La Guerra de los Clanes

Batalla 38. Revuelta En Nirent.

Terminada
Escrito el 05-06-2008 18:38 #1

Tras el fracaso de la última tentativa de liberarse de la opresión por parte de las fuerzas ocupantes. el pueblo de Nirent, transcurrido bastante tiempo, vuelve a alzarse en armas para conseguir su libertad.

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Fin Guerra: Narwä Hilyatâri se retira del Combate

Armadas perdidas por "Maianor" = 10

Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 8

Victoria para Narwa. Mantiene el control de la ciudad.

Escrito el 08-06-2008 15:46 #2

Un grupo de gaviotas aletea continuamente alrededor del barco, llenando el aire con sus ruidosos graznidos. Suben y bajan constantemente, y algunas de ellas permanecen posadas en los mástiles más altos del barco.

La capa roja ondea tras ella, al igual que sus cabellos negros. Algunos mechones más cortos caen sobre su rostro ocultando sus ojos, mientras buscan en el horizonte las altas y blancas cumbres de Ondoninkê. Porque a sus pies se esconde La Ciudad de la Guerra Blanca. Osto Ohtalossê.

Serkendil apenas ha dicho nada desde que ocurriera el fatal desenlace en Nilme Istyalvao, donde el cuerpo de Annael ardió y ascendió a los cielos. Vano consuelo era que al menos su muerte no hubiera sido un vil asesinato, tal como Engrel había preparado para él, y seguramente para todos ellos. Al menos Annael había conseguido alcanzar el Narwä, y sus pasos serían guiados por Innana hasta las Verdes Praderas.

Pero eso no hace que el dolor de aquellos que habían presenciado el duelo a muerte entre Annael y Serkendil sea menor. Elesinyê apenas puede creer todavía que todo aquello ha ocurrido apenas unos días atrás.

- ¡Arriar las velas! – la voz del capitán es repetida como un eco por el resto de marineros.

El barco poco a poco va deteniendo su avance. Elesinyê pasea por la cubierta intentado no estorbar el trabajo de los marinos, hasta que finalmente atracan en un pequeño puerto, en la margen izquierda del Kelkaranî, apenas a unas millas de la ciudad de Nirent que hace poco han dejado atrás.

Dairâ asoma el rostro por la cabina, y sale a cubierta rápidamente.

- ¿Por qué nos detenemos? – pregunta.

- Todavía no lo sé – dice Elesinyê encogiéndose de hombros – Supongo que Angarato habrá dado la orden, pero no lo he visto en toda la mañana.

Casi como si hubiera oído sus palabras, Angarato se acerca hasta ellas.

- Han llegado informes desde Nirent, y son preocupantes – dice sin preámbulos – Toda la ciudad se ha alzado en armas, y la Compañía del Dragón se encuentra sitiada en su interior.

- ¿Quién está al mando de la compañía? – preguntas Elesinyê con gesto preocupado.

Serkendil se une a ellos, pero permanece en silencio.

- El Arkên Elinur está al mando, pero los informes dicen que hay alguien de cierto poder en Ohtalossê. Alguien enviado por Engrel hace unos días. Y según parece tú le conoces…

- ¿Tyarn? – la voz le tiembla al nombrarlo, y nace en su interior una inquietud completamente nueva, que no puede ignorar – Pero… por qué… No entiendo…

No atina con las palabras, con las que puede y no puede decir. Ni siquiera Angarato está al tanto del papel tan importante que Tyarn juega en sus planes. Tampoco Serkendil sabe nada. Sólo Dairâ, pues ella es parte activa de la rebelión. Una rebelión que ahora peligra…

- Nosotros no estamos preparados para acudir en su auxilio – tercia Serkendil.

Y Elesinyê lo mira, escandalizada.

- Preparados o no, yo voy – dice con voz firme, sin dejar lugar a dudas.

- Ele… Serkendil tiene razón – interviene Angarato, intentando apelar a su sentido común – No estamos preparados, apenas somos 100 soldados, y muchos todavía están heridos.

- Creo que no me habéis oído bien – Elesinyê casi tiembla de ira – He dicho que yo voy. Sola, si es necesario. – se vuelve hacia la cabina, dirigiéndose al capitán - ¡Que desembarquen mi caballo! – grita. Y después baja las escaleras, camino de su camarote.

- No podemos dejar que vaya sola – Dairâ sabe perfectamente el por qué de la urgencia de Elesinyê en acudir a Nirent.

