La Guerra de los Clanes

Batalla 33. Revuelta En Naraharaz.

Terminada
Escrito el 31-05-2008 18:29 #1

Las gentes de Etzenselon no aceptan de buen grado la ocupación militar y el continuo expolio al que se ven sometidos.

La Tierra del Rey Aguila, nombre con el que es conocida la ciudad de Naraharaz, se ha alzado en armas para liberarse de los extranjeros.

La rebelión se ha iniciado en los túneles de la colina bajo cuyo amparo fue construida la ciudad. Algunos de esos túneles permanecen ocultos para los ocupantes y esa circunstancia ha permitido reuniones clandestinas.

La ciudad lucha por su libertad!

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Fin Guerra: Maianor deja de Atacar

Armadas perdidas por "Maianor" = 24

Armadas perdidas por "Al´Varant" = 26

Victoria para Maianor.

Al Varant conserva la ciudad.

Escrito el 04-06-2008 23:43 #2

El sol despuntaba ya a lo lejos, en el oeste. Elaren contemplaba la llegada del amanecer con los ojos añorantes, aunque no sabía muy bien de qué. A su espalda se levantaba la antigua ciudad de Naraharaz. En sus almenaras hondeaba la bandera de Al’Varant. La ciudad era un símbolo de la antigua prosperidad del Imperio —no en vano, la región de Narävhor era una de las más ricas y fértiles de todo Varantar, y una de las más populosas y florecientes en tiempos de los reyes— y reconquistarla supuso un abundante prestigio para el trastocado Senado, cuyos consecutivos desastres —la derrota de Hildan y la pérdida de Lambar— habían minado la confianza que la población depositaba en éste.

La ciudad pudo ser conquistada, no sin notables pérdidas, y Al’Varant recuperó el corazón de su antiguo gobierno. De allí habían surgido científicos, arquitectos, legiones de guerreros y eruditos famosos. La frontera del río Aisha marcaba el inicio de la civilización. La cultura. La prosperidad. Más allá de aquella barrera natural, daba comienzo el terrible Gran Desierto, que sólo los nómadas desafiaban abiertamente. Naraharaz y Narävhor eran, en efecto, el inicio de la cultura varante como tal.

Así, al menos, lo veían los Senadores.

Pero no todos compartían aquella opinión. Con la llegada de las tropas varantes, una parte notable de los habitantes de Naraharaz aclamaron a los conquistadores. Pero las cosas habían cambiado, y no todos compartían los deseos de la alta política de Varendia. Las exigencias de los sacerdotes, invocadores y guardianes de los muertos crecieron exponencialmente según reforzaban su posición dentro del ejército ocupador. El Rolzac había acumulado un inmenso poder en el Senado de Varendia, y eso contaba.

Cuando las exigencias aumentaron, así lo hizo el descontento. La conquista había traído muerte y destrucción a un lugar que no lo conocía desde varias décadas —que, para aquellos tiempos, era un intervalo notable—; cuando las protestas subieron de tono y adquirieron un tono preocupante, los capitanes se esforzaron en solucionar las cosas. Ahora bien, no hubo parlamentos. La contundente infantería varante disolvió a golpes las diversas concentraciones de exaltados y, así, el problema fue a más.

Todo ello ocurría en el interior de la ciudad, que se iba caldeando como un hervidero; pero Elaren no entendía bien a los Hombres y sus extraños motivos, y prefirió desentenderse. Hizo bien, pero en último término no logró librarse de carnicería que estaba por llegar.

Una vez el sol desapareció definitivamente del horizonte, y la oscuridad y las estrellas se hicieron con el dominio de los cielos. Como de costumbre, no había nubes en el cielo, y las estrellas brillaban con especial hermosura. Pero Elaren sentía más atracción por el mundo terrenal, y dedicó poco tiempo a la contemplación. Dio media vuelta, con los instrumentos de trabajo al hombro, y volvió a la ciudad. Debido al toque de queda, no había ni un alma por la calle; las luces estaban apagadas y reinaba un silencio antinatural. La enana se estremeció; sus botas resonaban y devolvían el eco mientras transitaba las solitarias calles hacia los cuarteles de la Dûrmana.

De pronto, escuchó un ruido a su espalda. Pasos. Susurros. Se estremeció. Inquieta —más aún de lo que estaba mientras caminaba a solas por la ciudadela—, aceleró el paso. Llegó a los cuarteles casi corriendo… segundos antes de que se iniciara la gran revuelta.

