La Guerra de los Clanes

Batalla 32. Intento De Saqueo De Breald Por La C3 Nensir.

Terminada
Escrito el 27-05-2008 22:15 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 15

Armadas perdidas por "Maianor" = 25

Victoria para Nensir.

Se produce el saqueo de la ciudad.

Escrito el 30-05-2008 09:24 #2

Bajó de la barca y notó la tirantez de sus heridas bajo la armadura ligera. Miró a un lado y a otro como desconfiando de lo que pudiera pasar y avanzó rodeado de algo parecido a hombres de confianza, los acólitos que le veneraban como un semidios no permitirían que nadie se acercase a su idolatrado sin presentar batalla. Todos al mismo tiempo llegaron a un claro donde la luz de sus faroles se mezcló con la de otras muchas antorchas y faroles élficos de Nensir.

Rostros sombríos y expectantes, en guardia, desconfiados de aquél que se presentaba como líder. Un mercenario impuesto por las altas esferas de Nensir se presentaba allí mirándoles de soslayo, de forma entre pícara e inteligente, siempre midiendo, evaluando a cada uno de los presentes. Había elfos en una gran mayoría pero también algunos hombres que se hacían llamar piratas. Habían venido de muy lejos por mandato de Ramjakhîn, y traían armas nunca vistas, como arcos de metal, piezas de un mecanismo que lanzaba piedras o bolas de madera y paja que se untaban con un ungüento oscuro que prendía con facilidad. Aquella noche se avecinaba un hecho histórico que pasaría al recuerdo de muchos historiadores.

Como os iba diciendo, fue el pirata quien mandó hablar al que lideraba a los elfos de Nensir. Este le habló de Breald y de la importancia de que aquella ciudad estuviese bajo su poder en aquellos tiempos de incertidumbre. Le habló de sus gentes, costumbres, incluso sacó planos de aquel lugar y esto fue lo que le abrió los ojos a Ramjakhîn, porque él iba más lejos que ninguno de los estrategas y siempre veía el beneficio antes de que otros llegaran que, para cuando lo hacían, él ya había urdido un plan para apoderarse de una buena cantidad. Así era que el Pirata había aceptado aquella misión de las manos del Consejo y había abandonado Tulkatumbo en menos de los que muchos esperaban. Ahora estaba al frente de aquel ejército con nuevas ideas de conquista y fuerzas reforzadas. Sólo él, sin tener que dar cuentas a nadie.

Cuando el elfo más noble de todos los que allí había terminado de hablar, Ramjakhîn agradeció la información y le pidió que organizase a los suyos con armaduras pesadas ya que iban a ser los que entrasen en la ciudad. Esta orden directa no fue consultada con él y el noble elfo no pudo reprimir una mueca de hostilidad ante la simple idea de que fuesen sus valientes hombres los que luchasen en primera línea y tomasen las calles. Intentó argumentar que su contingente estaba muy disminuido y, que por ello, tenían que utilizar armas indirectas, como las flechas o la artillería. Ramjakhîn le reconoció que sería lo más sensato en caso de que aquello fuera una guerra convencional en la que, según las viejas reglas de la academia, tenían que diezmar la ciudadela con un sitio riguroso. Pero todo fue inútil pues el pirata ya había decidido que la única forma de ganar aquella plaza era arriesgando, y más cuando, en el fondo de sus pensamientos, le importaba más la vida de sus pocos hombres que la de todos los elfos allí presentes. Y eso lo supo el noble elfo que representaba a los suyos y es algo que nunca pudo perdonar a Ramjakhîn ni a los que le contrataron como mercenario, pero estos relatos pertenecen a otra historia que será contada.

Y así fue como en poco tiempo Ramjakhîn ejerció su autoridad entre todos los soldados, siempre rodeado de sus acólitos impenetrables, dando órdenes de batalla que nunca habían sido oídas en la tradición guerrera de los Aldâlantar. Era de noche cuando el mecanismo fue montado mirando hacia Breald. Antorchas encendidas junto a rostros expectantes ante el futuro inmediato.

[Editado por gorathion el 31-05-2008 15:09]

Escrito el 31-05-2008 23:49 #3

He de hablaros un instante sobre un hombre que caminaba cabizbajo bajo la luz de la luna y la quietud de la noche cerca de las murallas de piedra que protegían la ciudad. Se llamaba Arok An’dalarik. Quizás hayáis oído hablar de él en alguna otra historia. En aquellos días todo era incierto y aquel hombre, tan alejado de la orgullosa política de su rey, había llegado a detestar la ciudad en la que vivía. Pero él mismo la había condenado, profiriendo meses antes una maldición sobre ella que había traído enfermedad y congoja a Breald. Pero aún así, Uthurk An’nanarik, el rey de Breald, seguía gobernando autoritariamente y había cerrado la ciudad a cualquier pueblo exterior que no fuera aquellos elfos oscuros de Tuyrozd.