- Yo iré con ella – los ojos de Serkendil tienen un brillo extraño – Al menos 50 soldados podrán acompañarnos. Y si hemos de morir en ésta batalla, no se dirá que Narwä escatima la gloria a sus mejores soldados.

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De los muchos destinos que Engrel hubiera podido adjudicarme, sin duda alguna el peor es Nirent. Con diferencia. La ciudad es extremadamente tranquila, desesperadamente pacífica, y se encuentra definitivamente aislada.

Lo mismo que la casa en la que me han alojado, en las afueras de la ciudad. El Arkên de la Compañía del Lobo apenas ha podido disimular su decepción al verme. Sin duda esperaba que las noticias que le llegaban desde Ohtalossê se limitaran a ser eso, meras noticias. Pero las órdenes que le he entregado no le han complacido en absoluto, aunque no sepa quien soy. Pero no se fía. Al fin y al cabo, mi presencia supone situar una pieza clave de Engrel en su terreno, lo cual por fuerza no puede ser bueno, y por qué no iba a sospechar que la cabeza que corre peligro es la suya propia…

Pero ni siquiera yo comprendo totalmente las decisiones del Balî. Sin duda, si Elensiyê estuviera aquí sabría encontrar razones donde yo no veo más que sospechas. Pero ante mí simplemente ha justificado su decisión en que necesita situarme en una posición más estratégica para mi labor de espía. Más cercana a las ciudades conquistadas, y más cercana a aquellos miembros del ejército que considera peligrosos. Sin embargo ni Elesinyê ni Angarato ni Serkendil se encuentran cerca. Su misión les ha llevado al sur, más allá del desierto. Y desde allí hace mucho tiempo que no llega informe alguno, ni siquiera un mensajero perdido.

En un primer momento he temido incluso que Engrel estuviera reconsiderando su confianza en mí. En ausencia de Elesinyê, Engrel se ha vuelto un poco más confiado. Incluso descuidado. Al menos eso me había parecido… Pero no. La información que he conseguido es demasiado valiosa, demasiado relevante. Si el Balî sospechara apenas que la he conseguido, ahora mismo mi cabeza estaría a una distancia muy poco saludable de mi cuerpo.

Engrel y Branda. Quien lo hubiera dicho. Casi 200 años después de la Dagor Turonor, ambos nombres vuelven a sonar juntos. ¡Y de qué manera! He conseguido sustraer algunas cartas. Las más comprometedoras son quizás las más antiguas, aquellas que se fechaban poco después de que los Aldalântar abandonaran la ciudad, y emprendieran el camino al norte.

Finalmente decidí llevarme solamente tres cartas, porque seguramente Engrel sospecharía si la sustracción hubiera sido mayor. Las he leído una y otra vez, apenas dando crédito a lo que mis ojos leen, o a lo que mi mente interpreta. Sólo espero que Elesinyê regrese pronto para poder entregárselas. Para poder confirmar que lo que allí está escrito no es producto de mi imaginación.

Escrito el 08-06-2008 15:47 #3

Quizás meses atrás fue una casa hermosa, con una blanca capa de cal y verdes enredaderas floridas trepando y descendiendo por sus paredes. Ahora las paredes son negras por dentro y por fuera, cubiertas de una capa de ceniza adherida por la humedad, y Elesinyê no puede imaginarse un lugar más oscuro, húmedo, o abandonado. No hay cristales en las ventanas, y sobre el suelo se acumulan como desechos montones de objetos y recuerdos irreconocibles y ennegrecidos que algún día debieron embellecer la casa.

El olor a ceniza y podredumbre se mezcla con el fuerte olor que despide el puerto de Nirent. Es una de las casas más cercanas a la costa del Kelkaranî, y seguramente fue propiedad de alguna familia de pescadores de la zona.

A través de la ventana puede ver las llamas que se extienden por la ciudad, de casa en casa. Muchas otras correrán esta noche el mismo destino que ésta. Los gritos de auxilio se mezclan con los gritos de guerra, y éstos a su vez con otros gritos de dolor desgarrado. La rebelión está en marcha desde hace varias horas, pero ni unos ni otros parecen decididos a poner fin a la matanza.

Con apenas 50 soldados, Serkendil y ella han decidido desplegarse sigilosamente por la ciudad. Atacar de frente no tiene ningún sentido, siendo ellos tan pocos. Pero la mayor parte de la rebelión tiene lugar en el centro de la ciudad, y de momento han sido pocos los obstáculos en su camino.