Escrito el 05-06-2008 00:18 #3

Los disturbios se iniciaron en el barrio de los mercaderes, los grandes perjudicados por el bloqueo y expolio protagonizado por los varantes. En un primer momento, la improvisada Guardia pudo dominar la situación; la protesta era focalizada y ya habían recibido informes de posibles insurrecciones para aquella noche.

Pero en esta ocasión, los varantes se excedieron. Convencidos de que una demostración de fuerza y contundencia calmarían las cosas en los barrios conflictivos, varios soldados desenvainaron sus espadas bajo las órdenes de su capitán. Corrió la sangre. Dos mercaderes fueron asesinados en medio de la refriega; todo se detuvo de pronto. La esposa de uno de ellos, al ver muerto a su marido, pronunció un estremecedor grito. Toda la ciudad pudo escucharlo, y toda la ciudad supo a qué se debió. A partir de entonces, lo que se inició como una refriega más entre un grupo de comerciantes arruinados y algunos miembros de la Guardia con cierta tendencia a la sobreestima, entró en una dinámica de ojo por ojo y diente por diente, en un círculo vicioso de muerte constante y creciente.

La resistencia, surgida poco después de la conquista de Naraharaz, había estado preparando cuidadosamente una insurrección contundente. Pero los propios líderes del movimiento se vieron desbordados por la iniciativa popular. Furiosos, hastiados y sedientos de venganza, los habitantes de Naraharaz salieron de sus casas en tropel. Los sublevados aprovecharon aquel momento y armaron a la población. Varias decenas de personas corrieron al distrito del mercado, donde la Guardia, recientemente creada en aquella ciudad y con poca experiencia, se vio desbordada. Ante la magnitud de la revuelta, se envió a la infantería ligera varante a solucionar el problema. Ni unos ni otros pudieron precedir en ningún momento que aquella inocente trifulca se convertiría en el baño de sangre que se vivió después. La infantería se enfrentó con contundencia a los insurrectos, y estos parecieron retroceder. Pero la resistencia de Naraharaz no carecía de ejército —cuidadosamente oculto desde la ocupación— y, de nuevo, los varantes retrocedieron. Defensores y agresores —no se sabía muy bien quién era cuál— luchaban en las mismas calles; ya no eran inocentes bastones lo que se utilizaba, sino espadas, arcos y flechas. Los infantes ligeros retrocedieron, como se ha dicho, ante el irresistible impulso de la furia popular. Nadie se percataba de lo que estaba ocurriendo. Nadie entendía demasiado bien lo que aquello iba a costar, tanto para unos como para otros. Una vez iniciada la batalla —la batalla como tal—, la inercia estimuló a los habitantes a seguir combatiendo. Las armas circulaban entre unos y otros; más y más gentes salían de sus casas para aceptar esas armas; unos, por indignación ante el invasor; otros, para defender a un amigo que combatía; otros, para defender al amigo que corría en ayuda de otro amigo…

En efecto, los quinientos hombres que se habían enviado para controlar la situación se vieron pronto rodeados de varios millares de hombres furiosos. Muchos de ellos no estaban organizados ni tenían entrenamiento… pero eran muchos.

La caballería varante, los cataphractae, salió de los Cuarteles al galope, apoyada por un batallón —doscientos hombres— de la infantería pesada, la más preparada y veterana. Ante el avance del experto ejército varante, los manifestantes entraron en pánico y muchos de ellos huyeron. Ante ello, muchos de los improvisados combatientes rompieron filas y huyeron a esconderse donde pudieran.

Pero la Resistencia contaba con ejército, como se ha dicho, y aún no había dicho su última palabra. Varios centenares de hombres, bien pertrechados y entrenados, plantaron cara al ejército. En campo abierto, los varantes tenían ventaja: podían maniobrar en gran número y eran muy disciplinados. Conocían numerosas tácticas y dominaban el terreno: el desierto era su elemento.

Pero allí, en las calles, que eran estrechas y desconocidas para ellos, la cosa cambió. Tras una terrible confrontación inicial en la que los varantes salieron mejor parados, los ejércitos se fueron disolviendo progresivamente entre los callejones. Se luchaba en cada rincón, en cada plaza, en cada avenida. La capital entera se convirtió en un auténtico caos; varios edificios ardieron y otros tantos fueron saqueados. La tensión acumulada tras varios días de explotación e intolerancia se desbordó, y lo hizo de un modo que jamás sería olvidado por las gentes de Naraharaz.