La primera piedra cayó justo a los pies de Arak. Y La segunda detrás de él. Sollozando se tiró al suelo mientras la pesadumbre y el desconcierto empezaba a extenderse por las calles de Breald al tiempo que bolas de madera caían en las casas más cercanas a las murallas incendiándolas inmediatamente.

El enemigo ya estaba delante de los muros de la ciudad y ya no había tiempo de impedir el sitio de la misma.

-¡Elfos! ¡Elfos de los bosques! ¡Nos atacan los elfos! , gritaban alrededor.

Nuestro hombre, rodeado de fuego, empezó a notar como el humo le sumergía en un estado de sopor. Antes de sumergirse en la inconsciencia, una sonrisa se dibujó en su rostro mientras recordaba las palabras malditas que le había proferido al rey de Breald.

”Maldito seas Uthurk, maldita sea tu descendencia y todos aquellos que te siguen. Malditos seáis todos hasta que esta inmunda ciudad sea gobernada por los elfos justos de las tierras del norte.” .

Pues según su maldición sólo los elfos del norte, los elfos de los bosques como los llamaban, podrían terminar con la maldición en la ciudad. Aunque el precio que los habitantes de Breald tenían que pagar iba a ser excesivo.

Volviendo a lo que estaba ocurriendo en Breald, el fuego resplandecía incendiando todo lo que estaba hecho de madera o paja. Las estructuras se desmoronaban por el calor y la piedra ennegrecida por los impactos se repetía aquí y allá. Ni siquiera el palacio de Uthurk se salvó de las heridas de guerra.

En las afueras estaba el ejército de Ramjakhîn parapetado tras escudos de madera y chapa, recibiendo la lluvia de flechas de la defensas de la ciudad mientras sus hombres hacían chocar el ariete contra los portones de madera. El repiqueteo dio lugar a un crujido. La señal de alarma provocó que los defensores se agitaran para redoblar su castigo en las puertas. Llevaban cubos de brea hirviendo, agua y piedras que dejaban caer sobre la barrera de escudos de más abajo. Justo en ese momento de desorden fue cuando Ramjakhîn dio la orden de ataque a sus arqueros elfos. Sonaron los arcos de metal y sus flechas silbaron hasta morir en el pecho de muchos defensores de Breald al tiempo que sus cuerpos caían inertes y se golpeaban contra las lanzas de los piratas.

Un grito de guerra élfico resonó en las cercanías a la misma vez que un grupo se abría camino entre las grietas de la puerta. Un intento alocado, porque muchos cayeron muertos por las lanzas de los de Breald que apuntalaban la puerta con maderas, troncos y una barrera de lanzas. Atraparon a la doncella elfa que estaba como segunda al mando del noble elfo. Los rumores decían que entre ellos había sentimientos encontrados, más allá de la guerra; que él la obsequiaba con canciones en los bosques de la frontera y ella le correspondía con collares de flores. Pero ahora Ramjakhîn veía que su vida dependía de aquella raptada. Aleteó las manos en su lengua de gestos y tres acólitos con sus habas negras se perdieron entre la muchedumbre de armaduras y lanzas. Era hora de dar el segundo y definitivo golpe.

Entonces, las filas del fondo redoblaron la lluvia de flechas y, por segunda vez, el ariete rompió las puertas recién apuntaladas. Una muchedumbre de gente de Breald se agolpó con multitud de lanzas y arcos y sustituyeron a la madera de la puerta. Entonces, en aquel momento, a Ramjakhîn le brillaron los ojos con la malicia del ser que era y se volvió hacia atrás hasta la catapulta. Ordenó a los suyos que se alejaran de las puertas, donde permanecían los defensores agolpados, dispuestos a no moverse como una barricada humana con espinas, impenetrable a las flechas. Así fue que el pirata apartó a sus artilleros de la catapulta y, tras ajustarla y apuntar, envió una bola de paja untada de aquel ungüento que no tardó en prender y arrojar contra la puerta. Cuando la bola de fuego se lanzó no dio tiempo a que los defensores se apartaran. Dio en el blanco y muchos murieron calcinados por el fango ardiendo que se pegaba a sus armaduras y los achicharraba. Sin dar crédito ante semejante crueldad, los elfos de Nensir tuvieron que ser arengados de nuevo por Ramjakhîn para que tomaran la ciudad, calle a calle, saqueando todo y dando muerte o aprisionando a todo aquél que pudiese empuñar una espada contra el dominio de los aldalântar y los eglamari.

