos de los yaotli, los más supersticiosos, aquella imagen era una advertencia, un llamado de atención a quienes se atrevieran a perturbar a Zôr Khôndor y a valerse de su nombre para justificar el derramamiento de sangre de otros Borhalaidas, pero para otros tantos era la invitación a continuar en su lucha por la unión y la fraternidad entre los Chák'ay y los marllajtay.

La paciencia de los habitantes de Annwyn llegó a su fin un frío amanecer, un día en el que el cielo se vistió de luto y aguardó silencioso antes de derramar sus lágrimas por los muchos hombres que morirían esa mañana. La noche anterior, con la complicidad y el apoyo de los residentes, numerosos grupos de rebeldes armados lograron escalar los empinados muros de la ciudadela para dar comienzo a una nueva insubordinación. Moviéndose entre las sombras consiguieron ubicarse estratégicamente, rodearon el Palacio y estudiaron con detenimiento la posición de las fuerzas marllajtay, además de intentar reconocer las debilidades de los yaotli, aquellas que podrían permitirles derrotarlos con mayor facilidad.

Justo al alba, cuando la ciudad normalmente daba sus primeras muestras de actividad comercial, cientos de rebeldes emergieron de sus escondites y se lanzaron en furiosa arremetida contra los Marllajtay, pero éstos, advertidos y preparados para responder ante una nueva y desesperada revuelta, respondieron con fiereza ante el primer ataque. El estrépito de las armas al chocar y los gritos de guerra y desesperación anunciaron a los Zîr'aotli el inicio de la contienda.

Los insurgentes buscaban rodear al enemigo y obligarlo a retirarse al interior del Palacio, en donde serían torturados y masacrados junto con los traidores de la Corte, pero los yaotli combatían con fiereza bajo el mando de la joven Miyotl quien, acompañada por un grupo de hábiles ballesteros, cegaba la vida de cuanto revoltoso se hallara al alcance de sus saetas.

Los marllajtay perdían terreno mientras los rebeldes avanzaban lentamente, cercando a los yaotli y forzándolos a retroceder sobre sus pasos. La muerte cobraba tantas vidas marllajtay como Chák'ay pero por cada rebelde que caía, de las callejuelas de la ciudad aparecían dos o tres más para reemplazarlo.

Las maniobras de los insurrectos les permitieron tomar ventaja de la situación; los yaotli, imposibilitados para escapar, estaban siendo aplastados por la turba furiosa, mientas los Señores de la Corte corrían como gallinas asustadas de un lado al otro al interior del Palacio… y eso que aun faltaba la llegada de Tehór’fil y los Dúnedain.

En el puerto las cosas no estaban mejor; la poderosa flota de los Hünna’nay había iniciado sus ataques poco después que los rebeldes lo hicieran en la ciudad, y se enfrentaban en igualdad de condiciones y fuerzas a los navíos marllajtay, a cuya cabeza se encontraba Erelas, plantada en el puente de una de las embarcaciones, de pié, como una hermosa estatua númenóreana desafiando a su propia gente.

El fuego se esparció entre las casas de Annwyn, y el humo se levantó en enormes columnas que tocaban el cielo; desde su navío, Erelas contemplaba impasible cómo las llamas devoraban algunos sectores de la ciudad a la par que lo hacían también con algunos de los barcos enemigos. No concebía la derrota pues, de hacerlo, condenaría todos en la ciudad a una muerte segura y deshonrosa.

Escrito el 01-06-2008 00:10 #4

Zôr Taruka,

La revuelta ha sido contenida y los rebeldes se han capturados o han muerto en el enfrentamiento; la ciudad de Annwyn ha quedado parcialmente destruida por las llamas que provocaran los insurrectos y más de la mitad de nuestros barcos han sufrido averías considerables, sin mencionar el hundimiento de dos de ellos. Muchas han sido las bajas entre los yaotli que protegieran el Palacio y otros tantos permanecen bajo el cuidado de los Yatiri’ämpi que han venido con nosotros; entre los heridos también se encuentra Miyotl, quien fue gravemente herida luego de ser asaltada su unidad de ballesteros por un grupo de rebeldes, pero confío en la fortaleza que ha demostrado tener y espero que pronto se encuentre en condición suficiente para retomar su cargo como Zôr'aotli.

Poco puedo decir sobre la batalla más de lo que los Chasq'asqa habrán podido relatarle; las fuerzas que defendían la ciudad de la embestida rebelde fueron obligadas a replegarse contra los muros del Palacio, y hubieran perdido el dominio de Annwyn si el Khôndor no hubiese llegado en aquel momento y sobrevolado alrededor del edificio, para luego posarse con tranquilidad sobre uno de los estandartes Marllajtay. No existen palabras que puedan describir la emoción que despertó en los corazones de los yaotli la inequívoca señal de favor y protección de Zôr Khôndor a los hombres de Híssuë, y los momentos de desconsuelo y consternación que los rebeldes pudieron vivir. Fue entonces cuando la balanza se inclinó una vez más a nuestro favor y nos permitió resolver la contienda con una victoria.

En cuanto a la batalla que sostuvimos con los Hünna’nay debo decir que, si bien en un principio prometía ser un enfrentamiento digno de ser recordado, pronto se resolvió rápidamente y en beneficio nuestro. Al parecer, los Dúnedain intuyeron la derrota de los rebeldes en la ciudad luego de ver volar sobre nuestras cabezas la silueta del Khôndor, y si bien estas gentes no son supersticiosas, si conocen muy bien las costumbres de los Chák'ay y lo que el ave significa para ellos y para nosotros, por lo que dieron orden de retirada y se alejaron velozmente en dirección a Lóna Halátir. Y no está de más decir que perdieron tantas o más naves que nosotros.

Lamentablemente no pudimos capturar a Tehór’fil, a quien los indicios señalan como el autor de la rebelión, pero Zôr Khôndor se encargará de darnos una nueva oportunidad y entonces tendrá que responder por sus delitos.

Dejo en vuestras manos la tarea de informar a la Corte sobre esta nueva victoria y las consideraciones que en adelante deban tenerse con los Señores Chák'ay de la ciudad.

Erelas

[Editado por Seshat el 01-06-2008 00:11]

Escrito el 03-06-2008 15:43 #5

Resumen de la batalla.

Marllajtay ha perdido 22 armadas x35= 770 puntos.

Recuperables: 616 puntos.

Valoraciones: 7,7+7,4+8,2+8+6,5+7,6= 7,56.

Recupera: 466 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes, se recuperan 140 puntos. Total recuperación: 606 puntos.

Pierde: 164 puntos.

Por la participación en la batalla, obtienen 600 monedas.

Por la retirada de los rivales, obtienen 100 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.