4 Aqua Vath, Barrio Exterior de Thertan.
-¡Es aquel edificio! -señaló Erjândako-. Si quedan supervivientes, deben estar ofreciendo resistencia allí.
-Pues hay un ejercito alrededor... -Myodul examinó los alrededores de forma analítica-. Y no veo ninguna otra forma de acercarnos; no hay manera de llegar a tiempo.
Las blancas paredes de la ciudad estaban cubiertas de manchas de suciedad y sangre. Había restos evidentes de las anteriores batallas, no muy lejanas en el tiempo. Y estaba claro que la mayor parte de la población de la zona había decidido levantarse en armas.
-Podríamos rodear a su ejercito, hacer un sitio doble... Pero entonces seguramente los de la Compañía del León no resistirían. Es de vital importancia conseguir al menos algún superviviente que nos pueda poner al tanto de los últimos acontecimientos... Además, tomando a los prisioneros podríamos llegar a negociar. En estas condiciones, aunque les sitiemos, tal vez ganásemos pero no serviría de mucho.
-Si nos reunimos con los supuestos supervivientes, tal vez no sirva de mucho igualmente.
-¡Miau! -un sonido interrumpió la conversación entre los dos hombres. Myodul sonrió al ver a la gata pasearse sobre el tejado de un edificio cercano.
-Es Sophistra -explicó Myodul-. Podríamos ir por los tejados... Parece bastante sencillo pasar de uno a otro, y llegaríamos rápidamente al edificio.
-Nos convertiríamos en un blanco ideal para sus arqueros -Erjândako afinó el oído; unas pisadas humanas se acercaban hacia ellos-. Ya saben dónde estamos... Bien, lo principal es reunirnos con los supervivientes, por arriesgado que sea. Dividámonos en dos grupos, tal vez así uno sirva de distracción. ¡Por los tejados!
Sala de Reuniones del Consejo de Thertan.
Un golpe anormalmente potente hizo que el brazo de Alyon retrocediese. Enseguida, su instinto de batalla le hizo retroceder un paso y evitar que su cráneo fuese destrozado por una... ¿Azada?
Lo era, y su contrincante no parecía más que una niña, trabajadora, tal vez encargada en otro tiempo de desenterrar raíces con aquella misma herramienta.
Sin embargo, su destreza sorprendió al elfo. A pesar de su cansancio y amputación, era meritorio detener las estocadas de Alyon con aquella rustica herramienta.
-¿Cómo te llamas? -preguntó Alyon.
-¡Soy Jhade, y he venido a vengar a mi prima, Maara! -exclamó la muchacha-. ¡Ya habéis causado suficiente destrucción en esta ciudad, ahora pagareis!
-Esto os lo habéis hecho vosotros -dijo Alyon. Acto seguido tropezó con un cadáver y cayó de espaldas. Pero rodó y logró hacer un corte en la mejilla de Jhade.
-Tal vez -dijo Jhade-. Pero si no hubieseis venido, nada habría sucedido jamás. ¡Jamás!
Remarcó su última palabra con un golpe brutal, que puso fin a la vida del elfo.
***
Nunca supo que los refuerzos realmente habían llegado. Saltando de un tejado a otro, las fuerzas de Narwa habían penetrado hasta el mismo corazón de la ciudad. Había sido muy caro, ya que para los enemigos dispararles y derribarles era tarea sencilla. Pero aquello les había permitido premura. Justo cuando el cráneo de Alyon era atravesado por la azada, una figura sombría penetraba por la ventana y atacaba por la espalda a la muchacha.
Myodul únicamente supo de ella que acababa de matar a un compañero, y que había una herida en su mejilla. Se entregaron a una lucha encarnizada, mientras los miembros supervivientes de su compañía iban penetrando en la habitación alfombrada por cadáveres.
Desde la puerta principal se oyó un clamor y Erjândako derribó a los humanos que impedían el acceso, con ayuda de su espada Gâjâ. En el proceso de llegar hasta la puerta había le habían atravesado la espalda con un puñal, que aún ahora le sobresalía... Con una mano sesgada aún aferrada a él.
Myodul esbozó una sonrisa feroz cuando la azada de la enemiga atravesó su cadera y se quedó atascada en su cuerpo. La falcata se movió con un relámpago y la muchacha perdió una pierna en el acto. El elfo se giró y pateó la cara de la enemiga, haciendola rodar sobre los cuerpos sin vida.
-¡Ya está bien! -gritó Jhade, siendo ayudada por un compañero-. ¡Nos retiramos! Sus fuerzas están menguadas, pero su resistencia será tenaz. ¡No desperdiciemos aún nuestras vidas! ¡Es nuestra victoria!
***
-Y lo peor es que esa chica tenía razón -dijo Erjândako-. Seguimos conservando la ciudad, pero a menudo precio...
-¿Algún superviviente? -preguntó Myodul.
-Alguien llamado Talien, un simple soldado -explicó Erjândako-. Pero le han dado un martillazo en el cráneo y si está vivo es de milagro. Es el único superviviente... Maldita sea, no importa cómo lo mire, es una derrota. Aunque... ¿Seguro que no te alegra haber perdido, Myodul?
-¿Alegrarme? -preguntó perplejo el joven elfo-. ¿Por qué lo preguntas?
-Desde que te conozco, has sonreído una sola vez -dijo Erjândako-. Justo cuando aquella humana te destrozó el riñón. ¿Disfrutas acaso tus heridas?
-Cállate -musitó Myodul, apartando la mirada.