Pero ya nada podrían hacer las defensas de la ciudad, pues ésta había sido tomada y, en el corazón de la misma, el palacio real prendía acompasada con el resto de edificios de Breald. Un grito se escuchó entonces, un grito desgarrador. Uthurk An’nanarik, señor de Breald, que, durante unas cuantas décadas había guardado celosamente la ciudad, moría entre el fuego que azotaba su palacio. Era el fin de un reinado y Breald, tal y como había sido conocida durante centurias, se perdía entre el fuego.

[Editado por gorathion el 01-06-2008 00:10]

Escrito el 31-05-2008 23:59 #4

La noche roja iba pasando mientras el fuego remitía lentamente. El más noble de todos los elfos, cuyo nombre pronunciaré en otra historia, se adelantó entre los escoltas y pidió permiso para examinar el estado de Ramkahîn. Parecía herido pero aún así mantenía el rostro sereno y hasta me atrevería a decir que ligeramente risueño. Calmaba a sus acólitos con palabras que desconocía pero que seguramente iban encaminadas a despreocupar acerca de su salud. El elfo se acercó pero el pirata no le permitió que levantase su cota de malla. En cambio, le pidió algo incomprensible; que le llevase a curar al palacio de Uthurk An’nanarik.

El elfo obedeció sin rechistar porque en realidad le importaba poco la vida de aquel infante endemoniado y, en el fondo, sabía que si le pasaba algo malo no lo lamentaría. Ramjakhîn fue conducido entre ruinas y cuerpos calcinados hacia el centro del palacio. Cuando llegaron, el fuego había abandonado el edificio hacia unas cuantas horas. Vieron los portones abiertos y las ventanas y los muebles amontonados en la entrada. Atravesaron un pórtico y, a ambos lados, había soldados registrándolo todo. Algunos lugareños estaban siendo interrogados pero viendo la comitiva que llevaba a Ramjakhîn apoyado en dos de sus acólitos, fueron trasladados a las habitaciones del antiguo dueño.

Se abrió ante ellos una habitación muy cómoda con muebles funcionales y un amplio lecho. Allí acomodaron al Pirata y éste pidió que le dejaron a solas con el noble elfo.

_ Sé que estás apenado por que la resistencia ha capturado a una de tus mejores guerreras, no hace falta que me lo ocultes porque a estas horas mis hombres están negociando su liberación y pronto estará contigo.

_ Le estoy agradecido Ramjakhîn...

_ Ahora que sabes esto quiero que dediques tu tiempo a curarme con tus artes milenarias. Sólo tú podrás poner las manos en mi cuerpo. Tú y nadie más.

El elfo miró con perplejidad al infante. No entendía porque el pirata le pedía aquello. Pero estoy seguro que Ramjakhîn pidió aquello para evitar que sus hombres vieran las graves heridas que tenía. No se iba a permitir el lujo que los rumores de un mal estado de salud propiciaran el deseo de quitarlo del poder en Eglamar.

_¿Yo? ¿Por qué yo? - preguntó el elfo.

_Eres uno de los mejores baradar, según he sabido.

El noble elfo aceptó y, con cuidado, examinó las diversas heridas del pirata. Tenían bastante mal aspecto a pesar de que no sangraban mucho. La cota de malla, por su parte, había impedido un golpe mayor, un fuerte mazo había impactado en el pecho del infante pero la cota de mallas, hecha con un material bastante resistente, había servido de obstáculo para llegar hasta el pecho.

Aunque lo detestase, el elfo dependía en aquellos momentos del Pirata en aquella ciudad alejada de su hogar. Pues habéis de saber que, a pesar de ser considerado un demonio entre los nensir airatâri, el gran pirata tenía la apariencia de un niño élfico. Los rumores y las leyendas hablaban de que tenía procedencia aldalânta pero nadie sabía a ciencia cierta qué mal había convertido a aquel niño elfo en un auténtico demonio, un demonio que extendía poco a poco su poder entre los elfos de Galador. Aquel día había conseguido una auténtica victoria en aquella ciudad del corazón del Aldalaurë, en el norte de Rómenor. Y aquella victoria sería un paso más en la inserción de Ramjakhîn en la sociedad aldalânta y en los malvados planes que el gran pirata tenía pero eso es ya parte de otra historia.

[Editado por gorathion el 01-06-2008 00:01]

Escrito el 03-06-2008 16:01 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.

Recuperables: 420 puntos.

Valoraciones: 8,9+8,2+8,2+8+7,8+8= 8,183

Recupera: 344 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 105 puntos. Total recuperación: 420 puntos.

Pierde: 105 puntos.

Por la participación en la batalla, obtiene 450 monedas.

Por el saqueo de la ciudad, obtiene 300 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.