Algún soldado perdido les ha dado información, aunque no muy fiable, y en su mayor parte contradictoria. Pero hay algo que parece ser común a todos los informes. Nadie sabe dónde se encuentra el enviado de Engrel. A parte de esto, unos dicen que la batalla estaba ganada y que Elandur está consiguiendo sofocar la rebelión, y otros en cambio dicen que el Arkên y su grupo se encuentran sitiados en el centro de la plaza.

Sin saber muy bien qué debe creer, han continuado internándose en la ciudad. Y las casas abandonadas ofrecen un resguardo seguro en el avance. Elesinyê sostiene la espada en la mano derecha, con la punta hacia el suelo, mientras permanece con la espalda apoyada contra la pared, junto a la ventana. Contiene la respiración ante el sonido de voces que se acercan. Voces humanas, piensa. Con precaución se asoma lentamente, mirando la calle sin ser vista. La oscuridad la protege, y las llamas no llegan a iluminar del todo la escena. Pero puede distinguir el grupo de hombres que se dirige hacia el centro de la ciudad, armados con arcos y espadas. Y sin embargo, se aprecia a simple vista que no son guerreros.

Ha perdido a Serkendil algunas casas atrás, pero no la ha sorprendido por eso. Como siempre, él ha tomado sus propias decisiones y se ha perdido en la oscuridad. Pero no lo lamenta, pues sus objetivos son completamente distintos. Para él, la prioridad es alcanzar el centro de la ciudad y ayudar a la Compañía del Dragón. Sin embargo para ella no hay prioridad mayor que la de encontrar a Tyarn. No es que tenga dudas sobre el elfo, pero la última revuelta en Vanwielie ha sido muy costosa, y en Thertan han caído muchos de los más grandes guerreros de los Nurulântar. Y no puede arriesgarse a perder a Tyarn. No puede.

Las voces se alejan, y Elesinyê avanza pasando por debajo de la ventana. La puerta trasera de la casa se encuentra apenas a unos pasos, cuando siente cómo alguien agarra con fuerza su brazo derecho, al tiempo que la arrastran hacia atrás poniendo una mano en sus labios.

- No hables – dice una voz suave, en apenas un susurro.

Ella se revuelve en brazos de su captor, y él se desliza ante ella hábilmente, todavía con la mano cubriendo su boca. Elesinyê abre mucho los ojos, y finalmente él desliza la gasa negra que cubre su rostro, dejando ver sus ojos intensamente azules. Ella lo reconoce al instante, y sus ojos dorados le sonríen mientras él aparta la mano despacio.

- Parezco condenada a ser tu presa en lugares oscuros – susurra ella, pero no puede disimular la alegría de verlo sano y salvo.

Pero antes de que él pueda separarse de ella y contestar, una sombra cruza la estancia, y la voz de Serkendil rompe la atmósfera de silencio y precaución.

- ¡Suéltala! – su voz es fría como el hielo, su rostro una máscara impenetrable, mientras mantiene la espada en alto, preparado para asestar un golpe mortal.

Elesinyê se libera rápidamente de la presión de Tyarn, y se interpone entre ambos, alzando la mano desarmada.

- ¡Espera! – grita - ¡Es de los nuestros!

Él baja la espada apenas unos centímetros, pero su rostro permanece inexpresivo. Un sentimiento extraño, nuevo, surge en su interior. Porque ha creído por un momento que ella estaba en peligro, pero ahora ve la escena con otros ojos, y no por ello es menor el impulso de acabar con su adversario.

- Aret, Serkendil – la voz de Tyarn irrumpe entre los dos – Mucho he oído hablar de ti, sobre todo después de tu regreso de entre los muertos.

Serkendil se encoge de hombros, y sonríe con ironía.

- No será bueno me temo, si lo has oído de labios de tu amiga – pronuncia la palabra amiga con cierto desprecio – Yo en cambio nunca he oído hablar de ti… - su mirada se vuelva hacia Elesinyê.

Ella duda. No es el momento ni el lugar para hablar de Tyarn, de quién es y del papel que interpreta. Porque es un papel extremadamente peligroso, y todavía no sabe si puede confiar plenamente en Serkendil, o en el entorno de Serkendil.