Escrito el 05-06-2008 00:45 #4

Pero, mientras todos estos terribles desatinos tenían lugar en la ciudad, para lamento de sus habitantes por muchos, muchos años… ¿qué había ocurrido con Elaren?

Pues bien, la enana se había refugiado en los barracones al iniciarse la confrontación, sin ninguna gana de poner en peligro su propia integridad. Para ella, la situación no fue grave en un principio; le resultó incluso aburrida. Las revueltas se habían convertido en algo rutinario… aquella era una más. Pero la inquietud que había sentido al caminar por las silenciosas calles no la abandonaba… y después sabría por qué.

Como siempre hacían todos por precaución en las guarniciones, se armó con un pequeño hacha de mano. El primer día y, en parte, el segundo, agradeció aquella arma de defensa. Pero los sucesivos ni siquiera se percató de tener un hacha en el cinto hasta tumbarse en su lecho para dormir y sentir su incómoda presencia bajo la espalda. Entonces refunfuñaba y se acordaba de todos los descendientes de sus capitanes y de los condenados sublevados. Los que quedaban despiertos se reían y solidarizaban con ella, pero la mayoría se limitaba a roncar con más fuerza.

Aquella vez, sin embargo, se percató de que algo no iba bien. Los gritos, insultos y ruidos diversos de esa índole se alargaron más tiempo del normal; en aquel momento se encontraba en el salón principal, junto con algunos de sus compañeros. Frente a ella estaban algunos Arnûrae y el principal comandante del ejército. Su primera reacción —la del comandante—, fue de hastío. Elaren estuvo de acuerdo con él.

Pero el segundo mensaje no trajo las acostumbradas buenas noticias: “La revuelta ha sido sofocada”. No. Aquella vez, por el contrario, las cosas estaban yendo a peor. A algún oficial insensato se le había ido la mano y ahora la Guardia se encontraba desbordada. El comandante, entonces, frunció el ceño y, molesto, ordenó enviar a la infantería ligera. Elaren también se sintió irritada. Ya era suficientemente incómodo tener que estar armadas como lo estaba… ahora tendría que estarlo durante mucho más tiempo. El filo de su hacha rozaba peligrosamente su muslo, y en aquellas incómodas sillas no había forma de cambiar el arma de sitio.

El combate se escuchaba cada vez más cercano, y los residentes se sentían más y más intranquilos. El comandante daba una orden detrás de otra, y parecía preocupado. Varios oficiales asistieron al salón para discutir el desarrollo de la contienda. Hasta muy entrada la noche no se percataron de las dimensiones que la batalla había adquirido, y eso le salió muy caro a su ejército.

Finalmente, el comandante, rojo de ira, ordenó a todos los hombres de los Cuarteles salir a combatir. Eso le incumbía a Elaren —pues nadie sabía de su condición de mujer—; no pudo hacer nada por evitarlo, y salió junto con los demás a la batalla. Ésta ya estaba decayendo bastante, pero aún así quedaban focos de resistencia. La enana tuvo que luchar por su vida en varias ocasiones para poder sobrevivir en aquella noche funesta. Para ella, no lo fue tanto. Sólo recibió alguna herida de poca importancia.

Pero para el resto, aquella noche fue una auténtica pesadilla. La Noche Triste, en efecto, la conocerían todos desde entonces. Fue una jornada funesta de venganza, de odio y de ajustes de cuentas. Ojo por ojo y diente por diente… aquel día todos quedaron ciegos.

[Editado por Thirian el 05-06-2008 00:46]

Escrito el 07-06-2008 10:00 #5

Resumen de la batalla.

Al Varant ha perdido 26 armadas x35= 910 puntos.

Recuperables: 409 puntos.

Valoraciones: 6.6+ 8.2+ 7+ 7.6+ 7.5+ 8 = 7,48

Recupera: 306 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes de la compañía, recupera 35 puntos. Total recuperación: 341 puntos.

Pierde: 569 puntos.

Por la participación en la batalla se entregan 600 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Los dirigentes de la compañía, por la participación en la batalla, obtienen 240 Nóti.

Los autores de las historias obtienen 84 Nóti.

Saludos!

[Editado por Indil el 07-06-2008 10:58]

[Editado por Indil el 07-06-2008 11:01]

Historia finalizada.