- Nunca ha sido necesario, y tampoco ahora lo es – alza la barbilla, orgullosa mientras envaina la espada. Después desliza ambos brazos hacia atrás, desenfundando sus Shais – Todavía tenemos que sofocar ésta revuelta.

Abandonan la casa por la puerta trasera, ocultándose entre las sombras de la calle. El sonido de la guerra se va a acercando mientras avanzan, en forma de voces, gritos y gemidos, en forma de metal contra metal.

- ¡Soldado! ¿Dónde se encuentra el Arkên Elinur? – Serkendil se acerca hasta un joven soldado nuru herido.

A pesar de sus heridas, éste intenta cuadrarse ante el Arkên, pero sus piernas no le sostienen. Permanece apoyado contra una pared, y finalmente se deja caer dejando en la pared una gran mancha de sangre tras de sí. Todavía está vivo, pero respira con dificultad.

- En la plaza, mi Arkên. Se encuentra sitiado en la plaza… - las palabras entrecortadas brotan acompañadas de un hilo de sangre.

- ¡Un sanador! ¡Rápido! – grita Elesinyê con todas sus fuerzas, hacia el tumulto. Una figura surge de entre el tumulto, corriendo entre soldados amigos y enemigos, hasta que llega hasta ellos y se arrodilla junto al herido. Por su rostro sombrío, tienen claro que no hay mucho que hacer por él.

Pero finalmente han llegado a la plaza. Serkendil ve a lo lejos a Elindur, y se abre camino hasta él batiendo a un enemigo tras otro. Elesinyê y Tyarn sin embargo, se pierden entre el gentío, luchando mano a mano.

Los rebeldes se habían hecho fuertes en la plaza al comenzar la revuelta, buscando sobre todo asestar el primer golpe sobre los dirigentes Nurulântar. En un primer momento la sorpresa fue su principal aliada, pero poco ha poco han ido cediendo terreno, desperdigándose por el resto de las calles de la ciudad, hasta que finalmente los dos grupos principales han quedado asilados en la plaza, sin posibilidad de salir de ella.

Elesinyê apenas puede contener una exclamación al ver entre los rebeldes a varios niños, sosteniendo apenas arcos o espadas que les doblan en tamaño. Intenta alejarse de ellos, pero el enemigo parece decidido a llevarla en esa dirección. Tyarn también se aleja, engullido por la marabunta. A golpe de cetro intenta mantenerse cerca de ella, pero todo es inútil.

Ella atraviesa un enemigo tras otro con los Shais. La sangre que corre a través de su filo mancha sus manos y la tela ya roja de por sí de la empuñadura. No son soldados aquellos a los que arrebata la vida, pero son hombres que luchan con la fuerza salvaje, irrefrenable, que sólo da la búsqueda de la libertad arrebatada.

Tropieza con un cuerpo caído, y cae de espaldas sobre el empedrado. Pero antes de incorporarse alza los ojos y ve la figura de un niño ante ella. Apenas tendrá 12 años, y su mirada es oscura como la noche. Puede ver en él el miedo, pero también una firme determinación. Y ella se siente incapaz de reaccionar. Como si su cuerpo y su mente se hubieran separado en el tiempo y en el espacio. Pero observa. El niño levanta la espada, y asesta un golpe que apenas puede controlar. Cuando levanta la espada, la sangre gotea sobre su cuerpo, y Elesinyê sabe que es su propia sangre.

Es el dolor lo que finalmente consigue devolverla a la realidad. Una herida abierta desciende por su brazo izquierdo, desde el hombro hasta la muñeca. Con una mueca de dolor lanza el Shai que sostiene con la mano derecha, clavándose certero en el pecho del niño.

Se incorpora entonces, mientras su enemigo suelta la espada y cae al suelo con ambas manos en el pecho. Permanece tumbado con la mirada perdida en el cielo, mientras respira con dificultad. Los ojos de ella se inundan de lágrimas mientras se arrodilla junto a él. Puede ver como la muerte nubla su mirada, hasta que finalmente sus manos se relajan cayendo pesadamente a ambos lados de su cuerpo.

Apenas puede mover el brazo izquierdo, pero a pesar de todo desliza la mano cerrando los ojos del niño, mientras con la mano derecha arranca de su pecho el arma que le ha arrebatado la vida.

Escrito el 08-06-2008 15:47 #4

El fin de una batalla supone siempre una imagen devastadora, atroz, del mundo. Los cuerpos mutilados, caídos en posturas imposibles, permanecen todavía esparcidos en la plaza, mientras los primeros carroñeros, ratas y cuervos, intentan comenzar su festín.

El suelo empedrado apenas puede verse bajo los cadáveres y una oscura capa de sangre y vísceras. Los curanderos resbalan, o tropiezan, una y otra vez, mientras caminan por la plaza en busca de algún herido. Otros en cambio comienzan poco a poco la labor de retirar los cuerpos caídos. Los soldados nuru caídos en batalla son llevados a una casa cercana, donde los Axanar prepararán sus cuerpos antes de su último viaje. Los rebeldes caídos son llevados a un almacén. Muchos de ellos terminarán ardiendo también, pues no habrá nadie que solicite llevarse sus cuerpos para ofrecerles los responsos propios de su pueblo. Familias enteras han muerto, pero muchos otros lo harán por temor.

- Agradezco mucho tu ayuda, Serkendil – Elindur está herido, pero no de gravedad. Se encuentran en la casa en la que se han ido acomodando a los heridos, pero en una sala apartada del resto. Una venda blanca ciñe su cabeza como una corona, y permanece sentado ante una mesa de madera – Pero todavía no acierto a entender qué es lo que os ha impulsado a venir.

- La Khotserî Elesinyê decidió venir, preocupada por…

- Preocupada por ti, mi querido Elindur – dice una voz interrumpiéndolo desde la puerta. Elesinyê sonríe pese a que lleva el brazo izquierdo vendado de arriba abajo, sostenido en cabestrillo.

Serkendil la mira extrañado, pero guarda silencio, mientras ella se acerca hasta Elindur y estrecha la mano de él con su mano derecha.

- Me llegaron informes, Elindur. La presencia de alguien del círculo de Engrel en Nirent no podía significar nada bueno. Tú lo sabes mejor que nadie… Tenía que asegurarme.

Elindur asiente, hay preocupación en sus ojos, pero también una sonrisa, lo que le dota de una expresión extraña, como si estuviera confuso.

- Lo sospeché desde que llegó – afirma - ¿Pero dónde está ahora?

- Todavía le están atendiendo los curanderos. Parece ser que ha sido herido en la batalla. Una herida bastante fea en la espalda me temo. Pero se recuperará. No podemos dejar que Engrel pierda uno de sus más fieles aliados, me temo – ella ríe, con una risa natural, sincera. Siente la mirada de Serkendil sobre ella, totalmente inexpresiva.

- Aún así, espero que pronto abandone ésta Compañía – responde Elindur frunciendo el ceño – Su presencia mina la moral de mis hombres. Y no he de negar que la mía también.

- Creo que pronto será así, Elindur. Confía en mí – afirma ella, y él sonríe asintiendo.

Serkendil comprende pronto que se trata de una estratagema de ella. Nadie sabe de la relación, de la extraña relación, que hay entre Elesinyê y el enviado de Engrel. Nadie debe saberlo. Se le ocurren varias razones para ello, y varias de ellas le hacen sospechar de Elesinyê. ¿Pero por qué entonces ha mostrado abiertamente su relación ante él? Pero no. No ha sido ella quien la ha mostrado, sino que se ha visto sorprendida por él. ¿Le hubiera contado algo si él no hubiera aparecido en aquél preciso instante? Seguramente no.

La falta de confianza de ella le hiere, pero a su vez siembra de nuevo la desconfianza en él. Sin embargo, sabe que no va a hacer preguntas. Se enterará, tarde o temprano. Él también tiene sus informadores, sus propias fuentes. Pronto sabrá qué es lo que une a Elesinyê y Tyarn.

Esa convicción consigue aplacar levemente la punzada ardiente que siente en el pecho, cada vez que vuelve a su mente la imagen de ambos juntos en la oscuridad. Desconfianza, piensa. Es sólo desconfianza.

Escrito el 12-06-2008 21:04 #5

Resumen de la batalla.

Narwa ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.

Recuperables: 224 puntos.

Valoraciones: 8+ 7,1+ 8,4+ 8.6+ 8.4 = 8,1

Recupera: 181 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes de la compañía, recupera 70 puntos.

Total recuperación: 224 puntos.

Pierde: 56 puntos.

Compañías actualizadas y listas.

Los dirigentes de la compañía, por la participación en la batalla, obtienen 100 Nóti.

Los autores de las historias obtienen 96 Nóti.

Saludos!

Historia finalizada.